PREVENCION COMUNITARIA
Una intervención orientada a disminuir los daños provocados por el
neoliberalismo
En este trabajo formularé algunas ideas-fuerza producto de la
elaboración conceptual a partir de la experiencia en distintos barrios- villas
de emergencia- del conurbano bonaerense desde una institución pública de
asistencia y prevención de drogadependencias.
Quienes demandan estas intervenciones son miembros de organizaciones
comunitarias: comedores, sociedades de fomento, comunidades eclesiales de base,
coordinadoras de instituciones barriales, etc.
Un análisis de la demanda
que subyace a la específica en relación al tema del consumo de drogas en los
jóvenes, me conduce a relacionar ésta con el malestar en relación a los efectos
del neoliberalismo en la población.
Estimo que todo análisis en
relación al fenómeno de las drogadependencias debe tener en cuenta que tanto la
aparición de este fenómeno como los efectos que producen las drogas consumidas
están muy mediatizados social y culturalmente.
También observo que, desde el discurso imperante en
relación a la prevención ,se sostiene la misma ilusión de igualdad que la de
nuestra Constitución Nacional ,tomando solo una diferenciación : el tipo de
droga consumida (que no es poco):éxtasis -pasta base, como extremos de opciones
según la clase social a la que se pertenece, no teniendo en cuenta otros
atravesamientos económicos , sociales, históricos, políticos y culturales a la
hora de analizar qué cosas están denunciando estos consumos.
Asimismo, creo importante
destacar la escala comunitaria de nuestra intervención que toma y trabaja sobre
los efectos que esta situación macrosocial produjo en los microgrupos.
Justamente podemos
relacionar lo que subyace como padecimiento desde lo social a poco de iniciar
una actividad comunitaria de prevención en el uso de drogas con los efectos del
huracán neoliberal que vivimos y que se agudizó desde los 90´.
Por un lado tenemos
indicadores económicos: desocupación, pauperización, necesidades básicas
insatisfechas, población debajo de la línea de pobreza e indigencia. Estos indicadores difícilmente puedan ser
modificados en una intervención a esta escala.
Sin embargo, hay otros
efectos, profundos, aun no mensurados en la dimensión alcanzada: sociales,
vinculares, culturales, en los que sí es posible intervenir en esta escala
microsocial, y son los efectos que los demandantes ligan con las situaciones
que viven hoy, incluyendo el uso de drogas de los jóvenes de sus barrios.
Voy a pasar a la descripción
de puntos en común hallados en 4 villas de emergencia (una de ellas de gran
envergadura) del Gran Buenos Aires en relación a un diagnostico de situación
del consumo de drogas en sus barrios:
>Consumo masivo de sustancias toxicas por parte de los jóvenes de los
barrios: describen el paso de ser un lugar de consumo esporádico, a un consumo
permanente y generalizado.
>Modificación de la accesibilidad de las sustancias, las que se
hallarían mas disponibles que en otros tiempos.
>Modificación de las sustancias utilizadas para el consumo. Se ha
pasado de sustancias menos dañinas a más dañinas, (marihuana – cocaína-
inhalantes a pasta base) Esta última aparece como problema desde hace
aproximadamente cuatro años y la utilizan con distintos elementos de corte -la
mayoría de las veces- desconocidos para los consumidores.
La población ubica el inicio de estas modificaciones
entre principios de los ´90 y promediando esa década. Asocian este consumo de drogas con la desocupación, el hambre, la
pauperización “Antes éramos pobres dignos, ahora somos miserables”.
Cuando trabajamos sobre cómo
impacta esto en las familias, aparecen cuestiones que creo imprescindible
transcribir textualmente:
“Violencia: el hombre se siente disminuido ante su mujer que sale a
trabajar”. “Muchas veces solo se siente hombre tomando, pegando y robando”.
“No podemos poner límites a los hijos si yo como padre o madre no puedo
darle de comer”.” Mi hijo llama papá al del comedor en vez de a mí”.” Muchas
veces tenemos que mirar para otro lado y comer de lo que roba”.” Sentimos
vergüenza ante nuestros vecinos.”
Relatan situaciones de
impotencia, depresión, comportamientos autodestructivos.
A su vez, estas situaciones
impactan en el barrio.
El resultado es la
atomización, la falta de participación en la resolución de los problemas de la
comunidad, la desconfianza, la falta de solidaridad.
Los hijos, propios y ajenos,
aparecen para estas personas apaleadas por la realidad, como lo único por lo
que vale la pena luchar. Es por eso que
recibimos estas demandas y, son los hijos y los jóvenes adictos de las
esquinas, los que conducen a los grupos de vecinos a pensar sobre la situación
a la que han llegado. Los que demandan no son los que están en las esquinas,
sino los que se angustian por verlos en las esquinas.
La intervención de la que
hablamos implica una investigación participativa, que dé lugar a un diagnóstico
construido con la población, para que éste permita direccionar la acción.
Hacemos una ubicación de las
diferentes escalas e identificamos sobre la que concentraremos nuestro trabajo:
individual, familiar, barrial, municipal, provincial, nacional,
internacional.
Una vez clarificada la
escala de trabajo (barrial) hacemos una lectura compartida de las necesidades
de los jóvenes.
La materia prima es: lo que dicen las paredes de sus barrios
(“esta esquina me vio crecer” “este es mi refugio”), los lugares que eligen
para juntarse (“vienen a las plazas y entonces nosotros nos vamos” “las
esquinas que tienen paredones grandes”).
Todo este ejercicio está orientado a que puedan escuchar parte de
lo que los jóvenes están demandando: un lugar.
Ellos son los excluidos
dentro de los excluidos, ostentan su malestar en cada esquina, y detrás del
aparente poderío que hace que “el resto” se vaya cuando ellos llegan, está la
intemperie. Son los más expuestos a la violencia institucional, aunque son
señalados como violentos.
Los jóvenes convocan, por
dolor o por temor. Pero a poco de andar con esta investigación compartida,
comienzan a aparecer todas las similitudes que tiene la situación de los
jóvenes con la de los adultos: falta de proyectos, desocupación,
discriminación, violencia, desamparo.
También comienza a
vislumbrarse cómo a veces sus propias organizaciones (juntas vecinales,
organizaciones piqueteras, etc.) dan poco lugar a las mujeres, o a los jóvenes
con un perfil diferente al “esperado”, y se pone al descubierto una especie de
derecho de admisión.
Trabajar sobre lo que no
esta expresado pero excluye, trabajar para la preparación de un encuentro ,
propiciar espacios cuyo horizonte será pasar de la fragmentación a la
organización, considero que es una intervención que se involucra con todos
estos padecimientos, denunciados por los jóvenes y escuchados de algún modo por
su comunidad. Nuestro trabajo apunta a
posibilitar estos encuentros , y, desde un enfoque dialéctico, producir marcas
por parte de quienes creen que solo tienen derecho a ser marcados por la
realidad.