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Estela Ocaña

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Conferencia dictada en las Jornadas de Clausura del
Programa de Investigaciones Clínicas 2000


"Adolescencia y Vulnerabilidad Social"


Muchas gracias, muchas gracias por las palabras de Bruno, justamente por la invitación porque me da la oportunidad de conversar con ustedes, aportar algunas ideas acerca de esta temática de las adicciones aunque mi especialidad es justamente el control social, es decir, cómo se ha desarrollado esta temática en la historia y cómo este control social a partir de sus instancias, es decir, el control social es una forma de regular las conductas humanas, y de regular y normalizar estas conductas en un sistema social, como se ha movido en las distintas instituciones, tanto sea las más elementales como la familia hasta lo jurídico, que sería la forma más extrema de control social y que de alguna manera va diseñando esto que el modelo social necesita para un determinado momento histórico.

Cualquier problemática social desde nuestro punto de vista esta abordada desde un modelo que se llama, denominado de vulnerabilidad, teniendo en cuenta que también tiene una postura ideológica, es decir una cosmovisión del hombre y del mundo. En las problemáticas sociales, el que se pregunta es el hombre y el único que responde es el hombre, por lo tanto es imposible liberarnos de esa subjetividad y de esa cosmovisión del que tenemos enfrente.

Quería hacer previamente digamos al desarrollo de la temática específica una contextualización del momento actual, es decir, de este fin de siglo XX, casi siglo XXI, que nos encuentra en una profunda crisis, seguramente cada momento histórico es un momento crítico, lo cierto es que este tiene características especiales, fundamentalmente por la cantidad de cambios, por la velocidad de los cambios y por esta nueva manera de construir una subjetividad en el hombre actual, que tiene que ver con la globalización, con la imposición del mercado, es decir con un modelo productivo. De alguna manera este modelo productivo es el que ha diseñado al hombre, es el que ha diseñado las problemáticas, les ha puesto un nombre y les ha definido de alguna manera un abordaje. Es decir, tomamos las problemáticas sociales como construcciones sociales, no como situaciones naturales o como fatalismos, sino como construcciones. Y es el sistema productivo el que de alguna manera lo va diseñando. En la globalización nos encontramos con las grandes paradojas, tan grandes como que cada vez hay más riqueza pero menos ricos, cada vez hay más pobre más pobres, cada vez hay mayor cantidad de bienes de consumo como nunca en la historia, cada vez hay menor posibilidad de acceder a ellos, hay un desarrollo tecnológico y científico sin igual digamos y sin embargo cada vez hay más muertes por causas que podrían ser evitables. Ha todo esto se le agrega la autodestrucción del hombre digamos, la destrucción planetaria, todos los problemas ecológicos. En fin, todas estas paradojas que nos centran básicamente en las grandes contradicciones de fin de siglo.

En este mundo hoy tenemos una gran cantidad de escenas nuevas, escenarios nuevos y actores nuevos que construyen su subjetividad de manera distinta. Nosotros si definimos los tres grandes períodos de la historia, digamos para hacer lo un poco didáctico, premodernidad, modernidad y postmodernidad, cada momento de estos le ha dado una imagen al hombre y una manera de construir la subjetividad, porque de alguna manera este sistema social, que predomina en cada uno de estos momentos históricos, construye y modifica los lazos sociales, los lazos vinculares y de esta manera la subjetividad. La subjetividad del hombre actual tiene que ver con una gran invasión de representaciones, representaciones que no están mediando la realidad sino que tienen un verdadera autonomía digamos, tienen un valor en si mismas, y que tienen que ver con esto de la gran escenificación de los hechos, en la espectacularización de los hechos, de manera que estas representaciones ya autónomas, nos están mostrando un retazo de la realidad y de alguna manera la están superando la realidad. Es decir, este objeto que fue tan caro a la ciencia positivista de principio de siglo, de fines del siglo pasado, hoy ya ha perdido hegemonía para darle hegemonía a lo imaginario. Y una hegemonía también de todo lo que es tecnología, de todo lo que es aparato digamos, que están intermediando las relaciones. Una nueva forma de vinculación que tiene que ver básicamente con lo tecnológico. La velocidad de los cambios es muy notoria y hay una imposibilidad real de acomodarse a estos cambios.

Y lo que nos queda es hace la crítica de este momento, aunque la crítica tiene algo de nostalgia digamos. En algún sentido significa aquella nostalgia por los que... por todos nosotros que nos considerábamos progresistas y que creíamos en un mundo mejor, es decir, en una racionalidad que nos permitiera una socialización más plena. Sin embargo esto no se dio, hoy nos queda la crítica y posiblemente el poder comenzar a abordar las temáticas de alguna manera distinta, alguna manera que nos permita acercarnos al sufrimiento del hombre, de este hombre de fin de siglo plagado de problemas y de contradicciones.

En realidad la subjetividad construida en la modernidad fue el eje de la modernidad. Acuérdense ustedes que el hombre de la premodernidad era un hombre masificado, un hombre indiferenciado digamos, sumamente sujeto a la autoridad y en la modernidad se libera. Se libera a partir del estado, de la creación del estado. El estado le da el basamento jurídico digamos, para esta nueva concepción del individuo como centro de la historia y como centro de la sociedad. Y este individuo en realidad logra su individuación a partir de un concepto básico de la modernidad que fue la propiedad privada. Privacidad y propiedad privada fueron este eje que en la historia movieron la individualidad y que de alguna manera van gestando este hombre aparentemente y "libre". Libre de aquello que lo sometía en la premodernidad. Sin embargo también quedó bastante digamos librado a su propia experiencia, en el sentido que el estado poco a poco también se va replegando y en un principio le ofrecía todas las garantías, surgen los derechos, los derechos del hombre, surge esta posibilidad - insisto - en ser el centro de la historia, el sujeto de la historia. Pero paulatinamente también este liberalismo impone otra variante, importantísima, que es el mercado. Con el desarrollo del capitalismo, hoy llega este mercado el eje de las relaciones sociales, y de alguna manera esta individualidad, lograda en la modernidad, hoy de se ve trastocada por este nuevo fenómeno del mercado. ¿Por qué? Porque supone consumo, y en el consumo, digamos, hay una colonización en relación a la nueva necesidad, a las nuevas urgencias. La necesidad subjetiva de necesitar cosas, de tener cosas, de consumir cosas para una vida mejor, para una vida más plena, y la realidad objetiva de no poder alcanzarlas. Esto poco a poco, va produciendo este fenómeno de la exclusión, del que Bruno introdujo. El sentido de la exclusión, como fenómeno nuevo, en el sentido que le... aquellas personas que de alguna manera, habiendo estado insertadas en un mundo económico en un sistema productivo, se desafilian de él por el fenómeno del desempleo, del repliegue del estado, privatizaciones... bueno, todo esto que todos nosotros conocemos.

Lo importante es como influye en la subjetividad. Un hombre que había logrado su individualidad, que hoy esa individualidad llega al otro extremo, que es el individualismo, porque rompe el lazo con lo social. La individualidad siempre está en relación con el otro, el referente de lo privado, de la privacidad y de la propiedad privada era el otro. Hoy ese puente, con lo social, se rompe. El logro está en lo personal y no en lo social, es decir, no trasciende a lo social, de manera que este hombre que había logrado la independencia de la modernidad nuevamente vuelve a masificarse, por esta imposibilidad de individualizarse, fundamentalmente en las grandes ciudades donde todos estos procesos son mucho más costosos, digamos más difíciles en cuanto a la diferenciación; y está prácticamente homogeneizado en gustos, en costumbres y básicamente en consumo. El mercado impone esta manera de consumo, bastante perversa, en sentido que el mandato es consumir. Y de esta manera ha diseñado un hombre consumista y lo ha fragilizado, es un hombre sumamente frágil, vulnerable, práctico, flexible digamos, con una gran imposibilidad de reconocimiento del otro, aquel que le produjo y que le significó de alguna manera la diferenciación y la individualización. Este digamos que podría ser el efecto de un proceso, de un modelo productivo, que ha chocado fuertemente en todo este proceso de individualización, de la subjetividad y de la construcción de las nuevas subjetividades. Estas nuevas subjetividades que están alejadas de lo social, lo social significó siempre aquello que era lo solidario, lo comunitario... hoy lo social, no es otra cosa que la pobreza, la miseria... todo aquello que es difícil de superar. Por eso es que hay un gran repliegue de este hombre que termina siendo un individualista, muy pragmático y básicamente aislado, con una gran imposibilidad de reconocimiento y de reconstruir este puente con lo social.

Este sería el panorama de las nuevas subjetividades, las nuevas identidades de fin de siglo, donde incluso se han roto los circuitos naturales. Si pensamos en la procreación o en la fertilidad, se ha roto ese circuito que era la sexualidad y el amor. Es decir, se puede hacer por otros medios. Cualquier contacto y cualquier vínculo ha perdido su calidad y tiene otras características en pos de la postmodernidad y de la globalización. Nos preguntamos qué hizo la ciencia en todo este devenir, es decir, cómo la ciencia pudo trabajar todas las problemáticas sociales. En realidad si nos situamos como profesionales de las ciencias sociales, digamos que hay un cierto pesimismo y un cierto abatimiento, en el sentido que el hombre cada vez sufre más, tiene más padecimientos, por lo tanto la ciencia ha hecho poco. Quizás es uno de los grandes problemas de qué hacer científico, fundamentalmente tuvo que ver la ciencia que es una práctica social y como práctica social está relacionada al sistema social, al sistema productivo y obviamente al poder, esta ciencia fragmentó al hombre. En su devenir poco a poco fue creando nuevos inventos, avances importantísimos, pero también esa modalidad del positivismo de ver al hombre jurídico, al hombre social, al hombre político, es decir, retazos de hombre, porque le exigió al hombre que perdiera su subjetividad. El positivismo en su devenir le exigió objetividad, es decir, distancia con el conocido, del que conoce con el conocido; y de esta manera también hace una fragmentación de la realidad. Y se pierde, obviamente, la posibilidad de entendimiento de este padecimiento humano.

¿Cómo impacta la ciencia en esta perspectiva?. La dificultad es volver a ver al hombre en su totalidad, esta imagen de la religión, que quiere justamente "religar" y que tiene que ver con una imagen unitaria del hombre, se rompe con la ciencia, se fractura notablemente, y si bien han habido algunas corrientes que han intentado reunificar, religar esta imagen (el marxismo, el existencialismo), hoy estamos nuevamente ante este desafío: ver al hombre en su integralidad, en todo lo que le pasa y no con esta postura tan "científica o cientifisista", que le dio un nombre, le dio un estigma, un estereotipo, lo dibujó, y de alguna manera le dio una identidad de manera que con esa identidad lo pudiéramos abordar. Esta fue la fragmentación que la ciencia favoreció. Y de alguna manera, todos nosotros, cuando hacemos un diagnóstico, convalidamos aquello con el diagnóstico que este es el elegido, por el sistema social, por un determinado sistema, y en general ya sabemos quienes son los elegidos, son aquellos que no producen para la revolución industrial. Digamos la revolución industrial crea un hombre sano, la imagen de un hombre sano que fue justamente el hombre productivo, mientras más produjera mejor. Y también creó una imagen de familia, una idea de familia que se va rompiendo, venía de una idea... Es muy larga la historia de la familia, pero bueno, nuestra familia ustedes saben que es una concepción judeo - cristiana y a su vez con toda la influencia greco - romana. Para los romanos la familia estaba compuesta por un Pater que era un patrón y la Mater que es matriz, justamente, es decir, la mujer como proveedora de la posibilidad de la procreación, y el hombre como patrón, aquel que tenía derecho sobre la vida y la muerte de sus hijos y de su esposa. Y de hecho, esa concepción hasta nuestros se puede visualizar a través de todo lo que tiene que ver con los excesos de este patrón, que considera el golpe, el mal trato como un derecho, es decir, como el derecho sobre los miembros de su familia.

La revolución industrial fue, de alguna manera, destruyendo a esta familia extendida de la modernidad hasta modificarla y terminar en una familia nuclear, hoy casi monoparental digamos, que ha perdido su posibilidad de sostén, de sostenimiento, fundamentalmente la familia como célula básica que provee del proceso de socialización. A partir de esta revolución industrial tiene una gran necesidad de trabajar y de producir, por lo tanto ya no es el varón el que produce, sino también tiene que salir su esposa digamos, o la madre. En este sentido hay, sobre mediados del siglo XX, un remplazo de estas figuras parentales a través del medio masivo de comunicación, en los 50 la televisión, hoy Internet y de hecho la mayoría de lo niños están socializados por los medios masivos, es decir, están más horas con los medios masivos de comunicación, que transmiten sus propios valores, que con su propia familia. Esta familia ha recibido el impacto, muy fuerte, de esta revolución industrial, de este modelo consumista, y de hacho ha roto ese dispositivo disciplinar que tenía, porque la familia de alguna manera también es un agente de control social y de alguna manera diseña al hombre que este sistema necesita, es decir, todos estamos dentro de esta estructura, y ninguno es culpable en si mismo digamos, no se puede culpar a alguien individualmente ni a la familia, y tampoco creemos que la posibilidad está en cambiar el modelo, el modelo es mucho más fuerte que todos nosotros, lo cierto es que la posibilidad que tenemos es de poder hacer una crítica, como decía recien, no solamente con la nostalgia, que de hecho algo tiene de nostalgia por aquel mundo que creíamos que podíamos hacer... un mundo más solidario y más justo, decía, hacer una crítica y de alguna manera intentar que todas aquellas deficiencias del modelo, aquellas brechas que deja el modelo las podemos suplantar con otro modelo. Y si estamos en las ciencias sociales creo que es un lugar nada despreciable para hacerlo. De hecho a partir del siglo XIX, se implanta este positivismo, esta manera de ver la realidad objetivada, como dijimos recien, con métodos de las ciencias naturales, porque el positivismo como razonamiento también le sirve al capitalismo, es una vertiente, dijimos que estaba relacionado con el poder, que explicó burdamente, torpemente y agresivamente todo el proceso de colonización, ustedes saben que a través del positivismo en sus inicios hay una raza superior y una raza inferior, los inferiores somos la perisferia, los superiores son aquellos que provienen de la raza aria o de los países centrales, los que a partir de la expropiación de las colonias y de las materias primas de las colonias, arman esta acumulación de capital, que en realidad, teniendo en cuenta el poderío que había acumulado, no necesitaba ninguna otra explicación, lo consideraron un hecho natural. Por lo tanto, de ahí en más, la concepción fue que se nacía, que genéticamente alguien era malo, alguien era delincuente, alguien era enfermo, es decir, diseño una estrategia para definir a aquel que no producía. Y fueron justamente ellos: los locos, los delincuentes y sobre fines de siglo XIX los niños, los niños que estaban en la calle, los niños que estaban deambulando, es decir, los niños pobres; y en este continente fueron al principio los indígenas con este choque tan grande de dos culturas, aquellos elegidos por el control social. Luego fueron los inmigrantes, aquella idea de la generación del 80, de europeizar y mejorar la raza, porque nuestra raza, el gaucho, no servía, era vago, inservible, se lo llevó a las fronteras. Al indio se lo exterminó, se implantó un modelo europeo, el de la generación del 80, vuelvo a insistir, con el lema de "Libertad, Orden y Progreso", y la europeización. No contaron con el problema de la europeización que fue la inmigración de aquellos que habían quedado fuera del modelo productivo del sistema capitalista europeo. Y esa inmigración fue nuevamente producto de una forma de control social muy explícita que fue el higienismo, el famoso higienismo de principios de siglo. Y los niños controlados a través de la famosa justicia de menores o la creación del tribunal de menores.

Con este concepto, aquel que no produce es peligroso. Y cuando yo lo denomino peligroso, de alguna manera estoy indicando que me tengo que defender, y para defenderme tengo que establecer un diagnóstico, un tratamiento que es domesticarlo en general, el diagnóstico es convalidar que no sirve o es el que no se ajusta a las reglas y de esta manera diseño aquel que amenaza el sistema. Vuelvo a insistir: locos, delincuentes, niños, la pobreza en general, los inmigrantes, cuando los jóvenes tuvieron un gran protagonismo en la década del 70, fueron sujetos del control social de una manera muy descarnada, ya todos lo sabemos, hoy vuelve a ser el excluido, el pobre, el joven. Y con la creación de esta nueva problemática que son las adicciones, sobre las que no me puedo extender por cuestiones de tiempo, creo que es un problema geopolítico, de hecho ustedes saben que los productos, aquellos que producen las diversas manifestaciones son productos locales, es decir, productos que en nuestra perisferia no tenían el significado que tienen hoy, sino que eran utilizados por cuestiones de tipo cultural, religioso, ritual. Fueron extrapoladas, sacadas de este contexto, llevadas al primer mundo, al centro digamos, allí se le dio otro significado y se lo devolvió a la perisferia con ese significado. Ese sería un problema geopolítico, habría muchísimo que hablar sobre esto, lo cierto es que estamos frente a un joven que es un vulnerable, justamente porque en este devenir histórico de los modelos productivos, hoy toda trama social, todo aquello que sirvió de sostén se ha roto, y los jóvenes están prácticamente librados a este mandato perverso del capitalismo sobre el consumo, consumir cualquier tipo de objeto, o sea, objetos, dietas, imágenes o sustancias, para tranquilizar aquella otra posibilidad de no poder adquirir estos objetos que se proponen. De alguna manera, propone objetivos y propone también las formas de diseñar a aquel que no puede alcanzar los objetivos, y ha diseñado este nuevo sujeto, esta nueva víctima de la revolución industrial sobre fines de siglo, que son los adictos. En nuestro modelo de vulnerabilidad sostenemos que es un vulnerable, está en una situación difícil frente a una posibilidad de ser dañado y nuestra posición es de ayuda, de cooperación, de autogestión, digamos, de ayudarlo a la autogestión, de reconocer la coresponsabilidad y la coimputabilidad en los problemas sociales, como científicos o profesionales de las ciencias sociales y de laguna manera, proponer un abordaje que le permita reconocer aquello que tiene, que puede hacer. Recordemos que a lo largo de la historia hemos dado un nombre, y cuando uno da un nombre, funda un orden de alguna manera, y a aquellos que no sirven les hemos dado un estigma especial. Incluso a los niños, aquellos que son nuestros hijos, también los llamamos infantes, es decir, aquel que no habla. En la justicia se lo compara con el incapaz, y en realidad siempre los hemos nombrado por lo que no pueden, por lo que no saben, por lo que no son capaces, y creo que en este abordaje distinto, digamos, del vulnerable, en vez del peligroso, el vulnerable es un tratable, es alguien que se lo puede diagnosticar a partir de aquello que no pudo lograr en su proceso de socialización, es decir es una imputabilidad social, no una imputabilidad mental, y decía, la posibilidad de nombrarlos a los jóvenes por lo que tienen, por lo que pueden, por todas las potencialidades que pueden mostrar y que son capaces de dar.
Creo que este es un momento para revisar algunas concepciones propias, de nuestro propio positivismo que siempre nos está indicando quién es el que amenaza y a quién le tenemos miedo. Es decir, el positivismo, construyó un peligroso que hoy sigue funcionando y creo que estamos en condiciones de empezar a develar esos discursos.
Muchas gracias, se me acabó el tiempo.

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