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LAS
TOXICOMANIAS
Dr. Hugo Freda
ATENEO 16/08/84
CE. NA. RE. SO.
Gracias, agradezco a mi amigo Cagliotti por esta presentación,
y debe ser que dentro de 4 días me voy de nuevo para
París a retomar mi función de director de
una institución que se ocupa del tratamiento de toxicómanos,
y esta es una buena oportunidad para reencontrar, un poco
lejos, mis significantes.
Después de 7 años, ocho casi ya, yo trato
de orientar un trabajo específico.
Antes de comenzar debo reconocer que después de haber
recorrido varias instituciones para toxicómanos en
el mundo, ésta, por lo que pude ver, me ha parecido
ejemplar. No sé cómo trabajan con toxicómanos,
tuve una pequeña charla con... Colacino y Barletta
que me ha dado una idea muy somera de la forma en que trabajan.
Independientemente de eso, la lectura que me presentó
Cagliotti, que no sólo me la presentó porque
como buen director que él es, todo director de una
cosa debe mentir; he visto cosas que no mienten, las cuales
son índices para mi, de un tipo de funcionamiento.
Hemos hablado varias horas con él y apareció
un tema. El título de esta conferencia que se decidió
rápidamente es: "De la clínica a la clínica".
De alguna manera va a ser preámbulo de un trabajo
que voy a presentar en un Congreso Internacional que se
va a realizar en Reims. Dicho Congreso tiene como título:
"De la toxicomanía al toxicómano".
De la toxicomanía al toxicómano, ida y vuelta,
por marcar que no es lo mismo toxicomanía que toxicómano.
Entonces, de la clínica a la clínica va a
ser una manera para mi, de introducirlos en esta charla.
Hay una clínica del toxicómano antes que el
sujeto diga una sola palabra, la clínica ya está
decidida, esto es una evidencia.
El campo de la toxicomanía supone por lo menos algo
que es la definición de la droga. Esta definición
es anterior a la aparición del sujeto que va a consumirla.
Entonces, este simple hecho pone ya al terapeuta ante un
problema que es el de entrar en una clínica donde
el objeto, o sea el síntoma del paciente, está
definido previamente.
Voy a contar una pequeña anécdota. Estaba
en Tailandia donde me aburrí particularmente en un
congreso de sabios. Le pregunté a uno de los sabios
qué iba a pasar el día que la heroína
se vendiera libremente en los supermercados. Este señor
me dijo: "No estamos acá para hablar de imbecilidades".
¿El imbécil era yo?. Me fui unas horas después
a pasear por Bangkok. Lo primero que me sucedió en
Tailandia fue que nadie me ofreció heroína.
Además yo no he visto nunca la heroína. Lo
que si he visto es esta heroína que hace que un sujeto
deje la vida por ella.
Esta proposición imbécil de mi parte fue satisfecha
al ver hace poco. Hará cuatro meses, en un diario
francés una pequeña noticia. En esa época
en Francia se pagan los impuestos. Uno en la hoja pone todo
lo que gana, lo que gasta y todo aquello que puede ser deducido,
gastos suplementarios. Entonces un señor pone como
gasto, la heroína que le había comprado a
su hijo durante todo un año. Y lo que pedía
era una reducción de impuestos por gastos de medicamentos.
Esto pueden creerme que es cierto. Yo puedo traer el diario.
Le Monde se caracteriza por decir, entre paréntesis,
casi siempre la verdad. Hete aquí que el director
de impuestos deduce de la hoja lo que el padre había
pagado como droga y este señor usa de esa posibilidad
y paga menos impuestos.
No estamos muy lejos de pensar que la droga, o sea la heroína,
está legalizada. En España cualquiera que
se droga no está sometido a ninguna pena. Pueden
drogarse libremente. Este ejemplo venía un poco a
satisfacerme ante este señor del que he olvidado
su nombre y que en Tailandia me trató de imbécil.
La droga puede ser vendida en un supermercado. No me resultaría
extraño que sucediera, al punto de otra anécdota:
un toxicómano hace una gran nota en un diario español.
Quiere juzgar y penalizar al que le vendió la heroína
porque no era de buena calidad. Salió en el diario.
Esto es lo que se llama una libre consumición. Pueden
consumir libremente.
Ahora el problema es que un toxicómano puede venir
a vernos a la institución con la jeringa, drogarse
delante nuestro y decir: "Yo estoy dentro de la ley".
Es un campo donde la definición que se da al objeto
determina el comportamiento del sujeto. Es muy simple.
Pero hay una clasificación de la droga. Las drogas
han sido clasificadas independientemente del sujeto deseante.
Nadie le preguntó al clasificador cuáles son
sus criterios de clasificación. Nadie le preguntó
al juez cuál es su criterio para instaurar un tipo
de procedimiento con respecto a alguien que utiliza un objeto.
Evidentemente se jugó con el fantasma de la muerte.
Uds. saben, mejor tal vez que yo, que la heroína
mata a muchos menos que, supongamos, las pistas de sky.
En Francia en un fin de semana un poco cargado, debe haber
casi tres veces más muertos de overdosis o sobredosis.
Son hechos. Diría que estos hechos son los que muestran
que hay una clínica antes de toda clínica.
¿Qué quiero decir con clínica?. La
clínica es una manera particular que tiene el sujeto
de tratar lo que no entiende. Esto es una clínica.
No hay que confundirla con tratamiento. ¿Qué
es lo que se trata clínicamente antes que el CE.
NA. RE. SO. aparezca? ¿Antes que aparezca el (nombra
el centro del que es director)? Se trata un imposible a
comprender.
¿Qué es lo que no se comprende?. Qué
hay alguien que goza sin el otro. Esto es lo que aparece
como incomprensible y que necesita legalizarse en el buen
sentido del término. Esto quiere decir nada más
ni nada menos que ponerle una palabra, sea un texto de ley,
a aquello que aquel que hace la ley no comprende del otro,
dado que no hay ninguna racionalidad respecto a esto.
No hay ninguna racionalidad porque hay drogas que se venden
en la farmacia de la esquina: Codelasa o Neocadrón
en Francia. Se venden. Uds. conocen gente que toma todos
los días. Como mi padre era visitador médico
de Andrómaco yo estaba rodeado de Codelasa. Pero
nunca he sido toxicómano.
Entonces, lo que quiero decir es que una clínica
antes que el sujeto hable es la necesidad de un cuerpo legal
de poder ponerle palabras al goce del otro. ¿De qué
goza el toxicómano?. Goza en principio de no tener
necesidad de otro para gozar. Si se le pregunta: "¿Qué
sentís?" en general no puede responder. Porque
no hay respuesta posible al goce.
Quiere decir que antes de la creación de una institución,
nosotros ya padecemos de la definición de la toxicomanía.
Solamente los americanos que son un poco... duros cn respecto
al inconsciente, y los ingleses mucho más todavía,
imaginaron instituciones donde alguien podía drogarse.
Nosotros cuando hacemos una institución decimos desde
el vamos: "nadie puede drogarse allí".
Pero hay que saber que no decimos nada, repetimos lo que
el Otro dice. Somos el representante del Otro, llamado ley,
por ejemplo. Es importante saberse el representante de alguien,
por lo menos para no creernos libres con respecto a lo que
una hace.
Nuestra clínica desde el vamos está marcada
por lo que el Otro decide. Antes de crearla. Cada uno de
los pasos institucionales estaban establecidos antes. Nos
encontramos ante una clínica que es clínica
previo a escuchar un toxicómano. La ley francesa
dice todo lo que hay que hacer. Primer paso: desintoxicación.
Segundo paso: post - cura. Tercer paso: rehabilitación
social. Esto lo dice la ley antes que se cree un centro.
Parece importante señalar que no hay institución
libre. No hay la más mínima posibilidad de
una institución que sea libre en su funcionamiento,
porque desde el vamos está marcada por el deseo del
Otro con respecto a una clasificación. Clasificación
de las drogas a la cual tenemos que estar preparados a que
varíe todos los días. ¿Qué pasa
si mañana en el quiosco de la esquina se vende buena
marihuana venida de Méjico o de esa que se cosecha
en Salta?
¿Qué vamos a hacer?. ¿Los vamos a echar?.
¿Qué pasaría si caemos nosotros en
España y un toxicómano nos dice: "Yo
soy un hombre de ley, legalmente adaptado. Lo único
que tengo como inconveniente es que después de comer,
Ud. un café, yo un gramo de heroína"?.
Sería un pequeño inconveniente.
Pero hay que saber el grado de alienación en que
se encuentra la institución con respecto a la decisión
que hizo y generó su existencia. La cuestión
entonces, es saber si hay una clínica posible del
discurso del toxicómano a diferencia de la clínica
que nos piden que hagamos. Pero sabiendo que una no puede
funcionar sin la otra.
Si en mi institución yo digo: "En la mesa como
postre, heroína para todo el mundo", pues, heroicamente,
yo desaparezco. Lo mismo sucedería acá. Al
director sería al primero que echarían. ¿Por
qué?. Porque en tanto el director representa a ese
Otro que legaliza. La cuestión es saber cuál
es la posición del director. Yo hablaré de
la mía con respecto a esta clínica del Otro.
La clínica del Otro se define en toxicomanía
con la fórmula siguiente: "La droga hace al
toxicómano". O sea, es una proposición
donde el objeto determina al sujeto. Pero lo determina en
tanto este objeto está marcado por el Otro en tanto
que droga. Supuestamente, si un objeto no es más
droga, desaparecería el toxicómano. Pero lo
que desaparece si no se clasifica a la droga no es el toxicómano
sino la toxicomanía.
¿Qué es la toxicomanía?. Un concepto
jurídico y médico, nada más. Concepto
puramente jurídico y médico. El jurídico
llama al discurso médico para avalar lo bien fundado
de su pensamiento. No para saber si es cierto o no: no le
interesa. Además, no puede hacerlo.
Pero, ¿Cómo poner en cuestión este
concepto de que la droga hace al toxicómano?. Pues
yo hice una pequeña vuelta muy simple. Dije: el toxicómano
hace a la droga. O sea, el sujeto produce al objeto. Por
razones a descubrir.
Se produce acá, para mi, de la clínica a la
clínica. O sea, de la clínica en tanto la
manera particular que tiene el organismo judicial de...
, yo vuelvo a decir, no está mal. Estoy contra toda
utilización de drogas. Estoy contra toda legalización
de drogas. Pero no porque quiera el bien del mundo. No es
por eso. Estoy contra eso porque solamente el sujeto que
se droga se constituye como tal a partir de que este objeto
está prohibido.
Este es el problema. Si le saco la prohibición del
objeto él desaparece como sujeto. Y vamos a ver cómo
pasa esto. En la clínica del toxicómano entramos
en un campo del saber constituido antes por un discurso
que no tiene nada que ver con lo que piensa el toxicómano.
Esa es la enorme diferencia, por ejemplo, con el Psicoanálisis,
el cual se constituye a partir del discurso del paciente
como tal. Hay en psicoanálisis este aire de nuevo
con respecto a la otra clínica de la cual hablo.
Entonces, la cuestión es saber si teniendo en cuenta
ésta clínica que no es mala, es peor liberar
el objeto droga que legalizarlo, porque la legalización
del objeto como tal está hecha desde el momento que
se lo prohibe. Cuando se lo constituye como prohibido, hay
un amor del toxicómano a lo prohibido. A lo prohibido
donde el Otro enunciado por sus representantes (discurso
médico, discurso legal) le han dado forma.
El toxicómano lo que quiere saber, sobre todo, es
cómo el Otro trabaja el imposible. O sea, cuando
se presenta a un juez, lo que le dice es: "Ud. es un
ignorante". A tal punto ignorante que está dispuesto
a verlo repetidas veces para saber qué es lo que
tiene en la cabeza ese imbécil. Lo que no sabe es
que en esa búsqueda del saber del otro, él
es el único que pierde, porque el saber en el otro
no se encuentra.
¿Cómo hacer para ir de una clínica
donde nosotros mismos estamos alienados a una clínica
que trate de subvertir?. El toxicómano respecto a
la toxicomanía está en la misma posición
que nosotros. No hay diferencia. Somos la otra cara de la
medalla del toxicómano. El asunto es no estar enamorado
de la toxicomanía. No ser nosotros un toxicómano
de la toxicomanía donde el paciente no es nada más
ni nada menos que aquel que sostiene nuestra relación
a la definición.
Esto supone una manera, un trabajo particular. O sea, ¿cómo
de trabaja un síntoma?. Esta fórmula: "el
toxicómano hace al objeto", tiene la particularidad
de jugar y poner un poco a la sombra una verdad, que es
que no hay un objeto que produzca a un sujeto. La mesa no
produce al carpintero.
La creación del hombre es esa: poder producir el
objeto de su goce. O sea, el objeto que lo define como alguien.
Tenemos un sujeto que se realiza en el objeto, no en lo
que dice. Si le decimos a alguien: "Dígame quién
es", lo primero que dice es: "Yo trabajo en...".
O sea, que se realiza en el Otro, que como lugar de trabajo
es también un objeto.
Esta vuelta es para saber si nuestra tarea respecto a un
toxicómano es la de introducirlo en una clínica
establecida anteriormente o no. ¿La tarea de alguien
que ve a un toxicómano es la de que responda a los
criterios del Otro?. Otro que acabo de enunciar como otro
legal. Es posible que sea eso. Lo que queda como duda es
si ese Otro no es su próxima droga. Son los que se
convierten en... antiguos toxicómanos que se convierten
en terapeutas. Eso es el fracaso de la clínica. O
sea, se dio vuelta del otro lado pero está siempre
en la misma idea. Solamente que pasó de ser el sujeto
que padece a ser verdugo.
Esta es una figura muy vieja. Con Cagliotti nos podemos
acordar del buen loco que se adapta muy bien al hospital
y se convierte en dueño del hospital. Es el que tiene
las llaves, el que da los medicamentos, el que ayuda al
enfermero. Muestra bien el fracaso ante la psicosis. El
fracaso de la ignorancia del otro con respecto al síntoma.
No muestra ninguna sabiduría. O sea que un buen paciente
que salga del CE. NA. RE. SO. curado deberá odiar
a muerte este lugar. Eso sería una buena cura. Que
odie a muerte. Que los odie como representantes de la clínica
del Otro.
Porque es en su relación al Otro que él nace.
Y veamos cómo. Nace cuando viene a vernos y dice:
"Me mandó el juez". Uno le pregunta: "¿Ud.
quiere venir?" "No". Pero está acá.
Entonces uno puede terapeutizar ese momento.
Entonces la clínica se convierte entre uno y el juez,
donde el objeto es el toxicómano. El que pide es
el juez y el toxicómano no es nada más ni
nada menos que el objeto de esa colusión. Sirve para
mantener el discurso del otro. Yo insisto en que sirve para
mantener el discurso del Otro porque esa es su patología.
El toxicómano, yo diría entre paréntesis,
como buen perverso, para lo único que está
es para hacer gozar al Otro. Lo puede hacer gozar imaginándose
que éste otro, Hugo Freda, hace un bien a la humanidad.
O hacerlo gozar por la buena idea que tuvo la OMS cuando
describió todos los medicamentos de utilización
abusiva. Hay que saber por qué el quiere hacer gozar
al otro. Pero además, hacerlo gozar sin un partenaire,
o sea, sin otro del sexo contrario.
Entonces, el doble juego de las dos clínicas. Nos
encontramos con una clínica de lo imposible a comprender.
¿Qué es lo que comprendemos? El por qué
un sujeto insiste con un objeto. Nosotros tenemos esa capacidad
de cambiar de objeto.
Por un lado se puede decir que es un esclavo del objeto.
Es muy fácil. Por otro lado, podemos decir, tuvo
la suerte de encontrar uno. Porque, están los que
son esclavos de un solo objeto. Porque están los
que son esclavos de no encontrar uno. A tal punto que cambian
todos los días de institución o de psicoanalista.
Que no hay psicoanalista que le venga bien, como no hay
auto, camisa, mujer u hombre que le venga bien. También
es un esclavo de la repetición. A éste parecería
que no lo llamamos toxicómano.
Al principio el toxicómano dice: "Si es para
obtener un goce, no es necesario andar cambiando mucho".
Lo que pasa es que el toxicómano no sabe tanto del
goce como él lo cree. Entonces me parece que el criterio
de esclavitud no es el mejor.
Habría otro que es, no puede, por ejemplo, no tener
el objeto a su alcance. Tiene que estar el objeto siempre
"a la porteé la main" (al alcance de la
mano). O sea, que esté siempre en la mesita de luz
cuando él se despierta.
De alguna manera, ni el proceso del sueño lo alejaría
de la necesidad de su presencia. Es la misma que nosotros
tenemos con respecto a la ley. La presencia constante de
una clasificación de la cual no podemos salirnos.
Ni debemos hacerlo. ¿Por qué no debemos salirnos?.
Si salimos de eso haremos mucho mal al toxicómano,
no a la toxicomanía.
Veamos qué es esta necesidad de un sujeto de tener
el objeto al lado de él. ¿Por qué lo
necesita?. En principio sabemos que la cura médica
ha fracasado. La cura de desintoxicación no ha curado
todavía a nadie. Pero lo interesante es que el paciente
la pide. Hay que llamarla como se debe: cambiar el aceite.
Es nada más ni nada menos que lo que se hace con
un coche. Se saca el aceite viejo, se toma aceite de afuera
y de lo pone de nuevo adentro. Pasa en el 99% de las curas
de desintoxicación. O sea, que ésta a lo único
que supuestamente ataca es a una supuesta racionalidad de
quien después de terminar la cura dice: "Bueno
amigo, ahora no necesita más". Esto es lo que
se dice.
Evidentemente, como hay este aire de psicología que
pasa por los hospitales, que no es lo mejor que puede pasar,
para mí, dice: "Ahora tiene que hacer una post
- cura". Pero lo que el toxicómano va a demostrar
una semana después pidiendo otra cura de desintoxicación,
es que el saber del Otro, aquel que lo enuncia como tal,
es un saber falso.
Porque la conciencia no sirve para entender lo que le pasa.
O sea que intoxicándose de nuevo lo único
que hace (y no hay que ir a buscar en el recuerdo infantil
más lejano, ni en los pobre amigos del barrio, ni
en las malas compañías. Mentira, son todas
explicaciones falsas. Siempre pasa que porque a este si
y al otro no, si todos son amigos del barrio. Una suerte
de sociología del comportamiento), lo que él
demuestra intoxicándose de nuevo es que aquel que
le dice: "Ud. ya no necesita más" no sabe
nada de lo que dice.
A tal punto no sabe, que nosotros somos el producto de un
no saber médico. A tal punto que los hospitales no
quieren a los toxicómanos. No es que no los quieran,
es que el toxicómano pone en cuestión el saber
médico. Le dice a los médicos: "Uds.
no entienden nada de nada de lo que a mi me pasa. A tal
punto que me hizo todo lo que sabe, las técnicas
modernas, pero yo de nuevo me di 4 gramos de heroína
anteayer. Y supuestamente, Ud. me decía que yo no
necesitaba".
Lo único que hay que saber es que intoxicándose
de nuevo, a lo que él se dirige es al saber del Otro,
donde él se postula como la verdad. Con la verdad
de su síntoma tiende a anular el saber del Otro.
No creernos que la relación del toxicómano
con el médico es con la persona del médico.
No, es con el médico en tanto que representante de
un saber que está más allá de él.
La institución es lo mismo.
El asunto es cómo salir de eso. Es ahí que
un poco con todo lo que dije, la explicación del
título... o sea, de la clínica del particular
al particular. Y así el toxicómano habla.
Y habla, ¿cómo?. Habla sea como representante
del otro. En Francia la ley dice: "o se cura o en prisión".
Es la bolsa o la vida. Imagínense el grado de libertad
que alguien puede tener. Es una ley inventada por los cowboys,
el Llanero Solitario. Siempre en el campo de la toxicomanía
hay un Llanero Solitario. Esto hay que saberlo. Siempre
hay un gurú que es el que salva a los toxicómanos
del mal. En general da adeptos.
Pero, cuando vamos de lo particular a lo particular, ¿qué
es lo primero que presenta el toxicómano?. Es el
objeto como síntoma. O sea, como causa de él.
Y lo presenta de la forma más evidente: "Es
por la droga que estoy acá". Fíjense
la diferencia entre presentar el objeto como causa a presentar
un delirio o un fantasma como causa.
Entonces entramos en otra clínica, que sería
la de la presentación del sujeto, de su síntoma.
En ese momento no hay necesidad de saber qué droga
él se da, ni de qué droga se trata, sino de
la presentación particular que hace un sujeto de
su persona.
No es lo mismo decir: "Tengo la fantasía de
que me quieren matar" a "La vecina de enfrente
me mata", a "La heroína ha hecho de mi
un esclavo". ¿Cuál es por lo menos la
diferencia?. Que la heroína aparece en el sujeto
como fuera de él. Es la droga del otro. A tal punto
que él dice: "Mire, si Uds. me dejan en paz
a mi, la legalizan, la venden, yo no estaría acá".
El presenta, del vamos, la droga no como su creación
sino como su causa. O sea, aquello que lo causa a él.
Y además, causa su presencia acá.
Ahora acá, la droga ya no es más esa que está
en el cerebro o entre las sinapsis o no sé dónde...
Entonces, lo que presenta es este objeto como causa de su
ser. ¿Y qué es lo que pide? Pide volver a
un punto antes que cuando comenzó a tomar la droga.
El quisiera volver allí. Unos días antes de
la primera vez. Lo cual ya es un pedido imposible. Nadie
puede asegurarle a alguien que va a volver atrás,
donde él era, o donde él se imaginaba ser.
Esto da en muchos terapeutas una esperanza, que el sujeto
quiera ser lo que era antes de la droga.
El problema es que no hay antes de la droga. Es con la droga
desde el vamos, que sería otro problema. La droga
sería nada más ni nada menos que la creación
de un sujeto que se concretiza en un momento determinado.
Hay que ver por qué se concretiza. Yo di un ejemplo
clínico hace poco. Un paciente viene y me cuenta
esto: "Desde que yo nací sabía que no
iba a hacer el Servicio Militar". Ya es una proposición
un poco loca. Alguien que desde el vamos sabe algo, que
él no lo iba a hacer.
Llega el momento de hacerlo, se presenta y declara a viva
voz: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar".
Un capitán o un cabo se ríe de él porque
nada indicaba que no iba a hacerlo. A los tres días
de la primera revisación se va a la casa y le comenta
a un amigo: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar.
Tengo que buscar una solución". El amigo le
responde: "Hacete toxicómano".
Yo lo vi seis años después. El me cuenta esto.
Aquel mismo día se convirtió en toxicómano.
Como todos los conocemos. Prisión, curas de desintoxicación,
viajes a Tailandia, gramos de heroína en las botas,
todo el circo. Toda la fotonovela.
Tratemos de ver mínimamente esta creación
del objeto. El ser toxicómano que es la frase que
del otro viene, lo único que hace es consolidar una
certeza. La certeza es: "Yo no voy a hacer el Servicio
Militar", donde la droga a lo único que viene
es a confirmar la exactitud de la certeza.
La certeza es nada más no nada menos que una frase
que se impone al sujeto: "Yo no voy a hacer el Servicio
Militar". ¿Cuál fue el destino de esta
frase?. El pequeño destino fue que no pudo entrar
en una dialéctica simbólica. Quedó
como resto. Es una formación del inconsciente muy
precisa. Palabra o frase que no pudo entrar en ningún
orden racional.
Se hubiese podido convertir en un insumiso o pedir a la
ley que tenga cuenta de su caso, haber pagado a un psiquiatra...
no, no fue eso. Es que a la certeza de su proposición
se le sumó ser algo. Ser toxicómano. O sea,
que hay una designación de otro, un amigo, que confirma
con SER ante una certeza. El objeto droga es aquello que
sostiene lo que el otro dice.
Por eso, banalmente, la gente dice: "Son las influencias
de los amigos". Tienen razón, lo que pasa es
que no saben lo que dicen. Ya desde la toxicomanía
hay un problema de armado social. Como si alguien pudiese
decir que hay un solo problema que no sea social. No hay
problema no social por el simple hecho de que el hombre
habla y desde que abre la boca ya es social. No hay problema
social de la toxicomanía en el sentido que no hay
un problema que no lo sea.
Pero sí hay un problema social en el toxicómano,
que es distinto, y vamos a ver por qué. Con el ejemplo
quise mostrar cómo el toxicómano no es producto
de la droga sino esta viene como representante del decir
del otro sobre su certeza.
¿Qué hubiese pasado si este sujeto hubiese
podido analizar su certeza?. Seguramente que si hubiese
podido trabajarla no hubiese sido toxicómano.
Por eso en la presentación del paciente: "Quiero
volver al punto anterior a ser toxicómano",
de lo que se trata sobre todo, es de no trabajar en cada
caso este punto que lo constituye.
Entonces, hay muchas clínicas. ¿Es la clínica
de la que vuelve este punto donde él estaba destinado
a ser un buen hombre?. ¿O una clínica que
supone un hombre al cual el toxicómano debe acceder?.
Lo que pasa es que esa definición de hombre, el único
que la tiene es Dios. Vaya a saber. Somos criaturas del
pensamiento del hombre.
¿O una clínica que intente subvertir este
orden de aparición para trabajar el orden de su certeza
delirante?. Es un poco delirante. Hay un delirio acá.
O sea, que hay una frase que no entra en un sistema de comprensión.
Por eso lo que se produce como comportamiento incomprensible
en el toxicómano es la búsqueda del saber
sobre ese punto. En este paciente es: "Yo no haré
el Servicio Militar". Cuando, ingenuamente lo que sabemos,
es que hace un Servicio Militar después de ocho años,
siendo heroinómano. En vez de tener un coronel que
habla tiene una heroína que no lo deja en paz.
Es peor que un año de Servicio Militar para la razón.
Pero no es de esa razón de la cual se trata. Padece
de un Servicio Militar y pasó por todas las Gendarmerías
de Francia, es conocido de muchas comisarías, de
muchos jueces. Lo que podemos ver es que el síntoma
de esa certeza es: lo que mandan.
Uds. saben que hay uno que manda siempre, que es el padre.
Lo que pasa es que a veces no manda muy bien. Para ser psicoanalista
hay que tener un padre terrible. Freud decís: "Mire,
reprima mucho". No por nada decía reprima mucho.
Cuando no se reprime hay frases que quedan en el aire y
se convierten en la frase del Otro.
Porque ser toxicómano en este caso, no es nada más
ni nada menos que sacar a esta persona de un problema grave.
¿Cuál?. Que antes él definía
por lo no - hacer. Encuentra en el objeto el ser. Por eso
Uds. habrán visto en la clínica que cuando
el toxicómano comienza a salir de la toxicomanía
dice: "¿Pero ahora quién soy?".
Antes podía decir: "Soy toxicómano".
Lejos de ser, entre paréntesis, una patología,
en el sentido que lo hablé antes, es una manera de
identificarse. El ejemplo quiere solamente mostrar cómo
la fórmula "el toxicómano hace a la droga"
y no "la droga al toxicómano" es porque
nada más que una propuesta, en la cual el sujeto
no es; puede el objeto venir a taparla. Cuando muchas veces
se les saca la droga hacen un brote delirante. Se psicotizan
porque la droga es aquello que sostiene el aparato psíquico.
Confrontar al sujeto a aquello que produjo su ser, diría
Lacan, es muy difícil, muy angustioso. ¿Por
qué?. Porque el sujeto que nos interesa (o sea, como
nosotros, digamos) es un sujeto que con respecto al objeto
está separado. Nosotros tenemos un sujeto que está
junto al objeto. El sujeto que somos nosotros es un sujeto
que no se realiza en el objeto.
Pero no solamente no se realiza, sino que fundamentalmente
se caracteriza por no ser. O sea, nosotros no sabemos quienes
somos. Por suerte. Si lo supiésemos pararíamos.
Ni la idea de sujeto para la muerte nos impide hacer imbecilidades.
Fundamentalmente el sujeto que habla es el que no sabe quien
es, por eso hace cosas.
El toxicómano, y de ahí su diferencia, dice:
"Yo soy algo". Entonces, la clínica que
yo propongo es la de desterrar su ser, en el sentido que
él no pueda definirse en el objeto sino de alguna
manera hacerlo en la significación que pueda darle
a este objeto.
El toxicómano es un sujeto que se realiza completamente
en el objeto. Nuestra tarea es sacarle esto, no nos olvidemos.
Por eso puede haber aberraciones. En la clínica que
va del sujeto al objeto, o sea, el sujeto como creador de
este objeto, se sostiene que hay una frase que ha sido desprendida
de una cadena simbólica. Será cuestión
de ver la posibilidad de trabajar el objeto para constituir
un sujeto que no realice de otra manera que en el significante.
Es lo que queremos que hoy quede claro.
Aunque tal vez no compartan esto, lo que Uds. quieren es:
"Mirá, antes de hacer una cagada, vení
a hablarme. En vez de realizarte en la heroína, venía
a hablarme. O sea, realizate en el significante". Esta
es la clínica que se propone y a la cual yo adhiero.
Nada más.
Pregunta: Doctor, lo que Ud. decía, en un momento
me hizo acordar a unos escritos de Antonin Artaud: "Es
a mi, toxicómano parenne, a quien corresponde curar
a todos los médicos. Imponerme a mí su insulino
- terapia, ilusión de un mundo postrado..."
Respuesta: Si, si, pero la diferencia entre Artaud y los
toxicómanos es que Artaud era Artaud. O sea, que
hay que tener cuidado con su fascinación. Sobre todo
no con él, sino con nosotros. Yo no creo que los
toxicómanos sean más o menos inteligentes,
pienso que en general son bastante... idiotas, que no era
el caso de Artaud. Él sabía eso, a tal punto
que pudo salirse. El problema es que los otros no saben
eso que sabía Artaud. Si lo supiesen no vendrían
aquí. Esa es nuestra tarea, demostrarles eso.
P: El recorrido me pareció apasionante. Me quedé
pensando en relación con la cuestión de la
demanda. Cómo tratar un adicto y cómo pensar
un espacio que es del Otro, que la cultura propone, una
institución, por ejemplo, que se define como especialista
en el tema. Es decir, si de alguna manera, la cultura, ese
lugar del Otro al cual vos te refería, no estaría
como identificado ese lugar. Si viene un adicto a escucharme,
yo me ocupo...
R: ¿Si viene un adicto a escucharme?
P: Acá voy... si viene un adicto para que yo lo
escuche, fue un lapsus interesante porque iba a esta pregunta,
se supone que para escucharlo le tengo que proponer de alguna
manera un lugar. Si no es adicto no lo trato y lo derivo
a otro servicio...
R: ¿Y cuándo sabe uno que es un adicto?.
Cuando viene a verlo, nada más.
P: La pregunta es, más concretamente, cómo
puede ser pensada esta práctica de la escucha, sin
caer en el lapsus mio, donde yo lo pongo en un lugar y lo
identifico desde una institución que se propone desde
la cultura como ámbito especializado en el abordaje
de este tema. CE. NA. RE. SO. tiene una particularidad,
por ejemplo, Centro Nacional de Reeducación Social
y no Centro del Toxicómano. De todos modos está
identificado dentro de nuestra sociedad como el lugar que
atiende a los toxicómanos. ¿Cómo pensar
entonces esta perspectiva de la escucha?
R: Tal vez pueda resumirlo rápidamente. En mi práctica
institucional, en mi institución, yo trato pacientes
toxicómanos individualmente, caso por caso, tres
o cuatro veces por semana, sobre un diván. No soy
el único que lo hace. Pero, su pregunta va más
allá.
P: Si...
R: Porque, no porque, digamos, la sociedad me dijo que
tengo que hacer esto, que tengo que hacerlo. Es el primer
problema. Uno puede decir: "Me voy, no me gusta".
Es una posibilidad. Otra puede ser joder lo suficiente en
la institución para que se venga abajo. Se creen
a tal punto que son los amigos del otro y que tienen que
estar contra el otro que lo único que hacen es mostrar
que ellos no quieren ser el otro. Lo único que no
pueden hacer es irse, lo cual demuestra que gozan de esa
posición. Hay otra posibilidad que sería,
cuál es la posición del terapeuta con respecto
a estas dos cosas. La institución que crea a la institución
y la institución creada. O sea, entre el Estado y
CE. NA. RE. SO o el estado y Reims. No hay ningún
tipo, y... hay que saber más. No hay institución
no psiquiátrica y hay que saber que una de las mejores
es la psiquiátrica. No hay que tener miedo a decir
que fue la única que contuvo a la locura. Mal, bies,
eso ya es otra cosa. Basaglia con sus grandes experiencias
de abrir los hospitales no resolvió un solo delirio
que yo sepa.
Pero lo que Ud. dice es cierto porque pone en cuestión
el lugar del terapeuta. Yo creo que el lugar del terapeuta
es que no debe ocultar al otro que decide la creación
de la institución, por ejemplo. O sea, el terapeuta
no puede aceptar, si es que acepta trabajar en una institución
como esta, la droga en el interior, que no es lo mismo que
el pasaje al acto de un toxicómano que se droga en
la institución. No conozco una sola institución
en el mundo que no tenga droga en el interior.
Pero hay dos maneras de operar. Identificándose a
la certeza... pero, el toxicómano necesita que uno
no se crea todo poderoso. O sea, que si hay un tráfico
de droga en mi institución, yo llamo a la policía.
Porque no tengo por qué aceptar todo. Hago carne
su palabra. Si él hace pasaje al acto, pues que pague.
P: Está muy claro y creo que es un poco el estilo
con que trabajamos en CE. NA. RE. SO., quizás desde
los inicios mismos de la institución. La inquietud
que me quedaba es en relación a la posición
de escucha del terapeuta y fundamentalmente en ese encuentro
de dos demandas que está sostenida por otro. En muchos
casos la familia o el juez. Ese encuentro de dos demandas,
donde aparecen el juez y la institución en tanto
se propone para esto.
R: Si, si. Esos son dos campos distintos.
P: Quisiera ubicar ese lugar de escucha...
R: Si. El paciente viene a verme a mí, particularmente.
En la institución en la que yo trabajo cada terapeuta
resuelve la entrada como le conviene. Como él lo
entiende. No tenemos criterios de admisión establecidos.
Es el deseo del terapeuta que determina la entrada. Pero
si un paciente viene porque lo manda el otro tendrá
que venir a verme muchas veces para que lo acepte. Hice
un trabajo sobre esto, donde la pregunta que hay que hacer
es: "¿Quién le pide que pida?".
Es ahí donde el terapeuta ya no está en flagrante
delito ni de complicidad ni de sugestión. Eso ya
tiene que ver con cada institución. Cuando yo creé
la institución, el primer día llamé
a la Brigada de Estupefacientes. Todo el mundo estaba contento.
Faltaban cinco minutos para terminar, había que despedirse.
Yo les digo: "Estoy a disposición de Uds. en
caso de que lo necesiten". El jefe me dice: "Seguramente,
nosotros también. Ud. va a escribir muchas informaciones".
A esto le respondo que sí, pero que sepa que no le
voy a dar ninguna. No vinieron nunca más y fuimos
grandes amigos.
Estaba yo en ese caso... hay que decirlo... contra la ley...
porque su mi paciente viene a decirme: "Mañana
a Reims va a llegar un kilo y medio de heroína",
¿qué hago?. Ante la justicia soy cómplice
de una información. Pero, ¿es verdad que va
a llegar?. En una de edad lo que quería era saber
cuál era mi posición, hasta que punto yo estaba
dispuesto a resistir lo que él decía. Ahí
hay una apuesta del terapeuta, pero no es la apuesta de
la institución. Es uno con un paciente. Entramos
en otro orden, un orden de no poder reglamentar. En mi caso
concreto yo no estoy de acuerdo. Como no estoy de acuerdo
en sacar a un toxicómano de la prisión. Que
lo saque el juez si quiere, que se haga cargo el juez. No
es mi tarea sacarlo.
Lo único que puedo indicar es que, si quiere, cuando
salga, que venga. Es una manera de darle ala ley su lugar.
Y al toxicómano una relación con su deseo
de tratarse y con la realidad de la ley. Yo me opongo a
esas instituciones que van a buscar a los pobres toxicómanos
por el mundo, que los sacan de la prisión... me parece
que no es bueno.
P: Doctor, se usa indiscriminadamente el término
toxicómano con el de adicción. Nosotros, todos,
a lo mejor, somos adictos, pero por ahí no somos
toxicómanos...
R: Yo no soy adicto.
P: Por ejemplo, yo puedo pensar que si es adicto al saber.
En muchos de nosotros se da... el ser adictos al saber.
Pero no somos toxicómanos. Parecería, entre
comillas, que el saber no es tóxico y que si es tóxica
la heroína. De alguna manera estamos emparentados.
R: veamos la diferencia. Para nosotros, los no toxicómanos,
cuanto más se sabe, más de oscurece la verdad.
Uno dice: "Esto es algo, un cenicero". Cuando
se lo estudia más de cerca, se da cuenta que ya no
es un cenicero, por ejemplo, supongamos para la física.
Uno cree que un vidrio es sólido pero si se acerca
a estudiar la estructura del vidrio sabe que es un líquido
pesado. Entonces, cuanto más sabemos, más
se nos aleja la verdad. El toxicómano encuentra la
verdad, la verdad es la droga. Esto hace en algunos momentos
imposible el tratamiento.
¿Qué quiere decir encontrar la verdad?. No
es tan complicado. Es aquello que impide que cualquier cosa
entre. Eso es encontrar la verdad. Por eso hace difícil
el tratamiento, está en una posición de verdad
o de certeza con respecto a su hacer. No sabemos como entrar.
Hay un momento en el que el terapeuta inevitablemente está
afuera y lo único que puede hacer es escuchar medio
imbécilmente.
La cuestión no es querer enseñarle a vivir
mejor... otra cosa que hay que saber es que no hay vacaciones
para el toxicómano. Trabaja 365 sobre 365 días
y 24 sobre 24 horas para mantener el objeto. Es un gran
productor. No es cuestión de ir a atacar la verdad
de lo que él es o de su síntoma, o de lo que
se pierde en el mundo, o los pajaritos de colores o que
no puede estar con su mujer y tener hijos... sarta de educación
un poco perversa.
Muy por el contrario, no es darle saber, sino oscurecer
la verdad. Por eso la pregunta cuando viene a verme es:
"¿Quién le pide que pida?". Entonces,
ahí empieza a titubear el hombre. Preguntar sobre
su afirmación. Si uno acepta ese hecho consolida
esa saber: "El otro me manda que venga a verlo".
P: ¿Qué pasa con la mentira?. Porque en general
muchos mienten... lo que comúnmente se llama mentir.
¿Cómo se relaciona?.
R: En principio, la mentira no existe. Ese es el problema.
Que siempre para el que habla hay uno que sabe la verdad.
No por nada se inventó el catolicismo. Esta es la
paranoia constitutiva del sujeto. Cuando Ud. camina sola
por la calle estaría muy loca imaginando que no hay
alguien que la está mirando... sino, fíjense
en los retrovisores de los autos. Es que siempre hay uno
atrás, ¿no?. No por nada. Es porque esto es
una constitución del sujeto, un mínimo de
paranoia. Este es el primer hecho.
Entonces, cuando él supuestamente miente, aunque
mienta cuando sabemos pertinentemente que se drogó,
que hay una jeringa debajo de la cama... lo que está
queriendo saber es cuál es su verdad. Es que realmente
¿Ud. sabe algo?. O sea, la mentira es una prueba...
yo insisto, no hay mentira. Ocultar la verdad, que es otra
cosa, para saber cuál es la verdad del otro, que
sería una dialéctica más bien transferencial
que de la realidad.
P: Otra cosa que me preocupa es un tema central, la muerte.
O sea, qué juego se da... pareciera que fuera un
juego.
R: Sería muy largo. No creo que tenga que ver con
matarse. Creo que es más bien pasar al otro lado,
que es distinto de matarse. Se imaginariza en los toxicómanos
con "Yo me voy a la India, al paraíso perdido,
a Tailandia".
Se van a la India y se quedan diez minutos y se vuelven
a Francia porque es mucho mejor Francia que la India para
drogarse.
P: ¿Por qué la ignorancia de nuestros pacientes
se convierte en certeza y nuestra ignorancia permanece como
ignorancia?
R: Si, es una muy buena pregunta, pero para la próxima
conferencia. Es muy larga, pero fíjese Ud., si quiere,
lea atentamente un texto de Freud "Un recuerdo infantil
de Leonardo Da Vinci". Ahí tendrá por
lo menos una parte de la respuesta.
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