Marta H. Ventre
Psicología Institucional

La globalización y las nuevas formas de control social
Autora: Marta H. Ventre

Articulo publicado por la Revista “Subjetividad y Cultura” –nro. 18 - México –
(D. F.) y por la Secretaría de Publicaciones de la Facultad de Psicología (U.B.A.)


INDICE

I . Introducción. Breve reseña histórica.

II . ¿El nuevo orden?

III . El trabajo y las nuevas formas de control social.

IV . Efectos de los cambios en las dimensiones espacio-temporales.

V . ¿Nuevas formas de subjetivación? La familia, la sexualidad y el cuerpo.

VI . El poder social y los sistemas de información-comunicación.

VII . ¿Tan solo una ilusión?


I . INTRODUCCIÓN.

Breve reseña histórica

El momento histórico denominado Modernidad se relaciona con el surgimiento y desarrollo de la sociedad industrial. Es un período en que se produce una mutación en las significaciones sociales provocando cambios fundamentales en los modos de producción y de gobierno como así también en las creencias y prácticas colectivas.

El mundo moderno se sostiene en la vida urbana, propio de una sociedad dinámica, regida por el valor del dinero y del conocimiento racional. Se instituye el concepto de “ciudadano”, nueva forma de definir al sujeto social propia del pensamiento filosófico y político de la época. Se expande el conocimiento científico, el saber técnico y las ciencias humanas. Se despliega la creencia en el progreso, la acumulación del conocimiento y la verdad del saber que se sostiene en un fundamento único: La razón. Desde esta concepción todo tiene un origen, un desarrollo y una finalidad que dirige las acciones hacia su perfección, respondiendo los hechos a un sentido universal. Este nuevo sistema consolida las ciencias positivistas y amplia y sistematiza los conocimientos alrededor “de la naturaleza humana”, que impulsan el desarrollo de diversas disciplinas y la paulatina democratización del conocimiento.

El estado moderno organiza un sistema jurídico del cual se constituye en garante, legitimando nuevas figuras legales y políticas acordes con las nuevas condiciones económicas. Establece relaciones contractuales y laborales donde aparecen formas desconocidas hasta entonces: El “contrato” entre “hombres libres” y el salario.

En este nuevo sistema no todos pueden establecer contratos ni son considerados ciudadanos libres. Los considerados insanos y delincuentes estarán encerrados en organizaciones nuevas y específicas: así nacen los manicomios y las cárceles y el concepto de “asilados”. También los mendigos estarán en espacios definidos a cargo de las asociaciones de beneficencia y formarán parte de la población “asistida”. (Allí se despliegan relaciones de sujeción y un organigrama de poder que se puede encontrar, con variantes, en el principio de organización de otras instituciones, como cuarteles, fábricas, escuelas, etc.) “Devela la función objetiva de regulación social que estas organizaciones cumplen en ese momento histórico” Las mujeres con igual estatus que los niños, carecerán de derechos y estarán bajo la tutela del padre o del varón jefe de hogar.

Esta nueva organización social se legitima, por una parte, por la construcción de consensos colectivos, en tanto se instituyen creencias acerca de que la vida de los ciudadanos no depende de la arbitrariedad de un poder absoluto sino que el Estado, en tanto organización racional, trata a todos por igual y que estas formas contractuales se establecen para el bien común. Por otro, instaurando normas jurídicas que establecen qué es legítimo sancionar o no. Las contradicciones que se presentaron entre los intereses de los poderes públicos y privados hicieron que las iniciativas privadas se encontraran, en más de una oportunidad, enfrentadas a los poderes centralizados estatales, tanto económicos como políticos, que podían imponer una lógica distinta de la propiciada por “la libre iniciativa de las partes”, de acuerdo con los requerimientos de las esferas gubernamentales.

La primera revolución industrial desalojó a miles de campesinos de sus tierras y provocó la hambruna de enormes contingentes de artesanos despojados de su trabajo por la maquinización de los procesos productivos, condenando a la pobreza y a condiciones laborales de enorme explotación a los trabajadores. Estos cambios no fueron aceptados sin resistencias por aquellos que padecieron esta nueva situación.

Lo que se llamó el Estado de Bienestar no surgió de la nada. Intentó dar una respuesta a las luchas de los “desclasados” por mejores condiciones de vida, y compensar las desigualdades provocadas por las condiciones económicas y contractuales. Era una respuesta a la posible desintegración social, instaurando cierto nivel de solidaridad que amortiguara los efectos de los cambios tecnológicos- productivos y de la rapacidad de los grupos hegemónicos.

Estas transformaciones también redefinen lo que se ha dado en llamar el espacio público y privado. El primero ligado al trabajo, a la asociación entre ciudadanos o “individuos libres”, a la retribución económica y a los conflictos y luchas de intereses. El privado se organiza alrededor de “La Familia”. Se instituye la creencia de que este es el territorio de los intercambios afectivos y el conocimiento empírico, ajeno a los contratos y la actividad remunerada y sustentado en los valores del poder patriarcal. Cada uno con lógicas propias, aparentemente opuestas aunque íntimamente articuladas entre sí. Es impensable desarrollar las actividades en el mundo público sin ser sostenido por los que circulan y permanecen en el mundo privado.

Esta división va a establecer importantes diferencias en la producción de subjetividad en tanto se organizan formas de individuación distintas para hombres y mujeres. A los hombres se los prepara para su inserción en el mundo laboral e intelectual y a las mujeres para sostener y reproducir el mundo privado, distante de la actividad pública y el desarrollo intelectual y mundano. En ese momento histórico se instituyen creencias y valores que resaltan la importancia de que las mujeres permanezcan en el espacio doméstico, atendiendo las actividades hogareñas y el cuidado y la crianza de los hijos. Así, las mujeres tardan 2 siglos para poder acceder a la escolaridad en igualdad de condiciones con los varones y 12 para su ingreso en la Universidad.

Aparecen nuevas formas de legalidad familiar, en tanto la nueva burguesía le otorga una enorme importancia a la salud de su descendencia, que implican cambios tales como:

? Reducción de los nacimientos, intentando preservar la vida de los niños y que la gestación responda a una racionalidad que permita disminuir la mortalidad infantil, propiciando su sano desarrollo y crecimiento.
? Se instituyen educación, juegos y modalidades específicas de atención según las edades, consolidándose la idea de “infancia”, y “adolescencia” desconocidas en momentos históricos anteriores. Surgen nuevas disciplinas que se ocupan de registrar, describir y proponer formas adecuadas de aprendizaje según el momento evolutivo. Así se desarrollan la pedagogía, la didáctica, la pediatría, etc.
? Surgen conceptos y prácticas propias de una nueva forma de entender el rol materno.
? Se modifica la edad promedio de casamientos. Se restringe el número de los integrantes familiares que conviven como máximo a dos generaciones.
? Aparece la separación entre adultos y niños en la misma casa en función de nuevos criterios acerca del respeto por la intimidad o privacidad de los adultos con relación a los menores.

Estas nuevas formas de organización determinaron la vida de “la familia burguesa”, integrada inicialmente por los nuevos grupos hegemónicos. Entre tanto, la mayor parte de la población vivía hacinada y por la precariedad de sus ingresos trabajaban todos los integrantes del grupo familiar, en condiciones de enorme explotación.

Los cambios y la complejidad creciente de la vida económica y social implicó paulatinamente el pasaje de las empresas pequeñas y medianas a las grandes organizaciones. Es la época de la aplicación de criterios científicos en el campo laboral y la organización del “trabajo en cadena”, donde la tendencia fue a la articulación de ámbitos cada vez más racionalizados, previsibles, eficientes, que posibilitaran la maximización de las ganancias empresarias.

Durante fines del siglo XIX y comienzo del XX entra en crisis el dogma del “fundamento único”. Se abre el pensamiento occidental al cuestionamiento del proyecto unitario positivista y su utopía. La idea de totalidad y la universalidad de una verdad absoluta caduca. Al perderse la lógica del orden racional único, aparecen las múltiples lógicas y racionalidades “locales”. Las luchas, resistencias y denuncias de aquellos grupos que se consideraban excluidos, reprimidos y sometidos por el conjunto de significaciones hegemónicas, ( feministas, étnicos-raciales, proletarios y de liberación nacional entre otros), estimulan reivindicaciones y propuestas que permiten ocuparse de problemáticas que eran despreciadas en las décadas anteriores.

Los grupos feministas concentraron sus críticas al patriarcado y la división sexual del trabajo; el sector asalariado cada vez más demandó mejores condiciones laborales y aumento de sus remuneraciones, expresando su insatisfacción a través de huelgas y boicoteando la producción, ya sea confeccionando mercancía defectuosa o provocando accidentes. La expansión en salario social a la que se vio obligado el Estado y las asociaciones empresarias, debido a los reclamos de estos grupos, hizo que se repensara en la ética del trabajo y que los grupos hegemónicos cuestionaran al estado benefactor.

Otro aspecto fue la radicalización estudiantil. Un movimiento que se le unió a éste fue el ecológico, que criticó la cultura, el valor de las prácticas y el modo de vida que proponía el sistema, denunciando los daños y la depredación que se llevaba a cabo del medio ambiente.

Se profundizan investigaciones que permite la aparición de múltiples aportes teóricos, intentando poner en evidencia las características disciplinarias de las instancias macro y micro institucionales y la complicidad – involuntaria o no - de los estamentos profesionales en la reproducción y consolidación de los dispositivos de poder imperantes, proponiendo cuerpos conceptuales y prácticas alternativas a las instituidas.

Esto no ocurre sólo como producto de las transformaciones en el orden doctrinario, sino que los cambios que se producen también son consecuencia del impacto conjunto de la expansión de la producción científica y las tecnologías de la información-comunicación.

A esto se suman los acontecimientos políticos. La desaparición del “bloque comunista” provoca la generalización del sistema capitalista a escala mundial, impulsando la consolidación de lo que se ha dado en llamar “la economía global”. La “reestructuración del aparato productivo”que se produce permite la expansión, entre otras disciplinas, de la automatización, la informática, la cibernética, la biotecnología y la genética.

Se acuña el término “posmoderno” que apuntaría, según los autores que lo utilizan, a caracterizar el momento histórico que corresponde al llamado “Capitalismo Tardío”, en que se instituyen valores, creencias y formas de vida social distintos que las propias del período denominado modernidad, donde el voluntarismo integrador en el que se inspiraban las estrategias del Estado son sustituidas por una lógica ajena a la reparación y la reintegración social.

II . ¿El nuevo orden?

La crisis de las nociones y valores propios del pensamiento “moderno” implica una transformación que modifica categorías de pensamiento, creencias y formas institucionales. Los alcances de estos cambios pueden dimensionarse en todos los ámbitos sociales. En las organizaciones será observable la yuxtaposición de dispositivos, finalidades y formas nuevas, conviviendo junto con otras propias del período anterior.

¿Cómo podemos describir la situación actual? Pasamos de la fábrica a la compañía virtual; de la idea de nación y empresa nacional a la de “aldea” y corporación global, de la escuela a la “educación a distancia” y la “formación permanente”; del encierro de los delincuentes a las penas de “sustitución”(para los delitos considerados más leves) y la utilización de artefactos electrónicos que permiten ubicar a su portador esté donde esté; del empleo seguro y estable al trabajo temporal y precario, instituyéndose una nueva “figura social”: el desocupado. Del capitalismo propietario de los medios de producción al capitalismo de servicios y especulación financiera. “El marketing es el nuevo instrumento de control social” , se ejerce de manera incesante y su eje es la permanente rotación de productos, personas, imágenes e informaciones que estimulan el gasto, el consumo continuo y la ilusión de la inmediatez de las satisfacciones. “El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado”

Se produce el pasaje del Estado llamado “de bienestar”, que explicitaba que sus funciones eran garantizar la equidad de los contratos colectivos, ocuparse de preservar la salud y la educación pública, el cuidado de los ancianos y la asistencia a la población, a un Estado ausente, que ni retóricamente se plantea tales objetivos, que privatiza sus actividades y deja librado a la “economía de mercado” y sus efectos a grandes contingentes humanos, sin protección laboral ni sanitaria alguna. La reconversión económica excluye a cientos de miles de sujetos que construyeron su subjetividad en la creencia del valor del trabajo y la educación, como garantía de ascenso social, en un proceso a lo largo de generaciones.


III . El trabajo y las nuevas formas de Control Social

¿Cuáles son las relaciones laborales que propone el “mercado”? Una empresa de Texas, que quiere expandirse en América Latina, sólo emplea a menores de 32 años, de raza blanca, educación universitaria, bilingües, con sentimientos religiosos claros, sin hábito de fumar ni afiliación sindical. El contrato que firman indica que la empresa puede despedirlos en cualquier momento y si ellos renuncian, en tres horas deben abandonar sus oficinas.....

El economista P.Reich hace una categorización de las características del trabajador requerido por el sistema actual:

a) Servicios rutinarios de producción (Las llama “tropa del capitalismo”). Virtudes: ser puntuales y dóciles. Se incluirían en esta categoría las tareas mecánicas y rutinarias.
b) Servicios personales. Virtudes: a las dos anteriores agrega afabilidad.
c) Servicios simbólicos: (se incluyen aquí investigadores, programadores, ingenieros, etc.). Virtudes: Pueden identificar y resolver problemas simbólicos complejos, tienen conocimientos técnicos y acceso a múltiples fuentes de información, capacidad y rapidez en la toma de decisiones, flexibilidad para adaptarse a situaciones cambiantes.

En consonancia con estas nuevas modalidades laborales, es interesante conocer las propuestas que ofrecen los consultores empresarios para tener una idea de la concepción del capitalismo global. Mark McNeilly, ex funcionario de la empresa IBM y actual consultor estadounidense de empresas ofrece algunas estrategias para ser exitoso:

a) Evitar la fortaleza y atacar la debilidad del “contrincante” (arremeter donde menos lo esperen).
b) Engañar y conocer bien el tema.
c) Tener velocidad y preparación (actuar con diligencia para superar a los competidores).
d) Influir en su oponente (empleo de la estrategia para dominar a la competencia).
e) Los negocios, al igual que la guerra, es una contienda de voluntades, dinámica y acelerada.
f) Cuando se ataca a un competidor con un embate directo sólo se fortalece su resistencia, tanto física como mental. Así no es posible alcanzar el éxito.
g) La clave para “capturar mercado” es la ofensiva indirecta, para dar un golpe más sustancial.

El objetivo: “tomar intacto todo lo que hay bajo el cielo”.

No es extraño entonces que la solidaridad colectiva haya sido reemplazada por luchas entre lobbies corporativos que intentan aumentar o preservar sus propios beneficios, países que rivalizan entre ellos para “atraer las inversiones” y la competencia feroz entre quienes tienen el “privilegio” de trabajar y los que fuera del circuito laboral esperan reemplazarlos (para el año 2020, se calcula que el 2% de la fuerza laboral podrá satisfacer la demanda total). Reaparecen formas exacerbadas de nacionalismo, racismo y xenofobia en distintos puntos del planeta.

La competición por el trabajo va acompañada de una competición en el trabajo, que hay que intentar conservar a cualquier precio contra la amenaza del despido, disminuyendo drásticamente las oportunidades laborales, degradándose las condiciones de trabajo, junto con el aumento de la desocupación y la precariedad laboral. “Esta se inscribe en un modo de dominación social, obligando a los trabajadores a la aceptación de formas de empleo acordes con los criterios económicos globales”.

Las propias empresas colocadas bajo la misma intimidación que los trabajadores tienen que ajustarse de manera cada vez más rápida a las exigencias de los “mercados”, so pena de “perder la confianza” de los accionistas, inversores, fondos de dinero e instituciones macro nacionales que “califican” su “competitividad”. Estos son los que imponen criterios en materia de qué y dónde se produce, a quienes se contrata, cuánto se les paga y que conocimientos se exigen, instituyendo un nuevo criterio: la formación permanente. Estos parámetros se generalizan a todos los ámbitos sociales y los sujetos están “obligados a demostrar su “flexibilidad” para adecuarse a nuevos aprendizajes según la conveniencia de las empresas, provocando un sentimiento de inseguridad y de “indignidad” hábilmente convertido en sistema de control social”.

Para Peter Totterdill, integrante del Gobierno inglés, los economistas y políticos se confunden cuando hablan de flexibilidad, puesto que hay una flexibilidad "numérica" y otra "funcional". Hoy se apuesta a la primera, lo cual se traduce en el poder absoluto que tienen los empresarios para disponer de medios y hombres. La flexibilidad numérica está en las antípodas de los criterios de aquellos que pretenden un concepto diferente de "competitividad". Señala que se está dando una modernización sin transformación. La paradoja parece ser ésta: este momento que supuestamente se caracteriza por el fin de la época de la "verticalización" de la producción, no logra que concluya la “verticalización” en la toma de decisiones de las cúpulas patronales.

Robert Castel considera fundamental la relación existente entre el trabajo y la inserción social. De acuerdo con la investigación que este autor llevó a cabo en Francia establece :
a)Zona de integración: constituida por los sujetos con trabajo seguro.
b)Zona de vulnerabilidad: corresponde a los que con trabajo precario tienen una inserción social frágil.
c)Zona de des-afiliación: propia del desocupado que muestra una tendencia marcada al aislamiento y a la pérdida de lazos sociales.

Desde este punto de vista si antes los trastornos mentales eran más bien asociados con factores emocionales singulares, hoy no pueden dejar de vincularse con la pérdida del trabajo, la subocupación, el desalojo, la usurpación, la incertidumbre económica y los cambios vertiginosos que desestructuran al sujeto. La pérdida del soporte grupal de pertenencia y el reconocimiento de los otros provoca nuevas formas de enfermarse.

Los ritmos y modelos que impone a la cotidianeidad las nuevas condiciones laborales ha maquinizado el quehacer urbano, estimulándose a través de los dispositivos mediáticos la aceptación de los nuevos valores centrados en el consumo, la importancia del “mercado” y la hiperactividad. Acorde con ellos la noción de ciudadano es “reemplazada” por la de “cliente” o “consumidor”.

Doble discurso que por un lado estimula el gasto y la adquisición permanente de distintos objetos y por otro apunta a la disminución de los ingresos de gran parte de la población, la cual cuenta sólo con los recursos suficientes para la subsistencia, acotándose la posibilidad de proyectar en el mediano o largo plazo, ya que para muchos no parece posible aspirar al cambio de su situación como consecuencia de su trabajo y su propio esfuerzo.

Esto no implica la ausencia de movimientos sociales de resistencia a estos discursos y prácticas dominantes. En las últimas reuniones, tanto en Seattle, Davos, Washington, Génova, de los representantes de los poderes globales que representan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, manifestaciones multitudinarias expresaron su repudio con los efectos de la globalización. En ellas participaron desde organizaciones sindicales, movimientos ecuménicos, defensores de los derechos humanos, hasta activistas de los años 60. En Francia los desocupados han constituido el primer Movimiento Social de “los parados”. En la Argentina aparece el movimiento denominado “piqueteros”. Su constitución implica evitar el aislamiento de los afectados, hacer visible y otorgarle existencia social a una enorme población inactiva. Proponen a sus participantes movilizarse y han convocado a todos los desocupados y trabajadores a incluirse, recordando que hay que superar las falsas separaciones entre los que trabajan o los parados, ya que esta división es funcional al sistema, en tanto a unos se los extorsiona con la existencia de los otros.


IV. Efectos de los cambios en las dimensiones espacio temporales

Estas transformaciones han provocado que se modifiquen las relaciones entre espacio público y privado, devaluándose el espacio público y estimulándose su privatización. Aquellos espacios colectivos “poco rentables” son descuidados, degradándose por la falta de atención y cuidado de las instancias estatales. La ciudad se va transformando en el imaginario de la población en un “territorio” exterior, ajeno y peligroso, debilitándose o desapareciendo la responsabilidad singular y colectiva sobre la misma.

Se fragmentan así los lazos que unían a la gente con su trabajo, su entorno, su comunidad y su historia. El barrio, que para amplios grupos humanos servía de anclaje a estilos de vida y valores compartidos- muchas veces alrededor de una industria o actividad productiva - donde se organizaban redes de contención afectiva, intercambios y solidaridades, tienden a quebrarse por el cierre de esas fuentes de trabajo o la modificación de las formas contractuales que se instituyen.

No obstante, en los espacios micro se presentan distintas formas de respuesta de los actores institucionales. Aparecen prácticas y lazos sociales con características novedosas, como modos de resistencia al desarraigo y la falta de trabajo. Intentos colectivos para subsanar o disminuir los efectos de la devastación social. Ejemplo de esto es en los suburbios más pobres las redes solidarias que se organizan, entre los propios afectados por la desocupación y la precariedad laboral, muchas veces con la ayuda de ONG y otros grupos solidarios.

Estas tramas colectivas ofrecen la posibilidad de que aparezcan en los intersticios del sistema grupos alternativos cuya potencialidad enunciativa puede permitir diversas formas de organización y resistencia a la exclusión social; propiciando no solo reivindicaciones específicas sino también nuevos proyectos de largo alcance e inéditas modalidades de lucha.

Foucault consideraba que todo uso del espacio geográfico da cuenta de un pensamiento “estratégico”, y es el terreno donde se entrecruzan diversas prácticas políticas. En el mismo sentido Baudrillard se pregunta si el hipermercado o “shopping” es el modelo contemporáneo de la “socialización controlada”. Un espacio-tiempo homogéneo, anónimo, donde el tránsito de personas, marcas, juegos, espectáculos, alimentos, -todos convertidos en mercaderías - circulan para ser consumidos en el menor tiempo posible. Paisaje del almacenamiento, el espectáculo y la distribución utilitaria. Su instalación provoca el ocaso de los pequeños establecimientos barriales. Lugar de adquisición de productos pero también microespacios de encuentros, intercambios y relaciones colectivas.

Coherente con esta concepción se produce la fragmentación de la vida urbana y la aparición de “ghettos” según clases y etnias, que modifican la fisonomía de la ciudad y de los suburbios, creando nuevas fronteras espaciales y simbólicas.

Félix Guattari imaginaba una ciudad donde sus habitantes para salir de sus casas, de su calle, de su barrio, necesitarían una tarjeta electrónica que les autorizara pasar de un sector a otro. Forma de control que localiza la posición de cada uno, como de un animal en una reserva, estableciendo límites tan eficientes como invisibles, diagramando recorridos y horarios autorizados o prohibidos.

El pensamiento del capitalismo global dice Enrique Marí se muestra en el modelo arquitectónico que ofrecen los llamados “edificios inteligentes”. Nueva realización del sueño de El Panóptico de Jeremy Bentham, pero invirtiendo su objetivo. Estas “cárceles modelo” que se construyen ya no para encerrar a los pobres y delincuentes, sino para proteger a las clases adineradas de los “otros”, que ahora quedan afuera. Edificios donde su funcionamiento está organizado alrededor de una idea central: “todos pueden ser peligrosos”

Si desde lo social el principio de alteridad desaparece y el sentimiento de desamparo aumenta, las tendencias destructivas hacia los otros se refuerzan, siendo destituidos de su condición de semejante. No es extraño entonces que se produzcan actos de violencia social que se juzgan a primera vista como gratuitos, feroces, donde víctimas y verdugos se confunden. Puede ser la toma de rehenes en Buenos Aires o las bandas nazis que apalean inmigrantes en Europa o las matanzas indiscriminadas llevadas a cabo por adolescentes y niños en Estados Unidos. Lo que en otro momento hubiera sido sorprendente por su rareza hoy forma parte de la vida cotidiana, siendo sus protagonistas de diferentes edades e inserción social. La violencia anónima, indiferenciada e irracional que produce el sistema atraviesa todo el campo social.

Se instala un discurso xenófobo que pone el acento sólo sobre las conductas violentas de aquellos que no pueden adaptarse y quedan marginados en este nuevo contexto social. Se pide más “seguridad”, que se controle “la inmigración clandestina”, (recordemos en la Argentina las persecuciones que han padecido cíclicamente paraguayos y peruanos, soportando allanamientos humillantes, cacheos públicos, etc., convertidos políticamente en responsables de la desocupación que afecta a nuestra población); que se aumenten las normas represivas (se presiona para que los legisladores promulguen leyes más duras), se intensifican los requerimientos de “tolerancia cero” hacia los delincuentes, etc. Foucault ya había señalado que mostrar a los delincuentes como peligrosos, no solo para los ricos sino también para los pobres, es de utilidad política porque permite manejar el miedo y la hostilidad de la población y justificar el aumento de las instancias represivas y simultáneamente da beneficios económicos a ciertos grupos en tanto se crea alrededor de la organización carcelaria diferentes fuentes de ingresos. Dispositivos que se van modificando según las épocas pero apuntando a los mismos objetivos.

En EE.UU. la empresa privada más importante de ese país en la construcción de cárceles, la Correction Corporation of América, cotiza en bolsa. Sus acciones desde 1994 hasta la fecha han aumentado su cotización 10 veces. Ha creado un fondo de inversión inmobiliario para canalizar las ganancias que le proporciona no solo la construcción de cárceles, sino la explotación de los “servicios internos” a los detenidos. Hoy se ha constituido en lo que se llama un complejo industrial y de servicios carcelario. ¿Podemos imaginar que disminuyan los encarcelados con los beneficios políticos y económicos que pueden producir para los grupos hegemónicos?

¿La temporalidad puede sustraerse a esta lógica? La relación entre la experiencia del tiempo y las condiciones objetivas que las posibilita está tan naturalizada que pasa desapercibida. “Cuando el vínculo entre el presente y el futuro por la precariedad o la falta de un ámbito laboral y económico se rompe, el sujeto pierde las coordenadas temporales que lo conecta con los otros y con el mundo social. El tiempo vacío se opone al tiempo ocupado de quien tiene una actividad con sentido económico y social; las condiciones de estabilidad que posibilitan imaginar una trayectoria previsible para el futuro se oponen a lo provisorio y a la incertidumbre de perder las posibilidades presentes. Esto anula las expectativas y coloca a los sujetos en un presente continuo sin metas posibles.”

¿Cuál es el tiempo del que hablamos? Para la concepción actual más que nunca “el tiempo es oro”. El ideal empresario se expresa en hacer negocios. Y los negocios no tienen horario y tampoco lugar específico. Por eso se hacen tanto en la empresa, como en el aeropuerto, el almuerzo, el “country” y en cualquier día y hora. Un tiempo continuo e ininterrumpido para la actividad laboral. Para los asalariados aparecieron nuevos términos que dan cuenta de los “nuevos tiempos”. Se les solicita “flexibilidad”, dedicación “full time”, disminución de los tiempos de descanso, tanto en el día como en la semana laboral.

¿Qué mayor poder que el de aquellos que pueden controlar el tiempo y la actividad de los otros? El ejercicio de la espera (de los otros) es una de las maneras privilegiadas de experimentar el poder. Es tan efectiva en el plano singular como colectivo Pensemos el poder que implica modificar las posibilidades objetivas del tiempo dedicado al trabajo y al descanso o aquellas que pueden provocar una modificación en los límites de edad para un beneficio como podría ser la edad jubilatoria. Opera efectos directos sobre las aspiraciones subjetivas de una población que queda condenada a los efectos de la violencia simbólica de aquellos que deciden unilateralmente sobre su vida.

V . ¿Nuevas formas de subjetivación? La familia, la sexualidad y el cuerpo

Podríamos decir que esta nueva realidad social produce la ruptura y redefinición en todas las formas institucionales, tanto en el orden de los vínculos intersubjetivos como colectivos. Nuevos modos que adoptan el discurso y las representaciones sociales, en tanto productores de formas nuevas de subjetividad y matrices vinculares familiares. Los aspectos elegidos no tienen pretensión de generalidad, ya que se refieren a una cultura constituida como un conjunto de áreas de diferente extensión, cada una de las cuales es capaz de operar según lógicas de funcionamiento propio y diferente del que rige en otras. La complejidad de los fenómenos culturales es creciente, y nuestra comprensión acerca de estos fenómenos apenas comienza.

Se producen cambios que llevan a reconsiderar el sentido de las nociones de paternidad, infancia, las funciones paterna y materna, la estructura tradicional de la llamada “familia nuclear” y las relaciones entre las distintas generaciones. Se puede en esa perspectiva entender el aumento de las personas que viven solas, los hogares que tienen una mujer como cabeza de familia, las parejas y familias del mismo género, la visibilidad de conductas sexuales hasta hace no muchos años condenadas al silencio y la marginalidad.

La división social del trabajo instaurada en la modernidad, en la que el hombre se ocupaba de proveer los medios materiales de subsistencia y la mujer se ocupaba de cuidar y criar a los hijos, han perdido sus bases de legitimación. El trabajo de ambos padres fuera del ámbito hogareño es casi una norma en la actualidad. Esto ha modificado la relación familiar y la socialización de los hijos. La institucionalización mucho más precoz de los niños hace que tempranamente se encuentren expuestos a circular y relacionarse con múltiples espacios y personas ajenas al medio familiar, lo que implica disminución de los marcos de contención emocional y simultáneamente posibilita una mayor autonomía y libertad frente a los modelos tradicionales.

La familia sustentada sobre valores patriarcales se ha ido debilitando y, aunque la discriminación de género es aún enorme, las luchas llevadas a cabo han logrado que las condiciones de vida de la mujer se fueran modificando en los últimos 50 años. De todas formas, en la mayor parte de los casos, se han agregado nuevas exigencias a las actividades hogareñas tradicionales.

Podemos indicar cambios en la estructura familiar tradicional en:

a) Las relaciones interpersonales entre los miembros.
b) La distribución del trabajo doméstico y profesional.
c) La producción y asociación económica.
d) La responsabilidad en la educación de los hijos.
e) Las identidades sexuales de sus participantes.

Las tecnologías científicas han permitido disociar la reproducción de las funciones sociales. La fertilización in vitro, las madres “en alquiler”, los depósitos de semen, etc., proponen zonas de experimentación con efectos todavía desconocidos tanto singulares como colectivos. Que una mujer pueda tener un hijo sola sin saber quién es el padre, que los hombres puedan recurrir a una mujer extraña para tener hijos provoca una ruptura entre biología y sistema social en la reproducción humana. Así, el “modelo heterosexual” empieza a ser considerado un registro sexual entre otros. De esa forma se va operando la paulatina “normalización” de la diversidad sexual. La subjetividad construida y producida en el marco de estos fenómenos experimenta modificaciones que afectan inevitablemente la práctica del psicoanálisis en esta última década del siglo y seguramente esos cambios no han concluido.

Es interesante en este sentido las reflexiones del psicoanalista francés René Kaes, quien considera que en este momento histórico la tendencia es a la amnesia de lo pasado y la anulación del futuro. Se pregunta “¿ Qué efectos provoca esta situación en la asignación de lugares y funciones entre las generaciones? Que respuesta se puede dar a los interrogantes ineludibles tales como ¿de dónde venimos? ¿qué somos? ¿dónde vamos?” Instala una forma de ambigüedad y violencia simbólica que tiene consecuencias tanto en los sujetos singulares como en el conjunto social, debilitándose las articulaciones y el valor de la propia posición en el orden de las filiaciones.

En tanto a los niños se los ha convertido en “un producto de consumo” a los ancianos, por improductivos, “no se los escucha en las investigaciones de mercado” , siendo objeto de maltrato y sufriendo abandono y soledad.

El sujeto asume así en el plano de su corporeidad, las consecuencias del entrecruzamiento de los ordenes y “las ordenes” que lo atraviesan. El cuerpo queda así bajo los efectos de estos nuevos mecanismos que el orden social inscribe en él.

Los sujetos de esta forma pueden terminar mimetizados con los objetos. Se intenta transformar a los seres humanos en aparatos, donde el trabajo biológico, social y psicológico que los define en tanto tales sea suprimido, deshecho. Pensemos en la industria de las cirugías, - dirigido a un sector con recursos suficientes para acceder a estas tecnologías médicas - que intenta satisfacer la ilusión de cuerpos eternamente jóvenes y bellos, convirtiéndolos en un ensamblaje de piezas, trozos, pedazos, a medida del “consumidor”. El economista Kenneth Galbraith ofrece una interpretación económica de la importancia de lo que él denomina “La Industria” de la cirugía y los tratamientos de belleza: “...está dirigido fundamentalmente a las mujeres en su papel de consumidoras, siendo esencial su papel en el desarrollo de la sociedad capitalista. Si una conducta es esencial por razones económicas se la transforma en una virtud social”.

En este mismo sentido se han modificado las modalidades alimenticias. Por un lado hiper oferta de alimentos; por otro los modelos sociales que proponen figuras humanas de excesiva delgadez, incitando la búsqueda del peso “perfecto”. Así, mientras para sectores importantes de la población su problema consiste en que no tienen lo suficiente para comer, para otros las dietas se constituyen en una preocupación ligada con la apariencia física y el peso deseable.

El supermercado reemplaza a los negocios minoristas. Las góndolas, con todos los productos envasados o herméticamente cerrados, sustituyen a los mostradores con la mercadería a la vista, cortada en el momento. Los productos informan “su contenido graso” si es o no “bajas calorías”, aditamentos diversos como “contiene hierro”, “con vitamina C” o “evita el colesterol”, etc., como si fueran prospectos médicos. Cuanto más química e industrial su producción, más énfasis en sus cualidades nutritivas y sus características “naturales”. “Todo es “aséptico” y el personal parece por su vestimenta más cercano al quirófano que a la venta de alimentos”, mostrando el avance del discurso médico en la vida cotidiana. Mientras el negocio barrial estimulaba la “charla”, el supermercado promueve una ceremonia donde cada uno circula desconectado del resto.

¿Es extraño entonces que se haya pasado de una valoración de los propuestas colectivas a “una pasión por el propio yo”? Lipovetsky lo llama “narcisismo social”. “La ocupación del cuerpo por los dispositivos de poder como la gimnasia, el desarrollo muscular, los tratamientos de belleza, la desnudez, la exaltación del cuerpo bello, está en la línea que conduce al deseo del propio cuerpo” mediante un trabajo que se ejerce sobre todos. No se trata ya de jugar sino de lograr “perfomance” y exactitud. La intención es convertirnos en “objetos en buena forma”.

Nueva forma de adueñarse de los sujetos. “Ya no es del orden de la represión-disciplinamiento (propio de la modernidad)* sino la del “control-estimulación”. Hay que ser delgado, bronceado, hermoso, eternamente joven. . Fuera de este circuito que se intenta definir por la bella imagen, quedan invisibilizados aquellos con sus cuerpos mortificados por el sobre-trabajo, doblegados por la precarización, humillados por la desocupación.

Simultáneamente se organizan nuevas clasificaciones de las consideradas “conductas desviadas”, (anorexia, bulimia, adicciones) que promueven nuevos dispositivos, justificaciones teóricas e instituciones para el tratamiento de las mismas. Así frente al control aparece el desorden de los “desviados”, perturbando los códigos de la “normalidad”. Técnicas complejas, anónimas, que se llevan a cabo en redes contradictorias, heterogéneas y profundamente eficaces en su capacidad de instituir qué, cómo y dónde. Trama constituida por las estrategias que se implementan desde las instancias hegemónicas para lograr legitimidad y las luchas, rebeldías y transgresiones que provocan .

La ciencia, a partir de las nuevas tecnologías, intenta conocer y dominar los secretos del cuerpo, “centrándose en la mecánica de lo viviente y los procesos biológicos, logrando escudriñar los aspectos más ocultos de los procesos vitales” y definiendo un poder que invade la vida entera. Abre por un lado enormes posibilidades de curación de dolencias, aumento de las probabilidades de longevidad pero también manipuleo genético, monopolio comercial de los descubrimientos obtenidos, “selección” de aquellos “mejor dotados” por herencia y la exclusión de los que no lo sean. ¿Estaremos acercándonos al momento en que se explique genéticamente las diferencias singulares y colectivas?

En tanto el desarrollo científico-técnico se desentiende de las cuestiones del sentido y los valores, éstos quedan librados al pragmatismo y sus enunciados de justificación. “Esta “biopolítica”, hace entrar a la vida y sus mecanismos en los dominios de los cálculos explícitos y convierte a ese saber-poder en un agente de transformación no solo de los procesos más profundos de la vida humana sino también en un agente de posibles futuras discriminaciones sociales. "El conocimiento científico es cada vez menos un bien público accesible a todos, y cada vez más un capital precioso que hay que proteger y hacer fructificar tan discretamente como sea posible" .

VI . El poder social y los sistemas de información-comunicación

Los cambios tecnológicos han transformado el lenguaje en mercancía. Constituimos lo que se ha dado en llamar la sociedad “informacional”. Los enunciados se trasmiten, reproducen, conservan, combinándolos cibernéticamente. Los medios de comunicación forman parte fundamental de la estructura de poder social. Su carácter masivo, el estar situados en la vida pública y privada, disciplinan y condicionan la cotidianeidad. La rentabilidad empresaria determina la dirección de estos medios y los contenidos de sus mensajes.

Junto al consumo de bienes se incorporan ideas, imágenes, modelos sociales, que con mayor o menor contundencia son parte constitutiva de un sistema más general, recortando aspectos de la realidad, seleccionando los temas, y estableciendo a través de la estética publicitaria condensaciones, deslizamientos de sentido, naturalizaciones y construcción de modelos que a diario incorporamos sin siquiera reparar en ellos.

Los mensajes así funcionalizados controlan la emergencia de significaciones al ofrecernos pedazos, fragmentos de información, donde se mezclan aspectos cualitativamente distintos de la realidad, desgajándolos de sus contextos de producción, sus relaciones y su historia. Instala un mundo poco propicio a la reflexión y el pensamiento crítico.

Esta industria de la información hace posible que infinita cantidad de datos de diversa índole navegue electrónicamente cada vez con mayor rapidez. El medio televisivo tiende a estimular una ilusión de participación, cuando en realidad deja a quienes quedan bajo sus efectos como meros receptores pasivos de imágenes y sonidos construidos bajo la estética del video clip y la repetición incesante de ciertas narrativas, acordes con los nuevos dispositivos de poder.

En cuanto a los medios de transmisión por cable y satélite ¿Cómo afectan la estructura social y las relaciones e intercambios singulares? La aparición de experiencias virtuales, instituyen nuevos códigos de intercambio. Del cuerpo a cuerpo y del cara a cara pasamos a la “realidad virtual”, (donde el eje es la distancia y muchas veces el anonimato en los encuentros), y simultáneamente la posibilidad de comunicarse con puntos del planeta y grupos humanos que sin estos cambios tecnológicos serían impensables. Para las jóvenes generaciones sus subjetividades se van constituyendo con relación a estos flujos de imágenes e información y lo virtual se convierte en un sustituto de la propia experiencia.

La extensión del diálogo interactivo hombre-máquina requiere un protocolo donde no quepa ambigüedad alguna: la lengua natural se ve así obligada a someterse ante unos códigos sintéticos que hasta ahora le estaban sometidos. Radical inversión que cumple la profecía de Heidegger, pues ahora "son las posibilidades técnicas de la máquina las que prescriben cómo la lengua puede y debe aún ser lengua". Si yendo en el sentido de la dominación de la técnica que todo lo determina, tomamos la información como la forma más alta del lenguaje a causa de su univocidad, de su seguridad y de su rapidez en la comunicación de informaciones y de directivas, entonces resultará de ahí la correspondiente concepción del ser-hombre y de la vida humana. Es así como el pensamiento queda atrapado por el instrumento con el que pretendía dar forma al mundo.

¿Nuestro modo de subjetivación puede acompañar con la misma velocidad la multiplicidad de estímulos que recibimos? Nuestra limitada capacidad para componer territorios de existencia singular y colectiva donde situarnos, induce una tensión enorme entre globalización e individualización. El efecto de saturación que ejercen es tal que neutraliza, disgrega y banaliza aquello mismo que generan.

La Red satelital es un invento que abolió la diferencia entre emisor y receptor. Establece cierta igualdad de posibilidades para sus usuarios, logrando el acceso a una enorme cantidad de fuentes de información, como así también a una cantidad ilimitada de personas. La posición en la red define las condiciones materiales de existencia de cada país o región, modificando el tejido social tanto de los países participantes como de sus instituciones y sus poblaciones.

Aunque la revolución de la información crea enormes posibilidades para mejorar las condiciones de vida colectivas, al permitir el acceso a múltiples fuentes de conocimiento, hasta ahora ha provocado un agravamiento de las viejas desigualdades. Por un lado, el planeta desigualmente conectado en una red global; por otro, los mercados y los consumidores que son elegidos y estratégicamente segmentados, según sus posibilidades económicas, hace que el control de la producción y distribución tecnológica sea una fuente de poder en sí misma.

La informática imprime su huella en el régimen de la racionalidad. En la oficina, tanto como en la vida cotidiana, numerosas actividades percibidas como esencialmente cognitivas están en vías de informatización: desde el tratamiento de textos hasta la composición gráfica, desde el pago automático hasta el diagnóstico médico. El ordenador es hoy la máquina universal. Así como el vapor inspiró una concepción energética del mundo, las disciplinas científicas reformulan hoy sus objetos en términos de tratamiento de la información. La búsqueda del sentido, fundadora de toda cultura, parece desvanecerse en la fascinación por la máquina.

La propagación de imágenes y mensajes por medios satelitales permite que los propietarios de los mismos tengan a su disposición una capacidad tecnológica que les permite ejercer una enorme vigilancia sobre todo el planeta. Por ejemplo: hay denuncias de muchos países acerca de las actividades de espionaje comercial que se llevan a cabo. No solo se pueden descifrar los mensajes enviados por correo electrónico, escudriñando la vida privada de los sujetos, sino también espiar a gobiernos y empresas que puedan tener emprendimientos y proyectos que compitan con los propios, comprar y vender información a quien pueda pagarla, acerca de “perfiles” personales de hipotéticos “consumidores”, como también ofrecer a sus clientes imágenes nítidas y muy precisas de instalaciones y espacios geográficos en cualquier lugar del globo.

El ensayista italiano Humberto Eco sostiene que el poder ya no está en la punta de los fusiles sino en los chips de las computadoras. (En realidad, está en ambos, según las circunstancias).

Las formas de resistencia que han surgido y que se han puesto en práctica, frente al poder de estas mega corporaciones internacionales, están constituidas por una nueva población virtual: los hackers, quienes distribuidos sin organización alguna por el mundo, intentan demostrar la fragilidad de estos supra poderes, desafiando los códigos de seguridad que instituyen. También van apareciendo movimientos sociales que intentan recuperar algún control sobre estos acontecimientos colectivos, al denunciar el uso que se hace de estos dispositivos satelitales para invadir la privacidad de las poblaciones, logrando que se establezcan algunos mecanismos que preserven el derecho a la intimidad de las personas.

¿Cómo podrían surgir modelos institucionales articulables con esta “lógica del sin sentido?” ¿Qué efectos son esperables que provoque el sometimiento de las mismas a las leyes del “mercado”? Para Frederic Jameson el capital es totalizante en el orden macrosocial y fragmentador en el orden de la subjetividad. Al instituirse una racionalidad funcional centrada en el espacio tecno-económico, con la exigencia de que todas las demás dimensiones deben supeditarse a ella, su dirección tiende a reducir todo a la experiencia inmediata. ¿Se ha abandonado la pretensión racional y objetivadora como único fundamento universal, propio de la modernidad, y se intenta reemplazarla por la exigencia globalizadora del valor del mercado financiero?

VII . ¿Tan solo una ilusión?

Frente a esta situación podemos quedarnos en la queja estéril, recordando con nostalgia el pasado o hacer frente a las contradicciones a las que nos somete el “ajuste” destructivo del “mercado”. Abrir el cuestionamiento a los instituidos sociales pero también interrogar los efectos que provoca en nuestras propias prácticas e intercambios cotidianos.

Todo sistema en su aparente orden provoca tensiones, contradicciones, cortes, discontinuidades, por donde a los sujetos se le presentan junto con las sujeciones, posibilidades de resistencia y de lucha para modificar lo establecido. Ilya Prigogine en una obra que desde su título es provocativa, nos dice: “El orden es el resultado de un “plan preconcebido”. “Otras bifurcaciones son imaginables y accesibles...”. “El redescubrimiento del tiempo es también el redescubrimiento de la utopía”.

El psicoanalista francés Cornelius Castoriadis en una conferencia pública dictada en la Facultad de Psicología (U.B.A.), Argentina el 9.5.96 señalaba: “....por el momento, el proyecto capitalista ocupa todo el espacio social. Lo otro, la alternativa, ....trabaja en las profundidades de la sociedad y por eso no lo podemos ver fácilmente. ....tenemos que trabajar para que se manifieste. Y para eso la primera condición es que seamos realmente lúcidos en cuanto a la realidad.”

Los defensores del statu quo siempre elaboraron una imagen del futuro idéntico o peor que el presente, tratando de expulsar cualquier esperanza o expectativa diferente del orden actual. Persistentemente tratando de que las expectativas queden limitadas a “mínimas mejoras”. Solo los grupos instituyentes usaron las utopías como posibilidad transformadora del orden existente. La utopía “no es un sueño, una quimera, no es una huida frente a la realidad; sino que es tensión intelectual, pensamiento del futuro, proyección”.


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