La sociedad interviene cuando los drogados amenazan las cuidades
Reportaje a Claude Olievenstein 


"Mi actitud no concierne solamente a la toxicomanía sino al destino del hombre. 
El toxicómano nos interesa acerca del destino del hombre y esto es para mi, muy importante"

P.L.: ¿Cuál es el tema que más le preocupa en estos momentos?

C.O.: Lo que me preocupa es el fascismo, vivimos en un período de escalada fascista, que empieza por una exclusión cada vez mayor, de minorías y de los excluidos. Creo que en la actualidad el miedo, recomienza en muchos dominios y hay que luchar contra el miedo, y luchar contra el miedo es difícil, porque pone en evidencia el propio narcisismo y nunca es agradable cuestionarse. Ya no puedo trabajar con los toxicómanos como trabajaba hace 15 ó 20 años, me planteo constantemente la pregunta, qué es curar a un toxicómano y para qué?

Me pregunto, cuál sería mi posición, si hoy tuviera 20 años?, y creo que volvería a ser un revolucionario.

Hasta tal punto la sociedad en que se desarrollan nuestros hijos es asesina, cínica e intolerante, ya no podemos acartonarnos en el plano clínico, ya no es posible, porque sino entramos en una mistificación donde lo no dicho se vuelve más importante que lo dicho, y es algo que ustedes conocen bien en la Argentina.

P.L.: ¿Dónde piensa Ud. que el toxicómano habla de eso de lo no dicho?

C.O.: La dificultad del toxicómano es no verbalizar o cuando verbaliza lo hace para seducir, para causarnos placer, dice lo que queremos escuchar, mientras su pasaje al acto demuestra.

Hace mucho tiempo que he tenido pruebas de eso, mi hospital es abierto, se puede salir de allí cuando uno quiere y la entrada es voluntaria, pero la gente sale por las ventanas en lugar de salir por la escalera, dando testimonio así de que la mejor institución sigue siendo una cárcel y que están prisioneros. Eso no depende de la realidad material sino de su realidad psíquica.

P.L.: ¿El adicto cumple una función en esta cultura?

C.O.: Toda sociedad ha tenido designaciones de chivos emisarios, en la Edad Media eran los leprosos, en los tiempos modernos fue la locura, en los años 60 la toxicomanía y actualmente, la toxicomanía y el SIDA. Las sociedades no hacen más que reproducir lo que ocurre en las familias, cada familia designa un idiota de la familia, antes eso no era muy grave porque la familia era numerosa, ahora que la familia tiende a formarse en una familia triangular, la exclusión del sujeto es cada vez más grave y sale de la familia para transformarse en el idiota de la sociedad.

Sigue el destino del poeta, el poeta en una época era aquél que podía decirlo todo y después se transformó en maldito porque osa hacer algo que los demás no se atreven hacer, que es, tener una relación con el placer. Y él hizo ese testimonio de que el hombre se ha sentido separado del placer y en particular la mujer.

La mujer en el momento actual, por lo menos en los países industrializados, con la contraconcepción, ganó cierta libertad y ya no puede servir de chivo emisario como ocurrió con la generación precedente, y el toxicómano como el loco toma el lugar que está disponible.

P.L.: ¿Cómo piensa la posición perversa del terapeuta en el tratamiento de la toxicomanía?

C.O.: hay que leer a Winnicott, el objeto transicional. Hay un objeto inerte, que es el tóxico, que toma un lugar en el psiquismo y crea un imaginario, lo imaginario en cierta atmósfera, cálida, encantadora y sin culpabilidad. Si se quiere tratar a un toxicómano es necesario que en un momento de la cura, alguien, más que un objeto, se coloque en el lugar del tercero excluido, que es el objeto droga, ese es el lugar del terapeuta.

El terapeuta tiene que realizar con su paciente el equivalente de la relación pasión y droga. Debe estar lo más cerca posible de una relación fusional, además, erotizada, esa es la posición perversa y seguirá siendo perversa, si se instala en forma permanente. Por lo tanto es necesario salir de esa posición perversa, lo que no es fácil, porque hay que seguir manteniendo al mismo tiempo una relación cálida y afectiva con el sujeto y al mismo tiempo hay que romper ese tipo de relación.

Hay que hacer todo un tipo de trabajo, a partir de la interpretación salvaje hasta la organización de espacios designados por la ley, para que cese poco a poco, la noción de importancia y el desprendimiento del sujeto con su terapeuta.

Para esto, tanto el paciente como el terapeuta, necesitan otros sostenes que rompan el enfrentamiento y es así que se plantea el problema de la institución de sostén o bien de otras terapias de sostén.

Desde mi punto de vista, no se puede encarar solo, la cura de un toxicómano.

P.L.: ¿Cómo conviven en Ud. tareas que a veces le exigen el contacto con políticos e intereses que responden a cuestiones que son ajenas a su pensamiento y sentimiento?

C.O.: Fui echado del partido comunista a los 18 años y al mismo tiempo dejé de creer en Dios. Siempre pensé, que todo era preferible a la guerra, cuando hablo de guerra me refiero a la verdadera guerra y a todas las otras guerras, a las familiares, la guerra contra la sociedad, etc.

Siempre me dije, que el compromiso valía más que una guerra, y esta posición me ayuda mucho en mi relación con los políticos y hace que yo ocupe un cierto rol social.

Siempre me dije también, y creo que soy un teórico bastante fuerte, que la acción valía más que la reflexión, por lo tanto, creé mi hospital y en el resto del mundo, una centena de instituciones.

Y siempre me dije, que si salvaba a una sola persona de la muerte, mi existencia estaría justificada.

Por el resto, un filósofo francés dice: "el corazón se rompe o se vuelve bronce"; a veces se rompe y a veces se hace bronce.

P.L.: ¿Cuál es su postura en la relación al tema de la prevención de la toxicomanía y cómo se aborda en Francia esa temática?

C.O.: En Francia se hace muy mal la prevención, es el único dominio en que nunca me han escuchado, por lo tanto se hace solamente información. Se gastan millones de dólares para informar.

Yo creo que es necesario saber de qué se habla, si se trata de prevención primaria, secundaria o terciaria. Si es prevención primaria, supera de lejos el problema de la toxicomanía, es el problema de la escuela, de la ciudad, de la culturización, del desempleo, de la violencia a los niños y a mujeres, es un problema que supera de lejos la prevención específica.

Si se trata de la prevención secundaria, que dice que un pequeño grupo está contaminado y hay que proteger al resto. La prevención no debería permitir a los jóvenes transformarse en ciudadanos, ya que un ciudadano es el que toda su vida debe hacer elecciones, y elecciones orientadas por la democracia.

Se trata de llegar a las poblaciones preadolescentes porque antes están muy poco comprometidos y después no escuchan las palabras de los otros. Entonces en ese lapso hay que presentar un programa educativo y pedagógico. Yo propuse en algunos países como Canadá, y lo están haciendo, un programa al cual llamé Ecología Médica, porque los jóvenes son sensibles a los problemas de la ecología. Hay una propuesta en luchar contra todos los aspectos de drogas y no privilegiar una droga en particular (nafta, ruido, polución, tabaquismo, alcohol, medicamentos, etc.). Por lo tanto esta propuesta tiene una metodología y la metodología es siempre lo pedagógico y la pedagogía consiste en la repetición y esto debe inscribirse en el programa natural de la enseñanza.

Y por último la prevención terciaria, que se trata de impedir que un grupo contamine a una población que está virgen. Para esos grupos hay que favorecer, si es posible, acciones sociales.

P.L.: ¿Cuál es su posición, del poco lugar que se ha destinado, desde las instituciones como desde las políticas, al tema de la investigación en el tema de la toxicomanía?

C.O.: No creo que ninguna sociedad tenga el deseo sincero de curar al toxicómano o de comprenderlo. La meta social es proteger el centro de las ciudades contra la llegada de los bárbaros, por lo tanto se hacen cosas a nivel mínimo paliativo.

Los verdaderos tratamientos, los más eficaces, están cada vez más reservados a los ricos y para el resto ya no hay consideraciones, salvo la exclusión o el control social.

En este cuadro, la investigación no le interesa a nadie, sólo le interesan a ciertos medios especiales, sólo interesa en el dominio de la epidemiología, para saber como controlar una epidemia.

Quise hacer una pequeña investigación para ver cuantos estudios etno – antropológicos había en mi país, a propósito de la droga y sólo había cuatro. Por lo tanto es una elección.

Cuando el SIDA amenazó a los niños de las capas privilegiadas de la sociedad, de pronto se descubrieron enormes medios financieros para investigar en materia de virología, pero en cuanto el SIDA comenzó a contaminar a las clases pobres, los créditos para el SIDA, disminuyeron.

Prof. Claude Olievenstein
Presidente del Consejo Científico S. O. S. Drogue International de París (Francia)


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