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Carolina Liotti
Centro DIA

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DES-HACER EL SER , toxicómano

La explicación de una metáfora, nunca es igual a la red de sentido que ella soporta, me refiero a la condensación de los significados que le dieron el origen, al igual que explicar un chiste, ese plus de significado se pierde. De todos modos, voy a ser el intento porque después de un año de trabajo en este grupo de investigación, esta metáfora que elegí por titulo, condensa humildemente algunas de las cuestiones con las que encuentro en la compleja y creativa, clínica de las adicciones.

El desafío clínico del des-hacer se me impone ante esos pacientes que traen al decir de ellos " un rótulo" al modo de una estampilla pegada que hace que se presente como "Soy toxicómano", soy drogadicto. Identificación que se ofrece como una suma de actos, acting, escenas, que constituyen su identidad, su modo de ser en el mundo. En esta presentación se aglutina un código, un estilo de vida, movimientos corporales, relaciones sociales, ídolos, y demás caracteres que los amontona en un nombre genérico. Viene a consulta traído por ese nombre genérico, adherido al ser, el cual no le permite movimiento alguno, distinto al mandato que ese nombre trae, obviamente por estar fundado en la anulación de las diferencias.

En el relato aparece al modo de un listado de actos, actitudes, palabras, sostenidas en ese significante ordenador del " Ser drogadicto" o su equivalente "ser del palo" , en algún momento, "ser falopero". Entonces robos, la calle, la esquina, peleas, desencuentros sexuales, la cárcel, el boliche, la banda, y otros, sin ninguna implicación o en realidad con un sujeto atrapado, vedado en esta identidad.

Pero también podemos escuchar que este mandato funciona por lo contrario, que sabemos que es lo mismo. L. 39 años, anorexia previa, dependencia a los psicofármacos ahora, se presenta diciendo "Yo no robaba, no consumía en la calle, no iba bailar, no sabia que era adicta", casi disculpándose porque no tenía las cualidades de otros en tratamiento; cualidad que desde el discurso los hace iguales, indiferenciados entre sí. Cuando uno como terapeuta interviene en esa secuencia con alguna intención de despejar los actos, abrir alguna pregunta por el sujeto, simplemente nos dice " bueno ya sabes los drogadictos hacen esto" y nada más.

Desde la primera entrevista hasta un tiempo prolongado del tratamiento, sentí que enunciaban o mostraban en acto este significante como si hablase por si mismo, como si supusiese el significado que yo podía darle. En estos primeros tiempos como atisbo de demanda algunos dicen " quiero zafar" a lo que yo que me atrevo a agregar, " más que de la droga , de este modo de Ser que lo consume en el consumo.

Cuando transcribo esta frase escuchada varias veces en la clínica de las adicciones
" quiero zafar", busco en el diccionario de sinónimos y para mi asombro, no sé el de ustedes, encuentro estos entre otros: desobstruir, limpiar, despejar, desatascar, desembarazar. Bueno, creo que se trata de eso, ese nombre que padecen "Drogadicto", toxicómano, en lugar de ordenar algo de su deseo en el sentido psicoanalítico, lo oculta , tapona algo de la castración y se le ofrece al modo de una identidad que lo condena a una secuencia de goce , identidad particular , que se realiza cada vez en el compulsivo HACER.

A esta altura, algo se empieza a explicar de mi metáfora inicial, si algo estaba obstruido, atascado en esa identidad, propongo des-hacer el Ser toxicómano y también des-hacer en el sentido de dejar de hacer .

Continúo un poco más con mi pregunta sobre esta identidad, para luego comentar algunas cuestiones de su despliegue.

Por qué considero problemática esta identificación?. Lo primer respuesta deviene en tanto es la única que lo representa, al tratarse en algunos casos de una identificación masiva, observado en la imposibilidad de hablar de los momentos en que no consumía, al modo en que su historia comienza con el inicio del consumo.

En segundo lugar porque anula absolutamente las diferencias reforzado esto en el grupo que conforma, el que se ocupa imperiosamente de no permitir que algo distinto aparezca. Es así el imperio de un código cerrado, la veneración de un ídolo que los unifique, las reacciones agresivas cuando alguien intenta salir de esa banda, amenazando con la existencia de una elección diferente.

La tercer razón que destaco, refuerza las dos primeras porque se refiere al peso de los Otros sobre esta definición que el adicto carga. Aquí una de los primeros obstáculos para trabajar ya que, el ser drogadicto como estatuto genérico, responde a la lógica de la sociedad actual: el consumismo, la cultura del zapping sin tiempos de espera, el éxito inmediato y sin dolor, y fundamentalmente la famosa globalización que no es más que la oficialización de la negación de las diferencias que tanto hemos soñado.

De esta manera, este significante aparece reforzado desde el discurso social que denuncia en ellos un acontecer de todos y obviamente, para los que trabajamos con las familias, desde el discurso familiar que denuncia en uno, la adicción de todos sus integrantes.

No quedamos afuera de este contexto de estigmatización, quienes trabajamos con adicciones , cuando dejamos al descuido las diferencias subjetivas que supimos aprender y elaboramos estrategias rígidas para todos iguales, con sustento en el hacer y olvido del pensar lo particular.

Ahora bien, cuando la adicción viene configurada en los términos expresados, lo primero es esperar, la apuesta comenzará cuando ese actuar que los nombraba, en algún punto se resquebraje y con la aparición de un incipiente paciente, algo sea posible de "des-hacer" , para que en un segundo momento, deseo mediante algo se pueda re-hacer.

Entonces Des-hacer el Ser, alcanza una trama de significado en dos vertientes encontradas:
Ð . Despegar al paciente de esa identidad mortificante sostenida por el Otro y con esfuerzo develar algo del dolor o la falta allí negado, como así también descubrir la diferencia y por ende su propio deseo.
Ð Des-hacer desde el sentido dejar de hacer, es decir poner coto a sus actos, estos que juegan en un borde con la muerte o el delito. Ofrecer un límite a esa búsqueda fallida de alivio en el consumo y en el acto.


El trabajo de elaboración no es fácil, "cada vez que salgo de terapia con vos, me queda la cabeza así (gesto de remolino), y me quedo pensando todo el fin de semana" se queja S.,un paciente de 20 años quien está finalizando un tratamiento en centro de día, y sabe de estos movimientos de la identidad .El movimiento al que se refiere alude a un día en sesión, con sorpresa, se queja " Al final yo venía a hablar de droga y estoy hablando de mi persona".Podría decir momento de caída que se acompaña de la confianza en la palabra y en su decir. Momento que le permite esperar y soportar cierta confusión.

Un día después de una salida de pesca programada con su padre quien se separó de la madre apenas comenzado el tratamiento, relata que era su primer salida con su padre y algunos amigos, hacia un día hermoso, el asado, la pesca, el sol, aire libre y que le "vienen" ganas de fumar marihuana. "Me puse nervioso e intenté hacer algo que me calme". Lo cuenta con bronca y cierta sensación de desconocimiento. No puede encontrarle el sentido, no reconoce algo que lo pusiera mal como para sentir ganas de consumir. Puesto a trabajar esta situación que ahora le molesta y quiere descubrir, encontramos una asociación muy estrecha de esa situación con otra igual en la que había consumido en la cadena estrecha asado, sol, pesca, amigos, porro. Se trataba de una compulsión que se le aparece casi como un mandato asociada a su identidad y al actuar consecuente; momento de aglutinamiento pero ahora con esbozos de pregunta.

En otra entrevista más adelante, se presenta preocupado porque al regresar de la casa de un amigo donde había disfrutado una agradable reunión, al subir al colectivo ve un grupo de drogadictos que hablaban, se movían como antes él. Su respuesta especular, fue hacer gestos con la nariz como si hubiera inhalado cocaína , acompañado de movimientos del cuerpo. Tenia miedo de que lo provocaran como hacia él cuando estaba de ese lado y dice " mi única forma de enfrentarlos fue siendo igual", no sabía que otra cosa podía hacer. Momento en se encuentra por primera vez con una situación de vacío. "No sabía qué hacer", él ya no es drogadicto, algo del des-hacer operó, pero al no tener otra identidad formada que lo sostenga, su recurso frente al miedo es comportarse como lo ya conocido. Constituye este un momento necesario, el vacío, la desesperación, la falta en el Ser;
vacío que va a inaugurar la posibilidad de elección. Ahora tendrá que elegir que actitud tomar.
Por último, después de dos años, elige una mujer con quien después de un tiempo de espera, inicia una relación. A la semana dice preocupado " novias sin droga, no me acuerdo". "siento como un vacío, como si fuera la primera vez". Momento de Ser, novio en este caso, y encontrado con su deseo, asumir nuevas identificaciones que le permiten hacer circular algo de su deseo. Ahora sí: movimiento desde la droga y su identidad al deseo del sujeto; momento de límite, de diferencias, de espera, de Ser.

El trabajo que se desprende, asumida esta visión del movimiento de las identificaciones , es el de ofrecer posibilidades, objetos para elegir, nuevas formas de identificación en una alternancia de satisfacción placentera, vinculada al deseo , a la falta y a la busqueda creativa.

Así como empecé mi exposición con una metáfora, para finalizar , una poesía de Pablo Neruda que expresa a su manera, este des-hacer que intente proponer.

Del libro Estravagario

El miedo

Todos me piden que dé saltos,
Que tonifique y que futbole.
Que corra, que nade y que vuele.
Muy bien

Todos me aconsejan reposo,
Todos me destinan doctores,
Mirándome de cierta manera.
Qué pasa?

Todos me aconsejan que viaje,
Que entre y que salga, que no viaje,
Que me muera y que no me muera.
No importa

Todos ven las dificultades
De mis vísceras sorprendidas
Por radio terribles retratos.
No estoy de acuerdo

Todos pican mi poesía
Con invencibles tenedores
Buscando, sin duda, una mosca.
Tengo miedo.

Tengo miedo de todo el mundo,
Del agua fría, de la muerte.
Soy como todos los mortales,
inaplazable

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