¿CUAL ES EL VERDADERO
OBJETO DE LA PREVENCION?
Desde aquellos tiempos en que los “discursos” en Argentina comienzan a virar desde el objeto droga al sujeto, allá en la década del 80 hasta hoy, han transcurrido, en el campo de la prevención de las adicciones, algunos avances y retrocesos que convocan estas reflexiones.
No ha sido un salto cualitativo de poca importancia superar aquel que centraba el objeto de la prevención en las sustancias. Pero lamentablemente, los efectos de aquel discurso, aun persisten en el imaginario social.
Esto se relaciona, como ayer, en la forma en que las noticias siguen llegando a la comunidad. Aquí los medios de comunicación, a pesar de los cambios tecnológicos significativos que han realizado en las últimas décadas, y otros, como el de convertirse en grupos empresariales oligopólicos dominantes, propietarios de editoriales y opiniones marginadas de objetividad, persisten en un formato donde las noticias referidas a las adicciones siguen sobresaliendo por las detenciones de personas mas o menos conocidas, secuestros y cantidad de drogas incautadas.
La presencia del objeto droga, a través de los medios fortalece en el imaginario social, prejuicios y distorsiones que impiden progresos para los trabajos preventivos mas profundos.
También persiste la ruptura informativa entre sustancias legales e ilegales. Este mecanismo opera como atenuante que impide comprender la expansión del consumo de sustancias legales como tabaco, alcohol y fármacos autoadministrados, como productores inconmensurables de enfermedades psíquicas, físicas y sociales.
Entre tantas consecuencias adversas, a los trabajadores en Prevención de Adicciones, les implica un esfuerzo enorme, en sus trabajos de campo, especialmente en la comunidad, desmontar esta construcción que los medios contribuyen a instalar sobre el imaginario social.
Esta desconstrucción, se convierte en tarea ardua y prolongada ya que, uno de los preconceptos enraizados socialmente y de mayor irreductibilidad sigue considerando a las “drogas” y su extendida comercialización ilegal, como la causa del creciente consumo y adicciones de las personas, especialmente, los jóvenes.
Estas “posturas”, encuentran aliados que colaboran para su sostenimiento. Referentes sociales significativos de la comunidad, erróneamente transmiten estas ideas asociadas al viejo refrán: “muerto el perro se acabó la rabia”.
Pero debemos mencionar algunos avances. La asistencia de las personas con problemas de consumo de sustancias legales o ilegales, se ha ido incluyendo en los ámbitos estatales municipales.
A fuerza de presencia creciente de referentes sociales locales, mas o menos organizados que han liderado el desarrollo de acciones preventivas , así como el aumento de la demanda de atención sanitaria, sumado al déficits de los organismos estatales superestructurales para dar mejores respuestas, se han ido desarrollando prácticas asistenciales ambulatorias, mas que preventivas, en los municipios.
Entre los avances, también merecen destacarse los importantes esfuerzos que emprendieron grupos de personas comprometidas en la búsqueda de cambios ante el creciente consumo. Estas organizaciones civiles con mayor o menor organización jurídica han desplegado actividades específicas o inespecíficas, direccionando sus acciones a padres, docentes o jóvenes que promovieron en sus localidades, mayor difusión y nuevas significaciones a la problemática de las adicciones.
Es cierto que pocas organizaciones civiles han resistido los devastadores efectos de trabajar gratuitamente, sin el debido apoyo estatal y muchas veces, sobrepasados por la impotencia que genera por un lado, la demanda creciente de asistencia y por otro, la falta de movilización de la sociedad para acompañar estos emprendimientos, que en sus inicios son entusiastas y numerosos, pero finalmente quedan en una minoría comprometida aunque paralizada, parodiando las clásicas reuniones de padres que convocan los docentes, donde concurren pocos y los que lo hacen, no tienen precisamente a sus hijos problematizados.
En este recorrido acotado donde debemos agregar que la problemática de las adicciones ha crecido en proporciones significativa en los últimos años, la preocupación sobre la eficacia de las acciones preventivas, merece ser atendida. Específicamente: el objeto de la prevención es un necesario punto de reflexión.
Definir el Objeto de la Prevención implica también precisar a los actores de la misma. Desde que lugar social y ético, proponen sus acciones.
Aquello de quienes somos, que queremos y que vamos a hacer es punto de partida para los emprendimientos preventivos, que estará atravesado por una postura ética, que determinarán las acciones.
También debemos decir que objeto y objetivo, en prevención de dicciones, van de la mano.
Objeto es un instrumento y objetivo, los distintos sectores de la sociedad con quien se comparte un proceso preventivo.
Nos acercamos a necesarias precisiones sobre las que debemos profundizar.
Un proceso preventivo, requiere actores que ejecuten los objetos y objetivos propuestos y actores receptores del mismo. A la vez ambos son parte indisociada del proceso, (ya no lo denominaremos acciones) o en todo caso, serán parte diferentes e integradas del proceso.
El objeto, instrumento del proceso preventivo es LA PALABRA, pero en su dimensión ética de SER ESCUCHADA. Queda así definido el objeto de la prevención como: CIRCULACIÓN DE LA PALABRA en un proceso preventivo.
Esto implica dispositivos de intercambios entre las personas o las Instituciones que actualmente se han debilitado por imperio de la dinámica cultural que nos atraviesa, donde tiempos de contemplaciones, encuentros, escucha y reflexiones, sucumben frente al vertiginoso ritmo de una vida diaria que, silenciosa pero constantemente, opera a favor del aislamiento, distancias o separaciones de los intercambios interpersonales.
Hablar de Prevención de las Adicciones es referirnos a la puesta en marcha de un instrumento, que es la palabra, pretendiendo en su circulación: escuchar y ser escuchado. Dejar en el otro algo propio y viceversa.
Desde este dispositivo, será posible arribar a transitorias o definitivas conclusiones que pondrán en marcha acciones preventivas específicas, en un proceso continuado y en el mejor de los casos, de larga duración.
Sabemos que muchas veces los actores ejecutores de acciones preventivas, no utilizan este instrumento. A veces, la palabra, como soporte de ideologías totalitarias, operan como obturadores que cierran el circuito comunicacional, abortando con ello los saludables procesos preventivos.
· Así sucedía cuando el objeto de la prevención era, como recordábamos al inicio de estas reflexiones, la droga.
· Así es cuando el discurso de los medios de información, clausuran la comprensión y profundización del tema.
· Así es cuando el proceso preventivo se constituye exclusivamente con fines políticos partidarios.
En la clínica asistimos a sufrimientos extremos de personas, a quienes les faltó palabras. Esta inscripción de no-palabra, deja erosiones y capacidades debilitadas en el entramado simbólico del sujeto.
El conocido “esperar que el consultante, supuesto adicto, se transforme en paciente” refiere a la posibilidad de poner en palabras su sentir, su querer y no querer. Esto se transforma en núcleo subjetivo de salud.
De la misma manera sucede cuando la sociedad, las Instituciones o la familia, escuchan y son escuchados. Se activa éste núcleo de salud, que deja de ser solamente individual, convirtiéndose en social.
Esta salud social es la que en definitiva procuramos las personas y cuando las Organizaciones Civiles u Organismos Gubernamentales proponen desde este marco ético, sus proyectos preventivos a la sociedad, aumentan las posibilidades de éxito.
Esto esencialmente significa que las personas, en un proceso preventivo que funciona con este saludable dispositivo de permitir la circulación de la palabra, puedan decidir y sostener las mejores acciones para sus escuelas, sus barrios o su comunidad.