Alberto Calabrese

La problemática de la droga desde la óptica social

Exposición del Lic. Alberto Calabrese, Comisionado General de Prevención para la
Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico, Presidencia de la Nación.

Sé que algunas de las cosas a las que me voy a referir pueden resultar polémicas, pero también creo en el debate de las ideas y que aún, más allá de la rigidez de determinados conceptos se pueden tener nuevas ideas, y que de allí surjan nuevos instrumentos para intervenir en ese tipo de circunstancias. Si nos quedamos con la rigidez de la etiquetas, la letra fría de las leyes y el hecho de creer que el problema pasa exclusivamente por "la lucha contra...", estamos errados y vamos a ver como el problema y sus consecuencias aumentan día a día. Estuve leyendo un documento bastante interesante, que se preparó para esta reunión, "Dichos, Hechos y Derechos", el cual nos da constancia sobre las profundas causas de la difusión en relación con el fenómeno de las adicciones.
Creo que la mayoría de ustedes sabe muy bien lo que voy a decir, pero no está de más volverlo a repetir "drogas siempre hubo, hay y habrá". Cuando tenemos, como tenemos hoy, un problema que deja de ser una cuestión puntual para erigirse un problema de constante crecimiento, con una dimensión nacional e internacional, es porque estamos frente a algo que está cubriendo y descubriendo otra cosa.
Es frecuente que cuando se hacen planteos, más de una persona dice: "bueno, en los países más desarrollados del mundo también existen problemas con las drogas". Hay que ver la dimensión del fenómeno y hay que ver si ha sido tan expansivo y tan infrecuentemente expansivo como lo ha sido, por ejemplo, en nuestra realidad. Personalmente, tengo una ventaja y es que, hace más de tres décadas que estoy trabajando en la temática del uso indebido de drogas. Mi padre fundó la primera institución del país abocada a la investigación y el tratamiento sobre el tema.
En relación a estas experiencias, puedo decir que en aquellos entonces la problemática aparecía con personas que tenían características muy significativamente particulares, como ser gente del mundo de la bohemia o determinados circuitos de poder de inserción monetaria, donde se daban paradojalmente estas situaciones. Aquellos fueron los primeros casos que se vieron en seguidilla de morfinómanos, de especies hoy por hoy desaparecidas de nuestra contabilidad de adictos. Hemos visto luego, con otras sustancias, un proceso que ha ido incrementándose en el tiempo. Y en ese mismo transcurrir del tiempo ha sucedido, contrario de que éramos un país de tránsito y pasamos a ser, recién ahora, un país de consumo.
Es que cualquiera que haya tenido la experiencia similar a la que me ha tocado vivir en la evolución del tema, sabe que aún antes de que se usaran drogas del circuito ilegítimo, se usaron y en forma importante, drogas del circuito farmacéutico, que los psicotrópicos y los psicofármacos, como sustancias adictivas, han sido una constante en nuestro país. Ya en los años finales de la década del ´60 esta constante nos permitió realizar trabajos comparativos a la heroína con el uso de la codeína, los cuales eran iguales en significación, dificultad de tratamiento y posibilidad de reinserción que los que había en países desarrollados como Francia.
Nosotros teníamos en esa época estadísticas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En trabajos a la par con el Fernand Vidal de París, notábamos que teníamos el mismo perfil de pacientes, usando una aparente diferente droga, aquí la codeína, que en realidad es un opiáceo, por tanto, ern primas hermanas con la heroína usada en Francia.
Entonces hoy tenemos que tener por claro, que en la Argentina, el problema de la adicción a sustancias psicoactivas de todo tipo, legítimas o ilegítimas o de circuito intermedio, como es el farmacéutico, tiene las características de un problema social global. A un problema social global se lo caracteriza como tal, cuando abarca todos los niveles socio económicos, todas las realidades ambientales, las ubicaciones geográficas y los distintos niveles etarios.
Cuando estamos frente a estas características podemos decir que una situación de esta naturaleza dejó de ser una particularidad, para convertirse en algo inherente a una totalidad. En la Argentina de hoy el tema de las drogas, es una constante de la vida cotidiana del país. No es, como dijimos, propio de los niveles etarios juveniles, ni ciñe exclusivamente a ellos, abarca a toda la sociedad.
Los especialistas diferenciamos entre uso, abuso y dependencia, y en los niveles de abuso, esto es cuando una persona consume sustancias, ya sean legítimas o no, en forma dirigida con una regularidad temporo - espacial, por ejemplo: pastillas para dormir, vasos de alcohol para estar en una reunión, etc. y encontramos muy frecuentemente esos niveles de abuso, y en esos hay mayoría casi absoluta de adultos.
También tenemos una adicción inducida en la tercera edad, en nuestra forma cínica como sociedad, de controlar a este sector, porque no tenemos respuestas para darle, entonces, buscamos acallarlos administrándoles medicamentos.
En cuanto al tema de "la lucha en contra de la droga", habría que revisarlo, el problema no es solamente desde las fronteras hacia adentro, es también de adentro, por una necesidad que crea justamente esta incursión de ruptura de fronteras.
Veamos, además como viene la tendencia en todo el mundo. Aunque por arte de magia pudiéramos suprimir las drogas de abuso, hoy estamos frente a una nueva generación de psicotrópicos que son las drogas de diseño, que se producen en forma clandestina, en países tales como Colombia. Estas son por lo general del grupo de las anfetaminas y a veces ligadas a efectos alucinógenos, es decir estimulante y alucinógeno a la vez, como por ejemplo PCP, Polvo de Angel, etc.
Hay una serie de denominaciones para estos productos que se pueden producir en forma mucho más sencilla, más facilitada porque simplemente se da una receta, como si se tratase de un plato de cocina dentro de un ámbito muy pequeño, con elementos que se consiguen en el mercado fácilmente y que van a sustituir sin duda a todas las drogas de cultivo que tanto preocupan hoy a los gobiernos y crean verdaderamente toda una situación conflictiva alrededor de la misma.
El narcotráfico es un inmenso negocio, no cabe la menor duda. Se han corrido litros de tinta diciendo esto, pero es necesario destacar que el narcotráfico es un negocio y como tal se asienta sobre necesidades, los comerciantes saben moverse de acuerdo con cada rubro en el que están inmersos, buscando las necesidades específicas de la población a la cual dirigirse, una y otra vez.
En 1989 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde entonces, se hacía una advertencia, a través de la Comisión General, esto significa que ya tenía despacho favorable de comisiones y llegó a la Asamblea donde además tuvo el voto positivo de todas las Naciones. En esa recomendación se decía que "cuando en un país las condiciones de compraventa de calle de sustancias psicoactivas, se convierte en una alternativa de vida económica, donde por otro lado se restringe la vida económica por otros varios motivos, la situación se convierte en irreversible".
Sabemos que en nuestro país, en estos momentos, tenemos un importante contingente de consumo de calle como así de activismo, en el sentido de la compraventa, en pequeño, para sostener la propia adicción, o bien para crear las condiciones que permitan obtener la dosis más barata. No se restringe este tema en la lucha contra el narcotráfico, diríamos que es casi lo anecdótico de todo esto. El problema de las drogas tiene que ver absolutamente con una cuestión, se trata de un paradigma humano: Vemos por ejemplo como los animales no se hacen adictos, sino a través de la intervención del hombre, o sea un investigador en un laboratorio que los induzca. Es indudable que somos los hombres los que buscamos las drogas y no las drogas a los hombres.
Suele decirse y repetirse, que "la droga" tiene movimiento "per sé", esto es lamentable y además es un absurdo. Es lo mismo que creer que las armas se empuñan solas y que no hay intencionalidad de quien empuña un arma, y que un experto en balística comprende toda la criminalística, y no al revés.
Nosotros hemos estado haciendo una exégesis del hecho de pensar que las drogas tienen virtudes tales que una persona en estado semi - inocencia le tiran "un raviol" de cocaína en la cabeza t lo convierten en adicto, y en cambio se necesitan condiciones, necesarias, de antecedentes, de condicionantes y de desencadenantes para poder lograr un adicto.
Se decía hace más de veinte años, como esos estereotipos que se suelen construir, "que no era adicto quien quería, sino quien podía". Lo que sucede es que hoy tenemos condiciones que acentúan la cantidad de necesidad que ayuda a producir adictos.
Las condiciones que hacen que una persona recurra a una sustancia buscando algo, son las mismas que hacen a cualquiera de sus conductas adictivas, solo que las primeras están inscriptas en algo peculiar que es "la sustancia", y nuestra sociedad ha elegido este tipo de adicción, como la que "no debe ser".
No es un tema exclusivo de la peligrosidad, porque hay muchas cosas que son peligrosas y, sin embargo, no tienen la misma situación de prohibición. En nuestro país muere más gente de sobredosis de velocidad que de sobredosis de droga.
Estadísticas de Estados Unidos lo suficientemente exhaustivas y comparables entre los anteriores cinco años, nos muestran que las muertes anuales por sobredosis de sustancias ilegales son de 35.000 personas, vemos por otro lado las muertes correspondientes a las provocadas en forma directa o indirecta por las dos grandes sustancias psicoactivas de alto consumo tabaco y alcohol, y son de 720.000 muertes. Sin embargo, el acento está en las primeras 35.000.
Coloquemos, entonces, las cosas en su lugar para poder entenderlas, ¿qué es lo que hoy hace atractivas a las sustancias?. son fundamentalmente dos cuestiones, una es la carencia y la otra es una puesta errónea en que esto: "la sustancia", "me dará algo que saciará la carencia". La carencia es evidentemente, toda situación en la cual una persona siente, en un determinado momento y dentro de su propia perspectiva de ese momento, que su vida no tiene sentido. Esta carencia personal de sentido se inscribe o no, en la carencia general de proyecto y a la vez, nuestra sociedad está creída en muchos casos erróneamente, que si se suprimieran las sustancias automáticamente tendríamos una sociedad feliz. Nosotros sabemos esto no es así, no sólo no tendríamos una sociedad feliz, sino seguiríamos teniendo una sociedad con otros problemas conocidos o novedosos, por lo cual la sociedad canalizaría su infelicidad en otros tipos de situaciones.
Hay otra cuestión que es más complicada todavía y es la referida a lo institucional, es cuando aquella persona busca una respuesta, en un ámbito acotado, que sería el ámbito familiar y ese ámbito familiar no puede dar las respuestas porque no tiene un ámbito institucional que lo respalde.
Cada vez con mayor frecuencia aparece el mensaje erróneo sobre la familia, se pretende decir que si el adicto no es culpable, debe hacer una familia culpable. Cuando sabemos que esa familia a su vez tiene alguien que la sostiene (o que no la sostiene) y ese alguien somos nosotros, la sociedad, las instituciones, tanto públicas como privadas. Y seremos creíbles o no, existiendo además, el mensaje de los grandes medios de comunicación que neutraliza cualquier otro tipo de mensaje peculiar, por ejemplo el de un padre a su hijo.
Alguien dice en el ámbito familiar: "es bueno trabajar y estudiar porque así podés lograr ser alguien" y por otro lado el bombardeo del mediático tiene que ver con un doble mensaje o descreencia a cerca de los verdaderos "triunfadores". Todo esto perfora el mensaje particular y le quita sostén, le quita mantenimiento, esto es lo que está empezando a faltar, éste resulta la clave del mundo moderno: es el mundo carente de mensaje, el mundo carente de creencia, de confianza.
Y se agrega algo muy importante que es la cuestión del cómo ve la gente a "la droga", hoy se la visualiza desde dos perspectiva, una desde el discurso oficial, digo discurso oficial no por el discurso de un gobierno, sino por los discursos de quienes de alguna forman detentan una capacidad creíble desde algún lugar social, esto es un comunicador, un juez, un maestro, alguien que sostiene un determinado discurso.
El discurso oficial aparece como: "la droga es mala, las drogas son peligrosas, no hay que consumirlas". ¿Cuál es el contradiscurso?: el discurso del adicto, sobre lo que ha depositado en ella. "La droga me da esto, me da lo otro, espero de ella esto, espero de ella lo otro". Obsérvese: "la droga", en singular, no en plural. Y se habla en singular como se habla de "la belleza", como "la justicia" de las entelequias, porque en realidad cualquier visión de lo humano sobre lo abstracto tiene una enorme cantidad de posibles atributos también de expresiones. Así, como, somos nosotros los que depositamos idealmente una determinada significación, por ejemplo, en la palabra "belleza", así el adicto coloca en la sustancia ideales y se refiere a "la droga", como "su droga".
Pero también la sociedad cuando pone todo el acento en que esto es "lo pésimo de todo lo malo", también le está poniendo el acento donde curiosamente la refuerza en su idealización, esto se ve claramente cuando se realiza un decomiso de sustancias en la calle, lo primero que nos informa el periodismo es cuanto hubiera costado la sustancia si hubiera sido vendida, con lo cual se la vuelve a colocar en el lugar del Dios.
En sociología existe una teoría sobre la deificación de los objetos, esto significa, depositar el objeto en el lugar del rey, hoy con la idealización de "la droga" la deificamos, la deifica el adicto por un lado, la deificamos nosotros como sociedad, porque la descontextuamos, la ponemos en un lugar maravilloso, al magnificarla en si figuración monetaria o hiperdañina.
Pero, además de colocarla en un lugar maravilloso, se le ha agregado un contenido que hace diez años atrás no tenía, y que lo mencioné de alguna forma, cuando hablé del tráfico de calle. El contenido especial de hoy es el objeto - mercancía, el que tiene un valor de uso u de cambio, por tanto, es una mercancía, pero también otorga "dignificación" dado su alto valor monetario.
Entonces para el adicto no solamente tiene la inscripción: "la droga que me da todo", como veíamos antes, sino que al mismo tiempo, tiene un prestigio desde el punto de vista de poder, del dinero, de consumo, todo ello contrario al castigo, y esto de alguna forma provoca una sensación de que incorporándose al circuito, de alguna manera a uno le va a ir bien.
En mi experiencia de entrevistas observo que cada vez es más común que el chico que transgrede consumiendo una droga lo ignora, porque no lo sabe o no le interesa o sencillamente más allá de los castigos no le importa que haya leyes que dicen que esto no debe hacerse, porque los atractivos para poder usarla son mayores. Y nótese como esto ocurre cada vez con mayor frecuencia, existe un divorcio entre el discurso oficial y lo que sucede en la realidad de la calle.
Las drogas son cosas equivalentes a una tarjeta de crédito, a la cual se puede entrar sin necesidad de presentaciones ni garantías ni nada por el estilo, tiene por tanto, el valor de uso, de cambio y de representatividad. Eso es muy significativo, porque en sociedades que tienen baches importantes, entre otras cosas por su pauperización, su descreencia, etc., este lugar, muchas veces, es ocupado por una sustancia que está deificada desde ambos lugares.
Sé que esto puede sonar complejo y quizá contrapuesto. Pero esto es así, porque así crece. ¿Cómo y qué habría que hacer para hacerlo decrecer?, evidentemente el problema es muy grande como para que sea un exclusivo problema de la responsabilidad jurídica o médica. La problemática obliga a una trasversalidad de todos los sectores sociales porque, como dijimos, es un problema social global, por tanto no solamente lo podemos controlar por una cuestión de tipo penal, o por una cuestión de tipo médico. Por ello, cuando se plantea cuántos institutos se necesitan para poder atender a adictos, habría que pensar cuántas respuestas podemos instrumentar antes de llegar al tratamiento.
Si lo que estaba jugándose, como veíamos antes, es la carencia de sentido, el sentido no se crea únicamente por una respuesta médica, ni jurídica, se crea en la trasversalidad. Se crea en una escuela la cual no da solamente contenidos educativos, da contenidos de apertura, de inclusión, de desarrollo de otros tipos de actividades, de estímulos: el deporte, la creatividad, la inteligencia, el debate, etc., sean éstas posibilidades de inserción.
La intersectorialidad se da cuando justamente los actores públicos y privados logramos entendernos y convergemos para llegar a una verdadera recta, cuando sabemos que el tiempo de la escuela no debería terminar a cierta hora, cuando se terminaron de hacer los dictados académicos, sino que debería abrirse para brindar un espacio participativo incluyéndose además, otras propuestas para desarrollar diversas actividades. Asimismo, cuando hacemos un esfuerzo para restaurar políticas de activa participación de trasversalidad, de juventud, de creación de espacios de trabajo nuevos.
Alemania por ejemplo, ha hecho un proyecto interesantísimo con los miniemprendimientos de jóvenes para empresas con inserción de mercados, eso es sin duda una medida de profilaxis para las adicciones. Todo lo que hagamos con sentido creativo, participativo y de opciones de trabajo, de imaginación, de recreación, en fin de todos los ámbitos de desarrollo del hombre, serán ámbitos de prevención del uso indebido de drogas.
Porque la salud, no es un campo de reserva, no es algo que tenemos que proteger para no enfermarnos, no enfermar no es exclusivamente lo saludable, porque una persona puede estar muy sana, pero por ejemplo si está encarcelada por sana que esté, le está faltando algo mucho más sustantivo que es su libertad, entonces en un sentido amplio, está enfermo.
Si una persona no tiene perspectivas laborales: está enfermo. Si una persona no tiene inserción cultural: está enfermo. Si una persona no tiene creencias: está enfermo, enfermo de perspectivas. Entonces el sentido preventivo del uso indebido de drogas va más allá se lo que podemos instrumentar desde una medida parcial ya sea médica, jurídica, social, etc.
Todas ellas deben estar absolutamente entramadas para dejar de ser una óptica parcial y sumarse en una totalidad. Si no recreamos la trama, esta sociedad puede gastar 100 veces más de lo que ya se gasta en tratar de prevenir a través del control y no lograrlo nunca. Desde luego que no quiero decir que no se deba trabajar en el control, sino que éste sea tan solo uno de los aspectos que involucran la visión integral de un abordaje.
Estados Unidos gasta 20 mil millones de dólares por año para tratar de controlar y logra, proporcionalmente, lo mismo que nosotros: se decomisa el 10% de los activos de lo que se consume. Pero el volumen total del negocio son 500.000 millones de dólares. Nótese la disparidad de las cifras, es evidente que la cosa pasa por otro lado.
He visto un país con serios conflictos como es Colombia, con seis grupos que están luchando entre sí, incluso armados. Otros, sin embargo, se dedican a realizar tareas preventivas de campo, donde el riesgo es la propia vida. Es notable la respuesta de la gente frente a esfuerzos de creatividad, de participación, de salir a la calle, de organizarse en distintas actividades, de planificar cómo hacer para llevar un mensaje y poder hacer creíble que es conveniente no drogarse, haciendo comprender que la alternativa no es la droga o vida, es vida y sentido de esa vida.
Porque hay que recordar que muchas veces el consumidor, está consumiendo porque no puede actuar de otra forma. He visto durante mis experiencias de trabajo de campo, personas a las que se los separó del objeto de su adicción y se suicidaron, porque la angustia existencial era mucho más importante.
Entonces está claro que estamos con algo mucho más simple y complejo de lo que nos parece. Simple, en el sentido que nosotros somos la sociedad, y la sociedad no es una entelequia, somos nosotros, los que estamos acá y los que están afuera. Somos la sociedad, con sus infinitas agrupaciones. Ésta es una, los aquí presentes, quienes además somos actores de varios grupos, y la inserción en cada uno de ellos es distinta, según padres, según docentes, según alumnos, según juristas, según la recreatividad que elijan, etc., etc.
Estas distintas inserciones sociales tienen que ser jugadas en el sentido de ampliar los espacios preventivos. No agotarlo en que algo pudiera ser malo, todas las definiciones de las conductas si son malas o peligrosas no sirven para evitarlas, sino el sentido que sostiene el no hacerlas, y para esto tenemos que tener un compromiso muy alto, justamente para poder trabajar en las formas de ejecutarlo y empujar a la articulación social.
Se distingue, por ejemplo, los efectos logrados en la implementación de planes y programas como el Plan Nacional de España, y como han logrado una satisfactoria articulación durante los últimos 10 - 15 años, esta articulación va más allá de los partidismos, va más allá de las inserciones laborales específicas, va más allá del hecho del escalón social que se ocupa, va más allá que el desenvolverse únicamente en un ámbito. En Argentina, nos ha caracterizado la discontinuidad y las contradicciones.
Este desafiante camino se realiza a través de tres puntos como ejes: se hace a través de la participación, se hace a través de ña verdadera democracia, en cuanto al debate sobre todo en estos aspectos para que se conozca en esencial lo que está sucediendo, y se hace sobre todo con compromiso.
Prevención sin compromiso no es prevención, serían simples carteles como por ejemplo: "cuando conduce colóquese el cinturón de seguridad" sabemos que en Argentina casi nadie lo utiliza, porque aún falta conciencia, y para tener conciencia hace falta desmenuzar cuales son los elementos que dan validez a tener que colocarse el cinturón de seguridad y el sentido de usarlo. Igualmente sucede con los elementos que validan no tener que consumir sustancias psicoactivas.
Sé que hay un compromiso instalado, es natural de la sociedad, aunque esto varíe de acuerdo con sus propias características, pero en nuestro país sucede que muchas cuestiones son resueltas por el conocimiento personal, individual de cada quién. Tenemos que apuntar a que todos juntos operemos sobre situaciones sociales, en las cuales se trate de revertir la falta de compromisos que hoy se tiene.
Si podemos instalar un sentido preventivo en el sentido más puro de la etimología del término, el cual quiere decir "yo, el que puedo", entonces desde ese poder, podremos.
Podremos, en cambio de seguir sumando cifras sobre la actuación del narcotráfico, visualizar qué y cuáles son las acciones que hacemos para que la gente consiga tener proyectos, para que la gente sienta que su vida merece la pena de ser vivida.


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