| SOBRE
UN CASO DE ADICCIÓN FEMENINA
Bruno J. Bulacio
Sara Szeinman
PRESENTACIÓN
Daniela, adicta desde hace ocho años, fue a una
institución derivada por orden judicial, con un proceso
por "incapacidad e inhabilitación civil"
- según rezaba la figura legal de su caso -, debido
al excesivo consumo de estupefacientes y alcohol. Se sancionó
a Daniela como INCAPAZ de hacerse cargo de su persona o
patrimonio, y se designó curadores a sus padres.
Tiene 27 años, su aspecto es el de una adolescente
y cuando habla parece una niña. Trae consigo una
larga historia de tratamientos e internaciones que datan
de los 16 años.
El mito familiar atribuye el origen de todos los males de
Daniela a "un nacimiento difícil". El parto
fue distócico con "hundimiento de parietal";
los médicos llegaron a plantear "la opción
entre la vida de la madre o la de la hija". Por esta
causa fue sometida a una intervención quirúrgica
a los 12 días de su nacimiento. Daniela piensa que
es a raíz de esta internación "que quedamos
tan pegadas una a la otra". De niña, no toleraba
el alejamiento de su madre, la sola desaparición
de ésta del campo de su mirada le provocaba angustia
y llanto. Daniela adscribe a este mito familiar; relata
una y otra vez este suceso.
Reubica los orígenes de sus sufrimientos en relación
con "la falta de palabras". Sufre porque "no
puede hablar". Todo lo que acierta a decir durante
las primeras entrevistas es que "no puede hablar".
Dos actings - out
Poco antes de la consulta, y luego de su última
internación de tres meses en el Servicio de Psicopatología
de un Hospital General, se sucedieron dos actuaciones de
especial interés para nuestro estudio.
En oportunidad en que se encontraba en casa de un amigo,
se alcoholizó y pidió por su madre, pero aquél
no accedió a su pedido debido a su propio estado
de intoxicación. Ese mismo día y bajo los
efectos del alcohol consumió por primera vez 10 comprimidos
de un fuerte analgésico, perdió el conocimiento
y fue trasladada al Servicio de Guardia de un Hospital general,
desde donde avisaron a sus padres y procedieron a la correspondiente
denuncia del caso. Se le descubrieron drogas en su poder
y fue trasladada a una repartición policial de la
zona. Dijo sobre este episodio: "en ningún momento
lo viví como algo trágico", muy por el
contrario, todo parecía indicar la búsqueda
de un "límite" necesario a su conducta
abusiva. Su padre se encontraba ausente por motivos laborales.
Fue la madre quien atendió a las necesidades de su
hija mientras estuvo detenida, y quien se negó a
poner en manos de un abogado la defensa de su causa.
De allí fue trasladada a Tribunales para iniciar
la indagatoria. En el interrogatorio judicial reveló
aspectos sobre uso indebido de drogas que estaban más
allá de la requisitoria de su causa, comprometiendo
y agravando su carácter punible. Una vez concluidas
sus declaraciones, y según se formuló la sentencia
judicial, Daniela interpretó que sería recluida
en un instituto penal. Así, en esa ocasión,
solicito ir al baño en donde encontró in objeto
con el que intentó cortarse, siendo contenida por
personal de seguridad. Expresó Daniela sobre este
episodio: "me hice pasar por loca, estaba delirando".
Fue enviada a un instituto de seguridad durante 14 días,
y finalmente se enteró de que debería cumplir
con carácter obligatorio y por orden judicial, una
internación en un centro especializado para atender
a su problemática de adicción a drogas. Este
fallo merece algunas consideraciones que haremos más
adelante.
Historia familiar
Carla, la madre de la paciente, habló sobre su propia
historia, en especial sobre la muerte de su madre en el
momento mismo de su nacimiento, episodio que no logró
elaborar a pesar del tiempo y que transfirió a la
escena familiar, siempre temió que el destino llevara
a sus hijas a revivir aquel traumático episodio de
su historia. Siendo muy pequeña (tenía además
una hermana mayor), el padre decidió dejar cada una
de sus hijas a familiares con residencia en diferentes provincias
del país. De este modo las hermanas no tuvieron oportunidad
de conocerse sino hasta mucho tiempo después, cuando
Carla decidió ir en busca de su hermana en compañía
de una de sus hijas, Daniela, cuando ésta contaba
16 años.
Encontraron a la hermana viviendo en condiciones deplorables,
lo que provocó un importante impacto emocional en
ambas, madre e hija, cuyo resultado fue el encubrimiento
definitivo de la existencia de esta hermana.
Por su parte René, el padre de la paciente, también
contó su historia. Perdió a su madre cuando
era muy pequeño, vivió en su provincia natal
al cuidado de su padre que según refirió la
paciente era alcohólico y lo sometía a malos
tratos. René tenía dos hermanos, uno de ellos
también alcohólico recuperado.
Carla y René se conocieron en Buenos Aires; ella
era 4 años mayor que él, destacándose
dentro de la relación como muy dominadora y autoritaria.
El padre de Daniela se dedicaba de manera exagerada al trabajo,
idealizando su actividad y la de su empresa; a veces trabajaba
durante 20 horas diarias y confesó en una oportunidad
que en 16 años nunca había dispuesto de su
licencia por vacaciones, con el sólo objeto de atender
al bienestar y las necesidades de su familia. De regreso
a la casa difícilmente contactaba con sus hijas,
las encontraba generalmente dormidas e ignoraba aspectos
vitales tanto de su educación como de su cuidado.
La madre siempre funcionó como mediadora entre las
hijas y el padre.
El tratamiento familiar - Dos recuerdos
Daniela, que según ella "no puede hablar",
al ser promovida su palabra tuvo mucho que decir. Así
es que refirió que en dos oportunidades su madre
quiso suicidarse y terminar a la vez con la vida de su hija.
Daniela recordó que, cuando tenía ocho años,
su madre amenazaba a su esposo con matarlo, maltrataba a
sus hijas y vivía a la desesperanza, llena de afecciones
somáticas y bajo continua excitación nerviosa.
En una oportunidad, Daniela se encerró en el baño
acosada por su madre, quien logró entrar, y en un
estado total de desequilibrio le dijo: "vamos a morir
juntas" y abrió la llave de gas que a duras
penas la niña logró cerrar.
En otra ocasión, relató que su madre tenía
la idea obsesiva de comprar un arma, con la intención
de terminar con su vida y matar a su hija, para concluir
definitivamente con los problemas de la familia. Daniela
reflexionó: "ésta es la forma que siempre
ha encontrado mi madre para protegerme; de este modo, quitándome
la vida, dejábamos de sufrir las dos".
La madre - La ley
La madre se ocupaba de todos los trámites atinentes
al juicio de Daniela y tenía contacto personal y
directo con el juez. Se la instó a que dejara todo
en manos de la institución, resolución que
constantemente evadía. Más adelante, durante
el transcurso del tratamiento familia5r, reveló que
la determinación judicial de que su hija fuera internada
había sido iniciativa suya, logrando el apoyo del
juez que atendía la causa. Según ella, había
pactado con él para que esta determinación
apareciera como resorte exclusivo del juzgado; y así
también, la carátula por incapacidad y la
inhabilitación civil que ella había iniciado
"a favor" de su hija, con la sola intención
de brindarle ayuda y protegerla de las consecuencias de
su inclinación a las drogas y al alcohol.
ALGUNAS REFLEXIONES
Daniela, desde su nacimiento, se presenta como el objeto
de "una opción", lleva la marca de "un
hundimiento" que la sujeta a la historia materna. Adscribe
a este mito
Dos actings - out y La historia familiar, son dos encabezamientos
que constituyen el cuerpo mismo del relato. Un eje que va
de lo que aun no se manifiesta del sujeto al discurso familiar.
Bajo los efectos del alcohol y algunas drogas analgésicas
se conduce al otro. Es en la Guardia del Hospital General
"donde dan aviso a sus padres..., todo parecía
indicar la búsqueda de un límite..., su padre
ausente..., es la madre quien atenderá sus necesidades...
y quien se negará a poner en manos de un abogado
la defensa de su causa".
Cuando se inicia la indagatoria, Daniela apela a la ley
"más allá de la requisitoria de su causa",
más allá del objeto desde donde habla. Objeto
que no es más que el representante de un decir que
le trasciende.
"La sentencia" fue un decir demasiado familiar,
pues no escuchó otra cosa en los últimos años:
"incapaz, alcohólica, drogadicta" "...
A partir de la forma en que es formulada la sentencia, Danilea
interpreta...", y no interpreta mal. Su "interpretación"
es una mise en scène, "intenta cortarse".
Es ésta su interpretación más aguda,
una denuncia inapelable a propósito de lo que la
figura jurídica inviste.
"Me hice pasar por loca, estaba delirando". Curiosa
ambigüedad de la frase que anuda la ficción
con lo real. ¿No es esta trama "delirante"
la que puso marco a su "interpretación"
de lo real, de lo que no aparece formulado como la causa
real de su sentencia, lo que ha constituido siempre un lugar
común para Daniela, escenificado, representado en
la actuación tóxica?
Es la "actuación tóxica", en este
caso con un perfil marcadamente mostrativo, el soporte que
configura la escena, la que bajo la forma de una apelación
al sentido deja la marca de su irrefutable testimonio. Marca
que recorre el trazado de un texto velado al sujeto de la
historia familiar, y cuya huella orienta la dirección
de la cura y la ubicación de una interrogación
posible en el seno de esa compleja estructura de discursos
que lo determina.
Daniela no admite fraude alguno, de esto habla todo el tiempo;
apela a una verdad, a un saber, que está velado,
como impedido en el otro. No hay padre ni juez, solo la
"sentencia" materna.
Daniela es una "mal parida", nacimiento y muerte
se constituyen en una única escena. Sólo la
historia materna revelará su sentido. "Hundimiento
de parietal" configura una articulación significante
prínceps que trazará a lo largo de su historia
el lugar que ella ocupa en relación con el deseo
de su madre. Carla subordina la ley a su deseo para asegurar
el fallo de "incapacidad" de su hija. A partir
de aquel traumático nacimiento encuentra el primer
pilar de su justificación. Su "incapacidad"
se enuncia como una forma de verdad incuestionable desde
una cierta legalidad que el fallo civil sostiene.
Daniela "no puede hablar", "no es capaz de
hacerlo", pero la ingesta de drogas y alcohol rompe
su silencio. Su adicción no está cuestionada,
más aun, conlleva sus beneficios, conforma un signo
inequívoco para el otro. El llamado "síntoma"
no ha adquirido hasta ahí su estatuto.
Hablar es denunciar el "hundimiento", la impotencia
paterna; es cuestionar las raíces mismas de su incapacidad.
Valdría la pena señalar la relación
similcadente entre el significante "parietal"
- "parental" y su relación de sentido o
articulación con ese "ser incapaz".
La adicción de Daniela constituye el testimonio encarnado
de la falta de una sanción simbólica en juego
en el seno de esa estructura.
No se trata tan sólo de un padre ausente, sino de
aquello que evoca en acto la presencia de su deseo. Es la
posición que el sujeto asume en la escena, el único
lugar posible desde donde éste apelará a su
reconocimiento.
Hay un saber en la madre que es recusado y que sólo
revelará su sentido en tanto pueda ser interrogado
en algún otro lugar. Ahí donde el sujeto se
identifica a un resto, a un residuo no simbolizado de la
historia materna. Carla viene a saldar en su hija la deuda
no paga de su propia existencia.
La destitución de Daniela, de este ser "incapaz,
alcohólica y drogadicta", posicionamiento subjetivo
que el deseo materno impone, es la vía regia para
una clínica posible de una adicción del sujeto,
adicción que nos remite a una privación simbólica
que le es constitutiva.
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