El tratamiento de pacientes que consumen sustancias tóxicas,
implica algunas paradojas, la más usual es aquella que
implica la de intentar curar a alguien que no se presenta a sí
mismo como enfermo o padeciente. Generalmente, son los familiares
o allegados los que lo identifican como paciente, presentándolo
como una persona a la que le pasan cosas con la droga, ó
el alcohol; pero el 'paciente', confrontado con este reclamo de
los otros, dirá que a él no le pasa nada, que él
la puede controlar expresándolo de modo variado: “
yo la manejo, la dejo cuando quiero", "solo lo hago
los fines de semana, o cuando tengo alguna fiesta”.
Así, la primera pregunta que surge es ¿quién
padece con el consumo por el cual se consulta? A primera vista
uno se vería tentado a responder que los que padecen son
los otros que vienen y reclaman “con él hay que hacer
algo”. Ahora bien ¿hacer qué?
Mi experiencia clínica con familiares y pacientes adictos
me permite afirmar, que cuando se interna a un paciente con el
único propósito de que no consuma, la aparente abstinencia
lograda se desvanecerá en cuanto concluya el breve o prolongado
periodo de aislamiento. Entonces, sin descartar a priori el recurso
terapéutico de la internación, para que éste
no se convierta en un instrumento iatrogénico, será
necesario que vaya acompañado de un dispositivo que permita
que los efectos se mantengan más allá del tiempo
de internación, sino el trabajo habrá sido en vano.
Por eso la propuesta más adecuada es la implementación
de un dispositivo de tratamiento, sea ambulatorio o de internación,
que contemple siempre en su estructura un tratamiento psicoterapéutico
para revisar las condiciones que dieron lugar al fenómeno
por el cual se produjo la consulta y lograr, además, la
construcción de condiciones más apropiadas que contemplen
la singularidad de cada paciente.
Por eso, la definición del marco en que será llevado
a cabo cada tratamiento - ambulatorio, Hospital de día,
o internación -, tendrá siempre en cuenta las características
de cada paciente, sin esquemas prefijados, ni programas preestablecidos,
proponiéndose el tratamiento del caso por caso.