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La toxicomanía y sus marcas
Beatriz Levy - Estela Sagredo
La toxicomanía se nos presenta como un hecho de
la clínica cotidiana que cuestiona las respuestas
dadas, estimula el pensar y nos pone frente a exigencias
técnicas que no podemos desatender.
El primer concepto que hacemos propio es considerar a las
adicciones no como un síntoma ni como una estructura.
No es síntoma en el sentido freudiano del término.
No pertenece al plano de la metáfora via represión.
Es un acto que apoyándose en cualquier estructura,
neurótica, perversa o psicótica nos confronta
a lo que hace cortocircuito con la palabra, es un hacer
en lugar de un decir.
El nombre de "drogadicto", "toxicómano",
"drogón", etc., designa una práctica
no sólo de consumo de sustancia sino un modo particular
de consumirse el sujeto.
El Goce
Siguiendo a Eric Laurent "...la drogadicción
no es una formación de compromiso sino una formación
de ruptura con el orden fálico". El sujeto implicado
no es el de la palabra sino el del goce, la droga permite
un goce particular sin pasar por el Otro, ni por el goce
fálico.
"Se trata de un goce cínico que rechaza al
Otro, que rehusa que el goce del cuerpo propio sea metaforizado
por el goce del cuerpo del Otro", dice J.A.Miller.
Goce autoerótico, sin límite, no regulado
por la normativización simbólica. No interdicto.
Permite al adicto permanecer en el goce primordial de La
madre. Se detiene antes de plantearse el problema de la
diferencia sexual, sin enfrentarse así a la castración
y por fuera de la Ley del Padre. Por eso deberíamos
establecer diferencia con el goce autoerótico masturbatorio
que se despliega en una escena fantásmica donde está
presente el otro imaginario.
El acto de drogarse carece de representación simbólica,
queda por fuera de la trama fantasmática. El goce
fálico regulado por el significante fálico,
no todo goce, limitando el goce de La madre, acotado, pertenece
al Campo del Otro, es lo que da lugar a la escena fantasmática
y permite advenir al sujeto del lenguaje.
Dijimos que el punto de la adicción no es un síntoma,
aunque también los haya como particulares formaciones
del sujeto en otros puntos de la estructura. Ya que entendemos
por estructura la posición particular del sujeto
en el fantasma. Su manera personal de responder al Che vuoi?.
Decimos goce a aquello situado Más Allá del
Principio del Placer, exceso al que en el peor de los casos
la muerte del cuerpo pondrá fin.
Mario es un joven exitoso en su trabajo como promotor de
seguros con un muy buen desarrollo laboral que se ve entorpecido
cada vez que recae compulsivamente en la droga más
allá de cierta dosis que le es posible ocultar. Genera
así en esos momentos un efecto de "borramiento"
de lo logrado. Dice :"Siempre estoy volviendo a empezar".
Solo se vislumbra en su ocaso. Se atisba como sujeto en
el punto de su caída. No hay historia que pueda contar
salvo la de su adicción, nada parece tener tanta
continuidad y presencia.
No podemos en ningún caso pensar en la droga como
causa de deseo, en todo caso, sí, causa de goce,
"...un objeto de la más imperiosa demanda y
que tiene en común con la pulsión anular al
Otro, la droga como objeto da acceso a un goce que no pasa
por el Otro y en particular por el cuerpo como sexual."
(J.A.Miller, 1995). En relación a la toxicomanía
se hablaría de destete y no de castración.
El Nombre
Asistimos a la degradación del nombre propio y vemos
surgir en su lugar el de "Toxicómano, drogón,
etc.". Ningún nombre parece representarlo más
que ése prestado del discurso social. Coagulado en
un nombre que si bien le da pertenencia a un grupo es a
costa de borrar su individualidad. Hijos de la droga sin
apellido paterno.
Nombre que sólo pasa a nominar una modalidad de
goce que al no haber pasado por la estructura significante,
no estar en relación de Sujeto lo mantiene alienado
a un
significante dado por el Otro de la ciencia con una denominación
injuriante.
Cuando se produce una vacilación fantasmática
en lugar de la angustia aparece el consumo de droga. Intentando
así acotar o evitar esa desestabilización.
El adicto en este punto no cuenta con la posibilidad de
crear un síntoma o de soportar la angustia.
El "yo soy" operaría como un rechazo al
Inc., evitando el enigma con una certeza.
Las marcas del cuerpo
Como psicoanalistas hablamos de cuerpo en tanto cuerpo
erógeno. Habiendo sido tocado, mirado, pensando como
lugar y destino de pulsión. Es así el verdadero
lugar del Otro.
Dice Lacan en "Los 4 Conceptos...", "...una
de las formas en que la pulsión se encarna es el
tatuaje, la escarificación. La incisión tiene
por completo la función de ser para el Otro, situar
allí al Sujeto señalando su lugar en el campo
de las relaciones del grupo". Inscribe así a
la pulsión en el campo del Otro. La pulsión
que solo viniendo de allí da entrada al Sujeto, marca
ese punto de alienación inevitable de ser en tanto
deseo del Otro, iniciando así el derrotero desiderativo.
En la toxicomanía no hay marca del Otro. Es el Uno
con el uno.
Cuerpo para sí, para Uno, no para Otro. Cuerpo tratado
como lo hace la ciencia, como organismo que se modifica
con las sustancias, observado en sus efectos, tenido en
cuenta en sus límites y umbrales, pero no cuerpo
de deseo donde el Otro vaya haciendo marca con la manos
o la mirada. Ausencia de cuerpo donde la pulsión
va haciendo mapa con estaciones capitales.
¿Cómo pensar los tatuajes sobre el cuerpo,
tan frecuentes en los adictos?.
No podemos hablar aquí de aquellos tatuajes de la
pulsión a los que nos referimos. Aquí aparecen
en lo Real del cuerpo. "Por que sí", "por
que me gusta", "por que se usa".
Podríamos pensarlo en el orden del signo, ser algo
para alguien?. En ese caso estaríamos en presencia
de una degradación del significante reducido a su
elemental registro de marca.
Como dice Severo Sarduy, "Solo el fragmento cubierto
por el tatuaje, iniciales, anclas, corazones, vienen siempre
a inscribirse como por casualidad sobre los bíceps,
los músculos más eréctiles realzados
por la tinta minuciosa o sometidos a la torsión,
al dolor, tienen acceso al endurecimiento o a la erección
notoria, a golpear con su tensión; el resto no merece
más que pudor, flaccidez y aburrimiento."
¿No estaremos en presencia de una marca que como
el nombre "Yo soy toxicómano" da un lugar
en el grupo, una pertenencia pero sin individualizar? Lo
podríamos comparar entonces con los números
inscriptos en los prisioneros de los campos de concentración.
Será tarea del Psicoanalista ofertar palabra por
droga. Trámite que permitiría el pasaje del
número alienante al Sujeto de la individuación.~
Lic. Beatríz Levy, Integrante del Programa de Investigaciones
Clínicas en Drogadependencia del I.D.I.A.
Bibliografía:
Lacan, Jaques : Seminario 10. "La Angustia".
Lacan, Jaques : Seminario 11. "Los Cuatro Conceptos".
Freud, Sigmund : "La Represión". Ed.Amorrortu.
Freud, Sigmund : "Más Allá del Principio
del Placer". Ed.Amorrortu.
Freud, Sigmund : "El Malestar en la Cultura".
Ed.Amorrortu.
Miller, Jaques Alain : "Para una investigación
sobre el Goce Autoerótico".Sujeto-Goce-Modernidad
I. Ed. Atuel.
Sinatra, Ernesto : "La Existencia del Goce y el Toxicómano".Sujeto-Goce-Modernidad
III. Ed. Atuel.
Unterberger, Mónica : "Estatuto del 'Yo soy'
en la Toxicomanía y el Alcoholísmo"..
Sujeto-Goce-Modernidad III. Ed. Atuel.
Laurent, Eric : "Tres Observaciones sobre la Toxicomanía".
Sujeto-Goce-Modernidad III. Ed. Atuel.
Chorne, Diana : "Responsabilidad, Castigo, Goce. Acerca
de la Etica del Psicoanálisis". Ed.Manantial.
Sarduy, Severo : "La Simulación". Ed.
Monte Avila.
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