DE QUÉ HABLAMOS CUANDO
HABLAMOS DE VIOLENCIA
Atravesamientos de lo social en la práctica psicológica
Dévora Elisooff
Trabajo presentado en el "II Congreso de la Salud de Bahía
Blanca" -2.001-
El propósito de este trabajo es acercar algunas consideraciones
sobre la visualización de la violencia en nuestra práctica.
Tema amplio y complejo, objeto de estudio de distintas disciplinas
y que puede ser abordado desde diferentes perspectivas.
¿Qué tiene que decir la Psicología al respecto?
O, desde un posicionamiento mucho más modesto y acotado,
¿cómo significo la violencia desde mi particular
lugar como psicóloga de Unidades Sanitarias, en qué
observables la puede traducir, cómo se manifiestan sus
efectos?
A modo de disparador, valgan estos párrafos que escribe
Eduardo Galeano en su libro "Patas arriba. La escuela del
mundo al revés":
"Desde el punto de vista del búho, del murciélago
y del bohemio, el crepúsculo es la hora del desayuno.
Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista.
Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe,
Cristóbal Colón, con su sombrero de plumas y su
capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás
vistos..." (Galeano, 2000)
Volviendo al planteamiento inicial, sería bueno entonces
comenzar a interrogarnos desde qué puntos de vista abordamos
el fenómeno de la violencia social, qué posicionamientos
ideológicos asumimos y cuáles son sus determinaciones
en nuestra práctica.
El texto de Galeano nos introduce con humor en un tema que está
más ligado al órden del padecimiento, y con admirable
maestría ejemplifica y plasma uno de los supuestos de la
epistemología moderna: hasta un simple registro perceptivo
se encuentra subordinado a un esquema de acción que supone
un conjunto de relaciones. En otras palabras, "...un hecho
es siempre el producto de una composición de una parte
provista por los objetos y otra construida por el sujeto".
(Izaguirre, 1998)
La participación del sujeto en este esquema supone una
intervención activa: no hay registro directo de los datos
de la experiencia, sino interpretación de los mismos. Verdadera
construcción de sentido sujeta a deformaciones, omisiones,
recortes o rechazo de los observables.
El concepto de violencia, como cualquier otro, está atravesado
por el mismo proceso; "tampoco para la violencia existen
observables directos". (Izaguirre, 1998)
Escribe Inés Izaguirre, socióloga, en la presentación
del libro "Violencia social y derechos humanos": "Se
reconoce así, en la constitución misma de su conocimiento,
la posibilidad de existencia de formas reales de violencia no
visibles, que, sin embargo operan sobre lo que es esencial al
vínculo violento: el sometimiento de una de las partes".
(Izaguirre, 1998)
La autora plantea el hecho violento como un vínculo, como
una forma de relación social. Este vínculo asume
características particulares, en tanto implica siempre
la existencia de un "arriba" y un "abajo",
reales o simbólicos y por tanto, la presencia inevitable
de un desequilibrio de poder que le sirve de sustento.
El vínculo así establecido, jerárquico y
desigual, reduce a una de las partes a la condición de
objeto, en la medida en que lo anula como sujeto de derecho y
de deseo.
Puget y Berenstein definen la violencia como "un acto vincular
cuyo objetivo es el deseo de matar, eliminar psíquicamente
o físicamente a otro sujeto, o matar el deseo en el otro,
lo humano en el otro, transformándolo en un no sujeto al
privarlo de todo posible instrumento de placer y por ende de existencia.
Solo impera el deseo de uno que se transforma en soberano. No
admite la existencia de otro". (1998)
Según Jorge Corsi, psicólogo: " En sus múltiples
manifestaciones, la violencia siempre es una forma de ejercicio
de poder mediante el empleo de la fuerza (ya sea física,
psicológica, económica, política...")
(1999)
¿Quién detenta el poder? Asumimos que el poder
es una fuerza y una dimensión de todas las relaciones sociales.
Es difícil verlo, sólo localizamos ciertas "cosas"
o ciertas personas cuyo atributo es el poder: el Estado, las armas.
Pero siempre será resultado de un proceso histórico
de construcción que lo legitime.
Retomemos hasta aquí los puntos desarrollados:
. La violencia como forma de relación social, que instaura
un desequilibrio de poder jerárquico y desigual, y que
reconoce una historia previa en su construcción.
. ¿Cuándo reconocemos un hecho como violento? Cuando
está significado como tal, cuando hay palabra para nombrarlo.
. Así como el vínculo violento reconoce un proceso
de construcción en el tiempo que lo legitima como tal;
en la esencia misma de su constitución como concepto y
su traducción en observables admite un proceso de interpretación
y, por tanto, formas de violencia no visibles.
¿Cuáles serían estas formas de violencia
no visibles? En primer lugar, aquellas "...relaciones frecuentes
y cotidianas en nuestra sociedad, y que por ello han sido naturalizadas,
normalizadas, porque en ellas uno de los términos está
situado en el lugar del poder y la autoridad, a quien el "otro"
le debe respeto y obediencia. Es en estas relaciones cotidianas
donde se produce y reproduce la "violencia invisible",
no hablada pero consentida por el temor del subordinado que la
padece y negada por la complicidad domesticada de la mayoría,
que lo victimiza nuevamente cada vez que se atreve a pedir amparo".
(Izaguirre, 1998)
Tomaré cuatro ejemplos que sirvan para ir desandando el
camino de la teoría: el concepto de "género",
de "microviolencias cotidianas", de "maltrato infantil"
y "desempleo".
.El concepto de "género" aparece en el escenario
de las ideas luego de un largo recorrido hasta su advenimiento
como constructo social. Por "género" se considera
al conjunto de conductas aprendidas en una determinada cultura
y que se asocian invariablemente con el hecho de ser hombre o
mujer. Entran en juego entonces los ideales culturales de masculinidad
y feminidad en tanto el sexo biológico siempre se verá
afectado e influenciado por el aprendizaje social.
Ahora bien, toda cultura posee un sistema de valores y creencias
que se traduce en supuestos explícitos e implícitos
con respecto a qué es ser hombre o mujer. El análisis
de los mismos en nuestra cultura revela estereotipos francamente
contradictorios.
Mientras los supuestos explícitos sustentan el amor entre
el hombre y la mujer, la libre elección, la distribución
de tareas, el cuidado y la protección de los hijos, la
igualdad de oportunidades; los supuestos implícitos marcan
una jerarquía de poder basada en la diferenciación
sexual. "Es precisamente el otro tipo de educación
no formal, familiar y social, la que sienta las bases de la desvalorización
y la violencia; cuando se vincula a la mujer al desvalimiento
y la sumisión, y se omite enseñarle sus derechos
y la concientización de su dignidad como persona, y cuando
se modela al hombre en la brutalidad como sinónimo de virilidad"
(Ferreira, 1992)
Adscrito a un orden natural de la relación, se legitima
la jerarquía de poder del hombre con respecto a la mujer,
la superioridad frente a la subordinación, y la función
maternal, debilidad, sensibilidad y pasividad frente a un hombre
dominador de la naturaleza con características de intrusión,
acción y fuerza.
El concepto de género abre el panorama mental al permitirnos
pensar, "ver" y conceptualizar lo masculino y femenino
de un modo radicalmente distinto. En forma fundante, inaugura
un nuevo lugar para la mujer al separar el sexo biológico
de sus adscripciones socio-culturales que históricamente
la han situado por lo menos un escalón por debajo del hombre.
Desnaturaliza una situación de poder y de violencia construida
prácticamente desde el inicio de los tiempos.
Hablemos entonces en nuestra práctica cotidiana de género
femenino; visualicemos qué es ser mujer en barrios como
Villa Duprat, Fonavi o Avellaneda. Marquemos derechos donde hay
aspiraciones vislumbradas o ni siquiera esbozadas. Desmitifiquemos
lugares de subordinación y sumisión.
.En relación estrecha con el concepto de género
y en un nivel más acotado de análisis, en el seno
de la misma relación de pareja se comenzó a visualizar
la presencia de lo que se ha conceptualizado como "micromachismos"
o "microviolencias cotidianas". Su mejor definición:
atentados contra la autoestima de la mujer. "El agresor la
ridiculiza, ignora su presencia, no presta atención a lo
que ella dice, se ríe de sus opiniones o de sus iniciativas,
la compara con otras personas, la corrige en público, etc..."
(Corsi, 1999) Tales acciones ejercen un efecto devastador sobre
la víctima, provocando un progresivo debilitamiento y deterioro
de sus defensas psicológicas.
El agresor suele llevar un registro pormenorizado y minucioso
de las actividades de su pareja, sus actividades, horarios, amigos,
parientes, compañeros; exige que llegue a determinada hora,
si se retrasa pide explicaciones que nunca llegan a convencerlo
o hasta le prohíbe usar cierta ropa porque eso "es
para las locas". Por su parte, la mujer en general interpreta
estas conductas como galantería o muestras de afecto y
protección.
Nuevamente, la desnaturalización de estas prácticas
promovida por el surgimiento de un escenario que podríamos
llamar "violencia familiar", permite intervenciones
diferenciadas, cuestionamientos, modelos explicativos. Objetivación
y nominación para un vínculo violento cotidiano
enmasacarado en relaciones de poder machistas y descalificadoras
de la mujer. Analizamos entonces tales conductas como microviolencias
cotidianas en tanto las entendemos como maniobras interpersonales
de control de la relación que vulneran e invaden espacios
mentales y físicos de la mujer; suponemos, como verificamos
a diario en nuestras prácticas, que constituyen la antesala
de formas más radicales de violencia psicológica
y violencia física. Estamos atentos a no diagnosticar como
depresiones cuadros avanzados de deterioros en la autoestima producto
de situaciones crónicas de maltrato.
.Por su parte el "maltrato infantil" reconoce un camino
igualmente difícil en su constitución como observable.
Comenta Jorge Barudy en su libro "El dolor invisible de la
infancia" que: "Se necesitaron muchos observadores para
que al fin este fenómeno existiera como realidad social...
La aceptación de la existencia de niños maltratados
y abusados por los adultos, ha sido el resultado de un largo proceso
de cuestionamiento de las representaciones que impedían
la emergencia de este fenómeno a la conciencia social...
El maltrato "sólo existe" desde que los observadores
distinguieron... un fenómeno que les preocupó, lo
nombraron y lo definieron verbalmente" (Barudy, 1998)
Por ejemplo, en el campo específico de la medicina, en
el año 1868 Ambroise Tardieu -profesor de medicina legal
en París- basándose en datos de autopsias, detalla
treinta y dos casos de niños quemados o golpeados hasta
la muerte por sus padres o tutores. Sin embargo, ese mismo año,
otro médico, A. Jonson del Hospital de Niños en
Londres, insistía en que la presencia de fracturas repetitivas
en los niños se debía más bien a la fragilidad
del tejido óseo a causa de raquitismo.
Pasaron casi cien años, hasta que en 1961 Henry Kempe
presenta en la Academia Americana de Pediatría el "síndrome
del niño golpeado". La publicación de sus trabajos
"...permite al mundo médico y a otros profesionales
afines plantearse al menos la existencia real del maltrato físico,
que hasta esos momentos era todavía un fenómeno
impensable". (Barudy, 1998)
El Lic. Jorge Corsi señala que la verticalidad, la disciplina,
la obediencia, la jerarquía, el respeto y el castigo no
son sólo "leyes" propias de las instituciones
militares. También sirven de base -en muchos casos- para
regular las relaciones intrafamiliares. Podríamos explicitar
entonces algunas de las premisas que rigen los vínculos:
Los hijos deben respeto a los mayores, los hijos deben obedecer
a los padres, el padre es el que impone la ley, las faltas a la
obediencia y al respeto deben ser castigadas. (Corsi, 1999)
Nuevamente el macrocontexto de inscripción de la familia,
que podríamos denominar "cultura patriarcal"
naturaliza premisas y supuestos implícitos que definen
modos de relación violentos, en este caso hacia los niños,
donde el maltrato se inscribe como una forma de sanción
disciplinaria, correctiva, educadora y necesaria.
.Tomemos para finalizar el fenómeno del desempleo. Parafraseando
a Eduardo Galeano podríamos escribir:
Desde el punto de vista del Ministro de Economía, el desempleo
se traduce en porcentajes. Desde el punto de vista del desempleado,
la pérdida de trabajo es pérdida de pertenencias,
vínculos, espacios, ritmos organizadores de la vida, compañeros,
amigos; es alguno o todos de los siguientes padecimientos: incertidumbre,
desamparo, desesperanza, frustración y angustia; sentimiento
de abandono y vacío, apatía, aislamiento, desarraigo,
desvalimiento, indefensión, trauma; no-proyecto, no reconocimiento,
anulación, sumisión, tristeza ...
A unos les quita el sueño, a otros el plato de comida.
Yo me siento vulnerable -en tanto el empleo es un "bien"
o mejor dicho, un derecho que puedo perder-; él se siente
perdido.
¿Cómo llega la persona que ha perdido el trabajo
a la consulta psicológica? Cuando pregunto por el motivo
de consulta en las entrevistas -por lo menos en mi experiencia
personal- nunca escucho: Vengo porque estoy desempleado, o: Vengo
porque padezco de violencia social. Algunos ejemplos:
Juan, 41 años, desempleado, solicita atención para
su hijo de 12 años por intento de suicidio;
Ana, 36 años, desempleada, consulta por violencia en su
pareja y problemas de relación con sus hijas; también
por problemas legales, ya que es usurpadora de una vivienda en
el barrio donde está situada la Unidad Sanitaria;
Horacio, 40 años, desocupado, consulta por serios problemas
de conducta de su hijo de 12 años que asiste a escuela
especial;
Alicia, 57 años, desocupada, consulta por problemas de
relación con su hija y por la falta de apoyo económico
de su ex -pareja. Se culpabiliza por no "estar preparada"
para conseguir trabajo.
El desempleo, entonces, aparece englobado dentro de otras problemáticas
que la persona sí puede identificar como dolorosas y pide
ayuda; puede nombrar: "vengo porque..." En el ejemplo
de Alicia, el desempleo es nombrado como un padecimiento más
en la serie de desdichas personales.
El Manual DSM-IV Atención Primaria (1997), en su Capítulo
V, incluye descripciones de Problemas Psicosociales y ambientales
que pueden encontrarse en la práctica de la atención
primaria, que son objeto de atención clínica pero
que no se consideran verdaderos trastornos mentales. El apartado
5 se dedica a problemas sociales, como la falta de hogar, o vivir
en condiciones inapropiadas, la pobreza extrema, la inadecuación
de los servicios de asistencia sanitaria, entre otros. El apartado
4 hace referencia a problemas relacionados con los papeles personales,
e incluye los laborales pero no al desempleo en forma explícita.
Si, en todo caso, incluimos al desempleo dentro de la categoría
Problemas personales, reducimos la problemática a una cuestión
puramente individual: "problemas relacionados con el desempeño
de la actividad individual en papeles personales o sociales específicos,
en una fase particular de la vida, que son objeto de atención
clínica". (DSM-IV Atención Primaria, 1997)
Circunscribir el desempleo a una categoría de análisis
puramente personal implica una nueva victimización, un
nuevo acto de violencia, en tanto establece la culpabilización
de los particulares, trasladando a los trabajadores la responsabilidad
exclusiva de los que tienen el poder para mejorar la situación.
(Stingo, 1999)
En un trabajo sobre la comunidad de Fuerte Apache, el Mg. Alberto
Bialakowsky , interrogándose sobre la salud mental en especial,
subraya el desborde de las categorías tradicionales de
la epidemiología para dar cuenta de aquellos padecimientos
ligados a nuevas formas de la subjetividad, y la necesidad de
creación de: " un nuevo instrumental de salud: pobreza,
aislamiento, violencia, ilegalidad, códigos culturales.
No conforman un contexto de explicación. Conforman malestares
específicos" donde la dimensión social es ineludible.
Propone repensar las categorizaciones que den cuenta de la realidad,
y que tendrán que ser necesariamente interdisciplinarias.(Bialakoesky
y col., 2000)
Sus ausencias conceptuales en la teorización de nuestras
disciplinas, devendrán inevitablemente en recortes o reducciones
de los observables, y en prácticas insuficientes o sesgadas
a nuestras intervenciones.
Tal vez así nos estemos acercando un paso más en
la comprensión de qué hablamos cuando hablamos de
violencia.
BIBLIOGRAFÍA
BARUDY, J.: "El dolor invisible de la infancia", Buenos
Aires, Paidós, 1998
BIALAKOWSKY, A. y col: "Fuerte Apache, de la salud de la
violencia o de la violencia de la salud, Revista "Salud Problema
y Debate", Buenos Aires, Número 23, Mayo 2001
CORSI, J.: "Violencia familiar", Buenos Aires, Paidós,
1999
CORTAZO, I.; MOISE, C.: "Estado, salud y desocupación",
Buenos Aires, Paidós, 2000
DSM-IV Atención Primaria, Barcelona, Masson, 1997
FERREIRA, G.: "Hombres violentos, mujeres maltratadas",
Buenos Aires, Sudamericana, 1992
GALEANO, E.: "Patas arriba. La escuela del mundo al revés",
Buenos Aires, Catálogos, 2000)
IZAGUIRRE, I.: "Violencia social y derechos humanos",
Buenos Aires, Eudeba, 1998
STINGE, N. Y col.: "El impacto de la vioencia", Buenos
Aires, Letra Viva, 1999
Lic. Dévora I. ELIOSOFF
Psicóloga de Unidades Sanitarias
Subsecretaría de Salud
Municipalidad de Bahía Blanca