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Introducción
Bruno Bulacio
He intentado hasta el momento, dejar indicado que ese significante
de la toxicomanía no irrumpe en nuestra experiencia
sino para designar lo que denuncia la adicción de
un sistema y lo revela de un modo ejemplar porque ahí
donde algo carece de representación, de legitimidad,
es donde se dimensiona todo el alcance de ese acto sobre
el horizonte del otro.
La experiencia de los últimos años vinculada
al campo de la clínica o lo que se ha dado en llamar
la prevención, me ha conducido a afirmar el valor
de esta tesis, y a ratificar la posición de que es
tan sólo operando con esa "otra demanda",
que se garantiza una intervención transformadora
de esa "realidad" que en todos los casos comprende
una compleja gama de discursos que la justifican y sostienen.
El concepto de clínica o prevención en este
campo de nuestra práctica, tan sólo me parece
justificado en la medida que nos permita escuchar otra cosa
que lo que nuestro toxicómano o su entorno nos formula
en una primera aproximación.
Ese significante "toxicómano", no se sitúa
en la vereda de enfrente ni a las espaldas de mi acto, sino
que constituye un aliado de lo que he venido sosteniendo:
operar sobre lo que nos interroga, lo que se anuda con lo
más real, lo más cercano de nuestra experiencia,
de la cual no podemos exceptuarnos en modo alguno.
Si no nos ha resultado fácil asimilar el concepto
de clínica y/o prevención y sostener su práctica,
es porque lo que ahí se designa tiene que ver con
lo real; esto es: con lo que nos revela el descubrimiento
freudiano del inconsciente, que lo que ahí no es
dicho, palabra o representación, es eso que perturba
nuestros sentidos y sobre lo cual nada queremos saber.
La clínica o prevención de las toxicomanías
en nuestra propuesta no está orientada hacia el objeto,
no es esa su meta; sino que opera sobre la epidermis de
un discurso, ese mismo que el acto del toxicómano
denuncia dejando ahí su marca: en cuanto a ese sistema
que lo constituye y aliena como objeto de la adicción
del otro.
Es siempre el lugar del dolor, la angustia, la impotencia
o la desesperanza pero por sobre todas las cosas algo ignorado
por el sujeto. Es por lo que este significante del "toxicómano"
se nombra en mi propuesta como "objeto de goce del
otro"; es ese lugar donde algo, nunca sabemos bien
qué, halla ahí su cumplimiento. Es por lo
que el toxicómano no se muestra sino como la metáfora
viva que encarna en acto la relación entre el saber,
el poder y el lugar de su legitimidad.
Es en ese punto donde somos permanentemente interrogados
como destinatarios de esa demanda a propósito de
nuestra práctica clínica.
¿Cuál es nuestra posición en cuanto
al tema de la prevención y su relación con
este campo de la clínica ?.
Propongo una tesis que se enuncia: "La toxicomanía
no es la a-dicción", es por el contrario lo
que habla, lo que nos comunica y denuncia cierta posición
del sujeto en su relación con el otro.
La prevención no tiene que ver con ese objeto de
la "práctica" del toxicómano, que
es la droga, tiene que ver con lo que oculta esa representación,
como sabemos decir, "la a-dicción del sistema",
algo que en su seno no puede ser simbolizado. Ese es el
verdadero objeto de la prevención.
No podemos coincidir con una prevención que esté
orientada hacia el objeto, dado que ésta no hace
sino reforzar el valor de esa representación.
En este sentido toda acción que previene sobre ese
objeto, es contrapreventiva por definición.
Estamos hablando de "Una Clínica de la Prevención"
aunque en realidad debemos escuchar "Una Clínica
de la Perversión".
Esto es una clínica que opera sobre la desestimación
de la demanda que el mismo sistema promueve a propósito
de lo que ahí no controla, no puede frenar en modo
alguno y que aparece asociado a lo que ese acto del toxicómano
denuncia: la inconsistencia del otro, lugar que carece de
representación y legitimidad.
Toda nuestra clínica está destinada a interrogar
esta función diferenciándonos de las "respuestas"
que esta problemática sabe encontrar en la mayoría
de las propuestas existentes para su prevención y
rehabilitación en el mercado social.
Una tal "ortopedia", que muy poco se diferencia
del alcance y función de la droga en la vida del
adicto, funcionaba como una prótesis metafórica
tendiente a sostener la "más-cara" -identidad
del sujeto.
Arquitectura de signos que "el sujeto de la a-dicción",
introduce por la vía del discurso social o de la
"ciencia".
Muchos programas para la rehabilitación y prevención
no están sino concebidos para sostener "el objeto
de la toxicomanía", es decir, la "toxicomanía
como objeto", puesta al servicio de un sistema que
procura sobre ese significante, sobre esa categoría
(médico jurídica), la "fetichización"
de su función social.
El toxicómano denuncia la inconsistencia del discurso
que lo representa y hará de su acto una expresión
fallida tendiente a romper con la iatrogenia especular del
mismo sistema que lo produce como sujeto.
No es sino una construcción, "un objeto de
consumo" social que colusiona con su oferente, esa
fuente de enunciación anónima que hace de
éste el sujeto de su enunciado. Es por esto que no
hay una clínica ni prevención posible que
no advierta el riesgo de hacer del sujeto un puro efecto
de ese discurso montado a horcajadas entre el "saber
médico" (la suma de relatos que de él
se derivan, instituyendo las distintas formas y estrategias
psicoterápicas); como así también la
ley social que denuncia cuestiones vinculadas al concepto
de libertad, de elección, de responsabilidad y alienación
del sujeto en el marco de una pregunta por la legitimidad
de la "representación".
La toxicomanía es una función que pone en
escena la pregunta sobre la "consistencia" del
discurso en que el mismo sujeto se representa y conlleva
por lo tanto una acción reguladora sobre las estructuras
del sistema en que la misma se soporta.
Lo costoso de asimilar de esta posición por nosotros
es que el corrimiento de este paradigma pone fuera de juego
al significante "toxicómano" de la función
paciente.
Es una operatoria de exclusión del sujeto del enunciado
que lo determina, por eso no hay psicopatología del
toxicómano, lo que hay es un "Patos" en
la lógica de nuestra representación. Por lo
que sostengo la propuesta de una "meta-clínica"
como condición para una "clínica del
otro", una clínica posible de lo que en esa
puesta en escena del mundo el toxicómano viene a
reclamarnos.
¿Qué consecuencias tiene esta visión
del problema en lo que hace a la formación de nuestros
profesionales y el diseño de Programas de Investigación
?. Creo que muchas; se trata de romper con el marco (que
nos contiene) de "instituciones" (teóricas
o de la práctica) que tan sólo han servido
o sirven para sostener ciertos lugares comunes, cuando los
resultados de nuestra experiencia hablan hoy otro lenguaje.
No es fácil desandar los caminos que han dado forma
a esas ataduras conceptuales hacia un estado de mayor libertad
en el ejercicio de nuestra práctica.
Pero si esto fuera posible, sus resultados tendrían
consecuencias epistemológicas y paradigmáticas
no imaginables, si éstas pueden ser proyectadas para
un análisis de rigor sobre este campo inexplorado
de la clínica de las adicciones.
En la medida que podamos concientizar esa ruptura que inevitablemente
ya hemos empezado a transitar ésta no dejará
de tener consecuencias epistemológicas sobre el modo
de pensar nuestra práctica, dado que no será
desde la tópica de algún saber constituido
que podremos dar cuenta de ese "objeto", ese que
como "representación" se sostiene a partir
de las usinas del saber que los mismos discursos que lo
explican determinan.
Pretender una clínica de las toxicomanías
o su prevención sin investigación aplicada
en este campo, se torna una práctica insostenible.
Tomar los modelos y después intentar que nuestros
pacientes se ajusten a ellos es una modalidad que es necesario
revertir a la luz de los resultados observados.
Los objetivos de nuestro programa tienen que ver con esto:
romper con las estructuras rígidas que determinan
nuestra forma de pensar y de hacer, tanto en la clínica
como en los dispositivos utilizados para la formación
e investigación en este campo.
Cuanto más nos aferramos a un modelo o teoría
que no se desprende de nuestra práctica, menos podremos
escuchar lo que ese acto del toxicómano viene a poner
al descubierto.
Es a partir de estas reflexiones que hemos procurado establecer
un espacio de intercambio y reflexión con la participación
de instituciones y equipos profesionales interesados en
profundizar su formación y/o investigar en el tema;
en particular para aquellos que cuentan con experiencia
pero que por distintas razones no han encontrado o generado
el dispositivo para su conceptualización y comunicación.
Buscamos romper con el aislamiento de nuestra práctica
y pensar a partir de experiencias institucionales distintas
y marcos conceptuales diferentes, compartiendo sus alcances,
dificultades y límites, tomando como objetivo la
construcción de un nuevo dispositivo epistemológico
que nos conduzca por un camino de mayores transparencias
de las que venimos transitando, abriendo nuevos interrogantes
sobre los paradigmas fundamentales que han orientado nuestra
práctica hasta hoy. ~
Dr. Bruno Bulacio. Director del I.D.I.A.
Coordinador del Programa de Investigaciones Clínicas
en Drogadependencia.
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