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Convocan:


Fondo de Ayuda Toxicologico

Panel: Estrategias clinicas y dispositivos terapeuticos


Marita Miguez
Marisa Raggi

LA CLINICA DE LAS ADICCIONES.

Estrategias para abordarla.

Partiendo de  la década del 90 con la sobreoferta de drogas, la incorporación de nuevas sustancias y la expansión de ese mercado, se hizo necesario hacer un nuevo replanteo en cuanto al sistema de atención del paciente y las formas de abordar la problemática. La práctica se topó con las limitaciones del marco teórico que concibe al adicto como un individuo enfermo por una modalidad patológica de consumo y a la atención como la mera práctica médico- paciente.

La figura del adicto se encuentra socialmente  producida e instituida; por lo tanto se hace necesario un cambio de paradigma para entender la nueva figura del adicto en nuestra cultura y por consiguiente una modificación en la forma de abordar la problemática.

Se puede ubicar al mercado de consumo como punto de partida para entender al adicto, si bien hay diferencias con la figura del consumidor y la del adicto, la subjetividad de ambos es otro producto del mercado.

Las relaciones sociales  se asemejan cada vez más a las relaciones de mercado, caracterizadas por la competitividad, el individualismo, la inmediatez, la ilusión de que el objeto produce el bienestar, ya  se trate por ejemplo  de la modificación de la imagen a través del  consumo de ropa, cirugías estéticas o los anorexígenos que producen la alteración de la percepción. Estos consumos son socialmente aceptados y promovidos para el logro de una  supuesta vida exitosa,  quien no ingresa  en esta lógica parecería quedar excluido, sin embargo nuestros jóvenes, gracias a la tolerancia social, ingresan en otra lógica, en  la de la inclusión de conductas de riesgo,  delincuenciales  y de marginalidad, donde sienten la pertenencia ( uso excesivo de  bebidas alcohólicas, ingesta de alcohol diario en cantidades excesivas). “ En el continuo de abuso de las bebidas alcohólicas, la tolerancia social termina cuando los comportamientos han avanzado al campo de la dependencia alcohólica, pero mientras esto no se produce, los gradientes anteriores, tienden a ser banalizados en la medida que se los considere funcionales para el manejo cotidiano de la tensión que surge de la vida social ”. ( Miguez  1998 ).

En el campo de la clínica, los que trabajamos de alguna manera con esta problemática,  sabemos acerca de la importancia y preponderancia de los dispositivos grupales.

Foucault plantea que el dispositivo es algo más que un esqueleto organizador, es productor de subjetividad.

Los dispositivos  grupales  posibilitan la modificación de identificaciones patológicas desde el sujeto y desde su entorno, cada paciente concurre con su historia  y su proceso de enfermar y de consumir, con sus experiencias de vida y las dificultades para establecer vínculos satisfactorios.

El adicto  queda atrapado en la ilusión de que la droga le va a proveer el placer, cae en una búsqueda desesperada siendo el sufrimiento cada vez mayor y la creatividad queda abolida por esta condición de existencia y sus vínculos afectivos se van perdiendo.

El grupo permite realizar un trabajo de elaboración, de reparación de  las rupturas, de los fracasos sufridos actuales y pasados, se visualizan las identificaciones, las semejanzas y las diferencias entre los integrantes del grupo, se permite el despliegue de la creatividad y el descubrimiento de nuevas maneras para vincularnos, de nuevas perspectivas, de nuevos horizontes; cada uno con su experiencia pero atravesados por lo social, armando una trama y una imagen inconsciente de grupo.

Ahora bien, si consideramos solamente como estrategia  a estos dispositivos terapéuticos  nos encontramos con un paradigma reduccionista, el modelo médico hegemónico; pero si consideramos  la dimensión comunitaria de la clínica y en la clínica de las adicciones, nos podemos ubicar  en un paradigma social expansivo.

Es decir, no se trata de la desaparición de dispositivos que tienen eficacia sino  de la integración de estas conceptualizaciones para producir modificaciones y avances en la comprensión de la problemática y de la concepción de la salud.

La idea de dispositivo nos remite al concepto de Buber de encuentro como dispositivo de construcción de red., de encuentro vinculado, donde los vínculos se recrean y circulan.

Mario Róvere plantea un dispositivo relacionado con la profundidad del vínculo y con el armado de las redes sociales, son cinco momentos y cada uno plantea un encuentro.

El primer momento es reconocer que el otro existe, lo cual trae aparejada la idea de aceptación; el segundo momento de red es conocer lo que el otro es, hace, implica un encuentro intersubjetivo y por consiguiente el interés por el otro. El tercer nivel marca un salto cualitativo porque induce a la acción, porque no hay construcción posible sin ella, aparece la colaboración, la participación y el armado de redes de reciprocidad.

En el cuarto se observa el intercambio permanente sostenido en el tiempo, la cooperación y el quinto implica un nivel de mayor profundidad porque se establece la asociación para generar proyectos

Así como los dispositivos terapéuticos pueden dar cuenta del proceso de enfermedad y de rehabilitación, de  deconstrucción de identificaciones patógenas,  y la construcción de otra identidad; los dispositivos de red con sus cinco momentos,  pueden generar el aumento de los factores de protección de la salud y comprender los efectos que se producen en el nivel de las relaciones interpersonales, porque la red dinamiza, ayuda y hace circular.

Tener en cuenta la dimensión comunitaria de la  clínica y en la clínica con la riqueza de las redes sociales  es  otra estrategia de intervención clínica.

No pensamos a la comunidad como una multiplicación individuos carentes en sus necesidades, desabastecidos o testigos pasivos de sus malestares, al igual que en la clínica,  en el trabajo grupal, lo comunitario puede ser pensado como lugar de encuentro, de reafirmar y reconstruir los lazos sociales a través de movimientos creativos. La comunidad se constituye entonces en su hacer y en su hacerse, se parte desde la vitalidad, de la riqueza de sus vínculos, en la creencia de sus miembros, que se den pasos conducentes a promover la salud y combatir la enfermedad, que las estrategias que se piensen sean tanto terapéuticas como sociales.

Por lo tanto cuando hablamos de la problemática de la drogadependencia, nos referimos a una enfermedad donde el individuo está enfermo pero se trata de una enfermedad social, síntoma cultural; por lo tanto la intervención comunitaria, la participación en el quehacer comunitario, grupal,  apunta a fortalecer las redes sociales, a la red significativa del paciente ( relaciones familiares, amistosas, sociales, económicas ) considerando el ser comunitario del paciente, porque el sujeto es una entidad bio-psico-socio-cultural. Es dar importancia a los procesos sociales porque en la comunidad  es donde el sujeto se enferma, padece, se recupera y resuelve  allí también sus dificultades.

Lic. María del Carmen Miguez

Lic. Marisa Andrea Raggi