Programa de Investigaciones Clínicas en Drogadependencia
Jornadas de Apertura 96

Bruno Bulacio

El Programa de Investigaciones Clínicas en Drogadependencia es producto del recorrido de una práctica de muchos años, abocada a una clínica de alta complejidad, como lo es la que nos ocupa.

Quiero aprovechar esta ocasión para hacer una puntuación, resultado de una experiencia en la que baso los fundamentos y motivos de esta propuesta que llamamos Programa de Investigación.

El poco espacio que nuestras instituciones otorgan a la reflexión sobre la práctica, las más de las veces limitadas por la perentoriedad de respuesta que exige la problemática de nuestros pacientes y las falsas urgencias que nos dominan.
El aislamiento de nuestras instituciones, sean éstas públicas o privadas, frente a la necesidad imperativa de mantener un coloquio sostenido sobre el intercambio de experiencias.
La avidez de formación de nuestros profesionales en cuanto a lograr una comprensión más cabal sobre los problemas que nos acosan en la clínica con pacientes adictos, y la urgencia de contar con instrumentos idóneos para operar con eficacia en una clínica que no puede permitirse eludir la cuestión de la cura y la eficacia en la obtención de resultados.
La perentoriedad de respuesta frente a cuestiones que requieren una reflexión más detenida, dada la complejidad de elementos que intervienen sobre la resolución de casos y circunstancias del tratamiento. En definitiva, una reflexión más cuidadosa sobre el transitar de nuestra práctica y la conceptualización y reconceptualización de sus contenidos.
La práctica como el lugar de justificación de un saber que le antecede y no como lugar de producción. Sólo ésta conduce a la episteme, nos aproxima al conocimiento de lo real siempre provisional, como lugar artesanal de sostenida y renovada creación.
La resistencia a introducir propuestas innovadoras, cayendo en la repetición de modelos y experiencias que en sus resultados parecen conducir a renovadas frustraciones.
Las limitaciones en la comunicación testimonial, la escritura o el relato de experiencias, las únicas capaces de poner en acto la generación de nuevos circuitos de intercambio y producción.
El reconocimiento de un saber no declarado sobre la obsolescencia de muchos de nuestros recursos aprendidos.
La necesidad de una mayor capacidad de respuesta a nuevas problemáticas y condiciones críticas de la clínica actual.
La dificultad en el ejercicio de una mayor libertad de pensamiento y autorización en la palabra, sin que ésto justifique la falta de información, el rigor de los enunciados, o lo que es peor, que la ligera opinión tome el lugar de verdad concensuada.
El trabajo sobre las propias resistencias, aquellas que ahogan la iniciativa, la creatividad, las que intoxican el pensamiento y disuelven la identidad profesional.
El poder advertir que no hay clínica de las adicciones sin una meta-clínica que atienda las implicaciones de la propia subjetividad y la de los discursos en que se sostiene nuestra práctica.
La poca permanencia, continuidad y resultados de los tratamientos.
Una clínica con pacientes asintomáticos que parecen naufragar en el vacío de una existencia que hace abuso de la significación de ese acto. No podemos eludir sus efectos y consecuencias.
No hay una clínica de las toxicomanías sin una clínica de la clínica, esa que trata sobre la crisis de nuestras instituciones de la práctica y del saber.

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