Julia Resnicoff
Psicoanálisis de niños y adolescentes - Adicciones en la infancia, maltrato y violencia familiar

CUANDO LA PRESENCIA ES UN VACIO

La violencia familiar es quiza uno de los problemas más angustiantes de este fin de milenio. Por otra parte, sabemos que, dentro del seno conyugal esta violencia ubica a los hijos en el papel de participantes indefensos, donde los profesionales intervinientes avasallados por demandas caóticas quedan, en un primer momento paralizados en su capacidad de reflexión inicial.

En nuestras practicas privadas nos hallamos frente a padres con personalidades afectivas inmaduras, inseguros, infantiles como consecuencia de la incapacidad para satisfacer esas necesidades afectivas mínimas y necesarias para un buen desarrollo de su propia historia. Frente a la ruptura, estas parejas violentadas llegan no solo a situaciones de maltrato físico o emocional, sino también a situaciones que dejan al niño en un estado de absoluta desprotección que los expone a situaciones de alto riesgo psíquico. Estos niños aceptan todo en silencio por temor a perder el amor.

La pareja parental se convierte en cómplice del maltrato, el niño acepta el maltrato y/o sadismo de sus padres ejercido de diferente forma: 1. -No reconociendo el valor del niño y sus reclamos
2. - aislandolos de experiencias sociales acordes con su edad y/o empujándolo a socializarse con profundas limitaciones y barreras impuestas por ellos.

El niño crece así con una cólera intensa, no va a permitirse jamás el sentimiento de impotencia que siente, como mudo testigo ante tanta acción violenta. Rechaza toda expresión de pensamientos y sentimientos interiores, evita el conflicto pues no lo puede manejar. Evita escuchar criticas constructivas y son intolerantes con los sentimientos de los demas. Se sienten frustrados, desconfiados, miedosos. Confundidos, intentan intervenir en episodios de violencia y muchas veces se dañan a sí mismo. El varón puede aprender a ser violento con su madre cuando es más grande y fuerte que ella. Las niñas suelen sentir mucho enojo por no haber sido protegidas. Algunos se transforman en niños-padres, asumiendo la responsabilidad de sus progenitores. Otros abandonan el hogar para ponerse a salvo de este.- Ya adultos desconfían de los otros y temen a la intimidad. Sufren un debilitamiento gradual de sus defensas psíquicas y psicológicas que se traducen en problemas de salud, indiferencia, aislamiento respecto del mundo externo, junto con actitudes sumamente alertas y a la defensiva de posibles ataques.

Quienes presentamos esta ponencia, sabemos que no es posible el abordaje de este tipo de situaciones sino a través de un equipo interdisciplinario con características y condiciones precisas, ya que el problema acuciante, se produce dentro del grupo familiar y, las innumerables situaciones criticas deben ser previstas por los profesionales intervinientes en el caso a partir de las distintas disciplinas involucradas.
Conocer los motivos de reacción habitual de los familiares y de las victimas, favorece nuestra intervención para organizar las crisis sin desorganizarnos, ni desesperarnos ante la intensidad de las fuerzas desatadas dentro del grupo familiar.

El abordaje legal resulta indispensable para dar un corte a situaciones manifiestas: denuncias, medidas precautorias, medidas de protección, etc.-
Simultáneamente debe trabajarse el problema subyacente. Este trabajo en particular requiere de una gran apertura para poder comprender y a partir de esa comprensión intentar modificar la compleja trama vincular, verdadera raíz del conflicto.

Es aquí donde surge el primer gran desafió. L a comprensión no es posible sino desaparecen las categorías legales, superando los términos de “culpable-inocente”, “victima-victimario”.

Los miembros del equipo debemos alejarnos interiormente de las alternativas de las causas judiciales. Para poder encontrar a las “personas”. Y en este ámbito “el violento”, “la victima” dejan estos roles para pasar a ser seres humanos y como tales comprendidos en sus motivaciones, necesidades y posibilidades mas allá de las emociones y prejuicios profesionales. No resulta fácil no tomar partido, mantener la serenidad ante actitudes o conductas aberrantes, acotarlas sin condenar, operar manteniendo viva la confianza en que esos seres humanos podrán, en algún momento, vivir de otra manera.

Por eso decimos que este equipo requiere de un alto grado de flexibilidad para poder incorporar otros métodos de trabajo, asimilar ideas diferentes no solo de los profesionales del equipo sino también de otros profesionales, escuelas, métodos, teorías, etc.-

En el equipo ideal, no cuentan las susceptibilidades. Es indispensable un continuo control para poder prevenir, detener a tiempo un acting-out. El chequeo mutuo, el disenso, la discusión, son las herramientas infaltables para construir una estrategia sujeta a una continua evaluación pues, estas parejas manejan un discurso seductor donde los profesionales, al igual que los niños, pueden quedar atrapados. La ínter disciplina no supone solo, las diferentes disciplinas sino la posibilidad de unificar criterios para encontrar un lenguaje que una y así poder ordenar a estos grupos familiares tan caóticos, donde las diferencias comúnmente se han borrado.

La intervención del equipo interdisciplinario debe darse con el consentimiento y aprobación de los miembros de la familia en conflicto. Ellos deben saber y aceptar que el secreto quedara erradicado durante el tratamiento, pues se intercambiaran las distintas informaciones entre los profesionales intervinientes, como así también todas las ínter consultas inherentes al caso, haciéndoles ver que lo judicial incide en lo psíquico y viceversa.

Suele ocurrir que los letrados de la otra parte, ajenos al equipo, acepten la propuesta de incorporarse a esta tarea conjunta. La tradicional estructura de enfrentamiento: parte actora – parte demandada, cede ante la real intención de encontrar una solución para estos grupos familiares arrasados psíquicamente.




Presentaremos un caso a modo de ejemplo

A tiene 6 años, es llevado a la consulta bajo sospecha de haber sido abusado por su padre. Esta sospecha se basa en una producción grafica del psicodiagnostico y también porque A se niega a ver a su padre.
La pareja parental se separo cuando el niño tenia 6 meses, desde ese momento inician un proceso judicial sobre régimen de visitas.

En esta situación observamos:

1.- Los padres utilizan al niño en función de su necesidad personal
2.- La madre prohíbe al padre ver al niño y este en represalia deja de abonar la cuota alimentaría.
3.- Existe entre ambos una situación de agresión continua, de la que participan los diferentes letrados intervinientes que se embanderan con sus defendidos sin la menor consideración y objetividad que el caso requiere.
4.- Resulta evidente el desacato por parte de los padres hacia las decisiones judiciales.(la madre nunca asistió a las entrevistas ordenadas por el juez para la realización de la pericia siquiátrica) Nunca pudo concretarse el informe ambiental en el domicilio del niño.El padre nunca cumple con los días y horarios de visita fijados judicialmente.
5.- Es claro el manejo que los padres hacen del proceso según sus propios intereses ocasionales ( testigos que nunca son citados, acusaciones que no se comprueban, etc.)
6.- Luego de una sucesión de ataques mutuos el expediente queda sin movimiento durante meses, hasta la próxima pelea.
7.- Es sistemático que esta por producirse algún cambio en él vinculo, los padres cambian de profesionales, con lo cual todo vuelve a foja cero.


Al niño se lo ve retraído, metido prácticamente en el cuerpo de la madre de la cual no se puede desprender. Esto genera en la misma placer y refuerza su discurso, solo se habla de la violencia paterna sobre ellos dos.
De lo que no se habla es que A duerme con la madre en la misma cama, que no tiene prácticamente amigos y que tiene poco contacto con la familia ampliada.
En el jardín de infantes siempre se lo ve como un niño silencioso y solitario.

Se indica entrevistas de orientación con el padre y con la madre, con diferentes terapeutas. Terapia para A para que pueda aparecer su propio pensar y sus deseos. De otro modo el equipo no tomara el caso.

La constante comunicación e ínter consulta entre los profesionales intervinientes tanto en lo legal como en lo psicológico, donde se integra a los padres permite suspender en forma transitoria el proceso legal para facilitar el restablecimiento del vinculo entre los padres y el niño.

En esta instancia y con instrucciones establecidas, claras y precisas, se pautan reuniones conjuntas entre abogado, terapeutas y los padres. 
A la fecha, el régimen de visitas que había sido interrumpido totalmente por la madre durante casi un año ha sido reestablecido y las transgresiones en gran medida acotadas, deteniendo el litigio judicial que al tomar el caso, llevaba cuatro años. Al bajar el nivel de maltrato la madre puede comenzar a reflexionar acerca de sí misma (su propia historia), permitiendo así el despegue y crecimiento (interior) de su hijo.

La violencia familiar despierta siempre actitudes defensivas y desconfiadas pues señala puntos de ruptura que no pueden verse por la alta valoración que se tiene del concepto “familia como pilar del grupo social”.

El primer obstáculo a vencer es la idea que la familia conforma un ámbito privado e intocable, cuando lo cierto es que allí ocurren mucho mas a menudo de lo que se quiere ver, innumerables situaciones de maltrato, abandono, abuso sexual y emocional, lesiones leves y graves que no pocas veces llevan a la muerte, y todo esto transcurre en una sociedad que calla y no interviene por respeto a la intimidad de ese grupo familiar. No obstante el rechazo que provoca el mirar y abordar estas situaciones, probablemente ante la evidencia de la magnitud de este problema social, la comunidad comenzó a tomar recaudos legislativos, pero estos resultan insuficientes.
El aparato judicial maneja procesos que transcurren por carriles propios, donde se cumple paso a paso con lo que el ordenamiento establece pero perdiendo de vista que la razón de ser, por excelencia de esta estructura, de este proceso, es el niño, testigo y victima del fuego cruzado entre los padres.

Frecuentemente nos encontramos con expedientes que llevan varios años de tramitación, cientos de fojas, dictámenes, planteos y resoluciones en los que el menor es poco menos que un dato contingente y sin importancia. Los padres luchan entre ellos invocando su interés por la “salud psíquica y física del niño”, pero lo cierto es que a este muy pocas veces se lo escucha y a menudo no se lo conoce y nadie controla la implicancia que esta situación de eterna batalla tiene sobre él.

Ante esta situación la estructura judicial, muchas veces queda atrapada, transformándose así en una herramienta mas de la violencia cruzada. No queda más remedio que dar la razón a uno o a otro, no hay posibilidad de pasar por alto los plazos legales, pero en esta trama de formas procésales muchas veces se diluye y desatiende el miedo, el dolor y en suma la desprotección de ese niño.
Si no se asume que la violencia no solo queda circunscripta al ámbito familiar sino que atraviesa puertas y ventanas, escala los más altos muros y contamina otras áreas de la sociedad, el daño se expande en círculos cada vez más grandes.

La felicidad y el bienestar del niño no son nunca efecto de la casualidad, es una producción humana, nunca puramente individual, ni siquiera únicamente familiar, sino el resultado del esfuerzo de la sociedad en su conjunto. Ha llegado la hora de que nuestras sociedades acepten que detrás de cada niño, adolescente, delincuente, drogadicto, prostituido, hay una historia de poder y violencia.
Aceptar esta realidad podrá conducirnos hacia nuevas posibilidades de prevención de estos fenómenos tan trágicos.

Autoras:Lic. Liliana Milshtnein, Lic. Julia Resnicoff, Dra. Silvia Ugarte 

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