La promoción de la salud en nuestros dias
Betina Murace
Mariel Varela
Bahía Blanca, Diciembre de 2.000
Hay quien pide, solicita charlas, talleres, información
para detectar, busca "conocer " para "prevenir",
y hay quien busca dónde y cuándo ofrecerse y ofrecer
información especializada y datos precisos para la detección
precoz.
Nos referimos a aquellos pedidos y a aquellas ofertas realizadas
desde una "supuesta urgencia".
En la temática de las adicciones, esta urgencia por recibir
y dar información se manifiesta de manera particularmente
evidente.
Sin embargo, sabemos bien que la "urgencia " es una
característica propia de la Cultura de hoy.
Asistimos así, a una carencia de lugares desde donde alguien
pueda interrogarse acerca de sí mismo y de sus relaciones
con los otros, de sus condiciones de vida y de las condiciones
de vida de su comunidad.
Se solicita a un Otro información pero sin que medie una
pregunta subjetiva y sin que ese otro propicie el lugar y el tiempo
para que esa pregunta pueda generarse.
"Pedir y dar información para no saber nada acerca
de lo propio ", y es en este sentido, en que la información
aparecería formando parte de un circuito característico
del mercado de consumo.
Mercado de consumo que incluiría a esos padres que preguntan
de qué manera se hace; a la escuela que solicita una charla
para los octavos y novenos "que a fin de año van a
perder para siempre el contacto con ella"; a los técnicos
y profesionales que deben leer, hacer cursos y actualizarse ,
a fin de estar cabalmente habilitados para "enfrentarse"
a "estos temas"; a los medios de comunicación,
quienes se encuentran sometidos al imperativo de informar "diciendo
todo y aún más ".
Haciéndose de la información una mercancía
apetecible a ser consumida, algo susceptible de comprarse y de
venderse. Careciendo del tiempo para elaborar aquella que se obtiene
o se da; "no pudiendo parar"; transformándola
frecuentemente en un objeto de consumo compulsivo, objeto que
en este sentido, muchas veces tendría su destino signado
por la serie: urgencia - brillo - opacidad - deshecho; no dejando
huella.
Una enfermera "técnica en adicciones", quien
define su función como "dar charlas acerca de los
daños que produce la droga en el organismo", relataba:
"...este año me ha sucedido en tres o cuatro ocasiones,
que algunos adolescentes se dejen el walkman puesto, mientras
estoy hablando. Parece que no quisieran escuchar. Ahora me pregunto,
si es esa la manera en que tenemos que hacer las cosas..."
Y fue este relato el que nos motivó a discutir nuevamente,
las ideas que se reflejan en este trabajo, ya que quienes trabajamos
en prevención y promoción, permanentemente corremos
el riesgo, en lo cotidiano, de olvidarlas.
Frente a este acto reiterado de los jóvenes, el técnico
podría elaborar hipótesis acerca del desinterés
que presentan los jóvenes de hoy o de la liviandad de las
normas y el respeto en una institución, pudiendo tal vez
así tranquilizarse; o podría preguntarse, con otros,
desde dónde y hacia dónde es que dirige sus acciones.
Si el pedido de información no se basa en una pregunta
subjetiva y el otorgarla no se basa en la elaboración de
ese pedido, nuestras acciones preventivas correrían el
riesgo de constituirse en un simple "parloteo".
Como lo definiera la psicoanalista Anna Aromí, nos encontraríamos
frente a "...palabras que desfilan como imágenes,
sin producir ninguna conclusión ni anudar ningún
sentido. Dan la sensación de que todo es posible, son parloteos
que enseñan la manera de hablar de nuestra época,
lenguaje falto de consecuencias, lenguaje que aparece como desenganchado
de la realidad".
Frecuentemente personas que tienen a su cargo el llevar adelante
estrategias de prevención y promoción de la salud,
se encuentran sometidas al imperativo del "deber hacer"
a fin de justificar la propia existencia de las instituciones
que representan y de sí mismos como profesionales; desde
un "furor curandis preventivo", con acciones rápidas
y cuestionablemente efectivas, y sin poder dar lugar a una ruptura,
a una interrogación.
Ruptura que implicaría aceptar que no hay información
que tranquilice, no hay detección precoz; que no se trata
de dar respuestas sino de dar la palabra, aunque dar la palabra
necesariamente comprometa al que lo hace, confrontándolo
con la incertidumbre del consentimiento o no del otro.
Coincidiendo nuevamente con Aromí: "Solo se puede
interesar al otro en la medida en que uno mismo está interesado
por lo que el otro dice, y también en la medida en que
se está verdaderamente disponible, dispuesto a abrirse
a lo nuevo, sin reservas".
Para concluir, quisiéramos resaltar dos cuestiones:
En primera instancia,, que en el campo de la promoción
de la salud, el desafío sería tal vez, reconocer
la importancia de no tener oyentes sino interlocutores, con quienes
construir nueva información, originada en los saberes de
cada sujeto, cada familia, cada institución, cada comunidad;
siendo ésto sólo posible, en tanto se esté
dispuesto a encontrarse con la diferencia, y a aceptar el incierto
camino que así se crearía.
Y en segundo lugar, consideramos que propiciar y sostener espacios
de conversación y escritura, como el que aquí nos
convoca, permitiría romper con el circuito de la urgencia,
posibilitando el re- pensar nuestra práctica cotidiana.
Bibliografía citada: "El niño" - Revista
del Instituto del Campo Freudiano y Centro Interdisciplinar de
Estudios del niño (CIEN) Nº7 - Septiembre 1.999 -
Paidos Ibérica - Barcelona