DENTELLADA FEROZ A LA VIDA. El suicidio en
los jóvenes.
Por SILVIA BERMÚDEZ
PSICOANALISTA
Bs. As. Argentina
Asaltos, secuestros y muertes. Maremoto arrasante ante el cual
a pesar de todo no debemos bajar los brazos.
Ola de suicidios alarma y desesperación, impotencia,
ante semejantes actos y la urgencia de encontrar una respuesta
inmediata. Ante esta inmediatez como separar los verdaderos
motivos de la morbosidad mediática.
Esto no conduce a validar respuestas certeras, pues lo mediático
apunta al facilismo, la fascinación, que lejos de colaborar
empaña, y ahí poder discernir cual es la meta
en la preocupación por los dolores y dramas de los seres
que sufren de la de correr detrás de la noticia aguzando
su impacto.
Son muchas las preguntas que se nos abren ¿se puede prevenir,
puede evitarse?..
El colapso socio económico que conlleva a la depresión,
no es razón suficiente para llevar a cabo el acto suicida
cuando a la vez sabemos que es una de los actos más íntimos
y es determinante la historia psíquica de cada persona,
paradoja de esta decisión íntima y privada que
encuentra en ese recóndito laberinto una salida.
En todo el país, los datos más completos se remontan
al 2000 y la Dirección de Estadísticas del Ministerio
de Salud los representa bajo la denominación de "lesiones
autoinfringidas intencionalmente". De acuerdo a esos cuadros,
en el 2000, un total de 39 niños de 5 a 14 años
se suicidaron en Argentina; otros 579, de entre los 15 y los
24 años, y 395, de entre 25 y 36 años. En la Capital
Federal, la Dirección General de Estadísticas
y Censos informó que el sistema público de hospitales
registró un descenso en la cantidad de casos, que casi
no se reflejó en el índice general que es del
0,1 por mil. En 1990 hubo 392 suicidios en Buenos Aires; 324,
en 1993; 317, en el 94; 293, en el 95; 258, en el 96; 298 en
el 97; 257, en el 98, y 239, en 1999; por lo que la caída
llegó al 64 por ciento. .
Información suministrada por organismos internacionales
como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) revela
que el 65% de los intentos de suicidio se encuentran asociados
a la depresión, una patología que, al igual que
otras alteraciones del área de la salud mental, está
en constante aumento.
La intención expresa de un adolescente de quitarse la
vida jamás debería ser desatendida, aun cuando
algunos de estos chicos no vayan a efectivamente intentar suicidarse.
Lo importante es que algunos sí lo harán, según
las estadísticas. Sin embargo, según los especialistas
en problemáticas adolescentes, muchos de los intentos
de suicidio pueden ser confundidos por los profesionales poco
experimentados con conductas transgresoras y descontrol en el
comportamiento. Por lo tanto, es esencial que los servicios
de atención a los cuales llegan adolescentes con este
tipo de problemas cuenten con profesionales idóneos,
que sepan dar una orientación adecuada tanto a los chicos
como a sus familiares.
Los suicidios son la tercera causa de muerte en varones y la
cuarta en mujeres de 15 a 24 años. El problema es más
grave cuando consideramos que la morbilidad por intento de suicidio
supera ampliamente estos porcentajes.
Cuando un adolescente expresa tener serios problemas emocionales
y, especialmente, cuando hace verbal su deseo de quitarse la
vida, sus familiares, amigos y profesionales que lo asisten
jamás deben minimizar ese riesgo. La mayoría de
los muchachos y las chicas que se suicidan han verbalizado previamente
su deseo de morir o, concretamente, han amenazado con suicidarse.
De aquellos que logran quitarse la vida, el 40% ha tenido un
intento fallido previo. Luego de ese primer intento, entre un
6 y 16% vuelven a intentarlo dentro de los 12 meses subsiguientes.
Cómo no tomar en serio a un adolescente cuando nos dice:
"Quiero morirme" o "Me voy matar" y qué
escuchar y cómo escuchar.
Estos datos gritan sobre los riesgos que corre el tesoro más
valioso con que cuenta toda sociedad: sus jóvenes, quienes
desde sus aspiraciones e ideales anhelan a ser protagonistas
de su propio destino, plasmar proyectos, afianzar su autonomía.
Hoy es estrecho y gris el camino, pues están compelidos,
entre otras cosas, a la apatía, la anomia o emigrar y
con una actitud genuflexa hacia los amos que manejan el mercado
laboral, para esto no hay fronteras.
Sabemos que el trabajo dignifica y crea lazos vitales que propician
la construcción de un porvenir.
Que esta "ola de suicidios" que mueven a los gobiernos
a decretar una emergencia social, alerta roja, en el desquicio
producido por el mar de fondo arrasante, sea una advertencia
éticamente bien leída
para poder brindar oportunidades dignas a los adolescentes y
que no sean, una vez más, cifras estadísticas
u objetos de manipulación de la cínica crueldad
encarnada en amos anónimos que deciden quién,
cuándo y dónde el exterminio debe continuar.
El discurso mediático fascina, adormece, confunde. Como
profesionales de la salud mental atendiendo a la singularidad
de cada caso debemos dar respuestas claras y orientadoras no
únicamente a los jóvenes sino también al
puente fundamental de la vida: sus familias escuchando su malestar,
sus conflictos, dudas y confusiones que ellos también
sienten. Y pese a todo no bajar los brazos.