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Mariel Varela

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Consumir o no consumir ... esa es la cuestión?"

Bahía Blanca, 11 de Diciembre de 1.998

Lic.en psicología Betina Murace
Lic.en psicología Mariel Varela

Dada la amplia oferta de tratamientos para abordar el fenómeno de las adicciones: médicos, psicológicos y psiquiátricos, ambulatorios y de internación, el siguiente trabajo intenta plantear algunas cuestiones que definirían nuestra manera de considerarlo, y por ende la propuesta de tratamiento que desde el programa municipal se efectúa, buscando puntos de coincidencia y de diferenciación con otras modalidades existentes.

IMPLICANCIAS DE UNA NOMINACIÓN

En el año 1.990 este programa fue denominado "de asistencia y prevención en salud mental y drogadependencia " entendiéndose a la problemática adictiva como una más de las encontradas incluídas en el campo de la salud mental.

En 1.995, el considerable incremento de las demandas recibidas en el área de salud mental por un lado, y el esfuerzo demandado por los abordajes específicos por otro (alto número de sesiones semanales, entrevistas familiares y grupales que cada uno de ellos exigía), hacía factible la posibilidad de que éste se convirtiera, en su funcionamiento institucional, en una repetición de lo que suele acontecer en los grandes hospitales públicos: personas acudiendo a retirar turno muy temprano de mañana, largas listas de espera,etc.

Es por esto, que sucesivas evaluaciones tuvieron por efecto una redefinición del programa, el cual a partir de entonces limitaría sus prestaciones a padecimientos vinculados al fenómeno de las toxicomanías.

Y será esta definición de nuestro campo de acción la que nos ubique frente a un nuevo obstáculo en nuestra práctica clínica.

En una publicación de A.DE.PRO.S. , en 1.996, deciamos:

"...la oferta que el nombre de nuestro programa realiza, determina, en consecuencia, una categoría según la cual, una cantidad x de sujetos serán nombrados a priori como 'drogadictos'. Esto es, concurrirá a nuestra institución sólo aquel que se nombre o nombre a otro como adicto. Peligrosa nominación, sin duda".

Así nos planteábamos que "...sólo un permanente cuestionamiento de nuestra labor y el sostenimiento de una escucha que posibilite que la demanda de cada sujeto pueda desplegarse en el discurso, más allá del 'yo soy adicto' o 'él es adicto', nos permitiría una desarticulación de esa nominación que actúa como estigma o prejuicio ". Aunque en numerosos casos sea precisamente esto lo que posibilite la consulta.

Aparecería entonces, un riesgo: el de convertirnos en agentes del mandato cultural que intentábamos interrogar.

Razón por la cual, desde este año, el programa ha extendido su oferta hacia las consultas adolescentes, más allá de la existencia o no del consumo de determinadas sustancias.

Esto surge a partir de los datos obtenidos en los perfiles que efectuamos anualmente, los que determinan que la demanda recibida mayoritariamente abarca el grupo de jóvenes comprendidos entre los 17 y los 24 años, lo que nos llevaría a suponer que previo a la instalación de una toxicomanía "algo no andaba del todo bien", y que probablemente no encontraron en la ciudad una institucion pública que los escuchara, tal vez por no encuadrarse ni como adictos, ni con patología alimentaria, ni delincuentes, ni marginados, etc.

Estos datos se corroborarían con los obtenidos en una encuesta aplicada este año a ochoscientos adolescentes escolarizados, y también con la lectura del diario local que nos hablaría de numerosos hechos delictivos, accidentes, consumo y tráfico de drogas, etc., que no podemos desoír.

ACERCA DE DIVERSAS FORMAS DE INTERVENCIÓN QUE DAN CUENTA DE UNA POSICIÓN ÉTICA

I- UN ESPACIO PARA LA PALABRA

Sostener una escucha, en el sentido psicoanalítico, implica confiar en el advenimiento de la palabra que atañe a la singularidad de cada sujeto.

"Consumir o no consumir" no es "la cuestión", o al menos, no es la cuestión en la que pensamos deben situarse los psicoanalistas y los diversos trabajadores del campo de la salud mental. Sin minimizar los mortíferos efectos de esa imperiosa relación que un sujeto toxicómano establece con el objeto droga, sostenemos que es necesario

desentrañar la función que ese objeto cumple en la trama subjetiva de ese sujeto, previo a cualquier accionar que tienda a la privación del objeto.

Situar como eje de la dirección de la cura el dilema "consumir o no consumir", es ubicarse en espejo con lo que se enfrenta día a día, el sujeto toxicómano, quedando atrapado en la imposibilidad.

Por lo tanto, desde este programa no sostenemos como regla la condición de que el paciente adicto deje de consumir para acceder a entrevistas, aunque en el transcurso de un tratamiento esta condición pueda ser formulada como intervención analítica según la particularidad del caso.

Esta posición se sostiene en las diversas formas de intervención que se realizan: tratamientos individuales y familiares, trabajos grupales e intervenciones institucionales.

II - UN ESPACIO PARA LA DIVERSIDAD

En 1.996, desde nuestra práctica clínica con jóvenes pacientes relacionados con el consumo de drogas, comenzamos a plantearnos la posibilidad de crear un espacio alternativo, y no excluyente, a las entrevistas individuales.

Fue así como un psicólogo y una trabajadora social instauraron un espacio grupal para estos jóvenes, elaborando estrategias tendientes a descentralizar de escena al objeto droga, a evitar el reforzamiento de la afirmación 'yo soy adicto' o 'él es adicto', y a "poner el acento" en los sujetos hablantes, en la diferencia, en la singularidad, incluyendo su historia, su presente y su futuro.

III- CUANDO SE ESCUCHA A LOS PADRES

Los padres cumplen un papel sumamente relevante en la clínica de las toxicomanías, especialmente, si hablamos de toxicomanías en jóvenes, tanto en la creación del fenómeno como en su pronóstico (es decir, tratamiento y cura).

Esto determina, sin duda, que ciertas campañas preventivas se dirijan a ellos: "la muerte de un hijo no tiene nombre...la droga puede matar...hable con su hijo de la droga", "sabe dónde está su hijo en este momento?, qué está haciendo?, con quién está?", "interróguelo!!...contrólelo!!...entérese: la droga mata".

Por supuesto, algunas de estas frases no son textuales, pero es así como las han escuchado muchos de los padres que concurren a nuestra institución... se tratará de un malentendido?.

Podemos situar por lo menos dos niveles de análisis:

1º - Este tipo de campañas preventivas consiste en frases que dan cuenta de ciertos discursos de la Cultura, que funcionan a la manera de mandatos y que como tales producen efectos: "... No se descuide!! si su hijo aún no es adicto está en riesgo de serlo...". Son frases que producen miedo o desorientan, que impulsan a acciones compulsivas de control y de invasión, que generan culpa e inhabilitan. No convocan ni sostienen a los padres en su función, más bien la desdibujan en un intento de convertirlos en controladores sociales. No facilitan la exogamia, la salida al mundo, la instalación de la ley que ordene lo permitido y lo que no lo está. No invitan a preguntarse o a modificar.

Nos resulta curioso que no existan campañas preventivas cuyo mensaje sea, por ejemplo: "tal vez si Ud. se toma un tiempo para escuchar a su hijo se sorprenda gratamente", "No se presione, no se esfuerce, no es necesario que hable con su hijo de las drogas, tal vez si sólo habla de la vida con él, Ud podría disfrutarlo", "Si Ud está preocupado por algo, lo que sea que se relacione con su hijo, cuente con la posibilidad de hacer una consulta ".

Y entonces nosotros, la variedad de profesionales que nos dedicamos al abordaje de este fenómeno, y los padres que consultan, podríamos no dedicar tanto tiempo a la difícil tarea de desandar el camino signado por este tipo de campañas.

2º - Si bien es cierto que los discursos que estas campañas proponen producen efectos en todos, también es posible establecer que no todos los padres comienzan a actuar o desertar compulsivamente en función de estos mandatos, sino que son necesarias ciertas condiciones subjetivas previas en ellos para que así ocurra.

Por ejemplo, es usual en nuestra práctica clínica escuchar a madres relatando que desde el momento en q ue se enteraron que su hijo "fumaba porros", no han perdido oportunidad para "averiguar". Averiguación que consiste en revisar su ropa, billetera, los cajones, habitaciones, leer cartas, claro está, siempre y cuando su hijo no esté presente.

Escuchar llamadas telefónicas 'a escondidas', vigilarlos 'sin ser vistas', a la manera de detectives privados que entran en la vida de otro sin brindarle la mínima posibilidad de consentir o no, de delimitar su propio espacio subjetivo. Y estas madres acompañadas, por padres que no logran instaurar la diferencia necesaria para que esto sea posible.

Nos vemos tentados, respondiendo a los mandatos culturales que antes situabamos, a justificar estas acciones. De hecho, ciertos tratamientos las proponen y fomentan. Sin embargo, si no desertamos de nuestra función y sostenemos nuestra escucha, podemos establecer que este tipo de funcionamiento ha operado desde siempre, de manera más sutil pero no menos efectiva, para la instalación del fenómeno de la toxicomanía o de cualquier otro.

Ahora recurramos a una viñeta clínica, que podría dar cuenta de la importancia de brindar también, un espacio de escucha a los padres.

Martín, veinte años, consulta acompañado por sus padres, siendo la indicación terapéutica la siguiente: él iniciaría un tratamiento psicológico paralelamente a la concurrencia de sus padres a entrevistas familiares con otro profesional.

"... no vine muy convencido, yo estaba consumiendo drogas y alcohol solamente de noche... este último año perdí el control... de día yo era ejemplar... yo siempre estuve a disposición, contenía a los demás. Era todo para los otros... nunca me gustó decir mis cosas a nadie pero ahora siento que en este lugar me van ayudar".

Luego de una serie de valiosas entrevistas, Martín dice:

"Estuve hablando con mis padres y les dije todo. Ese día estallé, callarme me hacía mal al cuerpo. Antes yo nunca hablaba con ellos, sentía que tenía que dar explicaciones...ellos querían hablar conmigo pero el problema era yo. Como no

quería escuchar no hablaba...yo solo me iba cerrando...", y seguidamente producirá el primer fallido: queriendo decir "ellos me escuchan" dirá "ellos no me escuchan ". Fallido sancionado como tal por la analista y que Martín, aparentemente, intentará desconocer, "me equivoqué, yo no me siento no escuchado". Desconocimiento sólo aparente.

En la siguiente entrevista relata: "Mis padres hablaron conmigo, ellos querían saber por qué yo había elegido ese camino, yo les dije que no sabía, pero ellos estaban muy ansiosos y querían saber si ellos eran los culpables. Entonces yo los mandé a que le preguntaran a su psicólogo. Yo estaba enojado con ellos, pero mandarlos fue como no hacerme cargo".

Analista: "Teniendo en cuenta lo que dijiste al final de la entrevista

anterior, parece que los mandaste a que hablaran con su psicólogo de su propia ansiedad para que luego pudieran escucharte ".

Martín: "Si, eso, era eso...yo quería hablar de otras cosas. Me empecé a dar cuenta que algunas cosas que digo o hago quieren decir algo...como el día que dejé todo a la vista para que se den cuenta ..." (se refiere a los cigarrillos de marihuana que motivaron la consulta de sus padres a la institución).

Así, posibilitar un espacio en el que estos padres, que no podían escuchar, fuesen escuchados es, entre otras razones, lo que le permitió a Martín establecer una ruptura y un inicio.

No todos los padres aceptan de buena gana la propuesta de un espacio para ellos, y los que acceden suelen presentarse de diversas formas, tantas formas como padres hay.

A veces se presentan con claras actitudes de negación acerca que "algo esté pasando", minimizan la situación, "es cosa de chicos, ya se le va a pasar...en realidad lo hace para copiarse de los amigos, esos sí que son vagos...", etc.

Otras veces la actitud que sostienen remite a sus sentimientos de culpabilidad con lo que ocurre disminuyendo así la posibilidad de sostener eficazmente el tratamiento, "nunca supimos qué hacer con él...esto debe pasar por no haber consultado a tiempo...no supe darme cuenta de lo que le pasaba, estaba muy ocupada...".

En otros casos, se presentan desimplicados "ella ya es grande y tiene que saber qué es lo que hace".

En definitiva, esto ha llevado a la propuesta institucional de un espacio grupal también para padres y familiares de sujetos adictos. Espacio alternativo o paralelo al abordaje familiar cuya consigna es "pensar juntos ", no conformando un grupo terapéutico ni tampoco un grupo guía en el que se les sugiere a los padres lo que deben

hacer o aquello que deben evitar, espacio grupal a través del cual se intenta aliviar la angustia y favorecer un orden dentro de la confusión.

Cabe destacar que su instauración se realizó en 1.995, estando a cargo de dos psicólogos, aunque este año por diversas razones no pudo ser implementado.

Y EN DEFINITIVA ... CUAL ES LA CUESTION ?

Para trabajar en salud mental es necesario tener en cuenta cuáles son las propuestas culturales imperantes: los sujetos deben ser pasivos, solitarios, sobreestimulado por las ofertas de la cultura, fácilmente convertibles en sujetos consumistas, adictos.

Nos estamos acostumbrando a escuchar frases tales como "...decile no a la droga...", "...la droga te destruye el cerebro...", al mismo tiempo que recibimos mensajes, a través de los medios de comunicación, indicándonos la manera de obtener la anhelada y plena felicidad, "...compre esto...lleve aquello...".

Consumir o no consumir parece ser la cuestión.

Que día a día se reduzcan para los jóvenes las posibilidades de obtener un trabajo, oficio o profesión, que les garantice un crecimiento personal y económico, en el tiempo; que aumente la cantidad de hombres mayores de 45 años, padres de familia, despedidos de su trabajo de toda la vida; que las instituciones educativas, atravesadas por las mismas variables culturales, ya no funcionen como continente y referentes de jóvenes y adultos, habiendo dejado de proporcionar un ordenamiento simbólico en tiempo y espacio: ingreso / egreso, escuela primaria / escuela secundaria; en definitiva, que en la cultura actual aparezca un desdibujamiento de las coordenadas simbólicas y, por ende, que el malestar se presente con características arrasadoras, no parece ser tomado en cuenta en la elaboración e implementación de ciertas campañas preventivas y ciertas políticas de salud, que sitúan su accionar en el dilema "consumir o no consumir".

Como dice Hugo Mayer, refiriéndose a la cultura y a las drogas, en su texto "Adicciones: Un mal de la Posmodernidad":

"...el contexto en que transcurre la adolescencia de nuestros días, que de esta manera ve debilitarse la estructura de sus ideales simbólicos (ideal del yo) que son rápidamente reemplazados por ideales narcisistas (yo ideal)... ( y refiriéndose a la droga) ella calmará el dolor, disipará la angustia, disimulará los abandonos, hará reírse del desamparo, procurando la ilusión de omnipotencia, de excepcionalidad y de autosuficiencia. No importa que sea una solución química, que sea efímera, que degrade. Importa sobrevivir de cualquier manera al espanto".

La cuestión sería entonces poder interrogarnos frente a cada sujeto su dolor, su angustia, su abandono, en definitiva, como cada cual se ubica frente al espanto.

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