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Internación, terapeutica e institucion
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María Fernanda Rodríguez
Así, como la droga no se pierde en el tratamiento,
se pierden los pacientes, sus historias, su singularidad.
Tanto deseo como demanda, se masifican bajo las órdenes
y objetivos de un ente que ejerce control social: CE.NA.RE.SO.
El control ejercido fuera de las paredes de una institución
... imposible ..., dentro de la misma, mediante la retención
de los pacientes ... Es posible? ... ¿Cómo
poder hablar entonces de tratamiento, cuando lo existente
son recetas, premios o castigos, lo normativo como fuente
básica para sentir "el control"?..
Los pacientes saben bien qué quieren y qué
"no quieren"; al hablar de su recuperación,
enuncian a un tercero como responsable de su cura: un juez,
ellos ... "Lo hago por ellos"; y digo responsable
a aquella persona que siente que tiene un problema, en tanto
el adicto es un "problema del padre", y el supuesto
paciente no tiene problema alguno, sabe que su deseo es
drogarse y no se plantea el hecho de abandonar la droga,
"el por qué no a la droga..."; dicho deseo
sancionado entonces por aquellos terceros.
En un ir y venir constante, el problema de un juez o un
padre, pasa a una institución, para que ella frene,
restrinja el deseo del adicto, "anhelando su salvación",
a partir de "la relación con él".
Pero CE.NA.RE.SO. realmente tiene una clara función:
es un espacio en el cual se refugian adictos, y desde esa
torre de control de abstinencia, se "pilotea cuidadosamente,
bajo la supervisión de un equipo de profesionales...
Su Majestad La Droga".
No poder ver lo obvio... se presiente el caos y nada se
hace para poder evitarlo... importancia?. Creo que no; todo
pasa por encontrar culpables, castigos, medallas al valor;
y en la turbulencia del caos se espera la luz, para aplicar
la acción adecuada (tal como el adicto se piensa
después de lo ocurrido). Límites para transgredir
o no límites, sino claras imposiciones y obligatoriedades.
Los modelos que dieron sustento a lo adictivo, se repiten
"copia fiel" en este "nuevo papá institución...".
El miedo que tanto familia como institución sienten
por el paciente es considerable; ambos se hacen cargo del
mismo y sus riesgos", aunque todo pasa por sentir que
la solidez y la fuerza, tanto de los padres como institución
no se ubique en situación de duda, pues allí
se cuestiona lo impuesto, lo autoritario.
Consumismo... El padre consumido por el hijo, el hijo consumido
por la droga, la institución consumida por el paciente;
pues el padre sin su hijo, el hijo sin la droga, la institución
sin los pacientes... "situación incompatible
con la vida".
Los chicos ingresan sin sentir la necesidad de cambiar,
y si existe es muy lábil (nunca experimentan el no
sé nada... sí el desafío de poderlo
todo). El temor por el vacío de no consumir, de perder
ese vínculo adictivo, prohibido repentinamente, en
este espacio de abstinencia obligatoria es mayor a la pérdida
de aquella substancia. Casi como una conjunción perfecta,
aparece ligada al temor: la mentira, aquella que convivió
en su casa durante el consumo; todo se repite... el engaño
familiar pasa a lo institucional.
Reparar por un otro, curarse para un otro..., la institución
respondiendo a la demanda de un tercero: padre, o juez,
controla las veinticuatro horas al adicto: "no salís
este fin de semana"..."si sale se da el palo"...
Se retiene como medio de control, o se expulsa a aquel que
no logró aceptar la demanda de la institución:
"Curate". Armar, construir el deseo del paciente
bajo una receta exclusiva que satisfaga en su labor, no
al paciente, sino a la demanda de una institución
de control social: "Usted no termina de solucionar
este problema, aquí lo resolvemos... pero teniendo
en cuenta nuestra necesidad...".
Hijos y pacientes, dependen excesivamente tanto de padres
como institución, pero sin embargo la dependencia
no confirma la autoridad y el límite, que sin duda
no se afianza y tampoco es elección del hijo o paciente.
No surgen planteos y si se plantean, emerge el objetivo
de la clínica: pensar sobre uno mismo, cortando con
la masificación, a la cual se someten los pacientes,
provocando una crisis no conveniente para la institución,
pues pone en duda su claro sistema de actuación.
La inconsistencia institucional, es descripta en actuaciones
de los pacientes: entradas y salidas de la institución,
la no participación en actividades obligatorias;
y allí se instaura el desafío. Así
actúan, así son ellos... porque entonces se
les exige otra manera de actuar, otros hábitos, si
lo dicho es lo que les permite vivir e incluirse en lo social...,
no conoce otra forma, ni otras sensaciones, y hasta creo
que jamás "despejarían un solo espacio,
para que surja una nueva sensación, pues en todo
caso la última a desplazar, sería lo placentero
de lo adictivo"...
Se piensa poco y se "hace mucho", se dice sin
pensar y se masifica y normatiza para controlar. La demanda
del paciente queda relegada, y lo anecdótico, lo
inmediato, se tiñe fantásticamente en posible
demanda del paciente, "quiero salir este fin de semana"...
. El adicto no interpela su lugar, viene por otro que sí
lo hace, y allí aparece la institución respondiendo
a cualquier pedido, sin reconocer sus propias limitaciones...
. El terapeuta es responsable, y su carga es el paciente.
Pero quién toma las decisiones en el tratamiento?...
. Hasta qué punto la institución se niega
a la clínica?...
Quizás en este, mi primer acercamiento a una institución,
todo suene a crítica, pero es lo que surge de esta
experiencia.
Fue difícil describirlo, pensar, reflexionar. Conocí
pacientes, terapeutas, una institución, que sin duda
debe luchar con la demanda social, que pesa y obstaculiza
un posible proceso terapéutico. Mi crítica
como punto de partida para poder pensar acerca del tratamiento
con internación para estos pacientes y por que no
reflexionar qué limitaciones existen en la clínica.
Porqué estos pacientes, llevan a actuar de manera
idéntica a padres, institución, repitiendo
modelos, situaciones, reviviendo un círculo, que
jamás permite la salida en espiral. Porqué
siempre trabajar en aquello que justamente no es lo obvio,
lo exacto para ser objetivo y efectivo.
Curarse se convierte en algo mágico..., recuperarse
en algo ilusorio..., bajar el consumo en algo real... CE.NA.RE.SO.,
me permitió esta experiencia y poder hablar de él
no por lo escuchado, sino a partir de lo vivido. ~
M.T. María Fernanda Rodríguez, Integrante
del Programa de Investigaciones Clínicas en Drogadependencia
del I.D.I.A.
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