II Jornadas de Trabajo Social - III Jornadas de Psicoanálisis y Drogadicción

mesa de prevencion y trabajo social


A. S. Diana Rossi:

En esta primera mesa lo que se va a tratar de hacer es definir un marco teórico sobre el tema de prevención en particular, explicitándolo con experiencias concretas que se han hecho en este campo desde F.A.T. y desde otros sectores.

Voy a hacer la presentación de los integrantes de la mesa que está compuesta por el Dr. Floreal Ferrara, exdocente titular de la cátedra de Medicina Social de la Universidad de La Plata, exministro de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires, asesor de la Confederación General del Trabajo, presidente del Movimiento Nacional por un Sistema Nacional de Salud y autor de numerosas obras relacionadas con el tema de salud. El Lic. Alfredo Caballeda, licenciado en Servicio Social de Salud, jefe del Departamento de Acción Comunitaria de F.A.T., exintegrante de la Comisión Nacional para el Control de Narcotráfico y el Abuso de Drogas, coordinador de los cursos superiores del Movimiento Nacional por un Sistema Nacional de Salud. La Lic. Patricia De Marco, licenciada en Serivicio Social de Salud, supervisora docente de F.A.T. y Asistente Social del Hospital Posadas. La Lic. Mabel Arias, licenciada en Servicio Social de Salud, supervisora docente de F.A.T., asistente de la Dirección de Psicología de la provincia de Buenos Aires. La Lic. Nora Shulman, licenciada en Servicio Social, docente de la carrera de Servicio Social de la UBA, integrante del equipo técnico de la Comisión Nacional para el Control del Narcotráfico y Abuso de Drogas. La Lic. Gracia Nuesch, licenciada en Servicio Social, supervisora docente de la carrera de Servicio Social de la Universidad de Acción Social Argentina, asesora de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia del Ministerio de Salud y Acción Social y coordinadora del subcomité de Prevención de la Comisión Nacional para el Control y el Abuso de Drogas.

Queda abierta la mesa con la intervención del Dr. Floreal Ferrara.

Dr. Floreal Ferrara:

Más que plantear alguna experiencia personal y grupal que con relación al tema de la famacodependencia a lo largo de nuestra tarea profesional podemos brindar, me voy a permitir plantear dos o tres disidencias ríspidas, realmente conflictivas, totalmente francas, para que alguna vez, el tema de las farmacodependencias, salga del lugar de la mistificación donde generalmente se lo coloca, para que de esa manera sirva para seguir impulsando la propia enfermedad.

A la fármacodependencia le sucede lo mismo que le ocurrió en el final del siglo pasado, y en el comienzo de este siglo, a las llamadas grandes endemias sociales. Esta, que todavía no tiene la dimensión cuantitativa que en ese entonces tenían la tuberculosis, la sífilis, la lepra, etc., tiene en sí significaciones similares, en cuanto a todo el tabú, el misterio que alrededor de la misma circula. Primera situación ríspida, y primera definición desde el punto de vista político-sanitario. El tema de la fármacodependencia es un tema de la comunidad, y no es jamás un tema de la policía. Estoy hablando de la enfermedad y estoy hablando de la fármacodependencia.

Cuando algún personaje extraño a la práctica social interviene en el desarrollo de algún espisodio farmacoterapéutico o terapéutico social produce una distorsión de los efectos, que en lugar de resultar favorable resulta absolutamente desfavorable.

Yo creo que la presencia de personajes, individuos e instituciones que no tienen que ver con el quehacer cotidiano de la comunidad, es el producto de que la comunidad está desinformada, en lo que hace a los temas que tiene que resolver; pero esa desinformación tampoco es ingenua; esa desinformación es la consecuencia de que quienes detentan gran parte del poder necesitan de la desinformación de la comunidad. Cuando la comunidad asume como propios los fenómenos profundos que hacen a su marginalidad, que hacen a sus necesidades, está muy cerca de acceder al poder, y éste es el tema de la fármacodependencia; por ahí para el tema de la fármacodependencia. Cualquier acción que se desarrolle en esta enfermedad, o en cualquier aspecto de la salud, que se desarrolle planificadamente, programdamente, reconoce un elemento clave insustituíble; ese elemento clave insustituíble es la participación. Sin participación no hay planificación. Sin participación de la comunidad, en serio, no hay acción terapéutica, sanitaria, ni contra la fármacodependencia, no contra el paludismo, ni contra la tuberculosis, ni contra el mal de Chagas, ni contra el cáncer.

Este no es un tema de médicos; los médicos están en el tema. Este no es un tema de policías, que deben ser separados del tema y deben ser llevados al tema que les corresponde, que es el tema que tiene que ver con el narcotráfico; pero hay que decirlo así; si alguien esconde la verdad está complicado en el deseo de la participación negativa, oscura, silenciada de la comunidad para salir a defender sus propios derechos s este aspecto del poder. De qué participación hablamos? Por qué decimos esto de que la participación constituye el elemento insustituíble, presente siempre en el campo de la planificación y programación social? Estamos hablando de una participación que tiene que ver (punto uno) con el poder; (punto dos) de una participación entre iguales.

Cuando la participación tiene el signo que los organismos insternacionales le agregaron particularmente a la idea, por ejemplo, de la atención primaria de la salud, esa es una participación colonialista, esa es una participación estrictamente dedicada a obtener mano de obra barata, que no tiene que ver con el poder, que no tiene que ver entre iguales, y que en consecuencis, es una mistificación de la participación.

Seguramente que sería medio extraño ponernos a explicar cual es el modelo que en lugar de esa participación de la atención primaria de la salud estamos preconizando a lo largo de todo el país, pero valga para que el menos lo tengan como referencia que nosotros hablamos de un sistema de participación en donde quien intervenga tenga que ver con las decisiones, en donde la comunidad que interviene tiene que ver con el presupuesto, tiene que ver con las decisiones prioritarias, tiene que ver con la programación total, tiene que ver con la ejecución y tiene que ver con la evaluación. Aquí discrepamos, también, con la posición del gobierno radical en el campo de la participación que ellos enuncian, al menos en las dos o tres expresiones más serias que han producido para discutir el tema de la salud en el país como es el Seguro Nacional de Salud y aún los programas de salud mental, donde se propone una participación gestionaria; esto quiere decir: una participación en la ejecución de las acciones que programan, priorizan y planifican otros; que evalúan otros. Esa es una participación mezquina, que viene a lesionar el principio comunitario del derecho a intervenir en todos los fenómenos que le son caros, que le son queridos, y que forman parte de su acceso al poder.

Hace algunos años, quien empezó a hablar con cierta profundidad técnica de estos temas, cuando nadie de nosotros hablaba todavía con esta claridad del tema de la participación, fue Gino Germani, quien decía que era necesario distinguir entre la participación integrada y la participación no integrada. Señalaba entonces, que la primera tenía lugar bajo condiciones de integración, integración de las normas, integración psicológica y aún ambiental; una integración que hiciera a todo slos elementos en los que intervenía la comunidad que participaba. Mientras que la no integrada, decía Gino, ocurre en los casos en que no hay correspondencia entre la normativa exigida y la que realmente existe. Esa falta de correspondencia puede derivar en tendencias de excesos o de déficit; y acá veía dónde estaba la trampa del pensamiento transformador (en aquellos años podríamos decir que obedecía a un seguimiento “muy pegado” al pensamiento parssoniano); Gino decía entonces, que en la etapa de transición hacia formas más elaboradas de organización social, los grupos abandonan la participación integrada y pasan a una participación no integrada. Si hay participación en exceso el proceso se denomina “movilización”; es la participación excesiva, decía Gino, en grado, forma, con relación al nivel que la sociedad que queda denominada “normal”.

Yo creo que ustedes están percibiendo a dónde va mi crítica; yo creo que ustedes están sintiendo que detrás de esto que se esconde en el capítulo de la palabra, que es transición; la otra palabra que es excesiva está aparte de los mecanismos tramposos que un pensamiento funcionalista (transisión, exceso, movilización) le incorporó al pensamiento filosófico de este tipo de sociología. Quiero decir con esto que a pesar de que, , para aquellos tiempos, (era la década del ´50, comienzos de la década del ´60), esto significaba avances; pero a la luz de los acontecimientos, y particularmente, en la comprensión crítica del pensamiento filosófico que le dio sustento, aparece claro el retaceo de una verdad, particularmente para los pueblos del Tercer Mundo, que viven en contínua transición y cuyo único aspecto de participación inicial se llama: movilización, pero que nos es, como dice Gino, siempre excesiva, en grado, extensión y forma; constituye el elemento iniciante en la búsqueda de la toma del poder.

Cuidado que esta escuela funcionalista vive aún (lo podemos confirmar en esta misma Facultad de Medicina); gran parte de las facultades de psicología y sociología viven entremezcladas en las teorías funcionalistas-parssionianas. La participación para ellas es el tipo de participación no integrada, un fenómeno también de transición; una participación en esferas anteriormente excluídas. Este tipo de participación tiene todas las características de ser una participación catalogada por esta escuela como participación de segunda (participación que no lleva a nada); de lo que se trata en este pensamiento funcionalista es de alcanzar un término de participación que no produzca olas, un término de participación que traiga tranquilidad y la palabra “integración” está directamente relacionada con lo que en medicina tanto daño nos ha hecho cuando entendíamos el fenómeno de salud como un fenómeno de adaptación. Integración a qué?; adaptación a qué? Integracións a una sociedad que ella es la que excluyó la participación profunda; integración a una sociedad que es la que produce diferencias, contradicciones, las irreverentes maneras de conducir la justicia. Adaptación a qué?; a esa sociedad que es la que produce la fármacodependencia, la injusticia de la enfermedad social.

El término “prticipación” ha sido utilizado difusamente, lo que supone mencionarlo con términos demasiado amplios, como por ejemplo: desarrollo de la comunidad, autoayuda, cooperativismo, consejo de pueblo, representación de obreros en la gestión empresaria, quizás ésta sea la forma más atrevida que verdaderamente el funcionalismo ha permitido y que mira con cierta alegría; ésta es exactamente la participación gestionaria que el artículo 3° de la ley del Seguro Nacional de Salud le concede a los trabajadores, que, como les dije antes, es el retaseo de una participación profunda, porque esa no es participación en el poder, ni entre iguales. También, se puede pensar, que esta participación la podemos mirar como ciertos modelos de participación, y entonces, según estamos en el alcance de la intervención participativa podríamos hablar (para la definición que queremos utilizar) como una participación, primero, con clara definición de metas y valores sociales; segundo, con pleno conocimiento de los objetivos y esas metas; tercero, con una información permanente, para que cada uno de los integrantes del proceso participativo sea capáz de interpretar el episodio en el cual se encuentra. La participación del Seguro Nacional de Salud, como la participación del modelo colonialista de la atención primaria de la salud, niega el conocimiento de los objetivos y las metas, niega la información profunda del proceso, acerca la información del episodio inmediato, coyuntural, pero no la información estructural que es esencial para que un proceso participativo tenga la alternativa de producir los cambios revolucionarios que requieren dolencias, patologías de profunda significación política, social y cultural, como lo es la fármacodependencia. Se necesita en esta participación, según la práctica social, una participación real de los grandes grupos sociales, sin marginaciones; se necesita una participación que frecuentemente alcanza características incomprensibles y que va a alcanzar el orden y la programación cuando ya parte de todos los participantes sean realmente participantes del poder.

Acá quedaría por hacer una aclaración de carácter político-filosófico y que tiene que ver, particularmente, con las dos polaridades que la filosofía política del mundo tiene divididos a los pueblos coloniales y a los pueblos colonialistas. Mientras el capitalismo, (flilosofía de la competencia), habla de la participación de los individuos como una vocación de la libertad para intervenir en algunos aspectos de la consolidación de la sociedad, el pensamiento marxista habla de la participación, particularmente, específicamente, de la clase social trabajadora para la consolidación de la toma del poder y la consolidación de la participación auténtica de todos y en cada uno de los temas y problemas.

Nosotros, que pertenecemos a una tercera posición, desde el punto de vista político-filosófico, , hemos entendido que es cierto que la columna vertebral de eso es la clase trabajadora; pero en los países del Tercer Mundo, la participación para los problemas de esa comunidad, entre los cuales se encuentra la fármacodependencia, el tema vuelve a pasar por un ente sociopolítico diferente que se llama: pueblo; y en el cual si, repito, la columna vertebral en el movimiento trabajador; pero, adentro de ese movimiento participativo está también la clase media con sentido nacional, está también la burguesía intermedia con sentido nacional, que frecuentemente es la primera que abandona este campo para pasarse al del enemigo, pero mientras está aliada, ésta, es parte también del grupo participativo que en los grandes temas nacionales ahí está la columna vertebral con la cual se debe realizar, se tiene que realizar toda acción programada sobre la fármacodependencia.

Asumo en este momento con toda claridad una de mis representaciones más honrosas; hablo en nombre de la Confederación General del Trabajo, de la cual soy asesor. No hay lucha contra la fármacodependencia si no están los trabajadores; y déjenme que le diga con dolor: aquí no están los trabajadores; hay que traerlos, tienen que estar, deben estar; yo sé que en muchos lados están. Para realizar acciones contra la fármacodependencia, en el terreno programático en que se tiene que hacer, que es en definitiva luchar por la salud, no puede estar ajena la columna vertebral del pueblo, que son los trabajadores. Muchas gracias.

Lic. Alfredo Carballeda:

Después de lo que planteó el Dr. Ferrara yo creo que no voy a tener mucho que decir, salvo el trabajo que voy a leer. Este trabajo apunta a tratar de incorporar una discusión conceptual en el tema de la prevención en fármacodependencia, y vamos a trabajar algunos conceptos que ya anteriormente trabajó el Dr. Ferrara.

Yo creo que los argentinos hace un tiempo que venimos conviviendo con las drogas, conviviendo con la información acerca de las drogas, y muchas veces esa información sobre drogas es mostrada al público (por la televisión, por la radio, por los diarios, etc.) como una especie de prevención.

El Dr. Ferrara decía hace un rato: -“De este tema hay que sacar a la policía.”; y la policía hace prevención desde una modalidad, que, a nuestro entender, si vamos al esquema de “mejor prevenir que curar”, en este caso sería “mejor curar que prevenir”, porque, en realidad, lo que hace el mensaje preventivo es disociar más que poner alguna claridad.

Vamos a empezar a leer el trabajo y después de la mesa vamos a hacer la discusión:

“Dentro del tema adicciones, o en cualquier tema vinculado con la salud, hay un acuerdo generalizado en que la tarea más importante a realizar es la preventiva. La acción social o sanitaria se enfoca desde un “pre-venir”, es decir, que fundamentalmente, en el tema “fármacodependencias” eso que vendrá se lee como inexorable.

La idea de prevención en el campo de la salud no tiene más que 150 años; los primeros modelos preventivos tuvieron que ver con las epidemias, y cuando se prevenía, casi siempre, el problema ya estaba instalado. Por ejemplo: la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, en 1871, las medidas preventivas iban desde encender fogatas hasta ingerir limonada rogé, pero cuando éstas se plantearon la epidemia ya había comenzado.

Esa idea de que la enfermedad ya está instalada en la comunidad ha sobrevenido durante largos años, y en el tema “drogas” se continúa encendiendo fogatas.

La tendencia general del mensaje preventivo tiende, conceptualmente, a levantar murallas en barrios, cuidades y grupos familiares; se impide así la posibilidad de enfocar el problema globalmente; se coartan el protagonismo y la solidaridad.

Esa idea de que “el mal ya se enquistó”, hacen que se afinen los conceptos y el marco metodológico a nivel de poblaciones específicas (un mensaje para padres, un mensaje para adolescentes), es decir: la tendencia lleva a escindir, separar las acciones; tendencia que responde al modelo médico hegemónico (superespecialización; desmembramiento del cuerpo; especificidad aún en el campo de la psicología; psicología postinfarto, psicología para adolescentes, psicología para ancianos); el discurso sanitario va planteando más separaciones, más murallas que ratifiquen esas separaciones.

Volviendo al tema de la fármacodependencia, los modelos de prevención, y quizás con más claridad aún los modelos institucionales, básicamente plantean separación. Pese a que hoy, la prevención es planteada como una alternativa global y comunitaria, la globalidad se ve como una suma de los fenómenos individuales; es posible que por esta razón todas las discusiones sobre prevención giren alrededor del mensaje preventivo, es decir: qué decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos. Esto tuvo coherencia tal vez en la epidemia de fiebre amarilla (había que decir qué hacer y cómo hacer, pero con la epidemia ya instalada). También en el siglo pasado lo preventivo pasaba por saber cómo detectar (algo que aparece como actitud muy marcada en los destinatarios de las acciones preventivas) por ejemplo: “cómo me doy cuenta si mi hijo se droga?” (pregunta un padre en una charla). Esta idea de “cómo detectar” presupone que el mal ya se encuentra instalado.

Entendemos al fenómeno salud-enfermedad como fenómeno colectivo, no individual. En otras culturas la situación de salud aparece claramente como fenómeno social, hasta el punto de no existir enfermedades individuales. La cultura occidental, generadora del modelo médico hegemónico, tiende a escindir, a separar, a especializar. La idea de salud como completo bienestar se refiere a un completo bienestar físico, psíquico y social, que es básicamente individual.

La acción preventiva que nosotros privilegiamos es integral e integradora; ante todo es preciso conocer qué fue lo que se separó. Cuando planteamos el accionar preventivo en forma integradora lo que hacemos es marcar un eje distinto para la lectura del problema; vamos a un ejemplo: desde hace más de dos años estamos recibiendo consultas de padres que suponen que sus hijos consumen drogas (en el número de consultas hay un aumento); tratamos de explicar el origen de esta demanda e inmediatamente apareció una correlación entre consultas y mensajes referidos a drogas en los medios de comunicación. La propuesta de la institución fue trabajar en grupo, con esos padres, desde un marco preventivo integrador. Vimos que había un elemento que escindía y ese elemento era la sospecha de que mi hijo estuviese consumiendo drogas. El trabajo de prevención se focalizó entonces en ese punto y en conceptualizaciones referidas a ese tema.

Algo similar ocurrió cuando se nos propueso, hace dos años, organizar una campaña de prevención en clubes de la ciudad de Buenos Aires; el eje conceptual trabajado fue: “Sociedad y sentido del deporte”, es decir, planteamos la pregunta “Qué es el deporte en esta sociedad?; juego o competencia?” (sumados al marco conceptual anterior).

Confiamos que, en el futuro, la conceptualización acerca de lo preventivo tienda cada vez más a la globalidad, y que en este campo podamos superar la barrera que el mansaje preventivo nos impone; mensaje de unos hacia otros; mensaje desde el lugar del saber. Podemos llegar a acuerdos y cambiar mensajes por otros; podemos superar el mensaje “adicto=delincuente”, pero seguiremos escindiendo a la adicción del contexto más amplio de su significación social.

Pensamos que prevención será en poco tiempo, en el tema de las adicciones, sinónimo de acción comunitaria, acción comunitaria entendida no como seudónimo de participación, sino como protagonismo efectivo de los actores sociales; sólo así superaremos el límite que nos supone el pensar como único instrumento de prevención a la charla de prevención primaria.”

Lic. Patricia de Marco:

Vamos a presentar en conjunto con la Lic. Arias un trabajo de campo que se realizó en la ciudad de Venado Tuerto; vamos a leer primero la fundamentación teórica del trabajo y luego Mabel Arias continuará con la parte práctica de dicho trabajo.

“Consideramos una condición necesaria para llevar a cabo una acción comunitaria en el campo preventivo, el conocimiento de la situación real del contexto en el que la preocupación por el fenómeno de la fármacodependencia aparece. Es interesante remarcar que, en general, las convocatorias para acciones preventivas se hacen desde el síntoma, es decir, desde la misma droga. Cuando llegamos a las escuelas, barrios, clubes, nos encontramos con este fenómeno: la droga está potenciada, es importante, sobresale por sobre toda la problemática social, escolar o familiar. Nuestro criterio preventivo apunta a desactivar ese síntoma; aprovechar ese síntoma como eje convocante que permita que la problemática de base se haga explícita.

En general, la demanda se expresa en el síntoma y la perspectiva es obtener una receta, que soluciona rápida y mágicamente el problema. Muchas veces nos preguntamos hasta dónde existe el problema, cuál es ese problema. La convocatoria a acciones preventivas suela pasar básicamente por la ansiedad que genera el fenómeno adictivo en grupos de padres, profesionales o docentes, ansiedad que por lo general cede al efectivizarse la acción. La eficacia preventiva no pasa por calmar esa ansiedad, sino que debe orientarse a transformar ese estado en la necesidad de preguntarse por el origen del problema, vale decir, nos instalar la tranquilidad de conciencia del “yo ya les avisé”, sino la inquietud del “qué podemos hacer todos juntos”; es decir, poder pensar más allá del síntoma, poder responder aquellas preguntas de hasta dónde existe el problema y cuál es realmente. Decíamos anteriormente que el primer paso en un accionar preventivo es conocer la relidad del lugar en el que trabajamos a través de un primer nivel exploratorio; una forma de conocer esa realidad puede ser la charla de prevención primaria focalizada hacia ese nivel exploratorio. Es necesario tener en cuenta que este tipo de acción tiene un doble significado: en sí mismo y en las perspectivas que genera; de agonismo del “especialista” hacia la propia comunidad. A modo de ejemplo presentaremos una síntesis del trabajo realizado en Venado Tuerto:

El presente trabajo corresponde al informe de las acciones desarrolladas por el departamento de prevención primaria del F.A.T. en el marco de la solicitus formulada a éste por un grupo comunitario de la ciudad de Venado Tuerto (provincia de Santa Fé). El análisis de dicha solicitud sugirió la necesidad de encarar una aproximación diagnóstica en el terreno, que permitiera evaluar las dimensiones reales del problema local y las reacciones comunitarias ante el mismo, teniendo en cuenta que nos encontramos ante una comunidad que está intentando darse organizaciones propias que encaren el abordaje de la problemática adictiva.

Se estimó como metodología adecuada el sentar las bases para acciones específicas desde dichas organizaciones, funcionando F.A.T., solamente, como entidad asesora.

Los objetivos de este trabajo fueron: elaborar un diagnóstico presuntivo de la incidencia de la fármacodependencia en dicha ciudad; comparar el grado de aproximación de la percepción comunitaria del problema, las dimensiones reales del mismo y sugerir líneas de trabajo adecuadas a esa realidad local.

La Metodología:

Las acciones en terreno se llevaron a cabo por cuatro profesionales del equipo técnico de F.A.T., en colaboración con apoyo de un grupo comunitario local. Las técnicas utilizadas para la recopilación de información fueron entrevistas abiertas y cuestionarios, que se aplicaron de manera formal e informal a distintos estamentos según el siguiente cronograma: entrevistas informales con miembros de apoyo a fin de actualizar las motivaciones, espectativas y conocimiento de la realidad local; aplicación de una encuenta callejera con el objeto de tener un conocimiento sistemático de la realidad local dirigido a los siguientes items: 1) drogas consideradas más dañinas por la población; 2) percepción sobre la incidencia del consumo de drogas en la población; 3) utilización del tiempo libre por el sector juvenil; 4) entrevistas formales con miembros y sectores representativos de las áreas de educación y justicia; éstas fueron protocolares con agenda informal, teniendo en cuenta que a nivel institucional se hace muchas veces engorroso obtener resultados objetivos a partir de una encuenta.

A partir de un diálogo franco se hacen evidentes las líneas fundamentales de manejo institucional, así como las reticencias o formas de ocultamiento.

Se hicieron también charlas educativas con sectores juveniles, adultos y jóvenes universitarios; atención de una consultoría para recepción de inquietudes; entrevistas formales con miembros del gobierno local, que fueron propuestas por el organismo convocante y sirvieron para establecer la opinión que ese gobierno tenía sobre la estructura de Venado Tuerto, su población, así como los proyectos para darle respuesta a este tema. Por último, se realizaron entrevistas con el periodismo local; la intención fue ubicar a la problemática adictiva en su correcta acepción, evitando su sobredimensionamiento, y referencias morbosas o sensacionalistas, tratando, por el contrario, sus antecedentes, condicionantes y desencadenantes.”

Lic. Mabel Arias:

Voy a seguir con los materiales-métodos para arribar a las conclusiones, quedando luego abierto el debate.

Materiales y Método:

Se utilizó una encuesta abierta donde se involucraron, a grandes rasgos, los parámetros que servían para identificar la realidad local. Para ello fue aplicada sin dificultades en todos los sectores de esa población. Con respecto al ítem “drogas consideradas más dañinas”, el 70% le otorga mayor daño a la cocaína y a la marihuana; el alcohol entra en 4° luegar (7%), que no se condice con su condición de fármaco con poder adictivo; no es visto por el público como droga, reforzándose así la tendencia general; incluso personal médico o policial, a la no asignación de riesgo adictivo para el alcohol. Esta tendencia se hace más visible con respecto a los jarabes para la tos, a los que no se les da ninguna importancia, ya que está puesto en el último grado de peligrosidad, lo que no coincide con la experiencia clínica.

Con respecto al ítem “percepción de la incidencia del consumo de drogas”, la tendencia general, es abrumadora por el “si” (93%). Con respecto al ítem “utilización del tiempo libre”, el mayor tiempo asignado corresponde a la opción de “bares, pooles, confiterías” (46%), lo que sumado a otros entretenimientos (tales como juegos electrónicos 13%) da mayoría absoluta a los lugares de pasatiempo, tiempo sin sentido, en detrimento de opciones creativas o con objetivos. En ese sentido el deporte ocupa un 32%, lo que daría una opción no pasiva.

Las actividades gremiales, políticas, religiosas y comunitarias dan sumadas una incidencia sumante baja (2%).

Entrevistas Formales e Informales:

En el área educación, se entrevistó en forma conjunta a directivos de distintos establecimientos educativos de nivel secundario del ámbito estatal. En relación al consumo de drogas por parte de los alumnos de establecimientos educativos, se recabó esta información, acerca del consumo cierto, mencionaron tres o cuatro casos detectados.

La institución educativa aparece impotente ante este problema, quiere derivar su resolución y no encuentra eco: a la justicia que no actúa, a los padres que niegan la situación, no encuentra canales para actuar desde su ámbito específico. Ante el problema adictivo, la institución educativa aparentemente no margina. No obtante al no hallar mecanismos efectivos de inclusión, en último término, acaba excluyéndolos, ya que desertan por otros motivos: sanciones por insicciplina, incumplimiento de tareas, es decir, la sanción no es directa, pero existe.

Aparece un enfrentamiento generacional en el que los adolescentes decreen de los adultos; no quieren hablar del tema porque “están de vuelta de todo”; no delatan al que consume y tratan de ayudar en su recuperación, mientras los adultos están a la defensiva sin encontrar modos de acción y paralizados ante lo que sienten un negocio poderoso.

En el área de la justicia, con respecto a la problemática juvenil de la zona, el tema fármacodependencia no apareció como el único ni el más importante de los problemas que afecten a la juventud. Desde este sector se considera prioritario poner el acento en la prevención primaria. El sector judicial demuestra en este momento una imposibilidad de operar sobre el tema debido a la falta de recursos materiales, humanos, tanto en el aspecto tutelar como procesal de los menores vinculados con fármacos.

En el área de la policía, la información recogida reafirma la impotencia jurisdiccional para actuar en el tema. Se plateó el desconocimiento de los agentes policiales tanto en los aspectos técnicos, discriminación de fármacos, como en el modo adecuado de acción preventiva; con respecto a este punto los entrevistados refieren su desconocimiento de la tipología del adicto, en cuanto a actitudes, lenguaje, etc., lo que daría a pensar que más allá de la falta de entrenamiento, el número de sujetos implicados es irrelevante, ya que una aparición de casos cuantitativamente importante crearía la práctica.

Se estima que existe una disociación entre la institución policial y la comunidad, en tanto que la primera se defina detrás del argumento de la incompetencia juridiccional, y la segunda critica la inoperancia de las acciones policiales.

En cuanto al área del gobierno municipal la visión presentada desde el ámbito municipal fue abarcativa de una problemática general, no recortando la fármacodependencia fuera del campo de la salud. En sentido se puntualizó la ausencia de acciones globales en el área de la salud mental y la necesidad de plantear la prevención, en esta área, general y no parcializada.

Con respecto al análisis de la sociedad venadense se puntualizó:

  • sociedad más de tipo aluvional que tradicional.
  • Falta de reconocimiento y búsqueda de la propia historia.

Paradojalmente, los sectores tradicionales, desconocerían las formas motivacionales e impulsarían una imagen de progreso, de tipo superestructural, que no trasciende el ámbito de lo formal ni influencia a otros sectores.

Las iniciativas dedicadas al accionar de tipo comunitario entrarían poco en el resto de la comunidad, al igual que los intentos de acciones referidas a una cultura popular (talleres artesanales).

Con respecto a la consultoría, la ausencia de consultas recibidas hace pensar una falta de claridad en la convocatoria que dificultó la recepción y comprensión del mensaje; importante grado de prejuicio que operó a modo de resistencia; las charlas educativas fueron dirigidas a sectores adolescentes, estudiantes de la Universidad Tecnológica y adultos.

Conclusiones:

Podemos intentar agrupar las observaciones que se desprenden del trabajo realizado en tres grandes grupos:

A) referido a la juventud: la existencia de una situación de ruptura está señalada por el hecho de la ida de los jóvenes en edad universitaria o con inquietudes de tipo laboral, artístico o artesanal.

Como dato significativo, la falta de comunicación posterior a esa migración con su lugar de origen. Estos hechos resultan peculiares en la realidad típica de Venado Tuerto, dándoselos como suficientemente conocidos, pero insuficientemente expresados. Además, se observó un bajo nivel de participación en actividades concretas con objetivos gremiales, políticos, comunitarios o religiosos. Por otra parte, el bajo nivel de entendimiento entre adolescentes y adultos aparece agravado por situaciones donde se lo puede objetivar, por ejemplo: confiterías del menor, que, por otra parte, son una expresión surgida a partir de necesidades comunitarias insuficientemente elaboradas.

Se observa también un problemático manejo del tiempo libre a partir de la falta de propuestas atractivas, tanto del sector adulto, como la baja receptividad para las mismas surgidas del propio sector juvenil.

Algo importante de señalar, en el discurso de los adultos, se resalta en algunos presupuestos tales como que en Venado Tuerto se consumen drogas, que la mayoría de la población juvenil las prueba y que es muy difícil revertir esa situación. Los dos primeros acertos son coincidentes para padres e hijos; el último no es aceptado por los jóvenes, dado que algunos de ellos dan a entender la posibilidad de cambio, aunque no tienen claro la forma de efectivizarlo.

B) respecto a lo social: lo complejo de la sociedad venadense se deduce de sus características de movilidad social y demográfica, con indicadores de poco asentamiento y amplio reciclaje, lo que la transforma en potencialmente expulsora, lo que significa ñp ya expresado respecto a la juventud.

Otro significante es la ruptura entre el pasado no reconocido y, por ende el futuro a venir. En efecto, poco se notan los símbolos de pasado mediato, a través de características de lenguaje, vestido, viviendas y artesanías. La sectorización de los distintos grupos sociales se traduce aún en las acciones que como ésta, la de la fármacodependencia, tal como la diferencia entre el accionar policial y judicial.

Existe también una especie de conciencia no comprobada sobre la magnitud de los problemas o acontecimientos que le suceden a la comunidad toda, tal como el “triángulo rojo” de las plantaciones y el tráfico de drogas, basadas en presupuestos de difícil corroboración, pero que signan las características de la comunidad. Esto hace afirmar que se consumen drogas (nos referimos a las de tipo ilícito), o que la mayoría las prueba y que es posible realizar acciones concretas, pero en el caso de los adultos se traduce en una paralización frente a su angustia, que a su vez genera, como única respuesta, la necesidad de represión.

Referido a la fármacodependencia, la primer observación corroborada, es que las drogas ocupan un lugar muy importante enla problemática de Venado Tuerto; la convicción es pareja para toda la población con independencia de su edad.

Por otra parte, hay un desconocimiento tanto del alcohol como del alcoholismo, como de las drogas adictivas pero producidas legalmente. Es importante que esta creencia marque un significado mayor para la producción del fenómeno, o sea, crea la necesidad, por ende, se prioriza la atención a drogas en detrimento de la salud mental o disociada de la misma. A la vez, el grado de angustia que favorece esta creencia da pie a la existencia de un campo propicio a la expansión de la adicción.

La lectura de nuestras investigaciones deja claramente asentado que para Venado Tuerto son solamente las ilícitas, y de éstas, las mayormente conocidas (marihuana y cocaína).

Todo lo expuesto apunta a que un grupo, como el que nos ha convocado, tiene que resolver en orden de organización y objetivos en cuanto a forma de presentación como a que el síntoma adictivo oculta, o permite entrever, de las problemáticas que aquejan a aquella comunidad. La adecuada prevención primaria sirve tanto para esclarecer como para reciclar las pulsiones, las inquietudes y los procesos inmersos en esa realidad.

En síntesis, retomando los objetivos propuestos, podemos decir con respecto a la incidencia de la fármacodependencia en Venado Tuerto, que si bien la problemática adictiva es digna de ser tomada en cuenta en su realidad local, no alcanza niveles epidemiológicos significativos.

Con respecto a la percepción comunitaria, la imagen transmitida a la observación es la dificultad para percibir el problema de la fármacodependencia en su contexto de fenómeno que hace a la salud de la población, en tanto se lo percibe descontestuado y se sobredimensiona su incidencia e importancia. Esto se visualiza, por ejemplo, en proyectos que priorizan la creación de un centro de atención de fármacodependencia en una población carente de servicios de salud mental, planteo a nuestro juicio, totalmente inconveniente.

Como otro elemento remarcable referido a la percepción comunitaria, cabe señalar que no existiría una percepción uniforme del problema, sino distintas lecturas enraizadas en una posición socioeconómica de los interesados. Así observamos que la preocupación y alarma de los sectores centrales de la comunidad no se corresponde con el casi desconocimiento de los sectores periféricos; esto obligaría a un serio replanteo ideológico, y metodológico, por parte del grupo de apoyo, a fin de constituirse realmente en una entidad que supere la sectorización inicial.

Cabe esperar que la ejecución de las acciones sugeridas y otras más que la comunidad venadense considera apropiadas nos sitúan en el punto de la prevención y tienden a canalizar el evidente interés de los jóvenes y la preocupación de los padres de familia, las autoridades y la comunidad sobre esta problemática.

Todo este gran esfuerzo tiene sentido para tener que llegar a sustituir la prevención inteligente por la represión siempre retardada.

A la pregunta entonces “de qué manera sumir un mal como la drogadicción?”, le debe preceder otra: “de qué manera y por qué surge semejante mal que existe, en todo caso, y a posteriori, la inevitable y dolorosa represión?”.

Lic. Nora Shulman:

Justamente tomando este tema de la participación, y entendiendo que la participación es básica y necesaria para que se produzca la relación entre la búsqueda que hacen las personas por una mejor calidad de vida, y, eso, que se pongo de acuerdo con los programas gubernamentales, es decir, que los programas gubernamentales respondan a esa necesidad individual y social, es que vamos a presentar este programa de Jornadas de Participación Juvenil, que fue elaborado por el Comité Asesor de la Comisión Nacional Contra el Narcotráfico, que está integrado por entidades no gubernamentales que colaboran con la comisión justamente para tratar de elaborar políticas que respondan a la necesidad de encontrar un vocabulario común para el tema que nos ocupa en este momento.

El Comité Asesor de la Comisión Nacional está formado por la Fundación Convivir, F.A.T., Viaje de Vuelta, el Progrma Andrés y A.P.U.E., y tenemos el apoyo fundamental de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia. Ahora, este programa fue elaborado pensando en que la fármacodependencia, como fenómeno social, surge en nuestro país a partir de la década del ´60 e, indudablemente, en los últimos veinte años hubo un incremento en el consumo de fármacos, tanto del círculo legal como ilegal.

Con la apertura democrática parecería que este problema se agudizó mucho más, de acuerdo con los comentarios que se escuchan, especialmente a través de la publicidad; y toda esta preocupación está puesta fundamentalmente más en los efectos que en las causas.

En este sentido yo creo que sería bastante importante insistir en la etiología de este fenómeno, que se nos presenta como un síntoma social, y este síntoma tiene que ver con situaciones de cambio o de conflicto importantes. A mi modo, tomamos el problema de la drogadicción como el problema principal y dejamos de lado otros problemas que tienen que ver con los significados distintos que tienen, por ejemplo, el alcoholismo o la violencia, que son tan importantes y que conviven con el problema de la drogadicción. En este punto es cuando entramos a pensar en la necesidad de realizar una efectiva campaña de prevención; prevención que tenga que ver, fundamentalmente, con poner el énfasis en el protagonismo social, corriendo lo que es el protagonismo de la droga.

Por eso, no es suficiente escuchar toda la información que se nos brinda desde los distintos tipos de medios. Yo creo que lo importante es abrir canales de expresión y participación. Justamente, en estos canales de participación es donde se va a poder tratar con mucha mayor facilidad todo lo que sea los contenidos prejuiciosos que tiene este sistema. O sea, el asunto no implica hallar culpables, porque esos culpables tienen que ver con todo el descargo que hacen los “inocentes”; entonces, toda esa puesta de culpa en determinadas personas (especialmente en los jóvenes, adolescentes), descarga de “culpas” a todos esos “inocentes”. Es decir, estos canales de participación tienen que ver con un espacio para lograr que haya una responsabilidad compartida, o sea, un lugar donde se pueda discutir, charlar en distintos ámbitos, en distintos lugares, y encontrar juntos las alternativas y las propuestas, y las respuestas distintas.

Entendemos que la mejor prevención es la promoción de la vida; esto tiene que ver con que uno adquiere un compromiso con sí mismo y con toda la gente que lo rodea, que en definitiva lo que vaa lograr es que haya una participación efectiva de todos los integrantes de la comunidad.

Decíamos entonces que la participación es el punto clave de lo que puede ser una tarea preventiva; es decir: el encuentro con el otro, la posibilidad de diálogo, el poder pasar de lo que significa los proyectos individuales a elaborar un proyecto social en conjunto. Esto se va a lograr tratando de llegar a una organización comunitaria que pueda contener todas estas situaciones que se van dando en este inicio de participación, es decir, de poder empezar en distintos ámbitos a participar conjuntamente jóvenes y adultos, para que se produzca ese lugar de encuentro.

En general, el fenómeno de la fármacodependencia es relacionado con los jóvenes; los jóvenes, mayoritariamente son los que reciben la “culpa” de la drogadicción; es decir, acá no se entra a analizar, por ejemplo, cuál es la situación del mundo de los adultos, cuando ellos mismos se niegan a reconocer sus propias conductas adictivas que tienen que ver con el alcohol, con el tabaco, con la automedicación, etc. Sin embargo, resulta llamativo, que toda esta “sospecha” sea colocada en lo que se llama “el sector juvenil”. La juventud tiene rasgos característicos que, indudablemente, tienen que ver con el inconformismo, con la capacidad creadora y fundamentalmente con lo que es la búsqueda de la libertad; tiene una enorme capacidad de autenticidad, una gran exigencia de autenticidad y además un rechazo hacia todo lo que signifique la hipocrecía. Entonces, el papel que tienen los jóvenes, justamente, es el de dinamizadores del cuerpo social. Qué pasa con los adultos y este tema? Cuando el mundo adulto se les presenta con una incoherencia tal que no lo pueden llegar a entender, y además se les presenta como manipuladores de ellos, es decir, cuando le quieren imponer cosas que no les corresponden se produce una doble ruptura, porque, por un lado, al romper el adolescente con el mundo adulto pierde todo lo que puede obtener de experiencia, y, por otro lado, los adultos pierden también, porque al perder el contacto con los jóvenes pierden esa capacidad dinamizadora; entonces, la idea es encontrar a través de estos canales de diálogo y participación los mecanismos más aptos para que se produzca ese encuentro entre el mundo jóven y el mundo adulto, y así poder salir de sus realidades particulares para poder organizarse y aspirar a una transformación de la realidad.

De acuerdo a toda esta fundamentación teórica que se pensó para este trabajo, podemos llegar a decir que en estos momentos estamos por largar las Primeras Jornadas de Participación Juvenil y esto forma parte de todo un programa nacional de prevención que se va a llevar a cabo desde la Comisión Nacional de Narcotráfico. Este proyecto tiene como objetivo fundamental la posibilidad de abrir canales de participación entre jóvenes, adultos y comunidad en general.

Lic. Gracia Nuesch:

Este proyecto tiene como modelo las Jornadas del Parque Chacabuco que hicimos desde la secretaría de Desarrollo Humano y Familia el año pasado, junto con el comité que se había formado para el Año Internacional de la Juventud. En estas Jornadas se buscó lograr un espacio de reflexión y participación para los jóvenes con muy buenos resultados, convocando a jóvenes de distintos sectores utilizando el beneficio de tener gente del comité que agrupaba a toda clase de jóvenes, desde jóvenes trabajadores hasta escuelas e instituciones; entonces, la convocatoria fue general y la idea era hacer en base a grandes temas a tratarse basados en criterios previamente establecidos de cuáles eran los temas ejes sobre la problemática adictiva, dar un espacio de tres o cuatro días para que los jóvenes reflexionaran y participaran. La participación entendida como una no participación simbólica, sino una participación real, la cual significa efectiva y afectiva.

En base a estas Jornadas en las que se trataron temas como “marginalidad”, “proyecto de vida”, “familia”, “educación”, “medios de comunicación”, se logró que los jóvenes pudieran encontrar un lugar para ser protagonistas y poder tomar esos grandes temas de indefinición y así poder llegar a conclusiones desde su óptica.

Tomando el ejemplo de esas Jornadas el Comité Asesor, junto con la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia, y desde la Comisión Nacional, analizó cómo los resultados altamente positivos en cuanto a la participación de los jóvenes, dejaban ver un gran defecto que era la participación de la comunidad en eso. Nosotros habíamos ido con una programación, la cual era que nosotros habíamos convocado y los jóvenes habían armado las Jornadas; pero, la comunidad y el Parque Chacabuco habían sido elegidos medio al azar; entonces, la comunidad no había trabajado, se había enterado a último momento de que íbamos a estar allí y entonces cuando nos fuimos dejamos muchas posibilidades, porque habíamos movilizado mucho, pero no habíamos dejado nada armado a la comunidad para que canalizara esas necesidades que habían surgido.

Entonces, retomando ese proyecto, la idea de ahora es que cualquier jornada que se solicite desde algún sector de la comunidad se proponga sean un espacio de reflexión y participación pero a partir de la propia comunidad.

Desde el gobierno hace rato que estamos preocupados en pensar qué es la participación, y tenemos bien claro que la participación no es que la gente ejecute las acciones; entonces, nosotros estamos tratando de revertir esa situación partiendo de la base de que los jóvenes demandan participación real.

Cuando nos sentamos a proyectar dichas jornadas, nos dimos cuenta que ninguno sabía qué era participar, justamente, porque jamás habíamos participado, y yo les puedo comentar que, por ejemplo, en el Parque Chacabuco, venían los chicos a preguntarnos: -“Señorita, a qué viene?”, y nosotros les decíamos: -“no se, porque eso lo tenés que armar vos; tenés talleres; tenés paneles, pero elegí vos lo que querés hacer”. Pero, realmente no era solo el susto de ellos por participar, sino el nuestro por dejar participar.

La idea que tenemos ahora entonces es que en base a los pedidos de las comunidades, que en algunos casos no son realmente comunidades porque son, por ejemplo, barrios en la Capital que jamás se han organizado, tratar de que juntos se organicen para estas jornadas; y estas jornadas, más allá del valor en sí mismo, realmente que sean una validación de cierre de una etapa de trabajo de la comunidad, o que funcionen como un disparador de futuras acciones. En este momento, por ejemplo, tuvimos un pedido de un sector de la comunidad de Almagro, que pretendían que les vayamos con el circo armado de unas jornadas, porque habían escuchado que habían salido muy bien las de Parque Chacabuco; nosotros dijimos que esta vez no vamos a cometer el mismo error de hacer unas muy buenas jornadas pero que después nos llevamos todo y la gente queda movilizada sin nada; organísence ustedes, vean si la comunidad quiere esas jornadas, si quiere participar en la conformación de los paneles, de los talleres, y si a partir de lo que se movilice en esas jornadas se pueden hacer acciones futuras; esa acción futura puede ser por ejemplo, un centro de prevención, puede ser que no tenga nada que ver con el tema específico de drogadicción, sino que sea una guardería, un centro recreativo, pero formar algo en la comunidad que esté dispuesta a tomar lo que salga de las jornadas. De allí, que en este momento, en Almagro, estamos pasando horas y horas tratando de que la comunidad (las instituciones, las escuelas, los partidos políticos), se pongan de acuerdo en qué es lo que quieren hacer.

Tenemos idea de que esto solo sea un modelo para que otros sectores, desde su lugar, vean cómo organizarlo.

Estamos convencidos seriamente de que a partir de que la gente entienda la responsabilidad que le cabe no solo como agente de prevención, sino como responsable de que la adicción suceda, entonces, vamos apoder lograr algo.

Lic. Patricia De Marco:

La idea ahora es abrir el debate y tratar de responder las preguntas que sean formuladas a partir de estos ejes que se estuvieron exponiendo, como por ejemplo: “participación y comunidad”, “participación y poder”, “la prevención integradora dirigida hacia una acción comunitaria” y la presentación de experiencias concretas en relación a estos temas; yo creo que tenemos material como para debatir este asunto.

Pregunta:

Yo le pregunto al Dr. Floreal Ferrara si podría dar una definición de qué es un trabajador...

Dr. Floreal Ferrara:

Por la insolencia de la pregunta estimo que nunca trabajaste...

Pregunta:

Mi pregunta apunta a saber si la Subsecretaría tiene algún programa con respecto a los chicos de la calle...

Lic. Gracia Nuesch:

Quiero aclarar que nosotros no somos de la Secretaría, sino que yo trabajo en la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia, y Nora es de la Comisión Nacional para el Control del Narcotráfico y Abuso de Drogas. Como estas jornadas las estamos llevando a cabo juntas es por eso que estoy yo aquí.

La respuesta a tu pregunta es sí; yo tengo el honor de trabajar en la misma secretaría que trabaja el Lic. Eroles de la Dirección Nacional del Menor y se que tienen programas muy interesantes, pero no me puedo explayar demasiado en el tema porque no estoy ligada a él directamente; lo que si escuché decir al Lic. Eroles es que estaban seriamente preocupados por cómo trabajar con los chicos de la calle, reconociendo la problemática real; se han cometido graves errores en nombre de la ayuda a esos chicos, porque los chicos de la calle no son chicos abandonados, sino que son chicos que están cubriendo una necesidad; el chico que está trabajando en la calle está llevando un sueldo a la casa. Entonces, nosotros no podemos sacar a esos chicos de la calle y privarle a la familia de, por ejemplo, 200 australes más por mes para comer. Por otro lado, el chico que no trabaja y está en la calle por solo estar, tiene una profunda vocación por la libertad, y la única forma de que trabajemos coherentemente es que aprendamos a manejarnos con el tema “libertad” y respetarlo. Se que se está trabajando con una especie de hogares de día, donde el chico va y se queda todo el tiempo que quiere, y después se va; de todos modos sería bueno asesorarse en el lugar que corresponde, que es la Dirección Nacional del Menor y la Familia.

Pregunta:

Cómo hacer para darme cuenta cuando estoy frente a una familia que puede ser generadora de adictos?

Lic. Alfredo Carballeda:

Esto de cómo hacer para darme cuenta es algo que, ciertamente, charlamos al principio. Es una demanda que aparece permanentemente en las acciones de prevención primaria; es decir, nosotros hacemos una charla de prevención primaria para padres o profesionales y aparece esta pregunta de cómo hacer o cómo detectar qué pasa en una familia. Nosotros no creemos que existan recetas en las cuales podamos decir que a través de tales indicadores vamos a poder decir que esta familia va a generar adictos; lo que si podemos dejar bien sentado es que hay una sociedad que esta generando adictos y los problemas que podemos encontrar en una familia podrán generar adictos u otro tipo de problemas. si nosotros decimos: “Las familias que generan adictos y solamente adictos...”, sería como potenciar a ese síntoma que es el consumo de drogas, y el fin de las acciones preventivas es despotenciar a las drogas e introducirnos en esa problemática base.

Nuestra respuesta en este sentido tiende a llevar esa pregunta más hacia lo social.

Como en el tema de la familia se podría decir que hay una tendencia sobre todo en los medios de difusión, a dar ese tipo de recetas, (todos conocerán esas publicaciones de aparición muy reciente acerca de este tema, por ejemplo: en una carta de prevención muy divertida donde se dice que todo adolescente debe ser considerado “sospechoso” de estar consumiendo drogas hasta que se demuestre lo contrario; otro ejemplo es la revista “Esquiú”, donde en el número de hace tres semanas publica que: “un chico que tiene problemas en la escuela, un chico que tiene nuevos amigos puede ser considerado un posible adicto”).

Nosotros al principio decíamos que esos mensajes preventivos (si se les puede poner un nombre) lo que hacen es generar más barreras; es decir, cuando la revista “gente”, por ejemplo, se refiere a esto, habla de que la familia tiene que hacer como murallas; esa idea de la familia como “célula” parece más bien una “bacteria” porque tiene una pared mucho más rígida y tiene menos posibilidades de comunicación con el medio.

Entonces, nosotros no somos partidarios de dar determinados indicadores; además, sinceramente, no los tenemos, porque en la práctica cotidiana del trabajo con adictos podemos encontrar distintas composiciones, formas y modalidades con respecto a la familia.

Yo cuando empecé a hacer prevención primaria, hace algunos años atrás, una de las cosas que hacíamos era una estructura familiar y decíamos “el padre, la madre, los hermanos”, todo eso que está muy conocido, y después esto lo empezamos a sacar porque veíamos que no se condecía con lo que realmente estábamos viendo en la práctica cotidiana. Es decir, los adictos pueden provenir de familias “perfectamente” constituídas y no muy bien constituídas; si no acordarse un poco de lo que pasó con la ley de divorcio, donde enseguida se asoció divorcio-droga, rock, sexualidad, y pornografía.

Se tiende a hacer esas asociaciones unicausales y unilineales, y nosotros tratamos de desactivar en el accionar preventivo desde ahí.


Estamos trabajando permanentemente en la actualización de esta Sección para brindarle el mejor servicio.

Colaboradores Suscribirse Mapa del sitio Consultas 24hs Enlaces Contactenos Administración