Lic. Silvia Gianni
El trabajo de conceptualización
en la temática de la prevención de las toxicomanías requiere
,de quien lo lleva adelante, de una excepcional disposición
para transitar por una sucesión de contradicciones que no necesariamente
concluyen en una síntesis.
Comenzar a partir de la definición
de la palabra se ha hecho cada vez mas complicado. A medida
que avanzamos en nuestra práctica, esta definición del concepto
se aleja cada vez más de la experiencia.
De todos modos, no deja de ser
una forma de empezar por algún lugar.
Prevención: Disposición que se
toma para evitar algún peligro. Anticiparse. Impedir. Disponerse
para una cosa. Avisar. Estar advertido.
Existen determinadas características
asociadas arbitrariamente a la prevención, a tal punto aceptadas
como premisas ciertas, que resulta harto difícil poner en cuestión
dicha relación.
La propuesta de este trabajo es
desanudar conceptos forzadamente asociados, pero que conviven
en el discurso social sin provocar el menor ruido, como clara
muestra de la fuerza alienante de dicho discurso.
Así, se espera que la Prevención
en este campo sea: masiva, informativa, que apele a la modificación
de una conducta, prediseñada, que parta de un discurso( sea
este acerca de las sustancias, de las relaciones vinculares,
o de la sociedad de consumo, pero siempre centradas en el decir)
y que procuren sensibilizar con respecto al tema.
Supone una ubicación en dos lugares
posibles: como preventores o como desprevenidos, dado que se
espera que aquellos que pasen por una instancia de prevención
deban necesaria y compulsivamente generar algún proyecto formal
y específico que justifique su participación y lo pase inmediatamente
y, desde una lógica binaria, de un grupo (desprevenido) a otro(preventor).
Con todo este existente y mucho
más nos encontramos cuando tenemos el primer contacto con una
demanda de prevención.
Aquí me gustaría incluir algunos
pasajes de primeras entrevistas en prevención.
1) Miriam es psicóloga de una escuela
privada religiosa y pide "una charla" para alumnos
de 4to y 5to año sobre toxicomanías.
De la entrevista surge que el gabinete
psicopedagógico -que es ella misma- fue creado hace un año a
partir del suicidio de una alumna, como respuesta de la escuela
en el sentido de que podía allí atenderse la problemática de
los jóvenes, dado que luego de este episodio, varios padres
decidieron cambiar de escuela a sus hijos.
Miriam dice que ella quiere validar
su lugar, dado que observa que el suyo es un lugar formal, no
le llega demanda de ningún tipo desde los docentes ni desde
las autoridades.
Se angustia al hablar de esto ,
y al afirmar que se siente usada para "conservar la matrícula".
No sabemos si los alumnos de 4to
y 5to año necesitan o pedirían algo en relación a la prevenció
n de las toxicomanías. Lo que si aparece claro es que esto serviría
a Miriam para "mostrar" su destreza en conseguir recursos.
La propuesta que le hago a Miriam es la de ayudarla a fundar
un lugar nuevo en una Institución que se resiste a brindarle
ese espacio, tratando de que pueda hacer esto por su propia
generación y no a partir de quien lleve.
Seguramente si Miriam puede ubicar
en otro espacio el lugar del gabinete, podrá ser un lugar confiable
para los jó venes de esa escuela, o para los docentes . Al cumplir
con su función, es probable que allí llegue la diversa demanda
que se supone, circula en esa Institución; por lo que estoy
convencida de que el trabajo de orientación realizado como proceso
con Miriam en CE.NA.RE.SO. es preventivo en la medida que en
lugar de tapar y acallar esto con una charla a alumnos , docentes,o
seguir invalidándola al sostenerla desde un recurso externo
que ella debe mostrar, trabajamos con aquello que obturaba la
posibilidad de tener en la escuela un espacio abierto de escucha
y orientación como debe ser un gabinete psicopedagógico.
Ese era el motor que trajo hacia
prevención a Miriam: su angustia, sus dificultades en ejercer
su función. Y es ella, la misma que se siente importante, la
que tiene la posibilidad , la potencia de introducir una modificación
en esa realidad.
2) Una carta firmada por la Vicedirectora
de una escuela media nos pide "una charla urgente de prevención
para alumnos de 3ro y 4to año turno tarde"
Una primera y grosera lectura de
esta carta ya nos advierte acerca de una situación vivida como
de urgencia , emergencia. Absurdo seria responder literalmente
a este pedido.
En la entrevista personal con esta
vicedirectora, aparece que sienten que no pueden con los alumnos.
La alternativa que usaron fue la expulsión encubierta (pase
compulsivo a otras escuelas) para distintos casos de problemas
de conducta, algunos de ellos en relación al consumos de drogas.
Al principio esto calmó a los docentes
y autoridades, pero ahora sienten que "cada expulsión realizada
es un agujero, es una marca de nuestra impotencia" "y
comenzamos a pelear entre nosotros".
No es muy diferente escuchar a
esta vicedirectora que escuchar a una mamá que llega porque
no puede con su hijo y nos pregunta como traerlo.
Si nosotros accediéramos a este
pedido de trabajar con los alumnos, seguramente en un principio
se tranquilizarían, con la certeza de que "están atendiendo
el problema".
Pues bien _: ¿Cuál es el problema_?
Nuestro trabajo inicial es el de
poder ubicar una respuesta a esta pregunta. Esto significa reorientar
el motivo de consulta.
Cuando recibimos a una Institución,
a través de las personas que consultan, traen un pedido muy
claro: una clase, charla taller, para otros, designados como
destinatarios de lo que suponen como "nuestro discurso
preventivo".
Estas personas nos convocan en
general cuando ya hubo en la institución consumo de drogas,
o esto circula como rumor.
Llegan movilizados, alertados (aunque
con distintos niveles de alarma) y sumamente sensibilizados,
por lo que incluir la sensibilización como esperable en una
actividad preventiva, parece una propuesta que aportaría a sobredimensionar
el tema en lugar de trabajarlo.
Nos encontramos con situaciones
institucionales denunciadas a través del consumo o presunto
consumo de drogas en su seno, dado el poder de convocatoria
del tema, que lejos de ser marginal, ocupa lugares estelares,
tanto en la comunidad científica , en los medios de comunicación,
como en nuestra comunidad general.
Los dos ejemplos traídos al principio
de esta exposición nos hablan claramente de un tema pretexto
que ilumina o encandila, según lo que hagamos con el.
Si tomamos estas demandas como
llave,que nos permiten desplegar, abrir, atravesar, las diferentes
situaciones problemáticas que aparecen denunciadas por el posible
consumo de drogas, será un factor posibilitador en la medida
que estas personas que llegan impotentes y pensando que nada
pueden hacer dado que nada saben sobre drogas, puedan sentir
que tienen un instrumento que les permita operar en su realidad
cotidiana institucional, sin establecer relaciones de dependencia
con instituciones especializadas en el tema de las toxicomanías,
sino de mutua cooperación.
Si respondemos linealmente, utilizando
la técnica que sea: charla, taller (no es esto lo que diferencia
la intervención) estaremos encandilados , si poder ver mas allá,
y colaborando con nuestra presencia y acción a reforzar el lugar
de las drogas.
En este punto me parece importante
mencionar que el problema no está en el tipo de discurso que
se incluya (sea retrógrado, progresista, vanguardista) ni en
la técnica (clase, taller), sino al principio de la cuestión:
en identificar junto con quien consulta, el problema o los problemas,
así como su jerarquización. Esta primera cuestión será la que
arroje luz sobre todas las otras preguntas: ¿con quién vamos
a trabajar? ¿cómo? ¿dónde?
Desde este marco, esto que se ha
dado en llamar "reconversión de la demanda" supone
atravesar, poner en crisis, instalar una pregunta en el discurso
social sobre las adicciones, en las representaciones sociales,
que se presenta con un fuerte tono emocional.
Esto implica que en lugar de incluir
un discurso que facilite el escape de las instituciones de aquello
que es denunciado con el consumo de sustancias prohibidas en
su seno, el trabajo se hará desde otra perspectiva que implica
tomar, incluir y privilegiar las preguntas que en esa institución
se abren a partir de estos sucesos.
Nos encontramos con Instituciones
desorientadas en su función, despistadas, salidas de su camino
acerca de lo que les compete hacer. Desprevenidas en el sentido
de "sin evaluació n de lo que podría ocurrirles cuando
no hacen lo que están llamadas a hacer".
Nuestra práctica atraviesa lo grupal,
lo institucional, la particular forma de ejercer la función
de quienes consultan, la inclusión de esa Institución en la
red que la contiene, los medios de comunicación. Incluye la
visión que tengan de la Institución quienes pertenecen a ella
(orgullo de pertenecer, vergüenza de estar) los vecinos, etc.
En fin, cuando se produce una consulta
tenemos que tener en cuenta que estallaron diferentes cuestiones,
pero que esta persona que tengo ante mi es la que tiene la llave,
la posibilidad , de modificar esa situación. Porque es quien
se siente lo suficientemente involucrada, quien cree tener algo
que ver con lo denunciado. Y en este punto creo que es fundamental
destacar la importancia de delimitar claramente (luego de haber
identificado el/los problemas) con quienes vamos a trabajar.
Es esta persona que tengo ante
mí, que está muy preocupada por la situación de sus alumnos,
vecinos o afiliados de un local partidario. Por eso mismo, porque
en ella provoca esta movilización y porque escuchándola confirmaremos
que es a quien recurren estas personas con dificultades, será
con quien trabajaremos. Porque llegaremos a atender a estas
personas vulnerables, en riesgo o como se las denomine, a trav
és de su referente real.
Llegar a atender no significa hacerlo
nosotros, sino que la perspectiva comunitaria , cuando se trabaja
con la demanda espontánea, se realiza en orientación y asesoramiento
para estos referentes. Ellos no son los líderes que nosotros
tenemos que salir a "detectar". No responden a una
lógica de organizadores de la comunidad, punteros, etc. A veces
son amas de casa que saben escuchar a los amigos de sus hijos,
la portera de una escuela, el bibliotecario. Esto no depende
de un lugar jerárquico ni funcional, sino de la manera particular
de estar en el mundo de estas personas.
Por eso la masividad, los actos
multitudinarios, dificilmente tengan la posibilidad de habilitar
lugares para que sea escuchado eso que aparece como un grito
que aturde u no se entiende, a través de la aparición de sustancias
tóxicas. Dificilmente sea la via de destituir el lugar estelar
de las drogas. Reitero que partimos de una comunidad sumamente
sensibilizada con el tema, al punto de presentarlo como respuesta
a cualquier pregunta y de ubicarlo en los primeros lugares de
jerarquí a cuando se trata de establecer un ranking de problemas.
Creo que quienes trabajamos en
prevención tenemos mucho camino para recorrer. Deberíamos preguntarnos
como medimos los efectos de nuestra acción. ¿La medida es la
cantidad de gente que participó en un evento? con lo cual: Charla-debate
con 100 concurrentes= 100 personas prevenidas. ¿Por impacto?
:100 líderes a 10 personas por líder = 1000 por efecto multiplicador.
¿Cuáles serán los criterios que
tomemos para que esta práctica tenga un correlato mensurable
en la modificación de las condiciones previas a nuestra intervención?
Esto implica desandar distintos
discursos, que cabalgan sobre el tema de la prevención de las
toxicomanías y no tienen relación con un quehacer profesional.