Ser o Parecer
Dra. María José Taboada, Dr. Jean Dugarin
París, Francia

El análisis del fenómeno toxicomaníaco, particularmente en estos últimos veinte años, pertenece igualmente al discurso jurídico que sociológico, educativo, político, a veces médico o psiquiátrico, e inclusive psicoanalítico. Es que la toxicomanía parece estar encerrada en un discurso que releva tanto de lo social que de lo individual.

La multiplicidad de todos estos enfoques ha facilitado la diversidad de las técnicas de asunción de los toxicómanos. La visión social de las toxicomanías ha engendrado remedios socioterapéuticos: reiserción, formación, rehabilitación. Esta visión es más o menos preponderante según los países, pero coexisten a menudo con un enfoque psicoterapéutico.

La riqueza de los debates, e incluso su vehemencia, que se revela en los encuentros entre los partidarios de ambas vías, reinserción o proceso terapéutico, demuestra que la cuestión no está ni mucho menos resuelta. Sin embargo, estimamos que el análisis de esta contradicción apaternte nos llevaría demasiado lejos, por lo menos en el lapso de tiempo del cual disponemos hoy. Escoger entre estos dos enfoques revela de nuestras referencias teóricas, las cuales se apoyan sobre las ideologías dominantes en nuestros países respectivos, es decir sobre lo que pertenece en propio a cada historia nacional, en su relación con la religión, la folosofía e inclusive las diferentes modalidades de instauración de la democracia y de la sociedad civil.

Así que hemos limitado nuestro propósito a la contradicción reiserción/proceso terapéutico tal como puede existir, o no, a lo largo de la cura de los pacientes consumidores de drogas, y más particularmente en la de los que se luele llamar border-line.

Sabemos hasta que punto estos pacientes presentan frecuentemente una pseudo-adaptación a la realidad social, adaptación que puede parecer una resistencia a la terapia. Pero sabemos también lo grande que es su fregilidad estructural y el peligro que representa hacer vacilar los puntos de referencia en forma demasiado violenta. el refuerzo de este falso self podría convertirse, por definición, en antiterapéutico, pero al mismo tiempo la fregilidad de su Yo convierte la empresa terapéutica en una aventura particularmente arriesgada. Debemos, nosotros terapeutas, orientar nuestro trabajo, pero estamos a menudo molestos, dudando entre privilegiar la inserción, manteniendo un status quo posible, o favorecer el proceso terapéutico, lo que puede entrenar fases regresivas incompatibles con el mantenimiento de una vida social, profesional y afectiva.

Hemos escogido tratar esta cuestión, siempre delicada de resolver en nuestra práctica cotidiana a partir de un caso clínico. En efecto, pensamos que la definición de un esquema sería terriblemente reductor y que sólo la reescritura de la historia peculiar del sujeto permite aportar una respuesta. Quiero sin embargo precisar que el término reinserción está aquí utilizado en su sentido más positivo, es decir la capacidad de mantener lazos con el otro, de establecer relaciones, de integrar elementos de la realidad y no en una visión normativa que quisiera que nuestros pacientes sean rehabilitados, adaptados al modelo dominante e integrados a la sociedad productiva.

María tiene 31 años. consume heroína regularmente desde que tenía 17 y la conocemos desde el año 1976. Proviene de una familia burguesa relativamente adinerada. De su padre, industrisl, se dice que es medio sordo. su madre, que ha sido muy guapa, tuvo un pasado relativamente agitado, lo que prefiere olvidar. Rígida y exigente, estima que la meta de una mujer es encontrar a un hombre suficientemente rico para poder satisfacer las necesidades económicas de su esposa. El parecer es para ella la única forma de existir, y ese parecer es terriblemente conformista.

María tuvo sus primeras reglas a los 15 años y después de una violenta intervención verbal de su madre presenta una amenorrea rebelde a todo tratamiento. Ella también es muy bonita, graciosa y elegante en el vestir.

Durante unos años, María ha recibido un tratamiento de methadone, con la idea que podría así asumirse económicamente trabajando y adquirir cierta autonomía respecto a unos padres muy intrusivos. Vivía entonces con un muchacho, toxicómano igualmente pero de buen ver. Todo el mundo parecía encantado del arreglo.

Pero la situación se va a dregadrar poco a poco: María, después de un accidente va a perder su trabajo, cambia de novio y empieza un largo período de vagabundeo con consumo importante de heroína y alcohol. Las irrupciones en la consulta de la madre se harán más frecuentes, ésta soportando mal la rivalidad con la terapeuta, acusada de entrenar a María en el camino de la marginalización y de querer separarla de su familia.

Un cambio de terapeuta va a entrenar el cese de la methadone y María parte a instalarse en provincias. Tiene en esta ocasión relaciones más segudas con la madre.

Año y madio después, vuelve a París, se instala de nuevo con el primer novio, siempre toxicómano, y busca un trabajo, que encuentra bastante rápidamente, en un almacén de productos congelados. Los padres están satisfechos, el muchacho también ... pero María consume cada vez más heroína y alcohol. Rápidamente planteará el problema de un nuevo tratamiento con methadone: trabaja más de 12 horas diarias, sus relaciones con la familia son aceptables, gana suficientemente para no depender de sus padres, viene regularmente a sus sesiones, a pesar de las dificultades que los trayectos representan. Estamos en una situación similar a la de hace unos años antes.

Pero su discurso es diferente: ha sobrepasado la fase reveindicatriz habitual: "mis padres no me aman, no me dan dinero para ayudarme a salir de ésto". Aborda ahora cuestiones fundamentales para ella, en particular la relación con su madre y la sexualidad. En efecto, no sólo María sufre de amenorrea, cosa que deniega ferozmente, no sólo su madre le describe el encuentro con un hombre como un comercio, pero ha sido además víctima de una violación colectiva a los 18 años. María, ella sueña con un amor platónico, con encontrar a un muchacho que la comprendería y con el cual podría mirar la televisión acurrucada en sus brazos. Como no soporta estar sola y que es muy linda, numerosos los hombres que aceptan albergarla, pero no precisamente con intenciones muy platónicas.

Sin embargo, el trabajo, lejos de reforzar su independencia va a favorecer el retorno al hogar familiar. Sus padres le imponen las condiciones siguientes: trabajar, ir bien vestida, volver a casa después del trabajo y acostarse pronto para poder trabajar bien el día siguiente. En cuanto a las drogas que puede tomar, si la cosa es discreta...

Durante unos meses, María va a elaborar en torno a la depresión de la madre: percibe mejor que ésta se deprime a medida que ella va mejor. Al principio del verano pasado, viene con una gran noticia: está en estado. Viene radiante, vestida con una falda de talle alto que valoriza sus pechos abundantes. Cesa sóla sin dificultad todo consumo de heroína y de alcohol. Teme anunciar la noticia a su madre. En efecto sus padres declaran que este embarazo es imposible, que no es capaz de educar sola a un hijo. Su madre se niega a que vaya a ver a su abuela, porque se averguenza de esa tripa. Enfin, le dice que ese bebe es su propia muerte. los padres le cogen un billete para Londres y la mandan, sola, abortar a más de 4 meses de embarazo.

María tarda 3 meses en venir a verme pues teme que esté "enfadada". Trabaja de nuevo, vive en casa de sus padres, toma heroína en cantidad importante... y vuelve a pedir la methadone para poder mantener este sistema.

Me diría en diciembre: "no es posible, ahora pincho demasiado, y además en las manos, se va a ver. Me tiene que ayudar pues en navidad hay mucho trabajo en el almacén. Así que no podré venir a verla durante 15 días, trabajo inclusive los domingos. Mis padres empiezan a preocuparse, se preguntan por qué tengo mala cara y llevo una venda en la muñeca". Unos minutos después, dirá: "Ud. me la niega porque le pido la methadone para mi trabajo y mis oadres, no para mí... es verdad que desde mi aborto voy muy mal. Tendremos que hablar de ésto algún día".

Lo que me daba por escojer, en cierto modo era o reforzar su falso-self, aceptando así de confortar el deseo materno de integración social y familiar, a precio de su propia integridad, o favorecer un proceso terapéutico, que yo había abordado todo el año pasado justo antes de su embarazo, pero aprecio de una marginalización importante, sino de una cierta destructuración: si no trabaja, sus padres no le autorizan vivir en casa y tiene entonces que volver a vagabundeos erótico-hosteleros afin de encontrar un sitio para dormir.

La cuestión es harta delicada pues me tengo que interrogar sobre la autenticidad de su demanda que podría ser sólo una forma para ella de conformarse a lo que supone ser mi deseo. María es muy cambiadiza y se adapta extraordinariamente al deseo del otro: sus padres, su empresario, yo misma. Presenta a cada uno el aspecto deseado, como una cáscar vacía o una muñeca de trapo maleable. de su propio deseo, ni sombra, pues es percibido como mortífero para y por su madre. Como una falena, se azara y da vueltas hasta quemarse a la luz la más brillante al instante. Las tentativas de cura más estrictas se saldan grneralmente por una partida prematura con un muchacho encontrado en el centro o en el hospital, que le ofrece el hombro que tanto necesita.

La pena de amor que expresa a veces con tanta veracidad es realmente patética: la falta es tan grande que bien podemos sospechar que confrontar su inserción profesional y reforzar la relación materna es una engañifa, sino una mentira y una traición. Por otra parte su fragilidad nos hace temer una incapacidad a soportar el desgarro interno que supone la separación y la ruptura de este lazo entrañable.

si hemos escogido el ejemplo de esta muchacha, es que por ahora la cuestión no ha tenido respuesta. la contradicción parece imposible de resolver pues siempre es el deseo del otro que está en primer plano, ella siendo no más, según sus propias palabras que "un inmenso vacío". Sus tentativas tienen como único fin de asegurarse de la permanencia de los seres que la rodean. Su sentimiento es que si deja de gustar, es decir de corresponder a la imagen de la jovencita ideal, cesará inmediatamente el amor y el interés que se le tiene.

La relación transferencial está aquí acorralada en una trampa: podríamos no ser más que una imagen en negativo de su madre. Es así como su madre habiéndola forzado a abortar, yo tengo que enfadarme por este aborto. La reisención, que podría representar el medio de liberarse de la dependenciaeconómica, pero también simbólica teniendo en cuenta la importancia del dinero para esta familia, pues es el único vehículo de comunicación, está pervertida por la importancia dada por la madre a toda representación social. Para María, trabajar no significa ofrecerse algo a ella misma sino a su madre. Ante la violencia que representara una psicoterapia, ante el aniquilamiento que significa la inserción, nuestra intervención parece muy limitada. Sin embargo, no olvidemos que durante unos meses un trabajo terapéutico a sido posible, al mismo tiempo que trabajaba. Y es en ese momento que su cuerpo se ha expresado, permitiendo que esté encinta, es decir que sea una mujer al igual de su madre. Nada nos permite pensar que tal posibilidad no volverá a presentarse, más tarde.

En otros casos, la situación no está tan determinada por el sognificado dado por los padres a la fachada social. El proceso terapéutico es entonces más dinámico, permitiendo un enlace sutil y dialéctico con la inserción. Para otra paciente, dejar de trabajar le permitió entrar en un proceso terapéutico, abandonando una imagen social de fachada pero, dos años después, su reintegración al mundo social permitió o representó la resolución de la relación transferencial.

La reinserción no tiene un sentido único. Puede situarse en el registro del apuntalamiento, engendrando y manteniendo la conducta adictiva, necesaria para asumir el papel social escogido. Pero puede ser también el lugar de la afirmación de una identidad, pues puede ser el desenlace de una búsqueda original del sujeto, parte íntegra del mundo social en el que vive.

Dejaré la conclusión a uno de mis pacientes, tal como me la ha expresado hace dos días. Después de haber trabajado varios años, le han terminado echando. Desde hace 2 años la situación empeora, si bien no consume más heroína, bebe alcohol en cantidades importantes con consecuancias fisiológicas inquietantes. Sin ningun punto de referencia de tiempo o de espacio, va de botella en botella hacia una lenta destrucción y me dice: "no se si tengo que volver a trabajar para ir mejor o si tengo que ir mejor para volver a trabajar".

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