Jorge Alberto Santos Guzmán

El diagnóstico psiquiátrico y el desmantelamiento de la subjetividad: un acercamiento a la anorexia y la bulimia

Las tendencias actuales entorno a la salud y la enfermedad van marcando formas prácticas de diagnóstico sobre la salud mental. Es así como un conjunto de síntomas específicos es clasificado en un sin número de síndromes y trastornos sin importar la etiología que presenten. De esta manera, el DSM con el paso del tiempo ha ido incrementando las patologías que presenta tratando de homogeneizar la supuesta enfermedad mental. Es así como los tratamientos se basan en eliminar los síntomas que aquejan a la sociedad.
Si bien día con día se está probando la eficacia de dichos tratamientos para la eliminación de síntomas, es claro que ninguno de ellos está interesado en ubicar que pasa con el sujeto que padece el trastorno. Ningún diagnóstico de este tipo está tomando en cuenta el valor histórico temporal de las problemáticas que se presentan. Con ello, pareciera que los diagnósticos son entidades cerradas y acabadas y no tienen matices particulares en virtud del sujeto deseante.
Es por lo anterior que es preciso abordar la problemática de la anorexia y la bulimia fuera de esta lógica de supuesta objetividad y abrir paso a la subjetividad que permite ver estos malestares como condiciones de ser y no solo como condiciones de enfermedad.

Resumen curricular
Jorge Alberto Santos Guzmán: Psicoanalista, investigador y docente. Estudios de Licenciatura en Psicología en la UPAEP. Estudios de Maestría en Psicología Clínica Infantil con especialidad en psicoanálisis en UPAEP. Actualmente labora en el ámbito de la clínica en la consulta privada e institucional, con niños, adolescentes y adultos. Miembro fundador de Shaique (Centro para la Investigación e Intervención  Clínica en Niños, Adolescentes y Adultos A.C) y del Colegio Ipanti de Oaxaca. De igual forma realiza supervisiones sobre casos clínicos en instituciones privadas y públicas, principalmente alrededor del trabajo entre clínica y escuela, niños en situación de albergue y condiciones vulnerables y los nuevos síntomas en la adolescencia como anorexia y bulimia.

El diagnóstico psiquiátrico y el desmantelamiento de la subjetividad: un acercamiento a la anorexia.

Me acosa el cara pálida con el engaño vil
con cuentos de colores con trueques de uno a mil
me acosa con el elixir de la prostitución
me acosa con la gloria perdida de su Dios
Silvio Rodríguez (1979).


El cantautor cubano Silvio Rodríguez Domínguez es sin duda uno de los principales representantes de la denominada Nueva Trova Cubana. Nueva trova que anuncia y demanda una nueva nación libre e independiente. Movimiento cultural y musical surgido a partir de los 60´s de la mano de las revoluciones y movimientos socialistas y de izquierda en Iberoamérica. Concretamente el “Movimiento de la Nueva Trova” se constituye el 2 de diciembre de 1972.
El epígrafe con el que comienzo es una canción perteneciente al disco Tríptico de Silvio Rodríguez que data de 1979. El título es “Me acosa el cara pálida”. Esta canción describe el sentir de Silvio entorno a la entrada de un nuevo régimen político (el comunismo de Fidel Castro) en cuba que simboliza el acceso a la libertad mediante un nuevo régimen comunista en contraste con el temor de ser conquistados por el llamado cara pálida y la vuelta al régimen anterior (el imperialismo propuesto por Fulgencio Batista). Silvio por un lado expresa a través de su subjetividad su propio sentir, pero por el otro engarza el sentir de un pueblo entero. De esta manera, la canción opera en dos dimensiones. La primera del lado de un sujeto que expresa un sentir propio y la segunda como un dispositivo dentro del orden del estado, al ser la canción una expresión del aparato ideológico y no solo de un canta autor.
Alrededor del punto anterior Louis Althusser (1988) refiere que un régimen se constituye a partir del estado y de cómo se organiza para reproducir sus estatutos. De esta manera, el poder de estado se constituye a través de los aparatos represivos y los aparatos ideológicos. Ambos se complementan y no existen de manera pura, mientras el primero utiliza la violencia el segundo la ideología como formas para la reproducción. El canto de la Nueva Trova se legaliza como una expresión -aparto ideológico- donde se manifiesta la protesta contra un régimen imperialista y la promoción a un orden comunista.

Volvamos a la canción de Silvio.
En la primera estrofa de la canción Silvio refiere:
Me acosa el cara pálida que carga sobre mí
sobre mi pueblo libre, sobre mi día feliz
me acosa con la espuela el sable y el arnés
caballería asesina de antes y después


El cara pálida -el blanco-, acosa el día feliz, la libertad de un pueblo y la tranquilidad. Acosa el cara pálida con la espuela y el sable, con la caballería asesina de antes y después. En la canción se ve entre líneas el miedo al sistema imperialista representado por Estados Unidos. A partir de esto se vislumbra el modus operandi del antes y el después que utiliza una nación de blancos –caras pálidas- para apropiarse de otra nación a través de la invasión y la guerra. Invaden con caballos y sables en la antigua guerra que poco a poco se van transformando en bombas nucleares y armamentos de gran elite hasta modernizarse con tratados políticos que garantizan las entradas tranquilas y la rendición jubilosa.

En este sentido tratados, acuerdos y leyes al servicio del acoso (aparatos represivos) han surgido a lo largo de los últimos años permitiendo al cara pálida entrar a tierras ajenas como si fueran propias. Tal parece que esta canción que denuncia el miedo a la pérdida de la libertad en las palabras de Silvio puede tener vigencia en la actualidad y desde ahí vale la pena cuestionarse, ¿quién es ahora el cara pálida?, ¿cómo es qué se garantiza el acoso libre?
Sin contestar todavía estas preguntas revisemos la segunda estrofa de la canción de Silvio.

Me acosa el cara pálida norteño por el sur
el este, el oeste, por cada latitud
me acosa el cara pálida que ha dividido el sol
en hora de metralla y hora de dolor.


Silvio anuncia que el norteño acosa, no solo al norte sino por toda latitud. El norteño está en todas partes y divide el sol. Este párrafo complementa el anterior y agrega que el cara pálida ha divido el sol. Frase que nos hace cuestionarnos ¿cómo lo divide? ¿Acaso no habla de desigualdad, de beneficio para unos y maleficio para otros?. División del sol que pone de relieve la división del sujeto, la división de las clases y con ello la instauración de una dialéctica de unos y de otros. ¿Acaso es esta división la que posibilita desde el principio la relación de unos y otros y es la misma la que de antemano llama a crear formas de organización para la relación de los sujetos?
Bajo este panorama de preguntas surgen nuevos planteamientos y una nueva cuestión emerge bajo la lógica del mismo Silvio ¿Qué quiere el cara pálida?, ¿para que acosa el norteño?

La tierra me quiere arrebatar
el agua me quiere arrebatar
el aire me quiere arrebatar
y solo fuego
y solo fuego voy a dar
yo soy mi tierra, mi agua
mi aire, mi fuego.


El acosador quiere un premio grande, lo quiere todo, quiere ser dueño y señor de la tierra, del agua, del aire y Silvio es directo al decir que lo único que tendrá será fuego. El fuego que emerge de dentro para defenderse. La chispa de vida que protege la tierra, el agua y el aire y sin duda Silvio llama a pagar cualquier precio para defender lo más preciado que a la par se convierte en el arma misma.
Profundicemos en estos planteamientos. Si bien Silvio reclama al cara pálida por dividir al sol, su reclamo es más bien por la forma en que divide al sol (organización capitalista), porque la división del sol es inevitable. Si bien Silvio deja entrever que el sol es para todos y no debe haber división, la organización social siempre se basa en divisiones en diferencias. Y más aún no existe un sujeto sin diferenciarse del otro y no existirá un estado si éste no plantea sus leyes (divisiones) que lo legalicen y permitan la relación entre todos. Por un lado la madre debe reconocer la diferencia entre ella y su hijo para que exista un sujeto deseante (el niño) y por el otro el estado debe reconocer la diferencia entre sus integrantes para que haya ciudadanos (sujetos).
El estado - basado en la premisa de contrato social (ver Juan Jacobo Rousseau)- debe tener como regla básica legalizar en su soberanía el respeto a las diferencias y hacer de éstas las normas de la igualdad. En este sentido la ley fundamental sobre la que se rige éste debe cimentarse sobre la misma base por la que se rige el sujeto. Freud (2003) en tótem y tabú afirma que el sujeto social adviene de la mano con la muerte del padre y la inscripción de éste en el tótem. El tótem representa las creencias sobre el origen genealógico del hombre y guarda mediante la operación del tabú lo más sagrado e intocable por un lado y a la par lo prohibido y lo impuro por el otro. En el mito de la horda primitiva, la tribu tuvo que matar al padre para poder acceder a la mujer. Sin embargo el acceso a esta esta matizado por la presencia ausente del padre (tótem- ley) que organiza y regula estas formas. Es bajo esta premisa enigmática del tótem que Freud fundamenta el origen de la sociedad.

Lo anterior expone la manera en la que se instituye una organización legalizada en la base del sujeto diferente. No obstante pudiera pasar algo diferente. ¿Qué pasa si en vez de que se vea la división como un proceso natural para la existencia del hombre o bien necesario para la permanencia de la cultura o sociedad se piensa que no hay divisiones?, ¿qué pasa si en lugar del tótem (estatuto simbólico de la ley) se pretende anunciar que el padre no ha muerto?
Sin tótem la ley misma pierde su estatuto simbólico y con ello la relación directa con los sujetos que deben ser regidos por ella. En el plano de la sociedad, ésta tendería a perder su organización y ya no podrían las leyes regular sus relaciones. La ley que gobernaría no sería la simbólica, y por consecuencia no enmarcaría la prohibición y no garantizaría relaciones por mediación. Por el contrario, sería una ley como mandato del padre vivo que ordena “haz lo que te impongo”, de manera directa y sin relación o mediación.

Ahora bien, desde el plano del sujeto, ante una ley que niega la diferencia, ésta estaría negándole al hombre su lugar de sujeto. No habría lugar para el sujeto en el sentido simbólico, no habría enigmas que buscar. Dicho de otro modo, se reduciría al hombre a su mínima expresión de hombre silvestre (ver Girgio Agamben), en donde lo que reina es pulsión sin representación. El hombre pasaría a ser un organismo biológico (objetivo) que no necesita a Otro para constituirse.
Otro al que Lacan (2007) refiere es su teoría como agente vehiculizador del sujeto. Otro que vehiculiza la puesta en escena del acceso enigmático al deseo y con ello la instauración de la falta, la diferencia y la ley en el sentido totémico de Freud. Si este otro deja de responder al Otro enigmático y lo trasforma en un mandato del padre vivo las configuraciones cambian y en vez de posibilitar que el sujeto busque para encontrarse (acceso a su deseo), se le dice de ante mano quien es y que debe buscar (habiendo un circuito cerrado).

Es desde el párrafo anterior que toma sentido en la canción de Silvio el término acoso. La palabra acoso proviene del latín cursus (carrera), procedente del verbo currere (correr). Se refiere a perseguir a alguien sin darle tregua. Si el cara pálida, blanco o norteño acosa, lo hace sin tregua, viene a conquistar a imponer lo que él considera que debe hacer o ser el otro. La pretensión de un acoso es pasar sobre, imponer sin miramientos. El acosador tiene claro que la condición de su existencia es la destrucción del otro. En este mismo tenor Silvio también refiere la intención del acosador de acosarlos pero que ellos se defenderán con fuego. Silvio dice que no hay manera de que puedan pasar sobre ellos y destruirlos mientras tengan fuego. El fuego como símbolo de sus ideales, de sus deseos y que abriga sus deseos de libertad. Fuego que enmarca a la pulsión como arma que ampara al hombre del animal que habita en él. Fuego que cobija el carácter subjetivo (diferente) de cada sujeto y que pelea por evitar que el acosador cumpla con su objetivo.

La sociedad y el individuo a lo largo de la historia han peleado por no ser conquistados y con ello anulados. Silvio representa junto con la Nueva Trova el fuego como revolución armada. Las marchas y los plantones en lo largo y ancho del planeta representan el fuego como manifestaciones de inconformidad. Los libros, los poemas y las reflexiones son el fuego como expresión de revolución de pensamiento. Todas las anteriores son formas de resistencia al acosador dotadas de sentido y legalidad. Es decir, todas tienen un sentido claro, concreto, específico y ordenado que tiene como objetivo legal el bienestar de los sujetos. ¿Pero qué pasa con el fuego como defensa cuando se carece de estatuto simbólico que lo garantice?, ¿en qué se convierten las marchas, los plantones, los escritos y las revoluciones cuando se reduce al hombre a un ser solitario desamparado del entramado social, replegado en su pulsión de muerte?.

Antes de ahondar en estas preguntas detengámonos en la forma en la que el individuo se va configurando a través del enfrentamiento entre el Otro y sus propias demandas pulsionales (fuego). La configuración de la rendición sin tregua del cachorro humano frente al Otro es la pérdida en ser y con ello la desubjetivización. Un fuego (pulsión) que arde para destruir. El resultado del encuentro entre el Otro como estandarte de la ley (que tiene por objetivo marcar la diferencia y la constitución del sujeto mismo, diferente e individual) y la pulsión es la subjetivización. Éste es un fuego (pulsión), genealógico que puede quemar y destruir, pero que también puede encender y organizar. No obstante, a pesar de que estos encuentros no garantizan la diferencia, tampoco certifican la anulación del sujeto. Finalmente las configuraciones o resultados del enfrentamiento estarán siempre matizadas por la organización social vigente y las pulsiones del sujeto. En este tenor, ¿Qué respuestas le quedan al cachorro humano frente a un Otro desarticulado de la premisa totémica de la ley?
El Otro contemporáneo: hacia el desmantelamiento subjetivo.

Continúo sobre la tópica de los diferentes rostros del cara pálida u Otro acosador para ir matizando como se dan los procesos de des - subjetivización a partir de los rostros del acosador o sistemas político – económicos contemporáneos.

Bajo este panorama es necesario hablar de qué manera se está consolidando este Otro alienante y de cómo posibilita la subjetivización. Otro actual o como lo refiere Graciela Sobral (2011), el Otro contemporáneo (nombrado en lo anterior como padre) atravesado por las coordenadas de la época que marca sin duda cartografías en el mapa del sujeto de manera consciente e inconsciente. Profundicemos ahora sobre coordenadas de la época a través de la misma canción de Silvio.

Me acosa el cara pálida con el engaño vil
con cuentos de colores con trueques de uno a mil
me acosa con el elixir de la prostitución
me acosa con la gloria perdida de su Dios.

Me acosa el cara pálida con su forma de ver
su estética, su ángulo, su estilo, su saber
me acosa el cara pálida con su sintetización
y quiere ungirme el alma con tuercas de robot.

Silvio permite ver dos tesis que la sociedad de su época parecía comprender en una gran mayoría. Sociedad que no vive todavía la hegemonía del capitalismo y el pensamiento neoliberal contemporáneo. La primera es que la sociedad de Silvio podía ver claramente el engaño vil del cara pálida. La sociedad asume que la propuesta de acoso del Otro es falsa, quiere desmantelar y deshacer a cada uno de los hombres que conforman a la sociedad y despojarlos de su ser mismo junto con su orden social político. Esta primera afirmación evidencia que no hay una verdad que pueda ser generalizada para todos. No hay objeto para la pulsión y deja en evidencia el desplazamiento de la inspiración de Silvio por la cadena significante al buscar su resto. Silvio canta a la utopía nunca alcanzable pero deseable. Utopía materializada en un sistema ideológico (ahora comunista) por el que han de luchar. En otras palabras la utopía por la que luchan ubica al padre simbólico (padre totémico) como portador de lo inalcanzable. De tal manera que ante la negativa de la completud, viene la falta. Resumo este punto diciendo que lo que el blanco propone no es la verdad es un engaño y el sujeto busca con su fuego esa verdad (su objeto “a” pequeño). Busca el sujeto su verdad conectándose a la cadena significante propuesta por su sistema ideológico y a la cual cada sujeto deberá bordear para encontrar su propia expresión de verdad. Misma expresión que en Silvio culmina con su canto.

La segunda afirmación a la que me refiero es la claridad con la que enmarca el cara pálida sus artilugios en pro de la conquista. Acosa con su estética, su ángulo, su estilo y su saber y además quiere ungir el alma con tuercas de robot. Este es el aparato ideológico con el que conquistará su tierra nueva el conquistador cuyo objetivo es convertir a los conquistados en lo que ellos son. El cara pálida viene a ofrecerles un estandarte de verdad con la conquista y con su rendición, el triunfo del Otro (amo) sobre el sujeto (esclavo), permitiendo al sujeto una supuesta mejor forma de vida. Disfraz visible porque el sujeto sabe que lo que realmente quiere el blanco es la tierra, el aire, el agua, el deseo rendido del sujeto que no tendrá.

Si bien estas dos afirmaciones cobran sentido en los 70´s, ¿Qué pasa en el siglo XXI en donde reinan el pensamiento neoliberal, la globalización y ya existe un capitalismo instaurado como forma político- económico hegemónica?
Las políticas neoliberales de la mano del capitalismo dejan en claro que el centro y motor de todo es el capital. El sujeto ya no es central en este sistema, ni tampoco lo es la búsqueda de sentido para su vida. En este modelo el trabajo ya no es el que da valor al sujeto. El hombre tiene relevancia en tanto engrane o pila de la máquina, pero no como operador de la misma. Por el contrario, el sistema mismo se autogestiona y regula, produciendo el mismo su valor. El mismo sistema anuncia y proclama al hombre el mandato “tú puedes ser lo que quieras”. Bajo el estandarte de un humanismo, el hombre es único e irrepetible, con potenciales ilimitados a explotar y fundamentalmente con igual de oportunidades de lograr lo que quiera. Si el hombre puede ser lo que quiera por mandato, el amo contemporáneo puede hacer del hombre lo que quiera y nada protege ni hace dique para salvaguardar o promover al sujeto. En este sentido Legendre (1994) refiere que el propio sistema neoliberal hace surgir a los sujetos negando la referencia sobre lo social, dejando el paso abierto por un lado al narcisismo sin freno (pulsión sin asidero y goce) y por otro lado a las formas de absolutismo y locura social (estados de excepción de la ley).

Dicho de otro modo no existe un referente simbólico para el sujeto en pro de la creación de un objeto inalcanzable y con ello la búsqueda de su verdad. Por el contrario éste sistema expresa claramente el cómo deben ser los hombres y las mujeres que lo integran. No da pie en ningún momento a que el hombre se cuestione, por el contrario manda anulando así lo más humano que existe, su individualidad. Bajo el argumento del humanismo, el hombre no tiene límites, pudiendo ser lo que sea.

Las políticas neoliberales al marcar tan abiertamente que el hombre puede ser lo que sea en el mundo globalizado van poniendo en declive del Edipo propuesto por Freud. En ésta Freud plantea la prohibición del incesto y la muerte del padre como cimientos en el orden del entramado social simbólico a través de la ley, la falta y el deseo. En contraparte el neoliberalismo anuncia con gran fuerza que el padre no ha muerto, más bien divulga que no existe el tótem, el enigma. Declara la existencia de una verdad que impera a dejar al hombre a ser desde sí y para sí sin mediaciones del Otro. Expone que la verdad ha sido desentramada y que es el Otro contemporáneo el que la muestra bajo el estandarte del consumo capitalista y las ideas globalizadas. De esta manera, esta nueva configuración social deja el consumir como mandato para el hombre. En donde al consumir paradójicamente el hombre se consume.
Retornando a las dos afirmaciones cuestionadas en lo anterior, el capitalismo salvaje encubre con mayor sutileza los modos de reproducción de su modelo, logrando que los individuos crean que su postulado es una verdad y no reconocen la mentira se identifican con ella. Identificación imaginaria -ante la ausencia de una individuación simbólica- que los lleva a gozar.

Organización neoliberal y acceso al goce en la Salud Mental.
¿Cómo es que el capitalismo reconfigura el entramado social?. El sistema capitalista, como todo sistema crea sus propios aparatos de estado en donde conjunta aparatos ideológicos y aparatos represores. Siendo éstos últimos los que permiten que se reproduzca el sistema. La tecnologización (gadges), la biologización (organicidad) y mercancialización (mercadotecnia) son ejemplos de instrumentos o fetiches (revisar Max Horkheimer)que el sistema neoliberal utiliza para que el hombre sea como debe y goce cuanto quiera. Cada hombre se convierte en un semi-Dios que puede gestar su propia ley individual sin ligadura a la pulsión sexual que posibilita la relación con los semejantes.

Pongamos como ejemplo de la organización neoliberal el tema de la salud mental comenzando por la salud. La Organización Mundial de la Salud (la OMS) es la autoridad directiva y coordinadora de la acción sanitaria en el sistema de las Naciones Unidas. Su principal objetivo y cito de su página a través de la WHO es “ser la responsable de desempeñar una función de liderazgo en los asuntos sanitarios mundiales, configurar la agenda de las investigaciones en salud, establecer normas, articular opciones de política basadas en la evidencia, prestar apoyo técnico a los países y vigilar las tendencias sanitarias mundiales”.
En los hombros de la OMS recae la responsabilidad de configurar el aparato ideológico sobre lo que es salud, lo que es enfermedad y como se combatirá ésta última desde lo normativo y lo político, hasta lo operativo entorno a los métodos y tratamientos clínico farmacológicos. Así mismo, la OMS comenta en su página que en el siglo XXI, la salud es una responsabilidad compartida, que exige el acceso equitativo a la atención sanitaria y la defensa colectiva frente a amenazas transnacionales. En este sentido la OMS habla de defensa a las amenazas, no de la promoción de la salud. Dato curioso ¿por qué de que amenazas habla?
¿Será que denuncia las amenazas de la guerra biológica o más bien entre líneas deja ver que dentro del propio sistema existe un acosador infiltrado que produce la enfermedad y también la quiere curar?. Es decir, es el propio sistema el que mediante sus políticas crea lo que es salud y lo que es enfermedad a fin de legalizar el modus operandi que posicione al hombre para el consumo de la salud.

Bajo el tenor de esta última pregunta y profundizando sobre la salud mental, vale decir que el acosador trasnacional más importante se llama laboratorios médicos. Empresas que regulan y controlan junto con el Instituto Nacional de Psiquiatría y la OMS las políticas y tratamientos sobre la enfermedad mental. La gran mayoría de los médicos psiquiatras -ahora también neurólogos- investiga con fondos de empresas farmacéuticas las causas biológicas de todo trastorno mental junto con su tratamiento (ver Miguel Jara). Encuentran patrones recurrentes como problemas específicos, los estructuran, sistematizan, diseñan y nombran en pro de la salud para vehiculizar un tratamiento atinado a la dificultad o enfermedad. El CIE-10 y el DSM IV R (próximamente el DSM V) enumeran los trastornos con los que se rotulara a la población y le darán a la misma sociedad una respuesta (medicamentosa) a estos rótulos “un tratamiento mágico que apunta a la supuesta etiología orgánica del trastorno (visto como enfermedad sin serla)”.

El auge del Manual de estadística y diagnóstico en sus diferentes versiones va cada vez más ampliándose y creciendo descontroladamente patologizando toda reacción de imperfección de los sujetos según los supuestos ideológicos en boga. Cabe resaltar que el supuesto ideológico primordial es que todos los sujetos pueden accesar a la perfección consumiendo el producto adecuado. En este sentido el sistema tiene la obligación de proporcionar tantos objetos como sea posible para dejar que el sujeto goce desenfrenadamente. Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez (2011) denuncian en su libro la invención de los trastornos mentales como se crean según la necesidad del sistema rótulos y clasificaciones con el afán de dar saciedad a una angustia, que ellos mismos crean (labor de los aparatos de estado ideológicos en el primer caso y represores en el segundo). Por ejemplo después de la posguerra de Vietnam en Estados Unidos los soldados tenían malestares provocados por la misma. Malestares que las aseguradoras y el estado no podían cubrir y atender porque no existían. De esta manera, se crea el diagnóstico de Estrés postraumático para los soldados con su tratamiento incluido que va desde la hospitalización hasta la medicalización ambulatoria y más importante aún su rotulo clasificatorio en el DSM. El día de hoy el diagnóstico no pertenece a los soldados, pertenece a todo la sociedad que necesita ser protegida de las amenazas trasnacionales como lo dice la OMS. El sistema así crea, legaliza e instituye un trastorno y lo generaliza para servicio del capital y no del hombre quien simplemente lo consume y se consume al hacerlo.

De esta manera, niños, adolescentes y adultos que no pueden enfrentar el estrés de las situaciones de crisis de la vida cotidiana son invitados a manera de mandato a ser rotulados con la clasificación que más se asemeje con el mal que detecta el sistema que no quiere imperfección en sus filas. Cual soldados griegos en donde no hay cabida para lo que no entra en su forma de ver, su estética o su ángulo como lo denuncia Silvio. Es así como mujeres son medicadas porque tienen síndrome disfórico pre-menstrual. Niños son rotulados y dopados porque no se quedan quietos y no se alinean a lo que el gran Otro contemporáneo manda. Adolescentes son medicados y encasillados por no saber lidear con su crecimiento cuando se deprimen, sufren de problemas con la alimentación o no reconocen su cuerpo, no pueden construir una identidad basada en las normas estéticas marcadas por el sistema. Adultos medicados a diestra y siniestra para que no salgan del camino que el sistema ha trazado para ellos. El adulto, el niño y el adolescente no deben angustiarse, sentirse tristes, sufrir, cansarse o simplemente salirse de control y si lo hacen están enfermos y a su enfermedad se le da cura (generalmente medicamentosa) y no pasa nada. El objetivo es que ninguna persona se las tenga que ver con la falta por ello crear tantos objetos de consumo interminables. Carreras (2011) citando a Agamben señala cómo al interior de estos mismos espacios de legalidad instituyentes se gestan esos mismos lugares de indeterminación legal, de vacíos legales. Es por éstos vacios que se generan las clasificaciones arbitrarias.
Lo grave de esto, radica en que a medida que se operen mayores clasificaciones y diagnósticos para el consumo y enriquecimiento de laboratorios más se anula al sujeto que las padece. Bajo esta preocupación Silvia Fendrick y Alfredo Jerusalinsky (2011) declaran en su libro, el libro negro de la psicopatología, el riesgo latente de facilitar la creación de sujetos sin historia, sin referentes propios, sin ley y por ende si un yo estructurado y dueño de sí mismo. Afirman con ello que un sujeto sin historia, no es sujeto, se le niega su estatuto epistémico y se trataría de convertir en animal o robot.
Atrás en las primeas ideas desarrolladas mencioné que es el enfrentamiento entre la pulsión (fuego) y el Otro contemporáneo lo que determina la configuración del sujeto y plantee lo siguiente: ¿Pero qué pasa con el fuego como defensa cuando se carece de estatuto simbólico que lo garantice?, ¿en qué se convierten las marchas, los plantones, los escritos y las revoluciones cuando se reduce al hombre a un ser solitario desamparado del entramado social, replegado en su pulsión de muerte?, ¿Qué respuestas le quedan al cachorro humano frente a un Otro desarticulado de la premisa totémica de la ley?
La anorexia nerviosa como respuesta.

La anorexia nerviosa se encuentra en el DSM IV dentro de los Trastornos de la Conducta Alimentaria en donde también encontramos a la bulimia nerviosa (BN) y los Trastornos de la conducta alimentaria no específicos (TCANE). Dentro de las clasificaciones de los trastornos mentales del DSM siempre se encuentra un rubro en el que se encasillan los diagnósticos que no encajan en los otros rubros propuestos y se dejan determinados bajo la indeterminación (trastornos no especificados). Esto con el afán de que todas las personas puedan identificarse con el padecimiento y logren un buen tratamiento.
La anorexia es uno de los trastornos mentales que ha tenido un auge importante en los últimos años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el planeta al menos un tres por ciento de los adolescentes y adultos jóvenes sufre anorexia y otro 4.1 por ciento de bulimia. Se estima que de 5 a 13 por ciento de este grupo poblacional presenta síndromes parciales de estas alteraciones, aunque se carece de una estadística precisa de los casos en el mundo, señalan especialistas. La estadística marca la prevalencia en mujeres adolescentes de 1 a 9. Es por el aumento gradual de estos trastornos que la OMS declara a éstos como problemas de salud mundial. Catalogada como la tercera enfermedad crónica en el primer mundo. Por lo anterior, la OMS debe hacerle frente dejando una pauta clara sobre el diagnóstico y el tratamiento.

A continuación señalo los criterios que describe el DSM IV para el diagnóstico de Anorexia Nerviosa (AN).
Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla (p. ej., pérdida de peso que da lugar a un peso inferior al 85 % del esperable, o fracaso en conseguir el aumento de peso normal durante el período de crecimiento, dando como resultado un peso corporal inferior al 85 % del peso esperable).
Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.
Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal.

En las mujeres post puberales, presencia de amenorrea; por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos. (Se considera que una mujer presenta amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales, p. ej., con la administración de estrógenos.)
Un problema al que se enfrenta la psiquiatría con estos trastornos –y con la gran mayoría de los establecidos en el DSM- es la complicación de ubicar su etiología. Si bien diversos estudios buscan demostrar la relación entre el funcionamiento del cerebro y los síntomas de la anorexia ninguno puede demostrar la causa. Los hallazgos por la vía de los neurotransmisores (ver Ursula Bailer y Walter Keyne) develan la hiperactividad de dopamina y/o exceso de serotonina en los ganglios basales como causales de los síntomas. La etiología se deja del lado de la base genética. Es la madre la que puede trasmitir en gen portador de la anorexia basados en la prevalencia en mujeres.

Bajo el panorama anterior, la aproximación neuroquímica y las bases genéticas son los argumentos que se utilizan para la gran mayoría de trastornos en la actualidad. En este sentido el fármaco queda habilitado como el agente portador del cambio y la genética como una suerte de ruleta rusa. Así es como antidepresivos (fluoxetina y clomipramina), antipsicóticos (clorpromazina) y antihistáminicos (ciproheptadina) son recomendados para pacientes con anorexia apuntalando a la inhibición de la recaptura de serotonina y dopamina para disminuir por un lado los síntomas compulsivos, la alteración de la percepción y la angustia, mientras por otro lado se estimula el apetito.

Miguel Jara (2011) evidencia como estas formas “pseudocientíficas” están muy bien legalizadas bajo la hegemonía neoliberal. Las instituciones representantes y promotoras de la salud (universidades y sistemas de salud mental) junto con los inversionistas trasnacionales (laboratorios médicos) construyen artesanalmente enfermedad y salud. De esta manera, las industrias farmacéuticas al financiar las investigaciones, marcan las rutas a seguir antes avaladas por un sistema de leyes que de la misma manera esta dirigido por el capital que ellos ostentan.
En este marco trazado, el hombre no está atrapado en un sistema que promueve estatutos de valor para él. Los valores dentro de un sistema que determina las relaciones a través del capital no existen y con ello van desdibujando al sujeto y su entramado social. Por el contrario, el hombre al no estar soportado en una legalidad totémica se retrae sobre sí y queda atrapando en su propio narcisismo. Aquí, su pulsión (fuego) no es re-configurada por el choque con el Otro, pues el Otro contemporáneo evita esta confrontación dejándole al hombre en su interior el papel configurador. ¿Cómo se configura el hombre frente al fuego (pulsión) mismo que destruye y crea para no sucumbir en él?.
Si bien parece que el Otro contemporáneo pretende dejar solo y extraviado al hombre, lo hace al pretender arrancar de él su orden genealógico como efecto de la hegemonía de consumo y no como premisa básica del sistema. No obstante, el referente Otro (y la demanda del sujeto) para consolidarse una configuración está latente. El cachorro humano necesita construir su morada a partir del Otro que como he referido con anterioridad transforma la pulsión en ser, en representación. En este sentido lo que el sistema no posibilita son representaciones de pulsión y como resultado queda la pulsión desligada del orden simbólico. ¿En donde se arraiga la pulsión entonces para no destruirlo todo?

La comprensión de la anorexia fuera de lo lógica de las ciencias positivas, nos revela un posible lugar de ligazón de la pulsión. Para ello es menester mirar la anorexia ligada a las condiciones del sistema capitalista a través del Otro contemporáneo y ubicar al hombre como sujeto en devenir y no como una estructura biológico objetiva.

El discurso del sistema capitalista se encarna en la madre como Otro contemporáneo. Inevitablemente el niño recurre a la madre (o a quien represente la función materna) para que sea ella quien lo ampare y cobije. La madre debe reconocer en el niño necesidades y demandas que puede o no satisfacer. Es en el reconocimiento éstas donde radica la complicación para la madre. Ser madre implica que hay que reconocer y darse al bebé para darle lugar. La madre debiera renunciar a su narcisismo para dárselo al hijo. Dicho de otro modo la madre debe darle su amor al niño, desearlo. No obstante, la madre -identificada con el discurso neoliberal- cree que cumplir con ser madre es satisfacer las necesidades del niño con base en lo que el sistema le dice que debe hacer (para ser competitiva y no explorar desde ella su propia falta al descubrir que no hay respuesta verdadera para ser madre) y aquí confunde el don de amor con satisfacción de necesidad o bienestar.

Lacan (2005), sobre el amor refiere que el amor es dar aquello que no se tiene (el falo) a aquél que no es (el falo). Es decir, el amor se torna aquí como una trasmisión de la falta y no como un bienestar. Analicemos esta diferencia. La transmisión del amor como bienestar coloca a la madre en la posición de hacer lo bueno, lo que se debe y en ese sentido es lo que el sistema determina a la madre para ser una buena madre (poseedora del falo). Una buena madre es la que siempre tiene lo que el hijo necesita. En ese sentido, el sistema provee a la madre de armas para “tener” y permitir que la madre sea productiva en su labor. La madre tiene técnicas para amamantar –sabe hacerlo-. Tiene información sobre como cargar el bebé –conoce posturas-. Las madres tienen claro que hay que alimentar y cambiar pañales al niño cada vez que este lo necesite según el pediatra lo indique. Cada madre está informada sobre la mejor leche para el bebé, sin contenidos de la proteína de la leche o sin lactosa. Es muy bien programada la visita al médico en función de los deberes de vacunas y crecimiento. Finalmente una buena madre, para tener un buen hijo debe cumplir al pie de la letra con el perfil que el sistema le construye para ser buena madre. Claramente el sistema se encarga de que a la madre no le falte nada para serlo. Por otro lado, si se es buena madre porque así se debe ¿en dónde queda el deseo de serlo y la sensibilidad o subjetividad de cada madre?.
La pregunta anterior, da pie para hablar del amor como transmisión de la falta. La madre al desear algo para su hijo, no lo sacia desde los deberes. Por el contrario, la madre intuye algo que el hijo desea y desde su propio deseo de que su hijo sea, lo atraviesa con la ilusión de lo posible. La madre dirá entonces, seguro tiene hambre y el niño aceptará la demanda del Otro a ser alimentado o no. Pero no habrá una única relación necesidad – satisfacción, por el contrario habrá una relación demanda – relación significante. En donde un significante lo es solo para otro significante. De esta manera entre el niño y la madre se dará una doble demanda con un enigma engarzado. Demanda de alimentar con la demanda de ser alimentado, ambos demandando y recibiendo amor. Desde esta lógica la madre solo puede tramitar el amor en falta a partir de que ella misma reconoce su propia falta.

Construyamos un puente. La madre que es mujer en principio, se las arregla dentro del discurso capitalista para no vérselas con la falta. El mundo moderno empuja a la mujer a algo del ser y del tener que la aleja de su verdad subjetiva y la aliena a los ideales que funcionan como imperativos. La mujer como madre también se las arregla para no vérselas con la falta y a través del hijo la madre tapa al hombre. De esta manera el control que ejerce la madre sobre el hijo se convierte en el dispositivo que taponea la falta y la sexualidad de la mujer. Por un lado, el sistema ejerce una influencia al desmantelar la falta y la castración y por el otro la mujer misma con su pulsión configura sus propias estrategias para librarse de la falta. ¿y qué pasa con el hijo?

El hijo demanda amor, la madre se niega a darlo, el sistema promueve que no haya falta. No obstante el niño como proceso natural al proyectar su pulsión en busca de sentido y no obtenerlo queda insatisfecho. Existe en él una falta básica que por las condiciones del Otro contemporáneo no logran tramitarla como simbólica, pero queda ahí en alguna parte el resto que retorna. Resto que sin duda evidencia que por más que se niegue la falta, ésta existe pero ahora en otra dimensión la real.
En lo anterior preguntaba ¿en que se convierten las marchas, las revoluciones, los escritos como formas subversivas de lucha en la vida actual?. Me parece que la anorexia expone una respuesta. La hija grita a la madre a través de la negativa a comer que no la puede controlar. Es decir, que existe la falta. El cuerpo como dimensión real, se convierte en la evidencia de ese resto y falta y ante la ausencia de inscripciones simbólicas es aquí donde construye su morada el sujeto para no sucumbir a la pulsión en ser. Cuerpo marcado, lacerado, a fragmentos, con falta de carne para mostrar el vacío que deja en la panza la anoréxica. Como dice Lacan (2007) la estrategia subjetiva de la anorexia ante la respuesta del Otro es “comer nada”. A lo que Eric Laurent y J. A. Miller agregan que al reducirse el amor al objeto de necesidad, el sujeto es atrapado en el fantasma materno y con la anorexia evita que gocen de él.

Finalmente ahí está la anorexia como evidencia de que por más que se encierre al sujeto este encontrará la forma de salir para decirle al Otro contemporáneo o cualquier sistema devastador lo que Silvio en su canción termina diciendo: “Yo soy mi tierra, mi agua, mi aire y mi fuego”.

Referencias
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Freud, Sigmund. (2004). “Pulsiones y destinos de pulsión” Obras completas tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
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González Pardo Héctor, (2008). La invención de trastornos mentales. Madrid: Alianza Editorial.
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Miller J-A, Laurent E. (2005). El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Editorial Paidós.
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