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Panel: Comunicación y discurso social
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Hermes Millan Redin

Los discursos sobre las drogas y la teoría del discurso

Todos lo que se expresa sobre las drogas y las adicciones, en tanto actitudes y decires, se presentan a la manera de discursos. El discurso puede estar compuesto de palabras, argumentos y también de grafías e imágenes.

Asumimos en ese sentido la afirmación de Leopoldo Artiles Gil (2004: 19) sobre la evidencia de que todas las actividades humanas presentan una dimensión significativa y que ese sentido puede ser entendido como el entramado de intencionalidad y deseo.

“Es decir, que allí donde podamos encontrar evidencia de un proyecto (programa) humano, deberemos señalar los fines o propósitos del mismo, que a su vez pueden estar sirviendo de soporte a las acciones que las personas emprenden y que, por responder al programa se convierten en acciones significativas, o sea, en acciones con sentido”.

Por supuesto, que ese sentido no siempre es evidente y resulta interesante observar como en el transcurso del tiempo su “para que” se transforma en el “que”.

Desde este punto de vista podríamos observar como en los discursos sobre las drogas, la tesis prohibicionista parece no tener autoría;  y en tanto no tener autoría, en tanto mostrarse más  que como conceptualización de la realidad  como realidad misma, no tener intención ni para qué.

Intentar encontrar en las tesis prohibicionistas un solo sentido, una sola formación de sentido, sería analizar esta cuestión desde una lectura confabulatoria o paranoide de la realidad. Pero renunciar a encontrar el sentido sería posicionarse en un lugar ingenuo y regresivo.

Ronald Laing (2000) señala la paradoja de que las ciencias psicológicas han encontrado una denominación (paranoia) para la situación de aquel que se siente perseguido sin serlo; pero que no han podido encontrar un nombre para una realidad más extendida y dramática referida a los millones de personas que son perseguidas (controladas) y no se dan cuenta de ello.

El discurso debería ser entendido como el concepto clave que permite encarar analíticamente los hechos significativos.

Enumeraremos, entonces, una serie de criterios y principios que he tenido  en cuenta al analizar los discursos sobre las drogas sobre los que he venido trabajando:

1-              los discursos pueden estar compuestos por palabras, argumentos, grafías e imágenes

2-              todas las actividades humanas presentan una dimensión significativa

3-              podemos entender el sentido como el entramado de la intencionalidad y el deseo

4-              el sentido puede estar oculto y en el trascurso del tiempo presentar su “para que” como un “que”

5-              entendemos una formación discursiva como una articulación o juego de reglas que determina lo que puede y debe ser dicho sobre determinado objeto, concepto o tema a partir de una posición en una coyuntura

6-              que las formaciones discursivas tienen ciertas reglas y estrategias que por dispersas que estén, determinan un manera de ordenar los datos, de construir los objetos y de plantear y definir los problemas

7-              que todo discurso científico se apoya en una relación de valor, sea en la construcción de las hipótesis o en su orientación general

8-              que la ideología que sostiene toda ciencia puede entenderse como un repertorio de operaciones productoras de sentido y que por lo tanto expresa su existencia en el discurso

9-              que, al decir del propio Artiles Gil (2004), el discurso es la dimensión constitutiva del ser humano; el sujeto humano produce el sentido, pero a su vez es producido por el sentido

10-          que el discurso es la dimensión en la cual se constituye la ideología

Omer Silva V. (2002) afirma que una buena parte de los trabajos sobre análisis de discurso se relacionan con los temas de la cultura, la etnicidad, el género y el análisis del discurso social, entre otros.

En relación a esta última categoría dice Silva en su artículo que el análisis del discurso social representa para van Dijk el ámbito donde deberían culminar los análisis de discursos.

Y esta afirmación de van Dijk se sostiene en el sentido de que este ámbito permite trascender el tratamiento de las combinaciones discursivas y los modos del habla, para introducir decisivamente la cuestión del contexto.

Y agrega Omer Silva (2002): “Es necesario tener en cuenta que el discurso como acción social ocurre en el marco de la comprensión, comunicación e interacción que a su vez son parte de estructuras y procesos socio-culturales más amplios”

El análisis de la relación entre el discurso y las estructuras sociales presenta diversas complejidades entre las que podemos señalar:

1-         este ámbito del análisis del discurso debe concebirse como inter o multidisciplinario

2-         este ámbito del análisis del discurso debe tender a orientarse hacia un campo aplicado, ya sea en el terreno de la educación, los medios de comunicación, la política, el derecho o la psicología

En el caso que nos ocupa el análisis de los discursos sobre las drogan obligan por lo menos a una multidisciplinariedad que involucre el conocimiento del campo de la psicología y las ciencias sociales afectadas al trabajo de la prevención y el tratamiento de las conductas adictivas y la especialidad del análisis de los discursos involucrados en la presentación de este campo del conocimiento y la acción social.

Por otra parte, sería impensable el análisis de los discursos sobre las drogas sin proponernos su aplicación a un campo donde el análisis del discurso se inscribe inmediatamente en los procesos de reformulación del trabajo práctico de las disciplinas involucradas.

El análisis de los discursos sobre las drogas se constituyen, entonces, en una nueva variante que opera sobre la producción de los nuevos discursos.

Esta línea de  investigación está planteada en el sentido de la construcción de un nuevo discurso que sostenga una clínica de las drogas alternativa, definida en el sentido de la ética y la eficacia.

Esta modalidad de análisis involucra una cuestión decisiva en la medida que se trata de un análisis crítico del discurso, que pone a prueba y en cuestión el problema de la objetividad del investigador. Dicha objetividad no dependerá, obviamente, de la distancia del investigador con el objeto de estudio. Van Dijk (1996) plantea en este sentido que se trata de una modalidad donde el investigador explicita su posición social y política al tiempo que asume una posición de confrontación con un discurso opuesto al suyo.

Los discursos relacionados a las tesis prohibicionistas no pueden ser analizados sin tener en cuenta una práctica profesional en el campo de las drogas que genera y se sostiene en un discurso alternativo, más allá del grado de conceptualización teórica que posea. En ese sentido, el análisis de los discursos de las tesis prohibicionistas se inscriben en el marco de una confrontación que cuestiona una práctica y sostiene o promueve otra diferente.

Junto al discurso hegemónico existe de hecho otro discurso. La peculiaridad del mismo puede radicar en una debilidad y en una fortaleza. La debilidad se refiere a su aún escasa inserción en el campo de los discursos académicos y su frecuente identificación como parte de la justificación de los consumidores. La fortaleza se refiere a que ese discurso nuevo, aún desde su insuficiente grado de conceptualizacion, sostiene una practica profesional de creciente desarrollo y en el hecho de que intenta superar la paradoja de que los decires sobre la droga refuercen el no-decir (la a-dicción) del consumo dependiente.