Las dimensiones del poder
Autora: Marta H. Ventre.
Este texto ha sido publicado por la Secretaría de Publicaciones
de la Facultad de Psicología (U.B.A.)
Las corrientes y autores seleccionados han sido elegidos tratando
de:
a) Acercar distintas lecturas de los fenómenos políticos.
Consideramos que toda lectura constituye una “mirada productiva”,
otorgando significado a los acontecimientos de acuerdo con el
momento y el “Lugar” donde se posiciona aquél
que mira. Así, ninguna puede ser completa ni definitiva.
Pluralidad de enfoques teóricos para intentar hacer más
inteligibles los complejos procesos y mecanismos de poder.
b) Desplegar el análisis de diversas formas de ejercicio
del poder que hoy coexisten y se superponen en todo campo social
e institucional.
c) Ofrecer líneas conceptuales que puedan ser usadas como
“herramientas” para intentar abrirse a la recepción
de los modos peculiares de cada experiencia.
INTRODUCCIÓN
Los universos de significaciones que instituye una sociedad son
inseparables del tema del poder. Su distribución y ejercicio
ocupan un lugar central en la vida social e institucional.
¿En qué consiste el poder? ¿Es “algo”
que se “tiene” y se puede perder? El significado del
vocablo nos remite a: “fuerza, potencia”; “facultad
de hacer algo”; “potencia para..”; . En las
definiciones no encontramos valoración alguna, per-se no
instituye especificidad acerca de los vínculos que pueden
establecerse. No obstante, uno podría preguntarse: ¿cuáles
serán las condiciones que facultan para ejecutar acciones?
¿Quiénes lo ejercen? ¿Los que tienen esa
“potencia” representan siempre a la mayoría
de los participantes de un colectivo dado? ¿Qué
tipo de fuerza se pone en acción?
EL ANÁLISIS ORGANIZACIONAL
Esta corriente de pensamiento entiende a la organización
como “un sistema sancionado de roles interrelacionados,
que pueden ser definidos en términos de tareas y expectativas
fijadas para los ocupantes de dichos roles”
El concepto de rol supone cierta configuración de acciones
a cumplir, de “derechos” y “obligaciones”,
para quienes lo desempeñen. La fijeza de los roles es lo
que permite describir el funcionamiento desde el organigrama,
teniendo en cuenta la diferenciación de funciones, responsabilidades
y distribución del poder formal.
La lógica de esta concepción del poder es geométrica,
piramidal-de arriba hacia abajo-en tanto su análisis respeta
los ejes Vertical-Horizontal. Es un modelo que se caracteriza
por partir de las normas generales, que establecen las condiciones
pertinentes, para que los lugares que ocupan los participantes
y sus características estén tipificadas, prescriptas
de antemano. La diferenciación se da entre quienes coordinan
y quienes son coordinados, definiéndose los diversos grados
de autoridad.
Aldo Schlemenson, representante argentino de esta corriente,
siguiendo los criterios de E. Jaques, considera que en el análisis
a llevar a cabo se debe prestar atención a las diferentes
estructuras que se presentan en una organización:
a) Formal – Oficial.
b) Presunta – Es la que los miembros perciben como real.
c) Existente – La que efectivamente opera.
d) Requerida- La que sería funcional.
La divergencia entre estas crean los desajustes que provocan
conflictos entre los participantes, no permitiendo que se cumplan
los “requisitos de eficiencia” que el sistema exige,
provocando un funcionamiento poco efectivo en la organización.
Cuando se refiere al personal dice: “puede costarles percibir
objetivamente los fines de la organización y aceptar las
propuestas que les hagan” sus superiores jerárquicos,
aunque aclara que el análisis que efectúa “lo
hago desde la perspectiva de la organización”.
Al ser una concepción que se centra en las estructuras
instituidas y el lograr que se cumplan las funciones normatizadas,
toda situación que genere conflicto es pensada como “disfuncional”
al sistema. Sus intentos apuntan a descubrir las “fallas”,
los desajustes y “encauzarlos hacia una resolución
constructiva” , que permita restablecer el equilibrio perdido.
Su lectura privilegia:
1.-Establecer el perfil requerido en los roles de conducción.
2.-Detectar interferencias, que se presenten por errores organizativos,
entre los distintos niveles jerárquicos.
3.-Investigar los obstáculos que se generen por mala comunicación
de tareas entre el personal.
4.-Resolver conflictos por superposición o mala distribución
de tareas y personal.
5.-Proponer cursos de capacitación para aumentar la eficiencia,
tanto del personal jerárquico como subalterno.
6.-Señalar vacíos de autoridad por fallas en la
adecuación al rol.
EL ANÁLISIS DE LA TRANSVERSALIDAD
Félix Guattari, uno de los representantes del movimiento
institucional francés denominado “Socioanálisis”,
se opone al “formalismo del análisis de los roles”
de la teoría organizacional. Considera que es la “institucionalización
de lo repetitivo y artificial” , condenando a los actores
de la organización a un lugar “petrificado y ficticio”
. Intenta poner en evidencia que las descripciones aparentemente
racionales del análisis organizacional, sólo intentan
que se mantengan las estructuras instituidas.
Propone imaginar una línea que recorra la organización
transversalmente sin respetar el orden estático que instalan
los ejes vertical y horizontal. Nos dice: “establecer una
comunicación máxima entre diferentes niveles y en
diferentes sentidos”. Posibilitar que se organicen otros
recorridos no prefijados ni instituidos que permitan hacer visible
las relaciones transversales. Relaciones ignoradas, desconocidas
por los participantes, que cuando son visualizadas y elaboradas
por los actores institucionales, introducen el tema de las desigualdades
y asimetrías existentes, como así también
de los conflictos, confrontaciones, movimientos y contradicciones
presentes en la vida de cualquier organización. Justamente
aquello que es disfuncional para el análisis de los roles.
Guattari define a la transversalidad como “una dimensión
contraria (...) a las estructuras generadoras de jerarquización
piramidal”, en tanto su propósito es:
? Un análisis que permita “tomar la palabra”
a los integrantes, sin tener en cuenta sus roles y las relaciones
de poder existentes.
? Hacer visible los atravesamientos que determinan las propias
prácticas y las relaciones de poder instituidas en la organización.
? Lograr que cada uno pueda descubrir “su grado de ceguera
(...) en relación a todo el resto”, para poder redefinir
el rol de cada uno de ellos. De esta forma cuestionar las reglas
del juego vigentes, tendiendo a la transformación de las
mismas.
LAS TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS DE PODER
Michel Foucault desarrolló una línea de pensamiento
muy original acerca de los mecanismos de poder y de cómo
se constituyen lo que denomina “dispositivos de Dominación”
(a). Su conceptualización intenta:
1.-Encontrar mediaciones entre Micropoderes (relaciones locales,
continuas, cotidianas de dominación, con sus propias configuraciones
y especificidades) y Macropoderes (conjunto de instituciones y
aparatos de Estado y sus determinaciones económico-políticas).
2.-Hacer inteligible sus condiciones de posibilidad, funcionamiento
y transformaciones, a lo largo del tiempo, a partir del análisis
de las prácticas afectivas y las consecuencias que éstas
producen.
Para este investigador, cada época histórica pone
en funcionamiento mecanismos novedosos y específicos, para
lograr el disciplinamiento de los actores sociales y la cohesión
colectiva. El período por él analizado comprende
los siglos XVII y XVIII en donde aparecen nuevas, inéditas
formas institucionales: productivas, educacionales, militares,
penales, de salud, y organizaciones asociadas a ellas: fábricas,
colegios, cuarteles, prisiones, hospitales, etc. Todas tienen
ciertas características comunes:
a) Arquitectónicas – Panoptismo: Invención
tecnológica en el orden del uso del espacio. Asegura una
vigilancia permanente “capaz de hacerlo todo visible con
la condición de hacerse a sí misma invisible”.
Un discurso geográfico pero también estratégico,
en tanto distribuye, divide y controla un “territorio”
y a los que se encuentran en el mismo.
b) Procedimientos que utiliza – clasificar, contabilizar,
cuantificar, observar, verificar.
c) Diseminación – múltiples focos de pequeños,
microscópicos ejercicios del poder: celadores, preceptores,
jueces, pedagogos, etc.
Meticulosa construcción de una red de instituciones y tecnologías,
al servicio de una nueva mecánica de poder ejercida sobre
los cuerpos, los movimientos, los deseos, utilizando ciertas estrategias
tales como:
? Localizar en espacios acotados y estables grandes contingentes
humanos.
? Establecer y perfeccionar procedimientos de vigilancia, encierro
y control de comportamientos y actividades.
? Generalizar su aplicación a todos los ámbitos
para asegurar sus efectos en el conjunto social.
Estas estrategias disciplinarias se muestran muy inventivas en
el orden de la construcción de conocimientos. Producen
saberes que fundamentan y legitiman la pertinencia de sus prácticas;
promueven el nacimiento de diversas ciencias: Pedagogía,
Criminología, Didácticas, etc.; posibilitan la aparición
de nuevos técnicos, que acompañan las nuevas formas
de poder que se instituyen.
Entramado múltiple, complejo, de los aparatos que construyen
saberes, enunciados, prácticas y criterios de “cientificidad”.
Definirán un código normativo en el campo de las
ciencias humanas. Es así que poder y saber, para Foucault,
permanecen unidos de manera ineludible. El poder produce saber,
saber que acumula y utiliza para sus fines y el saber otorga poder.
Dice el autor: “Si se puede constituir un saber sobre el
cuerpo es gracias a las disciplinas escolares y militares”.
Los efectos del ejercicio del poder, entonces, no son exclusivamente
censuradores y dirigidos a prohibir, sancionar o reprimir, sino
que también tiene aspectos positivos en tanto es productor,
en el más amplio sentido del término: de sujetos,
discursos, saberes, placeres, formas de construcción de
lo posible de ser pensado en un momento histórico determinado.
Verdadera “red productiva” que atraviesa todo el campo
social e institucional. Los sujetos pueden tanto ejercerlo como
padecerlo, ya que está presente en todas las relaciones
humanas (familiares, productivas, eróticas, etc.). Por
eso Foucault nos aclara que “el poder no está quieto,
circula a través de los individuos que ha constituido”.
De esto depende la eficacia de los Dispositivos de Poder y su
capacidad de sostenerse, a pesar de los cambios que se van produciendo
a lo largo del tiempo. Es claro que no lo entiende como un sistema
de dominio polar: dominadores vs. dominados. Si fuera así,
se estaría estableciendo relaciones fijas, estáticas,
petrificadas. Tampoco considera que sea el conjunto de normas
jurídicas que garantizan la justicia social. Más
bien lo concibe como”producción multiforme de relaciones
de dominación” locales, que pueden ser reforzadas,
transformadas, desplazadas y utilizadas en estrategias de conjunto.
No es casual que el autor hable de Tácticas y Estrategias
de poder, en tanto considera que:
a) Los Dispositivos de dominación se juegan en términos
de relaciones de fuerza.
b) Frente a los poderes instituidos aparecen siempre resistencias,
que instalan territorios de luchas, líneas de enfrentamientos,
pugnas, alianzas estables o puntuales entre diversos grupos, que
ponen en práctica tácticas y estrategias específicas
para lograr sus objetivos.
c) Como en la guerra los éxitos y fracasos dependerán
de las relaciones de fuerza que se organicen, la eficacia de las
maniobras que se implementen y el momento histórico en
que se produzcan. Espacio abierto, en permanente movimiento, donde
los resultados son siempre provisorios. Sostiene que “la
historicidad que nos arrastra y determina es belicosa; no habladora”
Sus aportes permiten establecer articulaciones entre ámbitos
diversos, analizar las especificidades del ejercicio del poder
en cada uno de ellos, considerar los conflictos institucionales
no como “algo a resolver porque funciona mal” sino
en su positividad. Acontecimientos que responden a movimientos
colectivos y que son constitutivos de su funcionamiento.
Sitúa su lectura en la organización a nivel de:
1. Relaciones de fuerza existentes entre los distintos participantes
colectivos, tanto en el orden de los enunciados como en el de
las prácticas que se llevan a cabo.
2. Qué se puede hablar, hacer y dónde.
3. Tipos de discursos teóricos y prácticas efectivas
asignados a diferentes sectores.
4. Qué tácticas implementan los diversos grupos
en pugna para que sus enunciados circulen por los diversos espacios
de la organización. Cuáles logran monopolizar los
medios más adecuados para sus fines tales como: publicaciones,
cursos, investigaciones, espacios físicos, etc.
5. Cuáles son considerados saberes legítimos y cuáles
marginales o “no científicos”.
6. Cómo está institucionalizada la relación
entre quienes transmiten los saberes “oficiales” y
quiénes los reciben.
7. Cómo se desarrollan las pugnas por:
*Apropiación y distribución de los bienes económicos.
*Hegemonía de saberes y prácticas
Desde esta concepción el establecimiento puede ser entendido
como un lugar donde no solo la distribución espacial va
a dar cuenta de la circulación del poder, sino que también
se constituye un espacio virtual conformado por las desviaciones,
diferencias y relaciones entre distintos saberes, enunciados y
prácticas concretas.
EL PODER Y LA VIOLENCIA SIMBOLICA
El sociólogo francés Pierre Bourdieu es quien intenta,
con la formulación de la Teoría de los Campos, conceptualizar
los procesos de reproducción del poder social en la singularidad
de los actores sociales e institucionales. Considera que la acción
fundamental para ese fin no se lleva a cabo en la lucha por las
ideas, sino en las relaciones que nos imponen un modo de percibir
el mundo. Se piensa y actúa según ciertos esquemas
o categorías que determinan qué viviremos como posible,
qué como inalcanzable e inclusive como impensable.
¿Qué entiende Bourdieu por “campo”?
En rigor de verdad: “campos”. Tantos como espacios
de acción colectiva: artístico, político,
científico, etc. con lógicas propias y específicas
en cada uno de ellos. Sin embargo, tienen ciertas características
generales y eficientes en todos, que le permite sostener el proyecto
de una Teoría General de los Campos que dé cuenta
del sistema social. Afirma: “pensar en términos de
campo es pensar relacionalmente”.
Según su criterio se podría definir un campo como
“configuración de relaciones de fuerza entre las
posiciones que ocupan los participantes”. Esas relaciones
que se establecen son independientes de la voluntad individual.
Para analizar un campo hay que tener en cuenta:
1.- Qué posición ocupa el campo específico
en relación al campo social.
2.- La estructura de las relaciones entre las posiciones que ocupan
los agentes en competencia.
3.-El CAPITAL SIMBOLICO = PODER SIMBOLICO que es valioso en ese
campo (puede ser habilidades, conocimientos, etc.).
4.- LAS DISPOSICIONES DURADERAS O HABITUS de los agentes. Son
inscripciones que se establecen a partir de las condiciones sociales
de existencia: Formas de vida, modos de consumo, lenguaje, inserción
escolar y laboral, etc. que encuentran en el interior del campo
ocasión de actualizarse, produciendo prácticas efectivas
a partir de las experiencias pasadas. Así, las posiciones
que se ocupen el campo son inseparables de las decisiones y acciones
que se lleven a cabo.
El habitus tiende a garantizar la conformidad de los actores
sociales a las prácticas instituidas y su constancia a
través del tiempo. Funciona como un CAPITAL acumulado que
se actualizará en el campo. El sentido otorgado por los
participantes a su actividad es efecto de lo que Bourdieu denomina
VIOLENCIA SIMBOLICA. La define como “el desconocimiento
basado en el ajuste inconsciente de las estructuras subjetivas
a las estructuras objetivas”. Cuando habla de “desconocimiento”
se refiere a que los agentes aceptan el mundo tal como es porque
“le aplican estructuras cognitivas surgidas de las estructuras
mismas de dicho mundo”. De esta forma la “aceptación
dóxica” acerca de la significación de las
experiencias y las situaciones que viven los agentes, hacen que
las conductas se ajusten a las condiciones de funcionamiento,
lógicas y exigencias sociales. Los habitus así determinan
la capacidad diferencial de apropiación y distribución
del capital simbólico de los diferentes grupos humanos.
Las nociones de HABITUS, CAPITAL SIMBOLICO, CAMPO Y VIOLENCIA
SIMBOLICA son interdependientes en el desarrollo del autor. Las
luchas, en un campo dado, tienen como meta mantener o mejorar
la propia posición. Para lograrlo, los participantes tienen
que implementar las “reglas de juego” acordes con
el campo en que se esté. De esa manera, “todos contribuyen
a la reproducción del sistema de poder, pues la creencia
en el valor de aquello por lo que se lucha, le otorga sentido
a participar”. Este juego alude a las estrategias simbólicas
que se ponen en práctica con el fin de monopolizar el capital
circulante e imponer a los otros las reglas e intereses propios
de los grupos dominantes. Se trata de legitimar la propia autoridad
y reforzar la adhesión del resto.
En cuanto al capital, lo que constituye su valor no es tal o
cual características intrínseca, sino la escasez
o abundancia del mismo. Por esta razón el capital o los
títulos que lo representan se monopolizan, así se
distinguen por el rango que otorga estar entre los privilegiados
que acceden al mismo. Cuando las luchas se dan “entre próximos”(es
decir, agentes con similar capital), se ocultan los aspectos comunes
que se comparten y las complicidades que esto implica. El enfrentamiento
se produce “en las pequeñas diferencias”, no
habiendo intento alguno de modificar, transformar o sustituir
las clasificaciones y distribuciones existentes.
¿Qué sucede en un campo en donde los agentes que
participan no comparten el mismo capital y sus habitus se han
constituido en condiciones simbólica desiguales? Para Bourdieu
las prácticas depende de las chances que tienen los agentes
en función de su capital (entendido como instrumento de
apropiación de chances “teóricamente”
ofrecidas a todos). Los habitus, al adaptar a los desposeídos
simbólicos a la condición específica de la
que son producto, contribuyen a mantener las diferencias sociales
existentes. El sentido de la participación y la posibilidad
de anticipar el futuro, se constituye según aquello a lo
que se estuvo asignado previamente. Este es el aspecto más
invisible y más eficaz del habitus. Por eso Bourdieu considera
que las estructuras simbólicas, más que una forma
particular de poder son “dimensión de cualquier poder”.
Aquellos que logran institucionalizar ciertas clasificaciones
de distinción y naturalizarlas en un campo cualquiera,
legalizan el derecho y la legitimidad de quienes monopolizan el
ejercicio del poder. Es claro que, en la determinación
de las clasificaciones, distinciones y distribuciones colectivas,
no todos tienen el mismo peso. Los dominantes están en
condiciones de imponer su escala de preferencias, en tanto habitualmente
controlan los sistemas simbólicos sociales( escolaridad,
medios de difusión, sistemas jurídicos, etc.), “construyendo
realidad” y generando representaciones que por su propia
eficacia contribuyen a la perpetuación de los instituidos.
Este análisis de los sistemas simbólicos y los
mecanismos de reproducción y diferenciación social
e institucional, le permite al autor desmistificar la supuesta
neutralidad de ciertos campos de producción teórica
y sus códigos de cientificidad.
Es muy interesante el recorrido que lleva a cabo en su conceptualización
sobre el poder simbólico del lenguaje. Considera que las
relaciones lingüísticas son relaciones de fuerza entre
los participantes, en las que hay “coordenadas posicionales
tales como: sexo, orígenes de clase, educación,
etc”. , sin las cuales se hace ininteligible la “estructura
de relaciones presentes en el intercambio”.
Cualquier acto de palabra es producto del encuentro entre un
habitus (que origina que se digan ciertas cosas de cierta manera)
y un sistema de relaciones o mercado lingüístico,
que impone una producción determinada, sancionando a los
que no se amoldan a ella. Pone en evidencia que el lenguaje no
es un bien al alcance de todos. Afirma: “el acceso al lenguaje
legítimo es desigual y monopolizado por pocos”.
El poder simbólico puede construir realidad al enunciar
“algo acerca de” pero, para lograrlo tiene que darse
una relación en la que los participantes de un campo dado,
tengan la creencia en la validez de las “palabras y las
personas que lo dicen”. El autor aclara que aquellos que
ejercen el poder, para conseguir la conformidad de los participantes,
utilizan ciertas “estrategias retóricas” tales
como:
a) “Golpes de forma” para conseguir “golpes
de fuerza”. Utilizar ciertas formas verbales, cambiando
del singular al plural: “pensamos que por el bien de todos”;
“la institución nos demanda un sacrifico para que
el futuro de todos”; “Si el Sr. G.(personaje emblemática
del grupo dominante) renunciara, la organización puede
pasar por una crisis muy grave”; etc. Se intenta convertir
el interés de un sector en el interés general, quedando
oculta la imposición por violentación de diferencias.
b) El capital monopolizado es elevado a la categoría de
“lo único y mejor”. Se descalifica a los que
no comparten el código o se oponen a la imposición
de sentidos.
c) Autodesignarse como los intérpretes legítimos
de algún producto que ellos mismos construyeron. Esto no
solo permite obtener beneficios simbólicos sino también
económicos.
d) Estimular la valoración de las capacidades singulares,
de aquellos que ocupan lugares emblemáticos, para que haya
consenso acerca de que las desigualdades en la distribución
solo tiene que ver con lo que cada uno es. Así, queda oculto
que las desigualdades se articulan con las condiciones con que
los agentes contaron, para acceder al capital simbólico
requerido en ese campo, según el nivel social de origen.
Este tipo de lectura intentará discriminar:
? Posición que ocupa el campo específico en el
contexto más amplio del campo social.
? Registrar cuál es el capital simbólico valorado
y requerido en él.
? Qué relaciones de fuerza se presentan y qué posiciones
ocupan los participantes.
? Qué estrategias utilizan los integrantes para conseguir
y/o mantener, parcial y/o totalmente, el monopolio del capital.
? Características de los consensos establecidos y formas
de legitimación instituidas.
Bourdieu centró su investigación fundamentalmente
en tratar de encontrar articulaciones entre desigualdades simbólicas
y mecanismos de poder. Sus aportes son valiosos para develar cómo
las categorías simbólicas contribuyen a perpetuar
ciertas formas de percepción y apreciación del mundo
social. Sin embargo, los procesos que dan cuenta de las transformaciones,
se hacen poco visible o quedan desdibujados en tanto se propone
develar los procesos de reproducción social.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
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Nueva Visión 1989
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