Representaciones acerca de los abordajes terapeuticos en drogadependencia

Cecilia Satriano

1- Planteamiento de la investigación:

Algunos de los intentos de dar respuesta al fenómeno de la drogadependencia han traído aparejado una discontinuidad o fracaso en las propuestas de tratamiento. Muchas de las alternativas, tanto preventivas como terapéuticas han ocasionado un aumento del consumo, o el incremento de la marginalidad social.

Ciertas investigaciones llevadas a cabo sobre la efectividad que tienen los tratamientos en drogadependencia (Satriano, 1992) plantean que la manera en que son visualizadas las drogas y su relación con el consumo en los tratamientos, establecerá el tipo de modalidad de abordaje, como los procedimientos que se consideren terapéuticos. Los tratamientos están sustentados en enfoques epistemológicos que son los que van a orientar y a sostener las acciones terapéuticas.

El objeto que promueve esta investigación se relaciona con perspectivas que plantea el Dr. Bruno Bulacio (1992), respecto de las concepciones subyacentes en la misma relación terapéutica son las que ocasionan ciertos desencuentros y que están producidas por las distintas representaciones que circulan en torno a lo terapéutico. Estos desencuentros son los que aparecen como efectos de abandonos de los tratamientos, recaídas, o imposibilidad de establecer una continuidad respecto del mismo.

En este sentido, la propuesta de investigación encuentra amplia coincidencia con las formulaciones de Bulacio puesto que, de acuerdo a cómo sea percibido el acto mismo de consumir drogas es que se dispondrá de las modalidades de poder tratarlas. La posibilidad de este proyecto es la de establecer conexiones o diferencias entre las representaciones que se tienen en los tratamientos y distintos abordajes que hacen a la drogadicción. Considerando en este punto, tanto a los cuerpos profesionales y no profesionales, y los sujetos drogadependientes que estén en tratamiento, que haya finalizado, o que abandonaron su tratamiento.

El problema que plantea la clínica toxicómana muchas veces tiene relación con la misma preparación profesional, y con los substratos epistemólogos que sostienen los discursos que conforman el campo de las toxicomanías (Satriano, 1991).

La clínica se presenta como la posibilidad de cotejar los postulados teóricos con las acciones terapéuticas. Esto es lo que fortalece los cuerpos conceptuales, y desde donde se plantea la efectibilidad de los mismos; e implica en términos de la investigación, la validación de una teoría.

La práctica en drogadependencia implica en primera instancia, la revisión epistemológica e ideológica desde donde se enfoca la problemática. Porque la drogadependencia como práctica, exige recorrer los paradigmas con los que abordamos la clínica, y que se relacionan directamente con la función terapéutica.

De acuerdo a la representación que una institución tenga respecto de la problemática, es que determinará las modalidades de tratamiento.

Por eso, una cuestión que aparece como fundamental respecto a los tratamientos es poder definir algunos criterios iniciales para cualquier acción terapéutica; esto es: desde dónde, con quién y hacia dónde se conduce la cura; y qué es lo que se considera terapéutico en los modelos de tratamientos.

Algunos de los interrogantes surgidos en la investigación fueron:

* Cuáles son las concepciones que sostienen los profesionales abocados al problema?.
* Cuáles es la representación que se tiene acerca de los abordajes y tratamientos terapéuticos que circulan en torno a la drogadicción?
* Qué es lo que se considera terapéutico en los tratamientos?
* Cuál es la visión propia del tratamiento?
* Cómo ven la terapia los sujetos afectados por la drogadicción?
* Cómo se reconoce el problema desde éstos mismos?
* Qué cosa la persona consideró que lo ha ayudado?
Algunas de las dificultades que se encuentran en esta clínica en drogadependencia son cuestiones que en mi investigación, me permiten pensarlas como articuladores; y que son los elementos comunes que preocupan tanto a los equipos terapéuticos como a los sujetos drogadependientes. Estos articuladores posibilitan a la vez determinar los criterios de efectividad de los tratamientos.

En la investigación aparecen instituciones que no tienen un criterio cierto respecto de qué consideran efectivo. Algunos basan ésto solamente respecto de la constatación que pueden establecer de sus marcos teóricos.

Entonces, una cuestión que me parece importante acerca de: para quién es efectivo?.

Algunos de los conceptos que aíslo, para luego poder constatar los modos coincidentes o diferentes de las visualizaciones o representaciones que se tiene acerca del consumo y de las modalidades de tratamiento, tanto para los terapeutas como para los sujetos en tratamiento son:

1.1- La temática de los ideales:

En sentido amplio esta posición respecto de los ideales, que marca y delinea los objetivos que se trazan en las terapéuticas, es decir cómo se posicionan los terapeutas respecto del tratamiento, e implica también el posicionamiento del sujeto toxicómano respecto de su propio tratamiento. Esto, a la vez permite ubicar a este sujeto respecto de sus relaciones respecto del otro, y respecto de sí (Ideal del yo). Esto, en el proceso terapéutico se traduce con el lugar que vaya a ocupar la terapia para el sujeto. A veces los programas ocupan el lugar del ideal; y como todo ideal deben caer. Pero esta caída suele producirse antes del final del tratamiento.

Recordemos, por otro lado que el objeto droga viene a ocupar, para el sujeto, un lugar en la caída de los ideales. Pero que desde otra perspectiva, la fuerte presencia que tienen los objetos que nuestra cultura han producido cambios en las modalidades de agenciamientos colectivos, generando posicionamientos emblematizados que han subvertido la importancia otorgada al sujeto.

Es sabido que el consumo de drogas está cumpliendo con el mensaje implícito de un sistema, que convoca a un nuevo ordenamiento social, el cual está caracterizado fundamentalmente por los ideales puesto al servicio de un cultura del consumo.

Gran parte de nuestro malestar en la actualidad está jugado en la relación de metas anheladas, y posibilidades reales de alcance. Esto se traduce y refleja en nuestra clínica cotidiana en donde las tensiones tienen que ver con la decimetría cada vez más abierta, entre los ideales propuestos y las posibilidades reales de acceso a los mismos.

1.2- Problema de la nominación por el objeto:

La identificación que un sujeto hace respecto de sí, en cuanto a llamarse adicto; y la determinación nominal que los otros hacen de él. El nombre propio particulariza a un sujeto, en tanto que la función discursiva del nombre es su acto de denominación: otorga una identidad.

Esto remite necesariamente a la función del nombre y se relaciona clínicamente con el nivel del padre, en tanto abre una marca abierta en el siguiente.

Siendo a Pierce y a Frege, la función del nombre es puntuar lo que precede en la serie, establece un lugar en la cadena generacional. Por otro lado, éstos autores plantean que ningún nombre puede carecer de interpretante. Un nombre nombra la relación de un nombre con un referente; pero paradójicamente al nombrarlo, deja caer el referente.

En este sentido la función del nombre, o sea, lo que determina el modo de dependencia, es la necesidad de la referencia; pero en ese movimiento cae el referente.

Por ésta razón, el nombre del propio identifica a quién llegará allí para identificarse como Otro. En ese sentido se establece una diferencia entre identificación e identidad, puesto que lo segundo muestra una falacia de existencia, en tanto hace simulacro de lo propio. En ese "soy adicto" se articula con el posicionamiento nominal que tienen los sujetos respecto de la droga.

Esta marca diferencial del nombre propio, se presta a dividir al sujeto, soportando las fragmentación en la serie familiar. A la vez, el nombre propio, no es un hecho contingente, pues supone su origen, el origen del inconciente.

Esto se relaciona con la forma de ser nombrado que sustituye al nombre propio, pero que remite a una falta en la nominación que , a la vez indica una falla en la estructuración del sujeto.

Si la operación de nombrar falla, un sujeto en su estructuración, buscará movimientos que sean capaces de sustituir esa operación, es decir que si existe una detención de la acción del significante; establecerá movimientos que lo envíen a un encuentro con el Ser. En el caso del sujeto toxicómano, su existencia en cuanto al valor existencial, y en el sentido del uso que da a su existencia, está puesto en la función de la droga. El sujeto tiene un espacio instituido que le es propio como el ser adicto. Los beneficios son una tentativa de solución a partir de la práctica sostenida con el objeto que le permite nombrarse y nominarse al sujeto. Además le permite ser algo para el otro en tanto representación y nombrarse como algo que le es propio, con un nombre propio. Las representaciones sociales, además, refuerzan la instalación de ese lugar.

Piera Aulagnier decía en La estructura psicótica que al llamarlo, lo que se designa es lo que se proyecta sobre él, como heredero significante, y de ésta forma se le asigna su primer sitio en el plano relacional y en el discurso familiar. Pero también es llamado del sujeto que llama lo que cree desear; es llamado de la interpelación desde el Otro, y también el modo en que el sujeto se llama así mismo, predicando y articulando alguna de las lecturas posibles del oráculo paterno,(Ritvo Juan Epifanías del Nombre Propio). La significación que se le otorga al término adicto, es la de aquella persona que entrega su fuerza de trabajo, a cambio de sus deudas. Esto guarda una estricta relación con el fenómeno adictivo; porque "adicto" es alguien que aporta su sentido de la vida, por una deuda que le es impuesta. Se ubica como aquel que tiene subvertida su palabra por una doble cuestión. Primeramente porque está subvertido como a-dicto, a la posición de un "esclavo". Alguien que está por debajo de otro, y a la vez, espera del otro que le ponga palabras, que le ponga nombre.

La otra cuestión que trae aparejada esta posición de subversión es la posibilidad que le otorga este al otro para sostener su propio lugar como amo.

En este sentido hay una doble articulación recursiva respecto del lugar que ocupa este sujeto toxicómano respecto de los lazos sexualizantes con el semejante. Bifurcación que aparece signando un mismo lugar. Ser por el otro en tanto carencia de palabras, basando su existencia, el valor existencial, por el objeto droga. En donde parecía que el sujeto sostiene su existencia por la droga. Hay acabados signos al respecto que producen manifestaciones clínicas relacionadas con la identificación, pero que remite a la identidad. El ser para el otro, lo establece en una posición de sostén del otro, lo que manifiesta una fuerte relación vincular de dependencia del otro. Matizando las vinculaciones en una relación dependiente, entre uno que se coloca como esclavo y otro que, para ser amo necesita al sujeto dependiendo de él.

La toxicomanía no es la adicción sino es la que habla, lo que comunica algo a través de los actos. Lo a-dicto es lo que ahí está no dicho, lo que hace que el sujeto requiera de ese objeto para algo, para nominarse, para dar un valor existencial a su vida, para que lo nombren.

1.3- La responsabilidad:

Corresponde a la función de la ley a la función paterna. Es decir, al estatuto simbólico del Nombre del Padre y al asesinato simbólico del padre.

Freud había relacionado la apariencia del padre en cuanto autor de la ley, con la muerte, e incluso con el asesinato del padre. decía que era el nombre fecundo de la deuda, momento en que el padre produce los efectos simbólicos de la castración, que produce un corte en lo real, por eso aparece la deuda. En dos sentidos: la del hijo y la del padre. Lo que se instala como momento fecundo de la deuda, con la que el sujeto se liga para toda la vida con la ley, es decir el padre simbólico, en cuanto implica al padre muerto, en los sujetos toxicómanos no aparece. Marcando, esto una falla en la función paterna.

En Freud la finalización del edipo se produce por la renuncia fálica-narcisística, constituyendo el Ideal del Yo. Este Ideal del Yo es la identificación del significante Nombre del Padre totalizado por el amor a ese padre, el cual ejerce la prohibición.

Lacan plantea una diferencia entre la función paterna, a diferencia del Nombre del Padre; ya que ésta lo despersonaliza, convirtiéndolo en puro significante; y como tal es la prohibición misma.

La función de la ley, por los efectos que producen en los sujetos termina siendo idealizada. La identificación está sostenida en el amor al padre, termina siendo amor al super-yo.

El establecimiento de una legalidad que establece la prohibición, es la que también liga el objeto al deseo; y cuando ésta no aparece, se despliega en la fantasía lo real de la escena. No prohibir no poner límites deja al sujeto a la deriva pulsional, lo enfrenta al goce; y en donde debería desplegarse un fantasma, se realiza el sujeto en un objeto; y estableciendo actos que son, al modo de Freud, movimientos para defenderse de la pulsión.

En las operatorias clínicas se procede a hacer del goce un resto y no una escena. Porque, en ese sentido, la función terapéutica debe diferenciarse de la escena social y familiar, que han dado al síntoma. Se debe transformar la irrupción de goce, la impulsividad, ubicada como voluntad de goce, con alguna relación social posible, para de esta manera restablecer o poder restablecer las simbolizaciones. Porque el alcance de las operatorias terapéuticas tienen que producir la ubicación del sujeto frente a él mismo, pasando de ser un sujeto pulsional a un sujeto responsable de sí.

Pero la temática de la responsabilidad está articulada con lo que Levy-Strass, determinó la importancia que tiene la función paterna como apoyo para hacer de la estructura nominal, el eje mismo articula en el nivel del padre la función del nombre.

La función que tiene el nombre propio, que anteriormente hacía referencia, esta ubicada en ese dar lugar que procede en la serie. Y se relaciona con la problemática de la responsabilidad, la ley en tanto función paterna y el nombre propio. Porque si la situación del sujeto está caracterizada esencialmente por su lugar en el mundo simbólico; es decir por el mundo de las palabras, cualquier falla en ese sentido hará depender el lugar que el sujeto tenga o no, como derecho a llamarse por ese nombre propio. Y si no le es propio, el sujeto no tiene ninguna responsabilidad sobre sí.

El sujeto toxicómano esto está puesto en cuestión porque no aparece representado por su nombre propio sino por la identidad que ese objeto droga le puede dar. No hay una responsabilidad respecto de sí porque hay una falla en la responsabilidad respecto de quien debe cumplir con la función paterna; esto es los límites, la ley en sentido simbólico. Esto es lo que de producirse en las operatorias clínicas por medio de la instauración del síntoma.

A diferencia del Ideal del Yo, el Super yo se sitúa en el plano simbólico de la palabra. Es imperativo, es coherente con el registro y la noción de ley; es decir con el conjunto del sistema de lenguaje. Pero como imperativo, llega a ser desconocimiento de la ley.

El sujeto demanda mediante su acto de drogarse, el ejercicio del poder que tiene la función paterna, y en este sentido es una apelación al otro, en cuanto demanda con el acto de drogarse al ejercicio de la puesta en función de se lugar como ley, que tiene el padre. Liottard dice que el nombre actual no se responsabiliza de nada, y menos de sí mismo. Planteo esta cuestión porque encontramos que las primeras dificultades que se expresan en la clínica son, con un sujeto o con una familia que no reconoce su problema.

1.4 -El cuerpo

Otras de las dificultades que se establecen en la práctica clínica en drogadependencia es la problemática del cuerpo. La articulación de la imagen del cuerpo y la importancia que esta tiene para la constitución es que se ofrece al sujeto como la "primera forma", que le permite ubicar lo que es y lo que no es del yo, antes del surgimiento del Yo, del surgimiento del sujeto.

Las actuaciones que encontramos en los sujetos drogadependientes remiten a otro aspecto que sería importante poder dilucidar como es la representación del propio cuerpo, que a la vez va a determinar la utilización que se haga de ese cuerpo. Es un cuerpo no subjetivado porque su valor de uso está establecido para poner el cuerpo como un instrumento. No es el sujeto con el cuerpo, sino que es a través del cuerpo, visualizado como entidad orgánica, que ese sujeto se expresa. Habla utilizando el lenguaje propio del cuerpo. la obliteración del lenguaje de las palabras se expresa a través del cuerpo en los actos.

Recordemos que el síntoma es la vuelta de lo reprimido y depende de un deseo en juego, que está escenificado en una fantasía en donde se realiza el deseo inconciente con un compromiso de sobredeterminación. Si no hay síntoma en los sujetos drogadependientes es porque el síntoma, la escenificación simbólica está sostenida en una fantasía. Cuando esta fantasía falla en su estructuración, aparecen los actos.

En el Seminario "Sobre el acto analítico", se establece la diferencia entre acting y pasaje al acto. El acting es la escenificación en la cual el sujeto se representa en esa escena como falta. Está sostenido en la repetición. El acto viene del mismo lugar que el significante, pero en diferentes tiempos. Hay en el acto una apariencia que se significa a sí misma, un retorno de la operación del nombre propio.

Hay una mostración velada pero visible del deseo: algo que se da a ver, aunque lo que se muestra es el resto, como rasgo del objeto. El sujeto del acto es un sujeto que no se reconoce en el acto: pero que el sujeto "sabe" que es un acto. Aquí se abre el tema de la elección de la drogadependencia como posibilitadora de actos, y también la responsabilidad del sujeto frente a la droga.

Sin duda, estos actos tienen un destinatario que implica e incluye al otro, en tanto es causa y sostén de su existencia. ~

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