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JORNADA CON PROFESIONALES
Prof. Claude Olivenstein
(Sociedad Hebráica Argentina - 11 de septiembre
de 1986)
Presidente del Consejo Científico de SOS Drogue International
Director del Hospital Marmottan
París - Francia
Me disculpo por no hablar castellano, reconozco que tengo
una cierta vergüenza por eso, y al mismo tiempo estoy
muy dichoso de haber sido invitado a este lugar.
Voy a tratar de hablarles esta mañana de los aspectos
psicodinámicos del desarrollo y del devenir de un
toxicómano. Antes de pronunciar este texto quisiera
situar el contexto del mismo para hablar con toda franqueza.
Pienso que hoy, aquí y ahora, no conocemos nada en
materia de toxicomanía y por lo tanto y de una manera
muy voluntaria voy a limitar mi exposición a lo que
ocurre en el estado actual de nuestros conocimientos, entendiendo
que se trata de una verdad del momento, de este momento
y no de una verdad científica definitiva.
Durante decenios la clínica de los toxicómanos
y por lo tanto su tratamiento han chocado con el hecho incontestable
del rechazo por parte de los clínicos de crear una
entidad específica. Este rechazo provocó dispersiones
- como el tema de las toxicomanías - ya que siempre
hubo, a priori, dogmáticos sobre este punto, o moralizantes
o sociológicos.
Si admitimos que el problema de la droga es una ecuación
de tres dimensiones: un producto, el encuentro de una personalidad
y de un momento sociocultural, hay que rendirse a la evidencia
que hay tanta diferencia entre un usuario, un consumidor
de la droga y un toxicómano verdadero como entre
una cerveza y un vodka, y sin embargo las dos son bebidas;
la diferencia esencial reside en el hecho que los clínicos
están obsesionados por la noción de causalidad,
mientras que el problema de las toxicomanías tiene
que ver, esencialmente, con una clínica de la intensidad
además de una clínica de la causalidad.
En otro términos, los fenómenos clínicos
que se encuentran en los toxicómanos serían
más o menos banales si no se tuviera en cuenta la
cinética específica de las transformaciones
intrapsíquicas de las atmósferas muy particulares
en las cuales se desarrollan estas transformaciones y del
rol irreductible de la memoria en tanto evocadora del placer
procurado y constantemente idealizado.
Debemos decir ante todo que cualquiera sean los descubrimientos
esenciales, traídos por la neurofisiología
o la química biológica y cualquiera sea la
importancia del estudio del funcionamiento del cerebro y
particularmente de los elementos rinoencefálicos,
estos datos científicos en ningún caso pueden
explicar de forma satisfactoria el imaginario de un toxicómano
y su productividad en el sentido. Tenemos que poner en guardia
a los químicos contra toda referencia reductora o
modelo animal. Una descarga de adrenalina o una reacción
del cerebro recompensante no pueden explicar más
la calidad de un poema, la adhesión a San Francisco
de Asís o el pasado del toxicómano. Lo que
tratamos de decir tiende a un enfoque científico
del toxicómano. Sobre todo, vigilar las reducciones
aparentemente razonables.
En este texto no preveremos sino el caso extremo del toxicómano
auténtico, pero aún así, ya rozamos
una de las dificultades esenciales del problema: entre el
usuario que hay creativo de drogas y el toxicómano,
existe todo un espectro de situaciones intermedias, de movimientos
de ida y vuelta, de pasajes de un estado a otro que varían
en función de los tres parámetros de mi ecuación.
Y para hablar de otra forma de las relaciones e identificación
que cada persona puede tener con las tres dimensiones de
la ley o sea la dimensión real, la dimensión
simbólica y la imaginaria.
En otro trabajo sobre el destino del toxicómano,
hemos explicado ese proceso: un toxicómano auténtico
parte del estadío del espejo roto que va a constituir
a través de otro estadío, la desmedida, el
idiota de la familia. Buscando su identificación,
va a exponer todas las formas del dolor hasta el estadío
de la androgenia. Será el encuentro del producto
que hará de él un casi mutante, ya que no
podrá cambiar, salvo por la creación del estado
de dependencia y generalmente por el dúo que integra
con el sufrimiento en lo que hemos denominado el estadío
del sufrimiento del sujeto desintoxicado.
Vamos a recorrer brevemente esa trayectoria que inevitablemente
nos lleva a algo que parece escandaloso: a una posición
perversa del sujeto y del terapeuta, del cual habrá
que salir, es decir, que a lo largo del camino que va a
acompañar el toxicómano, la reflexión
ética es parte integral del trabajo a la vez clínico
y terapéutico. No tomar posición en forma
ética, desemboca inevitablemente en el trueque de
una dependencia por otra dependencia que no solamente es
una falla profesional, pero también desemboca sobre
un impasse grave, ya que cuando el sujeto trata de liberarse
de esa dependencia no tendrá más que la recaída.
Como opción, el suicidio o la locura.
Postulamos que, muy precozmente, el niño, futuro
toxicómano auténtico, sufre un traumatismo
que hemos denominado el estadío del espejo roto.
Ese estadío lo va a ubicar intermedialmente entre
el niño psicótico, por el cual según
Jacques Lacan, el estadío del espejo no existe y
el niño normal, para el cual el estadío del
espejo puede llevarse a cabo. Todo ocurre como si en el
momento en el que se miraba en el espejo que constituye
su identidad, éste se rompe.
Las razones de estas roturas son múltiples, lo voy
a ilustrar a través de mi experiencia, son tantas
que nadie lo cree y sin embargo es así.
Tengo el paciente, cuyos padres tuvieron su primer hijo,
que llamaron Francoise. Francois falleció a los 6
meses de edad; tuvieron un segundo hijo, otra vez Francois,
que se transformó en un inválido cerebro -
motor; y tuvieron un tercer hijo, que es mi paciente y que
llamaron Jean Francoise. Es evidente que todas las historias
no son tan enormes y también como consecuencia, todas
las roturas del espejo no son tan totales o totalitarias,
explicando con ello las posibilidades más o menos
reparadoras de la terapéutica o la acción
social.
Es importante recordar que ese recuerdo de esa ritura del
espejo que marca al individuo y que lo conlleva luego a
través de los estadíos siguientes que he enunciado
a toda una serie de verificaciones y de reiteraciones que
a su vez en ping pong los envía a una identidad imposible.
El segundo estadío es la desmedida a la búsqueda
de esa identidad perdida. Desde entonces, el sujeto va a
explotar todas las vías que se le abren. Es interesante
reconstruir la biografía de tal o cual paciente.
Se constata que también hay desmedida, todos los
fenómenos son banales en sí. Lo que no es
banal es su intensidad en el tiempo y en el espacio. Es
el inmenso campo del terror nocturno y del insomnio.
El niño mayor participa ya de una obligación
lúdica. Está totalmente obligado a alucinar
lo real, la vida escolar es ritmada por las imposibilidades
de renuncias y las exclusiones. Ya es un provocador, un
perseguido - persecutor; el encuentro con la sexualidad
será determinante. Es, antes que nada, la práctica
de una masturbación repetida frenéticamente
y prolongada en el tiempo. Aún y frecuentemente,
después del pasaje al acto con una pareja, luego,
la tentación y la aventura andrógenas. Quisiera
decir al pasar que esa tentación androgena que no
se confunde con la homosexualidad ya que no se trata solamente
de una pulsión de deseo, sino de una búsqueda
de identidad en la bifase. Es en ese caso, en esa medida
de la desmedida, que se van a construir los lazos del sistema
familiar. La tendencia actual es ignorar o pretender ignorar
la participación familiar en esa construcción.
Si la oferta de la droga desempeña un papel, es contrario
a la verdad cientificar, minimizar el papel de las familias
perturbadas y perturbantes. El niño es puesto y se
pone en la situación del idiota de la familia. Su
participación desempeña un papel estratégico
importante en la economía familiar.
Es en ese sistema que van a desarrollarse, a lo mejor, las
verificaciones exclusivas que lo caracterizan.
Dos elementos nos parecen extremadamente frecuentes. Por
una parte, la negación del padre, o de su nombre,
vivido como incapaz de hacer gozar a la madre, y por otra
parte, la relación compleja, ambigua y contradictoria
y a la vez deseable y rechazante que muda la relación
con la madre.
El tercer estadío es el encuentro con el producto.
Es evidente que tales tipos de personalidad esencialmente
caracterizados por una sucesión de equilibrios inestables
se encuentran en todas las sociedades occidentales y esto,
tanto fratria restringe las posibilidades de evasión
en el seno del núcleo familiar y por lo tanto fragiliza
más allá a ciertos niños.
Si el niño frágil, débil, encuentra
y muchas veces busca la droga, va a encontrarse por primera
vez en presencia de un instrumento, de un objeto inerte
y exterior que va a permitirle dos cosas: la primera, es
colmar, en una atmósfera iniciática, el placer
que busca (una unidad totalizante que lo acerca en cierto
modo a Dios). Ello colma completamente la fisura. En segundo
lugar, después del almacenamiento en la memoria de
esta experiencia inefable, tendrá la posibilidad
aparentemente infinita de verificarla por la repetición.
Asistimos por lo tanto aquí, en esta verdadera mutación
explosiva, del encuentro de una carencia y de algo "el
objeto droga" que trasciende esa carencia en y por
un estado absolutamente único por la especie humana.
La carencia inicial será importante y el efecto del
producto será totalitario, e lo que no pueden comprender
los que sostienen el modelo animal o métodos terapéuticos
comportamentalistas. Es esto, aquello que debiera determinar
una elección de una terapéutica matizada e
individualizada como trataremos de decirlo más adelante,
pero a causa de la carencia inicial esta luna de miel va
a agotarse, ayudada en este caso por el juego sutil de los
receptores neurofisiológicos a la vez específicos
y no específicos.
Por otra parte, con respecto a ese tema, se plantea una
pregunta fundamental, es el por qué del paso de lo
específico a lo no específico y viceversa.
En todos los casos, en ese estadío recomienza el
gran temor de encontrarse ante el vacío inicial.
Es allí que se juega la construcción del estado
de dependencia, es un estado, del cual afirmamos que es
una construcción psíquica, por lo menos tan
activa como pasiva y lo que parece escandaloso, al menos
tan deseada como sufrida.
En mi servicio hemos estado muy impactados por el hecho
que lo toxicómanos internados, hospitalizados, y
que van bien en su tratamiento se encuentran en estado de
abstinencia. A partir del momento que se decide su salida,
redescubrimos en este momento que es de la carencia de abstinencia
que sufre ese sujeto, ya que es evidente frente a la carencia
fundamental, esa carencia arcaica que va a encontrarse nuevamente.
La dependencia es la puesta en escena del deseo, es un fenómeno
activo, voluntarista, que se convierte en un modo de existencia,
una relación con la vida, que permite solamente evacuar
por su propia existencia todo lo que ha ocurrido al sujeto
desde el estadío del espejo roto.
En este sentido, la carencia es la verdad y aliena toda
otra forma de verdad, da un ser activo a la ilusión,
aún si tiene la apariencia de un fenómeno
objetivo, es exquisitamente doloroso pero no todavía
melancólico, ya que participa todavía el producto
y no de un trabajo de duelo, trabajo de duelo que encontraremos
más tarde. En el centro de esta experiencia explica
en parte; la otra parte es la relación con la ley,
que es a la vez simbólica, es entonces, esa experiencia
que explica la diferencia entre toxicómano y consumidor
recreativo.
Es entonces por falta de algo mejor que el día que
desaparece el placer se instala más o menos voluntariamente
la carencia. Se puede hablar de dúo indisoluble,
ese modo de existencia es ampliamente suficiente y es por
eso que observaremos junto con Bernard Jeveaux la extrema
rareza de los estados de despersonalización en el
momento de la sustitución / supresión.
Podemos decir entonces, que el sufrimiento se convierte
en la alternativa deseada por falta de algo mejor que el
placer y substituye al objeto droga, que ya no puede desempeñar
su rol más que por comparación.
Observemos entonces, que es en tanto que objeto del deseo
incomprendido, que la carencia en sí misma es un
obstáculo para la cura del toxicómano, paradójicamente,
es cuando está curado de la carencia que el toxicómano
recae para encontrarla mejor. Cuando esta dependencia "necesaria"
deja por múltiples razones de jugar su papel. Llegamos
a la última etapa que es el sufrimiento admitido
del sujeto desintoxicado. Sabemos bien, es el "toxicómano
curado" el que va a suicidarse, ningún ser humano
necesita debatirse y con qué duplicidad, con esa
elección permanente y siempre en equilibrio inestable.
Repetición o renunciamiento; repetición, es
la vuelta a la situación imposible, donde el placer
ya no existe y la carencia es insuficiente para ser un modo
de existencia que sería capaz de borrar el vacío
inicial y renunciamiento es entonces hacer imposible la
verificación de una mínima parte de placer
que borraría todo y que justificaría todo.
Lo que vive el sujeto es una verdadera guerra psíquica,
una guerra psíquica interior, una guerra civil entre
él y el mismo, forma con este sufrimiento un dúo
tan temible como el que formaba antes con el producto y
con la carencia.
Es al caer la tarde, cuando el tiempo vivido se instala
en la espera y en el recuerdo, es allí cuando se
manifiesta ese sufrimiento inusitado, un minuto puede ser
un siglo, y no nos asombraremos del número de pasos
al acto que en las instituciones se desarrollan en estos
tiempos.
De este modo se juega el destino del toxicómano y
su evolución.
Qué podemos proponerle, frente a estos tres dúos
temibles, la carencia inicial, el producto, el sufrimiento.
Qué podemos poner en ese lugar, me parece evidente
que toda la terapéutica lineal que no tuviera en
cuenta las discontinuidades emocionales, afectivas, y cinéticas,
se abocaría a un fracaso total. También me
parece evidente que un terapeuta solo, cualquiera sea su
técnica, no puede enfrentar tampoco tales discontinuidades,
tendremos que poner en práctica entonces un sistema.
Tomar el lugar del objeto droga y llegar a un compromiso
ortopédico satisfactorio. Para esquematizar este
proceso que tiende a ofrecer al hombre el espejo roto, elecciones
de identidad, encararemos sucesivamente, pero insisto que
en la realidad los hechos no son lineales, la suspensión,
la separación del medio y la psicoterapia.
Hay que organizar entonces un espacio y una vivencia transicional,
que sea la primera transacción entre la dependencia
total y la independencia más o menos lograda. Para
ello, el lugar debe elegirse al ofrecer al mismo tiempo
las condiciones de un protector, pero disponiendo al mismo
tiempo una salida que deja una opción al paciente.
El contrato es la primera concesión que el paciente
toxicómano deberá hacer; el lugar y las figuras
terapéuticas deben ser suficientemente fusionables
y afectivas para que el paciente se permita esa primera
concesión sin hacer demasiada trampa.
Se subrayará a ese respecto la importancia del primer
encuentro con la institución y con la palabra del
terapeuta. En nuestra concepción, ese primer encuentro
debe ser como el flash que sintió con el producto.
El destete, el corte proporcionalmente llamado así,
debe elegir también productos transicionales, o sea,
suficientemente buenos para actuar con poder sobre todo
en el síndrome de abstinencia, pero suficientemente
neutros para no evocar ante la extrañeza del paciente
el placer del toxicómano. En esas condiciones, las
separaciones vividas como una propiedad ética, deben
transformarse en la memoria del paciente, en un recuerdo
suficientemente satisfactorio, aún en su parte dolorosa,
para que haya un primer contrapeso, al dúo del paciente
y su producto.
La segunda fase es la aislación del medio, cuando
la primera fase se ha logrado, se podría ir más
lejos, se trata de concluir un segundo contrato, y de promover
una nueva posibilidad de identificación.
El nuevo lugar debe ser suficientemente cálido, un
refugio.
Por ejemplo, en ese estadío no habrá más
recurso que la medicación, el aprendizaje por el
trabajo; se puede considerar ese conjunto como el espacio
transitorio vivido, donde las posibilidades de juego quedan
como importantes y donde el aprendizaje de la ley va progresando.
En cada fracaso, el trabajo es vuelto a tomar pero en otros
lugares, se utilizan los recursos de la institución
y de la persona de la cadena terapéutica. La cadena
terapéutica es un conjunto de instituciones diferentes,
de personas diferentes, de técnicas distintas que
ofrece cada una, una dignificación diferente.
Todo proceso tiende a utilizar la dependencia como un proceso
para denotar la dependencia o la técnica de las dependencias
parciales cada vez más restrictivas. En esa estrategia
y teniendo en cuenta los elementos teóricos detallados,
sobre todo en el estadío del espejo roto, hay que
ofrecer al paciente distintos modelos de identificación
y diferentes espacios para que se vuelva a hallar con las
piezas rotas del espejo y que pueda hacer opciones parciales.
Ese trayecto que requiere un terapeuta líder, es,
repitámoslo, un trayecto de discontinuidad en la
continuidad, una ruptura con los conceptos tradicionales
de tomar a su cargo los toxicómanos.
Recordemos una vez más, que la ética que sostiene
el trabajo de nuevo contacto hasta el final del período
transicional debe ser el cese de todo estado de dependencia
sea con el producto, con la institución o con los
terapeutas.
Esa preocupación ética, va a la par con la
eficacia profesional. Un paciente al que siempre le faltaría
algo más de lo que le falta se las arreglaría
para hallar en otra parte otra situación de dependencia,
o sea otro sufrimiento.
Tercera fase, la psicoterapia específica. Hemos puesto
al final del recorrido la psicoterapia, pero es evidente
que desde el primer encuentro deben ubicarse dos elementos
contradictorios. Por una parte un anuncio de un programa
a largo plazo con la organización de los contratos
sucesivos; por otra parte, una seducción del toxicómano
en donde la intensidad lo lleva por encima de la situación
casual. Es partiendo de ese lugar, de esa premisa, que se
organiza el lazo ulterior. En el inicio, el terapeuta sabe
que si quiere éxito debe ubicarse en el lugar del
tercer excluido, que es el objeto droga.
Debe aceptar funcionar un cierto tiempo en dúo con
el toxicómano como éste funcionó en
dúo con el producto.
Pero, como ya lo dijéramos antes, se trata únicamente
de una herramienta y la relación dependiente no debe
terminar por ser un fin en sí misma.
La herramienta debe llevar a una construcción "cultural"
y ortopédica del YO, capaz de hacer una opción
entre esas distintas identidades parciales. Es lo que movimos
en el estadío de la desmedida psíquica.
Para llegar a ese punto y luego de la faz inicial, el terapeuta
con la cadena terapéutica debe canalizar la necesidad
del paciente, de reemplazante parcial del objeto, se transforma
en objeto transitorio él mismo, luego es el campo
de la terapéutica cada vez más ortodoxa que
se transforma en espacio transitorio vívido; querer
aceptar compartir con otros espacios transitorios, como
lo hemos indicado aquí y en otro texto, se trata
de una auténtica guerra psíquica, interna
y externa al paciente.
A medida que avanza la curación, la evolución
hacia la ortodoxia debe especificarse. El paciente que haya
seguido ese camino, no podrá en general concluir
su recorrido con ese sistema transitorio. Cuando la consolidación
de su YO sea suficiente y suficientemente fuerte, es el
toxicómano, él mismo que decidirá dejar
su identidad, abandonarla. El honor y la gloria del terapeuta
especializado es organizar esa negación del YO y
permitir entonces la salida de su paciente.
Me llamo José Salvador Echanis, soy médico
psicoterapeuta, estoy trabajando en una comunidad de drogadictos
"Viaje de Vuelta", en un tiempo que considero
breve para hacer una experiencia importante, es decir, hace
aproximadamente 4 meses, quisiera decirle al Doctor algunas
situaciones no de tipo teórico sino experiencias
o vivencias que yo he tenido durante mi contacto con los
pacientes drogadictos en esta comunidad.
En un primer momento con la técnica que he utilizado,
sobre todo en ese grupo de psicodrama, sentí que
ellos me consideraban algo así como una especie de
alucinógeno donde estaban francamente unidos a mí
por un deseo de trabajar, lo hacían muy fluidamente
dentro de lo que es el método psicodramático.
A medida que fue pasando el tiempo, yo trabajaba por ejemplo
con un grupo que permanecía durante 30 días
en esa casa y después de 30 días ellos pasaban
a otra comunidad. En esa primera casa, yo tuve la sensación
al principio de una necesidad de una protección extrema,
tanto que inclusive tenía la sensación de
algo así como pobrecitos, hay que protegerlos muy
mucho, hay que darles una especie de situación afectiva,
hay que sustituirles algún elemento, como por ejemplo,
llevarles o proporcionarles por intermedio de la institución
golosinas, etc., en el momento del trabajo, de las sesiones
que duraban aproximadamente tres horas.
Después, a medida que fue pasando el tiempo, fui
descubriendo que necesitaban desde el principio que se trabajara
con ellos con bastante disciplina, entonces cada vez fui
estableciendo reglas muy claras, por ejemplo, no fumar durante
las entrevistas, yo soy alérgico al tabaco, entonces
les expliqué, no me parece justo que yo trate de
ayudarlos a ustedes y ustedes en cambio me están
dañando a mi. Lo aceptaron. Después se les
fue estableciendo otras reglas de disciplina como por ejemplo,
no es válido verdaderamente que estén ustedes
tirados por el suelo sino que cada uno tiene que ubicarse
en su silla o en su sillón respectivo; pero a medida
que va pasando el tiempo, quiero decir, es como si se fuera
estableciendo cierto distanciamiento afectivo de ellos en
lo que hace a pensar, no debo protegerlos de una manera
tan directa, sino más bien, tomar en cuenta este
elemento, por ejemplo, de intentar disciplinarlos y tengo
la impresión que esto ha sido bastante positivo.
Últimamente otra de las cosas que he descubierto
también es que no me puedo quedar solamente con provocarles
una especie de catarsis de tipo emocional a través
de las diferentes dramatizaciones sino también algo
así como de alguna forma intentar revertir su pensamiento.
Tengo la sensación como que el proceso de pensamiento
está verdaderamente muy alterado en muchos de ellos.
Es decir, un poco le quería preguntar al Doctor,
de acuerdo al soporte teórico que él está
manejando. ¿Cuál sería la razón
desde el punto de vista de su esquema por lo cual yo he
ido sintiendo todos estos cambios a través del tiempo?
Dr. Olievenstein: es difícil contestar en tres minutos
una pregunta tan importante, creo que los instrumentos clínicos
de los cuales disponemos son insuficientes y en particular
creo que estamos intoxicados por una concepción causalista,
sobre todo a nivel de los afectos y las sensaciones. Estamos
también infectados por una concepción normalizadora
del trabajo a realizar con los toxicómanos. En tanto,
la única concepción que me parece verdadera
y eficaz es de aliviar una situación de sufrimiento.
Ahora bien, el toxicómano tiene una particularidad
única en el ámbito de la patología
que es la de tener una parte sana y una parte enferma, la
parte enferma todo el mundo la conoce, pero la parte no
enferma, es el recuerdo adornado de ese placer, por lo tanto
proponer a un toxicómano de entrada una posición
demasiado normalizadora va a llevarlo en un primer tiempo
a tratar de seducirlo a uno, en un segundo a provocarlo
y en un tercer tiempo a recaer. Y nuestro colega recién
ha descubierto por su propia experiencia la importancia
de las estrategias de discontinuidad al tomar a cargo un
toxicómano, donde efectivamente lo que está
en juego es el aprendizaje de una ley en sus tres dimensiones,
pero yo pienso que este aprendizaje será imposible
si no hay una transacción, un compromiso con la parte
no enferma del toxicómano.
Mi nombre es Santiago Rosenberg, soy Licenciado en Psicología,
mi pregunta al Profesor se refiere a si el sustento teórico
y las estrategias aplicadas al drogadicto son también
aplicables a la fármaco dependencia, concretamente
al adicto a fármacos que en algunos casos pueden
ser específicamente psicofármacos, y en otros
que a través de una historia de consumo de broncodilatadores
u otras situaciones lo llevan a esa forma de dependencia,
adicción de la cual no logra desprenderse.
Dr. C. O.: Gracias por esta pregunta. He tratado de decir
hace un rato que la clínica de los toxicómanos
es más una clínica de la intensidad que de
la causalidad y más una clínica de la rapidez
que de otras cosas. Es evidente que las drogas llamadas
duras, como la heroína, las anfetaminas, la cocaína,
están más en relación con el texto
que acabo de leer que otros productos. Por ejemplo, para
los alcohólicos esto no se aplica del mismo modo
porque el tiempo para constituir un dúo con el alcohol
es más largo, mucho más largo y permite a
la organización neurótica constituirse de
otra manera. Hay menos equilibrio inestable y entonces para
los fármacos de los cuales hablaba usted, hay aquí
algo intermedio diría yo, entre lo que acabo de enunciar
y lo que ocurre con los alcohólicos. Hay una cinética
menos importante y una intensidad menos importante que para
las drogas duras, pero de todos modos hay algo de ese orden
sobre todo en la constitución del dúo entre
el producto y el sujeto.
Soy el Licenciado Carlos Alonso, psicoterapeuta, trabajo
en una institución con púberes y adolescentes
neuróticos y psicóticos y en privado. He atendido
en pocas oportunidades algún problema de adicción.
En su libro "El destino del toxicómano",
usted menciona lo del espejo roto que mencionó hoy
en la última parte de la exposición, allí
usted señala como estrategia terapéutica el
poder ensamblar las partes rotas del espejo; ahora, este
modelo del espejo es, supongo que lo toma de su compatriota
el Dr. Lacan como dar un modelo de identificación
en un espejo roto. Me resulta un poco difícil de
comprender, podría puntualizar este modelo de estrategia?
Dr. C. O.: Gracias por esta pregunta muy importante. He
dicho al comienzo de mi exposición que no sabemos
hoy en día tratar verdaderamente a los toxicómanos.
Lo que podemos proponer es una transacción cultural
y ortopédica. Existe una ilusión en todo caso
para los toxicómanos auténticos que consiste
en reparar el espejo roto, pero por la estrategia de las
identificaciones parciales, podemos proponer identidades
parciales y de un cierto modo, el sujeto va a reconocerse
en una o dos de esas identificaciones y va a llegar a construir
un modelo ortopédico que le hará aceptar la
transacción social.
Es todo lo que podemos hacer hoy en día. Es ilusorio
aunque esto parezca escandaloso tratar de curar la personalidad
de un toxicómano.
Pregunta: Todos, estatales como privados, ¿cuál
es el acento que proponen darle al trabajo de profilaxis
frente a, ó conjuntamente con el de recuperación
de drogadictos?
Dr. C. O.: Una política en materia de droga comprende
un cierto número de elementos de los cuales ninguno
puede disociarse, en materia de toxicomanía debe
obligatoriamente utilizar estos cinco elementos: 1) represión
del tráfico; 2)recepción liberal de los adictos;
3)prevención e información; 4)inserción
socio profesional, y por último una verdadera política
de la juventud. Si estos cinco elementos no están
reunidos, no hay lucha contra la toxicomanía.
Soy Marcos Berstein, médico especialista en terapia
de familia. Trabajo con familias de adictos y quisiera preguntarle
al Profesor Olievenstein si pudiera ampliar algunas de las
características que él ve en la familia del
adicto, que se dan en forma repetida y también si
podría darnos algunas ideas sobre cómo trabajar
con la familia del adicto, algunas características
técnicas.
Dr. C. O.: No hay un modelo único de familia de toxicómano,
hay a groso modo un cierto número de modelos. Cuando
se ve por primera vez a una familia, podemos tener los tipos
siguientes: un poco caricaturesco o esquemático,
la familia dolorosa, la familia resignada, la familia científica,
la familia culpable, la familia cómplice, la familia
falsamente dura, que tiene soluciones preparadas, la familia
ausente y uno de los padres ausente y la familia paternalista,
buena gente, o sea, que no puede existir solo una estrategia
en materia de familia, sin embargo la mayoría tienen
un punto en común, ese punto en común es que
sus hijos son ángeles antes de iniciarse en la droga
y son demonios más tarde. Y han sido todos contaminados
por malos elementos, entonces el primer trabajo que hay
que realizar es individualizar cada caso, y hacer tomar
conciencia a la familia que los problemas anteriores persistían,
ese es el trabajo de base, si no existe ese trabajo de investigación
no se puede avanzar, de allí la importancia del primer
encuentro; en la práctica con mayor frecuencia uno
de los padres viene a nuestro encuentro muy a menudo solo,
generalmente es la madre, hay que obtener que los dos padres
se presenten, en una segunda etapa hay que obtener que los
padres se presenten con su hijo en la estrategia cuando
los padres se presentan con los hijos según mi opinión,
hay que recibir primeramente al adolescente solo y escuchar
su versión y a continuación se reúne
a los padres con los hijos y nos sorprendemos en ese momento,
contantemente sorprendidos de dos cosas, el cambio de actitud
del niño, del joven que se encierra y que ya no es
el mismo y las dos versiones completamente contradictorias
de los padres y los hijos. En ese momento se trata de proponer
al conjunto de la familia un compromiso, un contrato, hay
varias posibilidades, los padres y los hijos aceptan caminar
un cierto tiempo juntos y se propone la estrategia de la
terapia familiar sabiendo perfectamente y avisando a los
padres y al hijo que habrá una puesta al día,
de una cierta cantidad de conflicto.
La segunda opción, los padres quieren ser seguidos,
pero el hijo no acepta eso (el hijo o la hija), hay que
hacerse cargo de la angustia de la familia y seguir a la
familia, aún si con respecto al adolescente tenemos
todavía una posición de espera.
El tercer caso, el adolescente quiere ser seguido por sí
mismo y los padres quieren ser sostenidos, a partir de ese
momento el terapeuta inicial se ocupa del adolescente y
está comprometido al secreto profesional, y los padres
son seguidos por otro terapeuta.
En cuanto a la estrategia de la terapia familiar, son relativamente
banales como toda terapia familiar, salvo que en un momento
dado e inevitable, el sujeto toxicómano necesitaría
una referencia más particular, sobre todo lo que
un terapeuta que acepta jugar el papel de un tercer excluido,
y en ese momento encontramos los límites de la terapia
familiar, he aquí la respuesta.
P.: Yo vengo de la Provincia de San Luis, profesión
si se puede llamar así, filósofo, y quisiera
hacerle una pregunta de índole más bien general
al Profesor, cómo hacer para reinsertar al adolescente
en la sociedad, sin hacer trampa, con su inquietud, con
su rechazo que naturalmente tiene hacia el medio general
que lo rodea?
R.: Voy a repetir lo que digo desde hace dos días,
se trata de la democracia, la democracia es el peor régimen
exceptuando todos los demás, hay que enseñar
a los jóvenes y a los niños lo que llamo la
democracia psíquica, es que todo no es posible y
que el adulto es el que acepta las frustraciones indispensables
para establecer las transacciones necesarias, y por lo tanto
hacerle cumplir su deber de convivencia, eso es todo y es
enorme.
P.: En el estado actual de la adicción de la República
Argentina que ha dado un vuelco en estos últimos
tres o cuatro años, ya que la Argentina dejó
de ser una plataforma de lanzamiento solamente, para seguir
el camino de la adicción particularmente de la cocaína,
es donde la preocupación nace, donde mal puede ser
la interpretación no solamente del Profesor que hoy
asiste a nuestro interés personal sino que también
de todos ustedes que son al fin y al cabo ciudadanos argentinos,
y a quienes preocupa el actual problema grave de la adicción.
R.: Soy muy sensible a los problemas de libertad individual,
pero voy a contestar como hice con la persona que lo precedió,
la democracia es el arte de la transacción, no puede
haber una ley idea, sino que una ley debe reconocer también
el estado de la opinión pública, si no reconoce
un poco el estado de la opinión pública, obliga
a la gente a radicalizarse y a adoptar posiciones todavía
más atentatorias de las libertades individuales.
Tenemos en Francia una ley de la transacción que
hace del uso una enfermedad y que ha organizado para eso
la recepción voluntaria, anónima y gratuita
de los toxicómanos, pero que hace al mismo tiempo
para el toxicómano que se convierte en prosélito,
no solamente traficante, el que ofrece su departamento para
que otros se droguen, el delincuente y propone sanciones,
la peor de las soluciones según mi opinión
sería la que comprometería a los médicos
en una colaboración razonable con el aparato judicial.
Creo que cada uno debe encontrarse en su lugar, los médicos
deben curar, y están obligados al secreto profesional
y los jueces están para sancionar, sería ilusorio
que se encuentren estas dos responsabilidades sociales,
cada uno debe asumir su rol aún si ese rol es contradictorio.
P.: Yo soy Mary Pirone, médica psicoanalista, quería
preguntarle acerca de la conducción de la cura, usted
estuvo hablando del proceso de cura donde hay un momento,
al final donde se puede decir que el adicto está
curado, del cual usted habló que es un momento de
riesgo, de riesgo en tanto pasaje al acto. Yo quería
saber si esto tiene que ver con esa caída que usted
habla del objeto droga y si como tal podemos pensarlo como
una melancolización del paciente, porque usted habló
en determinados momentos en el proceso de observación
de la cura, si en este caso podemos tomar al adicto curado
como una caída, digamos en un proceso melancólico
o cómo?, digamos teóricamente como la pérdida
del objeto de la melancolía?
R.: Necesitaría dos horas para contestarle, en principio
hay un error, nunca hablé de cura, he hablado de
transacción ortopédica y cultural, quisiera
situar la posición del terapeuta de droga que ocupa
una posición transicional, organiza la dependencia
y en un mismo movimiento prepara a su paciente para desasumir
la dependencia, organiza la negación de sí
mismo y de su propia función, es evidente que en
esa estrategia no tiene la posición del analista
sino que tiene una posición perversa de seducción,
de erotización, de ficción y al mismo tiempo
va organizando la ley, o sea el pasaje hacia la aceptación
de una ortodoxia, en ese momento, ya no es él el
que decide el final, como en toda terapia más frustración
que beneficio y si quiere continuar va a ver a un analista
ortodoxo, en cuanto al tema de la melancolía, nos
encontramos en una situación excepcional para el
hombre, por una vez el objeto no es fantasmático
es real, es un polvo neutro blanco y se puede verificar
por la repetición, por lo tanto nos encontramos en
una situación absolutamente excepcional, única
en el mundo y en la humanidad y no nos encontramos jamás
en la situación realmente melancólica, a lo
mejor he ido demasiado rápido, pero digamos que para
una nueva clínica de toxicómanos, la noción
de estructura o lo utópico no existe, en todo caso
es insatisfactoria, nos encontramos ante una sucesión
de equilibrios inestables, y justamente allí está
la dificultad del trabajo, tenemos un trabajo que puede
ser normal al mediodía, melancólico a las
seis de la tarde, a las 12 de la noche neurótico
obsesivo, etc., etc.
P.: Mi nombre es Julieta Inverti, soy Licenciada en Ciencias
de la Educación, tengo un taller de producción
de materiales, acabo de terminar un audio sobre droga -
dependencia para púberes y adolescentes y me sentí
bastante insegura con este tema. Quisiera saber qué
podría aportarme usted, para tener en cuenta, como
mensaje destinado a jóvenes sobre prevención.
R.: Permítame repetir que no soy Jesucristo y no
tengo un mensaje a transmitir. Creo dos cosas, que cada
persona y cada grupo ha determinado su propia vía
y no he venido a vender un modelo francés, pero también
creo y profundamente que cualquiera sea el horror que impone
un problema, la única cosa importante y que supera
ampliamente la simple técnica es la reflexión
ética, he aquí todo lo que puedo decir.
P.: Mi nombre es Bruno Bulacio, soy psicólogo, mi
pregunta apunta a ver si podría aclararme algo, sobre
la situación de entrada del supuesto paciente al
análisis o si la situación terapéutica,
digamos que la experiencia que en general tenemos los que
hemos trabajado con pacientes adictos a drogas, es la presencia
de una marcada resistencia, tanto a la consulta como a la
posibilidad de darle la continuidad de un tratamiento. Por
ejemplo una de las cosas que es muy común observar
es que el paciente llega traído por terceros, la
familia, muchas veces alguna situación compulsiva
desde el punto de vista judicial, muchas veces la situación
corporal, es decir un cuerpo devastado puede llevarlo a
una consulta, o la droga misma, quiero decir siempre hay
una instancia que lo trae a la consulta.
La pregunta concreta es, cuál es la operatoria clínica
que usted ha reflexionado sobre la posibilidad de instalar
algo ahí, del orden de un trabajo a nivel de la palabra
en pacientes donde observamos que tienen una disposición
muy distinta a la que generalmente encontramos en pacientes
de características neuróticas, desde el punto
de vista médico muchas veces se dice no hay conciencia
de enfermedad o no hay motivación para un tratamiento,
¿cómo operar clínicamente en esta instancia?
R.: Lo lamento mucho, pero tengo una experiencia absolutamente
contraria a la suya, he fundado una institución hace
más de quince años, basada sobre el voluntariado,
el anonimato y la gratuidad, desde hace quince años
25.000 toxicómanos de los cuales 80% de heroinómanos
han llegado voluntariamente, para presentarse y curarse.
Pero nuestra estrategia creo, y parece que esto es distinto
de lo que aquí ocurre en su país, es en principio
la elección de un lugar abierto, donde las personas
pueden entrar y salir, es tratar de manipularnos para ver
cuál es nuestro poder, y en segundo lugar que todos
nuestros terapeutas están formados en el hecho de
reconocer la parte no enferma que existe en cada toxicómano,
por ejemplo yo personalmente hablo del placer y pregunto
siempre a mis pacientes qué música escuchan,
porque el tipo de música que escuchan cuando se drogan
me informa sobre cuál es el contenido del planeta,
ustedes saben muy esquemáticamente que los efectos
de la droga pasan por tres fases, el flash que es como una
explosión, como un orgasmo, el planeta donde el muchacho
o la chica vive todos sus deseos y los vive realmente y
el descenso donde se reintegra de una manera melancólica
y real.
Hacer comprender entonces a un muchacho toxicómano
que sabemos, que admitimos la calidad del flash, y del planeta,
mostrarle que también sabemos eso, modifica de manera
permanente la relación que se puede tener con él,
a partir de ahí toda la relación cambia, pero
pienso efectivamente que si se adopta una posición
clásica de espera y de escucha entonces se va al
fracaso.
P.: Mi nombre es Elena Ritzer, soy farmacéutica,
mi pregunta es más general y de reflexión
que técnica, como adulto y asumiendo mi responsabilidad
al integrar una sociedad, pregunto si hay alguna manera
de institucionalizar una forma de educación para
que los adultos aprendamos a no hacer hijos drogadictos,
de qué manera sería posible?
R.: Desgraciadamente he visto durante mi vida, toda clase
de padres, de derecha e izquierda, liberales y represivos,
salvo los arzobispos, los he visto a todos, no sé
como educar a los padres y a los chicos para evitar de fabricar
hijos dependientes, no lo sé, he ensayado todo y
no lo sé, por el contrario sé que las palabras
verdaderas y sobre todo en el seno de las familias son un
mínimo de protección, pero no podemos tener
un doble discurso, decir que no hay que robar y falsificar
la declaración de impuestos, eso es todo.
P.: Soy la Profesora Victoria Vitar de Fernández,
represento a América Latina en la Federación
Internacional de Lucha contra la Droga, entidad privada
que se formó en Atlanta, Georgia, en los Estados
Unidos en el año 1984. Estoy trabajando en la prevención
primaria hace 18 años en los Estados Unidos, en España
y en mi país con padres, adolescentes y docentes.
Mi preocupación es viendo en otros países
el fenómeno del consumo indebido de drogas que como
hipótesis fundamental partimos de que el droga -
dependiente proviene generalmente de una familia en crisis,
falta de autoestima, etc., etc., pero lo que he visto estos
últimos años y ahora en nuestro país
que los chicos están haciendo experimentación
de uso de drogas, marihuana y cocaína y son de familias
normales, es decir que en esta etapa de la experimentación
existe la presión del grupo, la curiosidad y todos
los fenómenos propios de la adolescencia; como la
palabra normal ha llamado un poco la atención; me
refiero como normal a una familia continente, con todas
las características del fenómeno actual en
que vivimos. La pregunta concreta, la disponibilidad que
existe en el medio, la falta de conocimiento que tiene el
chico, la falta de acción coordinada sea en la escuela
o en la casa hace que el chico esté experimentando
cuando no existe realmente un problema de fondo de crisis
de familia.
R.: Existen hoy en día en el mundo dos tendencias,
una que considera que hay un vasto complot de la droga,
y que esto es dramático, que un niño pueda
hacer la experiencia, que basta con fumar un cigarrillo
para convertirse en toxicómano, y otra que piensa
que las cosas son todavía más complicadas,
que si los chicos intentan experiencias es porque hay problemas
que es un fenómeno de sociedad complejo donde los
fenómenos de grupo juegan un papel importante, pero
donde la sociedad de los adultos no ofrece modelos identificatorios
suficientes, me sorprendo siempre un poco al ver que los
adultos que se movilizan tanto contra la droga no se movilizan
del mismo modo contra los accidentes de la vía pública
y de las motos que matan y masacran más chicos que
la droga. Estoy igualmente sorprendido que las mismas personas
no tienen una palabra a decir sobre el alcoholismo y discuten
de la droga tomando un whisky, hay en este momento una verdadera
conspiración armada por ciertas personas que están
cerca del Presidente Reagan; aborrezco la droga, pero creo
que hay actualmente una voluntad de desviar a la gente y
a los países de los verdaderos problemas que son
la miseria, el hambre y la desesperanza.
P.: Yo soy médica psiquiatra, trabajo en el Policlínico
Ferroviario Central desde el año 60 y veo con gran
alarma el aumento de jóvenes que hacen uso de drogas
dentro de este medio, cosa que no veía hace 20 años
atrás, eso hace de que en estos momentos nos estemos
abocando a tomar medidas de posibilidad de atención
y además de prevención, lo que le quería
preguntar al Doctor es, si así como se define que
hay drogas que producen adicción de tipo físico
u otras de tipo psicológico, prevalentemente, esto
tendría influencia o relación con algún
tipo de predisposición particular en el caso de los
jóvenes que prueban la droga, o porque son iniciados
por el medio, o a veces por factores socio económicos
graves, pero que pueden dejarla, es decir que no se transforman
en adictos. En mi experiencia, no todos los que prueban
se transforman en adictos, entonces teniendo en cuenta que
los factores socio económicos y el aumento de la
miseria, la falta de perspectiva para los jóvenes
son un factor que incide altamente en la búsqueda
de la prueba; si él piensa, o en su experiencia,
existen factores de predisposición física
además de los sociales ambientales y familiares que
se dijeron y se conocen, que puedan hacer que un joven pase
de ser un consumidor a un adicto.
R.: Muchas gracias por su pregunta señora, siempre
he definido a la droga como el encuentro de una persona,
un producto y un momento socio cultural, es evidente que
los productos tienen una acción neurobiológica
y neurofisiológica, existe una predisposición
física?, creo que hay terrenos más favorables
que otros, en este sentido existen niños de alto
riesgo, pero en el punto actual de nuestros conocimientos
podemos difícilmente distinguir entre lo que es psicogenético
y lo que es organogenético, digo en este momento
de nuestros conocimientos pero es evidente que hay niños
de alto riesgo, hemos vivido todos una experiencia de masa
durante la guerra de Vietnam, los soldados americanos han
sido contaminados de una manera masiva por la droga, si
se hubiera seguido la definición de la Organización
Mundial de la Salud, a la vuelta en Estados Unidos tendrían
que haber seguido con la droga ya que eran dependientes,
pero se produjo el fenómeno inverso, las condiciones
socio económicas cambiaron, la inmensa mayoría
de los veteranos se detuvo y sólo una minoría
continuó, lo que prueba que había un fenómeno
muy particular.
P.: quería pedirle si puede articular la drogadicción
con el concepto de síntoma y estructura psicopatológica
por un lado y por otro lado si puede reconceptualizar el
lugar de la escucha, en el proceso terapéutico, porque
me pareció que en un momento quedaba de lado o relativizado
su lugar y en otro momento me parecía que le daba
gran importancia, que está ubicada en un lugar importante
esa escucha, ¿lo puede reformular?
R.: Discúlpeme, pero me harían falta diez
horas si partimos de mi concepción del espejo roto,
allí donde el espejo falta, tenemos trozos de psicopatología
y vemos algo de psicosis, algo de neurosis,... y he ahí
una de las dificultades de los terapeutas, cuando se ponen
a tratar a un toxicómano lo tratan los que conocen
un poco de psicosis, un poco de neurosis, un poco de perversidad.
Se ha descripto por ejemplo la semejanza con el maníaco
depresivo, o con la neurosis compulsiva o impulsiva, pero
eso no es cierto, son solo trozos y quizá una de
las cosas más difíciles de hacer, de admitir,
es esa noción de equilibrio inestable, no nos encontramos
en presencia de algo sólido u de ahí, para
mi, la necesidad absoluta de no referirnos a la psicopatología
clásica y de tratar de crear un nuevo instrumento
clínico cuyos criterios deberán tomarse de
los grandes temas de la física moderna, sobre todo
la teoría de los equilibrios inestables, sobre todo
el azar organizador de equilibrio, sobre todo la intensidad,
como cuando Freud hablaba de la termodinámica, para
crear un instrumento capaz de abordar ese problema, pero
desgraciadamente en estos momentos estamos en los primeros
balbuceos.
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