Julia Resnicoff
Psicoanálisis de niños y adolescentes - Adicciones en la infancia, maltrato y violencia familiar

JUVENTUD, DIVINO TESORO

INTRODUCCIÓN
Quien preguntase a un hombre bueno
-¿Por qué amas a D’os?
Recibiría como respuesta
- No lo sé..!(Eckhart 1927)

Hay preguntas que no tienen respuesta desde la lógica científica.
Hay preguntas que no pueden responderse ya que toda respuesta peca de falsa.
El ser humano tiene palabras para hacerse entender, tiene conceptos desarrollados por la cultura milenaria que ha ido incorporando y transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días y tiene una manera de proceder que la sociedad en la que vive le condiciona para aceptarlo como miembro de la misma. El ser humano es gregario, necesita del grupo social, de su tejido comunitario, de su intercambio con el otro que se transforma en espejo de sí mismo y por lo tanto intenta que se le reconozca como igual, con espíritu fraterno sin discriminación, sin mutilaciones.
Dice Malebranche: 
“Entre todas las ciencias humanas la del hombre es la más digna de él y sin embargo, no es tal ciencia entre todas las que cultivamos ni la más cuidada, ni la más desarrollada” .
El ser humano dispone de una mente dividida. En ella sus estados de conciencia lo llevan a entender que existe un espacio y un tiempo en el que se halla inmerso. En ese mundo regulado por estos parámetros (espacio/tiempo) sus sentimientos ocupan buena parte de su vida. Es en ese aspecto que la construcción de su interioridad por “el amor” , a la vida, a la independencia, a la superación del narcisismo, constituyen lo que se ha dado en llamar el “síndrome del crecimiento”.
Los adolescentes todos, en mayor o menor medida, atraviesan por esta etapa en la que este síndrome se pone de manifiesto invadiendo todo su ser y su acontecer. 
Quienes los rodean, adultos, padres, maestros, tutores, representantes políticos, sociales, comunitarios, han sobrepasado ese síndrome y generalmente no guardan de manera clara y consciente buena memoria sobre su propio desarrollo, el sufrimiento padecido y las crisis juveniles que lo provocaron. Esa permanente sensación de vacío, dolor interior que ningún efecto exterior lograba apaciguar. La memoria selectiva resguarda al adulto de esos recuerdos dolorosos, de esas frustraciones constantes ante la incomprensión y el desmoronamiento de los sueños plasmados durante su niñez permitiéndole abocarse a un nuevo proceso existencial signado por la angustia de la lucha cotidiana por la supervivencia económica, los juegos del poder político, su lucha contra su propio descreimiento del mundo y sus valores. Este estado “síndrome de decadencia” es tal que en él predominan la presencia real de la muerte, la simbiosis incestuosa y el narcisismo maligno.
Nos encontramos pues con etapas de la vida marcadas por sendos estados diferentes frente a su resolución y a la vez enfrentados en muchos aspectos de su comunión de acción ya que los unos (los jóvenes) se encuentran bajo la tutela, dirección y mantenimiento de los otros (los adultos).
Dada esta situación conflictiva, lo más probable es que la comunicación sea muy deficiente entre ambos. Eso significa que el joven, individuo en formación carezca del apoyo del adulto a cargo, individuo formado y en posición social, comunitaria o académica de superior, como figura “magister” que le permita construir su entidad de la mejor manera.
La palabra “magister”, tomada del Latín culto, traducida al español significa Maestro o Jefe. Creemos que el adulto en relación con jóvenes debe asumir el rol de “Magistri” (Director) y aún más específicamente el de “Magis” (El que más) aplicando esta calificación al hecho de que el adulto es el que más ha vivido, logrando la mayor grandeza moral y ética sin caer en la rigidez, el que es más justo sin perder la misericordia en su aplicación de la justicia, el que más se acerca al arte de vivir, el que más se aparta del servilismos entendiendo que la búsqueda y afianzamiento de la libertad tiene que ser su mejor paradigma, el que ha tenido la oportunidad de experimentar sobre sí el síndrome de crecimiento y que debe ser el que más esfuerzo haga para encontrar la vía de comunicación que le permita establecer vínculos de amor constructivo y desarrollar así su función formado.

DESARROLLO

El ser humano biológicamente inmaduro y desamparado depende de otro u otros para satisfacer sus necesidades básicas. En un primer momento esta dependencia se establece sobre los padres y la familia como núcleo, luego ese rol lo asumen o complementan los grupos sociales y educativos. Desde el principio en este vínculo cada integrante de esta relación pone en ella su propia historia y mundo interno, factores estos que producen un constante intercambio de acciones generadoras de procesos nuevos.
Las expectativas son irreales o no satisfechas el ser humano dependiente por temor a la pérdida del amor de aquellos de quien depende, tiende a someterse y a aceptar situaciones abusivas que hacen que no llegue a tener pensamiento propio, fortaleza suficiente para enfrentar los desafíos que la sociedad le presenta y otras motivaciones debidas a que se siente generalmente solo y vacío.
Se encuentra en algunos casos jóvenes complacientes que excluyen toda duda y conflicto en lugar de sujetos autónomos con “aparatos de pensar” propios.
La carencia afectiva o una estimulación desmedida por parte de quienes tienen la función de soporte, guía o imagen de adulto normal, dejan desprotegido al joven impidiéndole autonomía, individualidad y el surgimiento de su pensamiento singular que es el que le permitirá desarrollar su libre albedrío, con la implicancia que para la vida personal, social y comunitaria este representa. Las palabras y las acciones desafectivizadas del adulto funcionan como descarga y no con fines comunicacionales.

La educación es el motor de esta situación y tiene en todo momento que ofrecer palabras que se expresen con afecto, que sirvan de vínculo, pues las palabras usadas sólo como repetición no producen el efecto buscado.
El adulto se encuentra con el joven resolviendo enigmas, leyendo en su sufrimiento y en su silencio, leyendo con él lo que es omisión y negación frente a lo acontecido o aprendido. 
El lugar del educador (padres, amigos, maestros, líderes comunitarios) funciona como apoyatura para reencadenar lo que no ha sido semantizado favoreciendo la emergencia de los huecos en la significación.
A través de la palabra ordenadora se construyen significados donde antes había respuestas desorganizadas. 
Se amplía la perspectiva de su proyección como sujeto, encontrando en su interior los significados que contribuirán a la formación de su yo adulto.
También es importante establecer un espacio de falta, de no acceso, para poder instalar un orden deseante que nos permita transitar el acceso al significado. 
Esto nos sirve de introducción al problema que se plantea entre los adultos (padres, maestros, tutores) y los jóvenes, reacios a recibir las enseñanzas, los discursos, las propuestas de aquéllos.
Aquellos adultos que conviven y participan junto a jóvenes de este tiempo se encuentran perdidos por desconocer los caminos que le permitan llegar a una comprensión lógica y sensitiva de la problemática en la que se encuentran inmersos los jóvenes. Los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías invaden el panorama visual y auditivo de la juventud dejando muy poco espacio para que esta relación adulto-joven se establezca y es necesario que los adultos abocados a esta tarea y en esto debemos sobre todo incluir a los padres de familia, se instruyan en esta nueva metodología del lenguaje mediático para producir sus propios cambios de lenguaje.
La no - comprensión de los motivos que dan origen a muchos de los conflictos que se presentan entre jóvenes y adultos por parte de estos últimos trae como consecuencia que no se ejerzan muchas de las funciones que el adulto debe realizar para beneficiar a esos jóvenes y consecuentemente para bien de la sociedad toda.

La adolescencia se caracteriza por la obligada entrada del niño al mundo de los adultos, que implica la elaboración de tres duelos:
1) por el cuerpo infantil,
2) por la identidad y rol infantil,
3) por los padres de la infancia.

Es un periodo de proceso y desarrollo.
Anna Freud dice :
“...es muy difícil señalar los límites entre lo patológico y lo normal en esta etapa pero que sí sería anormal que el proceso adolescente transcurriera en un equilibrio estable”.
M. Knobel llama “síndrome normal de la adolescencia “ a este conjunto de características conformado por desequilibrios e inestabilidad extrema.
A los duelos por el cuerpo, la identidad y los padres infantiles, se agrega el duelo por la bisexualidad infantil perdida, pues en la primera infancia la actividad masturbatoria tiene finalidad de exploración y de preparación para la genitalidad.
En ésta, el niño y la niña “reconstruyen con una parte del cuerpo el sexo que no tienen.”
Es primero una experiencia lúdica con fantasías edípicas. Esto se modifica en la adolescencia pues ya se está maduro para la genitalidad. 
Generalmente esta etapa es tan perturbadora para el adolescente como para sus padres y los adultos en general, pues éstos se conmueven y se angustian con las fluctuaciones del adolescente, porque despierta en ellos ansiedades básicas que ya habían podido controlar y olvidar.
La patología es siempre producto del conflicto del individuo con la realidad externa.
Una realidad frustrante afecta profundamente al individuo que está en la adolescencia / etapa de crisis.
El medio externo puede ayudar pues a que estos años transcurran con cierta serenidad.
El adolescente oscila entre una dependencia y una independencia extremas, mostrándose contradictorio, ambivalente, dolorido y en frecuentes fricciones con el medio familiar y social.
La nueva identidad adolescente surge cuando acepta simultáneamente sus aspectos de niño y de adulto. Sufre fluctuaciones de identidad influido por distintas personas, grupos de pertenencia o momentos especiales, sobre todo aquéllos manifestados como conflicto, fenómenos que se detectan por cambio de tipo expresado por su nueva vestimenta, su desaliño, su encierro solitario, su promiscuidad.
A veces los padres disimulan el rechazo por la genitalidad y libre expresión de la personalidad de su hijo adolescente dándole una excesiva libertad que en realidad encubre al abandono, desprotegiéndolo y de alguna manera incitándolo a agudizar sus conductas asociales. Como defensa el joven asume una independencia total aparente y un precoz rol genital cuando aún necesita de la dependencia.
Para que el adolescente pueda elaborar sus duelos necesita los ensayos de pérdida y recuperación de ambas edades: la infantil y la adulta. Para que este proceso se dé sin fracturas irrecuperables es necesario que el mismo sea acompañado por la presencia del adulto que establezca límites sanos, aplicables, razonables y de un alto contenido ético.
Su nueva relación con el mundo o su deseo de cambiarlo precisan de una ideología y un sistema de valores que se plasmarán cuando la madurez afectiva e intelectual acompañe a su madurez biológica. Mientras tanto se presenta con multiplicidad de identificaciones y con dificultades para resolver su identidad sexual. Sentirse adulto lo separa del antiguo rol que ocupaba en la familia, en la escuela, en los grupos sociales en los que está inmerso provocando procesos de transformación y/o revolución de difícil contención.
También los padres y maestros o tutores necesitan elaborar los duelos por los jóvenes, desprenderse de ellos, aceptar el devenir del tiempo, el envejecimiento y la muerte de su propia imagen de “héroe” que no debe transformase en imagen de compañero de aventuras sino en imagen de adulto coherente, demostrativo de sus problemas como ser íntegro.
Dejan de ser ídolos, empiezan a ser criticados, en una relación llena de ambivalencia.
Si pueden identificarse con la creatividad del joven, ellos mismos recuperarán ese fuego vibrante que emerge de esos adolescentes reencontrándose con esa fuerza vital y esa alegría contagiosa que distingue esta etapa de la vida, enriqueciéndola con ese aire renovado que se vive desde una comprensión más amplia. Se presentarán ante el joven como un ser adulto que ha podido establecerse en la vida, buscar su destino, ser apto para elegir entre el bien y el mal que permanentemente se presentan como instancias adecuando su proceder al bien. Ejercer su libertad, corregir sus defectos, arrepentirse de sus equivocaciones, desde la sincera expresión de quien se manifiesta en cada acto de su vida plenamente con lo mejor de su saber y entender. 
La independencia y la madurez del joven dependen del modo en que se le enseñe el uso e importancia de su libertad, el camino para lograrla y afianzarla como forma de vida. La vida del adulto debe servir de ejemplo. 
Es necesario comprender que el adolescente se defiende de la depresión que le provoca el perder sus partes infantiles a través de una actitud de desprecio por el adulto. Emite así juicios de valor, que al desidealizar a sus mayores lo hacen sentirse desamparado. Este proceso lo lleva muchas veces al reemplazo de las perdidas figuras adultas por ídolos mediáticos de validez virtual e inconsistentes.
El adolescente teoriza sobre todos los temas vitales: el amor, la libertad, la religión, la política, la educación, etc. Se plantea nuevos ideales y la lucha para conseguirlos. Se proyecta en el futuro. Termina la etapa del “como si” del juego y comienza la de la realidad activa.
Encuentra alivio transitorio refugiándose en su mundo interno, con aumento de su omnipotencia narcisística y con prescindencia de lo externo.
Sufre crisis de susceptibilidad y de celos, exige y necesita dependencia y al momento la rechaza.
Se somete ante la fuerza de líderes demagógicos y/o totalitarios y ante sus propuestas utópicas, muchas veces peligrosas y lindantes con lo delictivo.
El adolescente reacciona con violencia a la incomprensión y a la presión de los adultos que no encontrando el lenguaje comunicativo que les permita la disuasión reencausando las actividades de desenvolvimiento sano y creativo lo coaccionan a través del dinero o con premios-castigos que con arbitrariedad coartan su libertad inmediata pero peor aún, debilitan la formación de una personalidad libre, dejando a la vista un modelo de ser humano susceptible a transigir ante presiones convenientes, aún a costa de sus principios.
El adolescente plantea tres exigencias básicas de libertad: 
1) Libertad en salidas y horarios
2) Libertad de defender su ideología
3) Libertad de vivir un amor y un trabajo.
Los adultos se ocupan más de la primera, salidas y horarios, con lo cual controlan también las otras.
Si el dialogo se ha establecido con anterioridad durante el proceso de crecimiento de los primeros años, habrá comprensión entre los adultos y los jóvenes en el momento de la adolescencia.
El adolescente temprano de alrededor de 10 años necesita ser respetado en la búsqueda de identidad , de ideología, de vocación y de objetos de amor.
Tiene gran necesidad de ser escuchado pero no desea ser criticado.
La función del adulto es la del guía, debe mostrar una y otra vez el camino, debe reconocer que ese camino que muestra no va a ser exactamente igual al que el joven seguirá sino solamente un esquema que permita que el joven diseñe su propio camino.
Por la reactivación de la conflictiva edipica que se produce en la adolescencia se intensifican las defensas. La adecuada relación con las figuras parentales (en esta se incluyen maestros, tutores y adultos en general) tiene una influencia determinante en la elaboración de la relación con sus padres. 
El adolescente ejerce un manejo omnipotente de las ideas, como forma de defensa ante la impotencia que siente por los cambios inevitables.
Su cuerpo va adquiriendo características adultas mientras su mente permanece infantil. Esta contradicción lo arroja a una vivencia de despersonalización que domina el pensamiento en esta etapa.
Las palabras, símbolos, van sustituyendo la pérdida de los objetos reales. Lo conceptual simbólico reemplaza cada vez mas a lo real egocéntrico proyectándolo a un pensamiento abstracto y debilitando su relación con los objetos reales.
Si no puede abandonar su rol infantil por una independencia adulta, sufre un fracaso de personificación, y delega en el grupo y en sus padres sus responsabilidades. Por este mecanismo esquizoide su personalidad queda afuera. De ahí la típica irresponsabilidad del adolescente, su “ falta de carácter”.
También despersonaliza a otros seres humanos a los que trata como a cosas a las que usa cuando las necesita.
Esta desconsideración típica del adolescente explica su inestabilidad afectiva y sus relaciones fugaces.
En el proceso de “personificación” pasa por una etapa de identificación proyectiva con sus iguales y su pensamiento funciona entonces con características grupales. En el grupo participa de la acción, prescindiendo de su responsabilidad personal, ya que tanto culpa como responsabilidad se diluyen transfiriéndolas al grupo de pertenencia.
A. Freud expresa : 
“Es contraproducente que en periodo de trastornos adolescentes y de reordenamiento interior, el joven sea exigido académicamente, tanto en la escuela secundaria como en la universidad, obligado a la elección de una carrera y cargado con una responsabilidad mayor social y económica.”
Algunos fracasos no se deben a ala incapacidad del sujeto sino a que todas sus energías están dedicadas a resolver los problemas de su desarrollo sexual y a canalizar su agresión, que deberá ser encausada en actividades socialmente aceptadas (deportes, competencias, etc.).
Al mismo tiempo, en la sociedad actual se han perdido los valores superiores como búsqueda de la felicidad y la completud del ser humano, materializando toda búsqueda. 
Este proceso en el que los adultos, guías de estos jóvenes están inmersos ha provocado la caída de los caminos del espíritu. 
Debe entenderse que el proceso de conocimientos siempre se establece de arriba hacia abajo. Es necesario reconstruir la conciencia del adulto en su carácter de guía en estrato superior, lo que no significa en estado superior, para que pueda canalizar su experiencia como forma de conocimiento que pueda ser recibido por los jóvenes para que la utilicen como modelos a identificar, cuestionar y superar. 
P.Osterrieth dice que el adolescente:
“...comienza a juzgar a su padres, a contradecir sus principios, a denunciar la hipocresía. Pero el conflicto de las generaciones nunca es total.”
En el grupo de sus pares halla la seguridad y la rivalidad que lo estabilizan. Adopta una actitud totalmente conformista ante las imposiciones del grupo, que desentona con toda la actitud rebelde que manifiesta ante su familia.
El cambio del lenguaje del adolescente es uno de los problemas más difíciles de superar. Sus códigos no son entendidos por los adultos por lo que se malinterpretan mutuamente. Siendo el lenguaje un gran poder generador de actitudes es necesario que se produzca también un cambio en los adultos para la incorporación de estos códigos y la captación de los mensajes emitidos. La falta de este mecanismo produce rupturas sociales serias y deficiencias en el crecimiento intelectual y social de los jóvenes. En Occidente la cultura se ha desarrollado principalmente en base a lo visual, dejando parcialmente perdido el vínculo del lenguaje. Esto trae como consecuencia que los mecanismos de conocimiento sean más lábiles ya que lo aprendido desde el oído se graba en la mente con mayor firmeza que lo hecho desde la vista. Por este motivo el lenguaje que es fundante y además la vía regia de comunicación, determina a su vez la interrupción de dicha comunicación por el cambio de códigos.
Al adolescente lo perturba no tener una situación social bien definida; no es ni un niño ni un adulto. Vive como verdad lo que en realidad es un estado transitorio y hasta ficticio.
Quiere explorarlo y mirarlo todo, lo cual suele llevarlo a experiencias peligrosas.
Los intereses, actividades e investigaciones durante esta etapa son mas amplios e intensos que en ninguna otra de la vida y estos ensayos son de enorme riqueza y gran poder de estructuración.
Sus cambios físicos son tan rápidos que el adolescente no se siente familiarizado con su propio cuerpo pero su capacidad de coordinación y adaptación se hace evidente por su facilidad en cualquier actividad psico-física como por ejemplo aprender a manejar automóviles. 
Conforma una imagen corporal ideal a partir de experiencias, percepciones e identificaciones con otras personas. Los medios de comunicación de masas la publicidad, las modas, contribuyen a glorificar el cuerpo ideal y a descalificar al que se aparta de él. Esto le afecta en particular, tan vulnerable a las críticas y siempre pendiente de la aprobación de los otros.

Nuevos ritos y mitos contemporáneos:
En la actualidad las costumbres en general cambian con rapidez vertiginosa.
En apariencia, nuestra sociedad, a diferencia de otras culturas más convencionales, crea permanentemente ritos nuevos a los que somete a los jóvenes. La mayoría de estas modas, ceremonias ritualísticas materialistas de la que el adulto participa o influye para que el joven lo haga ( viajes de fin de curso, concurrencia a clubes de moda, fiestas celebratorias de competencia en calidad y brillo entre familias, etc.) son absorbidos por los jóvenes como imprescindibles para su pasaje a la adultez. Cuando estos psedo rituales, por razones económicas generalmente, no pueden concretarse el joven entra en estado de frustración. La preeminencia de estas celebraciones por sobre las de carácter espiritual es muy significativa, especialmente en sectores sociales de medianos y altos recursos.
En estas situaciones queda en evidencia la falta de valores éticos fundantes a los que se apunta desde el medio adulto como mensaje primordial a dar minimizando la importancia de los ritos de pasaje a los que el joven debe ser expuesto para un buen crecimiento. Estos ritos de pasaje son de capital importancia en la incorporación del joven al mundo de los adultos. Su simbología, aquello sobre lo que se fundan los símbolos, constituye las correspondencias existentes entre los diferentes órdenes de realidad. 
Es una ley de la analogía, reconocida por todos los grandes maestros, que aquello que está abajo reproduce a aquello que está arriba. En los niveles espirituales se asciende por un principio de purificación y por este principio fundamental de que todo se da desde arriba hacia abajo en la altura. “Lo que ato en el cielo, lo ato en la tierra” (Evangelio). 
Dice M.Banton :
“La ceremonia ayuda al individuo a apreciar que el cambio constituye un elemento crítico, lo cual facilita su re -orientación psicológica. Pasar de un rol a otro no es cosa fácil. El sujeto necesita conocer los derechos y obligaciones del rol al que aspira y que adapte a él su conducta.”
Pasar de la niñez a la adolescencia implica un cambio de rol y pasar de la adolescencia al estado adulto significa otro. Ambos de importancia vital para el desarrollo armónico del individuo y por ende para su integración a la sociedad en plenitud y disposición para “ser y servir”. Y esto no es un simple juego de palabras. El individuo que siendo adulto no se integra a la sociedad en situación de servicio, es decir aportando sus virtudes, sus conocimientos y su esfuerzo en proceso del bien común no puede llegar a responder las preguntas básicas de su existencia.

CONCLUSIONES
El cambiante mundo de este tiempo, finales del siglo XX, su constante explosión tecnológica, su mediatización de todas las alternativas de la vida, especialmente de la desarrollada en las grandes urbes, la globalización económica que exporta hasta los lugares más recónditos de la tierra modelos de comportamiento ajenos a las tradiciones e idiosincracia de los pueblos producen en las nuevas generaciones un grado de inestabilidad que solamente puede ser revertido con una posición madura, desarrollada armónicamente, generosa en su permanente ofrecimiento de comprensión y amor, tolerante en el lenguaje y en la acción, acotada en sus procederes con límites honestos que reflejen el accionar del adulto fundamentalmente consciente de sus propias falencias.
Comunicación es la palabra clave en esta problemática. Comunicar debiera significar compartir, pensar juntos, crear juntos, comprender, asimilar unos de los otros en un intercambio permanente donde a las preguntas de unos les suceden las respuestas del otro, no como verdades incuestionables e incontrovertibles sino como opiniones personales a las que la experiencia, el ejercicio de la vida, le ha dado un matiz especial.
Esto no sólo debe manifestarse en el nivel verbal sino y sobre todo en el nivel permanente de la acción “No borres con el codo lo que escribes con la mano”. 
Es con el ejemplo sano, carente de hipocresía, puesto de manifiesto con la humildad propia de aquellos que sabiendo que saben han aprendido que su sabiduría es sólo un comienzo infinitamente pequeño en el verdadero mundo del saber, ese que el espíritu busca con todo ahínco desde el mismo momento del nacimiento cuando se desprende del cordón umbilical pero queda permanentemente pendiente del fino hilo de plata de la existencia. 
Las respuestas a las preguntas ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? sólo pueden ir descubriéndose a lo largo de toda la vida. No podemos pedirle a los jóvenes que sepan darlas, sólo podemos mostrarles el camino que ya hemos recorrido en su búsqueda, mostrarles nuestros aciertos y nuestros fracasos y dejarles el ejemplo del AMOR, solidario, tolerante, fraternal, pacífico, creativo. El amor es, sin lugar a dudas, la fuerza vital, el fuego primordial que nos hace sentir que nuestro viaje, del nacimiento a la muerte, tiene un sentido superior.

Bibliografia
Aberastury Arminda y Knobel Mauricio : “ La adolescencia normal “ Editorial Paidós, Argentina, 1971.
Buber Martín: “Qué es el hombre” Fondo de Cultura Económica.,
Colombres, Sylvia: “Gurdjieff, el único” Editorial Corregidor, 1986
Freud Anna: “La adolescencia en cuanto a perturbación del desarrollo”
Fromm Erich : “Del TENER a SER”, Editorial Paidós, 1993.
Guenón R. : “Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada” EUDEBA ,1988
Krishnamurti: “Tradición y Revolución, ”Editorial Sudamericana, 1987
Osterrieth Pauls: “Algunos aspectos psicológicos de la adolescencia”
Pearson Gerald H.J.: “La adolescencia y el conflicto de las generaciones”, Editorial Siglo Veinte. Buenos Aires, 1977.
Schneerson Menajem Mendel: “Hacia una vida plena de sentido”

Presentación Personal
Graduada de la Universidad de Buenos Aires como Licenciada en Psicología. Sus Practicas Hospitalarias las realizó en el Hospital Alvear, C.A.M.I. (Consejo Argentino de Mujeres Israelitas), AMSA,Técnica en Trabajo Institucional. Especialista en Familias. Fortaleció su formación académica con seminarios de : Orientación Vocacional, en la Asociación de Psicoterapia de Grupo de Buenos Aires, Neurolingüística, y Psicología Sistèmica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Ha realizado curso de post-grado en Sexología Clínica. Miembro Titular en el Congreso Latinoamericano de Psicopatología, y Jornadas de Psicoanálisis de Niños y Tratamiento con Padres de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Actualmente dedicada a Violencia Familiar y Abuso en Niños. Así mismo es Miembro Adherente de la I.S.P.C.A.N. (International Society for Prevention of Child Abuse and Neglect).

En la practica privada se especializa en Familia, Niños y Adolescentes. Ha completado su formación profesional en los cursos , practicas y certificación en el area de Mediación.

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