Presentación General
Presentación Personal
Biblioteca
Consultoria en Linea
Enlaces

Foros
Videoconferencia
Agenda
Editorial

Marcelo Negro
Psicooncología clínica

Biblioteca

Un caso clínico

Marcelo Negro

"Mi problema son las drogas. . . . (¿desde cuándo?) . . . . desde siempre . . . . (eso es imposible) . . . .¿por qué? . . . . (porque es imposible) . . . . ¿por qué?. . . . (porque no puede ser . . . o cuando naciste te estabas drogando?)".

Sonríe. Dice que claro que no. Aunque lo dice de un modo tal que su no es endeble, teñido por la duda.

Estuvo internado durante 18 meses en una Comunidad Terapéutica. Ya en la fase de Reinserción Social, cuando no tenía que concurrir cotidianamente a la institución, pero sí seguir participando de los Grupos de Autoayuda semanales, "recayó". Estuvo 4 meses más de lo originalmente pautado para la finalización de su tratamiento. Volvió a "recaer". Se le planteó volver a internarse en la misma Casa en la que comenzó el tratamiento, perdiendo la fase de Reinserción. No aceptó.

Hace 4 meses que había dejado ese tratamiento cuando llega a la consulta. "Estoy consumiendo muy seguido . . . . cocaína . . . . yo me puse un kiosko . . . . me iba bien, y por consumir se me vino abajo del todo . . . . tengo deudas en la calle". Las deudas son, en su mayoría, con los proveedores del Kiosko. Aunque a grosso modo podría decirse que tiene deudas con todo el mundo.

"Ese era mi sueño, un negocio propio". . . . mi viejo también tiene un comercio . . . . lo que más me jode es mi edad (tiene 28 años) . . . . no ayudar a mi familia . . . . no tener nada propio".

El kiosko lo considera algo propio, pero, dice, "me comí la ganancia".

La idea de poner este local surgió en el contexto de su tratamiento anterior. Ante la dificultad del paciente para mantener sus trabajos, se creyó conveniente que comenzara con este emprendimiento. Hubo un acuerdo general, por parte del paciente, de sus padres, de los miembros del staff de la institución donde se trataba. Los trabajos no le duraban porque: "no me banco que me manden, que me pidan las cosas de mala manera".

Entonces, el padre dividió su propio local (una zapatería), para ubicar el futuro kiosko de su hijo. La remodelación del espacio elegido, la compra de muebles necesarios, y la adquisición de mercadería para que el negocio comience a funcionar, corrió por cuenta del padre. "Habíamos hecho un pacto con mi viejo, él me ponía x cantidad de dinero y yo se lo iba devolviendo".

"Yo ya me venía planteando qué iba a hacer cuando viera los billetes en la caja". Dice que no sabía si iba a resistir la tentación de drogarse. "Ahora estoy sin mercadería y sin plata".

Trabajó en la zapatería del padre desde los 17 hasta los 25 años, momento de su internación. Como empleado con sueldo fijo. "Trabajar afuera no me banco, no me banco que me manden".

De una entrevista posterior con su padre, este dirá que trabajar, lo que se dice trabajar en la zapatería, poco y nada. Y obedecer, lo que se dice obedecer, o al menos escuchar un consejo, eso, brilló por su ausencia.

"Puede que sea revanchista . . . . siempre drama con mi viejo . . . . él me dice no consumas y yo voy y consumo el doble". Más adelante comentará: "me machaca en la cabeza lo de la edad . . . . es como que no me hago cargo de la edad que tengo". Piensa que no tiene la edad que realmente tiene, que se siente mucho más chico, aunque no podría ubicar en qué momento está detenido. Tampoco sabe bien qué le pasa con el padre, es como una bronca dice, como un odio aunque prefiere decir bronca, un sentimiento no tan extremo.

"Necesito hablar con un profesional . . . . le dije a mi vieja que no quiero caer en un pozo como hace 5 años atrás, cuando me interné". Los cinco años que comenta el paciente, coinciden más que con su internación con el momento en que él mismo ubica el comienzo de consumo de cocaína. "Sí consumía alcohol antes, con los amigos", aunque le resta importancia a esto.

Dice que desde hace algunas semanas viene consumiendo todos los días, 5 papeles más o menos, según la plata que tenga. Que consuma o no depende del dinero que tenga.

Hasta aquí la primera entrevista. Mis comentarios de cierre de la misma, giran alrededor de lo siguiente: decirle al paciente que voy a tratar de ayudarlo a no caer de nuevo en un pozo, pero que el pozo está antes, antes del momento de la internación, y antes aún de que su consumo de cocaína comenzara. Intervención que realizo con certidumbre. "Algo pasó antes y hay que buscarlo". Y hay otro tema a trabajar le digo, el de las deudas.

. . . . . . . . . .

En la segunda entrevista, comienza diciendo que se quedó pensando en lo que le había dicho, " eso del pozo que había antes". Recuerda que a los 22 años estaba saliendo con una piba y ella quedó embarazada. Abortó. Fue una decisión compartida, pero él nunca se lo perdonó a si mismo . . . . "el chico no tenía la culpa, tendría que haberlo tenido". . . . no la quería, así que haber tenido un hijo no hubiera sido bueno . . . . igualmente no me lo perdono". "Me quedé en bolas, puse toda la plata ahí". Todo el sueldo de la zapatería.

Y estuvo pensando que también pasó otra cosa. Falleció un tío materno. "Para mí era primero mi tío, y después mi viejo". . . . "era músico y alcohólico, . . . . después seguí con la música yo . . . . yo toco la batería". Este tío querido y alcohólico era, según el paciente, "el fans Nº uno de la banda" y el que siempre le daba una mano en cuestiones relativas a lo musical. Este tío querido un día llega muy alcoholizado a su casa y se desnuca al caerse en la bañadera. "También se me vino todo abajo . . . . lo que no te puedo decir si fue antes o después de los 23 años". El tío querido era guitarrista y cantante y, "era solista también", dice el paciente.

Le pregunto que es esto de "solista también", si el estaba tocando en una banda. Dice que hoy en día esa banda ya no existe, se disolvió cuando la internación, y que en la actualidad ya no toca la batería. "Tendría ganas, a veces veo un conjunto y me agarran unas ganas locas, no sé que pasa . . . . me siento yo solo delante de la batería y . . . si no tenés acompañamiento". Hablamos bastante de música, muestro mi interés al respecto, le pregunto cuestiones técnicas de su batería. Hablamos de las bandas que le gustan.

"La batería necesita acompañamiento, si no no sabés que tema estás tocando". . . . "veo una batería en un negocio y me vuelvo loco . . . . en casa no me da ni ganas".

Su madre es profesora de piano, y sabe que hubo un abuelo materno bandoneonista. Lo musical "viene del lado de mi madre". Empezó a tocar la batería a los 18 años aproximadamente, casi al mismo tiempo que comienza a trabajar en el negocio del padre.

Me entero en esta entrevista que el paciente vino acompañado por su padre, que lo espera afuera. La vez anterior fue la madre quien lo acompañó. "No estoy libre ni en casa ni en la calle". Habla de control, de que lo vigilan, que no le tienen confianza. Le molesta en especial que su padre esté detrás suyo. "No sé si es capricho o llevar la contra . . . . no tengo nada con mi viejo, pero . . . . hay algo que no me deja . . . . hago la contraria . . . . siempre fue así . . . . (¿siempre?) . . . ."desde que estoy consumiendo, antes no me acuerdo".

Insisto para que sitúe algún recuerdo sobre el padre "antes de consumir". "Antes yo tenía plata, un conjunto, tenía mi música . . . . mi vida era antes".

Dice que su padre quiere internarlo. Y que él no lo va a aceptar. El padre afirma, según el paciente, que a él –al paciente- ningún psicólogo lo va a cambiar, que ya no tiene solución, que se tiene que internar.

Le pregunto que opina de una futura entrevista con sus padres, y con su padre en particular. Ríe. "Con el no vas a poder hablar de nada, tiene el signo pesos en la frente, otro tema no hay, si querés hablar con el de deportes o de música es inútil . . . . casi no hablo con él".

. . . . . . . . . .

A su tercera entrevista no concurre. Luego me enteraré por su madre que en esta oportunidad nadie lo acompañó. Obtenido el dinero para la consulta decide comprar cocaína. "Ya venía consumiendo y cuando vengo consumiendo no puedo parar", explicará luego. "Si estoy careta (esto es, sin consumir) vengo".

Una frase que había repetido varias veces tanto en la primera como en la segunda entrevista, afirmaba lo siguiente: "Yo no puedo tener plata en la mano".

Con esta frase inaugura la siguiente entrevista. Dice que es así y que no puede evitarlo. Como no puede evitarlo la enuncia con el peso de una justificación inconmovible. "Si tengo 5 pesos gasto 5 pesos, si tengo mil, gasto mil ". Si el supiera cómo, lo evitaría, pero no se le ocurre nada. La cosa es así.

"Ya estoy quemado". Esto significa que ya no puede pedirle plata a nadie, que ya todos lo conocen y conocen su vicio y sus mentiras. Cuando no consigue dinero, se queda en su casa, toma mate con la madre o se distrae con cualquier cosa. A veces se le pasan las ganas de consumir. Otras veces no es tan fácil.

"Buscar laburo me pone loco . . . . en casa me siento un pelotudo".

Hace una semana que ya el kiosko está cerrado. A menudo piensa en volver a la zapatería. Pero el padre no está dispuesto a echar a la empleada que vino a ocupar el lugar de él en la zapatería. Esto el paciente lo lee como falta de carácter del padre.

Le pregunto como era su vida cuando trabajaba con su padre. Estaba harto de escuchar al padre sobre sus quejas de dinero y de política, su bla-bla constante. "No se puede estar ocho años así". Los estuvo. Opina que tal vez eso influyó en que comenzara a consumir. "Vivía mi mundo, hacía oídos sordos . . . . por ahí me drogaba para zafar de lo que él hablaba . . . .muchas veces me drogaba en el negocio".

Repite: volver a la zapatería sería una posibilidad. "Para probar, tal vez ahora sea diferente". Le digo que de acuerdo a su relato, volver a estar junto al padre no es el camino, que si quiere probar va a tener que probar por otro lado.

A veces piensa que quizás estaría mejor fuera de su casa.

. . . . . . . . . .

De la entrevista con sus padres me interesa rescatar este punto: de una u otra manera, siempre lo proveyeron de dinero. Su padre, a pesar de comentar insistentemente con su mujer el hijo que les salió, y de protestar por el dinero que le tiene que dar a su hijo, nunca dejó de dárselo. El sabe que va a "usarlo en droga". Y el piensa que su hijo sabe que él sabe que va a usarlo en droga. Y la madre sabe que . . . .

Al día siguiente el paciente tenía que concurrir a una entrevista. No lo hace, pero esta vez avisa. Dice que está mal, y que por eso no va a concurrir. Un poco lacónico ya que habla desde un teléfono público, se deduce por sus dichos que estar mal es que está consumiendo y que no va a concurrir a su entrevista. Dice que en otra oportunidad hablaremos, ya que ha estado recordando "cosas muy importantes que me pasaron en la infancia". Quedamos en que lo llamaría para una nueva entrevista para escuchar "esas cosas importantes" que le pasaron en la infancia.

Algunos días después, le doy un nuevo turno, con esta indicación: que concurra solo, sin compañía de ninguno de sus padres, y que lo haga sin dinero. En la entrevista le explicaría por qué. Acepta. También hablo con su madre, le aviso del turno dado a su hijo y de la indicación pautada. Que a partir de ahora, la cuestión del dinero del tratamiento la manejaría con ellos. Recalco esto: que para las consultas que realice de ahora en adelante a su hijo, no se le deberá entregar dinero. Esto también les será explicado en una entrevista a ella y su marido.

Espero a Daniel según las coordenadas pautadas. No concurre. Sí llama su madre, que me dice que desde ayer a la tarde no sabe nada de su hijo, que salió con el padre en auto hacia la zapatería y se bajó antes.

Llamaba para avisarme que es muy posible que su hijo no concurra. Cosa que efectivamente sucede.

En la entrevista que mantengo con los padres del paciente el mismo día por la noche el esquema se repite. El padre está convencido que hay que internarlo, que no hay otra solución. Por otras cosas que dice, gestos y muecas, podría decirse que es un padre que da a su hijo por perdido.

Hacia el final de la entrevista les entrego a los padres una carta que ya había escrito para su hijo.

La carta tendrá desarrollados los siguientes puntos:

Que lo estuve esperando

Preguntarle si debía creer en sus palabras ("ganas de hablar") o en sus ausencias.

Explicarle los motivos de la consigna para la entrevista última a la que no concurrió. ("¿Para qué venir con plata si eso iba a impedir que vinieras?")

Decirle que en mi opinión, y por lo que había comentado, ya tenía muchas deudas "en la calle". ¿Para qué inventarse una, allí donde no la había? (No entrar en la cadena de acreedores fue la idea que guió este tópico)

Insistir: el "pozo" está antes. Y hay que buscarlo. Ahora o más adelante, cuando quiera, pero en algún momento lo va a tener que hacer

Que tiene un lugar donde hacerlo

Algunos días después, el paciente llamará. Querrá que nos encontremos.

Ese encuentro todavía no sucedió.

Este terapeuta no sabe que cartas se jugarán. Piensa que tal vez al analista historiador haya que definirlo un poco, ajustarlo. Quizás haga falta un "historiador musical" o "hacer de tío", abstinente.

Si el paciente no concurre, se aceptarán propuestas para nuevas cartas.

 
Colaboradores Suscribirse Mapa del sitio Consultas 24hs Enlaces Contactenos Administración