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Libro: "DROGAS"
Hermes Millán Redin


Café con Cognac

1

La pareja entró al pequeño bar y se dirigió a una de las mesas caminando en silencio. El hombre era alto y delgado, de paso lento y mirada seria, vestido con un impecable traje gris, zapatos bien lustrados y corbata azul. Aparentaba unos cincuenta años aunque un aire intemporal envolvía toda su presencia. La muchacha, de unos veinticinco años, caminaba como encogida, demacrada, de pelo corto y áspero y una mirada congestionada que se asomaba apenas desde sus marcadas ojeras. Se sentaron uno frente al otro; el hombre levantó su mano y pidió dos cafés en pocillo, con voz fuerte y decidida, antes de que el mozo se dirigiera a la mesa. Se quitó el saco, lo colgó en una de las sillas vacías, y se dirigió hacia el baño. Cuando la muchacha constató que estaba sola, hizo una pequeña seña al mozo. Cuando este llegó a su lado apenas murmuró junto al oído del muchacho que tuvo que agacharse para poder escucharla: "el mío con cognac".

El mozo llegó a la mesa al mismo tiempo de que el hombre mayor volvía del baño. La muchacha bebió rápidamente un sorbo largo. El hombre se sentó dejando escapar un suspiro profundo, tomó su pocillo y lo llevó hasta los labios. De pronto su gesto se congeló, bajó lentamente el pocillo y olfateó delicada y exhaustivamente el aire como una fiera que siente el perfume delatador de una presa. Dejó su café sobre la mesa y miró a la muchacha que se encogió en su asiento como si quisiera desaparecer. El hombre estiró su brazo y tomó el pocillo de la muchacha, lo llevó hasta su nariz y repitió la inspección anterior pero ahora a escasos centímetros del objeto investigado.

Aún con el café sostenido en el aire alcanzó a preguntar:

Qué le pusiste?

La muchacha ensayó una respuesta desde lo que quedaba de su cuerpo.

Nada...qué querés que le ponga?

Te pregunté que le pusiste- repitió el hombre con la mirada dura y cansada.

Cognac...un poquito de cognac....no soportaba este frío de mierda. .

2

"Ya no se que hacer con ella, Millán. Si fuera la primera vez que le creo y me jode, vaya y pase. Pero la vengo soportando desde hace por lo menos diez años. Sabe lo que pasa: qué soy un estúpido! La saco del sanatorio porque era domingo de tarde y yo sé que los domingos la deprimen, le compro cigarrillos aunque no me gusta que fume, la llevo a dar una vuelta, la llevo a un bar para que se distraiga del encierro, y apenas me levanto para ir al baño, llama al mozo y se hace poner cognac en el café. A usted no le parece que tengo cara de estúpido, Millán?.

3

Cuando entro a la sala Berta se sienta rápidamente en la cama y se acomoda el pelo por detrás de las orejas mientras me sonríe como si fuera una niña. Su aspecto está deteriorado (sobre todo por esa especie de joroba que se le forma en la espalda en sus peores días) y su deseo de lograr mi apoyo parece evidente. Inmediatamente después de mi saludo comienza a decir:

"Yo no quiero que me manden a Miami. Si a mi me mandan a Miami yo me muero. Yo soy capaz de no tomar más, de no usar más merca, de ni acercarme a un porro, pero, por favor, que no me manden a Miami!!".

Le pido que me cuente el episodio del café e inmediatamente me contesta: "Yo no sé si mi padre es gil o se hace... vos dejarías a tu perro solo en tu casa con un churrasco arriba de la mesa?"

4

Era uno de esos días en que el mes de julio muestra toda su dureza. Caminaba por una calle ancha y ruidosa cuando siento que el celular suena en el bolsillo de mi saco. Atiendo rápidamente y del otro lado me habla una voz de mujer aparentemente joven y de acento centroamericano.

-"Hablo con el Licenciado Millán?. Mucho gusto. Aquí le habla la secretaria del Dr. Omar Mejía, del Hospital del Sur, de Miami. El Dr. Santoro de Uruguay me pidió que le enviara información sobre nuestros servicios de internación para adictos, pues el tiene la intención de confiarnos el tratamiento de su hija. El Dr. Mejía me pidió que lo llamara para que usted nos facilitara una dirección donde enviarle folletería sobre nuestro tratamiento y nuestras instalaciones. También nos gustaría que usted nos visitara para que pudiera comprobar nuestros éxitos y recomendar nuestro Hospital."

Cuando guardo nuevamente el teléfono en mi bolsillo, tengo la sensación de que las modalidades de la promoción turística son verdaderamente infinitas.

5

La mujer estaba sentada en el borde de la silla, con las dos manos apretadas entre las piernas. Su aspecto es cuidado y elegante, aunque toda su apariencia hace pensar en una compostura difícilmente sostenida. Lo más sorprendente es su parecido con Berta, pero un parecido que se sitúa en la dimensión de lo paradojal: es como si cada una anunciara el futuro de la otra pero en un sentido invertido del tiempo. La mujer habla como si me rindiera cuentas, como si se justificara frente a mi.

"Yo le quiero aclarar algunas cosas. Porque para el padre es muy fácil no verla nunca y después venir acá y tirarme mierda encima. Le quiero aclarar tres cosas. Una, que si yo quiero que mi hija desaparezca es porque yo también tengo derecho a vivir tranquila, a disfrutar de mi marido, a tener un día de paz aunque sea, en mi vida. Otra, que si bien es cierto que Berta empezó a tomar cuando yo me separé del padre no creo que tenga nada que ver que yo en esa época haya tomado algo de más. El padre seguramente le habrá dicho que yo me emborrachaba con la empleada, pero yo tomaba con ella porque era mi mejor amiga. Claro que a él le da picazón en el culo , porque solo toma el té con la gente del Colegio de Abogados. Pero lo que más me molesta es la historia de la Combi que repiten Berta y el padre. Porque ellos no se pueden ni ver pero cada tanto se juntan para inventar historias. Pregúntele a mis hijos varones si no me cree. Yo salía con ellos en la Combi cuando Berta no aparecía y ya era medianoche y no sabía en que esquina la iba a encontrar tirada, borracha con solo quince años. Pero de ahí a decir que para mi era una fiesta, y que parecía la cacería de la búsqueda del tesoro, como alguna vez han dicho, hay una diferencia muy grande. No le parece?"

6

Berta tiene 28 años y desde los 15 consume alcohol, marihuana y cocaína. En los diferentes centros donde ha sido tratada se la tipifica fundamentalmente como alcohólica, aunque consume cocaína en episodios que podrían calificarse de "uso abusivo" o "sobredosis", esporádicos, sin un cuadro adictivo definido, pero de evidente peligro para su salud. La marihuana parece ser (junto el café y el mate) elemento de sostén para intentar controlar el consumo de alcohol o de coca. Contradictoriamente a la difundida tesis de la "escalada en el consumo de sustancia menores a mayores", la marihuana cumpliría aquí un papel mediatizador y de control.

Ha sido echada varias veces de la casa materna y su padre ha suspendido todo vínculo por períodos extensos, conservando solo sus compromisos de mantenimiento económico de los tratamientos. La madre se vincula con Berta en un sistema de relaciones conflictivo, violento y contradictorio: la echa y la va a buscar, la maldice y la perdona, se han golpeado mutuamente en varias oportunidades y en una ocasión su marido ató a la muchacha a una silla, la golpeó levemente y llamó a la policía y al padre de Berta, terciando en un desbordado enfrentamiento familiar.

Berta se enamora fácilmente, sobretodo cuando es echada de la casa materna, de muchachos adictos y marginales, vagabundos, juntapapeles, delincuentes, recogiendo envases para canjear por vino o merca según la magnitud de la cosecha; muchachos con los cuales convive en condiciones que escandalizan a la familia, hasta que es abandonada, engañada, o huye víctima de algún desborde de violencia doméstica.

Cada conflicto de gran magnitud termina con la vuelta de Berta a la casa materna, el pedido de auxilio de la madre al padre, y la consecuente internación, siempre a iniciativa del padre, con la oposición pero la facilitación de la madre. Cada internación significa un brusco alejamiento de Berta y la madre y un reencuentro con el padre, que termina fracasando ante el descubrimiento de un porro ingresado clandestinamente al sanatorio o un café con cognac que empaña una idílica salida de domingo.

7

La historia de mi relación terapéutica con Berta tiene tres capítulos de demandas y boicot familiar. La primer consulta fue hecha por el padre hace dos años (1998), luego de una larga historia de psicoterapias, tratamientos psiquiátricos e internaciones, a partir de una recomendación hecha por un amigo de su familia que me había consultado años atrás por un hijo adicto. El padre acepta en términos generales las condiciones de mi trabajo pero sin mostrarse demasiado convencido de algunos planteos de mi parte: mi oposición a la internación como salida rutinaria a las situaciones de crisis (Berta venía de un período de episodios de sobredosis y alcoholismo, pero se la interna en la etapa de recuperación del cuadro y contra la recomendación primaria del psiquiatra tratante que ya no sabe que hacer con el caso), y, fundamentalmente mi planteo de que no trabajaría con una hipótesis previa del cero consumo como objetivo ni condición del tratamiento. El padre insiste en la internación en Miami y pretende que yo me convierta en intermediario entre él y el hospital estadounidense para tener más garantías de un abordaje serio ante la decisión familiar de no viajar con Berta como se lo pide el médico encargado del servicio del Hospital del Sur. Mientras se debaten las alternativas terapéuticas y trabajo con Berta en el Sanatorio donde está internada ocurre el episodio del café con cognac y la resolución familiar de internarla en una Comunidad Terapéutica ante la angustia que le provoca a la madre la posibilidad de que su hija viaje a Miami.

La segunda consulta ocurre un año después. El padre me cuenta el peregrinaje de Berta por tres comunidades, y los reiterados episodios de expulsión de las mismas por involucrarse en ingresos de sustancias o por violar la prohibición de mantener intercambios sexuales con otros internados. Berta estaba momentáneamente internada pero solo a los efectos de que la familia pudiera tomarse el tiempo necesario para decidir su destino. La madre estaba en la etapa de ruptura con su hija debido a una coyuntura infeliz de su matrimonio. Les propongo un régimen psicoterapéutico intenso, un acompañamiento terapéutico por parte de mi asistente, y les resuelvo la residencia de Berta en un Hogar Femenino Católico (con el que trabajé en otros casos similares)que me permitiría el control de sus horarios y la prohibición acordada con la paciente de faltar por las noches. Este abordaje supone la suspensión temporaria de todo vínculo de Berta con sus padres. La muchacha recoge esta propuesta con entusiasmo, pero su padre decide llevársela a su casa (por primera vez) argumentando que la habitación del hospedaje es muy humilde para la vida que ella acostumbra , y que , consecuentemente, aumentará su depresión y sus necesidades de consumo. Ante este segundo boicot suspendo la propuesta de tratamiento.

La tercer consulta ocurre en diciembre del año pasado. Luego de una nueva internación en otra comunidad y la consecuente expulsión por su reiterada oposición a las reglas internas, Berta se va a vivir con un nuevo enamorado marginal. La historia de amor termina con una detención policial por escándalo reiterado y violencias mutuas y el regreso a la casa materna. Comienzo el tratamiento en condiciones similares a las plateadas en la segunda consulta. Berta pasa a vivir en una pensión, comienza a trabajar en un supermercado, y entabla una relación de pareja de mutua protección, adoptando como padres a dos viejos feriantes del cuarto vecino. Consume diariamente uno o dos porros, abandona la cocaína desde hace seis meses, y toma medio litro de vino entre ella y el novio con la cena diaria. El padre paga el tratamiento y la madre la pensión. Hace una semana la madre la visita intempestivamente en su alojamiento y descubre una botella con medio litro de vino. Ante esta fuerte decepción decide obligarla a retirar loas cosas que aún le quedan en la casa materna, y dejarle de pagar la pensión. Remata este violento encuentro con la sentencia: "Andá a yirar si querés mantenerte, pero de mi no esperes un peso", mientras saca una orden de internación de su cartera y se la enrostra hasta que entablan una lucha casi corporal por el codiciado papel.

Berta entra en una etapa depresiva, se emborracha dos veces y vuelve a tomar contacto con el padre que a quién pretende seducir con la estratégica frase que otras veces utilizara para el padre "Yo a mi madre no me la fumo". En este momento trabajo con la madre y el padre sobre el reiterado sistema de demandas y boicot y sobre la necesidad de asumir una conducta racional frente al sistema de paradojas que los lleva permanentemente de ilusiones ingenuas sobre el curso del proceso de Berta y desilusiones catastróficas que terminan en la reiteración de mecanismos vinculares de probadamente improductivos (o probadamente productivos si lo. que se quiere es mantener a Berta en el lugar de sostén de las adicciones paternas)

8

Algunas conclusiones y preguntas sobre el caso Berta

Así como hay veces que Berta toma distancia de alguno de sus padres y declara "no fumarse " al otro, parecería que los padres "se fuman" a Berta repitiendo ciclos de adicción, rechazo y síndrome de abstinencia.

Así como para Berta el vino y la cocaína o la marihuana funcionan unas veces como adicción y otras como defensa de la adicción, sus padres un día ocupan el lugar del vino y al otro día el de la sustancia defensiva.

Así como la madre de Berta funciona desde sus antecedentes de alcoholismo con un sistema de desembozado de adicción y rechazo a la hija, el padre de Berta parece funcionar como un "adicto a la abstinencia", depositando en su hija el trabajo sucio y marginal de su hiperacionalismo.

Así como los padres de Berta acusan muchas veces a la muchacha de mostrar buena disposición hacia mis propuestas terapéuticas, solo para utilizarme como un escudo ante los embates "internacionistas" de ellos y algunos psiquiatras de turno, podría pensarse que los padres concurren a mi consulta (a pesar de no estar totalmente convencidos de mis planteos) para que legitime -desde mi oposición- el sistema de juicios con que sostienen lo que ya resulta insostenible. De allí lo paradojal de la consulta y el reiterado mecanismo de boicot.

Las esperanzas puestas por los padres, algunas veces, en mi abordaje terapéutico, y la inmediata advertencia implícita de "Millán, no sea ingenuo, con ella no se puede", grafica lo paradojal de la demanda.

La cuestión queda planteada, entonces, en los términos de cómo puede resultar posible ubicarse entre las paradojas de las demandas dobles, y desde allí, y fuera de allí, ser agente de ruptura, a pesar de los pesares.

9

El junio montevideano resultó más frío de lo acostumbrado. Mi consultorio parece un refugio para un veranillo sostenido a fuerza de electricidad. La mujer parece ensayar ese tipo de felicidad de quién ve comprobaba su predicción de una desgracia: entre el triunfo personal y el dolor compartido. Habla mientras recoge su saco y revisa mecánicamente su cartera.

"Yo me voy, Millán. Creo que no tiene sentido esperar más. Era obvio que no iba a venir. Debe estar borracha. Además después que le dije que se fuera a yirar si quería...La verdad es que no sé si le voy a seguir pagando la pensión...estoy harta de empezar y empezar de nuevo. Para ser sincera, lo que yo más quiero es no verla más. Si no la veo no sufro, hago mis cosas, disfruto de la vida, créame que ni me acuerdo de ella. Además yo tengo un marido y otros hijos que me necesitan. Si lo que tengo que hacer es pagarle la pensión y un surtido...bueno pago la pensión y un surtido y a otra cosa. Pero no quiero verla más."

Cuando la mujer se retira y todavía no he llegado de vuelta a mi sillón, suena el timbre. Por un momento pienso que se ha olvidado de algo y me asomo a la sala de espera. Allí está parada Berta - cinco minutos antes de la hora de finalización de su consulta y cinco minutos después de que se fuera su madre- con una cara entre temerosa y sonriente, levemente maquillada, restregando sus manos como para espantar el frío. Me mira y mientras señala su reloj, apenas pregunta:

Todavía me queda un ratito?

LIC. HERMES MILLAN REDIN

18 de Julio 2269 apto. 2

Tels.: (5982) 4009652 (5982) 099629215

e-mail: hmillan@adinet.com.uy

mensajes de texto urgentes al celular: 96292151959@ancelinfo.com.uy (escribir en Asunto con un máximo de 140 caracteres)

 
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