Susana Pogorelsky
Tratamiento Familiar - Con pacientes adictos y trastornos de conducta

Institución - Poder - Dependencia

Lic. Susana Mirta Pogorelsky

ABSTRACT

La propuesta de este trabajo es llamar a la reflexión, a que todos y cada uno de nosotros nos demos un tiempo para pensar y revisar lo que se hizo, se hace y se puede llegar a hacer respecto de la toxicodependencia ya sea a nivel social, institucional, familiar, profesional e individual. De pensar en las Instituciones, en sus objetivos, sus funciones y su ética. Teniendo en cuenta el significante y el significado de aquellos elementos utilizados como herramientas del saber y del poder. Y también la posibilidad de aceptar nuestra inclusión en el concepto de dependencia como uno de nuestros modelos de identidad.

INSTITUCION - PODER - DEPENDENCIA

Hace más de una década que vivimos de manera creciente el problema de la toxicodependencia, y es desde ese tiempo que los profesionales de la salud mental, especialmente, llegamos a tener dos posturas muy extremas: el considerar que no sabemos nada sobre el mismo, que debemos aprender y aprehender de quienes han pasado por esto; o el sentirnos totalmente omnipotentes, y por el sólo hecho de tener un título que nos habilita, tenemos el "saber pleno", sin posibilitar una apertura, en ambos casos, de intercambio, respeto y de trabajo interdisciplinario.

Durante todo ese período, el mayor avance se dio en la creación de nuevas instituciones referentes al tema. Por supuesto, acorde a las características sociales del momento, hay oferta para toda demanda. Así es como se piensa y se incrementa la individualidad, dejando de lado lo colectivo, la demanda de una sociedad. Esto no importa, lo que importa es competir, sobresalir de los otros, bien dice Olivenstein: ".. uno de los fines esenciales de cada institución es el mantener su propio dominio". Habría que preguntarse, dominio de qué, dominio para qué?

La toxicodependencia llegó a ser el centro de atención en las sociedades, la justicia y la política, por qué, cómo, para qué; es evidente que esta situación debe decir algo acerca de la verdad de la juventud, de su familia y de la sociedad a la que pertenece. Si tomamos el concepto de experiencia de Foucault: "la correlación, en una cultura, entre campos de saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad", quizás podamos considerar esta cuestión de la toxicodependencia como una experiencia fundamental de los sujetos de la sociedad.

Pero además de esta toxicomanía que no es más que un elemento particularmente visible y perturbador de la deriva cultural contemporánea, existen también la prostitución infantil, el tráfico de niños, el tráfico de órganos, el maltrato familiar, que son otras facetas igual o quizás más trágicas y preocupantes ya que afectan a la sociedad actual y a la sociedad del futuro; por supuesto ambas tienen una relación directa, no se entiende por qué, entonces, tantos ofrecimientos de cursos de grado, post-grado y masters en drogadicción. No quisiera pensar en la realidad de lo expuesto por Olivenstein: ".. Cada vez más individuos son excluidos pero estas exclusiones traen aparejadas a su vez la creación de nuevas instituciones para recuperar a estos efectivos, y estas instituciones tienen, ellas mismas, la necesidad perversa de perpetuar la exclusión para sobrevivir". No sería mejor tener en cuenta lo que dice el Prof. Bernardo Kliksberg: "..Buena parte de los agentes sociales desarrollan su labor aisladamente o en enfrentamientos 'jurisdiccionales' con otros. En lugar de ello, existen amplias posibilidades de construir redes que identifiquen objetivos comunes, diseñen estrategias conjuntas, y sumen".

Esto no significa una mera crítica, sino que es un llamado a la reflexión, a la investigación, a la consideración de las estadísticas. Whitaker dice: "Hacer es evitar ser, lo cual significa que si uno se mantiene lo bastante ajetreado, no tiene que ser nadie". Por tanto ese hacer es un hacer sin contenidos. ¿Cuál es nuestro referente, no lo perdimos al tener sólo en cuenta nuestro relato de la práctica? ¿No corremos el riesgo, como hice mención al principio, de que nuestro saber o el saber del otro, en quien nos apoyamos, lleve a la instalación del poder y ahí quedemos?

Faucault dice "el poder produce saber (y no simplemente favoreciéndolo porque sirve o aplicándolo porque es útil); que poder y saber están directamente implicados; que no hay relación de poder sin constitución correlato de un campo de saber, ni saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo relaciones de poder".

Para utilizar este saber y este poder que nos otorga, debemos entender primero al individuo, a las relaciones sociales en las que éste se desenvuelve. La naturaleza psicológica humana representa la superposición de las relaciones sociales interiorizadas que se han transformado en funciones para el individuo y en formas de la estructura individual. El primer problema es mostrar cómo la respuesta individual surge de las formas de vida colectiva (Vigotsky)

Definiría a estas formas de vida colectiva como "dependientes" de un saber y de un poder, y por tanto, "carentes de identidad". Es por eso, insisto, que la toxicodependencia es una de las tantas muestras de la realidad social, y no la única. Entonces, ¿sirve seguir apuntando sólo a resolver el problema de la drogadicción, e insistir en la única y concreta responsable como se considera a la familia, también resultante de una estructura social influyente; sin mirar los resultados y sin pensar en nuevas estrategias de trabajo?

Estamos tan inmersos en el tema, que no podemos ver nuestra propia problemática dentro de una problemática general. ¿No es esto 'adicción', no actuamos igual que el adicto, tapando con los adictos lo que ellos tapan con la droga? ¿No estamos diciendo en acto lo que no podemos decir en palabras? ¿No estamos tomando un único modelo identificatorio, el que tiene poder, el que da poder?

Hasta que punto llega nuestra dependencia al "sistema toxicodependiente" que el final del tratamiento es sinónimo de graduación, igual a grado, igual a peldaño, igual a ex -adicto. Con esto estamos nuevamente en el comienzo, no avanzamos, pues otorgamos una categoría de ascenso, un saber y un poder a alguien que sólo vivió un proceso terapéutico más, un proceso evolutivo, un aprender a vivir.

Si se logra revertir esa única imagen que se asume, la de expertos, y se apunta a un interjuego de roles y de conocimientos, es posible salir de la dependencia a un saber teórico, a un saber vivencial, a una institución; que sólo lleva a una estructura rígida y condutista, o sumamente 'cientifisista', ininteligible e inaccesible.

Es importante reconocer que las 'propuestas ofrecidas' no pueden cambiar a las personas, sino aportarles elementos para elegir, para experimentar la vida en lugar de experimentar sólo su conducta. Así es que la utilización de grupos de apoyo dan la posibilidad de conocer otras formas de respuestas, de formas de vida, de relaciones, de herramientas, de sentimientos y emociones. Como dice Olivenstein: "Mostrar modelos identificatorios que él poco a poco elige, y así es como se da una ortopedia". Y se debe tener en cuenta que un sistema de ayuda no puede estar muy alejado del mito del grupo que lo origina; es así como ante una demanda de ayuda esté el riesgo de responder en función de los mitos sociales, sin considerar la dimensión del mito familiar. Retomando lo dicho anteriormente respecto a nuestra situación de 'dependencia', sepamos también que nosotros no estamos simplemente para escuchar la demanda y dar soluciones, además tenemos nuestros problemas de identidad que riesgan de hacernos adherir al mito de una norma, que puede ser deficiente cada vez que se tenga que ayudar a la gente.

Recordemos que no hay autonomía sin dependencia, la autonomía no es un estado sino una capacidad latente; aquella de saber dirigir sus dependencias. El sujeto se constituye en el encuentro de sus dependencias, es decir, de sus pertenencias.


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