La familia, ese escenario donde se construyen las relaciones e intercambios
básicos que condicionan en buena parte el futuro de cada persona, es el
espacio que primero (y más) influye en el riesgo de que alguien se convierta
en un delincuente.
La delincuencia, un fenómeno que crece en magnitud y recluta a protagonistas
cada vez más jóvenes, fue uno de los temas tratados durante el 9 Congreso
Internacional de Psiquiatría que concluyó el 25-10-02 en Bs.As. Comparto
aquí las ponencias que enriquecen la temática.
Varias investigaciones psicológicas que buscan respuestas acerca de
los factores que predisponen a la conducta antisocial y el delito, destacan
la ausencia real o simbólica de la figura paterna como el factor que más
incide en el problema, pero afirman también que depende enormemente de
la figura de la madre.
Relevando información acerca de los internos alojados en nuestras cárceles,
vemos que mayoritariamente están por haber cometido robos (en banda y/o
con arma).
Encontramos que tienen ciertos rasgos comunes, como no saber porqué
han venido al mundo excepto de porque la madre quedó embarazada y que el
padre es un desconocido, alguien que ha estado un tiempo o volvió tras años
de desaparición. En todos los casos falló en su función normativa. En los
relatos, la figura del hombre está muy degradada, y la familia es un lugar
donde entra y sale gente, el problema no son las nuevas parejas de la madre
, sino que van y vienen y nadie explica nada. Es una realidad de hechos
y de silencios, no de palabras.
En muchos casos las madres no aparecen en los recuerdos de infancia,
están borradas, por el dolor que produce el descuido y el abandono, manifiestos
por ejemplo en el accidente.
La violencia padecida no siempre adopta la forma de golpe sino también
de abandono, de falta de contención, de indiferencia o no reconocimiento.
El ingreso en la escuela es el primer lugar de choque, los hombres
que pueblan las cárceles suelen concurrir directamente a la primaria y se
encuentran en un escenario nuevo, de normas claras, muy distinto al de su
hogar, y donde suelen irrumpir los primeros actos violentos.
Según un trabajo realizado por Ubacyt sobre 200 internos penales buscando
antecedentes tempranos de acciones familiares sociales que hubieran incidido
en la conducta antisocial surgió :
- que casi la totalidad de estos hombres han sufrido abandono o desconocimiento
de sus padres, malas madres por descuido o por inducirlos a la violencia,
muchos han sido entregados o regalados, han fracasado en la escuela e ingresado
tempranamente en grupos de pares violentos, consumidores de drogas, que
les han dado alguna forma de coherencia e identidad, librándolos de alteraciones
psicológicas graves, como la psicosis.
- Estos jóvenes no pierden el juicio de realidad. Tienen bien diferenciado
quienes son ellos y quienes son los otros. Pero los otros están al servicio
de la agresión, le sirven porque les pueden sacar todo lo que ellos no recibieron
y además merecen ser arrebatados como representates de la sociedad que nunca
les dio nada. Buscan una reparación que nunca llega, porque han perdido
por completo la esperanza.
La adolescencia es otro momento importante, escenario tradicional
de rebeldías, pero en estos casos las figuras parentales ya están degradadas,
no hay a quien enfrentarse en la casa porque allí no existe ninguna ley.
El lugar donde buscan el enfrentamiento pasa a ser la sociedad, la ley penal
que siempre está.
Durante la adolescencia generalmente comienza una relación simbiótica
entre la madre y el hijo: ella supone que ese hijo puede responder a todas
sus necesidades. La figura materna es idealizada, tatuada en el cuerpo (es
altísimo el porcentaje de internos que tienen tatuada la palabra MADRE).
Por eso, cuando delinquen, parte del motín va para la madre, y el resto
para cuestiones que no son de primera necesidad (ropa deportiva de primera
marca, sofisticados equipos de audio, etc.)
El que delinque no es el pobre que roba para comer sino el marginal
que vive en un ambiente sin ley. Aún siendo muy pobre e ignorante se puede
tener ley. Pertenecer a la clase baja sólo pone a las personas más cerca
de la marginalidad.
El autor canadiense Guy Corneau utiliza el término PADRE FALTANTE para
describir al padre falto de contactos duraderos y profundos con sus hijos,
prefiere esta denominación a la de padre ausente. Faltante le da una extensión
mas vasta y se refiere no solo a la ausencia física sino también espiritual
y emotiva.