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Libro: "DROGAS"
Hermes Millán Redin

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Centro Virtual para el Tratamiento de las Adicciones
y problemáticas relacionadas por Internet

Palabras preliminares

Cuando se habla de la droga casi siempre se agregan adjetivaciones ("maldita cocaína", por ejemplo) o se la incluye en las categorías de lo epidemiológico o pandemiológico, o se recurre a las metáforas de la "peste" o el "flagelo".

Cuando se habla de la droga se superponen discursos médicos, políticos, ideológicos y económicos, que muchas veces lejos de aclarar el panorama en cuestión, tejen velos que encubren lo que pretende mostrarse con transparencia.

Pero en medio de tantas palabras especializadas, entre esta maraña de juicios y "sabidurías", más allá de los límites entre el consumo y la adicción, están los sujetos que sufren sin poder obtener placer por otra vía que no sea la química, los sujetos que consumen ni siquiera por la búsqueda de la "felicidad" sino simplemente para evitar los síntomas demoledores de abstinencia.

Para estas personas con nombre y apellido, los que no encontrarán solución a sus problemas en los tratados especializados, para los que no resolverán sus padecimientos en la polémica de las estadísticas, abrimos un espacio profesional de ayuda para tratar las toxicomanías por parte de un equipo de probada experiencia clínica. Una clínica fundada sobre la ruptura de los prejuicios paralizantes y la utilización mediática del tema.

También abrimos un espacio para el intercambio y la especialización con profesionales dedicados al tema.

Breve fundamentación

Sobre las condiciones necesarias para la elaboración de un nuevo discurso más ético y más eficaz en relación a la problemática de las drogas.

(tomado de "Drogas. Trece discursos y una mirada diferente." del Lic. Hermes Millán Redin)

En primer lugar el reconocimiento de que no puede haber un discurso único y universal sobre el tema y de que se hace necesaria la emergencia de la diversidad. El cuerpo extraño en este asunto es justamente el consenso que parece edificarse por encima de las diferencias filosóficas, religiosas, políticas, ideológicas, etc. El atrincheramiento unánime detrás de los conceptos de la "plaga" o "el flagelo universal" es una señal suficiente de que el debate se encuentra asfixiado en el aire denso de la agitación y las consignas.

En segundo lugar el reconocimiento de que el tema del consumo de sustancias psicoactivas pertenece al ámbito de lo privado y que por lo tanto no hay razón suficiente que justifique su transformación en asunto público y mucho menos en asunto de Estado. Aunque parecen lejanos los tiempos en que el poder público pretendía el control absoluto de lo doméstico, incluida la sexualidad, valiéndose de métodos de acción directa, parecería que aún el estado moderno no renuncia a la vigilancia de las formas del placer, con lo que esto implica de reivindicación de su soberanía sobre los cuerpos. El reconocimiento de la pertenencia del tema del consumo al ámbito de lo privado obliga a que cualquier discurso sobre las drogas se atenga estrictamente al respeto de las libertades individuales.

El reconocimiento de que son varias y múltiples las razones que vinculan a un sujeto al consumo de sustancias psicoactivas y que se hace francamente insostenible la hipótesis única que asocia el consumo con el "escapismo", la "frustración" y la "incapacidad para asumir la realidad". Esta precisión no es puramente metodológica sino que repercute directamente en la posibilidad de una política basada en la tolerancia y la no discriminación.

En cuarto lugar la diferenciación teórica y operativa entre el consumo y la adicción. No cabe duda en que la adicción constituye un problema por el que consultan innumerables familias y sujetos individuales. Pero también es cierto que la indiscriminación entre los dos conceptos genera fantasmas que se agitan sobre la posibilidad de la convivencia social basada en la confianza y no en la paranoia y obstaculizan injustamente (desde la culpa o la clandestinidad) las posibilidades de un goce responsable. Uno de los mitos que impide la diferenciación entre el consumo y la adicción es la hipótesis –nunca probada- de la escalada del consumo, que invirtiendo las reglas de la lógica afirma que si todo el que es adicto antes fue un simple consumidor, todo consumidor es fatalmente un futuro adicto.

Un discurso que reserve un espacio para un debate honesto sobre las dimensiones económicas y geopolíticas de la producción y la venta de sustancias psicoactivas, que abra las puertas a la consideración –sin descalificaciones ni desconfianzas cronificadas- de la opción de la despenalización –total o parcial- de estas actividades.

Un discurso que reaccionando contra el terrorismo y el puritanismo no convierta el tema de la droga en un instrumento para el agiornamiento de la nostalgia militante, ni la muestre como el instrumento único en la búsqueda de la experiencia subjetiva que llene el vacío dejado por la crisis aguda de la hegemonía histórica de la razón.

La construcción de un nuevo discurso en relación al tema de las drogas no solo tiene que ver con las cuestiones ideológicas, filosóficas o políticas que este tema encierra, sino que tiene una estrecha relación con la posibilidad de ir experimentando una clínica más ética y más eficaz en lo que se refiere al tratamiento de los adictos y sus familias. No cabe duda de que a pesar de que el problema del consumo abusivo y las adicciones no tiene ni mucho menos un carácter epidémico o pandémico, si constituye una problemática digna de ser atendida, más aún cuando el discurso represivo ha amparado el desarrollo de metodologías terapéuticas que poniendo el énfasis en el lugar equivocado han fracasado, sustancialmente, en el intento de ayudar a los sujetos a ser más libres y autónomos. Con el agravante de que a nivel internacional las opciones terapéuticas concordantes con el discurso de los centros burocráticos de administración de los recursos destinados al tema, han sido bien premiados por su consecuencia (por suscribir las tesis del "flagelo") y ha quedado poco espacio para sostener programas alternativos con el acento puesto en el sujeto.

La "desinstitucionalización" de la escucha en el caso de la demanda del adicto o su familia hace a la posibilidad de una puesta en cuestión de todos los prejuicios, temores y tergiversación de la información que impregnan el campo de la clínica de las adicciones presentados como forma del "saber".

 
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