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PRIMERA JORNADA DE ACTUALIZACION
DEL MINISTERIO PUBLICO DE LA DEFENSA
Doctor Bruno Bulacio,
Director del Instituto Interdisciplinario de investigación
y asistencia
para el tratamiento y la prevención de las adicciones.
Antes que nada quería agradecer a la Dra. Mirtha
Assen, encargada responsable de investigación de
la SEDRONAR, y a la Defensoría General de la Nación
por la invitación a este evento. En principio me
toca a mi desarrollar un tema que tiene muchas aristas y
cuestiones complejas que es el tema de la asistencia y que
voy a articular con el tema de la prevención. Creo
que no podía esperar mejor marco para la presentación
de estas ideas que la introducción que acaba de hacer
Alberto Calabrese, con esa mirada tan particular, sobre
la problemática de las adicciones. Hoy a la mañana
seguí con mucha atención muchas de las exposiciones
y me permití ir subrayando algunas preguntas o aportes
que fueron surgiendo, en la medida que me evocan distintas
ideas, recuerdos y experiencias. Si bien en este momento
me toca la responsabilidad de estar a cargo de un centro
que se ocupa tanto de la asistencia como de la formación
de profesionales y de la investigación; cuando Alberto
ya tenía algunos años de trabajo en lo que
es la Fundación de Ayuda Toxicológica, el
FAT y en el año ´74 se abría el programa
CENARESO, me tocó a mi formar parte del equipo profesional
que integró ese centro en aquellos años, y
recibir a los primeros toxicómanos que por vía
judicial llegaban a estas instituciones. Desde el ´74
hasta ahora me he dedicado al tema y he tenido la posibilidad
de hacer algunos recorridos de experiencias, en el trabajo
concreto, con los que sufren esta problemática, y
cuando digo los que sufren esta problemática no solamente
digo los jóvenes, aquellos que están afectados
al consumo de drogas, sino particularmente, y esto quiero
dejarlo bien subrayado, es una cuestión obvia, pero
que en general se omite, con el entorno del que ha sido
designado como toxicómano. La angustia de la familia,
la angustia de los que están próximos a él,
que son las más d elas veces quienes acercan la demanda
o alguna forma del pedido de ayuda, para encontrar algún
tipo de respuesta a este problema. Yo quiero reivindicar
esta cuestión porque les doy un dato nada más,
ya sea en aquellos años que empezamos a trabajar
esta problemática como en la actualidad, el mayor
porcentaje de las consultas que llegan a nuestros centros
asistenciales no están a cargo de nuestros toxicómanos,
sino que siempre llegan a través de una demanda,
un pedido de terceros, fundamentalmente la familia. Y coincido
con lo que dice Alberto, acá no es sólo una
problemática de jóvenes, si bien es muy común
ver que se acerca a hacer una consulta una madre pidiendo
por su hijo que muchas veces se muestra resistente a querer
hacer algo por "ese problema", también
vemos llegar a los hijos, por la toxicomanía de unos
de sus padres. Recuerdo en una oportunidad unos jóvenes
que venían por su mamá, una señora
de más de 60 años, que no podía poner
límites al consumo de psicofármacos, la temática
de drogas en la tercera edad que, muy bien nos puntualizaba
Alberto. Y finalmente la práctica y la experiencia
diaria de ustedes, cuando la demanda viene por vía
de un tribunal, de un juez que atiende una causa y que requiere
en el marco de la ley de drogas la atención de ese
paciente. Podríamos decir que el toxicómano
no hace tanto de si mismo como del otro muchas veces el
verdadero esclavo de su falta.
En la anterior intervención el colega hablaba un
poco desde su lugar de padre y preocupado por la temática
de los jóvenes, mencionaba tres cuestiones, los padres,
los límites y el contexto. Quiero dejar subrayado
algo; cualquier acción, que pretenda algún
nivel de alcance, de eficacia, en este campo, no puede eludir
estas tres cuestiones fundamentales, si por padres entiendo
el entorno más próximo de realidad de ese
paciente. El hacer posible que un sujeto adicto o con una
tendencia al consumo de drogas, se convierta "en paciente",
es un difícil y costoso objetivo, más que
un punto de partida de la situación de tratamiento;
construir un paciente, es un difícil y costoso punto
de llegada, me atrevería a decir que lo más
específico en el tratamiento de las toxicomanías
radica en hacer que ese sujeto se convierta en "paciente",
si por paciente entiendo a aquel que "sabe esperar"
algo de nosotros no sin antes haber desesperado de otra
cosa. "Nadie menos paciente que un toxicómano",
cualquiera de nosotros lo sabe, la cuestión "es
todo y ya" nos espera una ardua tarea. El toxicómano
convierte a la droga en una solución química,
en una respuesta siempre inmediata a interrogantes que difícilmente
el sujeto llega a reconocer o a formularse.
Decía esto porque el poder trabajar sobre la cuestión
del toxicómano en ese difícil proceso de construir
un paciente, es lo que se convierte, para mi gusto en lo
más específico del tratamiento de una toxicomanía.
Diría que si hay algo de específico en el
trabajo de atender a un toxicómano, siempre es un
trabajo preliminar a lo que llamamos en un sentido estricto
el tratamiento. Por qué menciono esto, una de las
cuestiones que habían aparecido esta mañana
era el tema de la vulnerabilidad de los jóvenes.
Una de las impresiones que yo tenía cuando se mencionaba
esto de la vulnerabilidad es que mi experiencia en muchos
años de trabajo, ya sea en la atención de
los pacientes como en los profesionales, en el trabajo de
formación o de supervisión, es descubrir que
la problemática de la vulnerabilidad no es sólo
una cuestión de los jóvenes. La vulnerabilidad
también es una cuestión, y esto lo vemos a
diario, de la problemática de los padres; cualquiera
que tenga una experiencia en esto y reciba una situación,
de demanda de un padre en función de un hijo con
este tipo de problema advierte la vulnerabilidad con la
cual ese sujeto se presenta, vulnerable frente a las actuaciones
límites a las cuales se ve confrontado frente a ese
imposible de manejar que llamamos "nuestro toxicómano",
ellos lo dicen de esta manera: "ya no sé cómo
manejar esta situación, ya no sé cómo
hacer para que pueda escucharme", siempre se muestran
vulnerables frente a las actuaciones de sus hijos. Creo
que una estrategia clínica en este campo no puede
eludir no solamente la cuestión de proteger a ese
entorno frente al fuerte impacto que las actuaciones de
los jóvenes muchas veces suelen tener. Sólo
aquel que tiene una experiencia en este campo sabe de las
dificultades con las cuales convive la familia cuando encuentra
en su seno un hijo, un hermano atravesando esta problemática.
Y no puedo dejar de decirlo, también hoy a la mañana
se veía con claridad esto de la temática de
la vulnerabilidad en nuestras propias instituciones. Es
como si todos nos volviéramos vulnerables frente
al acto de "nuestro toxicómano", si por
acto entiendo algo que viene a interrogar en forma muy profunda
los límites y alcances de nuestra práctica
en este campo y el lugar que estamos llamados a representar,
sea cual fuera la disciplina en el cual estemos ubicados
para atender esta temática.
Quería destacar algo que me parece importante, que
decís la Dra. Pace de Elías hoy a la mañana;
"estamos frente a una problemática difícil
y compleja" - decía ella y - , demandaba "una
metodología que se haga cargo de esa complejidad".
Después de muchos años de trabajo en esto,
si tengo algún horizonte o algún objetivo
en cuanto a mi trabajo profesional es casualmente poder
avanzar en esta idea: una metodología que pueda hacerse
cargo de esa complejidad, con la cual se nos presenta esta
temática. El hacerse cargo de esa complejidad implica
como primer paso el poder tomar conciencia de hasta qué
punto estamos implicados. Esta problemática es compleja
casualmente porque está muy cerca de nosotros mismos,
yo creo que a lo largo de la jornada de hoy se subrayó
todo el tiempo, esta noción, Alberto la destacaba
con mucha claridad.
La toxicomanía como acto, no es la "adicción".
Es la vía por la que ese sujeto se comunica, "sin
apelar las palabras". Lo "adicto" es lo que
ahí, "no está dicho", lo que hace
causa de ese acto, lo inconsciente en el sentido Freudiano
del término. Adictos somos todos, nadie podría
en modo alguno poder decir, me exceptúo de una adicción,
la adicción es inherente a la condición de
lo humano. Lo que tenemos que ver es que "la toxicomanía"
que no es la "adicción", como lo había
subrayado también Alberto, es "un punto de llegada".
Cualquier intervención en el campo de la asistencia
va a tener que operar sobre ese difícil proceso que
va del sujeto, consumidor, a la toxicomanía, como
"acto logrado" que vuelvo a insistir es un punto
de llegada, una construcción, se construye un sujeto
que se designa como toxicómano y que es designado
como tal. Quiero que entiendan bien cuando digo "el
grado de implicación" que tenemos en esta problemática,
lo he advertido en el trabajo con familias, en mi trabajo
de prevención, lo he notado en la formación,
en la supervisión de los equipos profesionales. Lo
notamos esta mañana cuando al hablar de drogas todo
el tiempo estábamos hablando de las dificultades
que compartíamos a diario dentro de los espacios
o los lugares a los cuales estábamos llamados para
darle algún tipo de respuesta a esta problemática.
Hablar de drogas era hablar de desocupación, de seguridad,
de la educación, de nuestras instituciones, hablar
de drogas era hablar - recuerdo a Claudio de la Cárcova,
me pareció muy elocuente la figura cuando nos decía
que iba a comprar las jeringas descartables para poder inyectar
tinta a su impresora por el bajo presupuesto que tenía
para poder operar en la justicia - era interesante ver cómo
la temática nos permitía poder entrar en otras
cuestiones que no eran de menor interés. Yo lo quiero
parafrasear al Doctor de la Cárcova y decirle si
él en algún momento con mucha elocuencia decía
que la justicia más allá de ser el tercer
poder, es un poder de tercera. Yo quiero decirle también
y en eso me siento muy identificado que nuestra práctica
es una práctica de cuarta, y cuando digo esto me
refiero a la práctica de la salud mental. Cuando
el Doctor hablaba de las carencias, de las falencias con
que a veces se encuentran los juzgados desde el punto de
vista presupuestario, lo mismo podríamos decir de
quienes trabajamos alguna vez en el espacio del hospital
público. Pero quiero reivindicar el alcance de la
palabra, después de un recorrido de muchos años,
de trabajo en este campo, quiero decirles, que siempre que
se habla de drogas, y les pido que pongan atención
en esto, que tiene la propiedad de lo obvio, siempre se
habla de otra cosa. Cualquier evento que los invite a ustedes
al tratamiento de esta problemática siempre los va
a encontrar hablando de alguna "otra cosa". Cuando
recibo a una familia en situación de dificultad,
y vienen por el consumo de drogas en uno de sus hijos (no
es que lo declare abiertamente pero a veces lo puedo decir),
bienvenida sea esta consulta, si es que por la vía
del consumo de la marihuana me permite poder entrar en eso
que ahí es "adicto" "no está
dicho" y que a veces de un modo ejemplar caricaturiza
lo que siempre estuvo presente en la relación entre
ese hijo y ese padre, pero que hoy, por una situación
extrema, de mucho impacto frente al cual el padre ya esta
vez no puede serle indiferente, llega nuestra consulta.
Estoy siguiendo el razonamiento de Alberto; "muchas
veces ese hijo llegó alcoholizado pero no se movilizaron".
"Sólo cuando advirtió que había
un cigarrillo de marihuana en su cuarto, muy angustiados
vinieron a consultarme"; es decir el impacto imaginario,
el valor de representación que ese objeto tiene para
el otro ha revestido una eficacia tal que, por alguna vía,
por la vía de la angustia de estos padres llega este
sujeto a la consulta. Más del 70 por ciento de los
casos que se acercan a consultar están en manos de
los padres y la más de las veces los jóvenes
se muestran declaradamente resistentes. De todos modos quiero
dejar remarcado algo; la experiencia me indica que el trabajo
con "esa otra demanda", me ha permitido también
y esto en el marco de "una estrategia" de una
nueva clínica, poder llegar hasta éstos jóvenes,
o mejor dicho, que estos puedan acercarse al tratamiento.
Muchas veces con estas actuaciones encuentran un modo muy
particular de "golpear" una puerta, una forma
de "comunicar un mensaje", "una manera de
interrogar", "de cuestionar", de preguntar
sobre el grado de legitimidad que para ellos puede tener
la palabra del padre o del marco institucional en que estos
se mueven. Cuando nosotros podemos escuchar esta demanda
y podemos introducir cambios en la actitud de los padres,
inmediatamente advertimos y esto es lógico porque
la familia es un sistema, un nivel de respuesta, muy distinto
de parte de los jóvenes.
Quiero dejar claro algo que flotaba en el ambiente esta
mañana, la idea de que el tratamiento de pacientes
adictos pasaba por sistemas en principio especializados
de tratamiento y seguidamente por programas con internación.
Quiero decir, y esto es totalmente una evidencia, que sólo
un porcentaje muy bajo de los pacientes requiere de un Programa
Residencial. Es decir, que un porcentaje que podría
estar alrededor de un 25 por ciento de la demanda, podría
requerir de una internación. Si al 70 por ciento
de los pacientes restantes no se da una respuesta ambulatoria,
o se termina indicando la internación como un "sistema
de control" sobre el paciente, no es tanto, porque
eso está comprendido dentro de una estrategia justificada,
sino por desconocimiento.
Después de muchos años de trabajo, advierto
algo que es evidente. Todo el tiempo, así como lo
decía la Dra. Elías, nos pasamos diciendo
que la toxicomanía es una problemática de
"alta complejidad", sin embargo tenemos que saberlo:
La primera línea de asistencia de esta problemática,
en nuestras instituciones, está en manos de profesionales
inexpertos, cuanto no de "ex adictos" que suponen
sostener un saber para dar respuesta a la impotencia profesional.
¿Una problemática que definimos de alta complejidad;
no está suponiendo una profunda contradicción,
cuando las estrategias, están en manos de profesionales
carentes de formación, de ex adictos o personas sin
formación académica, ¿o es que tenemos
claro de que se trata cuando decimos toxicómanos?
Yo les puedo asegurar y he supervisado la mayoría
de los servicios de adicciones de nuestros hospitales municipales,
y la práctica de atención de los pacientes
con problemas de drogas, están en manos de profesionales
sin formación en este campo.
Quiero decirles algo; no hay ninguna diferencia en atender
a un toxicómano en un ámbito "especializado"
o diseñado para este fin, que escuchar la demanda
en otro espacio, pero eso si en manos de un profesional
que pueda comprender de qué se trata y que pueda
tener una mayor definición en cuanto a la estrategia
a seguir en cada caso en particular. No nos prestemos a
engaños; si hay una clínica para pacientes
toxicómanos, siempre ésta es una clínica
de lo singular. El paciente, antes que toxicómano
es una persona, y cada uno de nosotros es como una huella
digital, una singularidad. No podemos sostener acciones
"masificadas" para dar una respuesta clínica
a estos problemas. La mayoría de los programas se
conducen de esta manera y tienen un nivel de estadísticas
en cuanto a sus resultados tan bajo que a veces yo diría,
si esto lo pusiésemos en manos de cualquier otra
"especialidad médica", directamente tendríamos
que avergonzarnos. Lo que si quiero dejar bien claro en
esto, es que la capacitación profesional en este
campo y laposibilidad de respuesta desde cualquier espacio
de salud que así lo justifique, puede ser un modo
de intervención eficaz que va desde la perspectiva
del consumidor a ese difícil y complejo punto de
llegada que es la toxicomanía. Quizá no se
requiera de tanto presupuesto para tener un espacio en un
hospital, (no conozco Resistencia) o un servicio para poder
escuchar la demanda. Pero vuelvo a insistir, la cuestión
bien atendida empieza por casa; quiero ubicar bien la pregunta,
¿estamos en condiciones profesionales de atender
a este problema, o es que tenemos que imaginar costosos
presupuestos para poder dar respuesta al mismo?, creo que
no, creo que la mejor institución, muchas veces es
una idea clara, una política clara, basada en la
investigación y el conocimiento del problema.
Otra noción que quiero rescatar es la noción
de escucha; escuchamos poco a nuestros jóvenes en
general y creo que de las toxicomanías no escuchamos
nada.
Alguien decía por la mañana hablando de los
jóvenes; "la carencia de respuestas a sus propios
interrogantes es la causa que los conduce al consumo de
drogas". Por otro lado se hablaba de "las respuestas
que podemos dar, desde el punto de vista social a estos
problemas" y yo digo, hay una lógica en esto.
Si se trata de carencias de respuestas a interrogantes de
los jóvenes creo que lo primero es poder escuchar
de qué tratan esos interrogantes, para poder dar
respuestas más eficaces desde el lugar que nos toque
ocupar, cualquiera sea éste. Yo trabajé muchos
años en un hospital, cuando llegaba un paciente a
una consulta, se acercaba la enfermera y entonces le decía
al médico psiquiatra, Dr. hay una consulta; iba el
médico y se encontraba con una mujer angustiada,
que acompañaba a su hijo y decía: "vengo
a verlo Doctor porque mi hijo es drogadicto", e inmediatamente
se lo derivaba al CENARESO. Lo interesante, es que no se
escuchaba al joven, bastaba que alguien dijera, es drogadicto,
para que ya tuviéramos una clínica, definida.
Es drogadicto, al CENARESO. No ocurría esto, si esa
señora llegaba y decía, "mi hijo dice
que ve cosas, se siente influenciado", escuchábamos
a esta mamá, pero también teníamos
una entrevista con el joven, recién ahí procedíamos
a la derivación. Quiero dejar claro esto, ¿Qué
es lo que hace que por el sólo hecho de ser designado
como toxicómano, no nos tomemos tiempo para escuchar
y avancemos tan decididamente sobre este prejuicio: toxicómano
supone un dispositivo, una acción específica,
especializada, y si no tenemos esto, no podemos dar respuestas.
¿En qué consiste la cura de un toxicómano?,
voy a parafrasear al Doctor Claude Olievenstein, "en
construir una democracia psíquica", y por qué
digo esto, porque la principal dificultad con la cual se
encuentran nuestros jóvenes, es con la dificultad
de poder hacer "elecciones" por eso digo democracia
psíquica. Es el difícil trabajo, que por la
vía de la demanda, tal y como nos llega, de acompañar
a ese sujeto a que pueda hacer "otra elección".
Yo escuchaba por la mañana, creo que es un abogado
defensor que decía: "el defensor no es un encubridor
técnico, ni tampoco está en oposición
a los intereses de una sociedad. El rol de la defensa, no
es el rol de decidir, es el ajusticiable que con la debida
información debe decidir". A mi me parece muy
rica este definición, pero quería agregar
algo, nos encontramos con una cuestión compleja en
ese punto, porque generalmente los jóvenes afectados
por esta problemática tienen enormes dificultades
para tomar decisiones y las más de las veces por
las vías de sus propias actuaciones, ponen en manos
del otro que éste tome esas decisiones. "La
droga carga sobre los hombros de nuestra sociedad",
decía el Doctor, yo diría que muchas veces
nuestra tarea consiste en que un sujeto pueda desprenderse
de toda "esa carga", ese peso que sobrelleva para
que alguien pueda hacerse cargo y responsable de su acto.
Son a veces los padres que están sobrellevando una
situación muy límite que cargan todo el tiempo
con ese peso. El trabajo a veces puede consistir en que
ese sujeto a quien con cierto horizonte de perspectiva podemos
llegar a llamar "paciente", pueda hacerse cargo
de ello. ¿Por qué mencionaba esta cuestión,
"de decidir" y de la importancia, que el defensor
no es un encubridor ni que tampoco estaba en conflicto con
los intereses de una sociedad?. Porque entiendo que tanto
la temática de la asistencia, de la prevención,
de la seguridad, de la justicia, como decía el Doctor
Atilio Álvarez hoy a la mañana, no son incompatibles.
Lejos de esto, yo diría no hay clínica en
este campo que no articule éticamente estos cuatro
puntos. Para verlo más fácilmente, si yo recibo
una consulta de un joven cuya familia se acerca para consultarme
por el consumo de drogas en un hijo y puedo abrir un dispositivo
de trabajo, al principio sobre la demanda de los padres,
y posteriormente la atención al joven, mi trabajo
si bien es asistencial, también es preventivo, porque
si puedo tomarlo en "ese contexto", donde la consulta
es por el consumo, puedo anticipar quizá, una mayor
escalada de actuaciones que a veces no son sino una manera
de poder ejercer un llamado sobre el otro. Toda acción
de tratamiento tiene una relación de complementariedad
con la prevención, ¿por qué la justicia
también puede jugar un papel en esto?. Les cuento
un caso. Un joven de 18 años con una causa por drogas,
es detenido por tenencia, el tribunal aplica la ley y determina
entre otras cosas que debe hacer un tratamiento, y que con
el tratamiento debe completar sus estudios y le indica a
la asistente social del juzgado que empiece a hacer un seguimiento
del caso. Este joven quien tiene una actitud muy particular
en la relación con la asistente social, le dice que
él va a seguir consumiendo marihuana, que para él
esto no es un problema que debe tratar. Está convencido
que "más mata" el tabaco y otras drogas
legales que la marihuana, y que no va a dejar de consumirla,
que no tiene razón para ello. La asistente social
se veía confrontada con esta situación sin
saber qué hacer con el joven. Decide llamarme por
teléfono y me encomienda el caso, cuando escucho
a esta profesional, advierto que la posición que
ella asumía en este "seguimiento" establecía
una suerte de complicidad unas veces con la familia y otras
con el joven, en la medida de que se resistía todo
el tiempo a que "este mensaje" del joven pudiese
encontrar algún nivel de respuesta por el tribunal.
"Si el joven se resiste al tratamiento hay que proceder
a juicio", entonces le pregunto ¿por qué
se prestaba a ese juego? Cuando pudimos trabajar esto, le
dijo al joven : "mirá, acá la desición
es tuya, el que tiene que elegir sos vos, o vas y te tratás
y normalizás la situación en tu escuela o
directamente pasas a juicio". Fue la primera vez que
pudo poner un límite con claridad, dicho y hecho,
el joven me llamó por teléfono y comenzó
un tratamiento, fue un proceso muy interesante, con buenos
resultados. Muchas veces tenemos que trabajar en forma coordinada
con la gente de la justicia para poder dar respuestas que
son necesarias para que ese joven pueda precipitar algún
nivel de decisión, quiero decir con esto que la temática
de la prevención, del tratamiento y la función
del tribunal deben estar íntimamente articulados.
Tenemos que trabajar codo a codo a veces con los jueces
para poder, "sintomatizar" a nuestros pacientes
y promover la demanda.
Y para terminar, simplemente un comentario que me parece
interesante, en cuanto "a aquello de que no quieren
ser defendido y boicotean la función de la Defensa".
Hace ya muchos años recuerdo, fue en la década
del ´70, yo trabajaba con el Doctor Horacio Cattani,
actualmente juez de la Cámara Federal, en ésa
época, el estaba a cargo del servicio jurídico
del CENARESO que funcionaba de alguna manera como una Defensoría
para los jóvenes, y él se lamentaba porque
cuando los jóvenes iban a declarar, "se mandaban
presos"; "pero este es un tarado..." nos
decíamos. Claro después nos pusimos a pensar
un poco sobre este tema y advertimos que muchos jóvenes
estaban "enfermos de impunidad", y que muchas
veces la resistencia a una defensa estaba implicando la
búsqueda desesperada de "un límite",
que alguien diga basta de una buena vez. Por qué
digo esto, porque parece una contradicción que alguien
no quiera asumir la defensa de un hecho frente al que puede
ser sancionado o que puede encontrar como tal un límite.
Muchas veces requieren y demandan ese límite. Los
jueces y defensores tienen que estar todo el tiempo advertidos
de esto y creo que es muy importante el trabajo de colaboración
entre el juzgado y los profesionales que trabajan en el
campo de la salud. cuando hablamos de jóvenes con
causas judiciales, lo que hay que entender es que ése
es un porcentaje mínimo que ha caído bajo
el dominio de la ley de drogas, en definitiva por razones
contingentes. Nada diferencia a un toxicómano que
tiene causa por la ley de drogas de aquel que no lo tiene.
Digo esto porque muchas veces en los servicios se establece
como una división muy tajante entre el que "es
judicial" y el que no lo es. Quiero dejar en claro
que desde el punto de vista de nuestro trabajo no hay diferencia.
Lo que si complejiza la intervención o quizá
a veces la puede facilitar es la presencia del juzgado interviniendo
dentro del proceso para lo cual quiero dejar muy subrayado
la importancia de hacer un trabajo integrado, entre el área
de salud y de justicia. No creo que se trate de declamar
la interdisciplina en este campo sino sostenerla como práctica,
nos evitaría muchas de las dificultades que se han
venido planteando a lo largo de este encuentro, a propósito
de los jóvenes y de esa "realidad social"
de la cual formamos parte, también defensores y profesionales
de la salud: Muchas gracias.
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