EL CONSUMO DE DROGAS EN EL MUNDO DEL TRABAJO
Necesidad, riesgos y condiciones de su evaluación
Cada vez que se habla de investigar sobre el consumo de drogas
en los lugares de trabajo y diagramar dispositivos adecuados a
tal situación, varios fantasmas recorren el debate e impiden,
en la mayoría de los casos, avanzar en una problemática
que todos saben de cardinal importancia.
Por un lado los trabajadores y sus sindicatos temen que la planificación
de medidas adecuadas a la finalidad de detectar el nivel y la
incidencia del consumo de drogas en los lugares de trabajo (o
de repercusión directa o indirecta en el lugar de trabajo)
termine encubriendo campañas de reducción de personal
con el ahorro consecuente en indemnizaciones o despidos. Por otro
lado los empresarios temen que adoptar medidas en tal sentido
trascienda los límites de la empresa y termine afectando
la imagen de sus productos en los mercados por supuestas fallas
en los procesos de control de calidad.
Y los temores no son infundados, ya que los estatutos que rigen
la actividad laboral prevén en muchos casos el alcoholismo
y la toxicomanía como causal de despido; y aunque esta
causal no se invoque en forma directa, si se utilizan los subproductos
del ausentismo, la impuntualidad, el abandono de tareas, el descenso
del rendimiento, los conflictos con los compañeros de trabajo,
etc.
Los empresarios terminan muchas veces afiliándose a la
estrategia llamada de la “no oferta”, evitándose
problemas inmediatos, seguros que la oportunidad de despedir al
trabajador infractor tarde o temprano llegará.
Es sabido que la problemática de consumo de alcohol y
drogas ilegales muchas veces es importada como hábito por
el trabajador del ámbito externo al lugar de trabajo.
Pero existen condiciones de trabajo, físicas, ambientales
y de relaciones laborales que se constituyen en factores de riesgo.
Citamos a continuación la lista elaborada por la Unión
Regional de CC.OO de La Rioja:
De organización del trabajo:
- estrés productivo
- personal insuficiente
- trabajos rotativos
- precariedad
- peligrosidad
- aislamiento y monotonía
- jornadas excesivas
- trabajos a turnos
- nocturnidad
- descanso no reparador
- estado de alerta prolongado
- alto grado de responsabilidad y exigencia
- concentración prolongada
- predominio del ritmo de la máquina sobre el ritmo biológico
- tendencia a la utilización de fármacos
Condiciones físicas y ambientales:
- aire libre, frío-calor (predisposición a la fatiga
física y nerviosa, reducción de la atención,
aumento del malestar, riesgo de consumo de bebidas de alta graduación)
- ruido-vibración, factor generador de estrés (condiciones
que predisponen a trastorno del sueño, dolores de cabeza,
tensión, irritabilidad, deterioro del sistema nervioso)
Por más que las investigaciones, por lo menos en nuestro
medio, sean insuficientes existen seguimientos internacionales
que podrían marcar en términos generales algunas
tendencias que se verifican en nuestro país.
La ONU, la OIT y la OMS sostienen que las sociedades pagan un
pesado tributo por el uso indebido de drogas tanto en términos
económicos como humanos. La evaluación de los organismos
españoles especializados permiten aseverar que el consumo
de drogas relacionado con el ámbito de trabajo “disminuye
tanto la productividad, la calidad y la competitividad, como la
salud de los trabajadores, aumentado los accidentes y enfermedades
profesionales, los costos empresariales, el ausentismo, los gastos
sociales y sanitarios”.
También concluyen que la disminución de esta problemática,
si se toman medidas adecuadas, es posible sin un gran desembolso
financiero, aprovechando los recursos existentes, a condición
del compromiso en una acción común de las administraciones
públicas, las empresas y los sindicatos.
La Revista de la OIT “Trabajo” en su No. 23 resume
los resultados de un proyecto que abarcó países
tan variados como Egipto, México, Namibia, Polonia y Sri
Lanka, que demuestra, más allá del corte de la muestra,
la gravedad de la problemática que nos ocupa. Entre los
datos recogidos resaltamos los siguientes:
- entre el 70 y 80 % de los incidentes relacionados con el alcohol
son ocasionados por bebedores moderados;
- en todas las profesiones las tasas más elevadas de consumo
y abuso de alcohol y drogas corresponden a trabajadores varones
y jóvenes;
- las mayores tasas de consumo de alcohol, marihuana y cocaína
en el puesto de trabajo, en los hombres, se da en los sectores
del ocio, el espectáculo y la construcción;
- en el caso de las mujeres, la mayor incidencia del consumo de
alcohol corresponde la agricultura, la selvicultura y la pesca.
La Revista “Trabajo” de la OIT en su No. 30 agrega
como dato interesante un estudio efectuado en Estados Unidos,
donde pilotos de línea aérea utilizaron un simulador
en tres condiciones de influencia del alcohol. “Antes de
beber, sólo un 10 por ciento no consiguió ejecutar
todas las operaciones con corrección. Con una concentración
de alcohol en sangre de 0,10/100 ml, la proporción se disparó
hasta el 89 %. Catorce horas más tarde, período
de tiempo en que el alcohol había abandonado su organismo,
un 68 % de los pilotos siguió cometiendo errores”.
Estos datos son por demás interesantes porque demuestran
la amplitud de la problemática, en la medida que permite
desmontar algunos mitos consolidados en lo que a la interpretación
de la relación entre el consumo y el desempeño laboral
se refiere:
1- los accidentes laborales pueden relacionarse con pequeños
consumos;
2- los accidentes laborales pueden tener como protagonistas a
sujetos que no podrían signarse como grandes consumidores
o consumidores habituales;
3- los accidentes de trabajo pueden relacionarse con el consumo
de alcohol o de drogas, aún más allá de los
tiempos en que se considera que la sustancia consumida mantiene
principios activos presentes en el organismos, ya que la alteración
de conciencia involucra componentes subjetivos y de naturaleza
psicológica.
Una vez reconocida la magnitud de la problemática y la
multiplicidad de los componentes afectados, la cuestión
fundamental se desplaza a la búsqueda de alternativas de
tratamiento de la cuestión que conjugue los intereses de
los trabajadores, los empresarios y el Estado, y a la elaboración
de dispositivos que no sirvan de pretexto o de cobertura a intereses
económicos o políticos subyacentes. En ese sentido
la Primera Conferencia Internacional del Sector Privado sobre
Drogas en el Lugar de Trabajo y en la Comunidad realizada en Sevilla
en 1993 permitió la revisión de las políticas
empresariales existentes y sentar las bases de la colaboración
entre el sector privado y la comunidad.
La Segunda Conferencia, con la participación organizativa
del Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización
Internacional de Drogas (PNUFID) y la OIT (Porto Alegre, abril
de 1995) afirmó la importancia de la participación
de los Sindicatos y las Organizaciones No Gubernamentales, con
el acento puesto en la prevención. En ese marco el Sr.
Adrian Wilkinson, consultor del PNUFID/OIT, enfatizó la
necesidad de difundir y aplicar el Código de Prácticas
sobre el Manejo de Cuestiones relacionadas con el Alcohol y Drogas
en el Lugar de Trabajo, aprobado por la OIT.
Los participantes acordaron seis componentes conceptualmente distintos
para un programa modelo:
- educación de los empleados;
- intervención/prevención;
- investigación;
- políticas;
- estrategias de comunicación;
- procedimientos de control de calidad
La intervenció/prevención debe incluir tres niveles:
la educación preventiva de todos los empleados, la orientación
y asesoría para personas en alto riesgo de desarrollar
problemas con las drogas y servicios de rehabilitación
para trabajadores con dependencia ya establecida.
En muchos países y en la mayoría de las empresas
predomina aún un modelo represivo, acorde –por otra
parte- a la tesis oficialmente predominante en relación
con la producción, tráfico y consumo de drogas.
Este modelo relativo al abordaje de la problemática del
consumo de drogas asociado al lugar de trabajo, se presenta con
diferentes variantes relacionadas entre sí.
Por una parte el modelo de la no oferta que consiste en no asumir
la problemática del consumo en la empresa y no coordinar
esfuerzos con las partes involucradas, en la convicción
de que tarde o temprano el trabajador consumidor terminará
generando causales que permitan su despido.
El modelo del despido que apuesta a la detección de la
problemática, acudiendo a la legislación que ampara
la expulsión de los alcohólicos y toxicomanícos,
o invocando causales indirectas como la impuntualidad o el ausentismo.
El modelo de la excedencia que implica que el tiempo que el trabajador
“problema” este en tratamiento no será pago
por la Seguridad Social, acordando con el trabajador amenazado
por el despido, condiciones que seguramente terminarán
con la no- reinserción al lugar de trabajo.
El modelo de la sanción como única apuesta correctiva,
supone la pérdida temporaria del sueldo o la quita de beneficios
adquiridos como la antigüedad, por ejemplo.
El modelo de la detección médica centra la vigilancia
en los informes que los equipos médicos brindan sobre la
aparición de los síntomas asociados al consumo;
algunas veces se incluyen en los chequeos médicos pruebas
que apuntan a la medición de parámetros biológicos
como el VCM o las transaminansas, por ejemplo.
Podríamos citar dos ejemplos de la aplicación de
este modelo represivo, con la consecuente fundamentación
ideológica que lo sostiene.
Un informe de la Administración de Adicción a Sustancias
Controladas y Servicios de Salud Mental (SAMHSA) de los Estados
Unidos, de 1999, luego de afirmar que el consumo de drogas ilícitas
entre los trabajadores de tiempo completo había disminuido
un 10% en los últimos años, destaca que todavía
subsisten en el país 6.3 millones de trabajadores consumidores
de drogas ilícitas, 6.2 de grandes consumidores de alcohol,
y 1.6 millones de trabajadores que combinan ambos consumos. En
ese marco lanza su consigna de trabajo, por demás significativa,
en una conferencia de prensa de Barry McCaffrey, Director de la
Oficia de Política Nacional de Control de Drogas, dependiente
de la Casa Blanca: “Tratamiento de la adicción: Invertir
en la Gente para el Éxito de las Empresas”.
Por más que en la misma conferencia se anuncian algunas
medidas sociales como la paridad a partir del 2001 en la cobertura
de salud mental y consumo de sustancias ilícitas, el mecanismo
privilegiado sigue siendo la detección por parte de la
empresa del trabajador adicto en la forma de operativos compulsivos.
Resulta difícil en este caso detectar los límites
entre las políticas de Estado y los intereses, por ejemplo,
de la empresa Quest Diagnostics, líder en el ramo de exámenes
de diagnóstico, información y servicios de detección
de consumo entre los trabajadores, con una facturación
de 3.4 millones de dólares en el año 2.000. Poco
después de que SAMHSA anunciaba la tendencia a la baja
en las cifras de consumo en el trabajo, la Quest Diagnostics anuncia,
por primera vez desde la comercialización de su test, un
repunte de los guarismos de consumo laboral, recomendando la extensión
del uso de su dispositivo diagnóstico a las pequeñas
y medianas empresas que sirven de opción laboral a aquel
usuario que no resistiría las pruebas de ingreso a las
grandes empresas debido a sus mecanismos de filtro.
Por otra parte, en China el Consejo de Estado promulgó
las Medidas para la Implementación de la Abstinencia Forzosa,
mientras que los departamentos correspondientes elaboraron las
Directrices de las Terapias Estándares de Abstinencia para
la Deshabituación del Opio, así como el Reglamento
sobre el Control de los Medicamentos Destinados a la Abstinencia
de las Drogas.
En virtud de estas resoluciones, los consumidores habituales de
drogas, incluyendo a los detectados en el ámbito de trabajo,
“son ingresados en centros de abstinencia forzosa establecidos
por los gobiernos de los distintos niveles; a quienes recaen en
el consumo de drogas después de abandonar los centros de
abstinencia forzosa, se les interna en centros de abstinencia
mediante el trabajo obligatorio”. Los documentos oficiales
señalan que existen en todo el país 746 centros
de abstinencia forzosa y 168 centros de abstinencia forzosa mediante
el trabajo obligatorio. Pero lo más significativo es el
criterio de cura con que se manejan estos centros. Dicen los documentos
oficiales: “En los centros de abstinencia, a los internos
se les trata con terapias seguras y científicas, se les
imparten conocimientos legales y morales, y se les educa estrictamente
en un comportamiento correcto”. Y para rematar este trasbasamiento
entro lo científico y lo ideológico, se agrega que
estos centros son supervisados, entre otros, por los diputados
de las asambleas populares y los representantes de diferentes
círculos sociales (entre ellos: los sindicatos, la Liga
de la Juventud Comunista, las federaciones de mujeres, etc.).
Y como corolario, se resume la experiencia en los últimos
años de Mongolia Interior, Yunnan, Guangxi, Guizhou y otras
provincias y regiones autónomas en la creación de
“Zonas residenciales sin drogas”. Se denominan de
esta manera barrios residenciales urbanos y cantones rurales donde
toda la población participa de un dispositivo de detección,
cobertura y re-educación de los consumidores.
La crítica al modelo represivo, decidido a voluntad de
una sola de las partes involucradas, supone necesariamente el
desarrollo y la fundamentación de modelos alternativos.
El modelo preventivo está basado en la educación
sanitaria, en la información y en un cambio de la actitud
de la empresa hacia la consideración de los problemas de
funcionamiento que se constituyen en factores de riesgo para el
consumo y abuso de sustancias adictivas por parte de los trabajadores.
El modelo de identificación-tratamiento supone dispositivos
de detección de la problemática respaldados en la
confidencialidad, con criterios claros para el seguimiento, basados
en el principio de la generalización del mecanismo, con
asesoramiento de profesionales y participación de los gremios
involucrados.
El modelo rehabilitador implica el objetivo de la vuelta del trabajador
a su lugar en la empresa en un proceso exento de sanciones, ofreciéndole
alternativas terapéuticas como signo del abandono definitivo
del modelo represivo.
Las pruebas involucradas en el proceso de identificación
de los trabajadores afectados por el hábito del consumo
de drogas deberán hacerse en el marco de los criterios
de la Organización Internacional del Trabajo y la Organización
Mundial de la Salud. Las intervenciones ante situaciones concretas
podrán hacerse a partir de las demandas individuales, colectivas
o institucionales.; pero implicarán siempre la participación
en el diseño y la ejecución, de todas las partes
involucradas.
La participación de los sindicatos en este proceso deberá
hacerse sobre la base de programas integrados, participativos,
voluntarios, planificados y confidenciales, lo que significa para
los sindicatos el desafío de investigar y conocer las formas
concretas en que el consumo de drogas afecta a cada empresa y
cuales son las condiciones de ejercicio de las tareas que constituyen
factores de riesgo específicos. Supone, al mismo tiempo,
tener un discurso que defina la multicausalidad del problema,
como alternativa al discurso dominante que responsabiliza únicamente
al consumidor.
Otro elemento a tener en cuenta es que los programas de detección
y reinserción no podrán nunca ser financiados a
partir de quitas salariales a los consumidores, sino a partir
de recursos externos de la empresa.
El programa de la OIT/OMS utiliza un sistema de “semáforo”
para clasificar a los trabajadores que necesitan ayuda: una zona
verde que incluye a los que no presentan ninguna problemática
al respecto, una zona amarilla para los trabajadores que requieren
una intervención inicial, más educativa que asistencial,
y una zona roja para los que necesitan tratamiento y rehabilitación.
La garantía de que esta clasificación no se convierta
en un vehículo de discriminación, está dada
por la participación de los componentes estatales, empresariales
y sindicales en el diseño de los dispositivos específicos
y adecuados para cada empresa. El programa promueve la creación
en cada país de Asociaciones de Administradores de Recursos
contra el Consumo Abusivo de Drogas (representado por la expresión
inglesa ARMADA) partiendo de la experiencia que señala
que “la organización de redes ha resultado muy útil
para compartir información, experiencias y recursos y la
realización de actividades conjuntas a escala comunitaria”.
Creemos necesario destacar que la necesidad de desarrollar programas
adecuados para la detección y la rehabilitación
de trabajadores con problemas de consumo de drogas, no puede encararse
exclusivamente desde el ángulo del cuidado de la productividad
y ni siquiera solamente desde la perspectiva de un encare dirigido
a la recuperación del concepto de salud integral del trabajador.
Es necesario reconocer el lugar de trabajo (en su dimensión
normativa y comunitaria) como un espacio invalorable para el desarrollo
de la potencialidad de “cura” del trabajador afectado,
sobretodo en los casos donde la familia y la comunidad más
inmediata parecen haber perdido la capacidad de influencia.
La falta de datos estadísticos y de reflexión adecuada
en nuestros países resulta ser un componente más
de la propia problemática. La casuística que revela
la clínica o la consulta aislada de las empresas y los
sindicatos permite, sin embargo, visualizar la punta de un iceberg;
la cuestión del consumo de sustancias psicoactivas relacionado
al mundo del trabajo parece agravarse, o por lo menos redimensionarse,
en la medida de que se agravan los factores de riesgo que mencionábamos
anteriormente.
Deberíamos sentir como imprescindible abrir un debate sobre
el tema con todos los sectores involucrados antes de que se convierta
en una rutina que no nos conmueva el ver trabajadores que soportan
la angustia de la precariedad o la inseguridad laboral con la
compañía recurrente de una petaca, como los indígenas
del altiplano el frío y el hambre mambeando hojas de coca.
Pero en el caso de nuestras sociedades, sin ninguna mística
de trascendencia.
Lic. Psi. Hermes Millán Redin
Responsable del Programa de Adicciones de P-CAP
Responsable de “El Astillero. Un programa para el adicto,
su familia y la comunidad”.
Investigador del Instituto de Investigación y Asistencia
(IDIA) – Buenos Aires – Argentina
Responsable del Espacio Uruguay de PSICOADIC Centro Virtual para
el Tratamiento de las Adicciones y Problemáticas Actuales
– Buenos Aires – Argentina
Asesor del Instituto Carlos Linneo en materia de Prevensión
de Adicciones – Oberá – Misiones - Argentina