| Panel: Psicoanálisis,
toxicomanía y modernidad |
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EN DONDE RADICA LA PRINCIPAL DIFICULTAD
DEL DISPOSITIVO ANALITICO EN LA CLINICA CON PACIENTES
ADICTOS?
Este trabajo surge a partir de la observación de la llegada a nuestros consultorios con problemáticas de acción, puesta en escena, que aunque vengan re-cubiertas de palabras, nos enfrentan justamente con los “límites” de la palabra por exceso o por defecto, qué quiero decir con esto?
No estamos en el campo del síntoma, o bien, no estamos trabajando con formaciones del Inconciente, estamos pues en el campo de la acción, que produce efectos en el analista y llama a una intervención diferente.
Me escucho muchas veces decir que “hay que poner el cuerpo”. Esta constatación clínica, el “cara a cara” arma un escenario y acentúa la transformación de la escena en un espacio mostrativo: gestos, movimientos, gritos, miradas, caricias. Derroche de imágenes y estímulos perceptivos que suelen además convertirse en obstáculo para el pensamiento.
La mirada es llevada a primer plano. La oreja, evocadora de la escucha analítica, ya no basta. El ojo queda comprometido..
El acting en relación a la transferencia es el resultado de la conjunción de Eros y Tánatos, es decir, que además de los componentes destructivos, otros sostenidos por la pulsión de vida, le darían un carácter organizador e integrador, cuando el analista pueda trabajar con este fenómeno, que fundamentalmente es una mostración.
Dado que es una producción psíquica, no lo es al modo de las formaciones del Inconciente, como el síntoma, el sueño, el lapsus.
En este punto, debemos considerar como eje central en las “actuaciones” el modo de tramitación de la angustia, sin olvidarnos del valor de los duelos, trabaja el “actuar” profundizando el desarrollo, en tanto surge relacionado con la transferencia y la resistencia, como el conjunto de acciones realizadas por el paciente y la estrecha relación que une duelo, angustia y dolor. Qué ocurrió frente a las pérdidas?
El despliegue de conductas, nacen de un campo propicio sembrado en la historia singular y familiar que lo antecede. De aquí puede desprenderse que la o las respuestas que encuentre en su apelación al Otro, facilitarán o dificultarán vías de resolución diferentes, y con diferentes consecuencias en cuanto a la gravedad de sus padecimientos.
Es necesario pensar que esta “puesta en escena”, en lugar de “reproducir verbalmente en la cura”, pone en juego lo fallido a través de la vía de la acción, y que se trata de una forma particular de resolución. Tiene por función operar tentativas de reagrupamiento de elementos dispersos del psiquismo y alertarnos acerca del peligro de categorizaciones congeladas.
“El hecho de que nuestro tiempo sea testigo de una mutación de lo simbólico puede observarse especialmente en la evolución de la jerga popular en el sentido de una des-metaforización: las estructuras con síntoma (neurosis, psicosis, perversiones) portadoras de sentido, de metáforas, se verían progresivamente desplazadas por estructuras con prótesis: bulimia, anorexia, toxicomanía. Lo que está en juego se desplaza del sentido a las sensaciones, el cuerpo no es tanto una sede del lenguaje sino más bien un receptáculo de productos o una superficie con cicatrices. La dinámica se desplaza del lenguaje sintomático hacia un movimiento reflejo, repetitivo y mecánico, incluso muscular, incesante, entre el vacío y lo pleno, entre el todo y el desecho, entre el demasiado o el no-suficiente de un producto prótesis del narcisismo: alimentos, drogas, medicamentos.” (F. Geberovich)
Es interesante un concepto de Joyce Mc Dougall. Ella habla de acto-síntoma. Lo define como cortocircuito, un acto que transformando la palabra y el pensamiento verbal (lo cual nos conduce a un mal funcionamiento del preconciente), toma el lugar de una elaboración mental. El acto-síntoma intenta descargar lo más rápidamente posible toda tensión creada por sucesos interiores o exteriores. Esta tensión no es función solamente de estados afectivos penosos. Para no enfrentar un desborde afectivo, recurrirá al actuar para dispersar la tensión movilizada por representación sobrecargada de afecto. Esto incluye también al registro económico. Es al mismo tiempo un retorno a la forma de equilibración del niño pequeño, pero aquí nos hallamos frente al desamparo original del cachorro humano, sin acceso a la palabra, que no puede responder más que con el actuar. En este sentido va a depender de la madre, ya que en esta etapa de la vida ella es el aparato de pensar de su bebé. Si la respuesta que ella da le impide la posibilidad de modificar el sufrimiento físico o psíquico de su niño, este corre el riesgo de verse empujado a actuar, incluso a somatizar. Pero qué ocurre con adolescentes y con adultos?
Qué nos ocurre desde el lugar del analista?
Cuál es la posición del analista?
Aparece aquí el concepto de contratransferencia, concepto subordinado a aquellos que se consideran nucleares en la estructura teórica del psicoanálisis. Empiezan a resonar los conceptos de neutralidad, abstinencia.
La podemos definir como respuesta del analista a las transferencias del analizado. Formalmente es una solución. Nos hallamos frente a una manera de definirla, como perturbación a superar para recuperar la neutralidad perdida o un atrapamiento circunstancial.
En los casos que nos ocupan, particularmente, estamos frente a un tipo particular de reacción (de reacción pasiva, si se puede decir: no nos sentimos pasivos, sino “pasivados”) cuando el paciente transfiere en nosotros más que sobre nosotros, para liberar, su locura privada, su fuerza destructora.
Por momentos nos sentimos paralizados en nuestras capacidades, en nuestros pensamientos, absorbidos por el dolor de ya no ser capaces de representar, asociar, de no sentirnos otra cosa que lo que el paciente “hace” de nosotros. No es un papel que nos asigna, nos alcanza en nuestro ser. Hay que recuperarse, recuperar los propios pensamientos, porque aparecen como barridos.
La mostración que se nos propone, casi como provocación, “con-mueve” y cuestiona al analista ( y digo cuestiona, y no interroga), pues interroga queda más del lado del poder pensar, reflexionar, y, en cambio, cuestiona del lado de la angustia, que queda del lado del analista. La tarea será, frente a la pulsión de muerte que desliga, la de provocar ligadura simbólica.
Nos encontramos en un “a trabajar”, retomando la metáfora freudiana, por “vía di porre”, no solo “por vía di levare”, a veces olvidado por el psicoanálisis y cuestionado por el mismo Freud.
En qué medida el analista deberá posibilitar al paciente la inscripción de aquello que nunca la tuvo y que alude a traumas sin nombre, a aquello que será incapaz de acceder a la representación verbal, si esta no es proporcionada en el proceso analítico?
Durante estos momentos lo que hacemos es “sostener”, con todos los deslizamientos que el concepto ofrece; podríamos nombrarlo como “función de sostén”, “terapia de amparo” por oposición al desamparo en que se encuentra el paciente.
Cómo definir los aspecos esenciales de ese proceder terapéutico?
Fundamentalmente por presencia, relativamente silenciosa, una presencia que “aloje” al paciente, y donde los afectos se hallan comprometidos.
Dos variables a trabajar: el Espacio y el Tiempo.
El Tiempo es siempre perentorio; la impaciencia, la urgencia caracteriza la situación, dentro y fuera del consultorio. El Espacio, aparece desdibujado, se hace necesario “delinear” un espacio propio.
Disponemos y utilizamos un conjunto de intervenciones verbales y no verbales y “actos”. A veces, palabras de reconocimiento de su sufrimiento, que no se presenta como tal; palabras que señalan nuestra presencia frente a los sentimientos que vive el paciente, pero también expresan nuestra irritación, nuestra fatiga y molestia (efectos que producen).
En este sentido, no toda respuesta emocional es contratransferencia actuada, pero será necesario que las respuestas emocionales del analista sean situadas en el horizonte del proceso y de la interioridad del analizado.
Considero que tenemos que cuestionarnos muchos puntos, no defender dogmas. Reveer constantemente las concepciones del analista