| Panel: Control
de drogas. Control social? Legislación
y encuadre jurídico |
|
TOXICOMANÍAS Y CONTROL SOCIAL
Las problemáticas humanas de este momento histórico se definen por su alto nivel de complejidad, acompañadas por un desarrollo tecnológico y científico que nos acerca cada vez desde ese aspecto y nos aisla del humano. De allí que algunos hechos, ideas, costumbres que han acompañado al hombre en todo su devenir, frente a la multiplicidad de factores que se interconectan, hoy tienen nuevas significaciones e interpretaciones. Estas construcciones sociales se enmarcan dentro de un contexto histórico que les da un sentido y valoración por lo que es necesario plantear algunas disyuntivas frente al control social y sus novedosas y variadas formas.
Es importante definir algunos conceptos principales que condicionan la acción humana que aportan esos significados. Es así que las formas de lograr el disciplinamiento social u ordenamiento desde una visión organizativa de dicha sociedad se logra a partir de formas de control manifiesto o latente. Desde su necesidad de establecer límites y conveniencias, define además, lo inconveniente y lo peligroso o amenazante para dicho proyecto. Estas formas de regulamiento social permanecen en la historia desde que los hombres intercambian y se comunican cualquiera haya sido el modo de concretarlo. Además, los problemas humanos se definen más por su control que por su despliegue real. Es el control social él que en general da pautas, delimita, recorta, parcializa, avanza o retrocede según las reacciones de la sociedad y la construcción que se realice en cuanto a un problema dado. La historia del hombre es la historia de su control por parte de las estructuras de poder que lo rodean y le dan significado a su acción.
En el mundo de hoy hay numerosos abordajes sociales, científicos, legales entre otros, de ciertas conductas humanas que requieren una revisión o lecturas que aporten elementos de análisis más complejos o abarcadores superando una mirada parcializada de los problemas que nos afectan y que desatienden la multiplicidad de condicionantes que se ponen en juego para definir aquello que es lesivo, anormal, enfermo, sospechoso, peligroso, amenazante, en definitiva, sujeto de control. La historia muestra que en la mayoría de estas definiciones, la construcción de estas categorías están impregnadas de ideología, es decir, de un modo de considerar al otro, de una cosmovisión acerca del semejante o del diferente, lo que define según la misma, la acción a concretar o su definición: segregación, institucionalización, enfermedad, tratamiento, estigmatización, integración, continencia, resocialización entre otras numerosas y variadas formas de definición que convalidan o justifican dicho abordaje.
Al respecto, basta revisar algunos ejes centrales de nuestra historia moderna que definen el problema y por ende la solución. Así, cuando la historia marca como ejes de la modernidad la libertad y la razón, alerta además, sobre los peligros que constituyen sus contrarios y programa el castigo: el delito con privación de libertad por el avasallamiento de la misma, y el mismo dispositivo (segregación)para quién pierde la razón, es decir, para la “sin razón”.
El sujeto de la historia es el principal actor que a partir de los cambios en su devenir ha modificado sustancialmente su subjetividad, es decir, su mundo interno con relación a su contexto, él que irremediablemente constituye la fuente de datos que intervienen en el complejo proceso que lo adapta al mundo exterior. Las necesidades surgidas de ese momento y de ese lugar van configurando las que luego se instalan como formas de vida, de comunicación, de intercambio e interpretaciones.
El consumo de estupefacientes ha acompañado al hombre en más de un hecho significativo en su devenir. Frente a la divinidad, frente a los peligros, frente a la enfermedad han existido siempre formas de consumo o utilización de sustancias que modifican la conciencia para lograr alguno de esos fines. Sin embargo, han permanecido aceptadas hasta tanto no amenazaran algún proyecto social lo cual las posiciona en otro ámbito y bajo otro discurso de control más rígido y sancionador como es el discurso penal. Cada problemática que cae en esta esfera, se enmarcarca dentro de una consideración de peligrosidad, lesividad, riesgo, transgresión o delito. Por ello requiere de más control y más castigo aunque se reconozca que el consumo, desde el punto de vista dogmático, no es delito dando lugar a una tensión entre lo público y lo privado y el rol del Estado en este aspecto. Es por estas variaciones históricas que el consumo de drogas se define según el momento y de acuerdo al grado de amenaza simbólica que se le otorga en tanto no importa su valor químico de la sustancia sino la representación social que asume
.
Cuando el control requiere de fundamentación, sólo basta agregarle un componente de “peligrosidad” que lo justifique. Si bien cuando en la década de los 60 se intensificó el consumo por parte de los jóvenes, las adicciones no se relacionaban a los delitos convencionales, pero de igual forma la represión surgió desde lo penal. Luego se asoció a lo “subversivo” con más justificación del castigo o represión hasta que gradualmente el comercio de la droga se expande a sectores sociales populares. Hoy es conocida la asociación de drogas y delito lo cual en sí mismo no es un dato explicativo de la violencia, sino que la lectura excede este aspecto para ampliarse a los déficits de socialización que gradualmente se van asociando el consumo a la transgresión legal. En este caso, dicho consumo es la consecuencia de numerosas carencias anteriores que desembocan en la violencia.
Si bien hay numerosas explicaciones desde las diferentes ciencias que abordan el problema que van desde los aspectos autodestructivos, la violación de la norma en la búsqueda de la autoridad o de los límites, estos enfoques que se definen desde el ámbito de lo individual, él que sin dudas es esencial, pero deben contemplar otros aspectos estructurales que han predominado en la sociedad moderna a través de sus formas de control transformadas en discurso terapéutico o tutelar. En ambos casos y en nombre de dichos argumentos, se cometen avasallamientos insospechados que sostienen posiciones autoritarias. Este nuevo “diferente “ sujeto de control” de la historia que no casualmente es un “adolescente” o joven, al que es difícil contener dentro de las actuales condiciones de las instituciones de socialización habituales o tradicionales. La familia y su larga trayectoria muestra que actualmente está imposibilitada de asumir nuevas demandas con escasos recursos vinculares y emocionales, a su vez modificados dentro de una estructura macro social y económica. Frente a dichas dificultades apela a otras instancias sean de tratamiento o castigo que la liberen del problema. El discurso médico es a veces, funcional al judicial lo cual permite una doble estigmatización social que lesiona la subjetividad. Debe remarcarse que las víctimas a controlar a raíz de esta problemática (consumo de estupefacientes) son siempre los adolescentes y jóvenes en tanto en la franja de los adultos no es objeto, en general, de persecución penal excepto cuando se trata de delitos más complejos y de mayor organización para lo cual sólo se atiende el aspecto delictivo, no el tutelar ni terapéutico.
Si no se atiende el aspecto geopolítico del problema y sus complejidades, retornamos a un discurso sesgado, descontextualizado que no permite anudar orígenes y consecuencias. Recordamos que la drogadicción como fenómeno llamativo surge en sociedades donde la expansión colonialista y más tarde capitalista, favorece nuevos mercados de productos que fueron extraídos de otro contexto cultural con otras significaciones para ser empleados con otras finalidades. Lo que era cultural y ancestral se convierte en elemento de placer o diversión. Despojado de su significación originaria, es un elemento más de consumo que alienta su mercantilización o comercio y su demanda lo transforma en elemento de consumo. Sin descuidar los aspectos señalados desde lo individual o subjetivo, la masificación de las drogas forma parte de un planteo general geopolítico que nos posiciona como ha sido históricamente, en el lugar de la sospecha desde lo geográfico y desde lo étnico: latinoamericanos = narcotraficantes, lo cual justifica el control de las potencias mundiales en forma invasiva con ese fundamento..
Dentro de este panorama, hubo que desarticular las formas habituales de contención para que la droga ocupara un lugar de satisfacción de carencias y de vaciamiento que paulatinamente ha afectado a los grupos tradicionales de contención. La estrecha relación entre los modelos productivos y su impacto en lo vincular queda expresado en las víctimas de los procesos económicos que sumieron a la sociedad en espacios desconocidos de peligro, miedo, represión, vulnerabilidad y por ende, autoritarismos logrados a partir de dichos modelos. Son modelos que históricamente contienen un modelo de hombre: productivo o desechable, es decir, institucionalizado o segregado, un modelo de hombre colonizador o dueño de las verdades o colonizado o dependiente y responsable de todos los males, globalizador o dueño de las riquezas, o globalizado o excluido de la concentración.
Nuestra tarea desde las Ciencias Sociales es un imperativo urgente en cuanto a la incorporación de ideas, métodos y prácticas que nos acerquen al sufrimiento humano hoy reflejado en numerosas situaciones de victimización: frente al Estado, frente al poder, frente a las políticas, frente a las mayorías, frente a los adultos, frente a las ideologías, frente a las adicciones de la globalización, De lo contrario, cualquier diferencia o definición al amparo de las disciplinas puede significar una acción despiadada de exterminio o exclusión con una amplia gama de variaciones y justificaciones (discriminación, desvalorización, segregación, negación, silenciamiento, tutela,). Peor aún, la mayoría de las veces esta dinámica que constituye una enfermedad de las sociedades (discriminar por cualquier motivo de moda), y de los seres humanos frente a sus semejantes, está avalada por una gran cantidad de argumentos pseudocientíficos que convalidan la acción. No debemos olvidar que las ciencias humanas se han ocupado y se ocupan del desbrozamiento de la problemática humana con aportes que muchas veces han resultado fecundos desde lo interpretativo y además, decodificando críticamente las formas de mediación cognitiva y valorativa que intervienen en la construcción de saberes y de las prácticas que subyacen. Las mismas son el resultado de múltiples espacios de intercambio individual y colectivo los que han sido analizados desde la psicología, la antropología, la sociología o la lingüística entre otras disciplinas las que han dado cuenta de la complejidad de este mundo de intercambios, de mediaciones y de interpretaciones que construyen y configuran los diversos modos de pensar, sentir, y vivir. Pero estas mismas disciplinas a veces han callado lo que deberían haber develado. También se las puede analizar desde el silencio frente a tanto avasallamiento humano. Finalmente, desde estos conceptos vale recordar que hay mucho por rever y decir de un mundo que discrimina desde diferentes ejes y categorías desde las que hay que resaltar algunas muy llamativas sobre las que aún no hay suficiente palabra sino “adicción”: etnocentrismo, adultocentrismo, homocentrismo generadoras de un alto nivel de dependencia sin que hasta el momento haya atenuado las formas nuevas y viejas de sufrimiento humano.