
Sergio Aníbal
Halsband |
Aspectos farmacológicos
de las politoxicomanías.
Resumen.
Con frecuencia, los adictos son consumidores de más de
una sustancia. Entre los distintos tipos de poliadictos el riesgo
más alto está en aquellos que prefieren una sustancia
pero usan simultáneamente otras para combatir los efectos
colaterales de la primera, lo que los expone a peligrosas interacciones
farmacológicas. Se examinan las interacciones más
importantes como las de la marihuana, las de estimulante-depresor,
con la producción de metabolitos de condensación
como el cocaetileno (cocaína más alcohol) y las
de depresor-depresor, que incrementan el riesgo de depresión
respiratoria.
Palabras clave: politoxicomanía. Interacción. Marihuana.
Anfetamina. Cocaína. Alcohol. Cocaetileno. Benzodiazepinas.
Opiáceos.
Introducción.
Las drogas de abuso, legales o no, comparten varios de sus mecanismos
de acción. A través de sus efectos sobre distintos
sistemas de neurotransmisión, como la dopamina, la serotonina,
los péptidos opioides, etcétera, Estimulan "centros
de recompensa" en el cerebro como el núcleo accumbens,
produciendo sentimientos de euforia. Los sujetos más vulnerables,
por factores genéticos y/o adquiridos tenderán a
volverse dependientes y adictos, y con frecuencia no permanecerán
fieles a una sola droga.
Es sabido que en nuestra sociedad la puerta de entrada más
importante es el tabaco, especialmente en la adolescencia, y efectivamente
son minoría los adictos que no fuman. Posteriormente acceden
al alcohol. El paso siguiente será para algunos las benzodiazepinas
(BZD) y para otros la marihuana y después la cocaína
y otras drogas. Un estudio epidemiológico concluye que
el 89% de los adictos a la cocaína también son dependientes
de otras sustancias, especialmente alcohol y marihuana (1). Este
ejemplo, es suficientemente revelador, sobre todo si se tiene
en cuenta que en éste y otros estudios no se consideran
la cafeína ni la nicotina siguiendo los lineamientos del
D. S. M. IV que las excluyen expresamente de los criterios diagnósticos
de abuso y dependencia de sustancias múltiples (2). En
otro estudio, enfocado en alcohólicos internados, el 61%
consumía también otras drogas en forma simultánea
en los 120 días anteriores al tratamiento. Sus características
respecto al 39% restante eran ser más jóvenes, solteros
y de sexo masculino. Las drogas más usadas junto el alcohol
fueron la cocaína, 60%, la marihuana, 51% y los ansiolíticos,
31%. Un 23% consumía alcohol, cocaína y marihuana
(3). Entre los predictores de la adicción a sustancias
múltiples son dignos de mención algunos diagnósticos
comórbidos, especialmente en el eje II, como el trastorno
de personalidad límite y el trastorno de personalidad antisocial.
También se puede tener en cuenta el consumo precoz de marihuana
y el abuso de alcohol antes de los veinte años. Estos últimos
configurarían un subgrupo de pacientes genéticamente
vulnerables al alcoholismo con tendencias antisociales y politoxicómanas
correspondientes al alcoholismo tipo II de la clasificación
de Cloninger (4). En cuanto a los intentos de clasificar a los
poliadictos, Yamasaki considera tres grupos en una población
de alcohólicos:
1) consumidores de alcohol exclusivamente
2) alcohol más drogas legales, como ansiolíticos
e hipnóticos.
3) alcohol más otras sustancias, como anfetaminas y solventes.
Observó que el grupo 1) y el 2), eran muy similares. En
cambio los del grupo 3 eran más politoxicómanos,
más antisociales y con mayores problemas familiares (5).
Schuckit aporta una clasificación muy interesante desde
el punto de vista conceptual. Distingue cinco grupos de acuerdo
a la modalidad de consumo:
1) Dependientes de una droga que usan otras sólo cuando
éstas son accesibles
2) Dependientes de una droga que usan otras cuando la sustancia
primaria no es accesible.
3) Los que prefieren una droga pero usan otras para combatir los
efectos colaterales de la primera.
4) Los que abusan de diferentes drogas en diferentes momentos
del día, por ejemplo estimulantes por la mañana,
ansiolíticos por la tarde e hipnóticos por la noche.
5) Los que no tienen preferencia por una droga y consumen la que
les es accesible(6).
Si bien para establecer la de mayor o menor gravedad son necesarias
otras especificaciones como tipo, dosis, frecuencia y vías
de administración de las drogas utilizadas, patologías
psiquiátricas comórbidas, etcétera, esta
clasificación nos permite efectuar una serie de reflexiones.
a) Los del tipo 2) (no tanto los del tipo 1)) serían consumidores
de más de una sustancia en forma sucesiva y no simultánea.
Un ejemplo pueden ser los veteranos de Vietnam que se habituaron
a la heroína en el sudeste asiático, donde era fácilmente
accesible, y de regreso a los Estados Unidos, en abstinencia o
en terapia con agonistas (metadona) tuvieran muy altos índices
de consumo de alcohol.
b) De los del tipo 4) no siempre revisten extrema gravedad ya
que a veces esta modalidad de consumo se establece intentando
mantener un ritmo de trabajo o estudio.
c) Con respecto a los del tipo 5) es más raro de lo que
parece encontrar adictos a los que les dé igual cualquier
tipo de droga. Entre ellos encontramos algunos esquizofrénicos
que buscan "automedicarse" con sustancias que estimulan
sus circuitos dopaminérgicos.
d) Los del tipo 3) son, con frecuencia, los más graves
desde el punto de vista de la adicción. Suelen ser adictos
"expertos", ya que conocen las combinaciones de los
efectos de las drogas. Obviamente los consumen en forma simultánea,
exponiéndose a interacciones farmacológicas, algunas
de ellas de alto riesgo, como la cocaína y el alcohol.
Interacciones farmacológicas entre drogas de abuso.
A fines de entender más acabadamente las implicancias
clínicas de las combinaciones entre drogas de abuso, se
examinan aquí algunas de las interacciones farmacológicas
más importantes, entre ellas. Las ordenaremos de la siguiente
manera:
1. Interacciones de la marihuana.
2. Interacciones estimulante-depresor.
3. Interacciones depresor-depresor.
Entre los estimulantes consideramos la cocaína y las anfetaminas,
y entre los depresores el alcohol, las BZD, los barbitúricos
y los opiáceos.
1. Interacciones de la marihuana.
Además de mencionar que se atribuye a la marihuana facilitar
la aparición de flashbacks cuando se administra conjuntamente
con alucinógenos (6) nos detendremos en las interacciones
de la marihuana con cocaína y con depresores.
1.1 Marihuana -cocaína: se ha detectado que la combinación
de ambas sustancias puede elevar significativamente la frecuencia
cardiaca hasta cerca de 50 ppm (7) aunque un estudio posterior
precisó que las alteraciones cardiovasculares (aumento
de frecuencia cardiaca y presión arterial) eran más
evidentes durante el desempeño de actividad que en condiciones
basales (8). Existen preparaciones para ser fumadas en forma conjunta
("bazuko").
1.2 Marihuana-depresores: en términos generales, la marihuana
potencia los efectos de los depresores del S. N. C., como las
BZD, barbitúricos, opiáceos y alcohol. Los barbitúricos
combinados con la marihuana pueden inducir alucinaciones (9).
La marihuana aumenta la amnesia y la incoordinación motora
producida por el alcohol, en forma aditiva y quizás sinergística,
con grave riesgo de provocar accidentes automovilísticos.
Pero el alcohol no altera los valores plasmáticos de tetrahidrocannabinol
(THC) ni la frecuencia cardiaca (10).
2. Interacciones estimulante-depresor.
Recordemos que estas interacciones se suelen dar en pacientes
graves que utilizan una droga para combatir los efectos colaterales
de la otra sin amortiguar la acción reforzadora y a veces
induciendo nuevos riesgos. Un estudio muestra que los que consumen
estimulantes más depresores utilizan más la vía
inyectable para los estimulantes y reportan más efectos
colaterales de los mismos que los que abusan de estimulantes solos
(11).
Revisaremos aquí las interacciones de las anfetaminas y
la cocaína con depresores del sistema nervioso central
como las BZD, los opiáceos y el alcohol.
2.1 Anfetaminas: se ha comprobado que el clordiazepóxido
antagoniza el efecto anorexígeno de la anfetamina (12),
lo que no es óbice para que en nuestro medio se receten
abundantemente preparados magistrales que incluyen en su fórmula
una BZD y un derivado anfetamínico, con el objeto de promover
reducción del apetito y del peso corporal.
Los abusadores de metanfetamina tienen mayor morbilidad psiquiátrica
y somática y mayor letalidad si además consumen
alcohol, lo que sugiere un efecto de sinergismo entre ambas sustancias
(13). Los alcohólicos consumidores de metanfetamina son
más propensos a sufrir alucinosis y tener una vida más
desorganizada que los que consumen sólo alcohol (14). En
el cerebro de ratas a las que se administró alcohol y anfetamina
en forma crónica se descubrió un producto de condensación
de ambas sustancias, la 1,3 dimetil-1,2,3,4-tetrahidroisoquinolina,
responsable de convulsiones y alteraciones comportamentales (15).
La anfetamina antagoniza la depresión respiratoria producida
por dosis moderadas de morfina (no en dosis elevadas), lo que
a veces puede aprovecharse en terapia del dolor. Pero también
es aditivo el efecto euforizante y mayor el potencial de abuso,
lo que obliga a una adecuada evaluación riesgo-beneficio.
Obviamente, esto no debe ser considerado un impedimento en el
caso de enfermos terminales. También se ha encontrado este
antagonismo en intoxicaciones de anfetamina y heroína (16).
2.2 Cocaína: la administración conjunta de cocaína
y heroína por vía endovenosa ("speedball")
tiene como objetivo potenciar y prolongar en efecto euforizante
y atemperar la agitación inducida por la cocaína.
Pero también aumenta el riesgo, ya que a elevadas dosis
ambas drogas deprimen el centro respiratorio, y se ha reportado
taquicardia e hipertensión con esta asociación de
sustancias (17).
En cocainómanos crónicos se ha observado hipersensibilidad
de los receptores GABA a las BZD. Estos sujetos respondían
con mayor sedación a la administración de BZD, a
pesar de tener menor concentración plasmática de
estas drogas que los controles. Se considera que es un efecto
adaptativo que se produce en el sistema GABA por la administración
crónica de cocaína. Estudios con tomografía
por emisión positrónica han detectado mayor hipometabolismo
de glucosa inducido por lorazepam en cuerpo estriado, tálamo
y corteza parietal (18).
En pacientes cocainómanos se impone para el clínico
la atenta vigilancia del consumo de BZD, que muchas veces se efectúa
por indicación médica.
Más graves aún pueden ser las consecuencias del
abuso concurrente de cocaína y alcohol. Es bien conocido
que esta combinación es utilizada con frecuencia porque
el alcohol alivia la excitación cocaínica y la cocaína
contrarresta los efectos depresores del alcohol. Pero también
se obtiene la potenciación y prolongación del efecto
euforizante de la cocaína.
Con la administración conjunta de alcohol, se han encontrado
aumentos en la concentración plasmática de cocaína,
posiblemente porque el alcohol, en agudo, inhibe su metabolismo
(19).
En presencia de alcohol, en el hígado, una parte de la
cocaína presente sufre una reacción de transesterificación
mediada por una carboxilesterasa hepática. El metabolito
resultante es la etilbenzoilecgonina , cocaína etiléster,
etilcocaína o, como es mejor conocido, cocaetileno (CE)
(20) (21).
El CE tiene propiedades fármacológicas similares
a la cocaína, pero su vida media plasmática es tres
a cinco veces mayor que la de la cocaína. Su letalidad
inmediata es dieciocho a veinticinco veces mayor, lo que es atribuible
a su toxicidad hepática, cardiológica e inmunológica,
de las que luego hablaremos. También tiene acción
proconvulsivante (22). En cuanto a su fármacodinamia, tiene
mayor selectividad con el transportador dopaminérgico y
menor afinidad con el de la serotonina que la cocaína,
la cual quizá se relacione con su intenso efecto euforizante
(23).
A nivel hepático, experiencias con animales demostraron
la producción de necrosis centrolobulillar dosis dependiente.
La cimetidina disminuiría este efecto del CE (24).
El CE es fuertemente cardiotóxico, tal es así que
se lo responsabiliza por la mayor cantidad de muertes producidas
por la intoxicación de cocaína y alcohol. Se han
reportado isquemias, infartos, hipertensión y arritmias.
Algunos recomiendan la detoxificación, con bromocriptina
y norepinefrina (25). Entre sus efectos cronotrópicos se
destaca el aumento de la frecuencia cardiaca (26). La toxicidad
ionotrópica consiste en un potente bloqueo de los canales
de Na+ en el miocardio (27), y un efecto ionotrópico negativo
de descenso de la respuesta miocárdica al Ca2+, con disminución
de la contractilidad del miocardio. Este último fenómeno
es dosis dependiente y mayor con el CE que con la cocaína,
y puede revertir con la administración de calcio o norepinefrina
(28).
Se considera que la letalidad por intoxicación con cocaína
más alcohol no se modifica con el tratamiento con nicardipina
o flunarizina, antídotos de la cocaína (29). Pero
parece disminuir parcialmente con buprenorfina, que desciende
la concentración de CE en el cerebro (30).
Como corolario, frente a una intoxicación aguda de cocaína
y alcohol, es obligatoria la realización de un electrocardiograma
y con hepatograma.
En lo que hace a la toxicidad inmunológica del CE se ha
detectado la reducción del volumen total del bazo y disminución
de la cantidad de esplenocitos (31), como así descenso
en la producción de interleukina 2 (32). Esto es especialmente
relevante para aquellos pacientes que ya padecen inmunosupresión
por otras causas, como el HIV.
3. Depresor-Depresor.
3.1 Alcohol-BZD y barbitúricos: Alcohol-BZD es la combinación
más frecuente entre dos sustancias depresoras. Tanto las
BZD como el alcohol actúan sobre el complejo GABAA , provocando
apertura del canal de Cl-. Las BZD ejercen modulación alostérica
positiva sobre el GABA a través de un sitio de acción
específico y actúan sólo en presencia de
éste, lo que hace que sean extremadamente raras las muertes
por sobredosis de BZD, siempre que no estén en combinación
con ninguna otra sustancia. El alcohol, por su parte, aumenta
la fluidez de membrana, sensibilizando los receptores y probablemente
también actúe como agonista del GABA a través
de un sitio de acción de baja afinidad. La acción
crónica del alcohol desensibiliza los receptores GABA-benzodiazepínicos
(33) (34). Este es el correlato farmacodinámico de la tolerancia
cruzada entre alcohol y BZD. Cuando ambas sustancias se administran
en forma conjunta, su letalidad por intoxicación aguda
es superior a la de cada una por separado. Se produce un efecto
aditivo sobre la depresión respiratoria y la incoordinación
motora (35).
Si el alcohol se administra conjuntamente con los barbitúricos,
su nivel plasmático desciende por inducción enzimática,
pero es más importante el efecto potenciador de la depresión
respiratoria, ya que una sobredosis mortal de barbitúricos
puede requerir niveles plasmáticos de 1 .0 a 1.5 mg /dl
pero en presencia de 100 mg/ dl de etanol puede bastar con 0.5
mil mg/dl (36).
3.2 Alcohol -opiáceos: También los opiáceos
tienen sinergismo con el alcohol en la depresión respiratoria.
Ambas sustancias tienen tolerancia cruzada parcial (37). El conocimiento
de la acción estimuladora del alcohol sobre los opioides
endógenos (principalmente ß-endorfinas y met-encefalinas)
abrió el camino al abordaje terapéutico del alcoholismo
con antagonistas opioides como la naltrexona y el nalmefene(38).
Conclusión.
Hemos visto que entre los diferentes tipos de poliadictos los
de mayor riesgo suelen ser aquellos que hacen abuso simultáneo
de dos o más sustancias. Esta modalidad es propia de pacientes
graves y de larga experiencia en el consumo. Tiene como objetivo
potenciar o prolongar la acción euforizante y/o más
importante, intentar neutralizar los efectos colaterales indeseables
de una de las drogas como sucede con las combinaciones de un estimulante
con un depresor.
En el caso de abuso concurrente y simultáneo de dos estimulantes
o dos depresores las interacciones son sinergismos de suma o potenciación
que, si bien son de mayor riesgo, en cuanto a su tratamiento en
la intoxicación y el seguimiento posterior en general no
difieren mayormente del abordaje del abuso de una de esas sustancias
por separado. En cambio en la combinación de un estimulante
con un depresor o alguna otra sustancia las interacciones son
más complejas, con la aparición de complicaciones
nuevas y a veces con la producción de nuevos metabolitos
por condensación entre dos drogas de abuso. A pesar de
la alta frecuencia en que se da este tipo de toxicomanías,
se ha investigado y publicado mucho más acerca del tratamiento
farmacológico del abuso de cada una de las drogas por separado
que del abuso concurrente y simultáneo de dos o más
sustancias.
Summary: Frequently, addicts consume more than one substance.
Between the different types of drug abusers, the highest risk
is in those who prefer one substance but take simultaneously others
to relieve the side effects of the first. This exposes them to
dangerous drug interactions. We examine the interactions of marihuana,
the interactions of stimulants-depressants, with the production
of condensation metabolites as cocaethylene (cocaine and alcohol),
and depressants-depressants, that enhance the risk of respiratory
depression.
Keywords: Polydrug abuse, interactions, marihuana, anphetamine,
alcohol, cocaine, cocaethylene, benzodiazepines, opiates.
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