mesa
de prevencion y trabajo social
A. S. Diana Rossi:
En esta primera mesa lo que se
va a tratar de hacer es definir un marco teórico sobre el tema de
prevención en particular, explicitándolo
con experiencias concretas que se han hecho en este
campo desde F.A.T. y desde otros sectores.
Voy a hacer la presentación de los integrantes
de la mesa que está compuesta por el Dr. Floreal
Ferrara, exdocente titular de la cátedra de
Medicina Social de la Universidad de La Plata, exministro
de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires,
asesor de la Confederación General del Trabajo,
presidente del Movimiento Nacional por un Sistema Nacional
de Salud y autor de numerosas obras relacionadas con
el tema de salud. El Lic. Alfredo Caballeda, licenciado
en Servicio Social de Salud, jefe del Departamento
de Acción Comunitaria de F.A.T., exintegrante
de la Comisión Nacional para el Control de Narcotráfico
y el Abuso de Drogas, coordinador de los cursos superiores
del Movimiento Nacional por un Sistema Nacional de
Salud. La Lic. Patricia De Marco, licenciada en Serivicio
Social de Salud, supervisora docente de F.A.T. y Asistente
Social del Hospital Posadas. La Lic. Mabel Arias, licenciada
en Servicio Social de Salud, supervisora docente de
F.A.T., asistente de la Dirección de Psicología
de la provincia de Buenos Aires. La Lic. Nora Shulman,
licenciada en Servicio Social, docente de la carrera
de Servicio Social de la UBA, integrante del equipo
técnico de la Comisión Nacional para
el Control del Narcotráfico y Abuso de Drogas.
La Lic. Gracia Nuesch, licenciada en Servicio Social,
supervisora docente de la carrera de Servicio Social
de la Universidad de Acción Social Argentina,
asesora de la Secretaría de Desarrollo Humano
y Familia del Ministerio de Salud y Acción Social
y coordinadora del subcomité de Prevención
de la Comisión Nacional para el Control y el
Abuso de Drogas.
Queda abierta la mesa con la intervención
del Dr. Floreal Ferrara.
Dr. Floreal Ferrara:
Más que plantear alguna experiencia personal
y grupal que con relación al tema de la famacodependencia
a lo largo de nuestra tarea profesional podemos brindar,
me voy a permitir plantear dos o tres disidencias ríspidas,
realmente conflictivas, totalmente francas, para que
alguna vez, el tema de las farmacodependencias, salga
del lugar de la mistificación donde generalmente
se lo coloca, para que de esa manera sirva para seguir
impulsando la propia enfermedad.
A la fármacodependencia le sucede lo mismo
que le ocurrió en el final del siglo pasado,
y en el comienzo de este siglo, a las llamadas grandes
endemias sociales. Esta, que todavía no tiene
la dimensión cuantitativa que en ese entonces
tenían la tuberculosis, la sífilis, la
lepra, etc., tiene en sí significaciones similares,
en cuanto a todo el tabú, el misterio que alrededor
de la misma circula. Primera situación ríspida,
y primera definición desde el punto de vista
político-sanitario. El tema de la fármacodependencia
es un tema de la comunidad, y no es jamás un
tema de la policía. Estoy hablando de la enfermedad
y estoy hablando de la fármacodependencia.
Cuando algún personaje extraño a la
práctica social interviene en el desarrollo
de algún espisodio farmacoterapéutico
o terapéutico social produce una distorsión
de los efectos, que en lugar de resultar favorable
resulta absolutamente desfavorable.
Yo creo que la presencia de personajes,
individuos e instituciones que no tienen que ver
con el quehacer cotidiano de la comunidad, es el
producto de que la comunidad está desinformada, en lo que hace
a los temas que tiene que resolver; pero esa desinformación
tampoco es ingenua; esa desinformación es la
consecuencia de que quienes detentan gran parte del
poder necesitan de la desinformación de la comunidad.
Cuando la comunidad asume como propios los fenómenos
profundos que hacen a su marginalidad, que hacen a
sus necesidades, está muy cerca de acceder al
poder, y éste es el tema de la fármacodependencia;
por ahí para el tema de la fármacodependencia.
Cualquier acción que se desarrolle en esta enfermedad,
o en cualquier aspecto de la salud, que se desarrolle
planificadamente, programdamente, reconoce un elemento
clave insustituíble; ese elemento clave insustituíble
es la participación. Sin participación
no hay planificación. Sin participación
de la comunidad, en serio, no hay acción terapéutica,
sanitaria, ni contra la fármacodependencia,
no contra el paludismo, ni contra la tuberculosis,
ni contra el mal de Chagas, ni contra el cáncer.
Este no es un tema de médicos; los médicos
están en el tema. Este no es un tema de policías,
que deben ser separados del tema y deben ser llevados
al tema que les corresponde, que es el tema que tiene
que ver con el narcotráfico; pero hay que decirlo
así; si alguien esconde la verdad está complicado
en el deseo de la participación negativa, oscura,
silenciada de la comunidad para salir a defender sus
propios derechos s este aspecto del poder. De qué participación
hablamos? Por qué decimos esto de que la participación
constituye el elemento insustituíble, presente
siempre en el campo de la planificación y programación
social? Estamos hablando de una participación
que tiene que ver (punto uno) con el poder; (punto
dos) de una participación entre iguales.
Cuando la participación tiene el signo que
los organismos insternacionales le agregaron particularmente
a la idea, por ejemplo, de la atención primaria
de la salud, esa es una participación colonialista,
esa es una participación estrictamente dedicada
a obtener mano de obra barata, que no tiene que ver
con el poder, que no tiene que ver entre iguales, y
que en consecuencis, es una mistificación de
la participación.
Seguramente que sería medio extraño
ponernos a explicar cual es el modelo que en lugar
de esa participación de la atención primaria
de la salud estamos preconizando a lo largo de todo
el país, pero valga para que el menos lo tengan
como referencia que nosotros hablamos de un sistema
de participación en donde quien intervenga tenga
que ver con las decisiones, en donde la comunidad que
interviene tiene que ver con el presupuesto, tiene
que ver con las decisiones prioritarias, tiene que
ver con la programación total, tiene que ver
con la ejecución y tiene que ver con la evaluación.
Aquí discrepamos, también, con la posición
del gobierno radical en el campo de la participación
que ellos enuncian, al menos en las dos o tres expresiones
más serias que han producido para discutir el
tema de la salud en el país como es el Seguro
Nacional de Salud y aún los programas de salud
mental, donde se propone una participación gestionaria;
esto quiere decir: una participación en la ejecución
de las acciones que programan, priorizan y planifican
otros; que evalúan otros. Esa es una participación
mezquina, que viene a lesionar el principio comunitario
del derecho a intervenir en todos los fenómenos
que le son caros, que le son queridos, y que forman
parte de su acceso al poder.
Hace algunos años, quien empezó a hablar
con cierta profundidad técnica de estos temas,
cuando nadie de nosotros hablaba todavía con
esta claridad del tema de la participación,
fue Gino Germani, quien decía que era necesario
distinguir entre la participación integrada
y la participación no integrada. Señalaba
entonces, que la primera tenía lugar bajo condiciones
de integración, integración de las normas,
integración psicológica y aún
ambiental; una integración que hiciera a todo
slos elementos en los que intervenía la comunidad
que participaba. Mientras que la no integrada, decía
Gino, ocurre en los casos en que no hay correspondencia
entre la normativa exigida y la que realmente existe.
Esa falta de correspondencia puede derivar en tendencias
de excesos o de déficit; y acá veía
dónde estaba la trampa del pensamiento transformador
(en aquellos años podríamos decir que
obedecía a un seguimiento “muy pegado” al
pensamiento parssoniano); Gino decía entonces,
que en la etapa de transición hacia formas más
elaboradas de organización social, los grupos
abandonan la participación integrada y pasan
a una participación no integrada. Si hay participación
en exceso el proceso se denomina “movilización”;
es la participación excesiva, decía Gino,
en grado, forma, con relación al nivel que la
sociedad que queda denominada “normal”.
Yo creo que ustedes están percibiendo a dónde
va mi crítica; yo creo que ustedes están
sintiendo que detrás de esto que se esconde
en el capítulo de la palabra, que es transición;
la otra palabra que es excesiva está aparte
de los mecanismos tramposos que un pensamiento funcionalista
(transisión, exceso, movilización) le
incorporó al pensamiento filosófico de
este tipo de sociología. Quiero decir con esto
que a pesar de que, , para aquellos tiempos, (era la
década del ´50, comienzos de la década
del ´60), esto significaba avances; pero a la
luz de los acontecimientos, y particularmente, en la
comprensión crítica del pensamiento filosófico
que le dio sustento, aparece claro el retaceo de una
verdad, particularmente para los pueblos del Tercer
Mundo, que viven en contínua transición
y cuyo único aspecto de participación
inicial se llama: movilización, pero que nos
es, como dice Gino, siempre excesiva, en grado, extensión
y forma; constituye el elemento iniciante en la búsqueda
de la toma del poder.
Cuidado que esta escuela funcionalista
vive aún
(lo podemos confirmar en esta misma Facultad de Medicina);
gran parte de las facultades de psicología y
sociología viven entremezcladas en las teorías
funcionalistas-parssionianas. La participación
para ellas es el tipo de participación no integrada,
un fenómeno también de transición;
una participación en esferas anteriormente excluídas.
Este tipo de participación tiene todas las características
de ser una participación catalogada por esta
escuela como participación de segunda (participación
que no lleva a nada); de lo que se trata en este pensamiento
funcionalista es de alcanzar un término de participación
que no produzca olas, un término de participación
que traiga tranquilidad y la palabra “integración” está directamente
relacionada con lo que en medicina tanto daño
nos ha hecho cuando entendíamos el fenómeno
de salud como un fenómeno de adaptación.
Integración a qué?; adaptación
a qué? Integracións a una sociedad que
ella es la que excluyó la participación
profunda; integración a una sociedad que es
la que produce diferencias, contradicciones, las irreverentes
maneras de conducir la justicia. Adaptación
a qué?; a esa sociedad que es la que produce
la fármacodependencia, la injusticia de la enfermedad
social.
El término “prticipación” ha
sido utilizado difusamente, lo que supone mencionarlo
con términos demasiado amplios, como por ejemplo:
desarrollo de la comunidad, autoayuda, cooperativismo,
consejo de pueblo, representación de obreros
en la gestión empresaria, quizás ésta
sea la forma más atrevida que verdaderamente
el funcionalismo ha permitido y que mira con cierta
alegría; ésta es exactamente la participación
gestionaria que el artículo 3° de la ley
del Seguro Nacional de Salud le concede a los trabajadores,
que, como les dije antes, es el retaseo de una participación
profunda, porque esa no es participación en
el poder, ni entre iguales. También, se puede
pensar, que esta participación la podemos mirar
como ciertos modelos de participación, y entonces,
según estamos en el alcance de la intervención
participativa podríamos hablar (para la definición
que queremos utilizar) como una participación,
primero, con clara definición de metas y valores
sociales; segundo, con pleno conocimiento de los objetivos
y esas metas; tercero, con una información permanente,
para que cada uno de los integrantes del proceso participativo
sea capáz de interpretar el episodio en el cual
se encuentra. La participación del Seguro Nacional
de Salud, como la participación del modelo colonialista
de la atención primaria de la salud, niega el
conocimiento de los objetivos y las metas, niega la
información profunda del proceso, acerca la
información del episodio inmediato, coyuntural,
pero no la información estructural que es esencial
para que un proceso participativo tenga la alternativa
de producir los cambios revolucionarios que requieren
dolencias, patologías de profunda significación
política, social y cultural, como lo es la fármacodependencia.
Se necesita en esta participación, según
la práctica social, una participación
real de los grandes grupos sociales, sin marginaciones;
se necesita una participación que frecuentemente
alcanza características incomprensibles y que
va a alcanzar el orden y la programación cuando
ya parte de todos los participantes sean realmente
participantes del poder.
Acá quedaría por hacer una aclaración
de carácter político-filosófico
y que tiene que ver, particularmente, con las dos polaridades
que la filosofía política del mundo tiene
divididos a los pueblos coloniales y a los pueblos
colonialistas. Mientras el capitalismo, (flilosofía
de la competencia), habla de la participación
de los individuos como una vocación de la libertad
para intervenir en algunos aspectos de la consolidación
de la sociedad, el pensamiento marxista habla de la
participación, particularmente, específicamente,
de la clase social trabajadora para la consolidación
de la toma del poder y la consolidación de la
participación auténtica de todos y en
cada uno de los temas y problemas.
Nosotros, que pertenecemos a una
tercera posición,
desde el punto de vista político-filosófico,
, hemos entendido que es cierto que la columna vertebral
de eso es la clase trabajadora; pero en los países
del Tercer Mundo, la participación para los
problemas de esa comunidad, entre los cuales se encuentra
la fármacodependencia, el tema vuelve a pasar
por un ente sociopolítico diferente que se llama:
pueblo; y en el cual si, repito, la columna vertebral
en el movimiento trabajador; pero, adentro de ese movimiento
participativo está también la clase media
con sentido nacional, está también la
burguesía intermedia con sentido nacional, que
frecuentemente es la primera que abandona este campo
para pasarse al del enemigo, pero mientras está aliada, ésta,
es parte también del grupo participativo que
en los grandes temas nacionales ahí está la
columna vertebral con la cual se debe realizar, se
tiene que realizar toda acción programada sobre
la fármacodependencia.
Asumo en este momento con toda
claridad una de mis representaciones más honrosas; hablo en nombre
de la Confederación General del Trabajo, de
la cual soy asesor. No hay lucha contra la fármacodependencia
si no están los trabajadores; y déjenme
que le diga con dolor: aquí no están
los trabajadores; hay que traerlos, tienen que estar,
deben estar; yo sé que en muchos lados están.
Para realizar acciones contra la fármacodependencia,
en el terreno programático en que se tiene que
hacer, que es en definitiva luchar por la salud, no
puede estar ajena la columna vertebral del pueblo,
que son los trabajadores. Muchas gracias.
Lic. Alfredo Carballeda:
Después de lo que planteó el Dr. Ferrara
yo creo que no voy a tener mucho que decir, salvo el
trabajo que voy a leer. Este trabajo apunta a tratar
de incorporar una discusión conceptual en el
tema de la prevención en fármacodependencia,
y vamos a trabajar algunos conceptos que ya anteriormente
trabajó el Dr. Ferrara.
Yo creo que los argentinos hace
un tiempo que venimos conviviendo con las drogas,
conviviendo con la información
acerca de las drogas, y muchas veces esa información
sobre drogas es mostrada al público (por la
televisión, por la radio, por los diarios, etc.)
como una especie de prevención.
El Dr. Ferrara decía hace un rato: -“De
este tema hay que sacar a la policía.”;
y la policía hace prevención desde una
modalidad, que, a nuestro entender, si vamos al esquema
de “mejor prevenir que curar”, en este
caso sería “mejor curar que prevenir”,
porque, en realidad, lo que hace el mensaje preventivo
es disociar más que poner alguna claridad.
Vamos a empezar a leer el trabajo
y después
de la mesa vamos a hacer la discusión:
“Dentro del tema adicciones, o en cualquier
tema vinculado con la salud, hay un acuerdo generalizado
en que la tarea más importante a realizar es
la preventiva. La acción social o sanitaria
se enfoca desde un “pre-venir”, es decir,
que fundamentalmente, en el tema “fármacodependencias” eso
que vendrá se lee como inexorable.
La idea de prevención en el campo de la salud
no tiene más que 150 años; los primeros
modelos preventivos tuvieron que ver con las epidemias,
y cuando se prevenía, casi siempre, el problema
ya estaba instalado. Por ejemplo: la epidemia de fiebre
amarilla en Buenos Aires, en 1871, las medidas preventivas
iban desde encender fogatas hasta ingerir limonada
rogé, pero cuando éstas se plantearon
la epidemia ya había comenzado.
Esa idea de que la enfermedad ya
está instalada
en la comunidad ha sobrevenido durante largos años,
y en el tema “drogas” se continúa
encendiendo fogatas.
La tendencia general del mensaje
preventivo tiende, conceptualmente, a levantar murallas
en barrios, cuidades y grupos familiares; se impide
así la posibilidad
de enfocar el problema globalmente; se coartan el protagonismo
y la solidaridad.
Esa idea de que “el mal ya se enquistó”,
hacen que se afinen los conceptos y el marco metodológico
a nivel de poblaciones específicas (un mensaje
para padres, un mensaje para adolescentes), es decir:
la tendencia lleva a escindir, separar las acciones;
tendencia que responde al modelo médico hegemónico
(superespecialización; desmembramiento del cuerpo;
especificidad aún en el campo de la psicología;
psicología postinfarto, psicología para
adolescentes, psicología para ancianos); el
discurso sanitario va planteando más separaciones,
más murallas que ratifiquen esas separaciones.
Volviendo al tema de la fármacodependencia,
los modelos de prevención, y quizás con
más claridad aún los modelos institucionales,
básicamente plantean separación. Pese
a que hoy, la prevención es planteada como una
alternativa global y comunitaria, la globalidad se
ve como una suma de los fenómenos individuales;
es posible que por esta razón todas las discusiones
sobre prevención giren alrededor del mensaje
preventivo, es decir: qué decimos, cómo
lo decimos y a quién se lo decimos. Esto tuvo
coherencia tal vez en la epidemia de fiebre amarilla
(había que decir qué hacer y cómo
hacer, pero con la epidemia ya instalada). También
en el siglo pasado lo preventivo pasaba por saber cómo
detectar (algo que aparece como actitud muy marcada
en los destinatarios de las acciones preventivas) por
ejemplo: “cómo me doy cuenta si mi hijo
se droga?” (pregunta un padre en una charla).
Esta idea de “cómo detectar” presupone
que el mal ya se encuentra instalado.
Entendemos al fenómeno salud-enfermedad como
fenómeno colectivo, no individual. En otras
culturas la situación de salud aparece claramente
como fenómeno social, hasta el punto de no existir
enfermedades individuales. La cultura occidental, generadora
del modelo médico hegemónico, tiende
a escindir, a separar, a especializar. La idea de salud
como completo bienestar se refiere a un completo bienestar
físico, psíquico y social, que es básicamente
individual.
La acción preventiva que nosotros privilegiamos
es integral e integradora; ante todo es preciso conocer
qué fue lo que se separó. Cuando planteamos
el accionar preventivo en forma integradora lo que
hacemos es marcar un eje distinto para la lectura del
problema; vamos a un ejemplo: desde hace más
de dos años estamos recibiendo consultas de
padres que suponen que sus hijos consumen drogas (en
el número de consultas hay un aumento); tratamos
de explicar el origen de esta demanda e inmediatamente
apareció una correlación entre consultas
y mensajes referidos a drogas en los medios de comunicación.
La propuesta de la institución fue trabajar
en grupo, con esos padres, desde un marco preventivo
integrador. Vimos que había un elemento que
escindía y ese elemento era la sospecha de que
mi hijo estuviese consumiendo drogas. El trabajo de
prevención se focalizó entonces en ese
punto y en conceptualizaciones referidas a ese tema.
Algo similar ocurrió cuando se nos propueso,
hace dos años, organizar una campaña
de prevención en clubes de la ciudad de Buenos
Aires; el eje conceptual trabajado fue: “Sociedad
y sentido del deporte”, es decir, planteamos
la pregunta “Qué es el deporte en esta
sociedad?; juego o competencia?” (sumados al
marco conceptual anterior).
Confiamos que, en el futuro, la
conceptualización
acerca de lo preventivo tienda cada vez más
a la globalidad, y que en este campo podamos superar
la barrera que el mansaje preventivo nos impone; mensaje
de unos hacia otros; mensaje desde el lugar del saber.
Podemos llegar a acuerdos y cambiar mensajes por otros;
podemos superar el mensaje “adicto=delincuente”,
pero seguiremos escindiendo a la adicción del
contexto más amplio de su significación
social.
Pensamos que prevención será en poco
tiempo, en el tema de las adicciones, sinónimo
de acción comunitaria, acción comunitaria
entendida no como seudónimo de participación,
sino como protagonismo efectivo de los actores sociales;
sólo así superaremos el límite
que nos supone el pensar como único instrumento
de prevención a la charla de prevención
primaria.”
Lic. Patricia de Marco:
Vamos a presentar en conjunto con
la Lic. Arias un trabajo de campo que se realizó en la ciudad
de Venado Tuerto; vamos a leer primero la fundamentación
teórica del trabajo y luego Mabel Arias continuará con
la parte práctica de dicho trabajo.
“Consideramos una condición necesaria
para llevar a cabo una acción comunitaria en
el campo preventivo, el conocimiento de la situación
real del contexto en el que la preocupación
por el fenómeno de la fármacodependencia
aparece. Es interesante remarcar que, en general, las
convocatorias para acciones preventivas se hacen desde
el síntoma, es decir, desde la misma droga.
Cuando llegamos a las escuelas, barrios, clubes, nos
encontramos con este fenómeno: la droga está potenciada,
es importante, sobresale por sobre toda la problemática
social, escolar o familiar. Nuestro criterio preventivo
apunta a desactivar ese síntoma; aprovechar
ese síntoma como eje convocante que permita
que la problemática de base se haga explícita.
En general, la demanda se expresa
en el síntoma
y la perspectiva es obtener una receta, que soluciona
rápida y mágicamente el problema. Muchas
veces nos preguntamos hasta dónde existe el
problema, cuál es ese problema. La convocatoria
a acciones preventivas suela pasar básicamente
por la ansiedad que genera el fenómeno adictivo
en grupos de padres, profesionales o docentes, ansiedad
que por lo general cede al efectivizarse la acción.
La eficacia preventiva no pasa por calmar esa ansiedad,
sino que debe orientarse a transformar ese estado en
la necesidad de preguntarse por el origen del problema,
vale decir, nos instalar la tranquilidad de conciencia
del “yo ya les avisé”, sino la inquietud
del “qué podemos hacer todos juntos”;
es decir, poder pensar más allá del síntoma,
poder responder aquellas preguntas de hasta dónde
existe el problema y cuál es realmente. Decíamos
anteriormente que el primer paso en un accionar preventivo
es conocer la relidad del lugar en el que trabajamos
a través de un primer nivel exploratorio; una
forma de conocer esa realidad puede ser la charla de
prevención primaria focalizada hacia ese nivel
exploratorio. Es necesario tener en cuenta que este
tipo de acción tiene un doble significado: en
sí mismo y en las perspectivas que genera; de
agonismo del “especialista” hacia la propia
comunidad. A modo de ejemplo presentaremos una síntesis
del trabajo realizado en Venado Tuerto:
El presente trabajo corresponde
al informe de las acciones desarrolladas por el departamento
de prevención
primaria del F.A.T. en el marco de la solicitus formulada
a éste por un grupo comunitario de la ciudad
de Venado Tuerto (provincia de Santa Fé). El
análisis de dicha solicitud sugirió la
necesidad de encarar una aproximación diagnóstica
en el terreno, que permitiera evaluar las dimensiones
reales del problema local y las reacciones comunitarias
ante el mismo, teniendo en cuenta que nos encontramos
ante una comunidad que está intentando darse
organizaciones propias que encaren el abordaje de la
problemática adictiva.
Se estimó como metodología adecuada
el sentar las bases para acciones específicas
desde dichas organizaciones, funcionando F.A.T., solamente,
como entidad asesora.
Los objetivos de este trabajo fueron:
elaborar un diagnóstico presuntivo de la incidencia de la
fármacodependencia en dicha ciudad; comparar
el grado de aproximación de la percepción
comunitaria del problema, las dimensiones reales del
mismo y sugerir líneas de trabajo adecuadas
a esa realidad local.
La Metodología:
Las acciones en terreno se llevaron
a cabo por cuatro profesionales del equipo técnico de F.A.T.,
en colaboración con apoyo de un grupo comunitario
local. Las técnicas utilizadas para la recopilación
de información fueron entrevistas abiertas y
cuestionarios, que se aplicaron de manera formal e
informal a distintos estamentos según el siguiente
cronograma: entrevistas informales con miembros de
apoyo a fin de actualizar las motivaciones, espectativas
y conocimiento de la realidad local; aplicación
de una encuenta callejera con el objeto de tener un
conocimiento sistemático de la realidad local
dirigido a los siguientes items: 1) drogas consideradas
más dañinas por la población;
2) percepción sobre la incidencia del consumo
de drogas en la población; 3) utilización
del tiempo libre por el sector juvenil; 4) entrevistas
formales con miembros y sectores representativos de
las áreas de educación y justicia; éstas
fueron protocolares con agenda informal, teniendo en
cuenta que a nivel institucional se hace muchas veces
engorroso obtener resultados objetivos a partir de
una encuenta.
A partir de un diálogo franco se hacen evidentes
las líneas fundamentales de manejo institucional,
así como las reticencias o formas de ocultamiento.
Se hicieron también charlas educativas con
sectores juveniles, adultos y jóvenes universitarios;
atención de una consultoría para recepción
de inquietudes; entrevistas formales con miembros del
gobierno local, que fueron propuestas por el organismo
convocante y sirvieron para establecer la opinión
que ese gobierno tenía sobre la estructura de
Venado Tuerto, su población, así como
los proyectos para darle respuesta a este tema. Por último,
se realizaron entrevistas con el periodismo local;
la intención fue ubicar a la problemática
adictiva en su correcta acepción, evitando su
sobredimensionamiento, y referencias morbosas o sensacionalistas,
tratando, por el contrario, sus antecedentes, condicionantes
y desencadenantes.”
Lic. Mabel Arias:
Voy a seguir con los materiales-métodos
para arribar a las conclusiones, quedando luego abierto
el debate.
Materiales y Método:
Se utilizó una encuesta abierta donde se involucraron,
a grandes rasgos, los parámetros que servían
para identificar la realidad local. Para ello fue aplicada
sin dificultades en todos los sectores de esa población.
Con respecto al ítem “drogas consideradas
más dañinas”, el 70% le otorga
mayor daño a la cocaína y a la marihuana;
el alcohol entra en 4° luegar (7%), que no se condice
con su condición de fármaco con poder
adictivo; no es visto por el público como droga,
reforzándose así la tendencia general;
incluso personal médico o policial, a la no
asignación de riesgo adictivo para el alcohol.
Esta tendencia se hace más visible con respecto
a los jarabes para la tos, a los que no se les da ninguna
importancia, ya que está puesto en el último
grado de peligrosidad, lo que no coincide con la experiencia
clínica.
Con respecto al ítem “percepción
de la incidencia del consumo de drogas”, la tendencia
general, es abrumadora por el “si” (93%).
Con respecto al ítem “utilización
del tiempo libre”, el mayor tiempo asignado corresponde
a la opción de “bares, pooles, confiterías” (46%),
lo que sumado a otros entretenimientos (tales como
juegos electrónicos 13%) da mayoría absoluta
a los lugares de pasatiempo, tiempo sin sentido, en
detrimento de opciones creativas o con objetivos. En
ese sentido el deporte ocupa un 32%, lo que daría
una opción no pasiva.
Las actividades gremiales, políticas,
religiosas y comunitarias dan sumadas una incidencia
sumante baja (2%).
Entrevistas Formales e Informales:
En el área educación, se entrevistó en
forma conjunta a directivos de distintos establecimientos
educativos de nivel secundario del ámbito estatal.
En relación al consumo de drogas por parte de
los alumnos de establecimientos educativos, se recabó esta
información, acerca del consumo cierto, mencionaron
tres o cuatro casos detectados.
La institución educativa aparece impotente
ante este problema, quiere derivar su resolución
y no encuentra eco: a la justicia que no actúa,
a los padres que niegan la situación, no encuentra
canales para actuar desde su ámbito específico.
Ante el problema adictivo, la institución educativa
aparentemente no margina. No obtante al no hallar mecanismos
efectivos de inclusión, en último término,
acaba excluyéndolos, ya que desertan por otros
motivos: sanciones por insicciplina, incumplimiento
de tareas, es decir, la sanción no es directa,
pero existe.
Aparece un enfrentamiento generacional
en el que los adolescentes decreen de los adultos;
no quieren hablar del tema porque “están de vuelta de todo”;
no delatan al que consume y tratan de ayudar en su
recuperación, mientras los adultos están
a la defensiva sin encontrar modos de acción
y paralizados ante lo que sienten un negocio poderoso.
En el área de la justicia, con respecto a la
problemática juvenil de la zona, el tema fármacodependencia
no apareció como el único ni el más
importante de los problemas que afecten a la juventud.
Desde este sector se considera prioritario poner el
acento en la prevención primaria. El sector
judicial demuestra en este momento una imposibilidad
de operar sobre el tema debido a la falta de recursos
materiales, humanos, tanto en el aspecto tutelar como
procesal de los menores vinculados con fármacos.
En el área de la policía, la información
recogida reafirma la impotencia jurisdiccional para
actuar en el tema. Se plateó el desconocimiento
de los agentes policiales tanto en los aspectos técnicos,
discriminación de fármacos, como en el
modo adecuado de acción preventiva; con respecto
a este punto los entrevistados refieren su desconocimiento
de la tipología del adicto, en cuanto a actitudes,
lenguaje, etc., lo que daría a pensar que más
allá de la falta de entrenamiento, el número
de sujetos implicados es irrelevante, ya que una aparición
de casos cuantitativamente importante crearía
la práctica.
Se estima que existe una disociación entre
la institución policial y la comunidad, en tanto
que la primera se defina detrás del argumento
de la incompetencia juridiccional, y la segunda critica
la inoperancia de las acciones policiales.
En cuanto al área del gobierno municipal la
visión presentada desde el ámbito municipal
fue abarcativa de una problemática general,
no recortando la fármacodependencia fuera del
campo de la salud. En sentido se puntualizó la
ausencia de acciones globales en el área de
la salud mental y la necesidad de plantear la prevención,
en esta área, general y no parcializada.
Con respecto al análisis de la sociedad venadense
se puntualizó:
- sociedad más de tipo
aluvional que tradicional.
- Falta de reconocimiento
y búsqueda de la
propia historia.
Paradojalmente, los sectores tradicionales,
desconocerían
las formas motivacionales e impulsarían una
imagen de progreso, de tipo superestructural, que no
trasciende el ámbito de lo formal ni influencia
a otros sectores.
Las iniciativas dedicadas al accionar
de tipo comunitario entrarían poco en el resto
de la comunidad, al igual que los intentos de acciones
referidas a una cultura popular (talleres artesanales).
Con respecto a la consultoría, la ausencia
de consultas recibidas hace pensar una falta de claridad
en la convocatoria que dificultó la recepción
y comprensión del mensaje; importante grado
de prejuicio que operó a modo de resistencia;
las charlas educativas fueron dirigidas a sectores
adolescentes, estudiantes de la Universidad Tecnológica
y adultos.
Conclusiones:
Podemos intentar agrupar las observaciones que se
desprenden del trabajo realizado en tres grandes grupos:
A) referido a la
juventud: la existencia
de una situación
de ruptura está señalada por el hecho
de la ida de los jóvenes en edad universitaria
o con inquietudes de tipo laboral, artístico
o artesanal.
Como dato significativo, la falta
de comunicación
posterior a esa migración con su lugar de origen.
Estos hechos resultan peculiares en la realidad típica
de Venado Tuerto, dándoselos como suficientemente
conocidos, pero insuficientemente expresados. Además,
se observó un bajo nivel de participación
en actividades concretas con objetivos gremiales, políticos,
comunitarios o religiosos. Por otra parte, el bajo
nivel de entendimiento entre adolescentes y adultos
aparece agravado por situaciones donde se lo puede
objetivar, por ejemplo: confiterías del menor,
que, por otra parte, son una expresión surgida
a partir de necesidades comunitarias insuficientemente
elaboradas.
Se observa también un problemático
manejo del tiempo libre a partir de la falta de propuestas
atractivas, tanto del sector adulto, como la baja receptividad
para las mismas surgidas del propio sector juvenil.
Algo importante de señalar, en el discurso
de los adultos, se resalta en algunos presupuestos
tales como que en Venado Tuerto se consumen drogas,
que la mayoría de la población juvenil
las prueba y que es muy difícil revertir esa
situación. Los dos primeros acertos son coincidentes
para padres e hijos; el último no es aceptado
por los jóvenes, dado que algunos de ellos dan
a entender la posibilidad de cambio, aunque no tienen
claro la forma de efectivizarlo.
B) respecto a lo
social: lo complejo
de la sociedad venadense se deduce de sus características de
movilidad social y demográfica, con indicadores
de poco asentamiento y amplio reciclaje, lo que la
transforma en potencialmente expulsora, lo que significa ñp
ya expresado respecto a la juventud.
Otro significante es la ruptura
entre el pasado no reconocido y, por ende el futuro
a venir. En efecto, poco se notan los símbolos de pasado mediato,
a través de características de lenguaje,
vestido, viviendas y artesanías. La sectorización
de los distintos grupos sociales se traduce aún
en las acciones que como ésta, la de la fármacodependencia,
tal como la diferencia entre el accionar policial y
judicial.
Existe también una especie de conciencia no
comprobada sobre la magnitud de los problemas o acontecimientos
que le suceden a la comunidad toda, tal como el “triángulo
rojo” de las plantaciones y el tráfico
de drogas, basadas en presupuestos de difícil
corroboración, pero que signan las características
de la comunidad. Esto hace afirmar que se consumen
drogas (nos referimos a las de tipo ilícito),
o que la mayoría las prueba y que es posible
realizar acciones concretas, pero en el caso de los
adultos se traduce en una paralización frente
a su angustia, que a su vez genera, como única
respuesta, la necesidad de represión.
Referido a la fármacodependencia, la primer
observación corroborada, es que las drogas ocupan
un lugar muy importante enla problemática de
Venado Tuerto; la convicción es pareja para
toda la población con independencia de su edad.
Por otra parte, hay un desconocimiento
tanto del alcohol como del alcoholismo, como de las
drogas adictivas pero producidas legalmente. Es importante
que esta creencia marque un significado mayor para
la producción
del fenómeno, o sea, crea la necesidad, por
ende, se prioriza la atención a drogas en detrimento
de la salud mental o disociada de la misma. A la vez,
el grado de angustia que favorece esta creencia da
pie a la existencia de un campo propicio a la expansión
de la adicción.
La lectura de nuestras investigaciones
deja claramente asentado que para Venado Tuerto son
solamente las ilícitas,
y de éstas, las mayormente conocidas (marihuana
y cocaína).
Todo lo expuesto apunta a que un
grupo, como el que nos ha convocado, tiene que resolver
en orden de organización
y objetivos en cuanto a forma de presentación
como a que el síntoma adictivo oculta, o permite
entrever, de las problemáticas que aquejan a
aquella comunidad. La adecuada prevención primaria
sirve tanto para esclarecer como para reciclar las
pulsiones, las inquietudes y los procesos inmersos
en esa realidad.
En síntesis, retomando los objetivos propuestos,
podemos decir con respecto a la incidencia de la fármacodependencia
en Venado Tuerto, que si bien la problemática
adictiva es digna de ser tomada en cuenta en su realidad
local, no alcanza niveles epidemiológicos significativos.
Con respecto a la percepción comunitaria, la
imagen transmitida a la observación es la dificultad
para percibir el problema de la fármacodependencia
en su contexto de fenómeno que hace a la salud
de la población, en tanto se lo percibe descontestuado
y se sobredimensiona su incidencia e importancia. Esto
se visualiza, por ejemplo, en proyectos que priorizan
la creación de un centro de atención
de fármacodependencia en una población
carente de servicios de salud mental, planteo a nuestro
juicio, totalmente inconveniente.
Como otro elemento remarcable referido
a la percepción
comunitaria, cabe señalar que no existiría
una percepción uniforme del problema, sino distintas
lecturas enraizadas en una posición socioeconómica
de los interesados. Así observamos que la preocupación
y alarma de los sectores centrales de la comunidad
no se corresponde con el casi desconocimiento de los
sectores periféricos; esto obligaría
a un serio replanteo ideológico, y metodológico,
por parte del grupo de apoyo, a fin de constituirse
realmente en una entidad que supere la sectorización
inicial.
Cabe esperar que la ejecución de las acciones
sugeridas y otras más que la comunidad venadense
considera apropiadas nos sitúan en el punto
de la prevención y tienden a canalizar el evidente
interés de los jóvenes y la preocupación
de los padres de familia, las autoridades y la comunidad
sobre esta problemática.
Todo este gran esfuerzo tiene sentido
para tener que llegar a sustituir la prevención inteligente
por la represión siempre retardada.
A la pregunta entonces “de qué manera
sumir un mal como la drogadicción?”, le
debe preceder otra: “de qué manera y por
qué surge semejante mal que existe, en todo
caso, y a posteriori, la inevitable y dolorosa represión?”.
Lic. Nora Shulman:
Justamente tomando este tema de
la participación,
y entendiendo que la participación es básica
y necesaria para que se produzca la relación
entre la búsqueda que hacen las personas por
una mejor calidad de vida, y, eso, que se pongo de
acuerdo con los programas gubernamentales, es decir,
que los programas gubernamentales respondan a esa necesidad
individual y social, es que vamos a presentar este
programa de Jornadas de Participación Juvenil,
que fue elaborado por el Comité Asesor de la
Comisión Nacional Contra el Narcotráfico,
que está integrado por entidades no gubernamentales
que colaboran con la comisión justamente para
tratar de elaborar políticas que respondan a
la necesidad de encontrar un vocabulario común
para el tema que nos ocupa en este momento.
El Comité Asesor de la Comisión Nacional
está formado por la Fundación Convivir,
F.A.T., Viaje de Vuelta, el Progrma Andrés y
A.P.U.E., y tenemos el apoyo fundamental de la Secretaría
de Desarrollo Humano y Familia. Ahora, este programa
fue elaborado pensando en que la fármacodependencia,
como fenómeno social, surge en nuestro país
a partir de la década del ´60 e, indudablemente,
en los últimos veinte años hubo un incremento
en el consumo de fármacos, tanto del círculo
legal como ilegal.
Con la apertura democrática parecería
que este problema se agudizó mucho más,
de acuerdo con los comentarios que se escuchan, especialmente
a través de la publicidad; y toda esta preocupación
está puesta fundamentalmente más en los
efectos que en las causas.
En este sentido yo creo que sería bastante
importante insistir en la etiología de este
fenómeno, que se nos presenta como un síntoma
social, y este síntoma tiene que ver con situaciones
de cambio o de conflicto importantes. A mi modo, tomamos
el problema de la drogadicción como el problema
principal y dejamos de lado otros problemas que tienen
que ver con los significados distintos que tienen,
por ejemplo, el alcoholismo o la violencia, que son
tan importantes y que conviven con el problema de la
drogadicción. En este punto es cuando entramos
a pensar en la necesidad de realizar una efectiva campaña
de prevención; prevención que tenga que
ver, fundamentalmente, con poner el énfasis
en el protagonismo social, corriendo lo que es el protagonismo
de la droga.
Por eso, no es suficiente escuchar
toda la información
que se nos brinda desde los distintos tipos de medios.
Yo creo que lo importante es abrir canales de expresión
y participación. Justamente, en estos canales
de participación es donde se va a poder tratar
con mucha mayor facilidad todo lo que sea los contenidos
prejuiciosos que tiene este sistema. O sea, el asunto
no implica hallar culpables, porque esos culpables
tienen que ver con todo el descargo que hacen los “inocentes”;
entonces, toda esa puesta de culpa en determinadas
personas (especialmente en los jóvenes, adolescentes),
descarga de “culpas” a todos esos “inocentes”.
Es decir, estos canales de participación tienen
que ver con un espacio para lograr que haya una responsabilidad
compartida, o sea, un lugar donde se pueda discutir,
charlar en distintos ámbitos, en distintos lugares,
y encontrar juntos las alternativas y las propuestas,
y las respuestas distintas.
Entendemos que la mejor prevención es la promoción
de la vida; esto tiene que ver con que uno adquiere
un compromiso con sí mismo y con toda la gente
que lo rodea, que en definitiva lo que vaa lograr es
que haya una participación efectiva de todos
los integrantes de la comunidad.
Decíamos entonces que la participación
es el punto clave de lo que puede ser una tarea preventiva;
es decir: el encuentro con el otro, la posibilidad
de diálogo, el poder pasar de lo que significa
los proyectos individuales a elaborar un proyecto social
en conjunto. Esto se va a lograr tratando de llegar
a una organización comunitaria que pueda contener
todas estas situaciones que se van dando en este inicio
de participación, es decir, de poder empezar
en distintos ámbitos a participar conjuntamente
jóvenes y adultos, para que se produzca ese
lugar de encuentro.
En general, el fenómeno de la fármacodependencia
es relacionado con los jóvenes; los jóvenes,
mayoritariamente son los que reciben la “culpa” de
la drogadicción; es decir, acá no se
entra a analizar, por ejemplo, cuál es la situación
del mundo de los adultos, cuando ellos mismos se niegan
a reconocer sus propias conductas adictivas que tienen
que ver con el alcohol, con el tabaco, con la automedicación,
etc. Sin embargo, resulta llamativo, que toda esta “sospecha” sea
colocada en lo que se llama “el sector juvenil”.
La juventud tiene rasgos característicos que,
indudablemente, tienen que ver con el inconformismo,
con la capacidad creadora y fundamentalmente con lo
que es la búsqueda de la libertad; tiene una
enorme capacidad de autenticidad, una gran exigencia
de autenticidad y además un rechazo hacia todo
lo que signifique la hipocrecía. Entonces, el
papel que tienen los jóvenes, justamente, es
el de dinamizadores del cuerpo social. Qué pasa
con los adultos y este tema? Cuando el mundo adulto
se les presenta con una incoherencia tal que no lo
pueden llegar a entender, y además se les presenta
como manipuladores de ellos, es decir, cuando le quieren
imponer cosas que no les corresponden se produce una
doble ruptura, porque, por un lado, al romper el adolescente
con el mundo adulto pierde todo lo que puede obtener
de experiencia, y, por otro lado, los adultos pierden
también, porque al perder el contacto con los
jóvenes pierden esa capacidad dinamizadora;
entonces, la idea es encontrar a través de estos
canales de diálogo y participación los
mecanismos más aptos para que se produzca ese
encuentro entre el mundo jóven y el mundo adulto,
y así poder salir de sus realidades particulares
para poder organizarse y aspirar a una transformación
de la realidad.
De acuerdo a toda esta fundamentación teórica
que se pensó para este trabajo, podemos llegar
a decir que en estos momentos estamos por largar las
Primeras Jornadas de Participación Juvenil y
esto forma parte de todo un programa nacional de prevención
que se va a llevar a cabo desde la Comisión
Nacional de Narcotráfico. Este proyecto tiene
como objetivo fundamental la posibilidad de abrir canales
de participación entre jóvenes, adultos
y comunidad en general.
Lic. Gracia Nuesch:
Este proyecto tiene como modelo
las Jornadas del Parque Chacabuco que hicimos desde
la secretaría de
Desarrollo Humano y Familia el año pasado, junto
con el comité que se había formado para
el Año Internacional de la Juventud. En estas
Jornadas se buscó lograr un espacio de reflexión
y participación para los jóvenes con
muy buenos resultados, convocando a jóvenes
de distintos sectores utilizando el beneficio de tener
gente del comité que agrupaba a toda clase de
jóvenes, desde jóvenes trabajadores hasta
escuelas e instituciones; entonces, la convocatoria
fue general y la idea era hacer en base a grandes temas
a tratarse basados en criterios previamente establecidos
de cuáles eran los temas ejes sobre la problemática
adictiva, dar un espacio de tres o cuatro días
para que los jóvenes reflexionaran y participaran.
La participación entendida como una no participación
simbólica, sino una participación real,
la cual significa efectiva y afectiva.
En base a estas Jornadas en las
que se trataron temas como “marginalidad”, “proyecto de
vida”, “familia”, “educación”, “medios
de comunicación”, se logró que
los jóvenes pudieran encontrar un lugar para
ser protagonistas y poder tomar esos grandes temas
de indefinición y así poder llegar a
conclusiones desde su óptica.
Tomando el ejemplo de esas Jornadas
el Comité Asesor,
junto con la Secretaría de Desarrollo Humano
y Familia, y desde la Comisión Nacional, analizó cómo
los resultados altamente positivos en cuanto a la participación
de los jóvenes, dejaban ver un gran defecto
que era la participación de la comunidad en
eso. Nosotros habíamos ido con una programación,
la cual era que nosotros habíamos convocado
y los jóvenes habían armado las Jornadas;
pero, la comunidad y el Parque Chacabuco habían
sido elegidos medio al azar; entonces, la comunidad
no había trabajado, se había enterado
a último momento de que íbamos a estar
allí y entonces cuando nos fuimos dejamos muchas
posibilidades, porque habíamos movilizado mucho,
pero no habíamos dejado nada armado a la comunidad
para que canalizara esas necesidades que habían
surgido.
Entonces, retomando ese proyecto,
la idea de ahora es que cualquier jornada que se
solicite desde algún
sector de la comunidad se proponga sean un espacio
de reflexión y participación pero a partir
de la propia comunidad.
Desde el gobierno hace rato que
estamos preocupados en pensar qué es la participación, y
tenemos bien claro que la participación no es
que la gente ejecute las acciones; entonces, nosotros
estamos tratando de revertir esa situación partiendo
de la base de que los jóvenes demandan participación
real.
Cuando nos sentamos a proyectar
dichas jornadas, nos dimos cuenta que ninguno sabía qué era
participar, justamente, porque jamás habíamos
participado, y yo les puedo comentar que, por ejemplo,
en el Parque Chacabuco, venían los chicos a
preguntarnos: -“Señorita, a qué viene?”,
y nosotros les decíamos: -“no se, porque
eso lo tenés que armar vos; tenés talleres;
tenés paneles, pero elegí vos lo que
querés hacer”. Pero, realmente no era
solo el susto de ellos por participar, sino el nuestro
por dejar participar.
La idea que tenemos ahora entonces
es que en base a los pedidos de las comunidades,
que en algunos casos no son realmente comunidades
porque son, por ejemplo, barrios en la Capital que
jamás se han organizado,
tratar de que juntos se organicen para estas jornadas;
y estas jornadas, más allá del valor
en sí mismo, realmente que sean una validación
de cierre de una etapa de trabajo de la comunidad,
o que funcionen como un disparador de futuras acciones.
En este momento, por ejemplo, tuvimos un pedido de
un sector de la comunidad de Almagro, que pretendían
que les vayamos con el circo armado de unas jornadas,
porque habían escuchado que habían salido
muy bien las de Parque Chacabuco; nosotros dijimos
que esta vez no vamos a cometer el mismo error de hacer
unas muy buenas jornadas pero que después nos
llevamos todo y la gente queda movilizada sin nada;
organísence ustedes, vean si la comunidad quiere
esas jornadas, si quiere participar en la conformación
de los paneles, de los talleres, y si a partir de lo
que se movilice en esas jornadas se pueden hacer acciones
futuras; esa acción futura puede ser por ejemplo,
un centro de prevención, puede ser que no tenga
nada que ver con el tema específico de drogadicción,
sino que sea una guardería, un centro recreativo,
pero formar algo en la comunidad que esté dispuesta
a tomar lo que salga de las jornadas. De allí,
que en este momento, en Almagro, estamos pasando horas
y horas tratando de que la comunidad (las instituciones,
las escuelas, los partidos políticos), se pongan
de acuerdo en qué es lo que quieren hacer.
Tenemos idea de que esto solo sea
un modelo para que otros sectores, desde su lugar,
vean cómo organizarlo.
Estamos convencidos seriamente
de que a partir de que la gente entienda la responsabilidad
que le cabe no solo como agente de prevención, sino como
responsable de que la adicción suceda, entonces,
vamos apoder lograr algo.
Lic. Patricia De Marco:
La idea ahora es abrir el debate
y tratar de responder las preguntas que sean formuladas
a partir de estos ejes que se estuvieron exponiendo,
como por ejemplo: “participación
y comunidad”, “participación y poder”, “la
prevención integradora dirigida hacia una acción
comunitaria” y la presentación de experiencias
concretas en relación a estos temas; yo creo
que tenemos material como para debatir este asunto.
Pregunta:
Yo le pregunto al Dr. Floreal Ferrara
si podría
dar una definición de qué es un trabajador...
Dr. Floreal Ferrara:
Por la insolencia de la pregunta estimo que nunca
trabajaste...
Pregunta:
Mi pregunta apunta a saber si la
Subsecretaría
tiene algún programa con respecto a los chicos
de la calle...
Lic. Gracia Nuesch:
Quiero aclarar que nosotros no
somos de la Secretaría,
sino que yo trabajo en la Secretaría de Desarrollo
Humano y Familia, y Nora es de la Comisión Nacional
para el Control del Narcotráfico y Abuso de
Drogas. Como estas jornadas las estamos llevando a
cabo juntas es por eso que estoy yo aquí.
La respuesta a tu pregunta es sí; yo tengo
el honor de trabajar en la misma secretaría
que trabaja el Lic. Eroles de la Dirección Nacional
del Menor y se que tienen programas muy interesantes,
pero no me puedo explayar demasiado en el tema porque
no estoy ligada a él directamente; lo que si
escuché decir al Lic. Eroles es que estaban
seriamente preocupados por cómo trabajar con
los chicos de la calle, reconociendo la problemática
real; se han cometido graves errores en nombre de la
ayuda a esos chicos, porque los chicos de la calle
no son chicos abandonados, sino que son chicos que
están cubriendo una necesidad; el chico que
está trabajando en la calle está llevando
un sueldo a la casa. Entonces, nosotros no podemos
sacar a esos chicos de la calle y privarle a la familia
de, por ejemplo, 200 australes más por mes para
comer. Por otro lado, el chico que no trabaja y está en
la calle por solo estar, tiene una profunda vocación
por la libertad, y la única forma de que trabajemos
coherentemente es que aprendamos a manejarnos con el
tema “libertad” y respetarlo. Se que se
está trabajando con una especie de hogares de
día, donde el chico va y se queda todo el tiempo
que quiere, y después se va; de todos modos
sería bueno asesorarse en el lugar que corresponde,
que es la Dirección Nacional del Menor y la
Familia.
Pregunta:
Cómo hacer para darme cuenta
cuando estoy frente a una familia que puede ser generadora
de adictos?
Lic. Alfredo Carballeda:
Esto de cómo hacer para darme cuenta es algo
que, ciertamente, charlamos al principio. Es una demanda
que aparece permanentemente en las acciones de prevención
primaria; es decir, nosotros hacemos una charla de
prevención primaria para padres o profesionales
y aparece esta pregunta de cómo hacer o cómo
detectar qué pasa en una familia. Nosotros no
creemos que existan recetas en las cuales podamos decir
que a través de tales indicadores vamos a poder
decir que esta familia va a generar adictos; lo que
si podemos dejar bien sentado es que hay una sociedad
que esta generando adictos y los problemas que podemos
encontrar en una familia podrán generar adictos
u otro tipo de problemas. si nosotros decimos: “Las
familias que generan adictos y solamente adictos...”,
sería como potenciar a ese síntoma que
es el consumo de drogas, y el fin de las acciones preventivas
es despotenciar a las drogas e introducirnos en esa
problemática base.
Nuestra respuesta en este sentido
tiende a llevar esa pregunta más hacia lo
social.
Como en el tema de la familia se
podría decir
que hay una tendencia sobre todo en los medios de difusión,
a dar ese tipo de recetas, (todos conocerán
esas publicaciones de aparición muy reciente
acerca de este tema, por ejemplo: en una carta de prevención
muy divertida donde se dice que todo adolescente debe
ser considerado “sospechoso” de estar consumiendo
drogas hasta que se demuestre lo contrario; otro ejemplo
es la revista “Esquiú”, donde en
el número de hace tres semanas publica que: “un
chico que tiene problemas en la escuela, un chico que
tiene nuevos amigos puede ser considerado un posible
adicto”).
Nosotros al principio decíamos que esos mensajes
preventivos (si se les puede poner un nombre) lo que
hacen es generar más barreras; es decir, cuando
la revista “gente”, por ejemplo, se refiere
a esto, habla de que la familia tiene que hacer como
murallas; esa idea de la familia como “célula” parece
más bien una “bacteria” porque tiene
una pared mucho más rígida y tiene menos
posibilidades de comunicación con el medio.
Entonces, nosotros no somos partidarios
de dar determinados indicadores; además, sinceramente, no los tenemos,
porque en la práctica cotidiana del trabajo
con adictos podemos encontrar distintas composiciones,
formas y modalidades con respecto a la familia.
Yo cuando empecé a hacer prevención
primaria, hace algunos años atrás, una
de las cosas que hacíamos era una estructura
familiar y decíamos “el padre, la madre,
los hermanos”, todo eso que está muy conocido,
y después esto lo empezamos a sacar porque veíamos
que no se condecía con lo que realmente estábamos
viendo en la práctica cotidiana. Es decir, los
adictos pueden provenir de familias “perfectamente” constituídas
y no muy bien constituídas; si no acordarse
un poco de lo que pasó con la ley de divorcio,
donde enseguida se asoció divorcio-droga, rock,
sexualidad, y pornografía.
Se tiende a hacer esas asociaciones
unicausales y unilineales, y nosotros tratamos de
desactivar en el accionar preventivo desde ahí.
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