Reflexiones a partir de una experiencia
Co-coordinación del Programa de Investigaciones Clinicas en Drogadependencia

Sandra Tiezzi

¿Cómo nace mi deseo de co-coordinar uno de los grupos del Programa de Investigaciones Clínicas en Drogadependencia?. Precisamente de mi propia carencia: "un espacio donde poder pensar con otros". Cada día desde mi trabajo y desde el rol de coordinación en seminarios sobre el tema, observaba la soledad y la angustia en que transitábamos por las instituciones. No había un lugar, una pausa para reflexionar y elaborar lo que nos sucedía en nuestra práctica cotidiana. Los pacientes y su deserción, ¿porqué permanecían sólo algunas entrevistas y desaparecían?. Los que reincidían, o la ausencia de resultados, ¿qué consecuencias y preguntas se abrían en nosotros?. ¿Cómo soportar la demanda familiar, institucional y social que aparece frente a esta problemática, y de la cual somos depositarios?. ¿Qué hacer con la impotencia y la fascinación que nos produce el encuentro con estos pacientes?.

Así es como se empieza a implementar este proyecto que no intenta ser otra cosa que la construcción de un espacio para los interrogantes y necesidades de los profesionales. El objetivo es establecer un lugar de reflexión, intercambio y formación donde terminar con el aislamiento, pensarnos a nosotros mismos, conceptualizar a partir de la propia experiencia y fundamentalmente restablecer nuestra capacidad de producción.

Tomar la co-coordinación despertó en mí muchos temores y preguntas. ¿Cómo promover un encuentro donde se pudiera recrear teoría a partir de la práctica?. ¿Cómo generar un espacio desinstitucionalizado para la reflexión?. ¿Cómo trabajar con todos los obstáculos imaginarios que impiden la producción, en especial escrita?. ¿Cómo encontrar con las propias adicciones, lo no dicho, que se juega constantemente en el quehacer profesional?.

Estos y otros interrogantes fueron llevados a las reuniones de equipo, que era la contención y el sitio donde planificar la tarea, tomando siempre en cuenta nuestras vivencias.

Las reuniones se fueron sucediendo, y con ellas el crecimiento del grupo y de los coordinadores. Las temáticas que se abordaron fueron el resultado de los emergentes grupales y del trabajo conjunto entre la coordinación y las propuestas de los participantes, implementando dentro de la metodología, diversas técnicas de dinámica grupal.

En el comienzo trajeron el tema de la demanda: la demanda familiar, la del adicto, la de las instituciones, la social. Vimos que lo implícito que estaba circulando allí, era la pregunta por la propia demanda, que era lo que ellos pedían, necesitaban, esperaban. Hacerlo explícito permitió empezar a desanudar esa demanda, apareciendo lo más estructural de la propia práctica.

Trabajamos las contradicciones latentes (sujeto-nuevo, proyecto-resistencia, necesidad-satisfacción) tratando de integrar los aspectos disociados y de expresar las resistencias, ansiedades y expectativas.

A partir de allí, se desplegó el tema del límite, cuáles eran los riesgos, y de qué nos hacíamos o no cargo. Hubo varios relatos de la práctica, los cuales introdujeron el tema de las instituciones. La vivencia de cada uno de ellos desde distintos modelos de intervención posibilitó un intercambio muy rico que abrió la siguiente pregunta: ¿es lo instituido contrario a lo instituyente?, ¿qué consecuencias produce en mí el vínculo con la institución a la que pertenezco, y cuál y cómo es ese vínculo?. La institución aparecía como síntoma de nuestra práctica, no pudiendo pensar dentro de ellas, y con mucha dificultad para establecer un diálogo más allá de las mismas.

Estas preguntas eran, también en forma latente, con respecto al grupo: ¿correré algún riesgo si me expongo?, ¿cuál es mi límite y el de los demás?, ¿se podrá crear frente a lo instituido, un movimiento renovador?, ¿cuál será el vínculo con esta institución y con la coordinación?, ¿será éste el espacio donde pensar y dialogar con otros?.

Retomando estas, cuestiones surgió el tema de "hacer grupos", y la necesidad de las instituciones de agrupar. ¿Para quién se arman los grupos, cuál es su eficacia?, ¿margina, obtura, boicotea la terapia individual?. Se refiere a su propio posicionamiento.

Sus puntos de identificación les produce angustia, impotencia, y la especificidad de los grupos ("el grupo de los adictos") aparece precisamente como resistencial. El lugar del adicto se presentaba como una construcción, de fuerte convocatoria, cuyo atravesamiento sólo era posible poniendo en crisis dichas identificaciones. También allí circulaban interrogantes sobre sí mismos. ¿Cuál es la relación entre este grupo y mi producción individual; si todos trabajamos con adictos, ¿es también caernos en la especificidad como resistencia, o se podrá romper con esas barreras ideológicas e imaginarias?, ¿qué significa la interdisciplina; se dará en este grupo?.

Ligado a esto, se formuló "el lugar del terapeuta, el de la ley, y cuál es el lugar del propio deseo". Formulan: "porqué tanta pasión por ocuparnos del sufrimiento del otro, qué pasa con nuestra pasión, qué relación hay entre el cuerpo y la palabra".

Introducimos técnicas dramáticas, empezando a profundizar sobre el cuerpo del terapeuta, el cuerpo del adicto, como lugar donde somos interrogados, el cuerpo de la teoría y el cuerpo institucional.

Trabajar con el propio cuerpo introduce la cuestión de su significado y si ésto es posible sin perder el rol. El cuerpo aparece entonces como respondiendo a una demanda, en donde se nos reconoce un lugar de saber. El tema del sufrimiento se produce en el lugar donde el cuerpo está ofrecido a la demanda del otro.

¿Cómo operamos con esa demanda del otro, y con la demanda desde la ley?, ¿qué hacer con lo que se espera de mí cuando asumo la conducción de una cura?, ¿qué relación mantenemos desde nuestra práctica con la teoría como institución?.

Propusimos nuevamente dramatizaciones y juegos de dinámica grupal para indagar sobre los vínculos que se establecían precisamente entre el cuerpo del terapeuta, el del adicto, la teoría y las instituciones. Nos remitimos a la vez a lo que estaba implícito, el vínculo entre los integrantes, el compromiso del cuerpo en la tarea, la circulación del saber y la teoría.

La dinámica grupal crecía en participación e intercambio a medida que el grupo se constituía como tal. La evaluación de las reuniones permitió observar este proceso como valorado por los participantes.

"Escucharse y escuchar a otros", "construir mi propio relato", "un desafío a nuestro trabajo, donde procesar la práctica y los conceptos". Estas y otras frases acompañaban el tránsito hacia la construcción del propio relato testimonial, cuya producción generaba efectos y síntomas que se trabajaban en los distintos encuentros.

Finalmente desde el equipo de coordinación, lo que se procesaba nos movilizaba personal y profesionalmente, descubriendo y creando nuevos dispositivos para la tarea. Algunas de las producciones enviadas, son el recorrido de sus autores por los grupos de investigación.

Creemos, en síntesis, que este desafío es el de construir un espacio donde "hacer clínica de la clínica" y donde abrir nuevos interrogantes sobre los paradigmas fundamentales que han orientado nuestra práctica hasta hoy, generando el dispositivo para su conceptualización y comunicación. ~

Lic. Sandra Tiezzi

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