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Marcelo Negro
Psicooncología clínica

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Abstinencia y Nombre falso:
Una experiencia institucional

Lic. Marcelo Daniel Negro

Mi interés en presentar este trabajo radica en la necesidad de reflexionar, desde una perspectiva psicoanalítica, acerca del tratamiento de pacientes toxicómanos en el contexto de un dispositivo institucional del tipo comunidad terapéutica.

Es el resultado de una experiencia de casi tres años en una institución especializada en el tratamiento de las adicciones.

Quisiera plantear en principio algunas características del dispositivo de tratamiento propuesto; luego, describir un fenómeno clínico que he podido encontrar recurrentemente dentro de la población asistida. Finalmente, intentaré articular estos dos niveles de análisis y dejar abiertos algunos interrogantes para su discusión.

1 EL DISPOSITIVO INSTITUCIONAL

Se trata de una comunidad terapéutica de las denominadas "libre de drogas"; comunidad mixta, en el sentido que cuenta en su plantel con profesionales de diferentes disciplinas y socioterapeutas, que son ex-pacientes de la institución que permanecieron en la misma con funciones terapéuticas. Se reivindica como paradigma el modelo norteamericano de comunidad terapéutica: una organización comunitaria altamente jerarquizada y que utiliza los principios de Alcohólicos Anónimos.

Comenzó siendo una institución fundada, dirigida y coordinada en todos sus niveles por ex-adictos, rehabilitados en un programa de tratamiento similar en otro país latinoamericano. Al venir a la Argentina fundaron esta comunidad, tomaron como paradigma el "programa" en el que ellos mismos se rehabilitaron, y se dispusieron a poner en práctica su saber y su experiencia, proponiéndose como modelos a seguir. Con el tiempo se fueron sumando los profesionales "psi", con el objetivo de brindar asistencia psicológica a los internados; realizar un diagnóstico q ue a grosso modo evitara el ingreso de pacientes psicóticos ("sólo adictos" era la consigna) y cumplir con las normativas legales propuestas por el estado, para la conformación de equipos de tratamiento.

Como seguramente sucede con toda organización, posee características que le son propias, singulares, y otras que comparte con organizaciones similares; sobre todo en lo referente a la propuesta de tratamiento, cuyo armazón se sustenta en estos tres pilares: un SABER, una concepción unívoca, una idea clara y precisa de lo que es un toxicómano (porque un toxicómano "es"); un MODELO UNICO DE CURA para todos sus clientes, y UN FERREO IDEAL DE TOXICOMANO RECUPERADO.

Se sabe qué, se sabe cómo y se sabe para qué: el ideal es la respuesta.

En el cómo intervienen muchos elementos: el tiempo de tratamiento, la metodología grupal, las reglas de convivencia, las actividades a realizar o no, los espacios a ocupar o no, etc. Pero lo fundamental, especie de petición de principios para la existencia misma del tratamiento, la madre de todas las reglas, es la abstinencia forzada de toda sustancia.

Digo abstinencia forzada, no tanto por tratarse de una norma a cumplir (otros dispositivos de tratamiento también la explicitan). Digo "forzada" porque el programa del que aquí hablo, dispone de un período de aislamiento de toda la vida de relación del sujeto de aproximadamente un año y medio. De hecho, la Comunidad se autodefine, un tanto orgullosamente (orgullo de sus directores que se transmite en todos sus niveles) como una comunidad "dura", por el celo que se pone en estas técnicas de rehabilitación.

Ahora bien, ha sido algo mencionado en muchas oportunidades y por diferentes autores, que la base de esta regla forzada, su núcleo ideológico, se encuentra en la afirmación, más o menos explicitada, de que es la droga el centro del problema y no el sujeto toxicómano. Algunos slogans preventivo-publicitarios y también algunos dichos de los propios pacientes dan muestra de este corte semántico: "la droga mata", "decile no a la droga", "por culpa de x sustancia estoy así" o "si no fuera por esa porquería mi hijo etc., etc.".

Una idea fuerte, que rige como presupuesto en este tratamiento comunitario, es que el individuo que ingresa en el dispositivo es irresponsable de sus actos -por eso se lo interna- y deberá reeducarse y resocializarse a través de un concepto pedagógico de la responsabilidad: a medida que muestra su capacidad para adaptarse a las reglas del sistema, avanzará en el tratamiento y podrá subir en el escalafón.

Quisiera introducir aquí un primer comentario al respecto. En su artículo "Las toxicomanías y los dispositivos de obediencia debida" (1), Gustavo Hurtado, al comentar este tipo de propuestas terapéuticas, afirma: "...la única especificidad que este tipo de instituciones contiene es la reproducción ampliada y complaciente del discurso médico-legal donde este sostiene que es la droga la que provoca las desdichas de sus clientes...". En otro pasaje agrega: "...No será posible pensar que lo que desde la concepción médico-legal de las toxicomanías no se está en condiciones de registrar es justamente que

de lo que está enfermo el toxicómano es de sustancializar el vínculo que lo une con su objeto? Constatamos que este tipo de definiciones culminan en la desposesión del acto por el sujeto, en su irresponsabilización, en beneficio del objeto de la acción".

Extrapolando uno de los términos aquí expuestos, se podría decir que lo que termina sucediendo en este tipo de instituciones, que se proponen como especializadas, es una sustancialización de la clínica o de los tratamientos, centrando alrededor del objeto droga casi todo su accionar y, como afirma Hurtado, desposeyendo al toxicómano de su

acto, irresponsabilizándolo; duplicando lo que el mismo toxicómano en su discurso propone, y esta desposesión sucede tanto a nivel conceptual como en su correlato fáctico, aislamiento mediante, por ejemplo.

2 DE LA CLINICA

Ya he mencionado que la institución, en diferentes niveles de su gestión, opera desde un saber-hacer ya instituido, aplicable a todos sus pacientes por igual. En ese sentido, podríamos decir que se oferta desde el lugar del Otro completo (A), quedando para el paciente muchas veces, sólo el estrecho margen de la adaptación al "programa". Ya el hecho de hablar de adaptación da lugar a no pocos problemas, a planteamientos no sólo teóricos sino políticos en un sentido amplio. Luego volveré sobre este punto.

El fenómeno clínico que quiero mencionar es el siguiente: tarde o temprano, más bien temprano, muchos pacientes adquieren un discurso que es prácticamente la copia fiel de lo que propone, enseña, explica, el programa de tratamiento. Así, la "jerga de la calle" como se la llama, es reemplazada por el discurso institucional. Toda una serie de términos de las más diversas procedencias (desde un término teórico extraído de algún libro de psicología, o términos religiosos, por ejemplo), y toda una serie de pautas acerca de como pensar la adicción es duplicada, copiada o plagiada por el paciente, una gran parte de ellos por lo menos. Los significantes del Otro institucional son los que surgen toda vez que se interpela al sujeto. Y es con el discurso que suelen presentarse a sus entrevistas, que toma a mi entender la forma (y la función) de una "fachada clínica".

El valor de esta fachada se verá en cada caso en particular porque, y retomo lo anterior, aún tomando como sesgo explicativo la variable de la adaptación, toda una gama de posibilidades pueden darse: desde decir lo que el otro quiere escuchar hasta la certeza en la causa de la rehabilitación, siempre hay matices a considerar.

Considero que tal discurso en espejo tiene su fundamento, su contrato implícito, desde el momento en el que al "soy adicto" del paciente, se le responde con el "sí, lo sos", legitimando la ide ntificación con la que este se presenta. Desde este "encuentro" inicial se desprenderán otras posibles referencias imaginarias.

De hecho, cuando la presentación del paciente no es ésta, hay todo un primer movimiento que consiste en que el paciente acepte su enfermedad, bajo el expediente de reconocer su "ser adicto", y desde esa premisa continuar con el proceso de tratamiento.

Un obstáculo habitual en el abordaje clínico de estos pacientes internados podría describirse como la dificultad -en algunos momentos me atrevería a decir la imposibilidad- de construir un caso clínico. Entendiendo como caso clínico el discurso, las escenas, los actings, que un sujeto pueda poner en juego con respecto a la institución, tomando como variable las múltiples transferencias que en la escena institucional pueda desplegar. No es que tales episodios no se den, pero lo que si queda velada es la posibilidad misma de hacer una lectura diferencial de los mismos, según cada paciente.

Por características del dispositivo, que más adelante incluiré, pero también porque el paciente encuentra en esta fachada con la que se presenta, en este discurso compartido con la institución, casi todas las explicaciones de su conducta.

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3 FALSO NOMBRE

Eric Laurent (2) tiene algunos pasajes muy interesantes para pensar las diferentes modalidades que se ofertan para el tratamiento de las toxicomanías. Habla a grandes rasgos de instituciones regidas por un ideal de tipo científico, y otras regidas por un ideal de grupo, basándose en lo que desde Freud podría pensarse según su "Psicología de las masas...". Ubica en este segundo tipo de instituciones a las comunidades terapéuticas o similares. El método sería: identificar al sujeto que entra como toxicómano, para luego identificarlo imaginariamente a un grupo de ex-toxicómanos. Como lo describe Laurent: "Ud. No es más un toxicómano sino un ex-toxicómano; entra en un grupo, y cada uno confiesa al otro su pecado. Es el sistema favorito de los anglosajones y tiene su interés: es el producir ese destete imaginario".

Quisiera detenerme en esta identificación, en este "soy ex-toxicómano" con el que algunos sujetos -muchos- empiezan a nombrarse en el contexto de estos tratamientos comunitarios, y cuyo correlato discursivo es la fachada clínica que antes mencionaba.

¿Cómo pensar esta neo-identificación? ¿Cuáles serían sus límites? Si el fin a lograr es la abstinencia del sujeto, mediante esta estrategia imaginaria ¿Qué abstinencia se logra?

Para continuar, me gustaría sumar otro elemento para el análisis. Abordar la cuestión de las toxicomanías a partir de la problemática de la nominación, ha sido un aporte que el psicoanálisis ha podido sumar a los ya muchísimos de otras escuelas y tendencias. Desde esta perspectiva, el "soy adicto" sería "un nombre extraído de lo social que le permite al sujeto una inscripción en el campo del Otro, en el campo de la identificación a los atributos, rasgos, comportamientos del conjunto de los individuos de esa clase", como afirma Hugo Freda (3) .O, como afirma Juan Dobón en su artículo "El sujeto en el laberinto de discursos" (4): ".....cada época saturará, alienará con falsos nombres (las negritas son mías) al sujeto del lenguaje que habita la Ciudad. De esta manera el yo se creerá ser al nombrarse en un "yo soy" bulímica, anoréxica, toxicómano, culpable".

Los autores coinciden en que estas modalidades de presentación de los sujetos se constituyen en formas congeladas del ser, de rechazo al inconciente, y esconden las coordenadas singulares de su estructuración psíquica.

Ahora bien, si se puede pensar al "soy adicto" como un falso nombre, por qué no hacer lo mismo con el "soy ex-adicto"? Como una forma de nombre extraído de lo social -lo institucional en este caso- y con la que algunos sujetos comienzan a nombrarse y , pienso, de ninguna manera se nombrarían de no haber pasado por dispositivo semejante.

Porque "ex-adicto" para el caso puede ser cualquiera; saberlo, decirlo, hacerlo público, puede ser algo importante para una persona, dándole el significado que quiera como vicisitud de una vida ; pero nombrarse en tales términos como individuo con los atributos, rasgos y comportamiento de esa "clase", ya es diferente.

Esto, justamente en sujetos que han hecho del "yo soy" un bastión casi inexpugnable, organiza un modo de ser y lo que llamaría un modo de abstinencia, típicos.

Marco las semejanzas. Esta claro que muchos sujetos en el trayecto que va del "soy adicto" al "soy ex-" han dejado en el camino lo mas tanático de su acto.

Supongamos entonces, que el paciente haya hecho el recorrido esperado por esta propuesta imaginaria que se le ofrece ¿Luego qué?

4 UN MODO DE ABSTINENCIA

Encuentro que en la misma salida imaginaria de la propuesta de tratamiento está la trampa, la paradoja, ya que son sujetos que se siguen nombrando, aunque de un modo desplazado, por el acto de drogarse. "Nosotros los adictos somos mentirosos, manipuladores, impulsivos y lo único que queremos es drogarnos", decía un paciente que se acababa de "graduar" en la comunidad, luego de tres años de haber ingresado a la misma.

Lo que intenta ser una identidad de relevo muestra su fragilidad, dejando intocado el núcleo que quería combatir, ya que por otra parte lo alberga en la propia expresión del nombre. Por eso afirmaba que esto organiza un modo de abstinencia típico. El paciente tiene que actuar todo el tiempo la partícula negativa "ex": actuarla ante la institución, ante sus padres, ante su terapeuta, ante los otros en general, hasta ante sí mismo: actuar su nuevo "falso nombre".

Esto, en un contexto donde "ex-adicto" es además el nombre que expresa el ideal, producirá comportamientos orientados hacia la obtención de resultados: que "la abstinencia", para citar un ejemplo, se convierta en una conducta a lograr, y en una conducta a mostrar.

Podemos tomar como ejemplo lo que sucede con las "recaídas".Es conocido el énfasis que se pone en el "control" de las mismas. Gran parte del esfuerzo psíquico del paciente y de la energía institucional está puesta en esto. Existe una "satanización" de las recaídas. Son motivo de sanción por parte de la institución, muchas veces de sanción en el sentido de castigo, lo que obtura en gran medida la posibilidad de subjetivar el acto por parte del paciente. Porque como terapeuta tal vez se puedan ubicar allí algunas coordenadas: quizás la relación con su madre..., quizás un trabajo de duelo que todavía no puede desplegarse, quizás la angustia por empezar en breve a trabajar, etc., etc. Se puede preguntar, afirmar, hacer construcciones, pero si el paciente a la vez "retrocede" en el tratamiento, como suele decirse, o es reinternado por la falta cometida, poco queda para preguntar. Las respuestas que se encuentren , las posiciones subjetivas que el sujeto pueda tomar al respecto, no darán la pauta para la dirección del tratamiento.

La operatoria hace que en definitiva nadie pueda hacerse responsable de sus actos: ni el sujeto en tratamiento; ni el terapeuta, que podrá hacer muy bellas construcciones sobre determinado paciente, pero no podrá poner a prueba ninguna; ni la institución, que necesita que sus clientes encarnen decididamente el objetivo propuesto, prueba además de su eficacia y eficiencia. La marca del ideal muestra aquí toda su virulencia. La sanción -el castigo- de las recaídas no sólo da la pauta de como el hecho debe pensarse, significarse. Así planteado carga el asunto totalmente sobre las espaldas del paciente: si recayó es porque todavía no estaba listo, o nos mintió, o su yo es débil. Siendo características que entre tantas otras se postulan para estos pacientes, la tautología se impone: recayó porque es adicto.

La estrategia imaginaria de tratamiento se muerde la cola.

5 ALGUNOS INTERROGANTES FINALES

Ubicados en la escena institucional, si la apuesta es incluir la responsabilidad de los sujetos como eje ético ¿Qué camino seguir? ¿Intentar modificar la institución? ¿En función de cuál verdad mejor? ¿Irnos, y pensar que en definitiva institución y paciente están hechos el uno para el otro?

Retomando los ejes de este escrito, la pregunta sería: ¿Qué se hace con un falso n ombre?, o mejor ¿Qué se hace con dos falsos nombres?

En lo que a mi experiencia se refiere, había encontrado en principio algo que quizás parezca demasiado simple, y consistía en lo siguiente: ABSTENERME -lo más que podía- DE INVOCARLOS.

CITAS BIBLIOGRAFICAS.

(1) Hurtado, Gustavo. "Las toxicomanías y los dispositivos de obediencia debidas" en: "Cárcel y Manicomio como Laberintos de Obediencia Fingida", Rivera Beiras, I. y Dobón, J. Compiladores, Editorial Bosch, Barcelona, España,1997, pag. 207.

(2) Laurent, Eric. "Conferencia del 23 de julio de 1996 en las II Jornadas del Instituto del Campo Freudiano: Del hacer al decir en la clínica de la toxicomanía y el alcoholismo". Inédita.

(3) Freda, Hugo. "Las nuevas formas del síntoma" en: "Publicación del Seminario Hispanoparlante de París", 1994, pag. 54.

(4) Dobón, Juan. "El sujeto en el laberinto de discursos" en: "Cárcel y Manicomio como Laberintos de Obediencia Fingida", Rivera Beiras, I. y Dobón, J. Compiladores, Editorial Bosch, Barcelona, España,1997, pag. 173.

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