CLINICA PSICOANALÍTICA CON PACIENTE TOXICÓMANOS
LIC. CARLOS SAAVEDRA
CONSIDERACIONES PRELIMINARES SOBRE LO INCONCIENTE
En “Nota sobre el Concepto de Lo Inconciente en Psicoanálisis”
(1912), Freud define el Inconciente, en sentido sistemático:
“Damos el nombre de “el Inconciente” al sistema
que se da a conocer por el signo distintivo de ser inconcientes
los procesos singulares que lo componen.” (1)
Estos “procesos singulares” o leyes de composición
son establecidos por Freud en “La interpretación
de los sueños”, “El Chiste y su relación
con lo inconciente” y “Psicopatología de la
Vida Cotidiana”: Condensación, Desplazamiento, Miramiento
por la figurabilidad.
Sirva como ejemplo un fragmento de la introducción al capítulo
VI de “La Interpretación de los sueños”
(“El trabajo del sueño”): “...se nos
plantea una nueva tarea, inexistente para quienes nos precedieron:
investigar las relaciones entre el contenido manifiesto y los
pensamientos latentes del sueño y pesquisar los procesos
por los cuales estos últimos se convirtieron en aquel.
El contenido del sueño se nos aparece como una transferencia
de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión,
cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a
discernir por vía de la comparación entre el original
y su traducción” .(2)
Es a partir de conceptos como estos y de una teoría del
significante que Lacan puede postular que el Inconciente es estructurado
como un lenguaje, sujeto a sus leyes de composición, tales
como metáfora y metonimia. Es el carácter lacunar,
inconsistente, del discurso conciente (tal como lo describe Freud
en el apartado I de “Lo Inconciente”) lo que permite
a Lacan formular esta definición: “El inconciente
es aquella parte del discurso concreto en cuanto transindividual
que falta a la disposición del sujeto para restablecer
la continuidad de su discurso conciente”. (3)
El término transindividual se refiere a la anterioridad
lógica del Lenguaje. Un elemento cualquiera de una lengua
se considera perteneciente al Lenguaje cuando se distingue como
tal para todos los usuarios de la misma. “Los efectos particulares
de ese elemento del Lenguaje están ligados a la existencia
de ese conjunto, anteriormente a su nexo posible con toda experiencia
particular del sujeto”. (4)
Pensar lo inconciente de este modo rompe con tres supuestos:
1) Considerar al Inconciente como un “recipiente”.
2) Considerar al Inconciente como un lugar que está “dentro”
del aparato psíquico.
3) Considerar al Inconciente como algo concluido, ya hecho e inamovible.
Esta triple ruptura es esencial para poder pensar lo inconciente
en el campo de las configuraciones vinculares.
El primer trabajo sistemático de Freud sobre la regulación
cultural de la sexualidad humana es Totem y Tabú. Ya el
prólogo establece que: “...el tabú en verdad
sigue existiendo entre nosotros: aunque en versión negativa
y dirigido a contenidos diferentes, no es otra cosa, por su naturaleza
psicológica, que el "imperativo categórico"
de Kant, que pretende regir de una manera compulsiva y desautoriza
cualquier motivación consciente.” (5)
Lacan, retomando la producción de Levi – Strauss,
postula que “La vida de los grupos naturales que constituyen
la comunidad está sometida a las reglas de la alianza,
ordenando el sentido en que se opera el intercambio de las mujeres
y de las prestaciones recíprocas que la alianza determina”(6).
Retomando lo planteado por Freud en la cita anterior, establece
que: “La alianza está presidida por un orden preferencial
cuya ley, que implica los nombre del parentesco es para el grupo
como el lenguaje: imperativa en sus formas, pero inconciente en
su estructura”(7) y, más adelante: “La ley
primordial es pues la que regulando la alianza, sobrepone el reino
de la cultura al reino de la naturaleza, entregado a la ley del
apareamiento. La prohibición del incesto no es sino su
pivote subjetivo... Esta ley se da a conocer suficientemente como
idéntica a un orden de lenguaje”. (8) Y, por último:
“ No es acaso sensible que un Levi
Strauss, sugiriendo la implicación de las estructuras del
lenguaje y de esa parte de las leyes que regula la alianza y el
parentesco, conquista ya el terreno mismo en el que Freud asienta
el Inconciente?”. (9)
Lo Inconciente, de este modo, constituye una condición
presubjetiva a la que cada quién advendrá en su
singularidad, articulada, a su vez, con la singularidad de las
configuraciones vinculares de las que forme parte.
“El infans – sostienen Susana Sternbach y María
Cristina Rojas- adviene a un mundo familiar y social en el cual
las reglas de parentesco y el Edipo mismo, como estructura presubjetiva,
lo anteceden. La constitución subjetiva producida por su
inclusión en dicha trama, es, en cambio, un proceso singular,
que se historiza. Dicho proceso se liga al atravesamiento de la
castración; esta constituye una condición estructural,
que habilita al hombre para la subjetivación.” (10)
PARA CONCLUIR
Graciela Kasitzky de Bianchi señala que “Freud establece
que la realidad material no es exactamente “el mundo exterior
objetivo (real), sino una versión concensuada de este mundo,
que subsiste fuera e independientemente de nosotros. Este concenso
es posible sólo en función de la articulación
que permiten los diferentes niveles de intercambio, (lingüístico,
de parentesco y económico)”. Asimismo, indica que:
“Se trata entonces de una realidad intersubjetiva, irreductible
tanto a los puros hechos como a la pura subjetividad, producto
de un sistema de intercambio que organiza, a partir de esa matriz
transindividual, las representaciones subjetivas...”; asimismo,
coincido con su postulado de que “Nosotros nos embarcamos
en las concepciones del inconciente como heterogéneo y
complejo, abierto y autorganizado, cuya circulación excede
los bordes del aparato psíquico individual.” (11)
Desde este enfoque, sostengo que las relaciones familiares tienen
un orden accesible al abordaje psicoanalítico. Las reglas
que determinan los intercambios constituyen el orden estructural
familiar y, como tal, determinante de los acontecimientos que
la familia producirá cotidianamente y cuyo relato se desplegará
en las sesiones. Es en las particularidades de ese relato, en
sus insistencias, tropiezos y silencios, donde se pondrá
de manifiesto un orden de determinación desconocido y exterior
a cada uno de sus integrantes y a todos ellos como conjunto. De
allí que la escucha del relato familiar podría homologarse
con la del relato de un sueño.
Aquí conviene establecer con claridad una articulación
entre lo que permanece y lo que cambia. La clínica psicoanalítica
en general y la de las adicciones en particular deben tener en
cuenta estos presupuestos, que definen sus condiciones de posibilidad:
• Permanece el lenguaje y la interdicción del incesto.
• Cambian los usos del lenguaje, el habla, de modo tal que
la comunidad termina concensuando nuevo usos e, inclusive, nuevos
términos que se van incluyendo en el código mismo.
• Cambian los modos en que la interdicción del incesto
opera en diferentes culturas y en diferentes épocas. Si
los nombres del parentesco distinguen lo permitido y lo prohibido,
hoy hay parentescos “sin nombre”, tales como “la
hija de la esposa de mi padre” (es mi hermana?) que no definen
imperativamente una prohibición. Las nuevas organizaciones
familiares cargan con la tarea de definir las reglas en cada caso.
Todo esto supone que la constitución de la subjetividad,
de la pareja o de la familia no escapan a las determinaciones
de la época. Esta no es una cuestión secundaria,
es un dato central en el orden de las determinaciones.
LAS ADICCIONES
Considero a las adicciones como el ejemplo paradigmático
de los “nuevos malestares de la cultura”. Sin la instauración
de una lógica macrocontextual de consumo como lazo social
predominante sería imposible conceptualizar sus particularidades,
dado que “drogas hubo siempre” pero no siempre hubo
“adictos” como modo de subjetividad socialmente instituido.
En cuanto a la “construcción” de esta subjetividad,
podemos considerar que el tóxico viene a jugar una función
de prótesis allí donde esta constitución
ha fracasado. El fracaso de la Madre, en tanto Otro, ya que aparece
"sin falta" allí donde deberían aparecer
los intervalos en los que se constituye el sujeto. En Psicoanálisis
la noción de cuerpo está ligada al significante,
en tanto aquello que "muerde" a un organismo y lo transforma
en cuerpo. El efecto de la marca, dice Lacan (12), es de despedazamiento
de ese organismo, este efecto no porta sólo una faz sufriente
para el humano sino que, por él, por efecto del lenguaje,
tenemos órganos. En tanto marcados por el lenguaje podemos
decir "se me rompe el corazón". El cuerpo se
presenta a recibir su marca, es "esperado" por el lenguaje.
Si esta operación es fallida, el cuerpo del hijo no puede
advenir como unidad distinguible. Será tal como una "cicatriz",
una marca para el cuerpo materno. Goce y cuerpo quedan indisolublemente
enlazados si no opera el significante. Esta conjunción
mortífera es ineludible condición de posibilidad
para la instauración de las Adicciones.
Sentando posición sobre este problema, es central establecer
que considero a las adicciones como un modo de goce, en tanto
que objeto y cuerpo se unen por fuera del significante. Este modo
de gozar suprime las particularidades. El uno por uno de la clínica
es a construir en la clínica misma. Coincido en este punto
con quienes consideran que la dirección de la cura, en
estos casos, es de la monotonía a la diversidad.
Las adicciones no constituyen una estructura clínica ni
un síntoma en el sentido freudiano, no suponen compromiso
sino ruptura, ruptura con el goce fálico, que supone la
castración y el fantasma.
El adicto no es un consumidor funcional al mercado, por eso de
él se ocupa el Estado y se promulgan leyes específicas
que imponen su tratamiento. El mercado requiere de consumidores
siempre insatisfechos que se deslicen por un universo infinito
de objetos que renueven la promesa de satisfacción. El
adicto se satisface con su objeto y permanece ligado a él
hasta la muerte si su posición no vacila.
Una particularidad de esta clínica es que quiénes
demandan nuestra intervención suelen ser “terceros
incluidos”: la familia, la pareja, la escuela, el sistema
jurídico. Muchas veces debemos escuchar a otros antes,
y, a veces, paralelamente o en lugar del adicto.
Un ejemplo clínico, a partir de un caso presentado por
la Lic. Lidia Gilgun (integrante entonces del Departamento de
Drogadependencia del Municipio de Morón) y a quién
agradezco la posibilidad de incluirlo en esta presentación:
Daniel tiene 18 años, fue encontrado por su padre como
él dice “dado vuelta”. “No sé
que me pasó, pero era como que tenía que tocar fondo
y toqué. Fue desesperante yo no podía moverme y
mi viejo no podía gritar”.
El papá de Daniel tiene cáncer de laringe y ha sufrido
varias intervenciones quirúrgicas.
Daniel viene acompañado por una señora, vecina y
amiga. “Yo no quiero fallarle, ella me escucha como una
madre y no quiero fallar”.
Al poco tiempo esta amiga, vecina, madre, comienza a mostrarse
persecutoria.
“Yo no sé que le importa a ella donde estoy. Escucho
la motoneta y aparece en cualquier lado, espiándome. Le
dije que si mis amigos se drogan no tiene nada que ver, yo no
voy a dejarlos”.
Su madre es también para él una amiga, con la que
se puede hablar de todo. Dice Daniel: “Yo siempre la acompaño
a todos los lugares, estoy con ella siempre que quiere. Soy su
novio, así me llama ella”. De su padre, dice que
“hace tiempo que no funciona pero que su madre lo cuida
y lo quiere como a un hijo”. Es la madre quien trabaja atendiendo
y cuidando a personas enfermas.
Daniel había tenido la primer entrevista, a partir de la
cual me es derivado, con un psicólogo, compañero
de equipo. Llama la atención su forma de hablar. Pasa de
un profesional a otro y parece hablar con el mismo.
En la tercera entrevista Daniel dice que su madre quiere hablar
con Gabriel (el analista que lo entrevista primero) acerca de
su tratamiento.
Hablar con Gabriel, que no es su analista, de su tratamiento?
De qué hablaría Gabriel ya que no es su analista?
CLINICA DE LAS ADICCIONES: NECESIDAD ESTRUCTURAL DE ARTICULAR
EL TRATAMIENTO INDIVIDUAL Y FAMILIAR.
Me interesa considerar, en este punto, la cuestión familiar
en dos sentidos:
1) El lugar de la familia en la constitución de lo que
podríamos denominar “subjetividad adictiva”.
2) La necesidad estructural del abordaje familiar en la clínica
con pacientes adictos.
En la clínica de las adicciones inevitablemente nos encontramos
con familias en las que la función instituyente se ha fracturado,
dejando al sujeto a expensas de un goce mortífero. El tratamiento
familiar no es aquí un abordaje "complementario",
sino una parte central de la estrategia terapéutica.
En estos casos, suele no ser posible "discriminar" al
"paciente". Las discriminaciones no están inscriptas
desde el principio, son efecto de un trabajo. Este trabajo puede
ser el acto que un analista deba realizar para la instauración
del tiempo de tratamiento.
Cuando lo que instituye a un sujeto falla, cuando las condiciones
de un orden familiar no producen un espacio para la instauración
de un campo de la subjetividad, intervienen las. La inclusión
del adicto en la estructura institucional es vehiculizada por
un nombre, drogadicto, con el que él mismo se designa.
Es allí donde la particularidad de un sujeto se desvanece.
Entonces, sin estructura familiar que circunscriba, por su orden,
un espacio, en tanto que lo que se espera de un padre es la fundación
de una familia, no habría un lugar claro para la constitución
subjetiva. Es la estructura familiar la que abre el espacio para
la entrada del “infans” a la relación con un
Otro primordial, su madre.
Volviendo al ejemplo clínico, del lado de Daniel, un hijo
que "toca fondo" y un padre cancerososo al borde de
la muerte, se ordena el motivo manifiesto de consulta.
Lo determinante aparece después, en el material de las
entrevistas. Son los ejes que ordenan una estructura mortífera.
En ella la única "ley" que opera es la de la
igualdad, que determina que un hijo puede ser novio, un padre
puede ser como un hijo, una amiga como una madre y viceversa.
Cuando Daniel habla con el mismo, esta "ley" vuelve
a cumplirse. Pero esta vez algo queda al descubierto
“Mi madre quiere hablar con Gabriel de mi tratamiento”
El complemento produce confusión pero la “resolución
del caso” se encarga en despejarla.
Su madre quiere hablar con Gabriel y una nueva sustitución
ha operado, sustitución que deja por primera vez a Daniel
como término libre, siempre y cuando quiebre el equilibrio
de las igualdades eludiendo la oferta:
"un tratamiento = a otro tratamiento"
Es a partir de aquí que puede ir a buscar algo mas allá:
Un trabajo, la hija de un Juez, con la que inicia un noviazgo,
tal vez otra ley que se oponga a la igualdad mortífera
encontrada también con el tóxico.
Nuestro modo de abordaje es una propuesta válida en tanto
apunta a la construcción y reconstrucción de un
dispositivo de sostén que permita el despliegue de una
subjetividad obturada por la captura de un consumo "cristalizado".
Retomando las propuestas centrales de un trabajo anterior (13),
realizado conjuntamente con la Lic. Lidia Gilgun, planteo como
ejes centrales del abordaje psicoanalítico en en las adicciones:
• El tiempo en que se despliega esta intervención
transcurre entre la urgencia, el desborde y la exclusión:
La urgencia es el modo de presentación. Aquello que se
demanda ya!. El desborde es la forma que toma el primer tiempo
de la urgencia, donde no parece haber dispositivo institucional
idoneo para acotar la situación. La exclusión es
el dispositivo de control social que hace concluir el tiempo de
la urgencia apurada por el desborde.
• La familia “se revela” en el espacio y en
el tiempo del tratamiento individual. De allí que sea necesario
instalar los espacios que hagan posible el sostén y las
discriminaciones.
• De esto se deduce la necesidad lógica de articular
el tratamiento individual y el familiar.
EL CAMPO DE LAS ADICCIONES
El campo de las adicciones tiene como particularidad, ya mencionada,
que leyes, instituciones, jueces, escuelas, padres, sean demandantes
de nuestra intervención.
Otro punto a considerar en esta temática es su referencia
a la Ley 27.737, que penaliza el consumo y el tráfico de
estupefacientes. Ella nos enlaza también a nosotros, los
profesionales que intervenimos en su clínica, introduciendo
una dificultad ad-hoc, la tensión entre Poder y Disciplina
y los efectos del control social.
Es necesario tener en cuenta estas cuestiones de la "normatividad"
como una particularidad de esta clínica.
Diferentes personajes, tales como los leprosos, los locos y, ahora,
los adictos ocupan ese lugar, marcado por la exclusión
en sus diferentes tiempos sociales y el orden institucional, que
excluye la diferencia y lo que "no anda”. El modo de
excluir es doble: Es excluido por su goce y excluido en su nombre
(adicto).
Al delincuente se lo excluye en la cárcel y se lo nombra
preso. Al consumidor se lo excluye en la cárcel o en el
hospital y se lo nombra adicto. Este lugar es lábil y,
por efecto del desborde, se desliza hacia el lugar del loco. De
no operar con él y su familia una modificación,
suelen circular por distintos centros de asistencia, hasta que
la exclusión lo detiene, de un modo u otro.
Un ejemplo “familiar”:
En una institución pública, asisten a la admisión
del equipo de Pareja y familia Benito (40) e Isabel (39).
Según Isabel, “Venimos a consultar por medio de una
amiga, que se atiende aquí también con una psicóloga.
Antes íbamos a un psicólogo particular (Obra Social).
Mi hijo Oscar tiene un problema judicial. Lo encontraron en un
coche robado. Estuvo internado en el Tovar García porque
tomó pastillas”.
Cuando se les pregunta por la integración de la familia,
responde: “Tengo otra hija casada de 21 años y otro
hijo de 5, Oscar tiene 15. Con él hay una mala relación
familiar, no lo entendemos ni nos entiende. No acepta límites”.
Siguiendo la lógica del motivo manifiesto de consulta,
se les pregunta por Oscar. Responde Isabel: “A veces, cuando
llega a casa yo no sé si fumó o tomó... llega
raro, si le reclamo, se enoja. Antes no lo hacía, empezó
de golpe y porrazo. Hizo una sobredosis a los 14 años,
un gran drama, rompió vidrios. No sé si va a robar
o no cuando se va. A veces no vuelve a casa (pasó tres
veces). Yo me voy cuando está raro. Él (por Benito)
le quiso oler la ropa...”. Benito agrega: “Ahora hay
una causa judicial por el tema del auto. Oscar estuvo tres veces
internado en el Instituto Roca. Pensar que hace dos años
no salía ni a la puerta. Nosotros nos sentimos culpables.
Queremos que él esté bien.”
Me son derivados para continuar las entrevistas y decidir el
tratamiento.
Transcribo la primera entrevista:
Isabel: Tendríamos que haber sido tres, mi hijo se fue
y no quiso venir. Él parecía estar de acuerdo en
días anteriores. Ayer vino descompuesto. Cuando parece
que está mejor, vuelve a caer. Le encontramos pastillas.
La primera vez, a los 14 años se drogó con Artane.
Tenía alucinaciones, lo llevamos al hospital Alvarez pero
no lo internaron por ser menor. Estuvo un mes de internación
completo en el Tovar García.
Analista: Cuándo comenzaron los problemas?
Isabel: Empezó en la secundaria con problemas. Antes jugaba
con chicos más chicos (de siete u ocho años). La
primera caída en el Roca fue en agosto del año pasado.
Fuimos a la comisaría porque parece que, con unos amigos,
quiso sacar un estéreo. La segunda vez fue por intento
de robo, la tercera vez se peleó con el padre y después
rompió los vidrios de una vecina.
Benito: Para sacarlo de la comisaría tuve que pagar, me
salió un ojo de la cara. Pagué los vidrios de esa
mujer.
Isabel: Esta mujer nos apuró. El portero de me dijo que
O. no entró en casa de ella. De todas maneras, hace tiempo
que no hace otra cosa que traer problemas, a veces se va de casa
por dos o tres días. Este es el último intento...
, después, no sé.
Benito: Cuando uno le habla, por dos o tres días anda
bien, pero después vuelve a caer.
Isabel: El se siente muy identificado con The Wall. , un personaje
que se droga, termina loco. Me pidió que la vaya a ver.
Fuimos y después le dije: “La próxima vez
tomá muchas”. Él le pidió a la hermana
que saliera para hablar a solas. “No la entendiste”,
me dijo. En el cine fuman marihuana.
Benito: Todos saben la película y las canciones y cantan
y gritan, sobre todo en algunas escenas (las de la escuela, el
profesor, el tema principal).
Analista: Maneja dinero?
Isabel: Le damos para que salga, tenemos miedo de que busque
el dinero por allí...
Benito: A veces lo voy a buscar a la escuela, lo acompaño
a los videos.
Analista: Cómo era su relación antes con él?
Benito: A veces violenta. (titubea)... faltó comunicación,
peleábamos por el fútbol.
Isabel: Se orinó hasta los 13 años, debería
haber tenido en cuenta que, tal vez, tuviera problemas emocionales.
El problema de él empezó antes, cuando estaba en
5to. grado se desnudaba en la cama y me decía: “Echame
talquito”.
Analista: Que más recuerda de esa época?
Isabel: Nació la hermana. La maestra le decía a
los compañeros: “con este no se junten, este va a
ser diariero y ustedes van a estar en una oficina”.
Analista: Usted (a Isabel) decía que se orinó hasta
los 13 años...
Isabel: Volvió a orinarse a los 5 años, al empezar
el preescolar, controló desde el año y medio hasta
los cinco.
Analista: Hubo mudanzas o cambios en esa época?
Isabel: Hasta que tuvo siete años vivimos en un conventillo,
con una separada y un matrimonio mayor, al fondo. Nos hacían
problemas con la luz, que la teníamos prendida hasta muy
tarde. Cuando los retaban a los chicos, yo no los defendía.
Cuando O tenía seis años lo puse en los scouts.
Empezó a viajar a los seis años por todo el país.
Cuando tenía dos años, falleció una hermana
mía de 35 años por un tumor cerebral. Fui a su casa,
al norte por 30 días. Volví muy depresiva. Hasta
que nos mudamos estuve mal, tenía temor a la muerte. Hay
una parte de la infancia de mis hijos que no recuerdo mucho.
Benito: O decía que el único que lo quería
era mi papá, que murió cuando él iba a cumplir
cinco años.
Analista: Aproximadamente el tiempo en que empezó a orinarse
nuevamente y comenzó el preescolar.
Isabel: Eso..., así no lo habíamos pensado.....
Analista: Dejamos por hoy. Los espero el miércoles próximo
a la misma hora.
A la segunda entrevista asisten Isabel, Benito y Oscar
Analista: Cómo acordaron para venir los tres?
Benito: Él (por Oscar) dijo que llegó a casa y
ya no estábamos así que se vino para aquí
y nos encontramos. Llegamos tarde por un problema de tránsito
y él (Oscar)casi se va.
Analista: (a Oscar) Querías venir.....
Oscar: Si.
Analista: Podríamos continuar con lo que estaban contando
el miércoles pasado (intervención a través
de la cual, capturado por el relato familiar, reitero la situación
de excluir a Oscar).
Benito: En esa época yo no estaba mucho en casa, los sábados
y domingos jugaba al fútbol y sábado por medio iba
a bailar. Paraba en la casa de mi mamá. A veces, si ellos
no querían venir, yo me quedaba a dormir allí.
Analista: Cómo estaban entonces las relaciones entre ambos?
Isabel: Él me decía que yo no hacía nada
para detenerlo. El mayor problema para mí era la casa,
los problemas con los vecinos. Cuando venían visitas teníamos
que hablar en voz baja porque protestaban. A mí siempre
me gusta que me aprecien, no que me ignoren o me insulten. Yo
hacía lo que fuera para no tener problemas. Aunque no me
correspondía porque cada uno por semana tenía que
lavar el baño, siempre lo lavaba yo. Quería hacer
méritos para ser bien vista. Cuando se armaba cualquier
problema me mortificaba y lloraba.
Analista: Cómo llegaron a esa casa?
Benito: Después de casarnos, nos fuimos unos años
a Salta. Ella me dijo que era mejor que trabajara en algo allá
así me olvidaba de mis amistades.
Isabel: Yo me había venido a los 14 años de Salta.
Me fui de casa porque mi padrastro le pegaba mucho a mi mamá.
Él tomaba mucho. Mi mamá me pidió que me
quedara y siempre me quedé con esa culpa de haberla dejado
porque creo que yo era la única que le ponía límites
a mi padrastro.
En Salta Benito solo conseguía changas. Allá encargué
a Oscar. Estuve muy depresiva en el embarazo, no lo quería
porque le tenía miedo al parto.
Analista: Pero era su segundo embarazo. Qué pasó
en el primero?
Isabel: Con mi hija yo no sabía lo que eran dolores de
parto, ahí aprendí. En el embarazo de Oscar tomaba
cosas, todo lo que se pudiera para abortar, lo rechacé.
Cuando volví fuimos a vivir a la casa de mis suegros. Mi
suegra tenía un carácter raro, no me quería
viviendo en la casa de ellos.
Cuando estaba en el hospital y había nacido Oscar me enteré
de esta casa en Pompeya. Después, cuando aparecieron los
problemas en esa casa, yo le contaba a él y me decía
que hiciera como que no escucho.
Analista: Cómo decidieron irse?
Isabel: El patrón de la textil donde trabajaba Benito
nos prestó un departamento.
Benito: Después nos fue prestando otros departamentos,
tres en total. En el último nos pidió que pagáramos
$ 300. - de alquiler.
Isabel: Ahora estamos en un oasis a comparación de donde
estábamos. Después de que me fui de esa casa seguía
soñando que estaba allí......
Oscar: No entiendo de lo que hablan, hablan de cosas viejas.
Yo creía que veníamos para hablar de lo que pasa
ahora.
Analista: Tal vez sirva para entender que es lo que ha pasado
con Oscar desde hace mucho tiempo. No tenía lugar, siempre
hubo algo más importante. Aquí volvió a suceder.
Cuando finalmente logra venir, hablamos como si él no estuviera.
(Golpean la puerta, estamos en el límite del turno) Retomamos
esto en la próxima, el miércoles que viene.
Comentarios:
Benito e Isabel se sientan frente a mí e inician un relato
de "hechos extraños", cuyo único protagonista
es Oscar. Al parecer fue encontrado en un coche robado, describieron
como ocultaba psicofármacos en distintos lugares de la
casa. A veces aparecía de madrugada y alcoholizado. Rompió
vidrios en la casa de una vecina, robó un estéreo
y dinero en un quiosco. Había acordado encontrarse con
ellos antes de la entrevista pero no asistió. "No
acepta límites -dicen-, no cumple con los acuerdos".
Aclaran que, en esta situación, ya ha intervenido la escuela,
los vecinos, la policía, los médicos y hasta los
jueces e insisten en una frase: "este es el último
intento, después, no sé”. El desborde familiar
e institucional los ha empujado hasta esta consulta, tal como
antes los convocaran a pagar los vidrios rotos o a sacarlo de
la comisaría.
La consulta se desarrolla en una institución pública
a la que han sido derivados por el Juez de Menores. Queda claro
que este lugar puede convertirse en una nueva "prótesis"
que sostenga no solamente a unos padres desbordados por la actuación
de un hijo adolescente sino, por sobre todo, la vida de este hijo
ya sentenciado ("este es el último intento",
será también mi último –único-
intento?).
Me convocarán a intervenir una y otra vez, en el transcurso
de estas entrevistas, señalando la "extrañeza"
(al principio, solo mía) de otros acontecimientos familiares.
Esto nos permitió descentrarnos de la conducta manifiesta
de Oscar:
• Benito dormía los sábados y domingos en
casa de su madre para poder jugar al fútbol e ir a bailar,
estando casado.
• Isabel "se llevó" a Benito a su provincia
natal (Salta) para alejarlo de las "malas compañías".
• Temiendo que Benito la abandonara "tomó pastillas"
durante el embarazo de Oscar para abortarlo.
• Al morir su hermana mayor, Isabel estuvo años encerrada
en su habitación y no recuerda nada de sus hijos durante
ese lapso.
La inconsistencia de una relación de alianza se hace perceptible,
con todas sus derivaciones, como consecuencia del trabajo analítico.
La existencia de Oscar estuvo en riesgo, en realidad, desde antes
de su nacimiento. Una relación se historiza por primera
vez, un goce mortífero adquiere su lugar en una trama.
A partir de esta tarea, que se desplegó durante varios
meses, fue posible derivar a Oscar a un tratamiento individual,
mientras la pareja continuó bajo tratamiento a mi cargo.
Este ejemplo clínico no pretende ser paradigmático,
sólo ilustra un modo de trabajo. Debemos cuidarnos del
“lugar común” (muchas veces escuchado) que
establece: “Las familias de adictos son todas iguales”.
Pensarlas de este modo nos llevaría, no casualmente, a
la misma monotonía que implican las adicciones.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
(1) Freud, Sigmund: “Nota sobre el Concepto de Lo Inconciente
en Psicoanálisis”. Obras Completas, Tomo XII, página
277, Amorrortu Editores, Bs. As., 1995
(2) Freud, Sigmund: “La Interpretación de los Sueños”,
Capítulo VI: “El Trabajo del Sueño”,
Obras Completas, Tomo IV, página 285, Edición idem.
(3) Lacan, Jacques: “Función y Campo de la Palabra
y el Lenguaje en Psicoanálisis”, Apartado I: “Palabra
vacía y palabra plena en la realización psicoanalítica
del sujeto”, Escritos 1, página 248, Siglo XX, Buenos
Aires, 1981.
(4) Lacan, Jacques: “Función y Campo de la Palabra
y el Lenguaje en Psicoanálisis”, Apartado II: “Símbolo
y Lenguaje como Estructura y Límite del Campo Psicoanalítico”,
Escritos I, página 263, Edición ídem.
(5) Freud, Sigmund: “Tótem y Tabú”,
Idem edición, Tomo XIII.
(6) Lacan, Jacques: Idem, página 265.
(7) Lacan, Jacques: Idem, página 266.
(8) Lacan, Jacques: Idem, página 266.
(9) Lacan, Jacques: Idem, página 274.
(10) Rojas, María Cristina y Sternbach, Susana: “Entre
Dos Siglos. Una Lectura Psicoanalítica de la Posmodernidad”,
Capítulo 1: “Cultura y Subjetividad: Un Desencuentro
Fundante”, Página 28. Lugar Editorial, Buenos Aires,
1997.
(11) Kasitzky de Bianchi, Graciela: “El Inconciente en la
Teoría Vincular”. Panel en la 15ta. Jornada de la
Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia
de Grupo: “El Inconciente, la transferencia y el método:
lo que permanece y lo que cambia”, Buenos Aires, 23 de Septiembre
de 1999.
(12) Lacan, Jaques: El Sujeto y el Otro (II) La Afánisis.
El Seminario. Libro 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del
Psicoanálisis. Capítulo XVII. Paidos. Buenos Aires,
1992. Páginas 226/7. –
(13) Gilgun, Lidia y Saavedra, Carlos: “La Clínica
Psicoanalítica con pacientes toxicómanos: Entre
la Urgencia, el Desborde y la Exclusión”, Panel en
el II Congreso de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos
Aires, 24 de Septiembre de 1999.