Consideraciones sobre la clínica con drogadependientes
Jose Luis Barrionuevo

En este espacio se abordarán algunos aspectos de una forma posible de trabajo
interdisciplinario con drogadependiencias, aportando en clínica una lectura
psicoanalítica a actividades terapéuticas que considero fundamentales en la dirección de
la cura de esta problemática que incluyo dentro de las llamadas "patologías del acto"
Entre las inquietudes teórico-clínicas, una de las que se presenta con mayor
frecuencia en el intercambio entre profesionales es la referida al trabajo con "pacientes"
que llegan a consulta aparentemente sin sufrimiento, traídos por otros, que no dicen
padecer síntoma alguno aunque algo, o mucho, les estaría pasando, y esto seguramente
es familiar para todos aquellos que trabajan con drogadependientes.
En un espacio anterior, en "Acto y cuerpo en psicoanálisis con niños y
adolescentes", proponía en cuanto al acto o a la actuación, que, por cierto, habría
angustia, y, posicionado ante un real, el sujeto en tal circunstancia no encuentra
palabras, no se dibuja el fantasma, quedando imposibilitado de procesarla por otros
medios que no sean los que se encuentran en la gama del acto, en un decir sin palabras
que adquiere envergadura de repetición producido un cortocircuito en el pensar.
En tales casos no habría mediación de la dimensión simbólica, y que no se
podría hablar estrictamente de síntoma desde una perspectiva psicoanalítica.

Ahora bien, si no hay síntoma:

¿qué hay en su lugar?,
¿cómo se pone límite al goce del Otro en tal circunstancia?

Cada quien, sabemos, mediante formaciones diversas, en el mejor de los casos a
través de producciones discursivas, procura establecer cierta distancia o poner freno al
goce del Otro. Incluso en el recurso "loco" del delirio en las psicosis se encontraría tal
pretensión. Y es ésta por cierto la función de la palabra, del lenguaje, como instrumento
ideal que el sujeto posee para producir la separación respecto del Otro primordial. Así,
si la represión primaria opera adecuadamente, el Nombre del Padre o la fórmula de la
metáfora paterna hace de límite al deseo de la madre, abriendo una hiancia entre madre
e hijo, espacio que es recubierto por el lenguaje como aquello que proteje al sujeto de
caer en un agujero o abismo de sin palabras, de silencio sepulcral.
En las patologías del acto en general, incluyendo entre las mismas: intentos de
suicidio, anorexia y bulimia veras, drogadependencias propiamente dichas, etc., la
impulsión o la tendencia a pasar al acto es el recurso que el sujeto utiliza en forma
prioritaria, en tanto, si bien el sujeto en estas problemáticas habita el lenguaje, no
puede apelar al mismo en ciertas circunstancias en las cuales un pánico sin nombre, sin
palabras, o una intensa depresión, desvastadora, hacen imposible todo procesamiento
psíquico con riesgo de quedar a merced del goce del Otro, como objeto.
Cuando la separación falta, los registros R.S.e I., los tres registros de la
experiencia están con-fundidos, uno se mezcla con los otros, rompiéndose la relación o
articulación que Lacan define para el nudo borromeo de tres.
Si bien, seguramente, conocidos en su peculiaridad, podríamos definir en pocas
palabras a cada uno de los registros como punto de partida para avanzar en la propuesta
de Lacan del Seminario 23 "Le sinthome", en cuanto a la existencia de un cuarto nudo.
Podríamos decir sintéticamente que el registro Simbólico es el lugar de la
palabra, del lenguaje, lo Imaginario aquello que alude a la experiencia de reconocerse
en la imagen del espejo frente a la cual el yo queda prisionero y alienado, mientras que

el registro de lo Real está compuesto por lo que queda fuera de toda ley o regulación,
desorganizado y anárquico. Es conveniente diferenciar lo Real de "la realidad", estando
esta última sujeta a un código o convención colectiva, producto de la relación entre lo
simbólico y lo imaginario. Lacan se ocupa de resaltar en sus últimos seminarios que no
hay registro de mayor importancia que otros, que ninguno determina a los demás, y el
desanudamiento de uno de ellos produce la separación de los restantes.
El síntoma se produciría por un desborde de lo simbólico sobre lo real, en un
avance del goce fálico sobre este último registro. Y, en consecuencia, no es difícil
advertir cuál será el trabajo con el síntoma de un sujeto en análisis: la labor de analista y
analizante se orientará en procurar que aquello que se repite, que vuelve siempre, igual,
recurrentemente, se desplace hacia lo simbólico. De allí el pedido de asociación libre,
para que la repetición se transforme en recuerdo o en una construcción que haga sus
veces. Lacan dice en "La instancia de la letra" que el síntoma es una metáfora, depende
del Nombre del Padre y supone una sustitución. Trabajar sobre el síntoma no implica,
como se hace en algunas psicoterapias, ofrecer al paciente un goce de sentido, goce que
calma o aplaca en vez de propiciar el movimiento de la cadena asociativa fundamental
para el análisis.

Ahora bien:

¿Qué sucede en el caso de que no haya síntoma?,

nos preguntábamos inicialmente, tomando una preocupación de los terapeutas en cuanto
al quehacer en la clínica en esa situación.
En las patologías del acto el sujeto no refiere por lo general sufrir ningún
síntoma. Y aunque desde la mirada médica se podría asegurar que existen signos de
"enfermedad", quien los porta y soporta no dice padecerlos. Por lo tanto para el
psicoanálisis no hay síntoma en tal circunstancia. Lacan advierte ésto en Joyce, y
analiza en el caso de las psicosis cómo podría suplirse el Nombre del Padre
desestimado, introduciendo para dar cuenta de tal operación, como cuarto registro, la
nominación, que anudaría los tres registros del nudo borromeo de tres desanudado.
La cuestión es cómo cada quien, ante la falla en el significante del Nombre del
Padre, o sea, en la metáfora paterna, se construye un nombre, nominación, Lacan dice:
como sinthome.
En el trabajo con pacientes con predominio del acto, la primera tarea que se
enfrenta en la clínica consiste en la "construcción de un síntoma" a través del
intercambio analista-paciente, que algo del fantasma se vaya esbozando en esa tarea de
"reconstrucción" que Freud propusiera en "Construcciones en el análisis". Y sobre esta
base, en tarea conjunta distintos profesionales, hablamos de interdisciplina, el trabajo
con drogadependientes se debería orientar en la línea de facilitar la construcción de ese
cuarto nudo, el sinthome, decíamos: nominación, en trabajo, como lo sugiere Lacan,
arte-sanal, como arte-oficio o "artificio". O bien, también, su reemplazo por otro cuando
el goce a él enlazado comienza a dar problemas.
Por la nominación se construye un nombre, un nombre propio, para sí, y se
sostiene el yo. Al decir de Lacan a través del sinthome, cualquiera sea, el sujeto
intentará compensar su falo fallido sosteniendo el nudo borromeo.
Desde de la escucha el analista, en trabajo interdisciplinario con terapistas
ocupacionales, musicoterapeutas, etc., podrá trabajar en lo real de la patología de cada
sujeto para que aquello que como saber escondido o "desconocido" que resuena en el
discurso del paciente, pueda descubrirse y convertirse en la sustancia o en el material
con que se construye el cuarto nudo. Se intentará detectar algo que suponga un goce
para cada sujeto, que apuntale la estructura en el caso de las drogadependencias no
supliendo sino fortaleciendo el significante del Nombre del Padre. Con cada paciente se
podrá ir descubriendo cómo y dónde construir su sinthome, en tarea artesanal, lo que
equivale decir: no en serie o para todos lo mismo. Cada quien, en lo esperable, ubicará
un quehacer que provoque goce, y con esto y una nominación para el sujeto: como
quien al mismo se dedica, apuntalándose de tal forma la estructura.
Desde esta perspectiva, los espacios de el trabajo manual, lectura, música, entre
otros, que se ofrecen en internaciones o en hospitales de día como parte del tratamiento,
podrían ser pensados no como lugares de esparcimiento o de socialización (aunque algo
de esto está por cierto implícito), sino, fundamentalmente, como ámbitos favorecedores
de descubrimiento de potencialidades de creación en cada paciente. Es decir: no es
hacerlos ocupar el tiempo, entretenerlos, o distraer la atención del paciente internado
por drogadicción para que no piense en la droga, sino trabajar cada sujeto con los
distintos profesionales para ubicar "algo" con lo cual gozar, que puede constituirse en
sinthome para cada quien.
En la clínica con drogadependencias, paciente y equipo tratante se encuentran
pues con la tarea de intentar trocar goce imposible o incestuoso por otro: acotado o
sublimatorio, desde un primer movimiento de construcción del síntoma que sigue con el
propósito de construir un sinthome, si no lo hubiere, o restituirlo o cambiarlo por otro si
mostrara fragilidad, en una continuidad que conforman eje o columna vertebral de un
"tratamiento posible" de las patologías del acto, para nuestro interés en este espacio, de
la drogadicción.

BIBLIOGRAFÍA:


Barrionuevo, J.: "Droga; adolescencia y familia". Editorial Tekné.

Barrionuevo, J. (Comp.): "Drogadicción. Teoría y clínica". Editorial Gabas.

Barrionuevo, J. (Comp.): "Acto y cuerpo en psicoanálisis con niños y adolescentes".

Editorial J.V.E. Psiqué.

Freud, S.: "Recordar, repetir y reelaborar". Amorrortu editores.

" " : "Construcciones en el análisis". Op. cit.

Harari, R.: "¿Cómo se llama James Joyce?". Amorrortu editores.

Lacan, J.: "Aun". Seminario 20. Editorial Paidós.

" " : "Le sinthome". Seminario 23. Publicación de Escuela Freudiana de

Buenos Aires.

 

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