Lidia Clarisa Gilgun - Carlos Alberto Saavedra


CLINICA PSICOANALÍTICA CON PACIENTE TOXICÓMANOS
LIC. CARLOS SAAVEDRA

CONSIDERACIONES PRELIMINARES SOBRE LO INCONCIENTE

En “Nota sobre el Concepto de Lo Inconciente en Psicoanálisis” (1912), Freud define el Inconciente, en sentido sistemático: “Damos el nombre de “el Inconciente” al sistema que se da a conocer por el signo distintivo de ser inconcientes los procesos singulares que lo componen.” (1)
Estos “procesos singulares” o leyes de composición son establecidos por Freud en “La interpretación de los sueños”, “El Chiste y su relación con lo inconciente” y “Psicopatología de la Vida Cotidiana”: Condensación, Desplazamiento, Miramiento por la figurabilidad.
Sirva como ejemplo un fragmento de la introducción al capítulo VI de “La Interpretación de los sueños” (“El trabajo del sueño”): “...se nos plantea una nueva tarea, inexistente para quienes nos precedieron: investigar las relaciones entre el contenido manifiesto y los pensamientos latentes del sueño y pesquisar los procesos por los cuales estos últimos se convirtieron en aquel. El contenido del sueño se nos aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a discernir por vía de la comparación entre el original y su traducción” .(2)
Es a partir de conceptos como estos y de una teoría del significante que Lacan puede postular que el Inconciente es estructurado como un lenguaje, sujeto a sus leyes de composición, tales como metáfora y metonimia. Es el carácter lacunar, inconsistente, del discurso conciente (tal como lo describe Freud en el apartado I de “Lo Inconciente”) lo que permite a Lacan formular esta definición: “El inconciente es aquella parte del discurso concreto en cuanto transindividual que falta a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su discurso conciente”. (3)
El término transindividual se refiere a la anterioridad lógica del Lenguaje. Un elemento cualquiera de una lengua se considera perteneciente al Lenguaje cuando se distingue como tal para todos los usuarios de la misma. “Los efectos particulares de ese elemento del Lenguaje están ligados a la existencia de ese conjunto, anteriormente a su nexo posible con toda experiencia particular del sujeto”. (4)
Pensar lo inconciente de este modo rompe con tres supuestos:
1) Considerar al Inconciente como un “recipiente”.
2) Considerar al Inconciente como un lugar que está “dentro” del aparato psíquico.
3) Considerar al Inconciente como algo concluido, ya hecho e inamovible.

Esta triple ruptura es esencial para poder pensar lo inconciente en el campo de las configuraciones vinculares. 
El primer trabajo sistemático de Freud sobre la regulación cultural de la sexualidad humana es Totem y Tabú. Ya el prólogo establece que: “...el tabú en verdad sigue existiendo entre nosotros: aunque en versión negativa y dirigido a contenidos diferentes, no es otra cosa, por su naturaleza psicológica, que el "imperativo categórico" de Kant, que pretende regir de una manera compulsiva y desautoriza cualquier motivación consciente.” (5)

Lacan, retomando la producción de Levi – Strauss, postula que “La vida de los grupos naturales que constituyen la comunidad está sometida a las reglas de la alianza, ordenando el sentido en que se opera el intercambio de las mujeres y de las prestaciones recíprocas que la alianza determina”(6).
Retomando lo planteado por Freud en la cita anterior, establece que: “La alianza está presidida por un orden preferencial cuya ley, que implica los nombre del parentesco es para el grupo como el lenguaje: imperativa en sus formas, pero inconciente en su estructura”(7) y, más adelante: “La ley primordial es pues la que regulando la alianza, sobrepone el reino de la cultura al reino de la naturaleza, entregado a la ley del apareamiento. La prohibición del incesto no es sino su pivote subjetivo... Esta ley se da a conocer suficientemente como idéntica a un orden de lenguaje”. (8) Y, por último: “ No es acaso sensible que un Levi 
Strauss, sugiriendo la implicación de las estructuras del lenguaje y de esa parte de las leyes que regula la alianza y el parentesco, conquista ya el terreno mismo en el que Freud asienta el Inconciente?”. (9)
Lo Inconciente, de este modo, constituye una condición presubjetiva a la que cada quién advendrá en su singularidad, articulada, a su vez, con la singularidad de las configuraciones vinculares de las que forme parte.
“El infans – sostienen Susana Sternbach y María Cristina Rojas- adviene a un mundo familiar y social en el cual las reglas de parentesco y el Edipo mismo, como estructura presubjetiva, lo anteceden. La constitución subjetiva producida por su inclusión en dicha trama, es, en cambio, un proceso singular, que se historiza. Dicho proceso se liga al atravesamiento de la castración; esta constituye una condición estructural, que habilita al hombre para la subjetivación.” (10)

PARA CONCLUIR

Graciela Kasitzky de Bianchi señala que “Freud establece que la realidad material no es exactamente “el mundo exterior objetivo (real), sino una versión concensuada de este mundo, que subsiste fuera e independientemente de nosotros. Este concenso es posible sólo en función de la articulación que permiten los diferentes niveles de intercambio, (lingüístico, de parentesco y económico)”. Asimismo, indica que: “Se trata entonces de una realidad intersubjetiva, irreductible tanto a los puros hechos como a la pura subjetividad, producto de un sistema de intercambio que organiza, a partir de esa matriz transindividual, las representaciones subjetivas...”; asimismo, coincido con su postulado de que “Nosotros nos embarcamos en las concepciones del inconciente como heterogéneo y complejo, abierto y autorganizado, cuya circulación excede los bordes del aparato psíquico individual.” (11)
Desde este enfoque, sostengo que las relaciones familiares tienen un orden accesible al abordaje psicoanalítico. Las reglas que determinan los intercambios constituyen el orden estructural familiar y, como tal, determinante de los acontecimientos que la familia producirá cotidianamente y cuyo relato se desplegará en las sesiones. Es en las particularidades de ese relato, en sus insistencias, tropiezos y silencios, donde se pondrá de manifiesto un orden de determinación desconocido y exterior a cada uno de sus integrantes y a todos ellos como conjunto. De allí que la escucha del relato familiar podría homologarse con la del relato de un sueño.


Aquí conviene establecer con claridad una articulación entre lo que permanece y lo que cambia. La clínica psicoanalítica en general y la de las adicciones en particular deben tener en cuenta estos presupuestos, que definen sus condiciones de posibilidad:
• Permanece el lenguaje y la interdicción del incesto.
• Cambian los usos del lenguaje, el habla, de modo tal que la comunidad termina concensuando nuevo usos e, inclusive, nuevos términos que se van incluyendo en el código mismo.
• Cambian los modos en que la interdicción del incesto opera en diferentes culturas y en diferentes épocas. Si los nombres del parentesco distinguen lo permitido y lo prohibido, hoy hay parentescos “sin nombre”, tales como “la hija de la esposa de mi padre” (es mi hermana?) que no definen imperativamente una prohibición. Las nuevas organizaciones familiares cargan con la tarea de definir las reglas en cada caso.

Todo esto supone que la constitución de la subjetividad, de la pareja o de la familia no escapan a las determinaciones de la época. Esta no es una cuestión secundaria, es un dato central en el orden de las determinaciones.

LAS ADICCIONES

Considero a las adicciones como el ejemplo paradigmático de los “nuevos malestares de la cultura”. Sin la instauración de una lógica macrocontextual de consumo como lazo social predominante sería imposible conceptualizar sus particularidades, dado que “drogas hubo siempre” pero no siempre hubo “adictos” como modo de subjetividad socialmente instituido. 
En cuanto a la “construcción” de esta subjetividad, podemos considerar que el tóxico viene a jugar una función de prótesis allí donde esta constitución ha fracasado. El fracaso de la Madre, en tanto Otro, ya que aparece "sin falta" allí donde deberían aparecer los intervalos en los que se constituye el sujeto. En Psicoanálisis la noción de cuerpo está ligada al significante, en tanto aquello que "muerde" a un organismo y lo transforma en cuerpo. El efecto de la marca, dice Lacan (12), es de despedazamiento de ese organismo, este efecto no porta sólo una faz sufriente para el humano sino que, por él, por efecto del lenguaje, tenemos órganos. En tanto marcados por el lenguaje podemos decir "se me rompe el corazón". El cuerpo se presenta a recibir su marca, es "esperado" por el lenguaje. Si esta operación es fallida, el cuerpo del hijo no puede advenir como unidad distinguible. Será tal como una "cicatriz", una marca para el cuerpo materno. Goce y cuerpo quedan indisolublemente enlazados si no opera el significante. Esta conjunción mortífera es ineludible condición de posibilidad para la instauración de las Adicciones.
Sentando posición sobre este problema, es central establecer que considero a las adicciones como un modo de goce, en tanto que objeto y cuerpo se unen por fuera del significante. Este modo de gozar suprime las particularidades. El uno por uno de la clínica es a construir en la clínica misma. Coincido en este punto con quienes consideran que la dirección de la cura, en estos casos, es de la monotonía a la diversidad.
Las adicciones no constituyen una estructura clínica ni un síntoma en el sentido freudiano, no suponen compromiso sino ruptura, ruptura con el goce fálico, que supone la castración y el fantasma.
El adicto no es un consumidor funcional al mercado, por eso de él se ocupa el Estado y se promulgan leyes específicas que imponen su tratamiento. El mercado requiere de consumidores siempre insatisfechos que se deslicen por un universo infinito de objetos que renueven la promesa de satisfacción. El adicto se satisface con su objeto y permanece ligado a él hasta la muerte si su posición no vacila.
Una particularidad de esta clínica es que quiénes demandan nuestra intervención suelen ser “terceros incluidos”: la familia, la pareja, la escuela, el sistema jurídico. Muchas veces debemos escuchar a otros antes, y, a veces, paralelamente o en lugar del adicto.

Un ejemplo clínico, a partir de un caso presentado por la Lic. Lidia Gilgun (integrante entonces del Departamento de Drogadependencia del Municipio de Morón) y a quién agradezco la posibilidad de incluirlo en esta presentación:

Daniel tiene 18 años, fue encontrado por su padre como él dice “dado vuelta”. “No sé que me pasó, pero era como que tenía que tocar fondo y toqué. Fue desesperante yo no podía moverme y mi viejo no podía gritar”. 
El papá de Daniel tiene cáncer de laringe y ha sufrido varias intervenciones quirúrgicas.
Daniel viene acompañado por una señora, vecina y amiga. “Yo no quiero fallarle, ella me escucha como una madre y no quiero fallar”.
Al poco tiempo esta amiga, vecina, madre, comienza a mostrarse persecutoria. 
“Yo no sé que le importa a ella donde estoy. Escucho la motoneta y aparece en cualquier lado, espiándome. Le dije que si mis amigos se drogan no tiene nada que ver, yo no voy a dejarlos”.
Su madre es también para él una amiga, con la que se puede hablar de todo. Dice Daniel: “Yo siempre la acompaño a todos los lugares, estoy con ella siempre que quiere. Soy su novio, así me llama ella”. De su padre, dice que “hace tiempo que no funciona pero que su madre lo cuida y lo quiere como a un hijo”. Es la madre quien trabaja atendiendo y cuidando a personas enfermas. 
Daniel había tenido la primer entrevista, a partir de la cual me es derivado, con un psicólogo, compañero de equipo. Llama la atención su forma de hablar. Pasa de un profesional a otro y parece hablar con el mismo.
En la tercera entrevista Daniel dice que su madre quiere hablar con Gabriel (el analista que lo entrevista primero) acerca de su tratamiento.
Hablar con Gabriel, que no es su analista, de su tratamiento? De qué hablaría Gabriel ya que no es su analista?

CLINICA DE LAS ADICCIONES: NECESIDAD ESTRUCTURAL DE ARTICULAR EL TRATAMIENTO INDIVIDUAL Y FAMILIAR.

Me interesa considerar, en este punto, la cuestión familiar en dos sentidos:
1) El lugar de la familia en la constitución de lo que podríamos denominar “subjetividad adictiva”.
2) La necesidad estructural del abordaje familiar en la clínica con pacientes adictos.

En la clínica de las adicciones inevitablemente nos encontramos con familias en las que la función instituyente se ha fracturado, dejando al sujeto a expensas de un goce mortífero. El tratamiento familiar no es aquí un abordaje "complementario", sino una parte central de la estrategia terapéutica.
En estos casos, suele no ser posible "discriminar" al "paciente". Las discriminaciones no están inscriptas desde el principio, son efecto de un trabajo. Este trabajo puede ser el acto que un analista deba realizar para la instauración del tiempo de tratamiento. 
Cuando lo que instituye a un sujeto falla, cuando las condiciones de un orden familiar no producen un espacio para la instauración de un campo de la subjetividad, intervienen las. La inclusión del adicto en la estructura institucional es vehiculizada por un nombre, drogadicto, con el que él mismo se designa. Es allí donde la particularidad de un sujeto se desvanece. 
Entonces, sin estructura familiar que circunscriba, por su orden, un espacio, en tanto que lo que se espera de un padre es la fundación de una familia, no habría un lugar claro para la constitución subjetiva. Es la estructura familiar la que abre el espacio para la entrada del “infans” a la relación con un Otro primordial, su madre.

Volviendo al ejemplo clínico, del lado de Daniel, un hijo que "toca fondo" y un padre cancerososo al borde de la muerte, se ordena el motivo manifiesto de consulta. 
Lo determinante aparece después, en el material de las entrevistas. Son los ejes que ordenan una estructura mortífera. En ella la única "ley" que opera es la de la igualdad, que determina que un hijo puede ser novio, un padre puede ser como un hijo, una amiga como una madre y viceversa.
Cuando Daniel habla con el mismo, esta "ley" vuelve a cumplirse. Pero esta vez algo queda al descubierto
“Mi madre quiere hablar con Gabriel de mi tratamiento”
El complemento produce confusión pero la “resolución del caso” se encarga en despejarla.
Su madre quiere hablar con Gabriel y una nueva sustitución ha operado, sustitución que deja por primera vez a Daniel como término libre, siempre y cuando quiebre el equilibrio de las igualdades eludiendo la oferta:
"un tratamiento = a otro tratamiento"
Es a partir de aquí que puede ir a buscar algo mas allá: Un trabajo, la hija de un Juez, con la que inicia un noviazgo, tal vez otra ley que se oponga a la igualdad mortífera encontrada también con el tóxico.

Nuestro modo de abordaje es una propuesta válida en tanto apunta a la construcción y reconstrucción de un dispositivo de sostén que permita el despliegue de una subjetividad obturada por la captura de un consumo "cristalizado". 
Retomando las propuestas centrales de un trabajo anterior (13), realizado conjuntamente con la Lic. Lidia Gilgun, planteo como ejes centrales del abordaje psicoanalítico en en las adicciones:
• El tiempo en que se despliega esta intervención transcurre entre la urgencia, el desborde y la exclusión: La urgencia es el modo de presentación. Aquello que se demanda ya!. El desborde es la forma que toma el primer tiempo de la urgencia, donde no parece haber dispositivo institucional idoneo para acotar la situación. La exclusión es el dispositivo de control social que hace concluir el tiempo de la urgencia apurada por el desborde.
• La familia “se revela” en el espacio y en el tiempo del tratamiento individual. De allí que sea necesario instalar los espacios que hagan posible el sostén y las discriminaciones. 
• De esto se deduce la necesidad lógica de articular el tratamiento individual y el familiar.

EL CAMPO DE LAS ADICCIONES

El campo de las adicciones tiene como particularidad, ya mencionada, que leyes, instituciones, jueces, escuelas, padres, sean demandantes de nuestra intervención.
Otro punto a considerar en esta temática es su referencia a la Ley 27.737, que penaliza el consumo y el tráfico de estupefacientes. Ella nos enlaza también a nosotros, los profesionales que intervenimos en su clínica, introduciendo una dificultad ad-hoc, la tensión entre Poder y Disciplina y los efectos del control social.
Es necesario tener en cuenta estas cuestiones de la "normatividad" como una particularidad de esta clínica.
Diferentes personajes, tales como los leprosos, los locos y, ahora, los adictos ocupan ese lugar, marcado por la exclusión en sus diferentes tiempos sociales y el orden institucional, que excluye la diferencia y lo que "no anda”. El modo de excluir es doble: Es excluido por su goce y excluido en su nombre (adicto).
Al delincuente se lo excluye en la cárcel y se lo nombra preso. Al consumidor se lo excluye en la cárcel o en el hospital y se lo nombra adicto. Este lugar es lábil y, por efecto del desborde, se desliza hacia el lugar del loco. De no operar con él y su familia una modificación, suelen circular por distintos centros de asistencia, hasta que la exclusión lo detiene, de un modo u otro.

Un ejemplo “familiar”:

En una institución pública, asisten a la admisión del equipo de Pareja y familia Benito (40) e Isabel (39).
Según Isabel, “Venimos a consultar por medio de una amiga, que se atiende aquí también con una psicóloga. Antes íbamos a un psicólogo particular (Obra Social). Mi hijo Oscar tiene un problema judicial. Lo encontraron en un coche robado. Estuvo internado en el Tovar García porque tomó pastillas”.
Cuando se les pregunta por la integración de la familia, responde: “Tengo otra hija casada de 21 años y otro hijo de 5, Oscar tiene 15. Con él hay una mala relación familiar, no lo entendemos ni nos entiende. No acepta límites”. Siguiendo la lógica del motivo manifiesto de consulta, se les pregunta por Oscar. Responde Isabel: “A veces, cuando llega a casa yo no sé si fumó o tomó... llega raro, si le reclamo, se enoja. Antes no lo hacía, empezó de golpe y porrazo. Hizo una sobredosis a los 14 años, un gran drama, rompió vidrios. No sé si va a robar o no cuando se va. A veces no vuelve a casa (pasó tres veces). Yo me voy cuando está raro. Él (por Benito) le quiso oler la ropa...”. Benito agrega: “Ahora hay una causa judicial por el tema del auto. Oscar estuvo tres veces internado en el Instituto Roca. Pensar que hace dos años no salía ni a la puerta. Nosotros nos sentimos culpables. Queremos que él esté bien.”

Me son derivados para continuar las entrevistas y decidir el tratamiento.

Transcribo la primera entrevista:

Isabel: Tendríamos que haber sido tres, mi hijo se fue y no quiso venir. Él parecía estar de acuerdo en días anteriores. Ayer vino descompuesto. Cuando parece que está mejor, vuelve a caer. Le encontramos pastillas. La primera vez, a los 14 años se drogó con Artane. Tenía alucinaciones, lo llevamos al hospital Alvarez pero no lo internaron por ser menor. Estuvo un mes de internación completo en el Tovar García.

Analista: Cuándo comenzaron los problemas?

Isabel: Empezó en la secundaria con problemas. Antes jugaba con chicos más chicos (de siete u ocho años). La primera caída en el Roca fue en agosto del año pasado. Fuimos a la comisaría porque parece que, con unos amigos, quiso sacar un estéreo. La segunda vez fue por intento de robo, la tercera vez se peleó con el padre y después rompió los vidrios de una vecina.

Benito: Para sacarlo de la comisaría tuve que pagar, me salió un ojo de la cara. Pagué los vidrios de esa mujer.

Isabel: Esta mujer nos apuró. El portero de me dijo que O. no entró en casa de ella. De todas maneras, hace tiempo que no hace otra cosa que traer problemas, a veces se va de casa por dos o tres días. Este es el último intento... , después, no sé.

Benito: Cuando uno le habla, por dos o tres días anda bien, pero después vuelve a caer.

Isabel: El se siente muy identificado con The Wall. , un personaje que se droga, termina loco. Me pidió que la vaya a ver. Fuimos y después le dije: “La próxima vez tomá muchas”. Él le pidió a la hermana que saliera para hablar a solas. “No la entendiste”, me dijo. En el cine fuman marihuana.

Benito: Todos saben la película y las canciones y cantan y gritan, sobre todo en algunas escenas (las de la escuela, el profesor, el tema principal).

Analista: Maneja dinero?

Isabel: Le damos para que salga, tenemos miedo de que busque el dinero por allí...

Benito: A veces lo voy a buscar a la escuela, lo acompaño a los videos.

Analista: Cómo era su relación antes con él?

Benito: A veces violenta. (titubea)... faltó comunicación, peleábamos por el fútbol.

Isabel: Se orinó hasta los 13 años, debería haber tenido en cuenta que, tal vez, tuviera problemas emocionales. El problema de él empezó antes, cuando estaba en 5to. grado se desnudaba en la cama y me decía: “Echame talquito”.

Analista: Que más recuerda de esa época?

Isabel: Nació la hermana. La maestra le decía a los compañeros: “con este no se junten, este va a ser diariero y ustedes van a estar en una oficina”.

Analista: Usted (a Isabel) decía que se orinó hasta los 13 años...

Isabel: Volvió a orinarse a los 5 años, al empezar el preescolar, controló desde el año y medio hasta los cinco.

Analista: Hubo mudanzas o cambios en esa época?

Isabel: Hasta que tuvo siete años vivimos en un conventillo, con una separada y un matrimonio mayor, al fondo. Nos hacían problemas con la luz, que la teníamos prendida hasta muy tarde. Cuando los retaban a los chicos, yo no los defendía. Cuando O tenía seis años lo puse en los scouts. Empezó a viajar a los seis años por todo el país. Cuando tenía dos años, falleció una hermana mía de 35 años por un tumor cerebral. Fui a su casa, al norte por 30 días. Volví muy depresiva. Hasta que nos mudamos estuve mal, tenía temor a la muerte. Hay una parte de la infancia de mis hijos que no recuerdo mucho.

Benito: O decía que el único que lo quería era mi papá, que murió cuando él iba a cumplir cinco años.

Analista: Aproximadamente el tiempo en que empezó a orinarse nuevamente y comenzó el preescolar.

Isabel: Eso..., así no lo habíamos pensado.....

Analista: Dejamos por hoy. Los espero el miércoles próximo a la misma hora.

A la segunda entrevista asisten Isabel, Benito y Oscar

Analista: Cómo acordaron para venir los tres?

Benito: Él (por Oscar) dijo que llegó a casa y ya no estábamos así que se vino para aquí y nos encontramos. Llegamos tarde por un problema de tránsito y él (Oscar)casi se va.

Analista: (a Oscar) Querías venir.....

Oscar: Si.

Analista: Podríamos continuar con lo que estaban contando el miércoles pasado (intervención a través de la cual, capturado por el relato familiar, reitero la situación de excluir a Oscar).

Benito: En esa época yo no estaba mucho en casa, los sábados y domingos jugaba al fútbol y sábado por medio iba a bailar. Paraba en la casa de mi mamá. A veces, si ellos no querían venir, yo me quedaba a dormir allí.

Analista: Cómo estaban entonces las relaciones entre ambos?

Isabel: Él me decía que yo no hacía nada para detenerlo. El mayor problema para mí era la casa, los problemas con los vecinos. Cuando venían visitas teníamos que hablar en voz baja porque protestaban. A mí siempre me gusta que me aprecien, no que me ignoren o me insulten. Yo hacía lo que fuera para no tener problemas. Aunque no me correspondía porque cada uno por semana tenía que lavar el baño, siempre lo lavaba yo. Quería hacer méritos para ser bien vista. Cuando se armaba cualquier problema me mortificaba y lloraba.

Analista: Cómo llegaron a esa casa?

Benito: Después de casarnos, nos fuimos unos años a Salta. Ella me dijo que era mejor que trabajara en algo allá así me olvidaba de mis amistades.

Isabel: Yo me había venido a los 14 años de Salta. Me fui de casa porque mi padrastro le pegaba mucho a mi mamá. Él tomaba mucho. Mi mamá me pidió que me quedara y siempre me quedé con esa culpa de haberla dejado porque creo que yo era la única que le ponía límites a mi padrastro.
En Salta Benito solo conseguía changas. Allá encargué a Oscar. Estuve muy depresiva en el embarazo, no lo quería porque le tenía miedo al parto.

Analista: Pero era su segundo embarazo. Qué pasó en el primero?

Isabel: Con mi hija yo no sabía lo que eran dolores de parto, ahí aprendí. En el embarazo de Oscar tomaba cosas, todo lo que se pudiera para abortar, lo rechacé. 
Cuando volví fuimos a vivir a la casa de mis suegros. Mi suegra tenía un carácter raro, no me quería viviendo en la casa de ellos.
Cuando estaba en el hospital y había nacido Oscar me enteré de esta casa en Pompeya. Después, cuando aparecieron los problemas en esa casa, yo le contaba a él y me decía que hiciera como que no escucho.

Analista: Cómo decidieron irse?

Isabel: El patrón de la textil donde trabajaba Benito nos prestó un departamento.

Benito: Después nos fue prestando otros departamentos, tres en total. En el último nos pidió que pagáramos $ 300. - de alquiler.

Isabel: Ahora estamos en un oasis a comparación de donde estábamos. Después de que me fui de esa casa seguía soñando que estaba allí......

Oscar: No entiendo de lo que hablan, hablan de cosas viejas. Yo creía que veníamos para hablar de lo que pasa ahora.

Analista: Tal vez sirva para entender que es lo que ha pasado con Oscar desde hace mucho tiempo. No tenía lugar, siempre hubo algo más importante. Aquí volvió a suceder. Cuando finalmente logra venir, hablamos como si él no estuviera.
(Golpean la puerta, estamos en el límite del turno) Retomamos esto en la próxima, el miércoles que viene.

Comentarios:

Benito e Isabel se sientan frente a mí e inician un relato de "hechos extraños", cuyo único protagonista es Oscar. Al parecer fue encontrado en un coche robado, describieron como ocultaba psicofármacos en distintos lugares de la casa. A veces aparecía de madrugada y alcoholizado. Rompió vidrios en la casa de una vecina, robó un estéreo y dinero en un quiosco. Había acordado encontrarse con ellos antes de la entrevista pero no asistió. "No acepta límites -dicen-, no cumple con los acuerdos". Aclaran que, en esta situación, ya ha intervenido la escuela, los vecinos, la policía, los médicos y hasta los jueces e insisten en una frase: "este es el último intento, después, no sé”. El desborde familiar e institucional los ha empujado hasta esta consulta, tal como antes los convocaran a pagar los vidrios rotos o a sacarlo de la comisaría. 
La consulta se desarrolla en una institución pública a la que han sido derivados por el Juez de Menores. Queda claro que este lugar puede convertirse en una nueva "prótesis" que sostenga no solamente a unos padres desbordados por la actuación de un hijo adolescente sino, por sobre todo, la vida de este hijo ya sentenciado ("este es el último intento", será también mi último –único- intento?). 
Me convocarán a intervenir una y otra vez, en el transcurso de estas entrevistas, señalando la "extrañeza" (al principio, solo mía) de otros acontecimientos familiares. Esto nos permitió descentrarnos de la conducta manifiesta de Oscar:
• Benito dormía los sábados y domingos en casa de su madre para poder jugar al fútbol e ir a bailar, estando casado.
• Isabel "se llevó" a Benito a su provincia natal (Salta) para alejarlo de las "malas compañías".
• Temiendo que Benito la abandonara "tomó pastillas" durante el embarazo de Oscar para abortarlo.
• Al morir su hermana mayor, Isabel estuvo años encerrada en su habitación y no recuerda nada de sus hijos durante ese lapso.

La inconsistencia de una relación de alianza se hace perceptible, con todas sus derivaciones, como consecuencia del trabajo analítico. La existencia de Oscar estuvo en riesgo, en realidad, desde antes de su nacimiento. Una relación se historiza por primera vez, un goce mortífero adquiere su lugar en una trama. 
A partir de esta tarea, que se desplegó durante varios meses, fue posible derivar a Oscar a un tratamiento individual, mientras la pareja continuó bajo tratamiento a mi cargo.
Este ejemplo clínico no pretende ser paradigmático, sólo ilustra un modo de trabajo. Debemos cuidarnos del “lugar común” (muchas veces escuchado) que establece: “Las familias de adictos son todas iguales”. Pensarlas de este modo nos llevaría, no casualmente, a la misma monotonía que implican las adicciones.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Freud, Sigmund: “Nota sobre el Concepto de Lo Inconciente en Psicoanálisis”. Obras Completas, Tomo XII, página 277, Amorrortu Editores, Bs. As., 1995
(2) Freud, Sigmund: “La Interpretación de los Sueños”, Capítulo VI: “El Trabajo del Sueño”, Obras Completas, Tomo IV, página 285, Edición idem.
(3) Lacan, Jacques: “Función y Campo de la Palabra y el Lenguaje en Psicoanálisis”, Apartado I: “Palabra vacía y palabra plena en la realización psicoanalítica del sujeto”, Escritos 1, página 248, Siglo XX, Buenos Aires, 1981.
(4) Lacan, Jacques: “Función y Campo de la Palabra y el Lenguaje en Psicoanálisis”, Apartado II: “Símbolo y Lenguaje como Estructura y Límite del Campo Psicoanalítico”, Escritos I, página 263, Edición ídem.
(5) Freud, Sigmund: “Tótem y Tabú”, Idem edición, Tomo XIII.
(6) Lacan, Jacques: Idem, página 265.
(7) Lacan, Jacques: Idem, página 266.
(8) Lacan, Jacques: Idem, página 266.
(9) Lacan, Jacques: Idem, página 274.
(10) Rojas, María Cristina y Sternbach, Susana: “Entre Dos Siglos. Una Lectura Psicoanalítica de la Posmodernidad”, Capítulo 1: “Cultura y Subjetividad: Un Desencuentro Fundante”, Página 28. Lugar Editorial, Buenos Aires, 1997.
(11) Kasitzky de Bianchi, Graciela: “El Inconciente en la Teoría Vincular”. Panel en la 15ta. Jornada de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo: “El Inconciente, la transferencia y el método: lo que permanece y lo que cambia”, Buenos Aires, 23 de Septiembre de 1999.
(12) Lacan, Jaques: El Sujeto y el Otro (II) La Afánisis. El Seminario. Libro 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Capítulo XVII. Paidos. Buenos Aires, 1992. Páginas 226/7. –
(13) Gilgun, Lidia y Saavedra, Carlos: “La Clínica Psicoanalítica con pacientes toxicómanos: Entre la Urgencia, el Desborde y la Exclusión”, Panel en el II Congreso de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 24 de Septiembre de 1999.


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