La globalización y las
nuevas formas de control social
Autora: Marta H. Ventre
Articulo publicado por la Revista “Subjetividad y Cultura”
–nro. 18 - México –
(D. F.) y por la Secretaría de Publicaciones de la Facultad
de Psicología (U.B.A.)
INDICE
I . Introducción. Breve reseña histórica.
II . ¿El nuevo orden?
III . El trabajo y las nuevas formas de control social.
IV . Efectos de los cambios en las dimensiones espacio-temporales.
V . ¿Nuevas formas de subjetivación? La familia,
la sexualidad y el cuerpo.
VI . El poder social y los sistemas de información-comunicación.
VII . ¿Tan solo una ilusión?
I . INTRODUCCIÓN.
Breve reseña histórica
El momento histórico denominado Modernidad se relaciona
con el surgimiento y desarrollo de la sociedad industrial. Es
un período en que se produce una mutación en las
significaciones sociales provocando cambios fundamentales en los
modos de producción y de gobierno como así también
en las creencias y prácticas colectivas.
El mundo moderno se sostiene en la vida urbana, propio de una
sociedad dinámica, regida por el valor del dinero y del
conocimiento racional. Se instituye el concepto de “ciudadano”,
nueva forma de definir al sujeto social propia del pensamiento
filosófico y político de la época. Se expande
el conocimiento científico, el saber técnico y las
ciencias humanas. Se despliega la creencia en el progreso, la
acumulación del conocimiento y la verdad del saber que
se sostiene en un fundamento único: La razón. Desde
esta concepción todo tiene un origen, un desarrollo y una
finalidad que dirige las acciones hacia su perfección,
respondiendo los hechos a un sentido universal. Este nuevo sistema
consolida las ciencias positivistas y amplia y sistematiza los
conocimientos alrededor “de la naturaleza humana”,
que impulsan el desarrollo de diversas disciplinas y la paulatina
democratización del conocimiento.
El estado moderno organiza un sistema jurídico del cual
se constituye en garante, legitimando nuevas figuras legales y
políticas acordes con las nuevas condiciones económicas.
Establece relaciones contractuales y laborales donde aparecen
formas desconocidas hasta entonces: El “contrato”
entre “hombres libres” y el salario.
En este nuevo sistema no todos pueden establecer contratos ni
son considerados ciudadanos libres. Los considerados insanos y
delincuentes estarán encerrados en organizaciones nuevas
y específicas: así nacen los manicomios y las cárceles
y el concepto de “asilados”. También los mendigos
estarán en espacios definidos a cargo de las asociaciones
de beneficencia y formarán parte de la población
“asistida”. (Allí se despliegan relaciones
de sujeción y un organigrama de poder que se puede encontrar,
con variantes, en el principio de organización de otras
instituciones, como cuarteles, fábricas, escuelas, etc.)
“Devela la función objetiva de regulación
social que estas organizaciones cumplen en ese momento histórico”
Las mujeres con igual estatus que los niños, carecerán
de derechos y estarán bajo la tutela del padre o del varón
jefe de hogar.
Esta nueva organización social se legitima, por una parte,
por la construcción de consensos colectivos, en tanto se
instituyen creencias acerca de que la vida de los ciudadanos no
depende de la arbitrariedad de un poder absoluto sino que el Estado,
en tanto organización racional, trata a todos por igual
y que estas formas contractuales se establecen para el bien común.
Por otro, instaurando normas jurídicas que establecen qué
es legítimo sancionar o no. Las contradicciones que se
presentaron entre los intereses de los poderes públicos
y privados hicieron que las iniciativas privadas se encontraran,
en más de una oportunidad, enfrentadas a los poderes centralizados
estatales, tanto económicos como políticos, que
podían imponer una lógica distinta de la propiciada
por “la libre iniciativa de las partes”, de acuerdo
con los requerimientos de las esferas gubernamentales.
La primera revolución industrial desalojó a miles
de campesinos de sus tierras y provocó la hambruna de enormes
contingentes de artesanos despojados de su trabajo por la maquinización
de los procesos productivos, condenando a la pobreza y a condiciones
laborales de enorme explotación a los trabajadores. Estos
cambios no fueron aceptados sin resistencias por aquellos que
padecieron esta nueva situación.
Lo que se llamó el Estado de Bienestar no surgió
de la nada. Intentó dar una respuesta a las luchas de los
“desclasados” por mejores condiciones de vida, y compensar
las desigualdades provocadas por las condiciones económicas
y contractuales. Era una respuesta a la posible desintegración
social, instaurando cierto nivel de solidaridad que amortiguara
los efectos de los cambios tecnológicos- productivos y
de la rapacidad de los grupos hegemónicos.
Estas transformaciones también redefinen lo que se ha
dado en llamar el espacio público y privado. El primero
ligado al trabajo, a la asociación entre ciudadanos o “individuos
libres”, a la retribución económica y a los
conflictos y luchas de intereses. El privado se organiza alrededor
de “La Familia”. Se instituye la creencia de que este
es el territorio de los intercambios afectivos y el conocimiento
empírico, ajeno a los contratos y la actividad remunerada
y sustentado en los valores del poder patriarcal. Cada uno con
lógicas propias, aparentemente opuestas aunque íntimamente
articuladas entre sí. Es impensable desarrollar las actividades
en el mundo público sin ser sostenido por los que circulan
y permanecen en el mundo privado.
Esta división va a establecer importantes diferencias
en la producción de subjetividad en tanto se organizan
formas de individuación distintas para hombres y mujeres.
A los hombres se los prepara para su inserción en el mundo
laboral e intelectual y a las mujeres para sostener y reproducir
el mundo privado, distante de la actividad pública y el
desarrollo intelectual y mundano. En ese momento histórico
se instituyen creencias y valores que resaltan la importancia
de que las mujeres permanezcan en el espacio doméstico,
atendiendo las actividades hogareñas y el cuidado y la
crianza de los hijos. Así, las mujeres tardan 2 siglos
para poder acceder a la escolaridad en igualdad de condiciones
con los varones y 12 para su ingreso en la Universidad.
Aparecen nuevas formas de legalidad familiar, en tanto la nueva
burguesía le otorga una enorme importancia a la salud de
su descendencia, que implican cambios tales como:
? Reducción de los nacimientos, intentando preservar la
vida de los niños y que la gestación responda a
una racionalidad que permita disminuir la mortalidad infantil,
propiciando su sano desarrollo y crecimiento.
? Se instituyen educación, juegos y modalidades específicas
de atención según las edades, consolidándose
la idea de “infancia”, y “adolescencia”
desconocidas en momentos históricos anteriores. Surgen
nuevas disciplinas que se ocupan de registrar, describir y proponer
formas adecuadas de aprendizaje según el momento evolutivo.
Así se desarrollan la pedagogía, la didáctica,
la pediatría, etc.
? Surgen conceptos y prácticas propias de una nueva forma
de entender el rol materno.
? Se modifica la edad promedio de casamientos. Se restringe el
número de los integrantes familiares que conviven como
máximo a dos generaciones.
? Aparece la separación entre adultos y niños en
la misma casa en función de nuevos criterios acerca del
respeto por la intimidad o privacidad de los adultos con relación
a los menores.
Estas nuevas formas de organización determinaron la vida
de “la familia burguesa”, integrada inicialmente por
los nuevos grupos hegemónicos. Entre tanto, la mayor parte
de la población vivía hacinada y por la precariedad
de sus ingresos trabajaban todos los integrantes del grupo familiar,
en condiciones de enorme explotación.
Los cambios y la complejidad creciente de la vida económica
y social implicó paulatinamente el pasaje de las empresas
pequeñas y medianas a las grandes organizaciones. Es la
época de la aplicación de criterios científicos
en el campo laboral y la organización del “trabajo
en cadena”, donde la tendencia fue a la articulación
de ámbitos cada vez más racionalizados, previsibles,
eficientes, que posibilitaran la maximización de las ganancias
empresarias.
Durante fines del siglo XIX y comienzo del XX entra en crisis
el dogma del “fundamento único”. Se abre el
pensamiento occidental al cuestionamiento del proyecto unitario
positivista y su utopía. La idea de totalidad y la universalidad
de una verdad absoluta caduca. Al perderse la lógica del
orden racional único, aparecen las múltiples lógicas
y racionalidades “locales”. Las luchas, resistencias
y denuncias de aquellos grupos que se consideraban excluidos,
reprimidos y sometidos por el conjunto de significaciones hegemónicas,
( feministas, étnicos-raciales, proletarios y de liberación
nacional entre otros), estimulan reivindicaciones y propuestas
que permiten ocuparse de problemáticas que eran despreciadas
en las décadas anteriores.
Los grupos feministas concentraron sus críticas al patriarcado
y la división sexual del trabajo; el sector asalariado
cada vez más demandó mejores condiciones laborales
y aumento de sus remuneraciones, expresando su insatisfacción
a través de huelgas y boicoteando la producción,
ya sea confeccionando mercancía defectuosa o provocando
accidentes. La expansión en salario social a la que se
vio obligado el Estado y las asociaciones empresarias, debido
a los reclamos de estos grupos, hizo que se repensara en la ética
del trabajo y que los grupos hegemónicos cuestionaran al
estado benefactor.
Otro aspecto fue la radicalización estudiantil. Un movimiento
que se le unió a éste fue el ecológico, que
criticó la cultura, el valor de las prácticas y
el modo de vida que proponía el sistema, denunciando los
daños y la depredación que se llevaba a cabo del
medio ambiente.
Se profundizan investigaciones que permite la aparición
de múltiples aportes teóricos, intentando poner
en evidencia las características disciplinarias de las
instancias macro y micro institucionales y la complicidad –
involuntaria o no - de los estamentos profesionales en la reproducción
y consolidación de los dispositivos de poder imperantes,
proponiendo cuerpos conceptuales y prácticas alternativas
a las instituidas.
Esto no ocurre sólo como producto de las transformaciones
en el orden doctrinario, sino que los cambios que se producen
también son consecuencia del impacto conjunto de la expansión
de la producción científica y las tecnologías
de la información-comunicación.
A esto se suman los acontecimientos políticos. La desaparición
del “bloque comunista” provoca la generalización
del sistema capitalista a escala mundial, impulsando la consolidación
de lo que se ha dado en llamar “la economía global”.
La “reestructuración del aparato productivo”que
se produce permite la expansión, entre otras disciplinas,
de la automatización, la informática, la cibernética,
la biotecnología y la genética.
Se acuña el término “posmoderno” que
apuntaría, según los autores que lo utilizan, a
caracterizar el momento histórico que corresponde al llamado
“Capitalismo Tardío”, en que se instituyen
valores, creencias y formas de vida social distintos que las propias
del período denominado modernidad, donde el voluntarismo
integrador en el que se inspiraban las estrategias del Estado
son sustituidas por una lógica ajena a la reparación
y la reintegración social.
II . ¿El nuevo orden?
La crisis de las nociones y valores propios del pensamiento “moderno”
implica una transformación que modifica categorías
de pensamiento, creencias y formas institucionales. Los alcances
de estos cambios pueden dimensionarse en todos los ámbitos
sociales. En las organizaciones será observable la yuxtaposición
de dispositivos, finalidades y formas nuevas, conviviendo junto
con otras propias del período anterior.
¿Cómo podemos describir la situación actual?
Pasamos de la fábrica a la compañía virtual;
de la idea de nación y empresa nacional a la de “aldea”
y corporación global, de la escuela a la “educación
a distancia” y la “formación permanente”;
del encierro de los delincuentes a las penas de “sustitución”(para
los delitos considerados más leves) y la utilización
de artefactos electrónicos que permiten ubicar a su portador
esté donde esté; del empleo seguro y estable al
trabajo temporal y precario, instituyéndose una nueva “figura
social”: el desocupado. Del capitalismo propietario de los
medios de producción al capitalismo de servicios y especulación
financiera. “El marketing es el nuevo instrumento de control
social” , se ejerce de manera incesante y su eje es la permanente
rotación de productos, personas, imágenes e informaciones
que estimulan el gasto, el consumo continuo y la ilusión
de la inmediatez de las satisfacciones. “El hombre ya no
es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado”
Se produce el pasaje del Estado llamado “de bienestar”,
que explicitaba que sus funciones eran garantizar la equidad de
los contratos colectivos, ocuparse de preservar la salud y la
educación pública, el cuidado de los ancianos y
la asistencia a la población, a un Estado ausente, que
ni retóricamente se plantea tales objetivos, que privatiza
sus actividades y deja librado a la “economía de
mercado” y sus efectos a grandes contingentes humanos, sin
protección laboral ni sanitaria alguna. La reconversión
económica excluye a cientos de miles de sujetos que construyeron
su subjetividad en la creencia del valor del trabajo y la educación,
como garantía de ascenso social, en un proceso a lo largo
de generaciones.
III . El trabajo y las nuevas formas de Control Social
¿Cuáles son las relaciones laborales que propone
el “mercado”? Una empresa de Texas, que quiere expandirse
en América Latina, sólo emplea a menores de 32 años,
de raza blanca, educación universitaria, bilingües,
con sentimientos religiosos claros, sin hábito de fumar
ni afiliación sindical. El contrato que firman indica que
la empresa puede despedirlos en cualquier momento y si ellos renuncian,
en tres horas deben abandonar sus oficinas.....
El economista P.Reich hace una categorización de las características
del trabajador requerido por el sistema actual:
a) Servicios rutinarios de producción (Las llama “tropa
del capitalismo”). Virtudes: ser puntuales y dóciles.
Se incluirían en esta categoría las tareas mecánicas
y rutinarias.
b) Servicios personales. Virtudes: a las dos anteriores agrega
afabilidad.
c) Servicios simbólicos: (se incluyen aquí investigadores,
programadores, ingenieros, etc.). Virtudes: Pueden identificar
y resolver problemas simbólicos complejos, tienen conocimientos
técnicos y acceso a múltiples fuentes de información,
capacidad y rapidez en la toma de decisiones, flexibilidad para
adaptarse a situaciones cambiantes.
En consonancia con estas nuevas modalidades laborales, es interesante
conocer las propuestas que ofrecen los consultores empresarios
para tener una idea de la concepción del capitalismo global.
Mark McNeilly, ex funcionario de la empresa IBM y actual consultor
estadounidense de empresas ofrece algunas estrategias para ser
exitoso:
a) Evitar la fortaleza y atacar la debilidad del “contrincante”
(arremeter donde menos lo esperen).
b) Engañar y conocer bien el tema.
c) Tener velocidad y preparación (actuar con diligencia
para superar a los competidores).
d) Influir en su oponente (empleo de la estrategia para dominar
a la competencia).
e) Los negocios, al igual que la guerra, es una contienda de voluntades,
dinámica y acelerada.
f) Cuando se ataca a un competidor con un embate directo sólo
se fortalece su resistencia, tanto física como mental.
Así no es posible alcanzar el éxito.
g) La clave para “capturar mercado” es la ofensiva
indirecta, para dar un golpe más sustancial.
El objetivo: “tomar intacto todo lo que hay bajo el cielo”.
No es extraño entonces que la solidaridad colectiva haya
sido reemplazada por luchas entre lobbies corporativos que intentan
aumentar o preservar sus propios beneficios, países que
rivalizan entre ellos para “atraer las inversiones”
y la competencia feroz entre quienes tienen el “privilegio”
de trabajar y los que fuera del circuito laboral esperan reemplazarlos
(para el año 2020, se calcula que el 2% de la fuerza laboral
podrá satisfacer la demanda total). Reaparecen formas exacerbadas
de nacionalismo, racismo y xenofobia en distintos puntos del planeta.
La competición por el trabajo va acompañada de
una competición en el trabajo, que hay que intentar conservar
a cualquier precio contra la amenaza del despido, disminuyendo
drásticamente las oportunidades laborales, degradándose
las condiciones de trabajo, junto con el aumento de la desocupación
y la precariedad laboral. “Esta se inscribe en un modo de
dominación social, obligando a los trabajadores a la aceptación
de formas de empleo acordes con los criterios económicos
globales”.
Las propias empresas colocadas bajo la misma intimidación
que los trabajadores tienen que ajustarse de manera cada vez más
rápida a las exigencias de los “mercados”,
so pena de “perder la confianza” de los accionistas,
inversores, fondos de dinero e instituciones macro nacionales
que “califican” su “competitividad”. Estos
son los que imponen criterios en materia de qué y dónde
se produce, a quienes se contrata, cuánto se les paga y
que conocimientos se exigen, instituyendo un nuevo criterio: la
formación permanente. Estos parámetros se generalizan
a todos los ámbitos sociales y los sujetos están
“obligados a demostrar su “flexibilidad” para
adecuarse a nuevos aprendizajes según la conveniencia de
las empresas, provocando un sentimiento de inseguridad y de “indignidad”
hábilmente convertido en sistema de control social”.
Para Peter Totterdill, integrante del Gobierno inglés,
los economistas y políticos se confunden cuando hablan
de flexibilidad, puesto que hay una flexibilidad "numérica"
y otra "funcional". Hoy se apuesta a la primera, lo
cual se traduce en el poder absoluto que tienen los empresarios
para disponer de medios y hombres. La flexibilidad numérica
está en las antípodas de los criterios de aquellos
que pretenden un concepto diferente de "competitividad".
Señala que se está dando una modernización
sin transformación. La paradoja parece ser ésta:
este momento que supuestamente se caracteriza por el fin de la
época de la "verticalización" de la producción,
no logra que concluya la “verticalización”
en la toma de decisiones de las cúpulas patronales.
Robert Castel considera fundamental la relación existente
entre el trabajo y la inserción social. De acuerdo con
la investigación que este autor llevó a cabo en
Francia establece :
a)Zona de integración: constituida por los sujetos con
trabajo seguro.
b)Zona de vulnerabilidad: corresponde a los que con trabajo precario
tienen una inserción social frágil.
c)Zona de des-afiliación: propia del desocupado que muestra
una tendencia marcada al aislamiento y a la pérdida de
lazos sociales.
Desde este punto de vista si antes los trastornos mentales eran
más bien asociados con factores emocionales singulares,
hoy no pueden dejar de vincularse con la pérdida del trabajo,
la subocupación, el desalojo, la usurpación, la
incertidumbre económica y los cambios vertiginosos que
desestructuran al sujeto. La pérdida del soporte grupal
de pertenencia y el reconocimiento de los otros provoca nuevas
formas de enfermarse.
Los ritmos y modelos que impone a la cotidianeidad las nuevas
condiciones laborales ha maquinizado el quehacer urbano, estimulándose
a través de los dispositivos mediáticos la aceptación
de los nuevos valores centrados en el consumo, la importancia
del “mercado” y la hiperactividad. Acorde con ellos
la noción de ciudadano es “reemplazada” por
la de “cliente” o “consumidor”.
Doble discurso que por un lado estimula el gasto y la adquisición
permanente de distintos objetos y por otro apunta a la disminución
de los ingresos de gran parte de la población, la cual
cuenta sólo con los recursos suficientes para la subsistencia,
acotándose la posibilidad de proyectar en el mediano o
largo plazo, ya que para muchos no parece posible aspirar al cambio
de su situación como consecuencia de su trabajo y su propio
esfuerzo.
Esto no implica la ausencia de movimientos sociales de resistencia
a estos discursos y prácticas dominantes. En las últimas
reuniones, tanto en Seattle, Davos, Washington, Génova,
de los representantes de los poderes globales que representan
el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización
Mundial del Comercio, manifestaciones multitudinarias expresaron
su repudio con los efectos de la globalización. En ellas
participaron desde organizaciones sindicales, movimientos ecuménicos,
defensores de los derechos humanos, hasta activistas de los años
60. En Francia los desocupados han constituido el primer Movimiento
Social de “los parados”. En la Argentina aparece el
movimiento denominado “piqueteros”. Su constitución
implica evitar el aislamiento de los afectados, hacer visible
y otorgarle existencia social a una enorme población inactiva.
Proponen a sus participantes movilizarse y han convocado a todos
los desocupados y trabajadores a incluirse, recordando que hay
que superar las falsas separaciones entre los que trabajan o los
parados, ya que esta división es funcional al sistema,
en tanto a unos se los extorsiona con la existencia de los otros.
IV. Efectos de los cambios en las dimensiones espacio temporales
Estas transformaciones han provocado que se modifiquen las relaciones
entre espacio público y privado, devaluándose el
espacio público y estimulándose su privatización.
Aquellos espacios colectivos “poco rentables” son
descuidados, degradándose por la falta de atención
y cuidado de las instancias estatales. La ciudad se va transformando
en el imaginario de la población en un “territorio”
exterior, ajeno y peligroso, debilitándose o desapareciendo
la responsabilidad singular y colectiva sobre la misma.
Se fragmentan así los lazos que unían a la gente
con su trabajo, su entorno, su comunidad y su historia. El barrio,
que para amplios grupos humanos servía de anclaje a estilos
de vida y valores compartidos- muchas veces alrededor de una industria
o actividad productiva - donde se organizaban redes de contención
afectiva, intercambios y solidaridades, tienden a quebrarse por
el cierre de esas fuentes de trabajo o la modificación
de las formas contractuales que se instituyen.
No obstante, en los espacios micro se presentan distintas formas
de respuesta de los actores institucionales. Aparecen prácticas
y lazos sociales con características novedosas, como modos
de resistencia al desarraigo y la falta de trabajo. Intentos colectivos
para subsanar o disminuir los efectos de la devastación
social. Ejemplo de esto es en los suburbios más pobres
las redes solidarias que se organizan, entre los propios afectados
por la desocupación y la precariedad laboral, muchas veces
con la ayuda de ONG y otros grupos solidarios.
Estas tramas colectivas ofrecen la posibilidad de que aparezcan
en los intersticios del sistema grupos alternativos cuya potencialidad
enunciativa puede permitir diversas formas de organización
y resistencia a la exclusión social; propiciando no solo
reivindicaciones específicas sino también nuevos
proyectos de largo alcance e inéditas modalidades de lucha.
Foucault consideraba que todo uso del espacio geográfico
da cuenta de un pensamiento “estratégico”,
y es el terreno donde se entrecruzan diversas prácticas
políticas. En el mismo sentido Baudrillard se pregunta
si el hipermercado o “shopping” es el modelo contemporáneo
de la “socialización controlada”. Un espacio-tiempo
homogéneo, anónimo, donde el tránsito de
personas, marcas, juegos, espectáculos, alimentos, -todos
convertidos en mercaderías - circulan para ser consumidos
en el menor tiempo posible. Paisaje del almacenamiento, el espectáculo
y la distribución utilitaria. Su instalación provoca
el ocaso de los pequeños establecimientos barriales. Lugar
de adquisición de productos pero también microespacios
de encuentros, intercambios y relaciones colectivas.
Coherente con esta concepción se produce la fragmentación
de la vida urbana y la aparición de “ghettos”
según clases y etnias, que modifican la fisonomía
de la ciudad y de los suburbios, creando nuevas fronteras espaciales
y simbólicas.
Félix Guattari imaginaba una ciudad donde sus habitantes
para salir de sus casas, de su calle, de su barrio, necesitarían
una tarjeta electrónica que les autorizara pasar de un
sector a otro. Forma de control que localiza la posición
de cada uno, como de un animal en una reserva, estableciendo límites
tan eficientes como invisibles, diagramando recorridos y horarios
autorizados o prohibidos.
El pensamiento del capitalismo global dice Enrique Marí
se muestra en el modelo arquitectónico que ofrecen los
llamados “edificios inteligentes”. Nueva realización
del sueño de El Panóptico de Jeremy Bentham, pero
invirtiendo su objetivo. Estas “cárceles modelo”
que se construyen ya no para encerrar a los pobres y delincuentes,
sino para proteger a las clases adineradas de los “otros”,
que ahora quedan afuera. Edificios donde su funcionamiento está
organizado alrededor de una idea central: “todos pueden
ser peligrosos”
Si desde lo social el principio de alteridad desaparece y el
sentimiento de desamparo aumenta, las tendencias destructivas
hacia los otros se refuerzan, siendo destituidos de su condición
de semejante. No es extraño entonces que se produzcan actos
de violencia social que se juzgan a primera vista como gratuitos,
feroces, donde víctimas y verdugos se confunden. Puede
ser la toma de rehenes en Buenos Aires o las bandas nazis que
apalean inmigrantes en Europa o las matanzas indiscriminadas llevadas
a cabo por adolescentes y niños en Estados Unidos. Lo que
en otro momento hubiera sido sorprendente por su rareza hoy forma
parte de la vida cotidiana, siendo sus protagonistas de diferentes
edades e inserción social. La violencia anónima,
indiferenciada e irracional que produce el sistema atraviesa todo
el campo social.
Se instala un discurso xenófobo que pone el acento sólo
sobre las conductas violentas de aquellos que no pueden adaptarse
y quedan marginados en este nuevo contexto social. Se pide más
“seguridad”, que se controle “la inmigración
clandestina”, (recordemos en la Argentina las persecuciones
que han padecido cíclicamente paraguayos y peruanos, soportando
allanamientos humillantes, cacheos públicos, etc., convertidos
políticamente en responsables de la desocupación
que afecta a nuestra población); que se aumenten las normas
represivas (se presiona para que los legisladores promulguen leyes
más duras), se intensifican los requerimientos de “tolerancia
cero” hacia los delincuentes, etc. Foucault ya había
señalado que mostrar a los delincuentes como peligrosos,
no solo para los ricos sino también para los pobres, es
de utilidad política porque permite manejar el miedo y
la hostilidad de la población y justificar el aumento de
las instancias represivas y simultáneamente da beneficios
económicos a ciertos grupos en tanto se crea alrededor
de la organización carcelaria diferentes fuentes de ingresos.
Dispositivos que se van modificando según las épocas
pero apuntando a los mismos objetivos.
En EE.UU. la empresa privada más importante de ese país
en la construcción de cárceles, la Correction Corporation
of América, cotiza en bolsa. Sus acciones desde 1994 hasta
la fecha han aumentado su cotización 10 veces. Ha creado
un fondo de inversión inmobiliario para canalizar las ganancias
que le proporciona no solo la construcción de cárceles,
sino la explotación de los “servicios internos”
a los detenidos. Hoy se ha constituido en lo que se llama un complejo
industrial y de servicios carcelario. ¿Podemos imaginar
que disminuyan los encarcelados con los beneficios políticos
y económicos que pueden producir para los grupos hegemónicos?
¿La temporalidad puede sustraerse a esta lógica?
La relación entre la experiencia del tiempo y las condiciones
objetivas que las posibilita está tan naturalizada que
pasa desapercibida. “Cuando el vínculo entre el presente
y el futuro por la precariedad o la falta de un ámbito
laboral y económico se rompe, el sujeto pierde las coordenadas
temporales que lo conecta con los otros y con el mundo social.
El tiempo vacío se opone al tiempo ocupado de quien tiene
una actividad con sentido económico y social; las condiciones
de estabilidad que posibilitan imaginar una trayectoria previsible
para el futuro se oponen a lo provisorio y a la incertidumbre
de perder las posibilidades presentes. Esto anula las expectativas
y coloca a los sujetos en un presente continuo sin metas posibles.”
¿Cuál es el tiempo del que hablamos? Para la concepción
actual más que nunca “el tiempo es oro”. El
ideal empresario se expresa en hacer negocios. Y los negocios
no tienen horario y tampoco lugar específico. Por eso se
hacen tanto en la empresa, como en el aeropuerto, el almuerzo,
el “country” y en cualquier día y hora. Un
tiempo continuo e ininterrumpido para la actividad laboral. Para
los asalariados aparecieron nuevos términos que dan cuenta
de los “nuevos tiempos”. Se les solicita “flexibilidad”,
dedicación “full time”, disminución
de los tiempos de descanso, tanto en el día como en la
semana laboral.
¿Qué mayor poder que el de aquellos que pueden
controlar el tiempo y la actividad de los otros? El ejercicio
de la espera (de los otros) es una de las maneras privilegiadas
de experimentar el poder. Es tan efectiva en el plano singular
como colectivo Pensemos el poder que implica modificar las posibilidades
objetivas del tiempo dedicado al trabajo y al descanso o aquellas
que pueden provocar una modificación en los límites
de edad para un beneficio como podría ser la edad jubilatoria.
Opera efectos directos sobre las aspiraciones subjetivas de una
población que queda condenada a los efectos de la violencia
simbólica de aquellos que deciden unilateralmente sobre
su vida.
V . ¿Nuevas formas de subjetivación? La familia,
la sexualidad y el cuerpo
Podríamos decir que esta nueva realidad social produce
la ruptura y redefinición en todas las formas institucionales,
tanto en el orden de los vínculos intersubjetivos como
colectivos. Nuevos modos que adoptan el discurso y las representaciones
sociales, en tanto productores de formas nuevas de subjetividad
y matrices vinculares familiares. Los aspectos elegidos no tienen
pretensión de generalidad, ya que se refieren a una cultura
constituida como un conjunto de áreas de diferente extensión,
cada una de las cuales es capaz de operar según lógicas
de funcionamiento propio y diferente del que rige en otras. La
complejidad de los fenómenos culturales es creciente, y
nuestra comprensión acerca de estos fenómenos apenas
comienza.
Se producen cambios que llevan a reconsiderar el sentido de las
nociones de paternidad, infancia, las funciones paterna y materna,
la estructura tradicional de la llamada “familia nuclear”
y las relaciones entre las distintas generaciones. Se puede en
esa perspectiva entender el aumento de las personas que viven
solas, los hogares que tienen una mujer como cabeza de familia,
las parejas y familias del mismo género, la visibilidad
de conductas sexuales hasta hace no muchos años condenadas
al silencio y la marginalidad.
La división social del trabajo instaurada en la modernidad,
en la que el hombre se ocupaba de proveer los medios materiales
de subsistencia y la mujer se ocupaba de cuidar y criar a los
hijos, han perdido sus bases de legitimación. El trabajo
de ambos padres fuera del ámbito hogareño es casi
una norma en la actualidad. Esto ha modificado la relación
familiar y la socialización de los hijos. La institucionalización
mucho más precoz de los niños hace que tempranamente
se encuentren expuestos a circular y relacionarse con múltiples
espacios y personas ajenas al medio familiar, lo que implica disminución
de los marcos de contención emocional y simultáneamente
posibilita una mayor autonomía y libertad frente a los
modelos tradicionales.
La familia sustentada sobre valores patriarcales se ha ido debilitando
y, aunque la discriminación de género es aún
enorme, las luchas llevadas a cabo han logrado que las condiciones
de vida de la mujer se fueran modificando en los últimos
50 años. De todas formas, en la mayor parte de los casos,
se han agregado nuevas exigencias a las actividades hogareñas
tradicionales.
Podemos indicar cambios en la estructura familiar tradicional
en:
a) Las relaciones interpersonales entre los miembros.
b) La distribución del trabajo doméstico y profesional.
c) La producción y asociación económica.
d) La responsabilidad en la educación de los hijos.
e) Las identidades sexuales de sus participantes.
Las tecnologías científicas han permitido disociar
la reproducción de las funciones sociales. La fertilización
in vitro, las madres “en alquiler”, los depósitos
de semen, etc., proponen zonas de experimentación con efectos
todavía desconocidos tanto singulares como colectivos.
Que una mujer pueda tener un hijo sola sin saber quién
es el padre, que los hombres puedan recurrir a una mujer extraña
para tener hijos provoca una ruptura entre biología y sistema
social en la reproducción humana. Así, el “modelo
heterosexual” empieza a ser considerado un registro sexual
entre otros. De esa forma se va operando la paulatina “normalización”
de la diversidad sexual. La subjetividad construida y producida
en el marco de estos fenómenos experimenta modificaciones
que afectan inevitablemente la práctica del psicoanálisis
en esta última década del siglo y seguramente esos
cambios no han concluido.
Es interesante en este sentido las reflexiones del psicoanalista
francés René Kaes, quien considera que en este momento
histórico la tendencia es a la amnesia de lo pasado y la
anulación del futuro. Se pregunta “¿ Qué
efectos provoca esta situación en la asignación
de lugares y funciones entre las generaciones? Que respuesta se
puede dar a los interrogantes ineludibles tales como ¿de
dónde venimos? ¿qué somos? ¿dónde
vamos?” Instala una forma de ambigüedad y violencia
simbólica que tiene consecuencias tanto en los sujetos
singulares como en el conjunto social, debilitándose las
articulaciones y el valor de la propia posición en el orden
de las filiaciones.
En tanto a los niños se los ha convertido en “un
producto de consumo” a los ancianos, por improductivos,
“no se los escucha en las investigaciones de mercado”
, siendo objeto de maltrato y sufriendo abandono y soledad.
El sujeto asume así en el plano de su corporeidad, las
consecuencias del entrecruzamiento de los ordenes y “las
ordenes” que lo atraviesan. El cuerpo queda así bajo
los efectos de estos nuevos mecanismos que el orden social inscribe
en él.
Los sujetos de esta forma pueden terminar mimetizados con los
objetos. Se intenta transformar a los seres humanos en aparatos,
donde el trabajo biológico, social y psicológico
que los define en tanto tales sea suprimido, deshecho. Pensemos
en la industria de las cirugías, - dirigido a un sector
con recursos suficientes para acceder a estas tecnologías
médicas - que intenta satisfacer la ilusión de cuerpos
eternamente jóvenes y bellos, convirtiéndolos en
un ensamblaje de piezas, trozos, pedazos, a medida del “consumidor”.
El economista Kenneth Galbraith ofrece una interpretación
económica de la importancia de lo que él denomina
“La Industria” de la cirugía y los tratamientos
de belleza: “...está dirigido fundamentalmente a
las mujeres en su papel de consumidoras, siendo esencial su papel
en el desarrollo de la sociedad capitalista. Si una conducta es
esencial por razones económicas se la transforma en una
virtud social”.
En este mismo sentido se han modificado las modalidades alimenticias.
Por un lado hiper oferta de alimentos; por otro los modelos sociales
que proponen figuras humanas de excesiva delgadez, incitando la
búsqueda del peso “perfecto”. Así, mientras
para sectores importantes de la población su problema consiste
en que no tienen lo suficiente para comer, para otros las dietas
se constituyen en una preocupación ligada con la apariencia
física y el peso deseable.
El supermercado reemplaza a los negocios minoristas. Las góndolas,
con todos los productos envasados o herméticamente cerrados,
sustituyen a los mostradores con la mercadería a la vista,
cortada en el momento. Los productos informan “su contenido
graso” si es o no “bajas calorías”, aditamentos
diversos como “contiene hierro”, “con vitamina
C” o “evita el colesterol”, etc., como si fueran
prospectos médicos. Cuanto más química e
industrial su producción, más énfasis en
sus cualidades nutritivas y sus características “naturales”.
“Todo es “aséptico” y el personal parece
por su vestimenta más cercano al quirófano que a
la venta de alimentos”, mostrando el avance del discurso
médico en la vida cotidiana. Mientras el negocio barrial
estimulaba la “charla”, el supermercado promueve una
ceremonia donde cada uno circula desconectado del resto.
¿Es extraño entonces que se haya pasado de una
valoración de los propuestas colectivas a “una pasión
por el propio yo”? Lipovetsky lo llama “narcisismo
social”. “La ocupación del cuerpo por los dispositivos
de poder como la gimnasia, el desarrollo muscular, los tratamientos
de belleza, la desnudez, la exaltación del cuerpo bello,
está en la línea que conduce al deseo del propio
cuerpo” mediante un trabajo que se ejerce sobre todos. No
se trata ya de jugar sino de lograr “perfomance” y
exactitud. La intención es convertirnos en “objetos
en buena forma”.
Nueva forma de adueñarse de los sujetos. “Ya no
es del orden de la represión-disciplinamiento (propio de
la modernidad)* sino la del “control-estimulación”.
Hay que ser delgado, bronceado, hermoso, eternamente joven. .
Fuera de este circuito que se intenta definir por la bella imagen,
quedan invisibilizados aquellos con sus cuerpos mortificados por
el sobre-trabajo, doblegados por la precarización, humillados
por la desocupación.
Simultáneamente se organizan nuevas clasificaciones de
las consideradas “conductas desviadas”, (anorexia,
bulimia, adicciones) que promueven nuevos dispositivos, justificaciones
teóricas e instituciones para el tratamiento de las mismas.
Así frente al control aparece el desorden de los “desviados”,
perturbando los códigos de la “normalidad”.
Técnicas complejas, anónimas, que se llevan a cabo
en redes contradictorias, heterogéneas y profundamente
eficaces en su capacidad de instituir qué, cómo
y dónde. Trama constituida por las estrategias que se implementan
desde las instancias hegemónicas para lograr legitimidad
y las luchas, rebeldías y transgresiones que provocan .
La ciencia, a partir de las nuevas tecnologías, intenta
conocer y dominar los secretos del cuerpo, “centrándose
en la mecánica de lo viviente y los procesos biológicos,
logrando escudriñar los aspectos más ocultos de
los procesos vitales” y definiendo un poder que invade la
vida entera. Abre por un lado enormes posibilidades de curación
de dolencias, aumento de las probabilidades de longevidad pero
también manipuleo genético, monopolio comercial
de los descubrimientos obtenidos, “selección”
de aquellos “mejor dotados” por herencia y la exclusión
de los que no lo sean. ¿Estaremos acercándonos al
momento en que se explique genéticamente las diferencias
singulares y colectivas?
En tanto el desarrollo científico-técnico se desentiende
de las cuestiones del sentido y los valores, éstos quedan
librados al pragmatismo y sus enunciados de justificación.
“Esta “biopolítica”, hace entrar a la
vida y sus mecanismos en los dominios de los cálculos explícitos
y convierte a ese saber-poder en un agente de transformación
no solo de los procesos más profundos de la vida humana
sino también en un agente de posibles futuras discriminaciones
sociales. "El conocimiento científico es cada vez
menos un bien público accesible a todos, y cada vez más
un capital precioso que hay que proteger y hacer fructificar tan
discretamente como sea posible" .
VI . El poder social y los sistemas de información-comunicación
Los cambios tecnológicos han transformado el lenguaje
en mercancía. Constituimos lo que se ha dado en llamar
la sociedad “informacional”. Los enunciados se trasmiten,
reproducen, conservan, combinándolos cibernéticamente.
Los medios de comunicación forman parte fundamental de
la estructura de poder social. Su carácter masivo, el estar
situados en la vida pública y privada, disciplinan y condicionan
la cotidianeidad. La rentabilidad empresaria determina la dirección
de estos medios y los contenidos de sus mensajes.
Junto al consumo de bienes se incorporan ideas, imágenes,
modelos sociales, que con mayor o menor contundencia son parte
constitutiva de un sistema más general, recortando aspectos
de la realidad, seleccionando los temas, y estableciendo a través
de la estética publicitaria condensaciones, deslizamientos
de sentido, naturalizaciones y construcción de modelos
que a diario incorporamos sin siquiera reparar en ellos.
Los mensajes así funcionalizados controlan la emergencia
de significaciones al ofrecernos pedazos, fragmentos de información,
donde se mezclan aspectos cualitativamente distintos de la realidad,
desgajándolos de sus contextos de producción, sus
relaciones y su historia. Instala un mundo poco propicio a la
reflexión y el pensamiento crítico.
Esta industria de la información hace posible que infinita
cantidad de datos de diversa índole navegue electrónicamente
cada vez con mayor rapidez. El medio televisivo tiende a estimular
una ilusión de participación, cuando en realidad
deja a quienes quedan bajo sus efectos como meros receptores pasivos
de imágenes y sonidos construidos bajo la estética
del video clip y la repetición incesante de ciertas narrativas,
acordes con los nuevos dispositivos de poder.
En cuanto a los medios de transmisión por cable y satélite
¿Cómo afectan la estructura social y las relaciones
e intercambios singulares? La aparición de experiencias
virtuales, instituyen nuevos códigos de intercambio. Del
cuerpo a cuerpo y del cara a cara pasamos a la “realidad
virtual”, (donde el eje es la distancia y muchas veces el
anonimato en los encuentros), y simultáneamente la posibilidad
de comunicarse con puntos del planeta y grupos humanos que sin
estos cambios tecnológicos serían impensables. Para
las jóvenes generaciones sus subjetividades se van constituyendo
con relación a estos flujos de imágenes e información
y lo virtual se convierte en un sustituto de la propia experiencia.
La extensión del diálogo interactivo hombre-máquina
requiere un protocolo donde no quepa ambigüedad alguna: la
lengua natural se ve así obligada a someterse ante unos
códigos sintéticos que hasta ahora le estaban sometidos.
Radical inversión que cumple la profecía de Heidegger,
pues ahora "son las posibilidades técnicas de la máquina
las que prescriben cómo la lengua puede y debe aún
ser lengua". Si yendo en el sentido de la dominación
de la técnica que todo lo determina, tomamos la información
como la forma más alta del lenguaje a causa de su univocidad,
de su seguridad y de su rapidez en la comunicación de informaciones
y de directivas, entonces resultará de ahí la correspondiente
concepción del ser-hombre y de la vida humana. Es así
como el pensamiento queda atrapado por el instrumento con el que
pretendía dar forma al mundo.
¿Nuestro modo de subjetivación puede acompañar
con la misma velocidad la multiplicidad de estímulos que
recibimos? Nuestra limitada capacidad para componer territorios
de existencia singular y colectiva donde situarnos, induce una
tensión enorme entre globalización e individualización.
El efecto de saturación que ejercen es tal que neutraliza,
disgrega y banaliza aquello mismo que generan.
La Red satelital es un invento que abolió la diferencia
entre emisor y receptor. Establece cierta igualdad de posibilidades
para sus usuarios, logrando el acceso a una enorme cantidad de
fuentes de información, como así también
a una cantidad ilimitada de personas. La posición en la
red define las condiciones materiales de existencia de cada país
o región, modificando el tejido social tanto de los países
participantes como de sus instituciones y sus poblaciones.
Aunque la revolución de la información crea enormes
posibilidades para mejorar las condiciones de vida colectivas,
al permitir el acceso a múltiples fuentes de conocimiento,
hasta ahora ha provocado un agravamiento de las viejas desigualdades.
Por un lado, el planeta desigualmente conectado en una red global;
por otro, los mercados y los consumidores que son elegidos y estratégicamente
segmentados, según sus posibilidades económicas,
hace que el control de la producción y distribución
tecnológica sea una fuente de poder en sí misma.
La informática imprime su huella en el régimen
de la racionalidad. En la oficina, tanto como en la vida cotidiana,
numerosas actividades percibidas como esencialmente cognitivas
están en vías de informatización: desde el
tratamiento de textos hasta la composición gráfica,
desde el pago automático hasta el diagnóstico médico.
El ordenador es hoy la máquina universal. Así como
el vapor inspiró una concepción energética
del mundo, las disciplinas científicas reformulan hoy sus
objetos en términos de tratamiento de la información.
La búsqueda del sentido, fundadora de toda cultura, parece
desvanecerse en la fascinación por la máquina.
La propagación de imágenes y mensajes por medios
satelitales permite que los propietarios de los mismos tengan
a su disposición una capacidad tecnológica que les
permite ejercer una enorme vigilancia sobre todo el planeta. Por
ejemplo: hay denuncias de muchos países acerca de las actividades
de espionaje comercial que se llevan a cabo. No solo se pueden
descifrar los mensajes enviados por correo electrónico,
escudriñando la vida privada de los sujetos, sino también
espiar a gobiernos y empresas que puedan tener emprendimientos
y proyectos que compitan con los propios, comprar y vender información
a quien pueda pagarla, acerca de “perfiles” personales
de hipotéticos “consumidores”, como también
ofrecer a sus clientes imágenes nítidas y muy precisas
de instalaciones y espacios geográficos en cualquier lugar
del globo.
El ensayista italiano Humberto Eco sostiene que el poder ya
no está en la punta de los fusiles sino en los chips de
las computadoras. (En realidad, está en ambos, según
las circunstancias).
Las formas de resistencia que han surgido y que se han puesto
en práctica, frente al poder de estas mega corporaciones
internacionales, están constituidas por una nueva población
virtual: los hackers, quienes distribuidos sin organización
alguna por el mundo, intentan demostrar la fragilidad de estos
supra poderes, desafiando los códigos de seguridad que
instituyen. También van apareciendo movimientos sociales
que intentan recuperar algún control sobre estos acontecimientos
colectivos, al denunciar el uso que se hace de estos dispositivos
satelitales para invadir la privacidad de las poblaciones, logrando
que se establezcan algunos mecanismos que preserven el derecho
a la intimidad de las personas.
¿Cómo podrían surgir modelos institucionales
articulables con esta “lógica del sin sentido?”
¿Qué efectos son esperables que provoque el sometimiento
de las mismas a las leyes del “mercado”? Para Frederic
Jameson el capital es totalizante en el orden macrosocial y fragmentador
en el orden de la subjetividad. Al instituirse una racionalidad
funcional centrada en el espacio tecno-económico, con la
exigencia de que todas las demás dimensiones deben supeditarse
a ella, su dirección tiende a reducir todo a la experiencia
inmediata. ¿Se ha abandonado la pretensión racional
y objetivadora como único fundamento universal, propio
de la modernidad, y se intenta reemplazarla por la exigencia globalizadora
del valor del mercado financiero?
VII . ¿Tan solo una ilusión?
Frente a esta situación podemos quedarnos en la queja
estéril, recordando con nostalgia el pasado o hacer frente
a las contradicciones a las que nos somete el “ajuste”
destructivo del “mercado”. Abrir el cuestionamiento
a los instituidos sociales pero también interrogar los
efectos que provoca en nuestras propias prácticas e intercambios
cotidianos.
Todo sistema en su aparente orden provoca tensiones, contradicciones,
cortes, discontinuidades, por donde a los sujetos se le presentan
junto con las sujeciones, posibilidades de resistencia y de lucha
para modificar lo establecido. Ilya Prigogine en una obra que
desde su título es provocativa, nos dice: “El orden
es el resultado de un “plan preconcebido”. “Otras
bifurcaciones son imaginables y accesibles...”. “El
redescubrimiento del tiempo es también el redescubrimiento
de la utopía”.
El psicoanalista francés Cornelius Castoriadis en una
conferencia pública dictada en la Facultad de Psicología
(U.B.A.), Argentina el 9.5.96 señalaba: “....por
el momento, el proyecto capitalista ocupa todo el espacio social.
Lo otro, la alternativa, ....trabaja en las profundidades de la
sociedad y por eso no lo podemos ver fácilmente. ....tenemos
que trabajar para que se manifieste. Y para eso la primera condición
es que seamos realmente lúcidos en cuanto a la realidad.”
Los defensores del statu quo siempre elaboraron una imagen del
futuro idéntico o peor que el presente, tratando de expulsar
cualquier esperanza o expectativa diferente del orden actual.
Persistentemente tratando de que las expectativas queden limitadas
a “mínimas mejoras”. Solo los grupos instituyentes
usaron las utopías como posibilidad transformadora del
orden existente. La utopía “no es un sueño,
una quimera, no es una huida frente a la realidad; sino que es
tensión intelectual, pensamiento del futuro, proyección”.
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