| Panel: Psicoanálisis,
toxicomanía y modernidad |
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LOS QUE SE DROGAN POR SENTIMIENTO
DE CULPA.
Hablar de Adicciones implica hablar de problemas que se abordan desde un entrecruzamiento de practicas discursivas, desde el ámbito legal, social, psicológico, medico-psiquiátrico, etc.
Pensar en la Clínica Analítica, nos hace
pensar en “la regla fundamental”, y en la
abstinencia del Analista. ¿Pero como pensar “la
clínica de las adicciones “? Dicha clínica
cuenta con características particulares; analicemos
si estas merecen ponerse en juego en un tratamiento de “rehabilitación” para “adictos”.
Muchas escuelas de la Psicología obtienen resultados favorables, tal es el caso de las Comunidades Terapéuticas, donde se brindan tratamientos de internación para pacientes adictos. Estas Comunidades terapéuticas reciben aportes del Psicoanálisis, la Psicología Cognitiva Conductual, la Psicología Sistémica, y algunas de ellas desde una óptica religiosa.
Se caracterizan por el trabajo con operadores terapéuticos, ex adictos (ex pacientes) que se capacitaron como tales, y cuya función es trabajar directamente con los pacientes en una relación de iguales, de espejo, bajo el lema “si yo pude vos también tenés que poder”. Manejan los horarios, las normas y los premios de la casa.
Desde el ámbito legal, existe la ley federal 23737, que prohíbe la tenencia de sustancias ilegales y no así el consumo. En caso de que una persona fuera detenida, es obligada por el Juez a realizar tratamiento de rehabilitación, caso contrario se iniciará juicio con posibilidades de reclusión.
Los tratamientos ambulatorios toman aportes del psicoanálisis, suelen recibir otros además desde las otras ópticas; y a partir de allí se definen a los pacientes como usadores (aquellos pacientes que realizan un uso esporádico según las circunstancias); abusadores (aquellos en donde suelen encontrarse excesos de dosis en el consumo y el uso es mas continuo); y adictos (en donde el consumo pasa a ser el eje central de la vida del paciente, el uso es constante y continuo). En estos tratamientos se suele pedir abstinencia; de forma directa o indirecta, es decir “NO te drogues”.
En medio de tantas reglas, normas, prohibiciones y exigencias “superyoicas”; ¿Qué posibilidades tiene un sujeto de ser escuchado? Sujeto en el que podemos suponer se juegan fuertes premisas superyoicas.
Para tratar de responder alguna de estas preguntas, compartamos las siguientes experiencias.
Alberto es un joven de 20 años, de contextura delgada; consume pegamento fundamentalmente; alcohol y esporádicamente pastillas; desde hace 5 años aproximadamente. Expresa que no puede dejar de consumir, y que después de consumir se siente muy mal por haberlo hecho (culpa). En ocasiones cuando se encuentra bajo los efectos del pegamento suele pensar en sus padres; en esos momentos recuerda muy especialmente una escena: cuando era niño, su madre estaba teniendo relaciones sexuales con su amante; Alberto se encontraba tratando de dormir en otra cama en la misma habitación. Dice:“Mi vieja sabía que yo estaba despierto y no le importó”. “Esto me hizo mucho daño, mi vieja no tiene derecho”.
Aparentemente Alberto se habría excitado en esa escena, quedando atrapado en la misma (Pegado).
Con el correr del tiempo Alberto creció y tuvo su primer experiencia sexual, con una chica que trabajaba en su casa; relata que en el momento del orgasmo se imaginó que estaba teniendo relaciones con su madre y sintió asco. En la actualidad Alberto no tiene pareja y expresa que no tiene relaciones sexuales hace aproximadamente 2 años. Aparece así una de las funciones abusivas del súper yo, que radica en una protección tan celosa respecto del yo que conduce a comportamientos caracterizados por la inhibición; inhibición orientada a evitar el peligro abominable del incesto.
¡Volviendo a la pregunta ¿qué papel juegan las premisas superyoicas en las adicciones?; descubrimos aquí un Súper yo severo que hechiza salvajemente al yo con el llamado irresistible del ello a violar la prohibición y a disolverse en un éxtasis mas allá de todo placer. Esto se llama adicción, eso que va mas allá del placer. Según Lacan “El Yo acosado por el empuje superyoico llega a veces a cometer acciones de una rara violencia contra si mismo y contra el mundo”; esto representa tan solo satisfacciones parciales en el camino que lleva al sujeto hacia el espejismo de la satisfacción absoluta.
Según Nasio, el Súper Yo Tiránico es el heredero de un trauma primitivo; bajo la forma de un grito aterrador que condena, ordena y sofoca.
Ahora bien, ¿Qué papel jugaría en todo esto el sentimiento de culpabilidad?
La única culpabilidad decisiva en la vida psíquica, es el sentimiento de ser culpable sin tener paradójicamente, ninguna representación conciente de esto; en realidad permanece mudo para el enfermo; el sujeto no se siente culpable, si no enfermo. “Esto me hizo mucho daño, mi vieja no tiene derecho”; diría Alberto.
El sufrimiento de los síntomas expía una falta ignorada; el yo cae enfermo a fin de aliviar la opresión de ser inconscientemente culpable. Este sentimiento doloroso de culpabilidad consiste, desde un punto de vista económico, en una tensión intolerable, a tal punto que para liberarse, ocasiona la acción apaciguadora de un auto castigo mórbido (irreprimible necesidad de ser castigado). Estas acciones posibilitan localizar una falta desconocida que hasta ese momento carecían de representación; imperiosa necesidad de un nombre que la represente. “Me siento culpable por que no puedo dejar de drogarme”.
Freud en “Los que delinquen por sentimiento de Culpa”; nos dice que en las personas que delinquen, existe un intenso sentimiento de culpabilidad antes de cometer un delito, y no es por lo tanto una consecuencia del mismo, si no su motivo; como si para el sujeto hubiera constituido un alivio poder enlazar dicho sentimiento inconsciente con algo real y actual.
Del mismo modo ¿podemos pensar en un sentimiento de culpabilidad anterior a el consumo en Alberto?. Aparentemente la única posibilidad que nos queda es devolverle la palabra al sujeto, es decir escuchándolo. El analista, o terapeuta no debe representar o encarnar la ley, por que llevaría a comportamientos de fracaso en el curso de la cura.
Esto nos hace pensar en poner en juego la “abstinencia” del lado del analista y no del paciente, dejando en suspenso las categorías de Uso, Abuso y Adicción.
El Uso de sustancias genera una alteración de la función; y una inhibición tiene un nexo particular con la función y no necesariamente designa algo patológico, (limitación de la función). Abuso puede pensarse como un Síntoma?, ya que equivale al indicio (como diría Freud) de un proceso patológico, se trata de una desacostumbrada variación de la función, o de una nueva operación. A pesar de que estas instancias se generan en terrenos diferentes, una inhibición puede ser un Síntoma; a simple vista la diferencia fundamental radica en que en el síntoma hay una pregunta, y opera la represión; en la inhibición existe una renuncia a la función a fin de evitar conflictos del yo con el super yo y el ello. Así el Uso puede devenir en Abuso; no en síntoma, ya que un síntoma no puede ser consumo de sustancias como formación del inconsciente.
Pablo de 20 años, vive con su Padre; consume marihuana desde hace 6años, no tiene ocupaciones; nunca tuvo novia, y le cuesta relacionarse con las mujeres; estas lo incomodan y avergüenzan. Siente que no tiene erecciones hace mucho tiempo, le preocupa por creer que no va a poder tenerlas nunca. “Siento que tengo un nudo de la cintura para abajo, no tengo fuerzas para una erección”. No puede dejar de drogarse, a pesar de intentarlo de distintas formas; parece presionarse a si mismo, “cuanto mas intento dejar de fumar, mas fumo y peor me siento después”. Es aquí donde hace agua la premisa Superyoica “no te drogues”; relanzando al sujeto a drogarse.
Expresa que las exigencias vienen de su niñez, cuando vivía con su mamá, esta no lo dejaba salir a jugar con otros niños de su edad y solo debía dedicarse a estudiar, de otro modo seria castigado con un esfuerzo mayor. Hoy cuando Pablo se siente bien, tiene miedo por que supone que después tendrá que pagar sintiéndose mal. Así después de algunas sesiones, decidió empezar a trabajar como voluntario en un comedor infantil, para poder pagar su “sentirse bien”.
Lo que se conoce como adicción está siempre empapado de culpabilidad como forma de la angustia de castración; desde este súper yo severo que castiga al yo a partir de la culpa, angustia en forma de Culpa. La instancia Súper Yoica esta cargada de odio y de miedos experimentados por el niño en el momento de la resolución final del complejo de Edipo. Más tarde, el odio originario se volverá severidad sádica del Súper Yo y la Angustia sentimiento de culpabilidad.
Esta correlación entre conceptos parece estéril, si lo que tapa la sustancia no se pone en juego en el análisis. Retomando la pregunta ¿podemos pensar en un sentimiento de culpabilidad anterior al consumo de sustancias?. Aparentemente la única posibilidad que nos queda para encontrar respuesta a tamaño interrogante es escuchar al paciente; devolviéndole la palabra, permitiéndole cuestionarse como sujeto, retomando la regla fundamental; de otro modo el sujeto esta condenado a ser nombrado desde su “patología” y a tener nuevas recaídas, y solo desde allí enlazar una representación a su padecer. El uso de drogas configura una “conducta” y no una estructura clínica, confiere además una supuesta identidad que no pasa de ser una máscara que debe caer para que las verdaderas preguntas del sujeto se hagan oír.
Domingo P. Villarrubia Norri
Bibliografía:
Freud: Inhibición, Síntoma y Angustia.
Freud: Los que delinquen por sentimiento de Culpa.
Freud: El Yo y el Ello.
Nasio: El concepto de Superyó.
Lacan: El Superyó es el imperativo del Goce.
Nestor Braunstein: Goce
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