NUEVAS RESPUESTAS A VIEJOS PROBLEMAS EN EL CAMPO DEL USO DE DROGAS
“... primum non nocere”
Hipócrates.
En la escena contemporánea el consumo y la adicción a drogas toman nuevas formas. Son tiempos en que los problemas ocasionados por las condiciones en que los sujetos consumen drogas se evidencian mayores que los problemas ocasionados por la droga misma. En Argentina la alta incidencia de problemas sociales y de salud en los usuarios de drogas y del VIH/SIDA en usuarios de drogas por vía intravenosa (UDI), así como la baja adhesión a los programas asistenciales basados en la abstinencia han evidenciado simultáneamente los fracasos de las políticas públicas tradicionales.
Esta realidad ha llevado a revisar respuestas que demostraron su eficacia en otros lugares del mundo. Las mismas sólo pueden entenderse desde el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos, consuman o no drogas y desde una política de salud incluyente y no excluyente, que resuelva o al menos reduzca los problemas y los daños y que fundamentalmente no los incremente.
El auténtico problema de las drogas, a diferencia de lo que muchos sostienen, no está en las drogas en sí, sino en las políticas que las criminalizan, el sujeto que las consume y las condiciones en que lo hace. Condiciones de ilegalidad, marginalidad, estigmatización, insalubridad y desinformación. También radica en las políticas que pretendiendo resolver el problema, lo agravan. Esta perspectiva permite incluir una nueva modalidad de enfrentar a los problemas no ya como causados “por” las drogas, sino asociados a ellas. Y de reconocer alternativas para aquellos que no pueden o no quieren dejar de consumirlas.
No obstante, digamos que en Argentina hasta fines de los años ‘90, las políticas públicas en materia de drogas han estado dominadas por la represión en el caso de las políticas legislativas y la abstinencia las políticas de salud. La epidemia del VIH/SIDA fue, sin duda, el principal responsable de la posibilidad de reconocer la existencia de problemas mayores que los problemas ocasionados por la droga.
En el escenario actual en que los usuarios de drogas se constituyen en objetos privilegiados del discurso social -nominados como delincuentes, peligrosos, violentos- es fundamental reveer alternativas pragmáticas que permitan abordajes más efectivos y justos y fundamentalmente más humanos para quienes consumen drogas.
Pensemos en aquellos que consumen drogas o se han hecho adictos a ellas,en los efectos que los abordajes represivos, la lógica de la “mano dura” y la asociación “drogodependiente-delincuente” tiene en el distanciamiento de los que consumen drogas del sistema de salud. Los usuarios de drogas estan excluidos desde que consumen una sustancia que es ilegal, lo cual se extrema si la tenencia para consumo personal esta penalizada y en las escenas urbanas de la droga donde unos gramos de más permiten financiar el consumo propio o sostener precarias economías de subsistencia El consumo de drogas es un problema social y de salud, no un asunto de la Justicia Criminal. Las políticas represivas, la instalación del tema de la tenencia, autocultivo, y hasta propio consumo en el ámbito del Derecho Penal convierte a los usuarios de drogas en delincuentes, lo que los aleja del sistema de saluddada la posibilidad cierta de ser detenidos y aumenta los riesgos de sobredosis, abscesos, hepatitis, VIH/SIDA.
USO DE DROGAS Y NUEVOS ABORDAJES: LA REDUCCION DE DAÑOS
A pesar de la evidencia sobre la efectividad de los programas de reducción de daños en el mundo, las intervenciones que tienen mayor impacto –distribución de jeringas, tratamiento de sustitución, trabajo de calle y educación de pares– son las que menos se utilizan en Argentina. Las intervenciones con menor impacto –reducción de la oferta, abordajes represivos, programas de desintoxicación y abstinencia son las más utilizadas. Esto entre otras cosas ocurre porque las políticas suelen estar basadas en mitos (la droga como causa de la drogadependencia y de los daños asociados, la irreversibilidad de la drogodependencia) Si la causa del problema es la droga, en la abstinencia y en la lucha contra ella se sitúa la solución.
La reducción de daños define una política pública en relación a la salud y a lo social que consiste en garantizar a los usuarios de drogas conocimientos y formas para que puedan evitar daños mientras continúan usando drogas. Los datos apoyan que los programas de jeringas reducen la incidencia del VIH sin aumentar la cantidad de UDIs o el consumo. Actualmente 114 países han reportado infección por VIH entre usuarios de drogas inyectables y sabemos que más del 10% de todas las infecciones por VIH en el mundo están asociadas al uso compartido de jeringas y otros elementos de inyección. Algunos países han podido evitar la epidemia como Australia y el Reino Unido o lo están haciendo como Suiza y Holanda, a través de estas políticas . Estudios indican que en Rosario y Bs As cerca de la mitad de los UDIs están infectados. La reutilización y el uso compartido de jeringas es una practica frecuente, lo que ha orientando la implementación de la distribución de jeringas.
La información sobre los riesgos es necesaria y es responsabilidad del Estado garantizar a los usuarios de drogas la información y lo medios necesarios para protegerse (jeringas, agujas, preservativos.) Ya en 1988 el Programa de SIDA de Naciones Unidas ONUSIDA indicaba: “Se debe contar con un conjunto integral de medidas para prevenir la propagación del VIH entre usuarios de drogas intravenosas…Ningún elemento individual del conjunto de medidas resultará eficaz si se pone en marcha sin los demás. Pero el elemento más importante es facilitar material estéril para inyección a los usuarios de drogas intravenosas"
La reducción de daños abarca diversas estrategias como trabajo de calle, educación e información sobre drogas; instituciones de “bajo umbral de exigencias”, distribución de jeringas (La estrategia que más nos costó incluir en el pais, aunque hoy estamos lejos aún de pensar en las áreas de tolerancia, las salas de inyección y la prescripción médica de drogas, según lo evidencian los obstáculos para debatir sobre los usos terapéuticos de la marihuana)
Reducción de daños es también modificar las leyes que se evidencian negativas. Este es un rasgo distintivo de algunas organizaciones que enfatizan la importancia que tienen los daños sociales derivados de la vulnerabilidad de los derechos individuales y del derecho a la privacidad como es la penalización de la tenencia.
LA REDUCCION DE DAÑOS EN ARGENTINA
Una mirada retrospectiva permite reflexionar sobre los alcances y efectos de este nuevo modelo de abordaje en el país. Hablar de los problemas asociados al consumo de drogas era a inicios de los ´90 revolucionario del orden establecido donde todo abordaje no dirigido a evitar el consumo cuestionaba inaceptablemente para muchos el dogmático “No a las drogas” arraigado en las políticas públicas. Además del impacto del SIDA, aportes de los derechos humanos venían a reforzar nuestros argumentos y a apoyar al modelo del que algunos pocos empezábamos a hablar allá por los años 90. No obstante las políticas legislativas y de salud oficiales seguían -y siguen- basadas en la represión desde la lógica importada de la “guerra contra las drogas”. Con ellas la prevención se sostiene en discursos demonizantes de las drogas y en el terror, y la asistencia en modelos hegemónicos de perfil abstencionista. En este contexto, la apuesta fue reivindicar la importancia del sujeto que consume (quién, por qué, cómo) y sus circunstancias y no la causalidad en las drogas. No ha sido fácil transmitir la idea de un modelo definido desde la aceptación de la imposibilidad actual, transitoria o permanente, de interrumpir el consumo y la necesariedad de minimizar los daños. La evidencia bastante oculta sobre muertes asociadas a sobredosis de drogas impuras mezcladas con cualquier cosa, pero especialmente la evidencia inocultable de muertes por SIDA señalan que para que el sujeto tenga alguna posibilidad de emerger como tal (con la posibilidad de ser escuchado, tratado, ayudado) es absolutamente necesario que no muera.
En 1994 iniciamos los programas que distribuyen cloro para desinfectar jeringas en Rosario (CEADS, Universidad de Rosario) y con ellos un trabajo grupal con información sobre formas seguras de inyección y los UDIs aprenden a desinfectar agujas y jeringas en el marco del hospital público y articulado a un dispositivo asistencial pensado tanto para “aquellos que quieren dejar las drogas como para aquellos que no pueden o no quieren hacerlo”. Las técnicas de desinfección se han demostrado necesarias en el contexto de falta de disponibilidad y acceso a jeringas nuevas y dada las frecuencia del uso de cocaína intravenosa. Este camino orientará la elaboración de los primeros materiales específicos dirigidos a UDIs como el Manual de Inyección “Si te vas a picar…corré menos riesgos” elaborado con los mismos UDIs que se convierten en protagonistas de estos programas.
En 1999 el Programa de Reducción de Daños del CEADS-UNR fue declarado de interés provincial por el Gobernador de la provincia. En el mismo contexto abstencionista, empezaba a circular en el país un Documento de Apoyo a los Programas de Jeringas (que ya habían surgido en A Latina en Brasil en el 95) Estas tareas de defensoría tuvieron un rol clave como facilitadores de las primeras acciones de distribución de jeringas en la región que a fines de los años 90 comienzan a implementarse en Argentina y en el 2003 tímidamente en otros países como experiencia piloto (Proyecto Cono Sur).
Nuevos mensajes comienzan a circular en el país a fines de los años 90 en un intento de garantizar el acceso a información honesta sobre las drogas: “Si te das, hacéla bien, achicá los riesgos”, “Si curtis, no te comas un mal rollo”, “Si estas de caravana, reducí riesgos y daños” en los programas de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina, ARDA. Se reivindica el trabajo de calle y el protagonismo de los usuarios, frecuentemente única alternativa para que el sistema de salud llegue a los que no llegan a él. En 2000 nace una red nacional de usuarios RADDUD cuyos antecedentes pueden situarse en organizaciones internacionales de usuarios que surgen en Europa a inicios de los años 80 (el primer programa de jeringas nace en Ámsterdam a cargo de la organización Junky Union).
Programas alternativos incluyen murales, grafities y comics como material comunicacional y unidades itinerantes. Así el Programa de Rosario delinea un personaje -que protagonizara comics, La Cajita del kit de inyección y tomará vida como un cabezudo- que lo representa y permite incluir aspectos de la vida de los usuarios de otra manera difíciles de transmitir.
Con el nuevo siglo nacen intervenciones novedosas como las que introducen la reducción de daños en las cárceles argentinas y un programa de reducción de daños en fiestas raves que incluye testeo de pastillas de extasis e información sobre riesgos de combinatorias de sustancias (Programa “Fiesta Si!!, ARDA, 2003). Este último junto al de reducción de daños y uso de marihuana y el trabajo sobre el alcohol (Programa de Reducción de Daños en la Oktoberfest de ARDA por ejemplo) han venido a reforzar que reducción de daños no está circunscripta al uso de drogas por vía inyectable.
Lo hecho hasta hoy ha marcado un movimiento muy significativo hacia la modificación de las políticas, pudiendo hoy abrirnos a un abordaje más comprensivo y tolerante de las personas que consumen drogas.
La creación en 2004 de la Red Latinoamericana para la Reforma de las Políticas de Drogas REFORMA y de redes de reducción de daños en la región expresan la concreción de alianzas de trabajo que apoyan y fortalecen las iniciativas en marcha
CONCLUSIONES
Seamos realistas, pidamos lo imposible ”
Mayo ´68
Las experiencias indican que la reducción de daños no sólo es necesaria sino que también es posible en Argentina. Las mismas fundamentan la importancia de estos programas que dan voz a los sin voz mientras la pobreza y el hambre crecen, la lógica de la mano dura se cierne cada vez más sobre los excluidos, los pobres, los usuarios de drogas y los jóvenes reclaman discursos adecuados a los nuevos tiempos que corren.
Es responsabilidad del sistema de salud ofrecer y garantizar opciones, que se sostienen en el respeto a los consumidores de drogas como ciudadanos y en la aceptación de sus derechos.Cuando no toda intervención debe tener por objetivo final la abstinencia, se permite la convivencia con las drogas y esto nos da la posibilidad de pensar la prevencion, asistencia y reducción de daños en el registro de lo posible siendo viable la minimización de problemas relacionados con un consumo, que a veces el sujeto no puede o no quiere interrumpir. El tema de las drogas nos enfrenta a nuevos desafíos y a encarar temas difíciles; leyes represivas, pobreza, VIH/SIDA. El modelo que hemos presentado se evidencia como una buena alternativa para encararlos.