Edipo, el hombre
que vuelve al seno materno
paga con su cuerpo el precio de ese goce
Trama: Conjunto de hilos
que cruzados y enlazados con la urdimbre forman una tela.
Artificio, dolo, confabulación
con que se perjudica a alguien.
Dice Freud en su conferencia de
1932 sobre La femineidad: "Sólo la relación con
el hijo varón brinda a la madre una satisfacción irrestricta,
es la más perfecta, la más exenta de ambivalencia de las relaciones
humanas".
Tomando esta frase desearía hacer
algunas reflexiones acerca de entrevistas y en algunos casos
de análisis que llevé y llevo a cabo con algunas madres de hijos
varones, adictos. La posición de estas mujeres, me hizo recordar
la cita de Freud en aquella conferencia, no por el especial
modo de relacionarse de una madre con su hijo, aceptable en
una primera etapa de la vida sino por la persistencia en esa
satisfacción.
Estas mujeres- madres llegaron
luego de deambular por grupos terapéuticos, familiares y de
autoayuda. Algunas de ellas transformando en una cruzada, en
una causa la curación de su hijo que no es para menos pues muchos
de ellos se encuentran al borde de la muerte, hijos que fracasaron
en sus intentos de tratamiento o que nunca lo aceptaron.
Como ocurre en estos casos, y sin
saber ya adonde acudir, llegan a pedir entrevistas, algunas
pensando que dejan parte de sus vidas en el intento de sacar
a su hijo de la droga, otras, con mucha culpa, sospechando que
algo tienen que ver con el estilo de conducta adictiva del hijo
y, por último, las que no tenían ni idea de por qué su hijo
se volvió consumidor, a lo sumo pensando que se debía a las
malas compañías.
La posición del analista se distingue
de los intentos anteriores. Ellas esperan un discurso amo y
se encuentran que tienen que arreglárselas con lo que les es
propio, y así lo que es traído como una certeza, pasado un tiempo
se transforma en un interrogante.
A veces me pregunto: ¿si las adicciones
no son síntoma para el sujeto adicto, no será el hijo adicto
el síntoma de una madre y una madre como portadora de ese síntoma-
hijo habla allí donde el hijo es a-dicto? Digo esto porque para
muchas de ellas este problema se transforma en un enigma y es
por eso que algunas veces se plantean encontrar una verdad.
Según mi experiencia en el tratamiento
de las adicciones suele citarse a la familia o a algunos de
sus miembros, sobre todo si se trata de pacientes jóvenes aun
dependientes de los adultos. Suele ubicarse la causa del malestar
familiar en la adicción del hijo.
En su gran mayoría, los familiares
que son citados a las entrevistas, al poco tiempo comienzan
a desertar de las mismas, exceptuando en general a las madres,
o en aquellas que detentan esa posición, a veces novias o esposas.
Éstas, manifiestan más abiertamente su preocupación por los
trastornos que la adicción del hijo causa en ellas y en la familia.
Finalmente, estas mujeres terminan concurriendo solas a las
entrevistas aún cuando el hijo abandonó el tratamiento o se
mantuvo en la negación de hacerlo.
Una mujer en la primera entrevista
dice: "no sé ya que hacer, estamos desesperados, J, no
le hace caso a nadie. Duerme de día y sale de noche, lo único
que pide es plata y yo se la doy aunque el padre se enoje. Tengo
miedo que salga a robar." Que ella le diera dinero no evitó
que la llamaran una vez de la comisaría pues el hijo estaba
preso por robar. A pesar de su preocupación, esta madre y también
el padre, que se desentendía del problema y la hacía responsable
a ella de la conducta de su hijo, eran incapaces de limitar
las demandas de éste, como era incapaz el marido de detener
a su mujer que proveía al hijo en sus caprichos.
Sienten, estas madres, que fracasaron
en el intento de cambiar la relación del hijo con la droga,
sin advertir que es la imposibilidad de ellas de cambiar su
relación con el hijo, ya que ello abriría una posibilidad de
frustración para el mismo, que en su afán de colmarse de lo
imposible, no cesa en su demanda oral. Es que ellas y el resto
de la familia también demandan que el hijo persista en esa posición
pues una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace.
¿Que un hijo elija el peligroso
camino de la droga estará relacionado con ese vínculo tan estrecho
que insiste en mantener con su madre o tal vez como un modo
de evitar hacerse responsable en su salida al mundo o quizás
para poner en ese lugar un punto de goce diferente o sustitutivo
al que una madre puede ofrecer.
En las psicosis o pre-psicosis
la droga puede actuar a la manera de suplencia, suplencia del
nombre del padre.
En las perversiones y en las neurosis
se pone en juego la renegación, sobre todo de algunos duelos
por pérdidas importantes o como resistencia de los padres y
de los hijos a ubicarse en posición de sujetos deseantes. La
adicción a las drogas, me parece concurre a sustraer al sujeto
de cierto empuje al incesto.
Cuando toda la familia renunció
o rechazó al familiar adicto, la madre persiste en no dejarlo
solo, es que tal vez de eso se trate, de no poder dejarlo solo.
Lo llamativo de esto es la dimensión que adquiere para ellas
el hijo adicto, por eso lo ubico aunque sea momentáneamente
en el lugar del síntoma pues todo lo que pueda ocurrirle a ellas
o al resto de la familia, está atravesado por "la droga",
cualquier otra cuestión, a veces grave, pasa a ocupar un lugar
secundario.
¿La droga, qué lugar viene a ocupar
entonces, cuando todo se ordena a través de ella? ¿Las relaciones
intrafamiliares se hallan intoxicadas por lo que sólo uno consume
y éste que consume, qué lugar ocupa? ¿Y estas madres que consultan
en nombre de sus hijos, en calidad de qué se presentan?
De los relatos se extrae en general
que del tema de la droga se habla poco o casi nadie quiere saber
sobre el asunto hasta que algún acto del hijo adicto lo denuncia.
"De eso no se habla", pero no se habla de muchísimas
cosas más, son cosas que avergüenzan, que pueden poner al desnudo
secretos inconfesables con los que muchas veces cargan los denominados
adictos. ¿La escena que monta el adicto tendrá que ver con lo
inconfesable en una familia?
Un joven que concurre a la consulta
con sus padres resultó ser adoptado, adopción de la cual nunca
estuvo informado ya que le fue ocultada cuidadosamente por la
pareja paterna. La razón de este engaño por parte de los padres,
fue el temor a que el hijo que "los vive engañando",
se entere y se suicide al conocer la verdad, aún cuando el consumo
de droga lo esté llevando a la muerte. Este joven, que ya tenía
treinta años cuando los padres consultaron, concurría a las
entrevistas siempre acompañado de su madre y cuando yo le preguntaba
por qué siempre venía con ella, contestaba que era porque le
gustaba, lo mismo decía de su consumo de drogas, "porque
me gusta". En una
entrevista le pregunté si sabía
por qué no había tenido hermanos o si los padres le habían dicho
algo sobre eso. Él no sabía nada. Le pedí a la terapeuta familiar
que indagara en el tema, pues se me ocurrió que era un hijo
adoptivo pero que le habían ocultado esta situación. Efectivamente
el muchacho era adoptado, pero de una manera absolutamente renegatoria
en el sentido en que estos padres no pudieron aceptar su imposibilidad
de tener hijos biológicos. Parece ser que era el padre el que
no podía tener hijos, decidieron adoptar uno, pero sin que nadie
se enterara, ni los propios familiares de la pareja. Los padres
se haciendo un pacto siniestro, juraron no decirle jamás al
chico ni a nadie que era adoptivo. Sin embargo ser detectado
el secreto, dicho a voces pudieron contarlo en las entrevistas,
pero se negaron a blanquearlo frente al hijo, que cometía innumerables
desórdenes sobre todo en lo relacionado al cuerpo, como ingesta
de alcohol, cocaína y anabólicos, cargando en ese cuerpo con
el secreto "inconfesable" de sus padres
Mantuve algunas entrevistas con
los padres pero no aceptaron de ningún modo hablarle al hijo
de la adopción. Esta situación creó una dificultad en el proceso
del tratamiento, ya que yo era portadora de ese secreto "inconfesable"
al hijo. La razón de este paciente para no crecer era clara.
Si crece, puede enterarse de algo que sabe, pero que prefiere
seguir ignorando. Sin embargo la mentira tuvo un efecto inesperado
en él. Se casó y al poco tiempo recayó en la droga y volvió
nuevamente a la consulta con los padres. No hablaba de su consumo
sino de algo que lo había desilusionado, descubrió que su mujer
le había mentido sobre una cuestión, " si ella me hizo
esto, yo ya no puedo creer en nadie". Le dije que esta
vez lo que lo traía no era la droga sino una mentira. Le pregunté
que significaba esto para él, "perder la fe" me contestó
dolorido.
La madre hasta que él se casó siguió
sirviéndole el desayuno, lavando los pañuelos manchados de sangre,
levantando la ropa que él dejaba tirada y aceptando, casi con
una sonrisa de Gioconda el mal trato que tenía el hijo para
con ella. Este ejemplo servirá más adelante para sustentar cierta
hipótesis sobre el goce materno.
Volviendo a la relación entablada
entre madres e hijos varones, esa que, según Freud, produce
una satisfacción irrestricta, además de no ser ambivalente,
puede llegar a ser mortífera. Freud pensaba en esa relación
ideal, sin fisuras, es decir no agujereada, donde pareciera
que no quedara lugar más que para el deseo de uno por otro.
Lacan en cambio, advierte a los
psicoanalistas en el Seminario 17 que hay algo muy importante
a saber, y dice: "el rol de la madre es el deseo de la
madre. Es absolutamente capital porque el deseo de la madre
no es algo que uno pueda soportar fácilmente pues engendra estragos"
"Un gran cocodrilo en cuya boca ustedes están ¿es eso la
madre, no? No se sabe si de repente se le ocurre cerrar el pico:
eso es el deseo de la madre". Sin embargo para tranquilizar
afirma " ..hay un hueso, un rodillo, que está en potencia,
a nivel del pico, eso retiene, atranca, es lo que se llama el
Falo, el rodillo que los protege si de pronto se cierra el pico".
De este modo Lacan metaforiza, valga la redundancia a la metáfora
paterna. El problema es cuando no hay alguien que le cierre
la boca y a ella se le dé por tragarse a ese hijo, por comérselo,
por creer que no tiene que soltarlo, que ese hijo tiene que
hacerla gozar.
Sin embargo es indispensable que
en las primeras etapas de la vida, la madre esté fuertemente
unida al hijo, que ese sea su deseo, el que hará que el hijo
sobreviva a las inclemencias de la vida, sobre todo cuando necesita
protección, en los primeros estadios de la vida. La presencia
de la madre dejará para siempre profundas marcas en la vida
psíquica del sujeto y eso será necesario para el futuro, lo
que no será necesario es la presencia constante del cuerpo de
la madre ni para ella ni para su hijo, pues es allí donde
los problemas se presentan. Cuando
una madre quiere ir más allá de la relación materna, el efecto
será devastador. S. Lepoulichet nos recuerda el estado de perfusión
de un cuerpo, un cuerpo extraño por no separado, es decir "un
cuerpo en común con la madre".
Una madre a pedido del abogado
de su hijo escondió la droga que éste tenía para vender y por
lo cual la policía lo buscaba para detenerlo. En ese momento,
la mujer que decidió comenzar poco tiempo antes un tratamiento
y que se encontraba en entrevistas, hizo lo que el abogado exigió.
En la segunda oportunidad que esto sucedió, la paciente me llamó
para preguntarme qué debía hacer. Le pregunté qué era lo que
quería hacer, aun sabiendo que en el llamado ya estaba implícito
un deseo. Me dijo que no quería hacer lo mismo que la vez anterior,
que estaba dispuesta a que su hijo pagara por su acto. Esta
mujer, al poco tiempo inició su divorcio por la vía legal, después
de siete años de separación conyugal, y le pidió a su hijo,
que ya no vivía con ella, que hiciera cambio de domicilio en
su documento, puesto que era donde figuraba la casa materna,
donde la policía iba a buscarlo cuando éste se metía en algún
problema. La intervención actuó a modo de separador.
Otra mujer se presenta a la consulta
como una "desocupada", madre de un ex adicto. En las
entrevistas el significante "desocupada" adquiere
sentido, quedó desocupada porque el hijo renunció a drogarse,
pues le había llevado bastante tiempo y energías tratar de ayudarlo,
ahora quedaba desocupada, agujereada y teniendo que enfrentar
su problema conyugal.
¿Porqué tener un hijo adicto avergüenza
y por eso se oculta? ¿No será que lo que avergüenza y hay que
ocultar está en relación con la sexualidad, una relación que,
por gozosa, quedó detenida en el tiempo? Algunas de estas madres
están dispuestas a todo con tal de no perder a ese hijo. Se
sienten engañadas, como amantes heridas porque el hijo eligió
ese camino. Denominarlas como amantes es porque ocupan un lugar
que tiene que ver más con el goce que con el deseo materno.
¿No será que es preferible ir matándose con la droga que desaparecer
bajo las faldas de la madre? ¿Será en estos casos la adicción
una huida del incesto?
Para terminar quiero aclarar que
la reflexión acerca del encuentro con estas madres intenta tan
sólo llevar una luz al origen de las oscuras patologías adictivas.
El revés de la trama, la posición
materna frente al hijo adicto siempre tiene una historia, ese
tejido que se arma sobre la urdimbre o tal vez una confabulación
que sin quererlo desencadena una tragedia.
Sin embargo esto no le quita responsabilidad
al que comete el acto adictivo, ni responsabiliza del todo a
las madres pues casi nunca están solas en esto, aunque muchas
veces sí, se queden solas.
Agosto de 2000-08-01
e-mail maga@pccp.com.ar
BIBLIOGRAFIA:
DOMB, B., El
Deseo de la madre.
FREUD, S., Conferencia
sobre la femineidad, 1932.
LACAN, J., Seminario
Diecisiete, Clase de 11/03/1970
LE POULICHET, S.,
Psicoanálisis y toxicomanías.