JUVENTUD, DIVINO TESORO
INTRODUCCIÓN
Quien preguntase a un hombre bueno
-¿Por qué amas a D’os?
Recibiría como respuesta
- No lo sé..!(Eckhart 1927)
Hay preguntas que no tienen respuesta desde la lógica
científica.
Hay preguntas que no pueden responderse ya que toda respuesta
peca de falsa.
El ser humano tiene palabras para hacerse entender, tiene conceptos
desarrollados por la cultura milenaria que ha ido incorporando
y transmitiendo de generación en generación hasta
nuestros días y tiene una manera de proceder que la sociedad
en la que vive le condiciona para aceptarlo como miembro de la
misma. El ser humano es gregario, necesita del grupo social, de
su tejido comunitario, de su intercambio con el otro que se transforma
en espejo de sí mismo y por lo tanto intenta que se le
reconozca como igual, con espíritu fraterno sin discriminación,
sin mutilaciones.
Dice Malebranche:
“Entre todas las ciencias humanas la del hombre es la más
digna de él y sin embargo, no es tal ciencia entre todas
las que cultivamos ni la más cuidada, ni la más
desarrollada” .
El ser humano dispone de una mente dividida. En ella sus estados
de conciencia lo llevan a entender que existe un espacio y un
tiempo en el que se halla inmerso. En ese mundo regulado por estos
parámetros (espacio/tiempo) sus sentimientos ocupan buena
parte de su vida. Es en ese aspecto que la construcción
de su interioridad por “el amor” , a la vida, a la
independencia, a la superación del narcisismo, constituyen
lo que se ha dado en llamar el “síndrome del crecimiento”.
Los adolescentes todos, en mayor o menor medida, atraviesan por
esta etapa en la que este síndrome se pone de manifiesto
invadiendo todo su ser y su acontecer.
Quienes los rodean, adultos, padres, maestros, tutores, representantes
políticos, sociales, comunitarios, han sobrepasado ese
síndrome y generalmente no guardan de manera clara y consciente
buena memoria sobre su propio desarrollo, el sufrimiento padecido
y las crisis juveniles que lo provocaron. Esa permanente sensación
de vacío, dolor interior que ningún efecto exterior
lograba apaciguar. La memoria selectiva resguarda al adulto de
esos recuerdos dolorosos, de esas frustraciones constantes ante
la incomprensión y el desmoronamiento de los sueños
plasmados durante su niñez permitiéndole abocarse
a un nuevo proceso existencial signado por la angustia de la lucha
cotidiana por la supervivencia económica, los juegos del
poder político, su lucha contra su propio descreimiento
del mundo y sus valores. Este estado “síndrome de
decadencia” es tal que en él predominan la presencia
real de la muerte, la simbiosis incestuosa y el narcisismo maligno.
Nos encontramos pues con etapas de la vida marcadas por sendos
estados diferentes frente a su resolución y a la vez enfrentados
en muchos aspectos de su comunión de acción ya que
los unos (los jóvenes) se encuentran bajo la tutela, dirección
y mantenimiento de los otros (los adultos).
Dada esta situación conflictiva, lo más probable
es que la comunicación sea muy deficiente entre ambos.
Eso significa que el joven, individuo en formación carezca
del apoyo del adulto a cargo, individuo formado y en posición
social, comunitaria o académica de superior, como figura
“magister” que le permita construir su entidad de
la mejor manera.
La palabra “magister”, tomada del Latín culto,
traducida al español significa Maestro o Jefe. Creemos
que el adulto en relación con jóvenes debe asumir
el rol de “Magistri” (Director) y aún más
específicamente el de “Magis” (El que más)
aplicando esta calificación al hecho de que el adulto es
el que más ha vivido, logrando la mayor grandeza moral
y ética sin caer en la rigidez, el que es más justo
sin perder la misericordia en su aplicación de la justicia,
el que más se acerca al arte de vivir, el que más
se aparta del servilismos entendiendo que la búsqueda y
afianzamiento de la libertad tiene que ser su mejor paradigma,
el que ha tenido la oportunidad de experimentar sobre sí
el síndrome de crecimiento y que debe ser el que más
esfuerzo haga para encontrar la vía de comunicación
que le permita establecer vínculos de amor constructivo
y desarrollar así su función formado.
DESARROLLO
El ser humano biológicamente inmaduro y desamparado depende
de otro u otros para satisfacer sus necesidades básicas.
En un primer momento esta dependencia se establece sobre los padres
y la familia como núcleo, luego ese rol lo asumen o complementan
los grupos sociales y educativos. Desde el principio en este vínculo
cada integrante de esta relación pone en ella su propia
historia y mundo interno, factores estos que producen un constante
intercambio de acciones generadoras de procesos nuevos.
Las expectativas son irreales o no satisfechas el ser humano dependiente
por temor a la pérdida del amor de aquellos de quien depende,
tiende a someterse y a aceptar situaciones abusivas que hacen
que no llegue a tener pensamiento propio, fortaleza suficiente
para enfrentar los desafíos que la sociedad le presenta
y otras motivaciones debidas a que se siente generalmente solo
y vacío.
Se encuentra en algunos casos jóvenes complacientes que
excluyen toda duda y conflicto en lugar de sujetos autónomos
con “aparatos de pensar” propios.
La carencia afectiva o una estimulación desmedida por parte
de quienes tienen la función de soporte, guía o
imagen de adulto normal, dejan desprotegido al joven impidiéndole
autonomía, individualidad y el surgimiento de su pensamiento
singular que es el que le permitirá desarrollar su libre
albedrío, con la implicancia que para la vida personal,
social y comunitaria este representa. Las palabras y las acciones
desafectivizadas del adulto funcionan como descarga y no con fines
comunicacionales.
La educación es el motor de esta situación y tiene
en todo momento que ofrecer palabras que se expresen con afecto,
que sirvan de vínculo, pues las palabras usadas sólo
como repetición no producen el efecto buscado.
El adulto se encuentra con el joven resolviendo enigmas, leyendo
en su sufrimiento y en su silencio, leyendo con él lo que
es omisión y negación frente a lo acontecido o aprendido.
El lugar del educador (padres, amigos, maestros, líderes
comunitarios) funciona como apoyatura para reencadenar lo que
no ha sido semantizado favoreciendo la emergencia de los huecos
en la significación.
A través de la palabra ordenadora se construyen significados
donde antes había respuestas desorganizadas.
Se amplía la perspectiva de su proyección como sujeto,
encontrando en su interior los significados que contribuirán
a la formación de su yo adulto.
También es importante establecer un espacio de falta, de
no acceso, para poder instalar un orden deseante que nos permita
transitar el acceso al significado.
Esto nos sirve de introducción al problema que se plantea
entre los adultos (padres, maestros, tutores) y los jóvenes,
reacios a recibir las enseñanzas, los discursos, las propuestas
de aquéllos.
Aquellos adultos que conviven y participan junto a jóvenes
de este tiempo se encuentran perdidos por desconocer los caminos
que le permitan llegar a una comprensión lógica
y sensitiva de la problemática en la que se encuentran
inmersos los jóvenes. Los medios masivos de comunicación
y las nuevas tecnologías invaden el panorama visual y auditivo
de la juventud dejando muy poco espacio para que esta relación
adulto-joven se establezca y es necesario que los adultos abocados
a esta tarea y en esto debemos sobre todo incluir a los padres
de familia, se instruyan en esta nueva metodología del
lenguaje mediático para producir sus propios cambios de
lenguaje.
La no - comprensión de los motivos que dan origen a muchos
de los conflictos que se presentan entre jóvenes y adultos
por parte de estos últimos trae como consecuencia que no
se ejerzan muchas de las funciones que el adulto debe realizar
para beneficiar a esos jóvenes y consecuentemente para
bien de la sociedad toda.
La adolescencia se caracteriza por la obligada entrada del niño
al mundo de los adultos, que implica la elaboración de
tres duelos:
1) por el cuerpo infantil,
2) por la identidad y rol infantil,
3) por los padres de la infancia.
Es un periodo de proceso y desarrollo.
Anna Freud dice :
“...es muy difícil señalar los límites
entre lo patológico y lo normal en esta etapa pero que
sí sería anormal que el proceso adolescente transcurriera
en un equilibrio estable”.
M. Knobel llama “síndrome normal de la adolescencia
“ a este conjunto de características conformado por
desequilibrios e inestabilidad extrema.
A los duelos por el cuerpo, la identidad y los padres infantiles,
se agrega el duelo por la bisexualidad infantil perdida, pues
en la primera infancia la actividad masturbatoria tiene finalidad
de exploración y de preparación para la genitalidad.
En ésta, el niño y la niña “reconstruyen
con una parte del cuerpo el sexo que no tienen.”
Es primero una experiencia lúdica con fantasías
edípicas. Esto se modifica en la adolescencia pues ya se
está maduro para la genitalidad.
Generalmente esta etapa es tan perturbadora para el adolescente
como para sus padres y los adultos en general, pues éstos
se conmueven y se angustian con las fluctuaciones del adolescente,
porque despierta en ellos ansiedades básicas que ya habían
podido controlar y olvidar.
La patología es siempre producto del conflicto del individuo
con la realidad externa.
Una realidad frustrante afecta profundamente al individuo que
está en la adolescencia / etapa de crisis.
El medio externo puede ayudar pues a que estos años transcurran
con cierta serenidad.
El adolescente oscila entre una dependencia y una independencia
extremas, mostrándose contradictorio, ambivalente, dolorido
y en frecuentes fricciones con el medio familiar y social.
La nueva identidad adolescente surge cuando acepta simultáneamente
sus aspectos de niño y de adulto. Sufre fluctuaciones de
identidad influido por distintas personas, grupos de pertenencia
o momentos especiales, sobre todo aquéllos manifestados
como conflicto, fenómenos que se detectan por cambio de
tipo expresado por su nueva vestimenta, su desaliño, su
encierro solitario, su promiscuidad.
A veces los padres disimulan el rechazo por la genitalidad y libre
expresión de la personalidad de su hijo adolescente dándole
una excesiva libertad que en realidad encubre al abandono, desprotegiéndolo
y de alguna manera incitándolo a agudizar sus conductas
asociales. Como defensa el joven asume una independencia total
aparente y un precoz rol genital cuando aún necesita de
la dependencia.
Para que el adolescente pueda elaborar sus duelos necesita los
ensayos de pérdida y recuperación de ambas edades:
la infantil y la adulta. Para que este proceso se dé sin
fracturas irrecuperables es necesario que el mismo sea acompañado
por la presencia del adulto que establezca límites sanos,
aplicables, razonables y de un alto contenido ético.
Su nueva relación con el mundo o su deseo de cambiarlo
precisan de una ideología y un sistema de valores que se
plasmarán cuando la madurez afectiva e intelectual acompañe
a su madurez biológica. Mientras tanto se presenta con
multiplicidad de identificaciones y con dificultades para resolver
su identidad sexual. Sentirse adulto lo separa del antiguo rol
que ocupaba en la familia, en la escuela, en los grupos sociales
en los que está inmerso provocando procesos de transformación
y/o revolución de difícil contención.
También los padres y maestros o tutores necesitan elaborar
los duelos por los jóvenes, desprenderse de ellos, aceptar
el devenir del tiempo, el envejecimiento y la muerte de su propia
imagen de “héroe” que no debe transformase
en imagen de compañero de aventuras sino en imagen de adulto
coherente, demostrativo de sus problemas como ser íntegro.
Dejan de ser ídolos, empiezan a ser criticados, en una
relación llena de ambivalencia.
Si pueden identificarse con la creatividad del joven, ellos mismos
recuperarán ese fuego vibrante que emerge de esos adolescentes
reencontrándose con esa fuerza vital y esa alegría
contagiosa que distingue esta etapa de la vida, enriqueciéndola
con ese aire renovado que se vive desde una comprensión
más amplia. Se presentarán ante el joven como un
ser adulto que ha podido establecerse en la vida, buscar su destino,
ser apto para elegir entre el bien y el mal que permanentemente
se presentan como instancias adecuando su proceder al bien. Ejercer
su libertad, corregir sus defectos, arrepentirse de sus equivocaciones,
desde la sincera expresión de quien se manifiesta en cada
acto de su vida plenamente con lo mejor de su saber y entender.
La independencia y la madurez del joven dependen del modo en que
se le enseñe el uso e importancia de su libertad, el camino
para lograrla y afianzarla como forma de vida. La vida del adulto
debe servir de ejemplo.
Es necesario comprender que el adolescente se defiende de la depresión
que le provoca el perder sus partes infantiles a través
de una actitud de desprecio por el adulto. Emite así juicios
de valor, que al desidealizar a sus mayores lo hacen sentirse
desamparado. Este proceso lo lleva muchas veces al reemplazo de
las perdidas figuras adultas por ídolos mediáticos
de validez virtual e inconsistentes.
El adolescente teoriza sobre todos los temas vitales: el amor,
la libertad, la religión, la política, la educación,
etc. Se plantea nuevos ideales y la lucha para conseguirlos. Se
proyecta en el futuro. Termina la etapa del “como si”
del juego y comienza la de la realidad activa.
Encuentra alivio transitorio refugiándose en su mundo interno,
con aumento de su omnipotencia narcisística y con prescindencia
de lo externo.
Sufre crisis de susceptibilidad y de celos, exige y necesita dependencia
y al momento la rechaza.
Se somete ante la fuerza de líderes demagógicos
y/o totalitarios y ante sus propuestas utópicas, muchas
veces peligrosas y lindantes con lo delictivo.
El adolescente reacciona con violencia a la incomprensión
y a la presión de los adultos que no encontrando el lenguaje
comunicativo que les permita la disuasión reencausando
las actividades de desenvolvimiento sano y creativo lo coaccionan
a través del dinero o con premios-castigos que con arbitrariedad
coartan su libertad inmediata pero peor aún, debilitan
la formación de una personalidad libre, dejando a la vista
un modelo de ser humano susceptible a transigir ante presiones
convenientes, aún a costa de sus principios.
El adolescente plantea tres exigencias básicas de libertad:
1) Libertad en salidas y horarios
2) Libertad de defender su ideología
3) Libertad de vivir un amor y un trabajo.
Los adultos se ocupan más de la primera, salidas y horarios,
con lo cual controlan también las otras.
Si el dialogo se ha establecido con anterioridad durante el proceso
de crecimiento de los primeros años, habrá comprensión
entre los adultos y los jóvenes en el momento de la adolescencia.
El adolescente temprano de alrededor de 10 años necesita
ser respetado en la búsqueda de identidad , de ideología,
de vocación y de objetos de amor.
Tiene gran necesidad de ser escuchado pero no desea ser criticado.
La función del adulto es la del guía, debe mostrar
una y otra vez el camino, debe reconocer que ese camino que muestra
no va a ser exactamente igual al que el joven seguirá sino
solamente un esquema que permita que el joven diseñe su
propio camino.
Por la reactivación de la conflictiva edipica que se produce
en la adolescencia se intensifican las defensas. La adecuada relación
con las figuras parentales (en esta se incluyen maestros, tutores
y adultos en general) tiene una influencia determinante en la
elaboración de la relación con sus padres.
El adolescente ejerce un manejo omnipotente de las ideas, como
forma de defensa ante la impotencia que siente por los cambios
inevitables.
Su cuerpo va adquiriendo características adultas mientras
su mente permanece infantil. Esta contradicción lo arroja
a una vivencia de despersonalización que domina el pensamiento
en esta etapa.
Las palabras, símbolos, van sustituyendo la pérdida
de los objetos reales. Lo conceptual simbólico reemplaza
cada vez mas a lo real egocéntrico proyectándolo
a un pensamiento abstracto y debilitando su relación con
los objetos reales.
Si no puede abandonar su rol infantil por una independencia adulta,
sufre un fracaso de personificación, y delega en el grupo
y en sus padres sus responsabilidades. Por este mecanismo esquizoide
su personalidad queda afuera. De ahí la típica irresponsabilidad
del adolescente, su “ falta de carácter”.
También despersonaliza a otros seres humanos a los que
trata como a cosas a las que usa cuando las necesita.
Esta desconsideración típica del adolescente explica
su inestabilidad afectiva y sus relaciones fugaces.
En el proceso de “personificación” pasa por
una etapa de identificación proyectiva con sus iguales
y su pensamiento funciona entonces con características
grupales. En el grupo participa de la acción, prescindiendo
de su responsabilidad personal, ya que tanto culpa como responsabilidad
se diluyen transfiriéndolas al grupo de pertenencia.
A. Freud expresa :
“Es contraproducente que en periodo de trastornos adolescentes
y de reordenamiento interior, el joven sea exigido académicamente,
tanto en la escuela secundaria como en la universidad, obligado
a la elección de una carrera y cargado con una responsabilidad
mayor social y económica.”
Algunos fracasos no se deben a ala incapacidad del sujeto sino
a que todas sus energías están dedicadas a resolver
los problemas de su desarrollo sexual y a canalizar su agresión,
que deberá ser encausada en actividades socialmente aceptadas
(deportes, competencias, etc.).
Al mismo tiempo, en la sociedad actual se han perdido los valores
superiores como búsqueda de la felicidad y la completud
del ser humano, materializando toda búsqueda.
Este proceso en el que los adultos, guías de estos jóvenes
están inmersos ha provocado la caída de los caminos
del espíritu.
Debe entenderse que el proceso de conocimientos siempre se establece
de arriba hacia abajo. Es necesario reconstruir la conciencia
del adulto en su carácter de guía en estrato superior,
lo que no significa en estado superior, para que pueda canalizar
su experiencia como forma de conocimiento que pueda ser recibido
por los jóvenes para que la utilicen como modelos a identificar,
cuestionar y superar.
P.Osterrieth dice que el adolescente:
“...comienza a juzgar a su padres, a contradecir sus principios,
a denunciar la hipocresía. Pero el conflicto de las generaciones
nunca es total.”
En el grupo de sus pares halla la seguridad y la rivalidad que
lo estabilizan. Adopta una actitud totalmente conformista ante
las imposiciones del grupo, que desentona con toda la actitud
rebelde que manifiesta ante su familia.
El cambio del lenguaje del adolescente es uno de los problemas
más difíciles de superar. Sus códigos no
son entendidos por los adultos por lo que se malinterpretan mutuamente.
Siendo el lenguaje un gran poder generador de actitudes es necesario
que se produzca también un cambio en los adultos para la
incorporación de estos códigos y la captación
de los mensajes emitidos. La falta de este mecanismo produce rupturas
sociales serias y deficiencias en el crecimiento intelectual y
social de los jóvenes. En Occidente la cultura se ha desarrollado
principalmente en base a lo visual, dejando parcialmente perdido
el vínculo del lenguaje. Esto trae como consecuencia que
los mecanismos de conocimiento sean más lábiles
ya que lo aprendido desde el oído se graba en la mente
con mayor firmeza que lo hecho desde la vista. Por este motivo
el lenguaje que es fundante y además la vía regia
de comunicación, determina a su vez la interrupción
de dicha comunicación por el cambio de códigos.
Al adolescente lo perturba no tener una situación social
bien definida; no es ni un niño ni un adulto. Vive como
verdad lo que en realidad es un estado transitorio y hasta ficticio.
Quiere explorarlo y mirarlo todo, lo cual suele llevarlo a experiencias
peligrosas.
Los intereses, actividades e investigaciones durante esta etapa
son mas amplios e intensos que en ninguna otra de la vida y estos
ensayos son de enorme riqueza y gran poder de estructuración.
Sus cambios físicos son tan rápidos que el adolescente
no se siente familiarizado con su propio cuerpo pero su capacidad
de coordinación y adaptación se hace evidente por
su facilidad en cualquier actividad psico-física como por
ejemplo aprender a manejar automóviles.
Conforma una imagen corporal ideal a partir de experiencias, percepciones
e identificaciones con otras personas. Los medios de comunicación
de masas la publicidad, las modas, contribuyen a glorificar el
cuerpo ideal y a descalificar al que se aparta de él. Esto
le afecta en particular, tan vulnerable a las críticas
y siempre pendiente de la aprobación de los otros.
Nuevos ritos y mitos contemporáneos:
En la actualidad las costumbres en general cambian con rapidez
vertiginosa.
En apariencia, nuestra sociedad, a diferencia de otras culturas
más convencionales, crea permanentemente ritos nuevos a
los que somete a los jóvenes. La mayoría de estas
modas, ceremonias ritualísticas materialistas de la que
el adulto participa o influye para que el joven lo haga ( viajes
de fin de curso, concurrencia a clubes de moda, fiestas celebratorias
de competencia en calidad y brillo entre familias, etc.) son absorbidos
por los jóvenes como imprescindibles para su pasaje a la
adultez. Cuando estos psedo rituales, por razones económicas
generalmente, no pueden concretarse el joven entra en estado de
frustración. La preeminencia de estas celebraciones por
sobre las de carácter espiritual es muy significativa,
especialmente en sectores sociales de medianos y altos recursos.
En estas situaciones queda en evidencia la falta de valores éticos
fundantes a los que se apunta desde el medio adulto como mensaje
primordial a dar minimizando la importancia de los ritos de pasaje
a los que el joven debe ser expuesto para un buen crecimiento.
Estos ritos de pasaje son de capital importancia en la incorporación
del joven al mundo de los adultos. Su simbología, aquello
sobre lo que se fundan los símbolos, constituye las correspondencias
existentes entre los diferentes órdenes de realidad.
Es una ley de la analogía, reconocida por todos los grandes
maestros, que aquello que está abajo reproduce a aquello
que está arriba. En los niveles espirituales se asciende
por un principio de purificación y por este principio fundamental
de que todo se da desde arriba hacia abajo en la altura. “Lo
que ato en el cielo, lo ato en la tierra” (Evangelio).
Dice M.Banton :
“La ceremonia ayuda al individuo a apreciar que el cambio
constituye un elemento crítico, lo cual facilita su re
-orientación psicológica. Pasar de un rol a otro
no es cosa fácil. El sujeto necesita conocer los derechos
y obligaciones del rol al que aspira y que adapte a él
su conducta.”
Pasar de la niñez a la adolescencia implica un cambio de
rol y pasar de la adolescencia al estado adulto significa otro.
Ambos de importancia vital para el desarrollo armónico
del individuo y por ende para su integración a la sociedad
en plenitud y disposición para “ser y servir”.
Y esto no es un simple juego de palabras. El individuo que siendo
adulto no se integra a la sociedad en situación de servicio,
es decir aportando sus virtudes, sus conocimientos y su esfuerzo
en proceso del bien común no puede llegar a responder las
preguntas básicas de su existencia.
CONCLUSIONES
El cambiante mundo de este tiempo, finales del siglo XX, su constante
explosión tecnológica, su mediatización de
todas las alternativas de la vida, especialmente de la desarrollada
en las grandes urbes, la globalización económica
que exporta hasta los lugares más recónditos de
la tierra modelos de comportamiento ajenos a las tradiciones e
idiosincracia de los pueblos producen en las nuevas generaciones
un grado de inestabilidad que solamente puede ser revertido con
una posición madura, desarrollada armónicamente,
generosa en su permanente ofrecimiento de comprensión y
amor, tolerante en el lenguaje y en la acción, acotada
en sus procederes con límites honestos que reflejen el
accionar del adulto fundamentalmente consciente de sus propias
falencias.
Comunicación es la palabra clave en esta problemática.
Comunicar debiera significar compartir, pensar juntos, crear juntos,
comprender, asimilar unos de los otros en un intercambio permanente
donde a las preguntas de unos les suceden las respuestas del otro,
no como verdades incuestionables e incontrovertibles sino como
opiniones personales a las que la experiencia, el ejercicio de
la vida, le ha dado un matiz especial.
Esto no sólo debe manifestarse en el nivel verbal sino
y sobre todo en el nivel permanente de la acción “No
borres con el codo lo que escribes con la mano”.
Es con el ejemplo sano, carente de hipocresía, puesto de
manifiesto con la humildad propia de aquellos que sabiendo que
saben han aprendido que su sabiduría es sólo un
comienzo infinitamente pequeño en el verdadero mundo del
saber, ese que el espíritu busca con todo ahínco
desde el mismo momento del nacimiento cuando se desprende del
cordón umbilical pero queda permanentemente pendiente del
fino hilo de plata de la existencia.
Las respuestas a las preguntas ¿Quién soy? ¿De
dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? sólo
pueden ir descubriéndose a lo largo de toda la vida. No
podemos pedirle a los jóvenes que sepan darlas, sólo
podemos mostrarles el camino que ya hemos recorrido en su búsqueda,
mostrarles nuestros aciertos y nuestros fracasos y dejarles el
ejemplo del AMOR, solidario, tolerante, fraternal, pacífico,
creativo. El amor es, sin lugar a dudas, la fuerza vital, el fuego
primordial que nos hace sentir que nuestro viaje, del nacimiento
a la muerte, tiene un sentido superior.
Bibliografia
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Freud Anna: “La adolescencia en cuanto a perturbación
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Fromm Erich : “Del TENER a SER”, Editorial Paidós,
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Guenón R. : “Símbolos fundamentales de la
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Krishnamurti: “Tradición y Revolución, ”Editorial
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Osterrieth Pauls: “Algunos aspectos psicológicos
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Pearson Gerald H.J.: “La adolescencia y el conflicto de
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Schneerson Menajem Mendel: “Hacia una vida plena de sentido”