| Panel: Comunicación
y discurso social |
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UN DEBATE ACERCA DE LOS DISCURSOS
DE LA ADICCION.
El presente artículo se basa en un trabajo de investigación realizado hace dos años en el Ce.Na.Re.So. La idea es compartir los resultados del mismo con el fin de generar un espacio de discusión respecto de los discursos que instituyen y conforman la subjetividad adictiva.
Pensamos que instalar la discusión sobre los discursos dominantes en la construcción de un imaginario adictivo, es la vía regia para pensar estrategias de trabajo clínico y preventivo.
El estudio se realizó con material obtenido de entrevistas en profundidad a dos grupos diferentes: uno conformado por jóvenes en tratamiento en el Servicio de Centro de Día del Ce.Na.Re.So., y otro por jóvenes sin tratamiento por consumo de sustancias (grupo control). Los registros de las entrevistas fueron textuales y en todos los casos se privilegió el discurso espontáneo de los sujetos.
La estrategia de análisis se basó en la descripción de los aspectos temáticos, formales y estilísticos de los diferentes discursos, a los fines de visualizar la posición del autor (el sujeto adicto) respecto de la palabra “ajena”.
El trabajo planteó diferentes hipótesis:
- La de una subjetividad adictiva, como efecto del entrecruzamiento de distintos discursos “ajenos” (el discurso de las ciencias en general, el discurso del derecho, el represivo policial y también el del sentido común). Estos enunciados ajenos conservan su unidad temática y por momentos estilística, a pesar de las normas sintácticas elaboradas por el autor del discurso a los fines de integrarlo al discurso del autor. Es así, que el “discurso ajeno” aparece como enunciado del otro sujeto pero transferido al discurso autorial, al modo de una “traducción” que permite entrever la posición del autor, su valoración de la palabra ajena.
- La pluralidad de discursos sobre “la subjetividad adictiva” supone sustituir una concepción monológica de la identidad adictiva, por una concepción dialógica de la alternidad, cuyos componentes (enunciados, palabras, del Otro) permanecerían siempre separados, diferentes, inasimilables (aunque como veremos más adelante, este proceso sea independiente de la conciencia del autor del discurso respecto de la ajenidad de los enunciados que pronuncia).
- La subjetividad adictiva se nos presenta entonces, como entramado y polifonía de voces y valoraciones del Otro, cada una de las cuales busca imponer su sentido. Lo que llamamos subjetividad adictiva es el resultado de esta lucha: una formación de compromiso al modo del síntoma freudiano.
Analizamos el material de las entrevistas como si fueran textos. Por lo cual apelamos a la lengua castellana y a la distinción de los tres procedimientos para la reproducción de un discurso ajeno: el Estilo Directo (ED), el Estilo Indirecto (EI) y el Estilo Indirecto Libre (EIL). Cada uno de estos estilos tiene formas gramaticales específicas para representar la palabra ajena.
En el ED la reformulación o reconstrucción de un discurso conserva los deícticos (expresiones que se refieren al hablante, a su interlocutor, y al tiempo y espacio en que se produce la enunciación) de ambas voces: la del hablante y la del “otro” discurso. Sus voces no se confunden, sino que aparecen claramente diferenciadas.
El EI es una suerte de “paráfrasis” del discurso ajeno: el sistema deíctico solo pertenece en este caso al hablante, y su enunciación implica una reformulación, principalmente del contenido del discurso reproducido. En el EI las palabras del Otro son interpretadas por el autor del discurso e implican una readaptación fundamentalmente estilística del discurso reproducido.
Veamos un ejemplo que clarifique la diferencia entre ambos estilos: En ED, podemos “repetir” expresiones que no asumimos: por ej, si alguien llama a otro “ladrón”, podemos citarlo en ED, repitiendo la palabra sin arriesgar ninguna opinión nuestra. En cambio en el EI, podemos elegir la expresión, y si volvemos a usar la palabra “ladrón”, la responsabilidad de la calificación pasa a ser nuestra.
Con este marco de análisis, hemos distinguido en el habla de nuestros entrevistados, tres tipos de relación con el discurso ajeno, basándonos en las “estilizaciones” que los sujetos hacen de dicho discurso.
Consideremos estos fragmentos, extraídos de las entrevistas con los pacientes:
“En una gira, eh…se que al otro día voy a estar deprimido, acostado en una cama sin ganas de levantarme, sin ganas de ver a nadie, sin ganas de hablar con nadie…..eso quiere decir que uno es masoquista”.
“Si porque pensar, no pienso, bah el que se droga no piensa, siente y actúa, no piensa, no piensa en consecuencias, quiere droga y bue, hace cualquier cosa para conseguirla”
En el primer fragmento, las marcas de la ajenidad están representadas por la sustitución de la primera persona del enunciado (yo) por el pronombre indefinido (uno es), y en el segundo fragmento, por el impersonal (se…)
El uso del pronombre indefinido o del impersonal otorga al enunciado un fuerte carácter ideológico y normativo. Ambos usos gramaticales suponen la existencia de un saber compartido por un conjunto indeterminado de sujetos (el “uno” como parte de un conjunto, el “se”…como característica universal). Supone la existencia de todo un “coro” de destinatarios escuchando y reconociendo unánimemente la experiencia relatada.
El valor de verdad del enunciado reposa en su carácter plural, casi diríamos universal. El enunciado es verdadero porque es reconocido por toda una comunidad. En este caso el autor, vuelve ajena su propia palabra para darle un estatuto de verdad. Subordina su propia palabra a la palabra ajena. El discurso autorial se diluye en un discurso universal objetivante.
Veamos otra posición respecto de la palabra ajena:
“Porque…, debe ser que es, como me dijo una psicóloga, quizás ¿no?. Esteee, el subconsciente guarda los primeros momentos de la cocaína…que me sentía rebien, que ya después no me pegaba igual, cuando me perseguía. Pero al guardar ese recuerdo….no se decirlo exactamente con las mismas palabras que me lo dijo ella…es como que buscaba inconscientemente ese momento de placer…si, algo así, me explicó, yo no se si soy clara..”
“Y ahora estoy mucho mejor. A pesar que…bueno, yo no tengo, los psicólogos todavía me dicen que no empecé el tratamiento, que..o sea, yo me empecé a drogar por una razón….y esa razón está intocable. O sea, todavía no pudieron dar, sobre eso”
Estos enunciados son ejemplos de un discurso de tipo indirecto con funcional evidencial: el autor también asume lo que dicen otros como si fuera propio, pero haciendo notar que lo dicen otros. (me lo dijeron…) Se percibe una cierta restricción sobre el valor de verdad de lo que se dice. Lo “que se dice”, parece ostentar un carácter menos normativo que en el caso anterior, opera como un garante de un saber sobre el autor, y viene a reemplazar en su lugar a un enunciado autorial suspendido.
Veamos, lo que sucede en este otro fragmento:
“Yo no creo que todos los drogadictos piensen de la misma manera, porque somos todos individuos diferentes, pero a todos nos pasa lo mismo, a todos más o menos nos pasa lo mismo, con todos los que hablo, las cosas viste, hay sensaciones que son muy parecidas en muchos aspectos”
En este enunciado aparecen distintas voces que expresan posiciones subjetivas diferenciadas, aislables en las vacilaciones del discurso: son la dudas o comentarios respecto de la palabra ajena. Los enunciados hegemónicos entran en conflicto con percepciones del autor del discurso, debilitando el carácter compacto del discurso ajeno. La voz del autor se separa de la voz ajena.
En síntesis, las distintas modalidades de relación con la palabra ajena expresan posiciones subjetivas diferenciadas. La diferencia está dada fundamentalmente, por el grado de distanciamiento del autor respecto de los enunciados provenientes del otro.
- En el primer caso, el discurso autorial se funde con el ajeno, del cual extrae su valor de verdad. Autor y personaje (el adicto) se confunden en un enunciado que los contiene en tanto condición pretendidamente “universal”. El autor reformula los lugares comunes, las creencias de toda una colectividad fusionando su voz con la de todos, asumiendo el punto de vista de los otros. La estructura discursiva es prácticamente monológica.
- En el segundo caso, el valor de verdad sigue dependiendo de la ajenidad del discurso, pero esta se reconoce como tal. Su estructura es más dialógica que la del caso anterior.
- En el tercer caso, la palabra del autor entra en conflicto con la palabra ajena. El carácter bivocal, dialógico de los enunciados aparece claramente.
Por supuesto que estas posiciones son “ideales” en el sentido que cada una refleja un “tipo” determinado y específico que no siempre aparece como tal en el hecho mismo del discurso. Por el contrario no es raro que se presente combinados a lo largo de una misma entrevista, aunque respetando ciertos patrones. Por ejemplo, en las entrevistas en donde la tercera posición es la predominante, es raro encontrar enunciados del primer tipo, pero no tanto del segundo; la primera posición excluye prácticamente a la tercera pero no a la segunda.
Este trabajo no intenta explicar las causas o los determinantes de uno u otro tipo de estilización, sino más bien observar la “permeabilidad” que ofrecen los discursos instituidos de la adicción, con el fin de repensar estrategias o caminos de abordaje que den cuenta de las variadas formas en que el fenómeno de las adicciones se presenta y desarrolla. En tal sentido es claro, que en lo que respecta a nuestra tipología, la estrategia a emplear difiere para cada uno de los casos.
Por ejemplo, para el primer caso (posición monológica) imaginamos un abordaje clínico que tenga como meta lograr un mayor distanciamiento respecto de la “subjetividad adictiva” instituida, dado que cuando más polifónico es un discurso, menor será la certeza y mayor la posibilidad de poner en crisis los modelos identificatorios.
En cuanto al abordaje preventivo no podríamos esperar saldos positivos de ninguna propuesta que apunte a la estigmatización de los sujetos y de las sustancias. En tal sentido, se observa que muchas ofertas de prevención tiende a reforzar cierto imaginario apelando, por ejemplo, a la utilización mediática de casos ejemplificadores que relatan la negatividad del encuentro con las drogas.
Pensamos, que una intervención se torna preventiva si logra incentivar la discusión (construir polifonía) acerca de los supuestos a partir de los cuales se construye la subjetividad adictiva. Porque cuanto más permeable es un discurso, mayor es la posibilidad de adoptar una postura reflexiva y crítica respecto del mismo; en cambio, cuanto más hermético y más homogéneo se nos presenta, menor es la posibilidad de poner en crisis su hegemonía.
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