Prólogo
al seminario del Dr. Gerardo Pascualini
El seminario
que nos ocupa, que da cuenta del relato de una
práctica, la del autor, me permite hacer
algunos comentarios que apuntan a lo que considero
los fundamentos del escrito.
Voy a comenzar con la noción de relato,
que Bulacio propone y respeta a lo largo de todo
el texto.
Esta propuesta de dar
cuenta de la clínica
nos sirve como testimonio del recorrido de Bruno,
y a la vez como referente nos enfrenta con los
avatares de la escucha con pacientes que consumen
drogas.
El relato, a la manera
de un historial freudiano, incluye toda la práctica
del autor hasta el momento del escrito, cada historial
no se refiere a un supuesto caso, sino que en él
está presente
toda la clínica de quién escribe.
Es importante aclarar,
que en todo relato, como texto, siempre vamos a
tener lo que está
dicho y lo real que va a aparecer en el entre líneas,
como aquello que motoriza como causa todo escrito.
Queda claro que de la clínica lo único
con que vamos a poder contar es con un relato.
Es
en esto que me autorizo a sacar algunas conclusiones:
Bulacio nos relata su experiencia, que esta dada
por la historia del recorrido que ha hecho y que
en su mayoría se trata de instituciones,
personas y familias de personas que consumen drogas
y para ellos esto es lo que aparece como lo manifiesto
de su problema (en diferentes oportunidades se
lo consulta como “especialista”).
Bruno
lo reconoce, pero no se define como especialista,
muy por el contrario nos informa que no solo no
sostiene un saber sobre la toxicomanía,
sino que lo plantea como un obstáculo, y
en esto justamente la noción de relato rescata
el caso por caso.
Si bien es inevitable que en cada caso este presente
toda la experiencia del autor, esto no implica
que se proponga un saber a la manera de una técnica
que deberá ser aplicada, sino de un saber
hacer que debe ir desarrollando cada uno a la manera
de un instrumento.
Nos aclara el autor
que no hay una clínica
del adicto, dado que la clínica es una.
Es en este sentido que
Bulacio rescata la escucha y con esto el psicoanálisis,
al cual no reduce al espacio de un tratamiento
individual, sino que lo amplia a familia pareja
y en función
a sus efectos a las instituciones.
En este punto
me autorizo a leer en el texto que Bruno nos propone
que el psicoanálisis es
su práctica y que lo ético de esta
es el dar cuenta de sus efectos, mas allá de
las diferentes estrategias, que deberán
de ser inventadas en cada caso, y en esto reconozco
psicoanálisis, en el escrito de Bruno.
Queda
claro en el texto que de lo que se trata es de
escuchar lo que esta dicho en cada adicto, que
es lo que no ha podido ser escuchado y que por
tanto todo acto tendiente a establecer prohibiciones
y conductas represoras, lo único que van
a lograr es seguir manteniendo el problema vigente.
No se trata de creer
que es posible satisfacer las demandas de pacientes
familiares e instituciones que presionan a que
se abandone la droga , sino de usar justamente
estas demandas , para poder escuchar lo que allí está dicho,
y que por otra parte es lo único que se
puede hacer , si bien es sumamente arduo aceptar
y hacer aceptar estos límites.
Es notable
el esfuerzo que se nota en el autor, por poder “zafar” de
lo perentorio de las demandas que siempre surgen
desde los parientes y las instituciones que se
relacionan con pacientes que consumen drogas, que
siempre piden que se “haga” algo
concretamente, y en esto Bruno es contundente,
lo único que se puede hacer es escuchar
y en esto está
su propuesta dura, por cuando en las adicciones
de lo que se trata es de lo que el Otro no puede
escuchar.
Queda claro que se escucha
a quien trae la demanda y no siempre es posible
trabajar con aquel que consume la droga.
La experiencia de su practica le ha enseñado
a Bulacio, que si no se abre un espacio de escucha
es muy difícil poder hacer algo en estos
casos.
Quiero rescatar además
que lo que diferencia un psicoanálisis de
cualquier otra psicoterapia, es el inventar en
la clínica
y no aplicar un saber que nos enseñan los
profesores y que se debe usar como técnica
en las diferentes “especialidades”.
Remarco que en esto
rescata el autor lo operativo del psicoanálisis.
Continuando con el seminario que nos ocupa, me
interesa destacar la entrevista realizada al Dr
Catani en el capítulo sobre la ley.
Es sumamente
interesante escuchar que un jurista de la experiencia
del entrevistado, nos alerta sobre “la labor
deformante de los medios masivos de comunicación“ por
las asociaciones falsas que producen y de esta
manera van aportando a la construcción del “saber
vulgar” sobre
la entonces nominada “drogadicción”.
Lo único que logran es agregar mas errores
y confusión al tema.
Nos aclara que no es licito asociar el delito a
la droga, creando de ese modo relaciones causales
que son absolutamente productos del prejuicio y
la mala información.
Para ir desnudando
estos reductos nocivos, donde además se
pueden asociar los mas variados intereses, es que
resalto la utilidad y el valor de un texto como
el que estoy prologando.
No quiero dejar pasar la oportunidad de remarcar
también la afirmación contundente
del escrito en cuanto a decir que todo discurso
es “ideológico y valorativo”
y en esto se rescata la propuesta lograda de Bruno,
en que queda claro que lo único posible
es poner a hablar los diferente discursos al proponer
un espacio de escucha.
Solo eso es el discurso
psicoanalítico,
por cuanto el discurso del psicoanálisis,
como todo discurso, también es “ideológico
y valorativo” y solo contamos con el discurso
psicoanalítico, que es su práctica,
que consiste en hacer hablar.
Lo que surge entonces
como núcleo central
del seminario de Bulacio es la apuesta a la escucha.
Para
esto el autor nos entrega un relato minimalista
que nos transforma en lectores de sus recorridos
y cada uno de nosotros, los que leamos el texto,
vamos a poder ir cuestionando los saberes que se
vayan produciendo.
Al final del seminario
como de algunas de sus clases, el autor construye
sus conceptos sobre algunos de sus desarrollos,
de esta manera no solo explícita
su postura, sino que a su vez nos demanda como
lectores de sus propios
“prejuicios” que pone de esta manera
a trabajar.
Quiero aclarar con esto,
que los prejuicios inevitablemente siempre van
a estar, y en general se presentan como saber.
Este seminario nos enseña
que lo único que podemos hacer es darlos
a leer y de este modo descubrir la verdad que encierran
en cada momento.
Gerardo Pasqualini
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