Olga Idone

VÍNCULO FRATERNO Y DISCURSO AUTORITARIO

Este trabajo fue presentado en la 15ta. Jornadas de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo – Año 1999

El presente trabajo está relacionado con algunos aspectos que hacen a mi labor como terapeuta de familia desde un abordaje psicoanalítico.

Por un lado, con mi participación en la investigación que estamos llevando a cabo desde la Institución y en colaboración con la Cátedra de Socio- lingüística de la UBA sobre Discurso autoritario familiar y su relación con la droga- dependencia.

Por otro lado, con mi tarea en el Servicio de Reinserción Social de una Institución dedicada a la Rehabilitación de pacientes droga-dependientes. Este servicio se plantea considerar como prioritarios los lazos y redes sociales que actuarán como sostén de los pacientes próximos a reinsertarse en sus espacios socio-familiares.

Desde estos lugares y sintiéndome partícipe de esta preocupación, pude observar y otorgar nueva relevancia, dentro del espacio familiar, al Vínculo Fraterno.

El modelo teórico que sostiene mi quehacer profesional considera a la familia como una estructura abierta, con leyes propias que establecen las relaciones entre cada uno de sus integrantes. Como sistema abierto, está en constante intercambio con sistemas sociales más amplios que lo contienen y que determinan, en gran medida, las normas y los valores que rigen su organización. Es necesario tener en cuenta que junto a esos valores y normas propias de la cultura como el Tabú del Incesto, cada familia se estructura en su singularidad a partir de su propia historia y la de sus antepasados generando sus propias normas y acuerdos.

La familia es la intermediaria entre sus miembros y la sociedad y lo hace a partir de dos funciones específicamente adscriptas a ella:

a) la función paterna, relacionada con la capacidad de enunciar una ley y con la autoridad para sostenerla que surge cuando el que la ejerce se considera representante de una legalidad y está sujeto a ella y,

b) la función materna, relacionada con la capacidad de sostén y amparo y la erogenización y narcisización del hijo.

Si ambas funciones son solidarias, posibilitan un desarrollo adecuado de los espacios intra e intersubjetivos articulados entre sí y con el espacio transubjetivo que comprende la realidad social y cultural.

A partir de estas consideraciones propongo incluir en nuestros espacios de discusión teórica y en nuestro quehacer clínico, una tercera función, la fraterna . La ,función fraterna posibilitaría una distribución equitativa del poder en la familia

El vínculo fraterno presupone dos formas colectivas sucesivas: una primera, la llamada horda primitiva y la segunda que resulta de una transformación cualitativa y radical de la anterior, la alianza fraterna .Prefiero, junto con otros autores, hablar de vínculo fraterno y no de alianza fraterna, dejando la denominación de alianza a la conyugal

La horda primitiva está constituida por la relación entre un padre, macho poderoso y sus hijos. Al poder paterno, el de su fuerza, están sometidos cada uno de sus hijos. El padre es el único individuo y mantiene con sus hijos una relación de uno en uno. Los hermanos, reconociéndose como semejantes sometidos, descubren el poder colectivo de su propia existencia unificada y con él hacen frente al poder individual del padre, a quien dan muerte. Este mito elegido por Freud para hablarnos del origen de la historia, se basa en la suposición de un poder colectivo capaz de rebelarse ante la sumisión.

La alianza fraterna, primer colectivo cultural, posibilita la aparición de un campo simbólico subjetivo y el lugar del recuerdo del asesinato aparece excluido y llenado por la presencia puramente simbólica, formal de la ley jurídica. Al mismo tiempo que funda el espacio intrapsíquico, configura el espacio intersubjetivo pues los hermanos se reconocen vinculados y, a su vez determinados por ese vínculo que constituye un lugar privilegiado para el desarrollo de la solidaridad y la cooperación.

La solidaridad es el sentimiento que posibilita que los hombres se presten ayuda mutua sobre la base de una causa común. La cooperación, por su parte, es la act ividad colectiva y común de los hombres produciendo e intercambiando entre sí.

La cooperación y la solidaridad son “expropiados” por el capital, según lo expresa certeramente León Rozitchner.

Apartir de lo expuesto, entendemos que tanto los vínculos consanguíneos como los que no lo son requieren de un trabajo de construcción.

Algunos autores consideran que el momento fundacional de la familia está fijado por el nacimiento del hermano. El nacimiento del segundo hijo genera la posibilidad de construir un espacio de especificidad, con identidad y funciones propias y discriminado de la alianza conyugal. Espacio privilegiado donde el hijo establecerá el primer vínculo con un semejante.

En referencia, al vínculo fraterno se habla de tres tiempos lógicos:

1- Disyunción: el hermano es un puro rival frente a la mónada madre-fálica / hijo-falo. Puede ilustrarse con la escena bíblica “Jehová miró propicio a Abel y su oblación, más no miró a Caín”. Es un no exclusivo, la mirada para uno sólo. Surgen la rivalidad y el deseo de supresión.

2- Conjunción: operación propuesta desde el padre “ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”, corte con lo materno pero con padre idealizado. Surgen celos y envidias, conflictos devenidos de las diferencias vividas como segregatorias y,

3- Alianza fraterna: unión de los hermanos y posibilidad de pactar sobre la base de las diferencias dando lugar a la solidaridad y la cooperación.

Las vicisitudes en la conformación del vínculo fraterno y las características que logre dependerán de la dinámica familiar. Su futuro, a veces, tiene que ver con nosotros como profesionales, en el sentido que junto a nuestros pacientes construimos significados que coayudan a crear vínculos diferentes.

Una de las vicisitudes por las que debe atravesar la conformación de este vínculo está relacionada con el discurso autoritario.

Jorge Carpinacci define al discurso como la matriz que funde en sus formaslos significados diversos que hacen a hombres y cosas, por lo tanto el discurso ha sido siempre un instrumento de poder de singular eficacia.

La violencia psicológica, vehiculizada a través del discurso autoritario, es generadora de serios déficit en la subjetividad con diversos estados asociados: sufrimiento, desesperanza, incomunicación y perdida del sentido de la existencia.

El emisor o el vocero del discurso autoritario, detenta un poder absoluto, no se considera representante de la ley a la que debería estar sometido, sino que él mismo es la ley. Autoridad transformada en autoritarismo.

Beatriz Lavandera usa la categoría de discurso autoritario para hablar de discurso violento, caracterizándolo de la siguiente manera:

1-La voz del interlocutor se acalla y el texto producido es fundamentalmente monológico.

2-El emisor prescinde de su interlocutor, no lo identifica claramente. Cuando incluye la voz de otro lo hace con evaluación negativa: descreimiento, desvalorización, burla o ironía.

3-No emplea nunca la 2 da. Persona, sí la tercera y ocasionalmente la primera persona del plural, voz inclusiva que sólo hace asimilar los deseos, expectativas del oyente a las suyas propias, la del emisor.

Se emite un discurso que es esencialmente prescriptivo , proporcionando normas que son enunciadas en forma imperativa y valorativa. En un discurso no autoritario el hablante y el oyente comparten un universo ético de valores y existe la libertad para aceptar o disentir, En el discurso autoritario predomina lo normativo que excluye los lazos afectivos y emocionales. Fuera de lo que está bien o mal nada parece sostener la vincularidad. El discurso autoritario tiene, inadvertidamente, la finalidad de abolir la libre determinación del sujeto y convertirlo en un objeto al servicio de quien detenta el poder .

La clínica, siempre soberana, nos permite establecer una relación entre serios trastornos de la personalidad, la violencia y el discurso que la delata. Veamos un ejemplo:

La familia G está integrada por el padre P, la madre M, y dos hijos varones Alfredo de 20 y Juan de 18 Años. Cuando concurren a la primera entrevista familiar Alfredo hacía 4 meses que estaba internado, luego del último episodio de consumo el padre lo echa de la casa y Alfredo decide internarse.

P- Hace 10 años que lo vengo aguantando. No por la droga porque yo no me daba cuenta. Ya es grande, no pienso volver atrás, a que vuelva a casa. Ya me fundió dos veces, Ud. sabe, por la droga hay que robar y a quien le robaba a mí. Por suerte no se hizo ladrón .

Tengo 73 años, lo aguanté 10 años, me fundió dos negocios. Yo viajaba mucho por los países donde más droga hay, Bolivia, Perú, Brasil. Yo lo quiero comohijo, pero fuera de casa. El cariño me tapa lo que es.

T- ¿ qué es?

P- Ud. ya lo sabe m´hija, es un drogadependiente... Yo creo que él tiene ganas de curarse porque dio un vuelco desde que la madre no lo ampara tanto, ni yo ni el hermano... bueno, yo tuve la culpa, tenía que haberle puesto un freno, pero a mí me engrupió. Yo estuve en la calle desde los 10 años y después por suerte empecé a trabajar. Viajé y nunca más le pedí a mi viejo un peso. En mi casa había un psicólogo muy importante, había un cinturón grande así y un clavo pero nunca lo sacó.

M- Yo lo veía y no lo notaba bien... pero es inexplicable. Yo estoy hastiada de controlar.

Recordemos que el discurso familiar constituye una unidad que es, al mismo tiempo, una producción vincular. El padre, que en el ejemplo clínico, encarna el discurso autoritario, paraliza a sus interlocutores, por lo tanto ejerce violencia en los que lo escuchan. Los lingüistas hablan de actos de habla, por el efecto que el enunciado produce en los oyentes. Si hablamos de discurso violento necesariamente debemos hablar de víctimas y victimarios, la violencia cae fuera del campo del deseo.

El lugar de Alfredo como hijo está desdibujado. El “yo lo quiero como hijo” implica que no lo considera hijo. El padre dice que no es ladrón a pesar de los robos, tal vez Alfredo es el acreedor por el lugar de hijo que le niega. El discurso del padre es monológico. Alfredo y su madre escuchan en silencio e intervienen cuando la terapeuta les pregunta; las referencias del padre a la terapeuta son descalificadoras: m´hija, ud. ya lo sabe.

El discurso autoritario está encarnado por el padre y el control ejercido por la madre.

Entrevista a la que concurre el hermano

A- Yo estoy bien así, no sé si me gusta, lo que veo que estoy mejor. Sólo que no es lindo estar solo

P- Pero te gusta porque nadie te pregunta

A- No tengo presión, solo es feo estar pero nadie me mira los ojos

P- ¿Vos a que llamás presión P? ¿A qué llamás vos presión familiar?

La primera vez en la serie de entrevistas que el padre se dirige a Alfredo interesado en saber qué piensa

A- Por ejemplo, llamé el fin de semana para pedir Poxiram, y mamá me preguntó para que lo quería... Ahora estoy solo pero me la banco

P- Siempre te dije que a mí no, pero a tu mamá le tenés que besar el traste, ¿sabés porqué? Es la que más se preocupa por vos.

J- Parece que sí, es típico que una mamá pregunte para que lo querés si tengo antecedentes, igual, para mí siempre la desconfianza está.

  • Él habla del aire.

Muestra signos de estar muy conmovido, rojo de furia, agacha la cabeza y se tira para atrás con la silla –

J- Nunca tuvimos comunicación, no hablamos como hermanos. Él siempre supo que yo sabía cosas que mi papá y ella no sabían. Quien sabe, él me repele

A- A mí me anularon, ellos no pueden estar reprochando.

El no - lugar de hijo y su expulsión imposibilitan, en el ejemplo, la construcción del vínculo fraterno y, por lo tanto, favorecen la búsqueda de un grupo de pares trasgresor (pandilla o banda.

Pensamos que la función fraterna regula la circulación de un poder equitativo .

Cuando el poder está concentrado y es despótico, el vínculo fraterno constituye una amenaza a dicho poder y, en consecuencia, su construcción se verá dificultada.

Tal vez, si intentamos recrear los vínculos fraternos de nuestros pacientes, les estemos ayudando a generar sostenes importantes para su reinserción socio-familiar.

BIBLIOGRAFIA

Berenstein, Isidoro, Psicoanalizar una Familia, Paidós, Buenos Aires, 1990.
Czernikowski, Ester V. y otros, Psicoanálisis del Vínculo Fraterno, 2Congreso Argentino de Psicología y Psicoterapia de Grupo, Buenos Aires, 1991.
Gáspari, Ricardo y otro, Función paterna, dos modalidades de circulación en Familia e Inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1991.
Rozitchner, León, Freud y el Problema del Poder, Folios Ediciones, Buenos Aires, 1982.


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