DES-HACER EL SER
, toxicómano
La explicación de una metáfora, nunca es igual
a la red de sentido que ella soporta, me refiero a la condensación
de los significados que le dieron el origen, al igual que explicar
un chiste, ese plus de significado se pierde. De todos modos,
voy a ser el intento porque después de un año de
trabajo en este grupo de investigación, esta metáfora
que elegí por titulo, condensa humildemente algunas de
las cuestiones con las que encuentro en la compleja y creativa,
clínica de las adicciones.
El desafío clínico del des-hacer se me impone ante
esos pacientes que traen al decir de ellos " un rótulo"
al modo de una estampilla pegada que hace que se presente como
"Soy toxicómano", soy drogadicto. Identificación
que se ofrece como una suma de actos, acting, escenas, que constituyen
su identidad, su modo de ser en el mundo. En esta presentación
se aglutina un código, un estilo de vida, movimientos corporales,
relaciones sociales, ídolos, y demás caracteres
que los amontona en un nombre genérico. Viene a consulta
traído por ese nombre genérico, adherido al ser,
el cual no le permite movimiento alguno, distinto al mandato que
ese nombre trae, obviamente por estar fundado en la anulación
de las diferencias.
En el relato aparece al modo de un listado de actos, actitudes,
palabras, sostenidas en ese significante ordenador del "
Ser drogadicto" o su equivalente "ser del palo"
, en algún momento, "ser falopero". Entonces
robos, la calle, la esquina, peleas, desencuentros sexuales, la
cárcel, el boliche, la banda, y otros, sin ninguna implicación
o en realidad con un sujeto atrapado, vedado en esta identidad.
Pero también podemos escuchar que este mandato funciona
por lo contrario, que sabemos que es lo mismo. L. 39 años,
anorexia previa, dependencia a los psicofármacos ahora,
se presenta diciendo "Yo no robaba, no consumía en
la calle, no iba bailar, no sabia que era adicta", casi disculpándose
porque no tenía las cualidades de otros en tratamiento;
cualidad que desde el discurso los hace iguales, indiferenciados
entre sí. Cuando uno como terapeuta interviene en esa secuencia
con alguna intención de despejar los actos, abrir alguna
pregunta por el sujeto, simplemente nos dice " bueno ya sabes
los drogadictos hacen esto" y nada más.
Desde la primera entrevista hasta un tiempo prolongado del tratamiento,
sentí que enunciaban o mostraban en acto este significante
como si hablase por si mismo, como si supusiese el significado
que yo podía darle. En estos primeros tiempos como atisbo
de demanda algunos dicen " quiero zafar" a lo que yo
que me atrevo a agregar, " más que de la droga , de
este modo de Ser que lo consume en el consumo.
Cuando transcribo esta frase escuchada varias veces en la clínica
de las adicciones
" quiero zafar", busco en el diccionario de sinónimos
y para mi asombro, no sé el de ustedes, encuentro estos
entre otros: desobstruir, limpiar, despejar, desatascar, desembarazar.
Bueno, creo que se trata de eso, ese nombre que padecen "Drogadicto",
toxicómano, en lugar de ordenar algo de su deseo en el
sentido psicoanalítico, lo oculta , tapona algo de la castración
y se le ofrece al modo de una identidad que lo condena a una secuencia
de goce , identidad particular , que se realiza cada vez en el
compulsivo HACER.
A esta altura, algo se empieza a explicar de mi metáfora
inicial, si algo estaba obstruido, atascado en esa identidad,
propongo des-hacer el Ser toxicómano y también des-hacer
en el sentido de dejar de hacer .
Continúo un poco más con mi pregunta sobre esta
identidad, para luego comentar algunas cuestiones de su despliegue.
Por qué considero problemática esta identificación?.
Lo primer respuesta deviene en tanto es la única que lo
representa, al tratarse en algunos casos de una identificación
masiva, observado en la imposibilidad de hablar de los momentos
en que no consumía, al modo en que su historia comienza
con el inicio del consumo.
En segundo lugar porque anula absolutamente las diferencias
reforzado esto en el grupo que conforma, el que se ocupa imperiosamente
de no permitir que algo distinto aparezca. Es así el imperio
de un código cerrado, la veneración de un ídolo
que los unifique, las reacciones agresivas cuando alguien intenta
salir de esa banda, amenazando con la existencia de una elección
diferente.
La tercer razón que destaco, refuerza las dos primeras
porque se refiere al peso de los Otros sobre esta definición
que el adicto carga. Aquí una de los primeros obstáculos
para trabajar ya que, el ser drogadicto como estatuto genérico,
responde a la lógica de la sociedad actual: el consumismo,
la cultura del zapping sin tiempos de espera, el éxito
inmediato y sin dolor, y fundamentalmente la famosa globalización
que no es más que la oficialización de la negación
de las diferencias que tanto hemos soñado.
De esta manera, este significante aparece reforzado desde el discurso
social que denuncia en ellos un acontecer de todos y obviamente,
para los que trabajamos con las familias, desde el discurso familiar
que denuncia en uno, la adicción de todos sus integrantes.
No quedamos afuera de este contexto de estigmatización,
quienes trabajamos con adicciones , cuando dejamos al descuido
las diferencias subjetivas que supimos aprender y elaboramos estrategias
rígidas para todos iguales, con sustento en el hacer y
olvido del pensar lo particular.
Ahora bien, cuando la adicción viene configurada en los
términos expresados, lo primero es esperar, la apuesta
comenzará cuando ese actuar que los nombraba, en algún
punto se resquebraje y con la aparición de un incipiente
paciente, algo sea posible de "des-hacer" , para que
en un segundo momento, deseo mediante algo se pueda re-hacer.
Entonces Des-hacer el Ser, alcanza una trama de significado en
dos vertientes encontradas:
Ð . Despegar al paciente de esa identidad mortificante sostenida
por el Otro y con esfuerzo develar algo del dolor o la falta allí
negado, como así también descubrir la diferencia
y por ende su propio deseo.
Ð Des-hacer desde el sentido dejar de hacer, es decir poner
coto a sus actos, estos que juegan en un borde con la muerte o
el delito. Ofrecer un límite a esa búsqueda fallida
de alivio en el consumo y en el acto.
El trabajo de elaboración no es fácil, "cada
vez que salgo de terapia con vos, me queda la cabeza así
(gesto de remolino), y me quedo pensando todo el fin de semana"
se queja S.,un paciente de 20 años quien está finalizando
un tratamiento en centro de día, y sabe de estos movimientos
de la identidad .El movimiento al que se refiere alude a un día
en sesión, con sorpresa, se queja " Al final yo venía
a hablar de droga y estoy hablando de mi persona".Podría
decir momento de caída que se acompaña de la confianza
en la palabra y en su decir. Momento que le permite esperar y
soportar cierta confusión.
Un día después de una salida de pesca programada
con su padre quien se separó de la madre apenas comenzado
el tratamiento, relata que era su primer salida con su padre y
algunos amigos, hacia un día hermoso, el asado, la pesca,
el sol, aire libre y que le "vienen" ganas de fumar
marihuana. "Me puse nervioso e intenté hacer algo
que me calme". Lo cuenta con bronca y cierta sensación
de desconocimiento. No puede encontrarle el sentido, no reconoce
algo que lo pusiera mal como para sentir ganas de consumir. Puesto
a trabajar esta situación que ahora le molesta y quiere
descubrir, encontramos una asociación muy estrecha de esa
situación con otra igual en la que había consumido
en la cadena estrecha asado, sol, pesca, amigos, porro. Se trataba
de una compulsión que se le aparece casi como un mandato
asociada a su identidad y al actuar consecuente; momento de aglutinamiento
pero ahora con esbozos de pregunta.
En otra entrevista más adelante, se presenta preocupado
porque al regresar de la casa de un amigo donde había disfrutado
una agradable reunión, al subir al colectivo ve un grupo
de drogadictos que hablaban, se movían como antes él.
Su respuesta especular, fue hacer gestos con la nariz como si
hubiera inhalado cocaína , acompañado de movimientos
del cuerpo. Tenia miedo de que lo provocaran como hacia él
cuando estaba de ese lado y dice " mi única forma
de enfrentarlos fue siendo igual", no sabía que otra
cosa podía hacer. Momento en se encuentra por primera vez
con una situación de vacío. "No sabía
qué hacer", él ya no es drogadicto, algo del
des-hacer operó, pero al no tener otra identidad formada
que lo sostenga, su recurso frente al miedo es comportarse como
lo ya conocido. Constituye este un momento necesario, el vacío,
la desesperación, la falta en el Ser;
vacío que va a inaugurar la posibilidad de elección.
Ahora tendrá que elegir que actitud tomar.
Por último, después de dos años, elige una
mujer con quien después de un tiempo de espera, inicia
una relación. A la semana dice preocupado " novias
sin droga, no me acuerdo". "siento como un vacío,
como si fuera la primera vez". Momento de Ser, novio en este
caso, y encontrado con su deseo, asumir nuevas identificaciones
que le permiten hacer circular algo de su deseo. Ahora sí:
movimiento desde la droga y su identidad al deseo del sujeto;
momento de límite, de diferencias, de espera, de Ser.
El trabajo que se desprende, asumida esta visión del movimiento
de las identificaciones , es el de ofrecer posibilidades, objetos
para elegir, nuevas formas de identificación en una alternancia
de satisfacción placentera, vinculada al deseo , a la falta
y a la busqueda creativa.
Así como empecé mi exposición con una metáfora,
para finalizar , una poesía de Pablo Neruda que expresa
a su manera, este des-hacer que intente proponer.
Del libro Estravagario
El miedo
Todos me piden que dé saltos,
Que tonifique y que futbole.
Que corra, que nade y que vuele.
Muy bien
Todos me aconsejan reposo,
Todos me destinan doctores,
Mirándome de cierta manera.
Qué pasa?
Todos me aconsejan que viaje,
Que entre y que salga, que no viaje,
Que me muera y que no me muera.
No importa
Todos ven las dificultades
De mis vísceras sorprendidas
Por radio terribles retratos.
No estoy de acuerdo
Todos pican mi poesía
Con invencibles tenedores
Buscando, sin duda, una mosca.
Tengo miedo.
Tengo miedo de todo el mundo,
Del agua fría, de la muerte.
Soy como todos los mortales,
inaplazable