LAS TOXICOMANIAS
Dr. Hugo Freda

ATENEO 16/08/84
CE. NA. RE. SO.


Gracias, agradezco a mi amigo Cagliotti por esta presentación, y debe ser que dentro de 4 días me voy de nuevo para París a retomar mi función de director de una institución que se ocupa del tratamiento de toxicómanos, y esta es una buena oportunidad para reencontrar, un poco lejos, mis significantes.
Después de 7 años, ocho casi ya, yo trato de orientar un trabajo específico.
Antes de comenzar debo reconocer que después de haber recorrido varias instituciones para toxicómanos en el mundo, ésta, por lo que pude ver, me ha parecido ejemplar. No sé cómo trabajan con toxicómanos, tuve una pequeña charla con... Colacino y Barletta que me ha dado una idea muy somera de la forma en que trabajan. Independientemente de eso, la lectura que me presentó Cagliotti, que no sólo me la presentó porque como buen director que él es, todo director de una cosa debe mentir; he visto cosas que no mienten, las cuales son índices para mi, de un tipo de funcionamiento.
Hemos hablado varias horas con él y apareció un tema. El título de esta conferencia que se decidió rápidamente es: "De la clínica a la clínica". De alguna manera va a ser preámbulo de un trabajo que voy a presentar en un Congreso Internacional que se va a realizar en Reims. Dicho Congreso tiene como título: "De la toxicomanía al toxicómano".
De la toxicomanía al toxicómano, ida y vuelta, por marcar que no es lo mismo toxicomanía que toxicómano. Entonces, de la clínica a la clínica va a ser una manera para mi, de introducirlos en esta charla.
Hay una clínica del toxicómano antes que el sujeto diga una sola palabra, la clínica ya está decidida, esto es una evidencia.
El campo de la toxicomanía supone por lo menos algo que es la definición de la droga. Esta definición es anterior a la aparición del sujeto que va a consumirla. Entonces, este simple hecho pone ya al terapeuta ante un problema que es el de entrar en una clínica donde el objeto, o sea el síntoma del paciente, está definido previamente.
Voy a contar una pequeña anécdota. Estaba en Tailandia donde me aburrí particularmente en un congreso de sabios. Le pregunté a uno de los sabios qué iba a pasar el día que la heroína se vendiera libremente en los supermercados. Este señor me dijo: "No estamos acá para hablar de imbecilidades".
¿El imbécil era yo?. Me fui unas horas después a pasear por Bangkok. Lo primero que me sucedió en Tailandia fue que nadie me ofreció heroína. Además yo no he visto nunca la heroína. Lo que si he visto es esta heroína que hace que un sujeto deje la vida por ella.
Esta proposición imbécil de mi parte fue satisfecha al ver hace poco. Hará cuatro meses, en un diario francés una pequeña noticia. En esa época en Francia se pagan los impuestos. Uno en la hoja pone todo lo que gana, lo que gasta y todo aquello que puede ser deducido, gastos suplementarios. Entonces un señor pone como gasto, la heroína que le había comprado a su hijo durante todo un año. Y lo que pedía era una reducción de impuestos por gastos de medicamentos.
Esto pueden creerme que es cierto. Yo puedo traer el diario. Le Monde se caracteriza por decir, entre paréntesis, casi siempre la verdad. Hete aquí que el director de impuestos deduce de la hoja lo que el padre había pagado como droga y este señor usa de esa posibilidad y paga menos impuestos.
No estamos muy lejos de pensar que la droga, o sea la heroína, está legalizada. En España cualquiera que se droga no está sometido a ninguna pena. Pueden drogarse libremente. Este ejemplo venía un poco a satisfacerme ante este señor del que he olvidado su nombre y que en Tailandia me trató de imbécil. La droga puede ser vendida en un supermercado. No me resultaría extraño que sucediera, al punto de otra anécdota: un toxicómano hace una gran nota en un diario español. Quiere juzgar y penalizar al que le vendió la heroína porque no era de buena calidad. Salió en el diario. Esto es lo que se llama una libre consumición. Pueden consumir libremente.
Ahora el problema es que un toxicómano puede venir a vernos a la institución con la jeringa, drogarse delante nuestro y decir: "Yo estoy dentro de la ley". Es un campo donde la definición que se da al objeto determina el comportamiento del sujeto. Es muy simple.
Pero hay una clasificación de la droga. Las drogas han sido clasificadas independientemente del sujeto deseante. Nadie le preguntó al clasificador cuáles son sus criterios de clasificación. Nadie le preguntó al juez cuál es su criterio para instaurar un tipo de procedimiento con respecto a alguien que utiliza un objeto. Evidentemente se jugó con el fantasma de la muerte.
Uds. saben, mejor tal vez que yo, que la heroína mata a muchos menos que, supongamos, las pistas de sky. En Francia en un fin de semana un poco cargado, debe haber casi tres veces más muertos de overdosis o sobredosis. Son hechos. Diría que estos hechos son los que muestran que hay una clínica antes de toda clínica.
¿Qué quiero decir con clínica?. La clínica es una manera particular que tiene el sujeto de tratar lo que no entiende. Esto es una clínica. No hay que confundirla con tratamiento. ¿Qué es lo que se trata clínicamente antes que el CE. NA. RE. SO. aparezca? ¿Antes que aparezca el (nombra el centro del que es director)? Se trata un imposible a comprender.
¿Qué es lo que no se comprende?. Qué hay alguien que goza sin el otro. Esto es lo que aparece como incomprensible y que necesita legalizarse en el buen sentido del término. Esto quiere decir nada más ni nada menos que ponerle una palabra, sea un texto de ley, a aquello que aquel que hace la ley no comprende del otro, dado que no hay ninguna racionalidad respecto a esto.
No hay ninguna racionalidad porque hay drogas que se venden en la farmacia de la esquina: Codelasa o Neocadrón en Francia. Se venden. Uds. conocen gente que toma todos los días. Como mi padre era visitador médico de Andrómaco yo estaba rodeado de Codelasa. Pero nunca he sido toxicómano.
Entonces, lo que quiero decir es que una clínica antes que el sujeto hable es la necesidad de un cuerpo legal de poder ponerle palabras al goce del otro. ¿De qué goza el toxicómano?. Goza en principio de no tener necesidad de otro para gozar. Si se le pregunta: "¿Qué sentís?" en general no puede responder. Porque no hay respuesta posible al goce.
Quiere decir que antes de la creación de una institución, nosotros ya padecemos de la definición de la toxicomanía. Solamente los americanos que son un poco... duros cn respecto al inconsciente, y los ingleses mucho más todavía, imaginaron instituciones donde alguien podía drogarse. Nosotros cuando hacemos una institución decimos desde el vamos: "nadie puede drogarse allí". Pero hay que saber que no decimos nada, repetimos lo que el Otro dice. Somos el representante del Otro, llamado ley, por ejemplo. Es importante saberse el representante de alguien, por lo menos para no creernos libres con respecto a lo que una hace.
Nuestra clínica desde el vamos está marcada por lo que el Otro decide. Antes de crearla. Cada uno de los pasos institucionales estaban establecidos antes. Nos encontramos ante una clínica que es clínica previo a escuchar un toxicómano. La ley francesa dice todo lo que hay que hacer. Primer paso: desintoxicación. Segundo paso: post - cura. Tercer paso: rehabilitación social. Esto lo dice la ley antes que se cree un centro. Parece importante señalar que no hay institución libre. No hay la más mínima posibilidad de una institución que sea libre en su funcionamiento, porque desde el vamos está marcada por el deseo del Otro con respecto a una clasificación. Clasificación de las drogas a la cual tenemos que estar preparados a que varíe todos los días. ¿Qué pasa si mañana en el quiosco de la esquina se vende buena marihuana venida de Méjico o de esa que se cosecha en Salta?
¿Qué vamos a hacer?. ¿Los vamos a echar?. ¿Qué pasaría si caemos nosotros en España y un toxicómano nos dice: "Yo soy un hombre de ley, legalmente adaptado. Lo único que tengo como inconveniente es que después de comer, Ud. un café, yo un gramo de heroína"?. Sería un pequeño inconveniente.
Pero hay que saber el grado de alienación en que se encuentra la institución con respecto a la decisión que hizo y generó su existencia. La cuestión entonces, es saber si hay una clínica posible del discurso del toxicómano a diferencia de la clínica que nos piden que hagamos. Pero sabiendo que una no puede funcionar sin la otra.
Si en mi institución yo digo: "En la mesa como postre, heroína para todo el mundo", pues, heroicamente, yo desaparezco. Lo mismo sucedería acá. Al director sería al primero que echarían. ¿Por qué?. Porque en tanto el director representa a ese Otro que legaliza. La cuestión es saber cuál es la posición del director. Yo hablaré de la mía con respecto a esta clínica del Otro.
La clínica del Otro se define en toxicomanía con la fórmula siguiente: "La droga hace al toxicómano". O sea, es una proposición donde el objeto determina al sujeto. Pero lo determina en tanto este objeto está marcado por el Otro en tanto que droga. Supuestamente, si un objeto no es más droga, desaparecería el toxicómano. Pero lo que desaparece si no se clasifica a la droga no es el toxicómano sino la toxicomanía.
¿Qué es la toxicomanía?. Un concepto jurídico y médico, nada más. Concepto puramente jurídico y médico. El jurídico llama al discurso médico para avalar lo bien fundado de su pensamiento. No para saber si es cierto o no: no le interesa. Además, no puede hacerlo.
Pero, ¿Cómo poner en cuestión este concepto de que la droga hace al toxicómano?. Pues yo hice una pequeña vuelta muy simple. Dije: el toxicómano hace a la droga. O sea, el sujeto produce al objeto. Por razones a descubrir.
Se produce acá, para mi, de la clínica a la clínica. O sea, de la clínica en tanto la manera particular que tiene el organismo judicial de... , yo vuelvo a decir, no está mal. Estoy contra toda utilización de drogas. Estoy contra toda legalización de drogas. Pero no porque quiera el bien del mundo. No es por eso. Estoy contra eso porque solamente el sujeto que se droga se constituye como tal a partir de que este objeto está prohibido.
Este es el problema. Si le saco la prohibición del objeto él desaparece como sujeto. Y vamos a ver cómo pasa esto. En la clínica del toxicómano entramos en un campo del saber constituido antes por un discurso que no tiene nada que ver con lo que piensa el toxicómano.
Esa es la enorme diferencia, por ejemplo, con el Psicoanálisis, el cual se constituye a partir del discurso del paciente como tal. Hay en psicoanálisis este aire de nuevo con respecto a la otra clínica de la cual hablo.
Entonces, la cuestión es saber si teniendo en cuenta ésta clínica que no es mala, es peor liberar el objeto droga que legalizarlo, porque la legalización del objeto como tal está hecha desde el momento que se lo prohibe. Cuando se lo constituye como prohibido, hay un amor del toxicómano a lo prohibido. A lo prohibido donde el Otro enunciado por sus representantes (discurso médico, discurso legal) le han dado forma.
El toxicómano lo que quiere saber, sobre todo, es cómo el Otro trabaja el imposible. O sea, cuando se presenta a un juez, lo que le dice es: "Ud. es un ignorante". A tal punto ignorante que está dispuesto a verlo repetidas veces para saber qué es lo que tiene en la cabeza ese imbécil. Lo que no sabe es que en esa búsqueda del saber del otro, él es el único que pierde, porque el saber en el otro no se encuentra.
¿Cómo hacer para ir de una clínica donde nosotros mismos estamos alienados a una clínica que trate de subvertir?. El toxicómano respecto a la toxicomanía está en la misma posición que nosotros. No hay diferencia. Somos la otra cara de la medalla del toxicómano. El asunto es no estar enamorado de la toxicomanía. No ser nosotros un toxicómano de la toxicomanía donde el paciente no es nada más ni nada menos que aquel que sostiene nuestra relación a la definición.
Esto supone una manera, un trabajo particular. O sea, ¿cómo de trabaja un síntoma?. Esta fórmula: "el toxicómano hace al objeto", tiene la particularidad de jugar y poner un poco a la sombra una verdad, que es que no hay un objeto que produzca a un sujeto. La mesa no produce al carpintero.
La creación del hombre es esa: poder producir el objeto de su goce. O sea, el objeto que lo define como alguien. Tenemos un sujeto que se realiza en el objeto, no en lo que dice. Si le decimos a alguien: "Dígame quién es", lo primero que dice es: "Yo trabajo en...". O sea, que se realiza en el Otro, que como lugar de trabajo es también un objeto.
Esta vuelta es para saber si nuestra tarea respecto a un toxicómano es la de introducirlo en una clínica establecida anteriormente o no. ¿La tarea de alguien que ve a un toxicómano es la de que responda a los criterios del Otro?. Otro que acabo de enunciar como otro legal. Es posible que sea eso. Lo que queda como duda es si ese Otro no es su próxima droga. Son los que se convierten en... antiguos toxicómanos que se convierten en terapeutas. Eso es el fracaso de la clínica. O sea, se dio vuelta del otro lado pero está siempre en la misma idea. Solamente que pasó de ser el sujeto que padece a ser verdugo.
Esta es una figura muy vieja. Con Cagliotti nos podemos acordar del buen loco que se adapta muy bien al hospital y se convierte en dueño del hospital. Es el que tiene las llaves, el que da los medicamentos, el que ayuda al enfermero. Muestra bien el fracaso ante la psicosis. El fracaso de la ignorancia del otro con respecto al síntoma. No muestra ninguna sabiduría. O sea que un buen paciente que salga del CE. NA. RE. SO. curado deberá odiar a muerte este lugar. Eso sería una buena cura. Que odie a muerte. Que los odie como representantes de la clínica del Otro.
Porque es en su relación al Otro que él nace. Y veamos cómo. Nace cuando viene a vernos y dice: "Me mandó el juez". Uno le pregunta: "¿Ud. quiere venir?" "No". Pero está acá. Entonces uno puede terapeutizar ese momento.
Entonces la clínica se convierte entre uno y el juez, donde el objeto es el toxicómano. El que pide es el juez y el toxicómano no es nada más ni nada menos que el objeto de esa colusión. Sirve para mantener el discurso del otro. Yo insisto en que sirve para mantener el discurso del Otro porque esa es su patología. El toxicómano, yo diría entre paréntesis, como buen perverso, para lo único que está es para hacer gozar al Otro. Lo puede hacer gozar imaginándose que éste otro, Hugo Freda, hace un bien a la humanidad. O hacerlo gozar por la buena idea que tuvo la OMS cuando describió todos los medicamentos de utilización abusiva. Hay que saber por qué el quiere hacer gozar al otro. Pero además, hacerlo gozar sin un partenaire, o sea, sin otro del sexo contrario.
Entonces, el doble juego de las dos clínicas. Nos encontramos con una clínica de lo imposible a comprender. ¿Qué es lo que comprendemos? El por qué un sujeto insiste con un objeto. Nosotros tenemos esa capacidad de cambiar de objeto.
Por un lado se puede decir que es un esclavo del objeto. Es muy fácil. Por otro lado, podemos decir, tuvo la suerte de encontrar uno. Porque, están los que son esclavos de un solo objeto. Porque están los que son esclavos de no encontrar uno. A tal punto que cambian todos los días de institución o de psicoanalista. Que no hay psicoanalista que le venga bien, como no hay auto, camisa, mujer u hombre que le venga bien. También es un esclavo de la repetición. A éste parecería que no lo llamamos toxicómano.
Al principio el toxicómano dice: "Si es para obtener un goce, no es necesario andar cambiando mucho". Lo que pasa es que el toxicómano no sabe tanto del goce como él lo cree. Entonces me parece que el criterio de esclavitud no es el mejor.
Habría otro que es, no puede, por ejemplo, no tener el objeto a su alcance. Tiene que estar el objeto siempre "a la porteé la main" (al alcance de la mano). O sea, que esté siempre en la mesita de luz cuando él se despierta.
De alguna manera, ni el proceso del sueño lo alejaría de la necesidad de su presencia. Es la misma que nosotros tenemos con respecto a la ley. La presencia constante de una clasificación de la cual no podemos salirnos. Ni debemos hacerlo. ¿Por qué no debemos salirnos?. Si salimos de eso haremos mucho mal al toxicómano, no a la toxicomanía.
Veamos qué es esta necesidad de un sujeto de tener el objeto al lado de él. ¿Por qué lo necesita?. En principio sabemos que la cura médica ha fracasado. La cura de desintoxicación no ha curado todavía a nadie. Pero lo interesante es que el paciente la pide. Hay que llamarla como se debe: cambiar el aceite. Es nada más ni nada menos que lo que se hace con un coche. Se saca el aceite viejo, se toma aceite de afuera y de lo pone de nuevo adentro. Pasa en el 99% de las curas de desintoxicación. O sea, que ésta a lo único que supuestamente ataca es a una supuesta racionalidad de quien después de terminar la cura dice: "Bueno amigo, ahora no necesita más". Esto es lo que se dice.
Evidentemente, como hay este aire de psicología que pasa por los hospitales, que no es lo mejor que puede pasar, para mí, dice: "Ahora tiene que hacer una post - cura". Pero lo que el toxicómano va a demostrar una semana después pidiendo otra cura de desintoxicación, es que el saber del Otro, aquel que lo enuncia como tal, es un saber falso.
Porque la conciencia no sirve para entender lo que le pasa. O sea que intoxicándose de nuevo lo único que hace (y no hay que ir a buscar en el recuerdo infantil más lejano, ni en los pobre amigos del barrio, ni en las malas compañías. Mentira, son todas explicaciones falsas. Siempre pasa que porque a este si y al otro no, si todos son amigos del barrio. Una suerte de sociología del comportamiento), lo que él demuestra intoxicándose de nuevo es que aquel que le dice: "Ud. ya no necesita más" no sabe nada de lo que dice.
A tal punto no sabe, que nosotros somos el producto de un no saber médico. A tal punto que los hospitales no quieren a los toxicómanos. No es que no los quieran, es que el toxicómano pone en cuestión el saber médico. Le dice a los médicos: "Uds. no entienden nada de nada de lo que a mi me pasa. A tal punto que me hizo todo lo que sabe, las técnicas modernas, pero yo de nuevo me di 4 gramos de heroína anteayer. Y supuestamente, Ud. me decía que yo no necesitaba".
Lo único que hay que saber es que intoxicándose de nuevo, a lo que él se dirige es al saber del Otro, donde él se postula como la verdad. Con la verdad de su síntoma tiende a anular el saber del Otro.
No creernos que la relación del toxicómano con el médico es con la persona del médico. No, es con el médico en tanto que representante de un saber que está más allá de él. La institución es lo mismo.
El asunto es cómo salir de eso. Es ahí que un poco con todo lo que dije, la explicación del título... o sea, de la clínica del particular al particular. Y así el toxicómano habla. Y habla, ¿cómo?. Habla sea como representante del otro. En Francia la ley dice: "o se cura o en prisión". Es la bolsa o la vida. Imagínense el grado de libertad que alguien puede tener. Es una ley inventada por los cowboys, el Llanero Solitario. Siempre en el campo de la toxicomanía hay un Llanero Solitario. Esto hay que saberlo. Siempre hay un gurú que es el que salva a los toxicómanos del mal. En general da adeptos.
Pero, cuando vamos de lo particular a lo particular, ¿qué es lo primero que presenta el toxicómano?. Es el objeto como síntoma. O sea, como causa de él. Y lo presenta de la forma más evidente: "Es por la droga que estoy acá". Fíjense la diferencia entre presentar el objeto como causa a presentar un delirio o un fantasma como causa.
Entonces entramos en otra clínica, que sería la de la presentación del sujeto, de su síntoma. En ese momento no hay necesidad de saber qué droga él se da, ni de qué droga se trata, sino de la presentación particular que hace un sujeto de su persona.
No es lo mismo decir: "Tengo la fantasía de que me quieren matar" a "La vecina de enfrente me mata", a "La heroína ha hecho de mi un esclavo". ¿Cuál es por lo menos la diferencia?. Que la heroína aparece en el sujeto como fuera de él. Es la droga del otro. A tal punto que él dice: "Mire, si Uds. me dejan en paz a mi, la legalizan, la venden, yo no estaría acá". El presenta, del vamos, la droga no como su creación sino como su causa. O sea, aquello que lo causa a él. Y además, causa su presencia acá.
Ahora acá, la droga ya no es más esa que está en el cerebro o entre las sinapsis o no sé dónde... Entonces, lo que presenta es este objeto como causa de su ser. ¿Y qué es lo que pide? Pide volver a un punto antes que cuando comenzó a tomar la droga. El quisiera volver allí. Unos días antes de la primera vez. Lo cual ya es un pedido imposible. Nadie puede asegurarle a alguien que va a volver atrás, donde él era, o donde él se imaginaba ser. Esto da en muchos terapeutas una esperanza, que el sujeto quiera ser lo que era antes de la droga.
El problema es que no hay antes de la droga. Es con la droga desde el vamos, que sería otro problema. La droga sería nada más ni nada menos que la creación de un sujeto que se concretiza en un momento determinado.
Hay que ver por qué se concretiza. Yo di un ejemplo clínico hace poco. Un paciente viene y me cuenta esto: "Desde que yo nací sabía que no iba a hacer el Servicio Militar". Ya es una proposición un poco loca. Alguien que desde el vamos sabe algo, que él no lo iba a hacer.
Llega el momento de hacerlo, se presenta y declara a viva voz: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar". Un capitán o un cabo se ríe de él porque nada indicaba que no iba a hacerlo. A los tres días de la primera revisación se va a la casa y le comenta a un amigo: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar. Tengo que buscar una solución". El amigo le responde: "Hacete toxicómano".
Yo lo vi seis años después. El me cuenta esto. Aquel mismo día se convirtió en toxicómano. Como todos los conocemos. Prisión, curas de desintoxicación, viajes a Tailandia, gramos de heroína en las botas, todo el circo. Toda la fotonovela.
Tratemos de ver mínimamente esta creación del objeto. El ser toxicómano que es la frase que del otro viene, lo único que hace es consolidar una certeza. La certeza es: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar", donde la droga a lo único que viene es a confirmar la exactitud de la certeza.
La certeza es nada más no nada menos que una frase que se impone al sujeto: "Yo no voy a hacer el Servicio Militar". ¿Cuál fue el destino de esta frase?. El pequeño destino fue que no pudo entrar en una dialéctica simbólica. Quedó como resto. Es una formación del inconsciente muy precisa. Palabra o frase que no pudo entrar en ningún orden racional.
Se hubiese podido convertir en un insumiso o pedir a la ley que tenga cuenta de su caso, haber pagado a un psiquiatra... no, no fue eso. Es que a la certeza de su proposición se le sumó ser algo. Ser toxicómano. O sea, que hay una designación de otro, un amigo, que confirma con SER ante una certeza. El objeto droga es aquello que sostiene lo que el otro dice.
Por eso, banalmente, la gente dice: "Son las influencias de los amigos". Tienen razón, lo que pasa es que no saben lo que dicen. Ya desde la toxicomanía hay un problema de armado social. Como si alguien pudiese decir que hay un solo problema que no sea social. No hay problema no social por el simple hecho de que el hombre habla y desde que abre la boca ya es social. No hay problema social de la toxicomanía en el sentido que no hay un problema que no lo sea.
Pero sí hay un problema social en el toxicómano, que es distinto, y vamos a ver por qué. Con el ejemplo quise mostrar cómo el toxicómano no es producto de la droga sino esta viene como representante del decir del otro sobre su certeza.
¿Qué hubiese pasado si este sujeto hubiese podido analizar su certeza?. Seguramente que si hubiese podido trabajarla no hubiese sido toxicómano.
Por eso en la presentación del paciente: "Quiero volver al punto anterior a ser toxicómano", de lo que se trata sobre todo, es de no trabajar en cada caso este punto que lo constituye.
Entonces, hay muchas clínicas. ¿Es la clínica de la que vuelve este punto donde él estaba destinado a ser un buen hombre?. ¿O una clínica que supone un hombre al cual el toxicómano debe acceder?. Lo que pasa es que esa definición de hombre, el único que la tiene es Dios. Vaya a saber. Somos criaturas del pensamiento del hombre.
¿O una clínica que intente subvertir este orden de aparición para trabajar el orden de su certeza delirante?. Es un poco delirante. Hay un delirio acá. O sea, que hay una frase que no entra en un sistema de comprensión. Por eso lo que se produce como comportamiento incomprensible en el toxicómano es la búsqueda del saber sobre ese punto. En este paciente es: "Yo no haré el Servicio Militar". Cuando, ingenuamente lo que sabemos, es que hace un Servicio Militar después de ocho años, siendo heroinómano. En vez de tener un coronel que habla tiene una heroína que no lo deja en paz.
Es peor que un año de Servicio Militar para la razón. Pero no es de esa razón de la cual se trata. Padece de un Servicio Militar y pasó por todas las Gendarmerías de Francia, es conocido de muchas comisarías, de muchos jueces. Lo que podemos ver es que el síntoma de esa certeza es: lo que mandan.
Uds. saben que hay uno que manda siempre, que es el padre. Lo que pasa es que a veces no manda muy bien. Para ser psicoanalista hay que tener un padre terrible. Freud decís: "Mire, reprima mucho". No por nada decía reprima mucho. Cuando no se reprime hay frases que quedan en el aire y se convierten en la frase del Otro.
Porque ser toxicómano en este caso, no es nada más ni nada menos que sacar a esta persona de un problema grave. ¿Cuál?. Que antes él definía por lo no - hacer. Encuentra en el objeto el ser. Por eso Uds. habrán visto en la clínica que cuando el toxicómano comienza a salir de la toxicomanía dice: "¿Pero ahora quién soy?". Antes podía decir: "Soy toxicómano".
Lejos de ser, entre paréntesis, una patología, en el sentido que lo hablé antes, es una manera de identificarse. El ejemplo quiere solamente mostrar cómo la fórmula "el toxicómano hace a la droga" y no "la droga al toxicómano" es porque nada más que una propuesta, en la cual el sujeto no es; puede el objeto venir a taparla. Cuando muchas veces se les saca la droga hacen un brote delirante. Se psicotizan porque la droga es aquello que sostiene el aparato psíquico.
Confrontar al sujeto a aquello que produjo su ser, diría Lacan, es muy difícil, muy angustioso. ¿Por qué?. Porque el sujeto que nos interesa (o sea, como nosotros, digamos) es un sujeto que con respecto al objeto está separado. Nosotros tenemos un sujeto que está junto al objeto. El sujeto que somos nosotros es un sujeto que no se realiza en el objeto.
Pero no solamente no se realiza, sino que fundamentalmente se caracteriza por no ser. O sea, nosotros no sabemos quienes somos. Por suerte. Si lo supiésemos pararíamos. Ni la idea de sujeto para la muerte nos impide hacer imbecilidades. Fundamentalmente el sujeto que habla es el que no sabe quien es, por eso hace cosas.
El toxicómano, y de ahí su diferencia, dice: "Yo soy algo". Entonces, la clínica que yo propongo es la de desterrar su ser, en el sentido que él no pueda definirse en el objeto sino de alguna manera hacerlo en la significación que pueda darle a este objeto.
El toxicómano es un sujeto que se realiza completamente en el objeto. Nuestra tarea es sacarle esto, no nos olvidemos. Por eso puede haber aberraciones. En la clínica que va del sujeto al objeto, o sea, el sujeto como creador de este objeto, se sostiene que hay una frase que ha sido desprendida de una cadena simbólica. Será cuestión de ver la posibilidad de trabajar el objeto para constituir un sujeto que no realice de otra manera que en el significante. Es lo que queremos que hoy quede claro.
Aunque tal vez no compartan esto, lo que Uds. quieren es: "Mirá, antes de hacer una cagada, vení a hablarme. En vez de realizarte en la heroína, venía a hablarme. O sea, realizate en el significante". Esta es la clínica que se propone y a la cual yo adhiero. Nada más.

Pregunta: Doctor, lo que Ud. decía, en un momento me hizo acordar a unos escritos de Antonin Artaud: "Es a mi, toxicómano parenne, a quien corresponde curar a todos los médicos. Imponerme a mí su insulino - terapia, ilusión de un mundo postrado..."

Respuesta: Si, si, pero la diferencia entre Artaud y los toxicómanos es que Artaud era Artaud. O sea, que hay que tener cuidado con su fascinación. Sobre todo no con él, sino con nosotros. Yo no creo que los toxicómanos sean más o menos inteligentes, pienso que en general son bastante... idiotas, que no era el caso de Artaud. Él sabía eso, a tal punto que pudo salirse. El problema es que los otros no saben eso que sabía Artaud. Si lo supiesen no vendrían aquí. Esa es nuestra tarea, demostrarles eso.

P: El recorrido me pareció apasionante. Me quedé pensando en relación con la cuestión de la demanda. Cómo tratar un adicto y cómo pensar un espacio que es del Otro, que la cultura propone, una institución, por ejemplo, que se define como especialista en el tema. Es decir, si de alguna manera, la cultura, ese lugar del Otro al cual vos te refería, no estaría como identificado ese lugar. Si viene un adicto a escucharme, yo me ocupo...

R: ¿Si viene un adicto a escucharme?

P: Acá voy... si viene un adicto para que yo lo escuche, fue un lapsus interesante porque iba a esta pregunta, se supone que para escucharlo le tengo que proponer de alguna manera un lugar. Si no es adicto no lo trato y lo derivo a otro servicio...

R: ¿Y cuándo sabe uno que es un adicto?. Cuando viene a verlo, nada más.

P: La pregunta es, más concretamente, cómo puede ser pensada esta práctica de la escucha, sin caer en el lapsus mio, donde yo lo pongo en un lugar y lo identifico desde una institución que se propone desde la cultura como ámbito especializado en el abordaje de este tema. CE. NA. RE. SO. tiene una particularidad, por ejemplo, Centro Nacional de Reeducación Social y no Centro del Toxicómano. De todos modos está identificado dentro de nuestra sociedad como el lugar que atiende a los toxicómanos. ¿Cómo pensar entonces esta perspectiva de la escucha?

R: Tal vez pueda resumirlo rápidamente. En mi práctica institucional, en mi institución, yo trato pacientes toxicómanos individualmente, caso por caso, tres o cuatro veces por semana, sobre un diván. No soy el único que lo hace. Pero, su pregunta va más allá.

P: Si...

R: Porque, no porque, digamos, la sociedad me dijo que tengo que hacer esto, que tengo que hacerlo. Es el primer problema. Uno puede decir: "Me voy, no me gusta". Es una posibilidad. Otra puede ser joder lo suficiente en la institución para que se venga abajo. Se creen a tal punto que son los amigos del otro y que tienen que estar contra el otro que lo único que hacen es mostrar que ellos no quieren ser el otro. Lo único que no pueden hacer es irse, lo cual demuestra que gozan de esa posición. Hay otra posibilidad que sería, cuál es la posición del terapeuta con respecto a estas dos cosas. La institución que crea a la institución y la institución creada. O sea, entre el Estado y CE. NA. RE. SO o el estado y Reims. No hay ningún tipo, y... hay que saber más. No hay institución no psiquiátrica y hay que saber que una de las mejores es la psiquiátrica. No hay que tener miedo a decir que fue la única que contuvo a la locura. Mal, bies, eso ya es otra cosa. Basaglia con sus grandes experiencias de abrir los hospitales no resolvió un solo delirio que yo sepa.
Pero lo que Ud. dice es cierto porque pone en cuestión el lugar del terapeuta. Yo creo que el lugar del terapeuta es que no debe ocultar al otro que decide la creación de la institución, por ejemplo. O sea, el terapeuta no puede aceptar, si es que acepta trabajar en una institución como esta, la droga en el interior, que no es lo mismo que el pasaje al acto de un toxicómano que se droga en la institución. No conozco una sola institución en el mundo que no tenga droga en el interior.
Pero hay dos maneras de operar. Identificándose a la certeza... pero, el toxicómano necesita que uno no se crea todo poderoso. O sea, que si hay un tráfico de droga en mi institución, yo llamo a la policía. Porque no tengo por qué aceptar todo. Hago carne su palabra. Si él hace pasaje al acto, pues que pague.
P: Está muy claro y creo que es un poco el estilo con que trabajamos en CE. NA. RE. SO., quizás desde los inicios mismos de la institución. La inquietud que me quedaba es en relación a la posición de escucha del terapeuta y fundamentalmente en ese encuentro de dos demandas que está sostenida por otro. En muchos casos la familia o el juez. Ese encuentro de dos demandas, donde aparecen el juez y la institución en tanto se propone para esto.

R: Si, si. Esos son dos campos distintos.

P: Quisiera ubicar ese lugar de escucha...

R: Si. El paciente viene a verme a mí, particularmente. En la institución en la que yo trabajo cada terapeuta resuelve la entrada como le conviene. Como él lo entiende. No tenemos criterios de admisión establecidos. Es el deseo del terapeuta que determina la entrada. Pero si un paciente viene porque lo manda el otro tendrá que venir a verme muchas veces para que lo acepte. Hice un trabajo sobre esto, donde la pregunta que hay que hacer es: "¿Quién le pide que pida?". Es ahí donde el terapeuta ya no está en flagrante delito ni de complicidad ni de sugestión. Eso ya tiene que ver con cada institución. Cuando yo creé la institución, el primer día llamé a la Brigada de Estupefacientes. Todo el mundo estaba contento. Faltaban cinco minutos para terminar, había que despedirse. Yo les digo: "Estoy a disposición de Uds. en caso de que lo necesiten". El jefe me dice: "Seguramente, nosotros también. Ud. va a escribir muchas informaciones". A esto le respondo que sí, pero que sepa que no le voy a dar ninguna. No vinieron nunca más y fuimos grandes amigos.
Estaba yo en ese caso... hay que decirlo... contra la ley... porque su mi paciente viene a decirme: "Mañana a Reims va a llegar un kilo y medio de heroína", ¿qué hago?. Ante la justicia soy cómplice de una información. Pero, ¿es verdad que va a llegar?. En una de edad lo que quería era saber cuál era mi posición, hasta que punto yo estaba dispuesto a resistir lo que él decía. Ahí hay una apuesta del terapeuta, pero no es la apuesta de la institución. Es uno con un paciente. Entramos en otro orden, un orden de no poder reglamentar. En mi caso concreto yo no estoy de acuerdo. Como no estoy de acuerdo en sacar a un toxicómano de la prisión. Que lo saque el juez si quiere, que se haga cargo el juez. No es mi tarea sacarlo.
Lo único que puedo indicar es que, si quiere, cuando salga, que venga. Es una manera de darle ala ley su lugar. Y al toxicómano una relación con su deseo de tratarse y con la realidad de la ley. Yo me opongo a esas instituciones que van a buscar a los pobres toxicómanos por el mundo, que los sacan de la prisión... me parece que no es bueno.

P: Doctor, se usa indiscriminadamente el término toxicómano con el de adicción. Nosotros, todos, a lo mejor, somos adictos, pero por ahí no somos toxicómanos...

R: Yo no soy adicto.

P: Por ejemplo, yo puedo pensar que si es adicto al saber. En muchos de nosotros se da... el ser adictos al saber. Pero no somos toxicómanos. Parecería, entre comillas, que el saber no es tóxico y que si es tóxica la heroína. De alguna manera estamos emparentados.

R: veamos la diferencia. Para nosotros, los no toxicómanos, cuanto más se sabe, más de oscurece la verdad. Uno dice: "Esto es algo, un cenicero". Cuando se lo estudia más de cerca, se da cuenta que ya no es un cenicero, por ejemplo, supongamos para la física. Uno cree que un vidrio es sólido pero si se acerca a estudiar la estructura del vidrio sabe que es un líquido pesado. Entonces, cuanto más sabemos, más se nos aleja la verdad. El toxicómano encuentra la verdad, la verdad es la droga. Esto hace en algunos momentos imposible el tratamiento.
¿Qué quiere decir encontrar la verdad?. No es tan complicado. Es aquello que impide que cualquier cosa entre. Eso es encontrar la verdad. Por eso hace difícil el tratamiento, está en una posición de verdad o de certeza con respecto a su hacer. No sabemos como entrar. Hay un momento en el que el terapeuta inevitablemente está afuera y lo único que puede hacer es escuchar medio imbécilmente.
La cuestión no es querer enseñarle a vivir mejor... otra cosa que hay que saber es que no hay vacaciones para el toxicómano. Trabaja 365 sobre 365 días y 24 sobre 24 horas para mantener el objeto. Es un gran productor. No es cuestión de ir a atacar la verdad de lo que él es o de su síntoma, o de lo que se pierde en el mundo, o los pajaritos de colores o que no puede estar con su mujer y tener hijos... sarta de educación un poco perversa.
Muy por el contrario, no es darle saber, sino oscurecer la verdad. Por eso la pregunta cuando viene a verme es: "¿Quién le pide que pida?". Entonces, ahí empieza a titubear el hombre. Preguntar sobre su afirmación. Si uno acepta ese hecho consolida esa saber: "El otro me manda que venga a verlo".

P: ¿Qué pasa con la mentira?. Porque en general muchos mienten... lo que comúnmente se llama mentir. ¿Cómo se relaciona?.

R: En principio, la mentira no existe. Ese es el problema. Que siempre para el que habla hay uno que sabe la verdad. No por nada se inventó el catolicismo. Esta es la paranoia constitutiva del sujeto. Cuando Ud. camina sola por la calle estaría muy loca imaginando que no hay alguien que la está mirando... sino, fíjense en los retrovisores de los autos. Es que siempre hay uno atrás, ¿no?. No por nada. Es porque esto es una constitución del sujeto, un mínimo de paranoia. Este es el primer hecho.
Entonces, cuando él supuestamente miente, aunque mienta cuando sabemos pertinentemente que se drogó, que hay una jeringa debajo de la cama... lo que está queriendo saber es cuál es su verdad. Es que realmente ¿Ud. sabe algo?. O sea, la mentira es una prueba... yo insisto, no hay mentira. Ocultar la verdad, que es otra cosa, para saber cuál es la verdad del otro, que sería una dialéctica más bien transferencial que de la realidad.

P: Otra cosa que me preocupa es un tema central, la muerte. O sea, qué juego se da... pareciera que fuera un juego.

R: Sería muy largo. No creo que tenga que ver con matarse. Creo que es más bien pasar al otro lado, que es distinto de matarse. Se imaginariza en los toxicómanos con "Yo me voy a la India, al paraíso perdido, a Tailandia".
Se van a la India y se quedan diez minutos y se vuelven a Francia porque es mucho mejor Francia que la India para drogarse.

P: ¿Por qué la ignorancia de nuestros pacientes se convierte en certeza y nuestra ignorancia permanece como ignorancia?

R: Si, es una muy buena pregunta, pero para la próxima conferencia. Es muy larga, pero fíjese Ud., si quiere, lea atentamente un texto de Freud "Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci". Ahí tendrá por lo menos una parte de la respuesta.

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