DIÁLOGO PARA VIDEO
DR. CLAUDE OLIEVENSTEIN
13 DE SEPTIEMBRE DE 1986

 

Dr. Olievenstein con quien vamos a mantener un diálogo sobre el tema de su especialidad y ampliarlo a temas generales que hacen a la juventud y a la identidad judía.

P.: ¿Cuál es la política de prevención de droga que debiera adoptar un país como la Argentina en la situación actual del tema drogas?

R.: Para un extranjero es difícil dar lecciones a otro país, y no conozco bastante la situación argentina como para dar opiniones definitivas. Creo que cada país debe hacer su propia política sin copiar la de otros países. La mejor prevención es la que se puede hacer en el seno de una familia, aquella familia que transmite ternura, valores verdaderos, la que puede realizar una mejor prevención. Hay que hacer de todo modos una prevención especializada que se dirige a diversos públicos y que debe ser sistemática como prevención primaria, secundaria y terciaria. Por ejemplo, hay una prevención para los pre adolescentes que incluye una enseñanza de una ecología médica en la escuela que habla de todos los perjuicios de la contaminación, del ruido, del tabaco, de las drogas. Para los adolescentes ya es un poco más difícil porque tienen tendencia a escuchar menos a los adultos y entonces una política de prevención tendría que movilizar a los deportistas o a los cantantes, o las estrellas que tienen influencia sobre la opinión de los jóvenes. En cambio si se pasa a los adolescentes mayores, los estudiantes y en particular los que estudian Ciencias Sanitarias y Ciencias Sociales hay que ubicarlos dentro de su responsabilidad en el marco de la sociedad y como responsables ellos mismos de actividades sociales. En lo que hace a la familia hay que rehabilitar de alguna manera la ley del padre. El padre no tiene por qué ser el amigo de sus hijos; tiene que encarar a la ley, no necesita ser sádico pero debe poder prohibir, eso es muy importante sin duda y el último tipo de prevención consiste en la formación de adultos relevo que son los intermediarios entre la sociedad y los jóvenes como por ejemplo educadores, enfermeros. Para ello debe existir una formación especializada con una parte teórica y una parte práctica y de todos modos la opinión tiene que poder recibir una respuesta a las preguntas que plantea. Por ejemplo una emisión de radio que bajo forma de preguntas y respuestas debe estar organizada de una manera regular. De manera que cada familia pueda de manera anónima hacer las preguntas que le dan miedo y un resumen esquemático de algunas propuestas.

P.: La crisis de la familia o el cambio de modelo familiar, ¿en qué incide en el modelo actual de adicción?
R.: Vivimos en una sociedad totalmente contradictoria. Por una parte los hombres viajan a la luna y por otra parte los valores curiosamente permanecen estáticos. Los padres como los demás adultos se encuentran superados por los acontecimientos, ya no poseen el saber. Mi sobrino de 12 años sabe más de informática de lo que yo podré aprender nunca. Por lo tanto, es necesario que la familia vuelva a definir su estrategia. Ya no puede pretender tener todo el saber pero sí tiene la experiencia y sabe en qué consiste una cierta moral y eso es lo que debe transmitirse. Vayamos ahora un poco más lejos. El modelo familiar clásico se ha modificado mucho en los últimos 20 años, aunque más no sea por la aparición de la anticoncepción, que permite a la mujer disfrutar del placer sin tener por eso hijos, lo que transforma de una manera importante las relaciones entre el hombre y la mujer dentro de la familia y eso ha disminuído en cierto modo el rol del padre y los niños sufren por esa modificación en el modelo de identificación. Eso se percibe de una manera general no solamente para los drogadictos. Cuando se ve que ídolos juveniles como Michael Jackson o Prince, tienen un comportamiento andrógeno, entonces se plantea el problema fundamental de la redefinición de una identidad o de una imagen de identidad. Mientras no lleguemos a resolver ese problema, tendremos una familia en crisis con chicos que se estarán buscando a sí mismos que no necesariamente irán hacia la toxicomanía pero que difícilmente llegarán a realizar plenamente su adolescencia. De allí el aumento no sólo de la droga sino del suicidio, de la delincuencia menor y del aumento de los trastornos mentales en los adolescentes. Dicho esto, como verán, es difícil encontrar una respuesta a la pregunta que usted ha hecho.

P.: No sería como que hoy día la baja de las fuertes ideologías de comienzos de siglo han dejado un vacío. La falta de destino, la incertidumbre y la ansiedad que genera la confusión actual, sin una ley fuerte que prometía una verdad.

R.: Ciertamente la ausencia de ideologías fuertes han ocasionado una falta de estabilidad y también ha acarreado la angustia y esa angustia está acentuada por el hecho de los enormes progresos científicos y la falta de reflexión ética con respecto a esos problemas científicos. Por ejemplo, lo que hace a la fecundación in vitro o al clonage de los individuos, a la energía atómica y a otros temas del tipo. Como especialistas de los problemas de la juventud esto no me asusta porque deja un lugar para el aprendizaje de la democracia. La democracia es el peor de los regímenes exceptuando a todos los demás, pero cuando hablo de democracia insisto particularmente sobre la noción de la democracia psíquica. No es un perjuicio sino por el contrario un progreso, enseñar a nuestros hijos a elegir y a no sentirse fascinados por jefes o ideologías. En todas las instituciones que dirijo soy el jefe por cierto, pero en cada una hay una forma de autogestión y las cosas marchan bien. En el hospital que dirijo el personal organiza sus propios horarios, su manera de trabajar, en 15 años nunca hubo una huelga y tenemos un porcentaje de ausentismo inferior al 5%. Mientras que en la función pública en mi país el ausentismo llega al 30%. Creo que el enseñar a la gente a tomar responsabilidades es mucho mejor que ciertas ideologías totalitarias, pero no es fácil.

P.: La identidad?

R.: El tema de la identidad es un tema fundamental, pero creo que allí también salimos de la Edad Media. Tenemos que enseñarle a la gente a tener una identidad que sea a la vez sólida y múltiple. Me gusta mucho lo que ustedes hacen en la Hebraica porque enseñan a los chicos que vienen acá el orgullo de ser judíos, el orgullo de ser argentinos y al mismo tiempo se les enseña la solidaridad con el Estado de Israel. Creo que es importante enseñarle a la gente esa pluralidad como en el caso de Sammy Davis Jr., que es judío, negro y tuerto.
Me fascina la idea de poder enseñarle a la gente la complejidad de las cosas y cuando las personas admiten esa complejidad son mil veces más sólidos que las personas que tienen ideas demasiado simples.

P.: El tema de la droga no está siendo exagerado para tapar otros temas?

R.: Por cierto que sí. Actualmente y digo ante todo que aborrezco la droga, estoy un poco asustado por el clima de histeria en el que se está desarrollando el tema de la droga. Es un problema real y doloroso, pero hay problemas tan reales y tan dolorosos como el alcoholismo, los accidentes en la vía pública, el hombre y la miseria, la guerra. Creo que hay que tener una doble actitud: no dejarse llevar por la histeria y no dejar nunca ningún país, por muy poderoso que sea, pueda llegar a violar la intimidad de nuestro país y al mismo tiempo, educar a la juventud de un país, recordándole la complejidad del problema para que esté vacunada contra ese problema y es una posición de término medio que no es fácil de alcanzar pero es el rol y el honor de los educadores el ser verdaderos ante un problema complicado.

P.: Los proyectos de ley frente a este tipo de tema. ¿Cuál es el rol del médico y cuál el del legista?

R.: Hemos hablado hace un rato de la dificultad de la identificación, si una sociedad democrática resuelve sancionar, está su derecho y el rol de los jueces consiste en aplicar la ley, pero el médico no debe ser juez. Como he dicho el rol del médico debe ser fundamentalmente diferente del de juez. Está obligado al secreto profesional, debe conseguir la confianza de su paciente incluso con respecto a los padres. Por su puesto, debe aconsejar a los jóvenes que hablen con sus padres pero si no consigue hacerlo, la prioridad es el paciente. Es la única condición para que los drogadictos lleguen a aceptar un tratamiento. Es importante que en la sociedad cada uno tenga un rol específico. Los policías deben detener, los jueces deben sancionar y los médicos deben curar.

P.: Los médicos, usted habló en alguna de sus presentaciones, que la costumbre es recomendar demasiados psicofármacos desde edades jóvenes.

R.: Mucha gente y en particular los padres, piensan que la droga son los productos ilegales. Hemos verificado con mucho asombro en nuestros pacientes que habían comenzado a ser tratados desde muy chicos con psicotrópicos. Por lo tanto, se les enseñó a solucionar sus problemas a fuerza de medicamentos. En estos momentos, el consumo de psicotrópicos en el mundo es aterrador. Hay que luchar contra eso y hace un rato cuando hablaba de la prevención dirigida a los estudiantes, a los adolescentes grandes, pensaba por ejemplo en el hecho de ubicar los futuros médicos frente a su responsabilidad como tales. Cuando un bebé llora, no hay que darle inmediatamente un jarabe tranquilizante, sino saber por qué llora.

P.: Cuál es el rol, el uso y el abuso del psicoanálisis en el tratamiento de drogadictos?

R.: Le voy a contar un cuento judío. Hay tres madres judías norteamericanas que hablan de sus hijos. La primera dice, el mío es fantástico, me habla por teléfono todas las noches. La segunda dice, el mío todavía es mejor: me habla todas las noches y cuando se va a más de 20 Km., me manda un telegrama. El mío todavía es mejor, dice la tercera, porque tres veces por semana para cien dólares para hablar de mi. Ese es el exceso del psicoanálisis. Para algunos el psicoanálisis es útil realmente pero no debe constituir un fin en sí mismo.

P.: Usted ha hablado de un enfoque complejo interdisciplinario para entender el trasfondo de la sociedad que lleva a un consumo de droga.

R.: Creo que para tratar y para organizar el problema, es necesario que haya un encuentro de profesionales, médicos, farmacólogos, psicólogos, sociólogos y economistas. Y una vez más y lo digo con pena, este no es un problema simple.

P.: Por qué usted se dedicó a la droga?

R.: Si hubiese sabido en qué me metía no lo hubiese hecho. Soy antiguo dirigente de movimientos juveniles y en ese ámbito siempre me interesé en el problema de la droga y como médico había elegido la búsqueda de un modelo teórico de locura y utilicé alucinógenos y finalmente en los años 60 hice un viaje a California donde quedé impactado por el movimiento hippie. De vuelta en mi país, cuando el fenómeno de la droga comenzó a manifestarse se buscó a un especialista y ahí estaba yo.

P.: Es un tema que da satisfacción. Cuál es la satisfacción de la persona que trabaja en un campo con tantas dificultades?

R.: No hay que ocultar algunas cosas. Al principio estaba seducido por la droga y los adictos. Eran hermosos, jóvenes, inteligentes y buscaban una cosa distinta. Muy rápidamente esa fascinación dejó de existir. Vi el horror y la muerte y esa situación que tenía que ver con las minorías me hizo pensar en otras minorías en particular la judía.
Es una disciplina. Al comienzo de todo este proceso no se llegaba a curar al 2% de las personas y actualmente hemos llegado a curar al 31%. Para mí es una gran satisfacción que esos progresos se hayan logrado, de haber participado en inventar y poner a punto un cierto número de estrategias quizá hay un aspecto "boy scout" en este asunto, pero cuando uno de mis pacientes me pide ser el padrino de uno de sus hijos, me gusta mucho.

P.: Hablamos del rol del juez y del médico. Cuál es el rol del maestro, del educador formal y no formal.

R.: Yo soy especialista en temas de educación, pero siempre he creído que decir la verdad y dar el ejemplo de su propia persona es la mejor de las prevenciones. Además, hay que contestar a todas las preguntas, no dejar que haya una censura flotando en el ambiente. En segundo lugar, no hay que negar los efectos positivos de la droga; de otro modo no habría credibilidad. Anoche tuve una reunión con 500 jóvenes. Era evidente, teniendo en cuenta las preguntas que se hicieron, que muchos de esos jóvenes habían probado algo por ejemplo la marihuana y se planteaban preguntas. Por lo tanto, esas preguntas es necesario que surjan, que se hagan y hay que contestarlas. Además, hay que ubicar a los jóvenes no en una posición pasiva sino dar las responsabilidades, que participen de ellas, no solo con respecto a la sociedad, sino con respecto a sus compañeros, a los que están cerca de ellos. Por ejemplo, organizar un sistema de tutoría, para poder ayudar a otros jóvenes que tengan más dificultades, hacer salir a los jóvenes de su posición de privilegiados y convertirlos en co - responsables de la comunidad, de su comunidad.

P.: Usted, como judío, ¿qué respuestas o qué carencias siente en la vida organizada judía?

R.: Personalmente no me considero como un militante judío, pero me siento muy judío. Lo que más me molestó en las organizaciones comunitarias judías es la falta de exigencia con respecto al nivel de las cosas que se hacen allí. No es porque somos judíos y estamos todos juntos debemos aceptar la mediocridad. Por ejemplo reducir el judaísmo a algo folklórico alimentario, no me satisface. Pero comparar la física nuclear con la Cábala me apasiona.
La otra cosa que me molesta de las organizaciones judías y gracias a Dios no la Hebraica, es la falta de tolerancia con respecto a las personas que no son como nosotros. Para mí aceptaría como judíos cualquiera que se sienta judío o quiera ser judío, y sería muy oportuno que hijos de matrimonios mixtos quieran reivindicar su identidad judía. Y creo que llegó el momento que la comunidad judía se abra hacia otras. Me ha parecido siempre doloroso y traumático que se pueda rechazar a alguien porque su madre no era judía.

P.: Si usted tuviera que el día del Bar Mitzvá decirle algo a su hijo, respecto a la droga en general, qué le diría?

R.: No le hablaría de la droga. Le diría que me siento judío porque el rol de los judíos es de ser testigos de justicia y que si quiere llegar a algo en su vida tendrá que seguir siendo testigo de la justicia, lo que para mi excluye el uso de la droga.


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